I love the way you lie
Este es un fic con propósitos de entretenimiento, sin intención de infringir los derechos de los autores correspondientes.
Acotaciones:
&...&... Cambio de escena.
Emmett estaba en su oficina, un día más como todos, trabajaba en los expedientes de un caso nuevo, familiarizándose con las circunstancias, de repente el teléfono sonó y se le hizo extraño, porque dejó instrucciones de no ser interrumpido.
- ¿Qué pasa. –preguntó a la chica del otro lado.
- Disculpe, pero lo busca la señorita Victoria.
- Dile que pase. –suspiró cansado, sabía que estaba de más explicarle a Victoria que no tenía tiempo, así que mejor se armó de paciencia.
- Hola. –lo saludó ella al entrar y cerrar la puerta tras de sí, no se veía precisamente contenta.
- Hola, Victoria. –respondió viéndola y dándose cuenta de que no le llamaba tanto la atención como antes.
- Me tienes demasiado olvidada. –le dijo acercándose más al escritorio.
- He estado ocupado, estoy ocupado, de hecho.
- ¿Desde cuándo no tienes tiempo para mí, Emmett? –le reclamó deteniéndose. – Quiero salir.
- Victoria, en verdad, no estoy de humor para tus caprichos.
- Pues yo no puedo estar así. O me quieres y me tratas como yo deseo, o esto es todo. –lo amenazó.
Emmett se le quedó viendo y pensó en lo que le dijo Rosalie al conocerlo, cómo se comporta una mujer enamorada. Victoria no lo amaba y él ya lo sabía. Pensó que aceptarlo sería difícil, pero no fue así, no se sintió mal… al contrario, sintió como si se hubiera quitado un peso de encima. Pensó en sus siguientes palabras e hizo un recuento mental, todo el tiempo que llevaba como pareja de esa mujer de cabellos rojos, las cosas que vivieron juntos, los planes que tenía, los altibajos de la relación, cómo ya no pensaba casi en ella, la forma en que ahora alguien más intrigaba su mente. Que no deseaba seguir engañándose.
- Tienes razón, Victoria. Esto es todo. Tú necesitas a alguien que haga lo que tú deseas y yo ya me cansé de ser ese tipo. –le dijo con tranquilidad y vio en sus ojos arder la rabia.
- Perfecto. Eres un imbécil, no te das cuenta de todos los hombres que me desean… pues bien, va a ser fácil conseguirme a alguien mejor que tú. De hecho, para que lo sepas, ya hay alguien… no pensaba decírtelo pero… -dejó las palabras flotando y le sonrió contenta al pensar que estaba tomando venganza.
- Pues ve aprovéchate de él. –contestó sencillo.
- Te vas a arrepentir, Emmett. –le dijo y salió de la oficina dando un portazo.
Él se quedó ahí, intranquilo, no le pesó terminar con Victoria pero no le gustaban las amenazas y temía que después ella tratara de hacerle la vida imposible porque no se lo iba a permitir ¿qué tan ciego estuvo? ¿Con quién se metió?
&...&...
Rosalie tenía un día de descanso y casi lo lamentó, pues significaba que no vería a Emmett, a ese chico que a veces la visitaba en el trabajo para conversar un rato. Era su amigo y eso se sentía bien. Para espabilarse los pensamientos fue a la cocina y empezó a preparar algo para cenar, cocinó durante un rato esmerándose para que cuando Royce llegara estuviera contento y quizás después pudieran salir.
Así se le pasó la tarde más rápido y su novio eventualmente llegó, no le dijo dónde había estado ni nada, pero así solían ser las cosas. Y a decir verdad Rosalie no tenía ganas de enterarse de mucho de lo que él hacía. Se saludaron y él tomó una cerveza del refrigerador, luego, alabó lo bien que olía la comida y fue para sentarse a mirar televisión, Rose se puso a su lado y recargó la cabeza en su hombro.
- He estado algo aburrida. –le comentó y él no contestó nada. – Hoy sería un excelente día para salir.
- Voy a salir con los chicos en la noche, hay un nuevo lugar que quieren visitar. –le dijo él sin fijarse en lo que Rosalie estaba pidiéndole. Ella se separó y se le quedó viendo.
