Título: La pieza faltante
Claim: Johan Andersen/Yuuki Juudai, implícito soulshipping y bridgeshipping.
Notas: Post-series. Situado en la siguiente reencarnación de Juudai.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Misteriosa
Tema: 26. Fantasma
Gravilla fina crujió bajo sus pasos mientras bordeaba el sendero que conducía hasta la iglesia, blanca como una sombra que debía camuflarse perfectamente en los días de nieve, aún cuando no era su destino final, Johan se detuvo a contemplarla con cierta nostalgia, con miedo, quizás, miedo que le retumbaba en los oídos y en la garganta, como si su corazón se hubiese desplazado de lugar, tratando de escapar de su pecho. Estaba en un cementerio casi abandonado, ruinas de las vidas de muchas personas antes que él, huesos protegidos por una gruesa capa de césped brillante a la luz del mediodía, bajo un cielo azul que parecía querer romperse sobre su cabeza. Estaba a punto de encontrar la tumba, pero, ¿habría algo más además de mármol blanco? ¿Estaría Juudai allí, con las manos en los bolsillos, mirando el lecho del descanso eterno de otra persona que compartía su mismo rostro? ¿Encontraría un secreto o una verdad, o su viaje se tornaría inservible?
Sus pasos se volvieron inseguros mientras seguía avanzando, dejando la iglesia detrás de un bosquecillo de árboles altos y vibrantes, para adentrarse en lo que parecía una ciudad en miniatura, devastada quizás por alguna guerra, en donde sólo paredes de mármol con inscripciones eran la única prueba de que había existido. El cementerio, el mar de tumbas de mármol de colores, algunas resquebrajadas, otras casi polvo, todas ellas sobre el césped verde, todas ellas cubiertas de flores.
Tardó al menos una hora en encontrar la tumba que buscaba, guiado por la única referencia de que era blanca y con letras doradas, que, cuando encontró, apenas eran sombras difusas, erosionadas por el tiempo. Las flores crecían a su alrededor y había un pequeño ramo depositado encima, no muy reciente, pues los pétalos comenzaban a marchitarse y a ralear, perdiendo todo el color que sus hermanas, al pie y a los lados del mármol, lucían en plena primavera.
Johan Andersen. Existió y vivió durante muchos años, según las fechas erosionadas en el mármol, según el brillo opaco de unas cuantas gemas que encontró incrustadas a ambos lados, deslucidas por la lluvia y quizás por ávidos ladrones, que no habían podido arrancarlas por completo. Él y a la vez otro, un recuerdo que se había vuelto carne en él y que los había llevado (a Juudai y a él) a emprender diferentes viajes, buscándose, aunque quizás para nunca lograrlo.
Aún así, lo entendía, podía imaginarse el dolor que había sufrido (¿similar al de él, quizás?) cuando ese Juudai del pasado, esos ojos castaños y esa risa invitante habían desaparecido, justo como ahora, justo como siempre. En eso no eran tan diferentes, a ambos los habían dejado solos, aunque al menos él tenía la posibilidad de seguir buscando, mientras que el Johan del pasado no. No en la muerte, no, nunca más.
Se sentó en el pasto frente al sepulcro, sintiendo de pronto al fantasma del otro a su alrededor, quizás parado detrás suyo, quizás enfrente, una fuerza débil e intermitente que no sabía cómo tratar.
—Así que supongo que debo continuar la búsqueda, ¿verdad? —la misteriosa presencia le daba fuerzas y lo obligó a sonreír, diciéndose a sí mismo que ninguno de los dos, ni él ni el fantasma, se habían rendido en realidad y que tenía que seguir buscando, aún si su esfuerzo no daba frutos, tenía que seguir...—. Lo comprendo, no te preocupes, claro que no me voy a rendir. Ya se las verá conmigo Juudai cuando lo encuentre, lo haré pagar el doble por ti y por mí.
—Muy bien dicho —gimoteó una voz femenina que logró sobresaltarlo y al instante, como si siempre hubiesen estado ahí, a su lado, siete creaturas se materializaron frente a sus ojos, cada una de un color diferente y portando una gema brillante ante los colores del sol. Las cartas legendarias se presentaban ante él y si eso no era una buena señal, si eso no era un milagro de Dios, Johan no estaba seguro de qué podría ser, salvo una nueva esperanza para continuar su viaje.
