I love the way you lie


Este es un fic con propósitos de entretenimiento, sin intención de infringir los derechos de los autores correspondientes.


Acotaciones:

&...&... Cambio de escena.


Habían pasado dos días desde la última vez que supo algo de Emmett, cuando lo dejó en el bar después de besarse… y pocas veces en su vida había estado tan deprimida. Se sentía como si morir hubiera sido más fácil que enfrentar aquello. Por un lado la torturaba el hecho simple de haberlo besado, siendo que desde los diecisiete años ella le pertenecía sólo a Royce. Además odiaba el haber sentido tantas cosas en el beso y los momentos previos. También la hacía sufrir la ausencia de ese hombre, muy en el fondo esperó verlo llegar a la cafetería al día siguiente con su traje negro y sus sonrisa con hoyuelos. Pero lo peor de todo… era ser muy consciente de que en verdad Emmett le dolía más que Royce, cuando debería ser completamente al revés.

Respiró profundo y trató de sonreír antes de entrar a su sitio de trabajo, era domingo y casi con seguridad el lugar estaría a reventar, tenía que actuar normal por ocho horas enteras… y además… después ir y esperar a Royce como si nada le sucediera. Cuando pasó la puerta, adentro vio que le esperaba justo lo que temió. Todas las mesas estaban llenas y sus dos compañeras de en la mañana ya estaban pasándole el turno a la chica con la que compartía el turno los días pesados. Dejó su bolso donde siempre y fue con ellas, dispuesta a sumergirse en el trabajo para no pensar.

- ¿Lista, Rose? –le preguntó su compañera y ella asintió.

- Pásame la mitad de las mesas. –le pidió Rosalie a una de las que ya se iban.

- No. –respondió la joven con una sonrisa traviesa. – Te paso una y me quedo con las demás por veinte minutos. –tomó una de las hojitas donde anotaban sus pedidos y se la entregó, ahí sólo estaba escrito un café. – Mesa cuatro. –le aclaró la muchacha y Rosalie se sobresaltó, ese lugar y esa orden eran…

Volteó por reflejó y ahí lo vio. Con su traje elegante, tan apuesto como cada vez y con los ojos clavados en ella, se veía triste… y se preguntó si a ella también se le notaría tanto. Le dio una última sonrisa de agradecimiento a su compañera por regalarle esos momentos y fue hacia él y se sentó justo enfrente. Pensó que él le diría algo de inmediato, pero no fue así, Emmett entreabrió los labios para hacerlo… pero las palabras no salieron.

- ¿Cómo estás? –le preguntó ella cuando el silencio se prolongó.

- Creo que nunca había estado peor. –le confesó él la verdad.

Desde la noche del bar no dejaba de recriminarse su estúpido comportamiento. Claro que él quería cortejarla, que deseaba que se alejara para siempre del patán que la golpeaba y que lo eligiera a él. Pero nunca deseó lastimarla… y además, pensar que nunca más querría verlo lo dejó sin sueño y le robó toda la capacidad de concentración. Él deseó ir a buscarla antes, contó las horas para ir y pedirle una disculpa… pero se demoró dos días para darle espacio. Lo hizo sólo por ella.

- ¿Qué pasa? –preguntó preocupada.

- Rosalie, lo siento. Me equivoqué la otra noche. No te alejes, por favor. Eres demasiado importante para que te deje ir, ya no sé qué haría sin ti. Pero no voy a forzarme dentro de tu vida.

Rose escuchó la explicación y no pudo creerlo. Vio la sinceridad en sus ojos infantiles y casi pudo tocar su pesar como algo físico. Eso la desconcertó y la asustó… aunque también le dio algo de paz. Le era difícil dimensionar lo que él decía, comprender que ella era importante en su vida… y peor aún resultaba reconocer ante sí misma que probablemente las cosas eran al revés también.

- Emmett, no quiero alejarte. Pero no puedo… nos besamos… y yo no puedo hacer eso. –le explicó esforzándose al máximo por contener las lágrimas dentro de sus ojos.

- Lo entiendo. Siempre lo he sabido. Es sólo que me dejé llevar. Lamento eso. –lentamente movió su mano sobre la mesa hasta alcanzar la de ella y con mucho cuidado entrelazó sus dedos. - ¿Podemos seguir siendo amigos?