- Royce, hace mucho que no salimos nosotros.
- Será otro día. –se encogió de hombros y la miró por un segundo antes de volver a enfocarse en el televisor.
- Entonces quiero ir contigo y tus amigos.
- No es un lugar para mujeres. –le aseguró y se giró para dejarle bien claro que no estaba dispuesto a permitirle que asistiera.
- ¡Vas a un club de strippers! –lo acusó poniéndose de pie.
- ¿Qué tiene de malo? Sólo es diversión. –él también se levantó y fue detrás de ella, enojado por su actitud.
- Pues perfecto, vete. Yo no me voy a quedar aquí esperándote, también voy a ir a buscar diversión. –apagó lo que tenía en la estufa y se encaminó a la habitación para tomar un abrigo.
- ¿Qué crees que haces? –la detuvo él por un brazo.
- Voy a tomar mis cosas para salir, Royce. Suéltame. –le ordenó sintiendo la presión de su agarre de hierro.
- Claro que no. No vas a ir por ahí a ver qué imbécil quiere jugar contigo. –la apretó un poco más.
- Suéltame, me estás lastimando.
- Y te voy a lastimar más si no te estás quieta, Rosalie. Es una estupidez que quieras salirte así nada más.
- Me lo prometiste, dijiste que no me lastimarías más. –le recordó retorciéndose un poco para librarse, pero era inútil.
- Pues no me pones las cosas fáciles con tu actitud. –le reclamó, pero la soltó y le dio un largo trago a la cerveza que aún llevaba en la otra mano.
- No quiero quedarme aquí yo sola, Royce. –le repitió frotando un poco con cuidado donde le quedó adolorido.
- Otro día salgo contigo, Rosalie, no veo por qué sea tan difícil de entender.
- No, hoy no voy a soportar esto. –le habló muy decidida, en parte por su enojo y en parte recordando todas las cosas que le había dicho Emmett de cómo ella aceptaba muchas tonterías por amor. – O nos vamos juntos, o separados, pero no me voy a quedar esperándote. –le dio un ultimátum.
Al siguiente instante Rosalie vio a Royce arrojar lejos la botella de cristal y escuchó cómo se rompía en mil pedazos, medio segundo después vio la mano de Royce aproximarse hacia su rostro y sólo alcanzó a cerrar los ojos antes de sentir el impacto en su mejilla. Por instinto se cubrió el rostro con las manos y olvidó prestarle atención a su novio, así la tomó desprevenida cuando la azotó contra la pared. El impacto le dolió en la espalda y la cabeza y pensó que era apenas el principio, pero no sucedió así, él la soltó y se alejó.
- Te prometí que no te lastimaría, por eso no lo hago. Pero no se te ocurra poner un pie fuera o no respondo.
Royce se marchó con largas zancadas y azotó la puerta detrás de él. Rosalie se quedó quieta, como esperando a que regresara, pero no lo hizo. Al final las lágrimas tibias le recorrían el rostro y aún sentía la fuerza del impacto en su mejilla y en la cabeza. Quería salir de ahí, necesitaba alejarse para no darle gusto a su novio, pero la verdad sin él no tenía a dónde ir. No contaba con una familia ni tenía amigas cercanas… nada, estaba sola. De repente pensó en Emmett y en lo mucho que deseaba verlo, pero también en que sería una estupidez de su parte irlo a buscar en ese momento así como estaba. Se esperó unos minutos, considerando todas sus posibilidades y al final decidió probar suerte y sin importar que quedara como una tonta mujer débil corriendo por ayuda… tomó sus cosas y salió del departamento decidida a ir y por lo menos tener alguien con quien hablar.
