Hola people :D Dos malas y una buena noticia e.e

La buena: Aprobe la materia que tenia que rendir :D Tanto "estudio" (tiempo en el cual estuve leyendo fics casi sin tocar un libro) valio la pena (?

La mala: Es el ultimo Cap D: Oh Dios, pense que este dia nunca iba a llegar Dx Menos mal que un dia se me ocurrio continuarlo (Hubiera sido horrible haberlo dejado incompleto).

La otra noticia mala: el martes comienzo las clases T-T (Sí, me cagaron feo. Solo me quedan tres dias de vacaciones *llora descontroladamente*) Nunca, repito, NUNCA, dejen materias para rendir en vacaciones, es lo PEOR.

Para no hacer tan corto el cap decidí meter algo de comedia con un triangulo amoroso (Saddam, Satán y Chris)


VANIDAD – LUJURIA – GULA – PEREZA – ENVIDIA – IRA – AVARICIA

Todo era tan tranquilo... tan irreal. El cielo se encontraba pintado con tonos anaranjados y rosados, y el sol a punto de descender y perderse de vista, dando paso a la noche.

Pero eso no era nada en comparación al hecho de estar sentado en el césped, recostado sobre un árbol y lo mejor de todo, tener a Pip sentado a su lado, con una sonrisa pacifica en su angelical rostro y sus ojos cerrados.

Por fin era domingo. Al día siguiente deberían volver a la maldita escuela y tener que soportar a los estúpidos de sus compañeros. Pero había otro tema que perturbaba al anticristo.

Pip abrió lentamente sus ojos y giró su cabeza a su izquierda para ver a Damien, el cual tenía su mirada en dirección al sol con el ceño levemente fruncido. El rubio sonrió con un poco mas de ganas.

-¿Qué es lo que sucede Damien?- preguntó.

Damien lo miró y sonrió débilmente.

-No es nada Phillip.- le pasó un brazo por la cintura y lo acercó a su cuerpo. Pip apoyó su cabeza en el hombro del pelinegro.

-Por favor, dímelo.- rogó. El ojirojo suspiró.

-Es que... mi padre ha empezado a darme "lecciones" de como gobernar el infierno, y en cualquier momento tendré que empezar a ocupar su puesto como futuro gobernante.

Pip parpadeó confuso y preguntó.

-¿Pero no es lo que siempre has querido?-

-Bueno, lo es, pero... mi padre me advirtió que una vez que empiece a gobernar tendré que hacer ciertos sacrificios.-

-¿Cómo cuales?- cuestionó.

-Uno de ellos es que no podré venir más a la tierra.-

El rubio lo miró deprimido.

-Lo siento Phillip, a menos que mueras no podremos estar juntos.- bromeó sonriendo, pero a la vez lo decía en serio, tal vez podía ceder y aceptaría irse con el al infierno.

-Damien, sabes que soy muy cristiano, y el cristianismo considera el suicidio como un pecado.- lo miró horrorizado.

El anticristo bufó. Pip consideraba el suicidio como un pecado pero al parecer ser el novio del mismísimo hijo del diablo no lo era. Volvió a concentrar su mirada en cielo y se dio cuenta de que ya había oscurecido demasiado.

-Es tarde, vamos, te acompañare a tu casa.- dijo ofreciéndole la mano para levantarlo y guiarlo a su casa.

...

Después de haber dejado al rubio en su casa fue en busca de un lugar donde no hubiera gente, para poder usar sus poderes. Cuando pudo encontrar una casa abandona, entró y abrió un portal directo a su hogar.

Llamaradas salieron del piso de madera antiguo, formando un perfecto circulo enfrente del anticristo, el cual con solo dar un paso hacia este ya se encontraba en la puerta de su casa. Una casa normal y corriente ubicada en el centro del mismísimo infierno

Abrió la puerta y entró.

-¿Padre?- preguntó alzando la voz.

-En la cocina Damien.- le contestó.

Se sacó su saco de cuero negra, tirándolo al sofá del living, quedándose en remera, por supuesto negra también, y se dirigió a la cocina. A penas entró a la cocina sintió como le bajaba la presión y casi se desmayaba.

-¿Saddam? Chris?- preguntó completamente atónito.

