Título: La pieza faltante
Claim: Johan Andersen/Yuuki Juudai, implícito soulshipping y bridgeshipping.
Notas: Post-series. Situado en la siguiente reencarnación de Juudai.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Misteriosa
Tema: 11. Instante


Aunque habían pasado casi dos semanas desde su partida, para Johan las cosas aún seguían borrosas, confusas, como divisadas a través de una bruma pesada, similar a la que nos envuelve en sueños que de vez en cuando se tornan pesadillas. Había ido a buscar a Juudai como cualquier otro día, tras haber terminado una jornada pesada en la escuela, donde las tareas, similares a pesas, se acumulaban en su espalda, logrando que se encorvara sólo un poco bajo el peso de la mochila, que amenazó con tirarlo cuando el casero del edificio le informó, muy malhumorado, que su cliente se había marchado tras dejar la mitad de la renta del mes, sin dejar ni una nota, mucho menos una disculpa.

Lo que a Johan le dolió no fue el hecho de tener que poner de su mesada el resto de la renta de Juudai, que dudaba, no hubiera sido pagada, sino más bien el hecho de su desaparición, tan repentina como las imágenes de los sueños, huellas difusas de otra realidad en donde casi todo el mundo aclamaba ser feliz. ¿Había sido eso lo que había vivido él también? ¿Un brusco despertar de un sueño bizarro, donde los lazos del destino se entretejían alrededor suyo y de un espíritu de duelo? La posibilidad le cortaba como un cuchillo, afilado y sin piedad, pero demasiado pequeño como para destruirlo, sólo inflingiendo una herida sangrante, que le recordaba constantemente ese vacío de la duda, de la incertidumbre.

¿Qué sucedió? Sus pensamientos no son capaces de precisar una respuesta, ni siquiera una buena excusa para su madre cuando llega a casa todas las noches, después de haber dado una vuelta por la ciudad, en busca de un atisbo de cabello castaño o unas alas largas, como de murciélago, protegiendo los ojos dispares de Yubel. ¿Qué sucedió? ¿Por qué se había marchado, cuando habían acordado otra cosa? ¿Quizás había encontrado al verdadero Johan, ese que parecía de la leyenda de un pasado, que hablaba con espíritus y cuyo guardián era un dragón?

Seguro que sí. Porque él no podía hablar con los espíritus en sus cartas, aunque se defendía bastante mejor en un duelo, sabía que no lo suficiente como para rivalizar con el poseedor de las Bestias Gema, perdidas tanto tiempo atrás que parecían de cuento de hadas, él no tenía memorias. No era, en definitiva, la persona que buscaba. Y aún así, había deseado llegar a serlo, había deseado reemplazar esa pieza faltante en el rompecabezas de la vida de Juudai, había comenzado a acoplarse. Pero, de nuevo, todo se reducía al pasado, todo quedaba en el pasado, pegado, como un sueño, a las sábanas en donde descansaba ahora, a las cuatro paredes de su habitación que habían encerrado el secreto, a su memoria angosta como un callejón que no le había llevado la respuesta esperada por Juudai, que no le servía nada más que como verdugo.

Johan se dio vuelta en la cama por undécima ocasión para tratar de acallar la vocecita molesta que le clamaba todo tipo de dudas, quedando boca abajo y mirando a la pared más cercana, impoluta como un lienzo vacío. No podía ir en su búsqueda al ser menor de edad, al carecer de un espíritu amigo capaz de transportarlo lejos, de sus padres, de las reglas, del dolor, pero tenía planeado marcharse en cuanto llegara el momento propicio, los 18 años tan lejanos o quizás el olvido, lo que sucediese primero. Pero mientras, su mente retornó a la misma pregunta que se había estado haciendo toda la noche.

¿Se habrá sentido así Juudai todos estos años, mientras me buscaba? ¿Con este vacío en el estómago, como si una pieza faltara en su interior?