I love the way you lie
Este es un fic con propósitos de entretenimiento, sin intención de infringir los derechos de los autores correspondientes.
Acotaciones:
&...&... Cambio de escena.
Era media mañana cuando Royce volvió al departamento. Abrió la puerta casi en silencio y de inmediato vio a Rosalie, estaba sentada en uno de los sillones mirando hacia la nada. No tenía la televisión encendida ni leía un libro… sólo estaba ahí. Se acercó lentamente y se sentó a su lado, ella no se movió, como si no notara su presencia.
- Rose. –la llamó pero ella no pareció reaccionar, entonces con sumo cuidado la tomó del mentón y le giró el rostro para tenerla de frente. Ahí fue cuando notó los estragos de la noche anterior, tenía un ojo de color púrpura e inflamado, ambas mejillas estaban hinchadas también y había una cortada en uno de sus labios. – Rosalie, discúlpame, no sé qué me sucedió anoche. –le habló con tono de arrepentimiento y puso entre sus manos el regalo que había llevado.
Rosalie sintió el peso de algo pequeño y miró. Era una pulsera de plata u oro blanco, no supo distinguir, cada eslabón tenía la forma de una rosa abierta y hermosa. Por el tipo de presente supo que su novio estaba arrepentido de verdad, que se sentía culpable de lo que hizo… que la amaba y estaba tratando de hacerla sentir mejor. Sonrió un poco y alzó la mirada para toparse con la de él.
- No volverá a suceder, lo prometo. –le dijo Royce y la besó en los labios con cuidado de no lastimarla.
- ¿En verdad? –le preguntó con los ojos llenos de lágrimas.
- Te lo juro Rose, te amo. –le quitó la pulsera de las manos y se la puso en una muñeca, observando lo bien que se veía ahí. – Nunca más. ¿Me perdonas?
- Sí. –contestó ella tranquila y sonriendo. Él la besó de nuevo y luego le sonrió también, dejando al instante todo el asunto atrás.
- Hoy vamos a tener una fiesta tú y yo. –le aseguró entusiasmado. – No vayas a trabajar.
- No lo haré. Pero dame un minuto para avisar. –ella se puso de pie y fue al teléfono que tenían en la cocina.
En verdad ella ya se había decidido a reportarse enferma y faltar, no podía ir así, no con el rostro como lo tenía. Al día siguiente y el posterior a ese eran sus días libres… y después de eso se las arreglaría con maquillaje, después de todo, ya era experta escondiendo moretones con corrector, base, rubor, sombras… lo que fuera necesario.
- Diga. –le respondió la voz de su jefe del otro lado.
- Soy Rosalie. –le habló poniéndose un poco nerviosa pues a veces no le creían sus enfermedades.
- Te vas a reportar enferma. –le habló y ella no pudo creerlo. – Está bien, regresas después de tu descanso. –le dijo en tono brusco.
- ¿Cómo sabe? –preguntó por inercia.
- Él te golpeó aquí mismo, justo pasando la puerta. Obviamente, te vieron. Y no quiero pensar en qué te hizo después para que no quieras venir.
- No…. –trató de negarlo, ahora en verdad muy nerviosa.
- No te molestes, Rosalie, tómate el día y te presentas cuando estés mejor, al cabo eres muy buena maquillándote e inventando excusas.
Acto seguido el hombre colgó y ella se quedó un par de segundos más en la línea antes de hacer lo mismo, sintiéndose avergonzada de que todos en su trabajo conocieran la situación… porque obviamente ninguno la entendía, sólo veían las marcas en su piel pero no estaban ahí en los buenos momentos para darse cuenta de que Royce la amaba en verdad.
- ¿Listo? –preguntó su pareja cuando vio que terminó la llamada.
- Sí. –se sonrió un poco, pues hacerlo más hacía que le doliera el rostro.
- Entonces podemos empezar la fiesta. –sacó de una de las alacenas una botella de vino y sirvió dos vasos, entregándole uno a Rosalie.
Ella lo tomó y bebió un poco, le raspaba la garganta, pero no se planteó no hacerlo, en parte porque quería que Royce siguiera de buen humor y por otro lado… porque sí quería amortiguar un poco el dolor de sus heridas, ese que los analgésicos no quitan… lo mal que se sentía después de que el hombre que amaba la trataba como basura.
&...&...