-Hola cielo.- saludó Chris.

-Hola muchacho, cuanto tiempo sin verte.- Saddam le guiñó un ojo, sonriendo.

-¿¡Que carajo hacen esos dos maricas en mi casa!?- preguntó recuperando las fuerzas y sentándose en la mesa con los otros tres.

-¡Compórtate niño malcriado!- gruñó Satán.

-No le llames la atención Satán, yo también me pondría así si viera al marica de Chris en mi cocina.- rió Saddam.

El de anteojos lo fulminó con la mirada. Seguía igual de inmaduro como lo conoció años atrás.

-Es una broma cuatro ojos.- sonrió angelicalmente.

Satán suspiró, cubriéndose la cara por la vergüenza que esos dos causaban, mientras que poco a poco de las manos de Damien iba saliendo humo, en señal de que en cualquier momento quemaría la mesa de la cocina.

-¿Qué. Hacen. Aquí. Esos. Dos?- preguntó tratando de calmarse.

-Los invité a cenar. Hace mucho que no nos habíamos sentado a hablar los tres juntos.- sonrió Satán.

Satán, después de recordar la horrible e incomoda cena en la que los tres estuvieron sentados en esa misma mesa que ahora se encontraban, la idea de que su plan de arreglar las cosas cruzó por su mente.

¡Pero no era su culpa! ¡El quería que no hubiera más rencor y odio y que todos se llevaran bien maldita sea!

-Ah sí, lo recuerdo. Cuando tú salías con Chris e invitaste a Saddam para arreglar las cosas, lo cual no funcionó porque terminaste yéndote con él a un hotel barato y terminaste cogiéndotelo, engañando a Chris.- Damien sonrió angelicalmente, tratando de hacer enojar a su padre.

Y funcionó. Satán lo miró sorprendido con la boca completamente abierta, pero segundos después lo miró con puro y genuino odio a su único hijo. Maldito niñito consentido, él no lo había criado así! Chris bajó la mirada a su comida, ese comentario realmente le había traído malos recuerdos.

Saddam rió levemente, realmente extrañaba a ese pequeño diablito. Aunque Damien nunca lo hubiera considerado como su otro padre, según el chico preferiría mil veces agarrarse los dedos con la puerta antes que llamarlo "padre".

-¿Y cómo va la escuela querido?- preguntó Chris, una vez que pudo recuperarse completamente de los malos recuerdos.

-¿Y a ti que te importa?- dijo sacándole el dedo y empezando a comer.

-¡Carajo Damien! ¡Compórtate y respóndele la maldita pregunta a Chris!- Satán golpeó con fuerza la mesa, haciendo que los platos y los cubiertos saltaron unos escasos centímetros de esta.

-Bien, supongo.- murmuró sin mucha importancia, sin parar de comer.

-Hablando de la escuela, un compañero tuyo vino a casa preguntando por ti...- recordó Satán. Damien se atragantó con la comida y empezó a toser.

Cuando pudo hablar nuevamente preguntó.

-¿Cómo mierda es eso posible? ¡Mis compañeros están todos vivos, y para venir al infierno tienen que estar muertos!-

-¡Si me dejaras terminar podría explicarte! Hoy a la tarde cuando tú estabas en la Tierra un chico rubio vino a casa.-

-¿McCormick?- preguntó.

-No, un tal Gregory Fields. Dijo que te conocía y quería hablar contigo.- explicó.

-¿Gregory? ¿Cuándo murió?- preguntó totalmente sorprendido. ¡Si lo había visto el viernes antes de irse de la escuela!

-No lo se, creo que este sábado. Se veía bastante enojado, tenia sangre por toda su camisa naranja, al parecer murió de un tiro en el pecho. Es una verdadera pena morir a esa edad...- suspiró.

-Al menos murió de un tiro y no en un accidente con una escalera mecánica en un centro comercial... ¿Qué forma tan marica de morir es esa?- preguntó inocentemente. Damien se cubrió la boca con una mano para ocultar su sonrisa. Satán los fulminó con la mirada.

-Como sea, tal vez lo visite después.- intentó cambiar el tema, antes de que padre lo rete de nuevo.

-Satán, deberías darle la noticia ahora.- murmuró Chris sonriendo.