- Nada me gustaría más. –no supo si sus palabras fueron verdad o mentira, porque de alguna forma… ella también quería más que eso.

- No te voy a defraudar. –le prometió y se sonrieron, de nuevo, sintiéndose en paz.

Su conversación después de eso no fue larga, porque el trabajo los estaba llamando a los dos. Emmett pensó en que deseaba compensarla, que salieran… esta vez sólo como amigos, no se dejaría llevar ni la presionaría para algo más, pero era tan consciente como ella de que su novio regresaba esa misma noche y eso la dejaba encerrada con él.

&...&...

El día siguiente, ya con el cielo oscuro, Emmett estaba aún hasta el tope de trabajo pero no tenía nada de ganas de hacerlo, sólo deseaba ver a Rosalie. Eso era usual en él esos días… pero por alguna razón sintió que la necesidad de ir y buscarla fue más apremiante. Tomó varios papeles y los guardó en su portafolios, después de ver a Rose iría directo a casa para terminar con aquello. Salió del edificio de oficinas y condujo el camino que ya conocía de me memoria. Se estacionó y fue directo a la cafetería.

Al abrir la puerta ahí estaba, llevando una orden con toda su belleza de siempre, dejó las cosas y luego lo miró… y sonrió aún más. Era en momentos como ese en los que se preguntaba si en verdad se equivocó, si no era que Rosalie tenía miedo de su novio y por eso no lo aceptaba a él... quizás era eso y no que no correspondiera sus sentimientos.

- Hola. –la saludó con un beso en la mejilla cuando lo tuvo cerca.

- Hola. –correspondió ella igual. – Espera. –le indicó que se sentara y él así lo hizo, la joven fue a la barra y ahí la mujer mayor ya estaba dejando una taza de café y lanzándole una mirada irónica y casi recriminatoria. – Gracias.

- Creo que ella me odia más cada vez. –le dijo Emmett recibiéndole la taza de café.

- No. –le dijo sinceramente. - ¿Terminaste ayer tu trabajo?

- Sí, y surgió otro montón de papeleo. Estoy hasta el cuello en él. –se explicó con un suspiro. -¿Tú cómo estás? –preguntó algo sospechoso pues siempre temía por ella cuando Royce estaba cerca.

- Él no llegó, me quedé esperándolo despierta hasta tarde. –se encogió de hombros tratando de restar importancia al asunto, aunque estaba enojada y preocupada. – Y supongo que hoy voy a hacer lo mismo. –suspiró resignada.

- No lo hagas. –le ofreció él, viendo ahí una gran oportunidad para pasar algo de tiempo a su lado. – Vamos al cine, tú escoges la película. –se sonrió para darle confianza. – Como amigos, Rose. Vamos.

Ella lo editó un segundo y se mordió el labio inferior, insegura de si debería aceptar o no, pero cuando se vio a sí misma por segunda noche consecutiva esperando a que su novio llegara cuando él de seguro se la estaba pasando muy bien… supo que iba a aceptar.

- Me parece una excelente idea. Salgo en media hora ¿puedes esperar?

- Lo que sea necesario.

- Gracias. –le dio otra sonrisa y escuchó cómo la llamaban de otra mesa, se puso de pie miró a los clientes, quienes le pidieron la cuenta, ella se las llevó y cuando le dieron el dinero, fue con la señora del otro lado de la barra para que le diera el cambio.

Estaba esperando cuando escuchó la puerta abrirse y no quiso voltear para ver a un inoportuno cliente que le robaría momentos con Emmett, sólo suspiró y se quedó tratando de encontrar paciencia. Unos segundos después sintió un par de brazos tomarla por la espalda y de no ser porque reconoció sus manos toscas y su aroma, se hubiera asustado, pero de inmediato supo que ese que acababa de entrar… era Royce.

- ¿Me extrañaste? –le preguntó en un tono bajo que resultaba sensual y la giró para tenerla de frente y sentir mejor su cuerpo en ese abrazo de hierro, luego, fue directo a besar y morder su cuello.

Rose se quedó estática, ambas manos reposando en el pecho de su novio, estaba impactada por la sorpresa y aterrorizada porque él notara la presencia de Emmett, si así sucedía… le iba a tomar más de un par de días volver a salir en público. Mientras lo dejó besarle el cuello y morderle el oído, ella fijó sus ojos en el hombre de traje, que hizo contacto visual con ella y ahí notó muchas emociones… que la hicieron llorar, sólo un poco, nada más que un par de lágrimas solitarias que recorrieron su rostro le gustara o no.