Emmett se pasó todo el día pensando en qué hacer y finalmente decidió ir a buscar a Rosalie para disculparse por lo que dijo Victoria, no estaba en realidad seguro de si era lo mejor pero no podía dejar ir las cosas y nunca más pensar en ello. Entró en la cafetería y la buscó, era una hora más temprano que el día anterior, así que supuso ahí estaría, pero no fue así. En su lugar encontró a una muchacha bajita de cabello oscuro, que se acercó con una media sonrisa.
- ¿Desea tomar una mesa u ordenar para llevar? –le preguntó.
- Estoy buscando a Rosalie.
- Ah… ella no está hoy. –contestó tranquila.
- Eres el hombre que estuvo aquí anoche. –le dijo una mujer algo mayor del otro lado de la barra. – Ella no está, se reportó enferma. –al final puso los ojos en blanco y Emmett entendió que el problema no era ese, sino que de seguro no podía ir a trabajar después de lo que le hizo el tipo ese.
- ¿Dónde vive? Tengo que disculparme por lo que pasó. –preguntó sintiendo un ira enorme hacia el tipo, más convencido que antes de querer destrozarle el rostro.
- ¿Vas a ir a buscarla? No lo creo. No la metas en más problemas. –le dijo la otra mujer en tono brusco. – Si quieres disculparte, ella regresa en tres días. Y ven más temprano, no sea que su novio la esté esperando como ayer. –luego la mujer regresó a su trabajo y la mesera fue a donde un cliente la llamaba.
Él se dio cuenta de que no tenía nada que hacer ahí y se marchó. Condujo hasta un bar pensando en lo mismo y también en Victoria. Por primera vez planteándose la posibilidad de que ella no fuera la mujer indicada para formar juntos una familia. Porque su acción de la noche anterior le mostró lo fría que podía ser y pensó en que no deseaba que sus niños crecieran así y que él tampoco quería una escena de celos y un pleito cada vez que lo encontrara hablando con otra mujer.
Cuando llegó a su destino entró y vio que ya lo estaban esperando, esa noche saldría con un amigo suyo de hace muchos años, Edward era como su hermano a pesar de lo distintos que se mostraban. A diferencia de él, el otro hombre era como un abuelo, siempre se burló de él por eso. A pesar de conocerse desde la preparatoria, nunca lo había visto con novia y su amigo se excusaba diciendo que estaba en espera de la mujer indicada, lo que a él le pareció siempre un pretexto para no involucrarse con nadie.
- Te ves fatal. –lo saludó Edward frunciendo el seño.
- Sí, también me da gusto verte. –respondió mientras se sentaba en la misma mesa.
- Te ves mal y quisiste salir por alcohol… déjame adivinar, Victoria.
- Sí, tiene mucho que ver. –suspiró y en ese momento llegó alguien a pedir su orden, él lo hizo y se quedaron a solas otra vez. – Hizo una escena de celos…
- ¿Cómo? Si tú eres el único hombre fiel que conozco. –se burló un poco para animarlo.
- Me vio hablando con una mesera ¿puedes creerlo? A duras penas sé el nombre de la chica y Victoria hizo un drama tremendo… que tuvo muchas consecuencias, supongo que eso es lo que me molesta.
- ¿Terminaron? –preguntó ahora desconcertado.
- No, no. No para mí, sino para Rosalie.
- ¿Rosalie? ¿La mesera se llama Rosalie?
- Sí. –suspiró exasperado por la mirada inquisidora de su amigo. – Salimos de la cafetería y ahí estaba la pobre chica con su… con un patán que tiene por novio, Victoria hace un comentario estúpido y el imbécil se pone celoso y la golpea ¡ahí en medio de la calle!
- ¿La golpeó así nada más? –ahora el tono de Edward era de incredulidad total.
- Sí, luego ella le rogó que se fueran y él la arrastró del brazo. Yo iba a partirle la cara, pero Rosalie se puso en medio. –en ese momento le dejaron su bebida y dio un gran sorbo tratando de aminorar la ira en su interior. – Hoy fui a buscarla para disculparme, pero no estaba, me dijeron que se reportó enferma… me pregunto qué tan herida la dejó ese imbécil. Ella regresa en tres días, voy a volver entonces.
- Ofrécele tus servicios como abogado. –sugirió Edward.
- Sí, lo he estado pensando, sólo falta que ella acepte. –replicó y se terminó la copa de otro sorbo, luego buscó un mesero para pedir otra.