-Dios, por favor, no me digas que se van a casar.- murmuró el ojirojo horrorizado, imaginándose a su padre y al idiota ese vestidos de novia.

-¡No es eso! Hijo... creo que estás listo para gobernar el infierno por ti mismo.- sonrió. Y esa oración provocó que Damien se atragantara por segundo vez en el día.

-¿Damien estás bien?- preguntó Chris.

-¿Gobernar el infierno? Ahora? Pero si solo tengo dieciséis años!- ignoró completamente al de anteojos.

-¿Tú no crees estar listo?- cuestionó levantando una ceja, bastante sorprendido. Desde que Damien tenía memoria lo único que quería era gobernar el infiero por el mismo y destruir a la Tierra y ahora no parecía tan feliz con la noticia.

-Por supuesto que estoy listo, pero...- no pudo continuar, le daba tanta vergüenza hablar sobre ese tema con su padre, sumando la vergüenza de hablarlo enfrente de esos dos idiotas.

Satán, como buen padre que era, adivinó lo que preocupaba a su hijo.

-Lo siento Damien, pero sabes las reglas. Una vez que asumas tu puesto no podrás volver a la tierra, y no podrás hablar con los humanos.- suspiró.

-¿No hay una forma de traer a Pip al infierno sin tener que morir?- preguntó con la esperanza de un milagro.

-¿Pip?- preguntaron Saddam y Chris al mismo tiempo.

-¡No les importa!- gritó Damien.

-No Damien, y lo sabes perfectamente. Si tanto quieres a Phillip contigo en el infiero, sugiérele que...- trató de insinuarle la única respuesta posible, pero el tema era algo incomodo de decir, aun para él.

-Ya lo he hecho, y dijo que suicidarse era un pecado y que iba en contra de su religión.- dijo haciendo una mueca de asco.

Satán solamente se ocupó de suspirar y empezó a levantar los platos para poder lavarlos, con ayuda de Chris. Una vez que Damien se quedó solo en la mesa con Saddam este le murmuró.

-Suicidarse es un pecado, pero si tu lo matas no creo que haya problema alguno.- le guiñó un ojo, para luego mirar con lasciva a Satán, mientras este lavaba los platos.

Damien dejó su vista en una de las paredes de la cocina, ignorando el hecho de que Saddam violara a su padre con la mirada. En cierto sentido, si Pip era asesinado no habría problema, porque si alguien te mata tu no cometes el pecado, sino tu asesino, cierto?

El problema seguramente sería que Pip se negaría completamente a que él lo matara, por supuesto que no iba a permitir que otro tocara al rubio, si alguien lo iba a matar, sería solamente él.

Pero... la sola idea de poder poseerlo todo, el infierno y a Pip a su lado le nublaba la poca cordura, moral y ética que el anticristo poseía. Estaba decidido, mataría a Phillip. Salió corriendo de la cocina, agarro su abrigo y abandonó la casa.

-¿A donde va a esta hora?- preguntó Chris preocupado, eran las dos de la mañana. O por lo menos en la tierra, en el infierno no había día ni noche, ni siquiera podías ver la diferencia, ya que lo único que había eran llamas por todos lados.

-No lo se, pero tengo un mal presentimiento.- murmuró.

Al decir eso, automáticamente, giró para ver a Saddam y fulminarlo con la mirada, seguramente le lavó la cabeza dándole malas ideas, justamente lo que Damien necesitaba. Chris lo imitó, también pensando lo mismo.

Saddam al sentirse observado levantó la vista y vio como lo miraban con mala gana. Sonrió inocentemente y preguntó.

-¿Qué hay de postre?-

...

Haciendo el mismo procedimiento que hizo esta misma tarde, gracias a otro portal apareció en la puerta de la habitación de Pip, la cual abrió lo más silenciosamente posible.

Allí estaba su ángel durmiendo pacíficamente, con una ligera sonrisa. Damien estuvo varios minutos observándolo, mientras pensaba en una forma para matarlo sin que sintiera mucho dolor. Después de meditarlo, no muy bien en mi opinión, decidió como iba a matar a su amado.

Con un movimiento rápido de sus dedos, en su mano apareció una daga, de mango negro y bastante afilada. Si se lo clavaba justo en su corazón, este se detendría al instante, prohibiéndole a Phillip sentir cualquier dolor.