Bajó las escaleras y caminó hasta la parada del autobús viendo para todos lados, esperando que Royce no estuviera cerca, por fortuna no fue así y su transporte pasó pronto. Se subió y todo el camino estuvo concentrada en no llorar, en calmarse antes ver a Emmett para poder llegar como una visita social normal. Cuando se bajó todavía no estaba totalmente tranquila, pero había hecho un buen trabajo y se sentía casi bien, aunque le dolía mucho la cabeza y su mejilla ardía. Vio el gran edificio de oficinas y suspiró, miró la hora y se dio cuenta de que quizás Emmett ya no estuviera, debió llamar antes. Subió las escaleras de la entrada principal casi corriendo y no prestó atención a nadie hasta que una voz que conocía la llamó.
- ¿Rosalie? –lo escuchó casi a su lado y volteó. Ahí estaba Emmett, vestido con un traje y corbata, sosteniendo un portafolios, con su expresión de desconcierto y media sonrisa dibujada en el rostro.
- Emmett… -le murmuró de repente con la mente en blanco y él se acerco.
- ¿Vienes a visitarme? –le preguntó levantando una ceja con expresión juguetona, pero luego frunció el seño desconcertado. – Te golpeó. –le dijo alzando una mano para apenas rozar la piel de su mejilla que estaba enrojecida.
En ese instante Rosalie se sintió desprotegida y toda la calma que construyó cuidadosamente, desapareció. Los ojos se le llenaron de lágrimas que empezaron a derramarse y sintió que sus manos temblaban, además le pareció que era una tonta. Aunque Emmett fuera su amigo ella no tenía derecho a ir llorando con él cuando tuviera problemas. Nunca debió dejar su departamento, ella tendría que haberse quedado ahí esperando a que Royce regresara.
- Lo siento. –murmuró la joven mujer y él en respuesta la abrazó. La acunó contra su pecho en un gesto lleno de ternura.
- No te disculpes. –le pidió y se quedó en silencio mientras ella lo envolvía con sus brazos también. Así se les pasaron varios instantes hasta que rompieron en abrazo y se miraron a los ojos.
- No debí venir. –le dijo ella.
- Viniste justo al lugar indicado. Ven, vamos a cenar o a tomar algo, lo que tú prefieras. –le ofreció sonriendo, pero ella ya no tenía ganas de hacer nada más que estar en su cama abrazada de un oso de peluche. Emmett notó la duda en su expresión. – Por lo menos ven a mi casa y déjame ponerte hielo en la mejilla. –replanteó su oferta y ella asintió, eso sonaba mucho mejor.
Él se acercó y le besó la frente, después la tomó de la mano y caminaron en silencio hasta el estacionamiento y al auto de él que los esperaba. Después, el recorrido lo hicieron de la misma forma. Emmett quería preguntarle cómo pasaron las cosas, qué excusa tuvo el animal esta vez para atacarla así, pero su intuición le decía que Rose necesitaba tiempo para abrirse y decidió dárselo.
Llegaron a otro edificio de muchos pisos y subieron por el ascensor. Cuando entraron el departamento más alto ella se sorprendió. Obviamente se estaba esperando algo muy lujoso, pero la belleza de aquello la dejó sin aliento. Estaba todo en orden y con perfecta decoración sobria y masculina, con acabados en madera y pisos de materiales a los que no pudo ponerles nombre. Emmett la condujo hasta la sala de piel negra y la sentó ahí con mucho cuidado, luego, desapareció en dirección de la cocina dejando de camino el portafolios botado por ahí. Volvió un poco después con una bolsa con hielo envuelta en un trapo y se acercó a Rosalie, tocando suavemente su mejilla para que el hielo la ayudara a desinflamar.
- Gracias. –murmuró ella poniendo su mano sobre la de Emmett para sostener por sí misma la compresa.
- ¿Tienes alguna otra herida? –le preguntó con tristeza en los ojos.
- Me duele la cabeza. –le dijo omitiendo el cómo había sucedido.
- Déjame revisar. –con ambas manos le tocó el cabello a Rosalie, con cuidado, hasta que en la parte de atrás sintió también inflamado y ella dio un respingo. - ¿Te empujó contra la pared? –preguntó él con incredulidad.
- Algo así. –suspiró y se quitó el hielo de la mejilla para ponérselo en donde tenía el chipote.
- ¿Otra herida? –cuestionó.
- No.
- Deberías dejarme que te llevara al hospital para que te revisen bien.