Edward se le quedó mirando e inspeccionándolo, podía empatizar con la ira de su amigo… si golpearan a cualquier mujer frente a él, también se molestaría, pero lo conocía bastante como para notar que esa tal Rosalie había llamado su atención.
&...&...
Rose terminó de maquillarse en el espejo y se miró una última vez. Ya traía puesto el uniforme de trabajo, aunque se había dejado una blusa blanca de manga larga debajo, combinaba bien con el color azul cielo del vestido, que tenía detalles también en blanco, pero la razón por la que la usaba era diferente, quería ocultar los moretones del brazo. Analizó su rostro en el espejo. El lápiz labial rosa ocultó la cortada en su labio a medio cicatrizar, sus mejillas ya estaban desinflamadas e intactas y su ojo iba viéndose menos morado, así que con los cosméticos correctos logró que prácticamente no se notara nada. Le gustó el resultado y sonrió antes de tomar su bolso e irse.
Al llegar y saludar a todos encontró las miradas inquisidoras que temió. La saludaron como siempre pero la vieron buscando en su rostro las marcas, ella suspiró pensando en que debería cambiar de trabajo para evitarse esas cosas, aunque en realidad se sentía a gusto ahí, hasta había pensado en tomar algún curso por las mañanas, ya que su turno era siempre en la tarde.
Las primeras horas pasaron como siempre, era un día algo lento que le permitió tomarse pequeños descansos que agradecía. Supuso que todo sería rutinario, hasta que al atardecer, el hombre vestido de traje entró por la puerta y al verla le sonrió. Ella se puso de pie y miró en todas direcciones, como si estuviera haciendo algo ilegal, qué tonta. Se acercaron y él pareció dudar un poco.
- ¿Puedo hablar contigo un minuto? –le pidió en tono amable.
- Sí. –contestó extrañada y lo incitó a que se sentaran en la mesa más cercana, pensó en pedir quince minutos e ir afuera para mantener más en privado su conversación, pero no quiso levantar más rumores. - ¿Qué sucede?
- ¿Cómo estás?
- Bien.
- Eso parece. –la recorrió examinándola con los ojos y ella suspiró. – Vine a disculparme por lo que hizo mi novia el otro día, no tenía ningún derecho a causarte problemas.
- No tienes por qué disculparte tú. –contestó Rosalie asombrada por la amabilidad en el hombre frente a ella, cualquier otro se hubiera marchado sin mirar hacia atrás, intuyendo que ella era nada más que problemas.
- Ella es así… y… bueno, no sé qué más decirte. En verdad lo siento ¿estás segura de que estás bien? –volvió a preguntarle, pues a través del maquillaje, Emmett no fue capaz de notar las marcas que esperaba.
- Estoy bien. Royce no es malo, sólo que a veces tiene problemas controlando su temperamento. –disculpó ella a su novio.
- Después de que lo vi entendí lo que me dijiste de una mujer que hace todo por amor… lo entendí de forma diferente. Y no me gustó. No tienes por qué soportar eso. –frunció el seño sin estar muy seguro de cómo abordar la situación.
- Él no lo volverá a hacer. –le contestó, ahora estaba nerviosa.
- Mira, quiero ofrecerte algo. Soy abogado y en el momento que quieras, puedo ayudarte a tomar acciones legales, si necesitas una orden de restricción o lo que sea.
- No, no. –lo interrumpió. – Yo no quiero nada de eso. Además, aunque así fuera… debes ser un abogado demasiado costoso. –al final se rió algo divertida por aquella situación.
- No te estoy cobrando nada. –suspiró algo desesperado porque su intento de ayudarla se estuviera malinterpretando. – Sólo que no creo que él sea bueno para ti y tal vez algo de ayuda legal sería oportuna.
- Gracias, pero él es bueno para mí. Siempre lo ha sido. –le dijo cerrando el tema, demandar a Royce no era algo que estuviera a discusión. - ¿Y ya le pediste a tu novia que se case contigo?
- Eh… no. De hecho después de lo que pasó aquí lo he estado dudando mucho. Nunca había visto ese lado suyo y me parece… muy poco apropiado. –frunció el seño, dándose cuenta a la perfección de que Rosalie acababa de rechazar su propuesta sin siquiera meditarla.
