Título: La pieza faltante
Claim: Johan Andersen/Yuuki Juudai, implícito soulshipping y bridgeshipping.
Notas: Post-series. Situado en la siguiente reencarnación de Juudai.
Rating: T
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Misteriosa
Tema: 08. Nostalgia


Le parecía haberse remontado a su niñez, a cuando, arropado en la cama y con su lámpara giratoria proyectando en las paredes imágenes de animalitos inocentes, su madre (y a veces su padre) le contaba un cuento hasta que se le cerraban los ojos, sólo para ser transportado al mundo de los sueños, donde la historia inconclusa en la voz de su madre seguía y cobraba vida hasta el final. Sin embargo, en esta ocasión la ecuación era ligeramente diferente y la historia nunca lo guiaba hacia un futuro, sino hacia el pasado; y quien le relataba la historia eran sus espíritus acompañantes, ahora su nueva familia, un deck de cartas bien protegidas por la nieve y el sol que había encontrado enterradas en un sudario, a pocos centímetros de la tumba de su otro yo.

—Nosotros lo ayudamos —dijo Emerald Turtle una noche, no mucho más de una semana después de su visita a Noruega, cuando se hallaba en un hotel barato, mirando hacia el techo perdido en sus pensamientos—. Ayudamos a Johan, no queríamos que muriera sin haber visto a Juudai de nuevo, no para siempre.

—No podíamos dejarlo así —corroboró Topaz Tiger, alzando la cabeza que tenía apoyada sobre sus patas, sólo para mirar al nuevo Johan sobre la cama, ahora con toda su atención enfocada en ellos—. Teníamos que hacer algo, así que cuando estaba a punto de morir... —su voz fuerte, digna del felino de gran tamaño que era, pareció a punto de quebrarse, por lo que otro de sus hermanos retomó la narración.

—Le dimos nuestro poder para que trascendiera, no sólo nosotros, sino también Rainbow Dragon. Dejamos que su alma permaneciera anclada a este mundo hasta que Juudai regresara, pero... —Amethyst Cat era una silueta grácil sentada sobre los cuartos traseros que yacía a su lado, como una especie de guardián (como una especie de madre), mirándolo de hito en hito con sus ojos finos, en busca de alguna señal que él no podía ni imaginar—. Lo logramos, puedes verlo, eres la prueba viviente, pero nuestro poder no fue suficiente, su alma vagó demasiado tiempo y lo olvidó todo y Rainbow Dragon desapareció, su espíritu al menos, porque la carta sigue aquí, bien la has visto.

Esa noche Johan se incorporó, como muchas otras, para mirarlos con una muestra de gratitud y comprensión bailando en sus ojos, brillantes al estar anegados en lágrimas. No podía recordar a esa familia, ni a ese Juudai del pasado, por el que tanto había esperado (y ahora buscaba), pero la sensación de calidez al saberse amado por tantos, al sopesar el sacrificio que su familia había hecho por él, le hacía escocer el pecho, en donde sólo la esperanza y esa nueva sabiduria servían como bálsamo para sus inseguridades.

—Cuéntenme de él... De mí —les había pedido esa noche, mientras les hacía gestos con las manos para que se acercaran, cosa que hicieron, aunque Ruby Carbuncle fue más atrevida y se le subió en el hombro para hacerle cosquillas (¿las estaba sintiendo de verdad?), mientras los otros intercambiaban miradas que bien podían valer como sonrisas.

Y así había empezado esa jornada similar a la de las Mil y una noches, con cada día de búsqueda que pasaba, con cada noche que caía, la rutina seguía siendo la misma, las bestias gema reunidas alrededor de él (a veces sobre su cama), la luz tenue de la lámpara de noche y las imágenes bailando (como cuando era niño) bajo sus párpados, llevándole la historia del yo que había olvidado todo, a sí mismo, a su familia y a Juudai.

Todo el relato era igual al contado por Juudai, otro eco lejano de recuerdo, pero sus amigos aportaron nuevos enfoques y le dijeron, además, qué había sido de su vida después de la muerte de la anterior reencarnación de la gentil oscuridad, en qué había ocupado sus días el anterior Johan Andersen, cuyo único fin era altruista y había seguido llevando la comunión entre espíritus y personas, entre diferentes mundos, hasta su día final.

—No era fácil —admitió Cobalt Eagle, cuyo aleteo proveía las noches de una canción de cuna particular, ciertamente cálida—. Desplazarse requería mucho dinero y Johan no tenía los poderes de Juudai, mucho menos de Yubel, por lo que estaba muy limitado. Conforme se hizo grande dejó de salir del país y pronto no dejó ni siquiera la pequeña colonia donde vivía, hasta el día de su muerte.

—Tampoco es fácil ahora —dijo Johan y se sentó sobre la cama, que crujió sobre sus goznes ante su inusitada rudeza, para mirarlos a todos de nuevo, como si creyera que todo era un sueño, una invención de su mente ya cansada—. Tengo que trabajar mientras sigo buscando, puede que me tome toda la vida... —los espíritus intercambiaron miradas nerviosas, reconociendo ese tono de voz un tanto derrotado del primer Johan en sus últimos años, aquél que no auguraba nada bueno—. Pero los tengo a ustedes, chicos. Ustedes son mi familia y mi fuerza y les agradezco por contarme todo esto, por haberme ayudado a seguir en esta nueva vida, aún si no recuerdo todo lo que vivimos antes, por estar aquí, por seguir a mi lado. Gracias, chicos. Espero que sigan adelante conmigo en el viaje que nos queda, que será largo, pero que de ninguna manera desperdiciará sus esfuerzos, lo que hicieron, Rainbow Dragon...

La voz pareció escaparse de su garganta antes de terminar su discurso, pero no hubo ninguna necesidad de más palabras, porque la habitación quedó llena del solidario "sí" de las bestias gemas y del sonido de extraños abrazos, que sólo se podían dar a la familia (aún si ésta era inmaterial) del corazón.