Lentamente se fue acercando hasta la cama, y con mucho cuidado se posicionó encima del rubio, sin despertarlo. La luz de la luna entraba por la ventana, dejando ver perfectamente la hermosa cara de Pip, una imagen que recordaría siempre.

Tomo una bocanada de aire, levantó los brazos mientras que con las dos manos sostenía la daga y finalmente, cerrando fuertemente los ojos, enterró con brusquedad la daga en el pecho de Phillip.

Apenas la punta de la daga entró en su pecho el rubio abrió los ojos horrorizado, soltando un gemido de puro dolor. La sangre roja salía a borbotones de su cuerpo, manchando las sabanas de algodón blancas, las paredes de su habitación y manchándolo tanto a él como a su ángel. La imagen era traumática y completamente desagradable.

Mientras la daga seguía en su cuerpo, aun sintiendo ese horrible dolor, miró directamente al causante de todo eso, y pudo reconocer esos ojos rojos que solo una persona que el conocía poseía.

-D-Damien...- murmuró, derramando lágrimas, tratando de creer que nada de eso estaba pasando.

-Ahora estaremos juntos para siempre.- susurró, haciendo fuerza y sacando la daga del cuerpo del rubio. Pip después de unos segundos de sufrimiento y dolor, cerró los ojos para siempre.

...

Cuando volvió al infierno no volvió a su casa. Lo buscó por todos lados, por cada rincón del infierno en el que pudiera estar, hasta que lo encontró. Estaba sentado en una roca, dándole la espalda, sin producir ningún movimiento. Se acercó lentamente, tratando de no asustarlo.

-¿Pip?- le tocó levemente el hombro.

El rubio al sentir que algo lo tocaba se levantó bruscamente y se giró para ver que era. Damien sintió un nudo en la garganta cuando lo vio. Estaba más pálido de lo normal, era casi blanco, su camisón blanco estaba completamente manchado de sangre, sus ojos habían perdido el brillo que siempre tenían, dándole un aspecto digno de un muerto viviente. Pip le dirigió una mirada fría y sin sentimientos, pero no pronunció ninguna palabra.

-Pip, déjame explica...- intentó el ojirojo.

-¿Qué? Qué quieres explicarme? ¿El por qué me mataste?- murmuró sin cambiar su semblante serio.

-¡Fue para que estuviéramos juntos!- trató de excusarse.

-¿Estar... juntos? ¿¡Tú realmente creíste que la mejor forma de estar juntos era asesinándome!?- preguntó con incredulidad.

-¡Mi padre decidió que ya estaba listo para gobernar y yo te quería a mi lado!-

-¡¿Y entonces por que no me esperaste?! Si tanto me querías hubieras esperado lo necesario para tenerme a tu lado! ¡Pero NO, tú decidiste irte por el camino fácil!- gritó fuera de si, dando a entender que el Pip que Damien tanto amaba ya no existía.

-Pero yo...- susurró.

Pip tenía razón, no tenía sentido discutir. La avaricia lo segó completamente, en lo único que podía pensar era en como conseguir todo lo que el quería, cueste lo que cueste.

-Tu avaricia si consiguió algo de mí... mi odio hacia ti. Prefiero caminar por el infierno sin rumbo alguno por el resto de la eternidad antes que volver a hablar contigo.- dijo volviendo a su semblante neutro, se dio media vuelta y comenzó a caminar.


No me odien por la escena sangrienta. Ya desde un principio la queria incluir, y si la iba a incluir tenía que ser realmente buena, lleno de detalles. Es la primera vez que escribo algo tan sangriento.

Como dije al principio del cap, las clases comienzan el martes, y voy a tratar de dejar un poco fanfiction (Intente mezclar la escuela y fanfiction y no pude u.u) Seguramente en algun momento suba algun one-shot o songfic ^^ (No long-fic porque ya dije antes que no son mi especialidad. Ademas no me gustaria empezarlo y no continuarlo T-T)

Muchas gracias a las personas que agregaron este fic u otro de mis fics a favoritos y a los que me agregaron a Favorite Authors, no se dan una idea de cuan feliz me hicieron, y los que me dejaron rewiews n.n