- Pues… uno no elige a la persona de la que se enamora, pero ella es muy diferente a ti. Tal vez por eso se atraen. –le sugirió sonriendo.
- Quizás… -suspiró cansado, deseando poder formular las frases adecuadas. – Rosalie, discúlpame que insista, pero… ese novio que tienes…
- No. –lo atajó frunciendo el seño.- Royce y yo estamos bien. Si quieres disculparte por lo que hizo tu novia, mejor ayúdame a conseguir una identificación. –le dijo sonriendo de nuevo.
- ¿Una identificación? ¿Por qué necesitas un abogado para eso? ¿Huyes de la ley? –preguntó alzando las cejas.
- No. –se rió y al notar la incredulidad de Emmett. – Cuando tenía diecisiete años mis padres me echaron de casa y la verdad no se me ocurrió pedirles que me dieran ningún documento… entonces, ahora tengo 25 años y absolutamente ninguna prueba de que existo.
- Interesante… ¿sabes en dónde te registraron? ¿La fecha exacta?
- No, ninguna de las dos cosas. Sé que fue en este estado, pero nada más.
- Voy a ver qué puedo hacer. –prometió con una sonrisa, por lo menos sería de utilidad en algo, luego tomó una servilleta y su pluma y se las pasó a Rosalie. – Escríbeme aquí tu nombre completo, fecha y lugar de nacimiento. Y el nombre de tus padres, por si acaso.
- Gracias. –le escribió los datos en el papel y le regresó ambas cosas. - ¿Estás seguro que quieres hacerlo? Porque tú ya has sido muy amable con venir a disculparte por algo que no hiciste.
- Quiero hacerlo. –le sonrió. - ¿Vengo a buscarte cuando tenga información? –le preguntó pensando en que ella no le daría un número de teléfono por miedo a que su llamada la metiera en problemas.
- Puedo ir yo a tu oficina, no tienes que venir hasta acá. De hecho, lo preferiría así, ya me estás haciendo un gran favor. –le sonrió y pensó en que sería fácil escabullirse de Royce para no tener que decirle la verdad y provocar otro incidente.
- Visítame en dos días. –sacó una tarjeta de presentación y se la entregó.
- Ahí estaré. Y gracias. –lo miró a los ojos y ambos se sonrieron unos segundos. Rosalie notó los hoyuelos que se le formaban en las mejillas y sus facciones que eran similares a las de un niño.
- ¡Rosalie! –la llamó alguien desde la barra y eso rompió el momento.
- Voy. –contestó y se puse de pie, él la imitó.
- Entonces, te veo en dos días. –él le ofreció una mano y ella la estrechó, sintiendo la suavidad de su piel justo como la primera vez.
- En dos días. –prometió y lo miró marchase sin quitar la sonrisa del rostro, quizás al final algo bueno saliera de conocer a ese hombre.
&...&...
Rosalie salió del ascensor y vio el gran escritorio frontal de caoba que adornaba el sitio, era todo lo que había esperado. En cierta forma se sintió fuera de lugar, con sus pantalones de mezclilla y su blusa sencilla, pero no era momento de echarse para atrás. Caminó hasta la joven mujer que hacía de secretaria y ella la miró sonriendo muy educada, aunque de forma discreta la recorrió de arriba abajo, como examinándola.
- Buenos días ¿en qué puedo ayudarle? –ofreció la extraña.
- Vengo a ver a Emmett McCarty. –replicó con calma preguntándose si debió decirle que era abogado.
- ¿Tiene una cita?
- No, pero él me dijo que viniera hoy. –contestó preguntándose si no habría dado la vuelta en vano.
- ¿Cuál es su nombre?
- Rosalie Hale.
- Un momento, por favor. –tomó el teléfono y poco después alguien, de seguro Emmett, le contestó del otro lado. – Señor McCarty, la señorita Rosalie Hale está aquí y… -detuvo sus palabras cuando él habló de repente. – Claro, señor. –colgó el teléfono y miró a Rosalie algo sorprendida. – Pase por favor. –le señaló con la mirada una puerta.
- Gracias. –contestó y caminó hasta donde le indicó, se detuvo un segundo y abrió la puerta.
Ahí dentro la oficina la dejó más sorprendida, era espaciosa y más elegante aún que el resto del edificio, ahora sí que se sentía como si no perteneciera ahí en lo absoluto. Luego se fijó en Emmett, él iba caminando hacia ella con una gran sonrisa en el rostro. Iba vestido de traje como las otras veces y se veía aún más apuesto. Rosalie le sonrió de vuelta y se preguntó cómo un hombre así podría tener problemas para pedirle matrimonio a una mujer, si era tan perfecto.