- No, estoy bien, Emmett. Gracias. –negó asustada pensando en las veces que sí tuvo que ir a la sala de emergencias y en cómo siempre llegaba alguna trabajadora social a cuestionar cómo se lastimó.
- Voy por unas aspirinas. –se levantó y fue de regreso a la cocina.
Esta vez se tardó más y Rosalie estuvo preguntándose si habría hecho lo correcto en ir con él, en si no estaría mal que se encontrara a solas en su departamento. Pero casi al instante se dio cuenta de que estaba siendo tonta, ni ella ni Emmett tenían intenciones de algo más que una amistad. Cuando por fin regresó, llevaba una bandeja con una taza de té y las aspirinas.
- Para que te relajes. –le dijo él y le ofreció la bebida y las pastillas.
- Gracias. Has hecho mucho por mí. –le sonrió un poco y se tomó la medicina saboreando el dulce líquido.
- No me lo agradezcas, no he hecho nada. Y supongo que no me vas a dejar que ponga una orden de restricción en su contra.
- Supones bien. –se rió un poco, aunque no estaba alegre.
- Eso creí. –suspiró resignado y se recargó en el respaldo al lado de Rosalie.
- ¿Cómo van las cosas con Victoria? –preguntó ella por cambiar de tema.
- Terminamos. Es una loca controladora y penas me di cuenta. –le explicó mirando al techo.
- Lo siento. Pero pronto vas a encontrar a la mujer indicada para ti, para que forme contigo la familia que deseas.
- La que esté dispuesta a hacerlo. –habló él pensando en cómo para ese momento ya estaba muy convencido de que esa criatura perfecta bien podría ser Rosalie, si ella no estuviera ya enamorada de alguien más. – Voy a ordenar la cena ¿qué quieres? –preguntó mostrándose animado de nuevo, dispuesto a por lo menos hacerla pasar un buen rato.
- Lo que tú quieras está bien. No soy remilgosa. –le sonrió dando otro sorbo del té y luego volviendo a colocarse el hielo en la mejilla.
Los dos se quedaron horas en el departamento conversando, cenaron y se rieron a pesar de las circunstancias. Ella le habló en especial de Jasper, de todas las cosas que hacían juntos y Emmett se sintió tentado a pedirle que lo dejara buscar a su hermano, pero no lo hizo pues Rose también le manifestó que ella creía que si su hermano la viera, se avergonzaría de ella.
Se les pasó un buen rato, no fue hasta muy tarde ya que Rose recapacitó y se dio cuenta de que era momento de volver a casa y enfrentar a Royce, por más que deseara posponerlo supo que no era sano hacerlo. Emmett le ofreció su casa para que pasara la noche, esperando que con unas horas más ella milagrosamente cambiara de opinión y no volviera con su novio, pero fue inútil.
- Te llevo entonces. –le dijo él poniéndose de pie.
- No Emmett, ya has hecho mucho por mí. –ella lo imitó y le sonrió.
- Es de madrugada, no voy a dejar que te vayas sola.
- Está bien. De todas formas sería demasiado raro que llegara a mi casa en tu auto. –ella sonrió disculpándose y Emmett entendió que tenía miedo de la reacción de Royce.
- Está bien. Te acompaño hasta que tomes un taxi. –la tomó de la mano sin pedir permiso y ella le correspondió.
Luego fueron a una avenida muy cercana y él le pagó al taxista antes de que se fueran a pesar de las protestas de Rosalie, luego, la vio marcharse muy decidido a ir y buscarla a su trabajo al día siguiente, temiendo que cuando su novio viera a qué horas llegó, la golpeara lo suficiente para que ella no se presentara en la cafetería. Si eso sucedía, entonces con o sin permiso de Rosalie, la policía se iba a enterar.
Rose entró en silencio a su casa, temerosa de lo que le esperaba, pensando en qué inventaría para calmar a Royce y orando porque él no estuviera muy enojado. Se sorprendió cuando vio que no estaba en lo absoluto. Suspiró aliviada y se puso la pijama antes de acostarse, lo hizo rápido y tuvo suerte, pues cuando ya estaba medio dormida, su novio llegó.