Emmett entendió que su presencia ahí representaba nada más que un peligro para Rose, así que se limitó a aceptar la realidad, asentir, tomar un billete y dejarlo en la mesa para pagar su cuenta y después irse tan rápido como pudo. No quería causarle problemas a Rosalie.

- Vámonos a casa, te tengo planes. –le dijo Royce en el oído y luego la tomó del rostro para besarle los labios, mientras, sus manos se bajaron por toda su cintura y más allá, para atraerla con fuerza y sentir la presión de su cuerpo.

- Tengo que pedir permiso. –le murmuró ella apenas rompieron el beso.

- ¡Rose! Acabo de volver, sólo vámonos y ya. –se quejó e inconscientemente llevó una mano a la nuca de la mujer y tomó un puñado de cabellos, usó poca fuerza por lo que no la lastimó.

- ¡Rosalie! –la llamó la mujer del otro lado de la barra y eso hizo que su novio la soltara. – Ya vete a casa. Pero te espero mañana puntual.

- Gracias. –murmuró ella y se dejó llevar por Royce, muy consciente de que tendría que usar el recorrido hasta su departamento para calmarse todo lo posible, pues le esperaba una larga noche en la cual tenía estrictamente prohibido pensar en Emmett.

Llegaron a su destino y él no dudó en azotar la puerta, tirar su equipaje al suelo y envolverla en un abrazo constrictor mientras sus labios fieros bajaban por su cuello. La arrinconó contra la pared y dejó que sus manos viajaron para levantarle el vestido corto que llevaba. Rosalie sintió su lujuria, cada contacto, sus dientes marcándole la piel de pasión… y como siempre que era así… se dejó llevar. Ni se le pasó por la cabeza nada que no fuera ese momento que vivía, Royce y ella, fuego en el fuego.

&...&...

Rose despertó desnuda entre los brazos de Royce, vio la luz de la mañana en lo alto y pensó que tal vez se le hiciera tarde. Se levantó con cuidado de no despertarlo y fue a tomar una ducha. Mientras esperaba que saliera caliente el agua se miró en el espejo. Su cabello rubio estaba despeinado y encontró en su cuello un par de marcas púrpuras que tendría que esconder después. Pero lo más importante fue que se vio a sí misma más allá de las apariencias ¿quién era ella? No se detenía a pensar en eso con mucha frecuencia porque la respuesta no solía ser alentadora.

Durante su adolescencia ella y Jasper solían leer libros juntos y siempre pensó que algún día su vida sería interesante, que estaría llena de pasión y emociones, quiso descubrir el mundo y hacer cosas que ni siquiera hubiera soñado… pero nada de eso sucedería con ella y a veces, cuando se detenía a pensarlo, le causaba dolor.

Era muy consciente de que su existencia era etérea, no tenía un trabajo importante, ni emocionante, ni que amara. No era independiente ni mandaba sobre su propia vida. No había tenido grandes aventuras. Nada, esa era ella, sólo una mujer con la cabeza llena de dudas, preguntándose si el hombre que amaba le correspondía. La mayor parte del tiempo estaba muy segura de que así era… pero cuando le dolían las heridas… era difícil conservar esa certeza.

Con deseos de sacarse todas las ideas de la cabeza entró en la ducha y se bañó rápido, luego fue y se vistió en silencio pues su novio continuaba dormido. Botó la toalla y su ropa del día anterior en el cesto de ropa sucia y pensó que tenía que ir a la lavandería, miró el reloj para cerciorarse de que no era tan tarde y aún tenía tiempo, así que tomó la maleta que usualmente usaba para esa labor y puso ahí todo lo que llevaría. Vio en una esquina la mochila que se había llevado Royce al viaje y la abrió para sacar la ropa necesaria, tomó pantalones y camisas.

- ¿Qué haces? –le preguntó el hombre sentándose en la cama.

- Voy a ir a lavar ropa. –contestó sonriéndole sin dejar su labor.

- No esculques mis cosas. –se paró y se puso los bóxers que dejó botados la noche anterior.

- Te estoy haciendo un favor, no quería despertarte. –contestó deteniéndose.