- Rose, me alegra verte. –le dijo con familiaridad y a ella no le pasó desapercibido que la llamara con el nombre corto, pero no le molestó.
- Te dije que vendría. –ella también se acercó y se saludaron con un beso en la mejilla, como si se conocieran desde hace mucho o fueran amigos cercanos. – Espero no estarte interrumpiendo.
- No, en lo absoluto. Te estaba esperando. –la tomó de la mano y la guió hasta un sillón de piel negra. - ¿Quieres algo para tomar? –ofreció sonriendo.
- No, gracias, así estoy bien. –sonrió y se rió un poco.
- ¿Qué es tan gracioso?
- Por lo general soy yo quien ofrece las bebidas. –le aclaró y él también se rió mientras iba a tomar de su escritorio un folder y luego se sentaba a su lado, aunque quedaron más bien viéndose de frente. - ¿Encontraste algo? –preguntó como si no lo pueda creer.
- Conseguí algo. –rectificó y le entregó lo que contenía un papel. – Ahí está, es un acta de nacimiento original. -ella la miró y notó todos sus datos ahí, se le hizo como un milagro, nunca pensó volver a tener aquello entre sus manos.
- ¿Cómo lo hiciste? –preguntó incrédula.
- Soy abogado, tengo algunos contactos. –le explicó y sonrió, ella sin previo aviso lo abrazó por el cuello. Él se quedó un segundo paralizado y luego la envolvió por la cintura y la atrajo sólo un poco hacia su cuerpo, comportándose como un caballero a pesar de que hubiera deseado actuar con menos delicadeza.
- Gracias. –murmuró ella en su oído y le besó la mejilla antes de separarse. – Con esto puedo sacar mi identificación ¿verdad?
- Con eso y unos comprobantes de domicilio debe bastar, si tienes algún problema, me llamas y lo arreglo.
- ¿Qué cosa no puedes arreglar tú? –comentó riéndose y él hizo lo mismo, aunque pensó que en verdad le gustaría arreglarle la vida y eso no podía hacerlo.
- Así que… tienes un hermano gemelo. –le comentó como cualquier cosa.
- Viste también el acta de Jasper… -sacó ella su conclusión.
- Me lo dijo quien me hizo el favor. Espero no te moleste…
- No. –aclaró con tristeza en la mirada. – Es nada más que lo extraño. Hace ocho años que no sé nada de él.
- ¿No siguen en contacto? –preguntó extrañado, bueno, si sus padres la echaron de casa y su hermano le dio la espalda… podría entender que ella justificara soportar todo de ese hombre con el que vivía, quizás él era lo único que tenía.
- No. Cuando me echaron de la casa, él se quedó. Quería irse conmigo pero no lo dejé. El que yo me quedara desamparada no lo obligaba a él también. De todas formas me prometió que iba a hacer algo… pero desde la primer noche en que estuve sola, Royce me recibió con él y yo nunca regresé a ver a mi hermano. Así lo obligué a quedarse en casa. –explicó con algo de tristeza.
- ¿Por qué? Quizás si él hubiera estado contigo… -habló en tono bajo y sin poder creer cómo Rosalie escogió a Royce por encima de su hermano.
- Amo a Jasper, sólo quiero lo mejor para él. Y Royce estuvo conmigo, no me dejó sola. Pero el precio que pagué fue perder a mi gemelo. –se encogió de hombros, pues sólo estaba hablando de un hecho que no tenía remedio, las cosas estaban hechas.
- Eres una criatura tan maravillosa, no entiendo cómo tus padres pudieron hacer algo así… -habló por mera inercia y luego la miró a los ojos, queriendo saber si no se habría sobrepasado con el comentario. Cuando se fijó bien en Rosalie, la encontró sonrojada y con los ojos llenos de lágrimas. – Lo siento. –se disculpó y le tomó una mano. – Debo aprender a mantener la boca cerrada.
- No, está bien. Sólo creo que estás exagerando un poco. Soy bastante ordinaria en realidad. –se encogió de hombros, no dando crédito de cómo un hombre así podría calificarla de maravillosa.
