nada del pottermundo me pertenece (:
ya me está dando verguenza tardar tanto en actualizar, pro lo prometido es deuda y acá está lo que algunos pidieron, disfruten, sigan tirando ideas de lugares y digan todo lo que quieran que es gratis (y ayuda a mejorar)
it'sjuastanothrfreak.
"Abriendo el tercer ojo"
Recién llegados del Caribe Harry y Ginny estaban agradecidos de volver a sentir el frio característico de Londres; el calor no era lo suyo, había que admitirlo.
Estaban en el departamento de Harry, que seguía igual de chiquito y sucio que siempre pero ahora con un ligero olor ha cerrado. Ginny tirada en el sofá miraba el profeta y se ponía en sintonía con todo lo que se había perdido esa semana; mientras tanto esperaba que su novio terminara de vestirse y buscar quien sabe qué cosa.
Después de diez minutos seguidos de ruidos de golpes, cosas rotas y cajones abriéndose y cerrándose Ginny fue a ver qué demonios hacía Harry antes de que se lastimara el mismo.
Llegó justo a tiempo para ver a Harry salir de una montaña de cosas respirando como si hubiera estado mucho tiempo bajo agua.
-¡lo encontré!- exclamó Harry victorioso. Ginny miró bastante decepcionada el pedazo de pergamino arrugado que él levantaba en una mano.
-¿hiciste semejante desastre por un pedazo de pergamino?-preguntó aburrida – Harry ¿Dónde tenías metido todo eso?
El chico miró a sus espaldas y se encogió de hombros, su cuarto estaba cubierto de una capa de cosas inútiles y mugre que habían aparecido por arte de magia porque él no se acordaba de haber sacado nada de eso.
-podrías hacer el favor de vestirte por lo menos, le dije a mamá que iríamos a la tarde a la madriguera- dijo Ginny
-Sí amor- Y en menos de dos minutos Harry ya estaba listo para salir, aun con el pergamino en la mano.
-yo estuve pensando que quizá la casa de los gritos es la mejor opción que tenemos- comentó Ginny mientras agarraba su cartera.
-no, yo tengo una idea mejor linda- dijo Harry con una sonrisa peligrosa y sin decir más le tomó de la mano y desaparecieron con un leve crack.
-¿No dijiste que tenías otra idea? – preguntó confundida al ver que la taberna de la las tres escobas delante de ellos.
Él solo sonrió y la llevó de la mano por la calle principal de Hogsmade hasta que llegaron a la salida del pueblo donde ella se plantó y lo miró horrorizada.
-¿En Hogwarts? Estás loco, una cosa era escaparnos un rato a la sala de menesteres cuando fuimos alumnos, pero ahora Mcgonagall va a matarnos- terminó horrorizada imaginándose su prematura muerte en mano de su antigua profesora de transformaciones.
-No se me había ocurrido, la ex aula de Mcgonagall necesita algo de acción ¿no crees?- Harry estaba sumamente emocionado.
-Harry James Potter estás demente-
- Vamos, confía en mí- rogó él- ¿Cuándo te decepcione princesa?
-Harry hay alumnos ¿qué vamos a decir?- preguntó –"hola si venimos a ver el colegio profesora, por favor nos puede dejar solos" No nos van a dejar entrar sin un motivo –lo miró con incredulidad-.
- Tengo la excusa perfecta, como todo empresario exitoso que sabe lo que quiere- le dedicó una sonrisa compradora a la que nadie podría negarse.
Mandaron un patronus para anunciar su llegada y se subieron a uno de los carruajes tirados por terstrhals para dirigirse al imponente castillo.
-Señor Potter, señorita Weasley que sorpresa verlos por aquí- La voz de Mcgonagall los sobresaltó a los dos, seguía sonando exactamente igual que siempre.
-profesora Mcgonagall- saludó Ginny con un dejo de miedo en la voz.
-Por favor dime Minerva querida ¿Cómo está tu madre?- preguntó con dulzura
-bien supongo- dijo media confundida por la confianza con la que su antigua profesora le hablaba
-¿a qué se debe su visita jóvenes?- preguntó luego de asentir satisfecha con la respuesta de la chica- acaso, ¿está en camino un pequeño Potter?- miró de reojo a Harry antes clavar sus penetrantes ojos en Ginny
-no ¿qué? No, por Merlín no- Harry saltó asustado- ¿creo?- miró a Ginny casi con miedo de la respuesta.