- Pues si encuentras algo que no te guste es tu maldita culpa. –se acercó y le arrebató la mochila, luego sacó la ropa que quedaba y la botó en el suelo.

- Haz lo que quieras. –le contestó enojada y se puso de pie sin recoger nada ya, de camino a la salida tomó la otra maleta y su bolso.

Se salió enojada no sólo por la actitud de Royce, sino también por pensar en qué pudiera guardar ahí que no quería que ella encontrara. Pensó en que quizás debió insistirle hasta llegar al fondo de aquello, pero su parte cuerda le indicó que a la larga podía salir perdiendo. De repente, cuando iba bajando las escaleras de los departamentos él la tomó por el brazo.

- No es nada ¿de acuerdo? –le dijo con el seño fruncido. – No hay nada en la estúpida mochila. Te ayudo con eso. –le quitó la maleta del hombro y la tomó de la mano para continuar bajando en silencio.

Para Rosalie de alguna forma eso fue prueba suficiente de que todo fue un malentendido y las cosas estaban tan bien como la noche anterior, en paz y sin conflictos… o eso creyó hasta que recordó a Emmett y lo mal que se sintió cuando en silencio él se marchó de la cafetería para dejarla en libertad de ir con el hombre al que le pertenecía.

&...&...

Los siguientes días se fundieron lentamente en semanas. Emmett continuó apareciendo a veces en la cafetería para conversar un rato con Rosalie y tomó la pequeña costumbre de llevarle presentes, cada vez que se topaba con algo lindo en la calle y de inmediato pensaba en ella, lo compraba y se lo daba. A veces fue difícil ir a verla sabiendo que no tenía derecho a nada más que eso, una conversación y un beso en la mejilla. Edward se lo dijo más de alguna vez, le advirtió que se alejara, que era estúpido permitirse tener emociones así por una mujer que nunca le haría caso, pero él ya estaba más allá de un punto de vuelta, ahora tenía la necesidad de verla, de saber que estaba bien. Lentamente, aunque su tiempo era restringido, aprendió a conocerla más. Pudo descifrar los intrincados patrones de su espíritu, la forma en que cuando se maquillaba más, también tenía la mirada triste… y entonces sabía que la habían golpeado, también notó que los días en que estaba alegre la razón de ello era Royce. Esos detalles lo desalentaron mil veces, pero algo muy específico le dio esperanzas… a veces se quedaba observándola desde afuera y la notaba tranquila, luego cuando entraba veía la sonrisa angelical en su rostro y tenía la certeza de que él también la hacía feliz y mejor que eso, él nunca le cobraría la felicidad con moretones.

Rosalie dejó que todo fluyera, lo bueno y lo malo. Su relación con Royce era la misma, los picos de alegría, las mesetas de rutina y los abismos de dolor. Siguieron peleando por las cosas más insignificantes y ella continuó ocultando las marcas con maquillaje. También permanecieron sus deseos de ver a Emmett entrar por la puerta cada día. Cuando no era así acababa desilusionada, pero cuando iba a visitarla su día cambiaba por completo. Las ocasiones en que además le llevaba un presente eran más… intensas, porque cada detalle la llenaba de felicidad, saber que él también pensaba en ella, pero a la vez le resultaba difícil aceptarlos y luego esconderlos en un cajón para que su novio no los viera. En ese tiempo se cuestionó más que nunca a sí misma hasta acabar hecha un lío imposible de deshacer. Encontró su eterno amor por Royce, las fiestas, el alcohol y todo lo demás que él le daba, así como el odio y la rabia que a veces provocaba en ella. Pero también descubrió todos los sentimientos que tenía hacia Emmett, esos de una colegiala enamorada. Pero más allá de todo… tenía la profunda certeza de que todo era una ilusión porque ni en un millón de años ella sería suficientemente buena para el abogado de los rascacielos.

Así pasó el tiempo, hasta que un día empezó tan normal como cualquier otro que Rosalie no llegó a sospechar que esa noche sería su punto de quiebre, ese en que su vida, si es que continuaba, jamás volvería a ser la misma. Era el fin de su existencia como la conocía.

&...&...