- No eres ordinaria. –le aseguró. – Estaba pensando en si tal vez tendrías tiempo de quedarte a almorzar.
- ¿En verdad? –preguntó extrañada.
- Sí, bueno… si no lo deseas… está bien. Es sólo que… no encuentro un buen pretexto para retenerte un rato y si soy sincero no quiero que te marches ahora. Aún no somos tan amigos, si te vas en este momento, podrás seguir y olvidarte de que nos conocimos.
Rosalie se quedó sorprendida por esa declaración, no podía leer qué intenciones tenía. Obviamente no buscaba una aventura, porque estaba muy enamorado de su novia y sabía que ella también de Royce… y la verdad no le parecía ese tipo de hombre. Y tampoco encontró creíble que quisiera ser su amigo ¿qué tenían ellos en común? ¿Qué tenía ella de bueno para él? No era nada más que una mesera, una muchacha a la que sus padres abandonaron y hasta ese momento nunca hizo nada importante de su vida. En cambio, él era un exitoso abogado con una gran oficina y una novia… bastante a su altura.
- Me encantaría quedarme a almorzar. –le dijo al final, guiada por la curiosidad de entender.
- Perfecto. –sonrió contento y se marcaron sus hoyuelos. – Supongo que no tienes mucho tiempo pero… ¿quieres ir a un lugar en especial?
- En realidad, no… y no sabría a dónde llevarte. –se rió un poco. – Lo que sea estará bien.
- En el último piso hay un restaurant decente con vista espectacular ¿funciona? –levantó ambas cejas y sonrió.
- Excelente. –se puso de pie y él hizo lo mismo.
Caminaron juntos hasta la puerta, donde él la abrió y la cedió el paso. Estando afuera le avisó a su secretaria que iba a almorzar arriba y subieron en el elevador. El trayecto fue corto y lo hicieron en silencio. Todo el piso superior era un lugar de recreación. Había un gimnasio, un café, un área apartada que parecía ser un bar, una tienda miscelánea… y un restaurant. Todo el rededor eran ventanas que dejaban ver la ciudad. Emmett pidió la mesa de siempre y le abrió la silla para que se sentara, luego, un chico tomó su orden y los dejó a solas.
- Es hermoso. –le dijo Rosalie viendo por los cristales.
- Sí, la vista es de lo más especial.
- ¿Cómo llegaste aquí? Eres muy joven y muy exitoso, debes ser de esos abogados que ganan casos millonarios. –le dijo indagando un poco, pues para ese punto ella sentía que Emmett había descubierto mucho de su vida, pero ella no sabía nada de él.
- Algo así. –se rió. – Pues… suelo involucrarme en casos que de empresas, soy defensor y les evito que pierdan millones, a cambio de eso… me pagan bien. Además no soy tan joven, en realidad soy bastante más grande que tú.
- ¿Qué tanto? –lo cuestionó cada vez más intrigada.
- Voy a cumplir 31. –declaró.
- Eso no es mucho. Bien podrías ser mi hermano mayor. –le guiñó un ojo y él le sonrió.
- ¿Tienes hermanos mayores?
- No, sólo somos Jasper y yo. –se encogió de hombros.
- ¿Hijos? –la pregunta quizás no venía al caso, pero desde la última vez que se vieron, Emmett estuvo devanándose los sesos por conocer más a Rosalie.
- Tampoco. Ni siquiera sé si puedo tenerlos, nunca he estado embarazada. –en ese momento llegaron con sus bebidas y ella le dio un sorbo al jugo de naranja con hielo. - ¿Y tú? ¿Algún niño regado por ahí? ¿Una ex esposa?
- Ninguno de los dos. El matrimonio es algo que se me ha escapado hasta ahora y nunca tendría un niño regado por ahí –frunció el seño divertido ante la idea. – Cuidaría bien de un hijo, inclusive si no estuviera con su mamá.
- Eres un gran hombre. –le dijo viéndolo a los ojos.
Continuaron conversando todo el tiempo que duró su almuerzo, se conocieron más y rieron bastante. De alguna forma encajaban bien, a pesar de que sus vidas no se parecían mucho. Él siempre tuvo suerte, desde la familia amorosa y bien colocada en la que nació hasta la forma en que supo aprovechar sus oportunidades. En cambio ella nunca tuvo mucho de niña, su hermano fue lo único alegre de su infancia, al crecer y dejar a Jasper por su propio bien, fue a vivir con Royce y el patrón de su relación empezó para nunca tener fin… siempre los dos, siempre en lo mismo.