-No profesora, por ahora no- contestó intimidada- la verdad no tengo ni idea por qué estamos aquí, yo solo acompaño a Harry
-bien Potter no tengo todo el día-
-Como sabe profesora soy director de una empresa de artículos de quiddicht- la mujer asintió con mala cara.
-siempre pensé que su sueño era ser auror señor Potter- parecía ser que la mujer no olvidaba la pelea que tuvo con Dolores Umbridge años atrás
-profesora, yo inicié a carrera de auror, pero el ministerio está completamente burocratizado, no quería estar solo por ser Harry Potter, yo no soy un trofeo de guerra- explicó
-Había escuchado algo de eso, ¿pero por qué está aquí?-
-Quiero hacer una donación al equipo de Griffindor- con un movimiento de la varita siete escobas completamente nuevas y relucientes aparecieron de la nada, a diferencia de las escobas normales están tenían el mango de azul eléctrico. En la punta se leía en una pulcra letra siete inscripciones iguales "ikarus" – Son el nuevo modelo que vamos a sacar a la venta.
-Sabe que eso podría en desventaja a los otros equipos- Mcgonagall intentó sonar severa, pero miraba casi enternecida a su antiguo buscador.
- Griffindor es mi equipo profesora, no el resto, pero podemos ponerlas como premio para la casa que gané el torneo- agregó rápidamente al ver la mirada de reproche que le dedicó la mujer.
- haremos eso Potter, es un regalo muy generoso de su parte- aceptó
-Yo también me preguntaba si podíamos dar una vuelta por el colegio- preguntó Harry ante la mirada atenta de las dos mujeres –ya sabe para recordar los viejos tiempos-
- Vayan tranquilos –concedió la directora- los veré en el almuerzo para anunciar lo de las escobas nuevas.
Ambos dejaron el despacho de la directora y recorrieron los pasillos del colegio tomados de la mano recordando viejos momentos.
- Era más fácil decir que solo queríamos recordar viejas épocas- dijo Ginny mirando el cuadro de sir. Cadogan
-Sí, pero igual es una buena propaganda para las escobas y una excusa para estar en el castillo- dijo Harry con una sonrisa de oreja a oreja.
Antes de que Ginny pudiera responder algo él la agarró de la cintura y la pegó contra la pared antes de darle un beso que la dejó sin aliento. Dando tumbos contra la pared se metieron en un armario de escobas que había a pocos metros.
-de todos los lugares que tiene este castillo ¿tenemos que terminar en un armario? –preguntó Ginny apabullada por los besos de Harry.
-es tu culpa Pelirroja, me vuelves loco- murmuró entre caricias y besos.
Se apoyó sobre ella, haciéndole notar cuan excitado estaba. Tiró la cartera de ella por cualquier lado junto con su saco y el pullover, abrió de un tirón la camisa haciendo volar los botones para cualquier lado y se inclino sobre los pechos de ella para besar los pesones erectos que se notaban atreves del sostén de encajes.
-¡Potter!- Ginny lo interrumpió abruptamente
-¿he qué pasa?- dijo el confundido
-Me niego a estar dos días con la espalda hecha polvo por el armario de morondanga este- se quejó
-es verdad, vamos- le pasó la camisa, el pullover y el saco antes de agarrar la cartera de ella para llevarla.
Una vez listos salieron disimuladamente del armario y siguieron caminando, pasaron por el aula de defensa, la de encantamientos y varias aulas abandonadas hasta que llegaron a la de transformaciones, donde se frenaron y se miraron cómplices. Por alguna razón, que vaya a saberla Merlín, el aula estaba completamente vacía salvo por las casi cuarenta mochilas distribuidas por cada banco. Estaban dando clase, eso era obvio, ¿pero dónde estaban los alumnos y la nueva profesora?
Entraron mirando para todos lados, buscando a alguien sin suerte. ¿Tendrían tiempo? Si Harry tenía que ser sincero consigo mismo no había sido en serio cuando dijo lo de la ex aula de McGonagall, pero la idea era extrañamente excitante. Ante ese pensamiento Harry largó una carcajada que asustó a Ginny, él se había tentado y no podía parar de reírse, ya estaba mal de la cabeza si pensaba que era excitante hacer algo en el aula de transformaciones.
- ya está, era cuestión de tiempo para que termine de volverse loco- murmuró la pelirroja mirando hacia arriba y negando lentamente con la cabeza.