Por el aroma y sus movimientos torpes se dio cuenta de que iba ebrio, se quitó los zapatos y la ropa antes de meterse en la cama a su lado y abrazarla, luego le beso el cabello.
- Buena chica. –le dijo antes de quedarse profundamente dormido.
Rosalie se sintió aliviada de que las cosas sucedieran así, su novio nunca sabría de su excursión a casa de Emmett y todo iba a marchar en paz. Aunque a pesar de su calma le costó conciliar el sueño, pensando en que Emmett había terminado con Victoria y la consideró una tonta porque en todos los aspectos… ese hombre era perfecto.
&...&...
Rosalie estaba en el trabajo, dando miradas de soslayo a la puerta, en secreto esperando que Emmett apareciera. Se atrapó muchas veces antes con esas ansias de verlo y se repitió hasta el cansancio que era porque ese hombre se había portado muy bien con ella y eran amigos, pero la noche anterior en su departamento al final cambió algo. La hizo verlo de forma diferente… y no le gustaba nada.
Ella amaba a Royce, a su relación imperfecta y llena de baches como siempre fue. Sabía que ambos pertenecían al mismo mundo, estaban arruinados en muchas formas… y quizás por eso se llevaban tan bien en los buenos tiempos y tan mal en los malos. Eran como dos llamas ardiendo juntas, fuego contra fuego. En cambio con Emmett todo era diferente, a su lado la paz y la alegría siempre la rodeaban y ella misma sentía que cambiaba, de ser calor a ser aire, un viento que podía mostrarse como suave brisa o fuerte como un huracán… y su amigo era como las gotas suaves de lluvia o la tormenta torrencial que la acompañaban. Juntos, no uno en contra del otro.
Escuchó la puerta abrirse y al mirar, ansiosa, lo encontró ahí, con su sonrisa de siempre y el traje de diseñador haciéndolo verse aún más atractivo. Él fue y se sentó en la mesa acostumbrada mientras ella terminaba de limpiar lo que recién dejaron unos clientes. Cuando estuvo hecho, fue y se sentó enfrente del chico, lo iba a saludar pero él se adelantó y dejó algo en su mano. Al mirar se dio cuenta de que era un prendedor para el cabello, bonito, con cristales de varios tonos de azul.
- ¿Y esto? –le preguntó observando el objeto.
- Lo vi y pensé en ti. –se encogió de hombros. – Espero que te guste.
- Me gusta mucho, pero no te hubieras molestado…
- No es molestia, al contrario. –se encogió de hombros. – Es sólo un detalle ¿cómo estás? ¿Tuviste problemas anoche?
- No. Él no había llegado aún, ni se dio cuenta de que salí. –dijo ella reemplazando el pasador con el que sostenía su fleco con el broche, como era pequeño calculó quedaría bien, miró el cristal de la ventana y captó su reflejo, le gustó lo que vio. - ¿Qué te parece?
- Se te ve aún mejor de lo que pensé. –le sonrió y la vio sonrojarse. – Rose… tengo un asunto que atender y no me puedo quedar mucho tiempo, pero estaba pensando en que te escaparas un día conmigo. Vamos a un bar a conversar, a escuchar música. Hay un lugar que me gusta, suelo ir con otros amigos. –le aclaró al final sabiendo muy bien que se estaba jugando una carta falsa, porque la quería como algo más que a una amiga.
- Emmett… no lo sé. A Royce… no le gusta que salga con hombres, lo viste. –le recordó tocándose involuntariamente la mejilla que le golpeó la noche en que conoció a Emmett.
- No se lo digas. Dile que te vas a quedar trabajando, que vas a pasar la noche en casa de una amiga. Sólo por una vez, Rose. –le pidió esperando que ella aceptara, que lo dejara acercarse un poco más y se alejara del monstruo que llevaba años lastimándola.
- Me da miedo. –le confesó ella con un suspiro.
- Piénsalo. Mañana vengo por mi respuesta ¿te parece? –le guiñó un ojo y sonrió, luego, como si leyera la mente de Rosalie, le respondió la duda que la asediaba en silencio. – Y si decides no hacerlo, eso no cambia nada, sigues siendo mi amiga. –se puso de pie y ella hizo lo mismo. – Te veo mañana.