Cuando terminaron era momento de que Rosalie se marchara y aunque se sentían como si bien pudieran seguir hablando todo el día, no lo hicieron. Ella se despidió y él lo aceptó, pero le hizo la promesa de volverse a ver. Usó de pretexto a Victoria, le dijo que iría a buscarla por consejo… y ella le aseguró estaría esperando por noticias suyas.
&...&...
Rosalie llegó por la noche a su casa, estaba cansada pero más que nada muy feliz por gran favor que le hizo Emmett. Ahí encontró a Royce mirando la televisión, pero en cuanto la vio entrar, la apagó y fue a recibirla con un beso apasionado. Ella como de costumbre le correspondió un poco y luego se separaron.
- ¿Qué tal tu día? –preguntó ella caminando hacia la habitación.
- Nada especial. Pero tú te ves muy contenta. –le dijo siguiéndola de cerca y devorándola con la mirada.
- Hice algunos trámites en una oficina y conseguí un acta de nacimiento, por fin, dejaré de ser un fantasma. –le mintió mientras se desvestía.
- ¿Y para qué necesitas eso? –la cuestionó mientras ya comenzaba a sentir en su cuerpo los efectos de tener tan cerca a Rosalie medio desnuda.
- No sé. Para tener una identificación… quizás hasta pueda estudiar algo ahora… -dejó las palabras en el aire y se giró para verlo. Ahora ella iba nada más en ropa interior y notó la lujuria que destilaban los ojos de su pareja. No le molestó en lo absoluto.
- Tú no necesitas estudiar. Deja eso para la gente lista y fea. Tú eres demasiado sexy.
Lo siguiente fue abrazarla y besarla. Se inmiscuyó entre sus labios y la sintió corresponderle mientras la atraía hacia su cuerpo para sentirla. Un suave gruñido se escapó de la garganta masculina mientras la acorralaba contra la pared e inmiscuía ambas manos por debajo del sostén de Rosalie. Ella ni siquiera prestó atención a su comentario ni a todo lo que pudo implicar, la reacción de Royce y la de su propio cuerpo no la dejaron hacer nada más que sentir y jadear en busca del aire que le robó en ese beso.
De manera brusca, a tirones, el hombre la dejó desnuda, sin preocuparse por nada más, y ella le desabrochó el pantalón y se lo bajó junto con la ropa interior mientras se dejó hacer. Era como si ambos fueran consumidos por el mismo fuego devastador, nada más existía que el placer en sus cuerpos. Y muy pronto, se unieron, él la levantó de la cadera y se adentró en su cuerpo como si nada. Pero ella lo disfrutó, pronunció su nombre muchas veces con voz sensual y se movió al mismo ritmo para tocar el éxtasis lo más pronto posible.
Al final consumaron su acto en apenas minutos y ambos se sonrieron, el aliento de uno contra el del otro. Juntos. De la manera en que siempre fue… llenos de pasión. Pues así como los momentos malos estaban llenos de intensidad, también los buenos.
&...&...
Desde días atrás Emmett tenía la cabeza hecha un lío, nunca antes le sucedió algo así y aunque sus deseos estaban más que claros, bien sabía que no concordaban con la realidad y eso era lo peor de todo. Él quería conocer más a Rosalie, invitarla a salir, hablar con ella, besarla… ver si podía ganarse la oportunidad de estar a su lado y eventualmente ofrecerle una vida nueva. Pero nada pintaba para que eso pudiera ser, porque él tenía una relación que poco antes estuvo al borde del matrimonio, además Rose estaba enamorada y ciega, pasando sus días al lado de un hombre que no valía nada. Entonces, no sabía qué hacer, su noviazgo con Victoria era algo que podría terminar, pues todo el amor que pensó sentía por ella ya casi se había esfumado por completo, pero aunque lo hiciera… le parecía poco probable poder acercarse a Rosalie.
Pero de todas formas ahí estaba, a media tarde entrando a la cafetería donde su objeto del deseo trabajaba. Desde la última vez que la vio, en realidad desde la primera, no podía dejar de pensar en ella. Y sabía que estaba haciendo mal, que hasta podía causarle problemas… y que de todas formas cuando hiciera el primer intento de mostrarle que le gustaba, ella lo iba a alejar porque ya estaba enamorada.
