Nada del pottermundo me pertence (:

advertencia: A partir de ahora comienzan los capítulos subidos de tono, tengan en cuenta que entre cada uno de ellos va a haber un día, para completar el mes con 15 capítulos.

Gracias por leer. it'sjustanotherfreak.


La oficina.

-¡POTTER!- el grito perforó vario tímpanos. La puerta se abrió bruscamente golpeando con la pared y haciendo temblar medio edificio. Entró furibunda a la enorme oficina con pasos largos y haciendo resonar los tacos en el piso.

- señor Potter, perdone usted, ella no tiene cita y no quiso escucharme no pude detenerla- una asustada secretaria había entrado detrás de ella farfullando cientos de disculpas a su jefe.

-MOSQUITA MUERTA NO TE QUIERO VER CERCA DE MI NOVIO- cuando todos pensaban que Ginny Weasley no podía gritar más fuerte, ella siempre los sorprendía.

Echó a la pobre mujer y cerró la puerta con otro golpe estruendoso, lo último que se escuchó desde afuera fue un hechizo para bloquear la puerta y uno silenciador, el resto de los compañeros de Harry pedían a Merlín que él siguiera vivo después de la furia de la pelirroja.

- Gin amor- Harry la miraba preocupado – ¿estás bien?-

Se acercó peligrosamente al morocho y lo tomó de la solapa de la camisa, tiró para arriba para que él se levantara y lo empujó contra la pared.

- Estas en problemas- fue un susurro, pero logró que el chico se estremeciera desde la punta de los pies hasta la cabeza- ayer te hiciste el vivo y te fuiste con la estúpida de tu secretaria, hoy vas a pagarlo Potter, como que me llamo Ginevra Weasley que hoy no salís entero de esta oficina.

Todavía lo tenía agarrado de la camisa, se acercó más a él y lo besó como si su vida dependiera de ello, no era un beso tierno ni lento, era desesperado, anhelando por más y más conforme cada segundo pasaba. No sabrían decir cuánto tiempo estuvieron así, pero en algún momento las caricias comenzaron para no detenerse más, buscando algún espacio de piel libre, dejando un camino de fuego a su paso. Él tomó el control, la levantó pegándola más a su cintura y la llevó hasta el escritorio, todo lo que había en el salió volando hacía cualquier lado cuando el pasó un brazo para hacer espacio, se escucharon cosas romperse pero no le importó, estaba frenético. Los besos recorrían el cuello de ella acompañado de gemidos, hacía calor, y la ropa comenzaba a sobrar. Se escuchó un golpe en la puerta y la voz de la secretaría de Harry preguntándole se estaba bien. Ginny se apartó.

-¿así estabas ayer con ella?- lo besó con pasión -¿así te tocaba ella?- la mano de ella, conocedora del cuerpo de Harry, recorría sus puntos más sensibles volviéndolo loco - ¿te decía "Harry hazme tuya" en un susurro?- metió sin pudor la mano dentro de su pantalón, él cerró los ojos y se dejó hacer, si no iba a salir vivo de esa oficina, por lo menos moriría feliz.

La ropa volaba para todos lados, mientras ellos se acomodaban en el escritorio, Ginny todavía susurraba preguntas, pero cada minuto que pasaba cada beso de Harry lograban que su cerebro se fuera ahogando en lujuria. Por el otro lado él pocas veces había estado tan excitado, su pelirroja estaba a punto de hacerlo explotar y todavía no habían pasado la previa.

El reloj de la pared ya había dado una vuelta y media desde que la menor de los

Weasley había irrumpido en la oficina, estaban todavía en el escritorio. Ella, sentada, descansaba la cabeza en el pecho de Harry, todavía abrazando su cintura con sus piernas desnudas. Él, parado por arte de magia se sostenía con las dos manos del mueble. Los dos tenían la respiración agitada, los corazones bombeando sangre a una velocidad vertiginosa y el cuerpo cubierto de una capa de sudor.

Tardaron en recuperarse, pero cuando lo lograron estuvieron un rato largo para poder encontrar todas sus ropas y dejar medianamente ordenada la habitación. Cuando salieron tomados de la mano y con una sonrisa cada uno se dieron cuenta de que había más gente de lo normal a esa hora en el trabajo de Harry, todos los miraban.

- Mary, me parece que me voy a tomar este mes antes de la boda de vacaciones, hazme el favor de avisarle a Lupin, él entenderá- todos se sorprendieron de que el joven tuviera dientes y más aun de que sonriera.

Tomados de la mano, y no sin antes una mirada furibunda por parte de la pelirroja a la secretaria de Harry, salieron del rascacielos donde el oji-verde había fundado su propia empresa de artículos de Quiddicht.