Emmett se acercó y dejó un beso en su mejilla antes de marcharse y dejara ahí casi con lágrimas en los ojos, esas que se formaron cuando se sintió libre de decidir. Quizás ella no lo notara con frecuencia, pero toda su vida estuvo condicionada, primero a hacer lo que sus padres decían… y luego a obedecer la voluntad de Royce. El único, hasta ese día, que le mostró tal comportamiento fue Jasper.
Cuando volvió a su departamento por la noche todavía estaba pensando en Emmett, en su invitación… y ya se había convencido a sí misma de que era imposible, ella no podría escaparse de Royce para ir a tomar algo… por más que quisiera.
- ¿Royce? –lo llamó extrañada cuando al abrir la puerta notó una mochila de viaje en el sillón.
- Rose, apenas me alcanzaste. Voy a hacer un viaje, sólo tres días y hay buen dinero de por medio. –le contestó tomando la mochila y echándosela al hombro, luego caminó hasta ella y la besó con pasión, sin pedir permiso como de costumbre.
- ¿A dónde vas? –quiso saber ella cuando logró romper el beso.
- No lo sé. Los chicos me llamaron. –se encogió de hombros y la besó otra vez. Él se iba por trabajo, a veces algunos amigos que trabajaban llevando cargas necesitaban ayuda extra y la paga era buena, así que él se marchaba sin dudarlo el tiempo que fuera necesario. - ¿Te vas a portar bien mientras no estoy? –le preguntó en tono juguetón.
- Y espero que tú también. –le dijo recordando cómo a veces después de sus ausencias, ella notaba detalles que la inquietaban.
- Voy a trabajar, tonta. –le sonrió y la besó una última vez antes de ir y abrir la puerta para marcharse. – Y en verdad, Rose, pórtate bien. –le ordenó antes de irse definitivamente.
Ella se quedó ahí, confundida y molesta, siempre era así cuando él sólo tomaba sus cosas y se iba sin siquiera considerarla. Pero en esta ocasión muy pronto supo que no le pesaba tanto. Porque a diferencia de antes, ella tenía planes y la ausencia de su novio era perfecta para llevarlos a cabo. Iba a aceptar la invitación de Emmett.
&...&...
Esa noche las cosas marchaban inclusive mejor de lo esperado, ella sabía que se la iba a pasar bien, pero no imaginó qué tanto. Emmett fue por ella al trabajo, cuando lo hizo la encontró ya cambiada con un vestido que la hacía lucir más hermosa de lo ordinario y con maquillaje que iba de acuerdo a la ocasión. Primero fueron a cenar y el tiempo se les pasó volando. Después llegaron al bar del que él le había hablado, un lugar a media luz con música suave en vivo. Bebieron un par de copas entre sonrisas y más pláticas, contándose cosas felices de sus vidas, hasta que él la invitó a bailar.
Ahí estaban, rodeados de otras parejas que también se movían al ritmo de la música lenta. Emmett la envolvía por la cintura con cuidado y ella tenía ambas manos alrededor de su cuello. Al principio estuvieron conversando, pero poco a poco las palabras se perdieron y sólo se miraban a los ojos, sonriéndose.
Para Rosalie cada movimiento de su cuerpo con el de Emmett le fue ganando terreno a la razón y la cordura. Minuto a minuto se hizo más consciente de su cercanía, de sus manos grandes que la sostenían con delicadeza, como si fuera una flor, además sus torsos estaban sin distancia de por medio, tela contra tela… y lo más importante era la forma en que él la veía. No era como un amigo, ni tampoco con simple lujuria, era como si él le estuviera haciendo el amor con sólo verla… y ella le correspondía. Conforme se balanceaban el mundo dejó de existir y sólo fueron ellos, con las emociones y sensaciones que los tomaron por sorpresa. Rosalie pudo imaginarlo besándola, tocándola… Emmett sería el amante más tierno del universo y ella deseaba probarlo, cada célula de su cuerpo se lo pedía. Quería tenerlo más cerca, que nada les estorbara para conocerse por completo.