Pasó la puerta con todas esas ideas revueltas en la cabeza, pero en cuanto la vio, ahí de pie con su uniforme atendiendo una mesa, todo desapareció. Y en el instante en que ella se percató de su presencia y le sonrió… fue como si nunca hubieran existido dudas y se concibió tener esperanza.
- Buenas tardes, abogado. –lo saludó al estar cerca. - ¿Desea una mesa o sólo ha venido a saludar?
- Vine a saludarte. –contestó devolviéndole la sonrisa. – Pero quiero una mesa y café, por favor. –ella asintió y le señaló un lugar, él fue a sentarse y ella a pedir su bebida, esperó ahí en la barra y cuando se la entregaron poco después, se la llevó y se sentó frente a él. - ¿Cómo te va?
- Muy bien. Ya estoy tramitando la identificación y haciendo planes para usarla.
- ¿Algún fraude bancario? –la cuestionó alzando las cejas.
- Algo así. Quiero estudiar algo… aunque no estoy muy segura. –se encogió de hombros, mostrándose con dudas. – Quizás la escuela no es lo mío. – le dijo pensando en todas las veces que sus padres y Royce se lo dijeron.
- Inténtalo. –la animó. – Yo creo que puedes hacer cualquier cosa que desees. No te desanimes. –lentamente se atrevió y le tomó una mano por encima de la mesa para darle apoyo, temió que se retirara, pero cuando no lo hizo, se sintió un poco mejor.
- Gracias. Sólo Jasper me había dicho eso antes. –le sonrió con algo de alegría y tristeza. - ¿Y cómo están los juicios millonarios? -cambió de tema antes de que le ganara la melancolía.
- Bastante bien, lentos, como todo proceso legal. Pero no me puedo quejar. –se encogió de hombros y le dio un sorbo al café.
- ¡Rosalie! –la llamaron de repente desde la barra y ella se apresuró a ir, haciendo memoria de si estaba olvidando algo y observando alrededor para verificar que ningún cliente la necesitara.
- ¿Qué pasa? –le preguntó a la mujer mayor.
- ¿Qué estás haciendo?
- Sólo estoy conversando… nadie me ha llamado… -se explicó sin entender por qué a ella le molestaba que se hubiese sentado dos minutos, si nunca antes tuvo objeciones.
- Estás jugando con fuego. No importa que tan perfecto se vea, los hombres son iguales. Niña, sabes que llevo mucho diciéndote que dejes al animal con el que vives, pero esto no es la solución. –la regañó mirando de reojo a Emmett.
- No voy a dejar a Royce, y no piense cosas que no son, Emmett ha sido bueno conmigo, somos amigos y nada más. Él va a casarse con su novia, no está buscando una aventura. –le replicó en voz baja, temiendo que el chico la escuchara.
- Todos buscan una aventura, Rosalie. –le dijo la mujer y volvió al trabajo. Ella se quedó unos segundos calmándose antes de volver con Emmett.
- Si te estoy causando problemas, puedo marcharme. –le dijo él habiendo notado muy bien la actitud de la otra persona.
- No, no. Ella sólo está malinterpretando las cosas. –le aclaró tratando de sonreír.
- ¿Cree que te estoy cortejando? –le preguntó algo que era muy obvio, pero más bien para saber qué pensaba la misma Rosalie.
- Piensa que quieres una aventura. No le hagas caso, ella no te conoce. –le sonrió y se encogió de hombros.
Emmett no se quedó muy tranquilo, pues se dio cuenta de que Rose ni se imaginaba los efectos que tenía en él, pero de cierta manera se calmó… porque ella tenía razón. Él no estaba buscando una aventura, no deseaba llevarla a la cama y olvidarla, eso era muy poca cosa. Él quería más.
Así se quedaron conversando un rato entre interrupciones, pero él fue paciente y ella se apresuró con todo para regresar a la mesa y seguir hablando. Cada vez que estaba con él se sentía muy bien, reía y terminaba llena de paz y alegría. Fue extraño porque nadie solía tener ese efecto en ella, pero no le molestó para nada.
CoNTiNuaRá...
Hello! Mil gracias por sus comentarios! Espero que este cap haya quedado bien también, el cómo es que se van conociendo. En fin... dudas, aclaraciones, epdradas, etc con un review porfitas! Y muchísimas gracias por todo! Nos leemos la próxima semana.