Harry la miró a los ojos, todavía sonriendo, la levantó en un abrazo y comenzó a dar vueltas por el aula contagiando la risa a su novia. La sentó sobre el escritorio de la profesora y le dio un beso capaz de ruborizar a cualquiera. Se separó de ella dos segundos solo para mirar le pedazo de pergamino que había sacado del bolsillo, activar el mapa del merodeador y asegurarse de que nadie los iba a interrumpir.
Sin delicadeza alguna Harry le quitó el pullover y lo que quedaba de camisa para poder besar el plano vientre y luego seguir un caminito marcado por pecas hasta sus senos. Ginny suspiró al sentir los labios de él. Eso era algo que lo volvía loco, cada respuesta de ella a sus acciones lo encendía cada vez más y más; cuando pensaba que no podía estar más enamorado, hacer el amor con Ginny le demostraba lo equivocado que estaba.
-Por Merlín, no puede ser que seas tan condenadamente deliciosa- murmuró
-Potter deberías dejar de decir pavadas y concentrarte en lo que estás haciendo- le respondió Ginny.
Él se separó un poco para sacarse su propia ropa, mostrándole cada centímetro de su cuerpo, listo y dispuesto, de una manera demasiado tentadora. Nunca pudo volver a acercarse porque ella en un arrebato de lujuria se tiró, literalmente, sobre Harry haciéndolo trastabillar hasta chocar con una pared. Él la levantó del trasero, pegándola más a su cuerpo, haciéndole notar todo lo que la necesitaba, ella rodeó su cintura con sus blancas piernas y comenzó a besarle el cuello, haciendo gemir al chico.
De alguna manera se las ingeniaron para terminar al revés, Ginny contra la pared y Harry aprisionándola con sus brazos dentro de ella. La ropa que había sobrevivido estaba ahora tirada a un costado, olvidada. Harry se movía dentro de ella con velocidad, completamente excitado.
Esa era el aula de transformaciones, por Merlín, cualquiera podía llegar y verlos, en esa aula había aprendido a transformar un animal en una copa (nada útil, por cierto), en esa misma aula Mcgonagall lo había retado cientos de veces. McGonagall. Ante ese pensamiento se detuvo repentinamente y se quedó completamente quieto mirando un punto fijo en la pared.
-Ha-Harry ¿estás bien?- preguntó entre jadeos Ginny
-Mcgonagall- susurró
-¡¿qué?- preguntó ella alarmada pensando que la directora estaba allí
Él se separo de ella y se apoyó a su lado en la pared con cara de asco, sacudía levemente la cabeza con los ojos cerrados, parecía algo demente.
-asqueroso, asqueroso- murmuró
-¿qué cosa?- preguntó ella asustada, ¿es qué ahora le daba asco a Harry?- Harry ¿qué es lo que te da asco?
-se me vino a la cabeza la imagen de Mcgonagall y es tan poco excitante Ginny- dijo apenado- no puedo, la vieja me cortó la inspiración
En otra circunstancia Ginny estaría completamente enojada de que le haya dejado a la mitad de una buena sesión de sexo, pero no pudo más que reírse de la situación. Harry seguía negando con la cabeza intentando sacarse las imágenes de la cabeza.
Ginny lo dejó contra la pared y fue a buscar su ropa. Fue en ese momento que se fijó en el mapa del merodeador y en una horda de estudiantes que se dirigían exactamente hacia donde estaban ellos.
-Harry, están viniendo los alumnos- casi le gritó
Apenas escuchó el grito de su novio mientras intentaba encontrar sus malditas bragas, no tardó más de un minuto en estar vestida con lo indispensable para no llamar la atención, miró a Harry que terminaba de ponerse una zapatilla justó cuando la puerta se abría e ingresaban un grupo de estudiantes que parecían ser de primero.
Antes de que la profesora pudiera decir algo salieron casi corriendo, mientras se reían a carcajadas, eso había estado cerca.
Fueron a avisarle a McGonagall que se tenían que retirar, había surgido un inconveniente y no podían esperar hasta el almuerzo, se despidieron prometiendo volver a pasar por el colegio a saludar y se dirigieron hasta Hogsmade en uno de los carruajes del colegio.
-menos mal que se te cruzó McGonagall por la cabeza, si no todavía estaríamos tratando de explicar que estábamos haciendo- comentó Ginny
-la profesora de adivinación tenía razón- dijo Harry con un tonito de superioridad- mi tercer ojo se abriría en algún momento y miraría hacia el futuro.
-si no dejas de decir pavadas, vas a tener otra cosa abierta además del tercer ojo- le dijo Ginny antes de sonreírle con inocencia.
he ahí todo por hoy! Comenten :D