De repente la música terminó pero eso no puso fin al hechizo que había caído sobre ellos. Dejaron de moverse, pero no de mirarse. Emmett se acercó con cuidado, acortando la distancia entre sus labios poco a poco, no era como si le estuviera pidiendo permiso, sino más bien como si saboreara cada instante antes de besarla. Y cuando hicieron contacto, todo brotó como un río cálido y profundo que los arrastró con él. Primero un roce para conocerse, para tantear la suavidad de los labios del otro, después un poco de pasión para avivar cada sensación y al final, sus lenguas se toparon y jugaron.
Se quedaron así sin darse cuenta que una nueva canción sonaba, ellos ya no bailaban, solo se besaban. Sus respiraciones irregulares delataron todo lo que sus cuerpos sentían, el deseo inclemente que nació en ese momento, con esa danza y ese beso. Pero aunque todo fuera perfecto, en algún momento tuvieron que separarse.
Se quedaron viéndose a los ojos, sonriendo aún con el cosquilleo en sus labios y sobre toda la piel. Emmett pensó que esa noche estaba saliendo todo bien, se terminó de convencer que Rosalie era perfecta y la dicha de que ella le correspondiera lo inundó como nunca lo hizo con ninguna otra mujer. Rose estaba como en un sueño, perdida en el instante mágico, mirándolo sonreírle con sus hoyuelos de niño… pero despertó y pensó en Royce. Ahí el cuerpo se le tensó y dio un par de pasos hacia atrás para perder todo contacto físico con Emmett.
- Rose ¿qué pasa? –preguntó él sin entender el cambio en su actitud.
- No debí. –murmuró ella tocándose los labios con suavidad.
- No, Rosie, no digas eso… nosotros… yo… tú me gustas, eres una mujer maravillosa. –le explicó apneas un poco de lo que sentía.
- Te gusto. –repitió ella. – Por eso es todo esto, por eso ha sido todo. –sacó su conclusión con los ojos llenos de lágrimas, de alguna manera se sentía herida, traicionada.
- No, espera. –frunció el seño y se adelantó para tomarle la mano, pero Rosalie se alejó más.
- No importa lo que pienses, Emmett, no soy tan fácil. –le replicó y se dirigió hacia la salida tan rápido como e fue posible, no prestando atención a las miradas fijas en ella.
Él la siguió, horrorizado por las consecuencias de sus acciones ¿cómo pudo ser tan estúpido y dejar que sus intenciones se malinterpretaran así? Por supuesto que ella le gustaba, pero no para una noche, no era sólo su cuerpo lo que lo volvía loco, sino su mente, su espíritu… todo en ella que lo hacía sentir como nunca antes. La alcanzó cerca de la puerta y la tomó de la mano, muy poco dispuesto a dejarla irse con esa idea tan equivocada.
- Rosalie, no es eso. No creo que seas fácil y no es que quiera acostarme contigo. –le explicó apresurado. – Me gustas tú, todo de ti.
- Emmett, tengo que irme. –le dijo aún llorando e intentó soltarse de su agarre.
- No te vayas, no así. Déjame demostrarte que esas no son mis intenciones. Haré lo que sea para demostrarte que me importas tú… -le rogó todavía sin soltarla.
- Entonces, déjame ir. –replicó ella con seguridad y como si fuera magia, él la liberó y sólo se quedó mirando.
- Soy tu amigo, Rosalie, por encima de todo, eso soy. –le dijo sin saber qué más hacer.
Ella lo miró unos segundos antes de negar con la cabeza y marcharse sin decir otra palabra. Él esta vez no la detuvo, porque si eso quería Rosalie… él la complacería, no sería como el animal con el que vivía, él nunca haría nada para dañarla. Aunque al parecer, ya lo había hecho.
CoNTiNuaRá...
Helllo! Mil grax a todas por su apoyo! Sus comentarios siempre me animan mucho. Espero que el cap les haya gustado con su piquito de romance. Grax x leer y si tienen 1 minuto les pido un comentario! Grax!