Rose llegó a casa a la misma hora de siempre, cerca de las once de la noche. Iba algo nerviosa porque esa tarde Emmett apareció en su trabajo para conversar y le regaló una gargantilla de cadena muy delgada, tanto que casi no se veía y de la cual pendía una pequeña piedra, ella sospechaba que era un diamante y el resto estaba hecho de oro, pero no se atrevió a preguntar. Esta vez no deseaba guardar su presente y esconderlo por siempre de Royce, así que ideó una excusa, le diría que una compañera necesitaba dinero y ella se la compró por esa razón… no estaba segura de que funcionara pero la joya era tan hermosa que no se atrevió a ocultarla.

Abrió la puerta y vio a Royce sentado en uno de los brazos del sillón, él de inmediato se puso de pie y fue hacia ella. Por lo enrojecido de sus ojos supuso que había consumido algo y por el fuego y la ira que quemaban su mirada entendió que esa noche no le esperaba nada bueno. Dudó un segundo en cerrar la puerta o salir corriendo, lo más sano sería alejarse, pero no tuvo tiempo, él ya estaba ahí, empujó la puerta y le puso seguro, luego le arrebató el bolso y lo tiró al suelo antes de con la otra mano abofetearla.

- ¡Eres una imbécil! ¿Cuánto tiempo creíste que me ibas a ver la cara? –le gritó y la tomó por el cuello con ambas manos cortándole el paso del aire.

Rosalie sintió la descarga de adrenalina en todo su cuerpo y el dolor del golpe antes de la opresión que no la dejaba ni hablar para preguntar qué hizo mal esta vez. No sabía si Royce iba a sostenerla mucho tiempo así, pero casi de inmediato la soltó, pronto él se dio cuenta de la gargantilla que llevaba y se la arrancó a la fuerza.

- Otro regalo de tu estúpido amante. Como todo lo que me estabas escondiendo. –le reprochó aventando la joya al suelo muy lejos.

Lo siguiente fue tirarla al piso, la empujó y cuando la tuvo a su merced comenzó a patearla sin fijarse dónde lo hacía, sólo descargó su furia repetidas veces y disfrutó cada grito de Rosalie. Ella trató de cubrirse con las manos, de evitar que la golpeara en el rostro, pero a cambio de eso dejó expuesto el resto de su cuerpo y cada impacto lo sintió más fuerte que el anterior. Era como si su mente estuviera siempre un paso atrás de la realidad, no lograba hilar palabras, hasta le costaba respirar entre un ataque y el otro. Nunca la había golpeado tanto, y eso que era sólo el principio.

- ¿Quién es el estúpido con el que te acuestas? ¿O son varios? ¡Eres una cualquiera, una prostituta barata! –volvió a gritarle por fin dejando de agredirla.

- No… Royce, por favor. –alcanzó a decir ella mientras tomaba desesperadas bocanadas de aire, le dolía el estómago y le costaba respirar, además de una sensación punzante, como una puñalada que se le instaló en las costillas, tal vez ya las tuviera rotas.

El hombre se agachó y le tomó un puñado de cabello alzándola con toda su fuerza. A Rosalie le costó mucho ponerse de pie para que no le arrancara los mechones, pero aún así le dolió mucho y pudo escuchar su propio grito entre las paredes del departamento.

- Así. Grita. ¡Quiero escucharte gritar! –le ordenó y cuando la tuvo de pie no prestó atención sus débiles manos que trataban de alejarlo, con toda la facilidad del mundo la llevó hacia la mesa y le estrelló la cara contra ella, dejándola inclinada dándole la espalda.

Cuando su rostro tocó la superficie dura estuvo segura de que se le había fracturado la nariz, por el dolor y por la sangre que de inmediato comenzó a fluir en grandes cantidades. Pero eso no fue lo peor, se asustó más cuando sintió a Royce levantarle el vestido y sacarle la ropa interior. Supo qué era lo siguiente y las lágrimas que ya fluían en torrente aumentaron, nublándole la vista por completo. Ella odiaba eso en especial, detestaba como ninguna otra cosa cuando su novio la tomaba por la fuerza.

Poco después lo sintió entrar en ella una y otra vez, lo escuchó gemir de placer y sintió sus manos fuertes enterrando los dedos en sus caderas. Le dolió como nunca antes, pero pronto se vio obligada a concentrarse en respirar y tratar de no ahogarse con su propia sangre.

- ¡Grita! –le ordenó él. - ¡Grita como la ramera que eres! –volvió a dar el comando y arremetió con más fuerza, de la garganta de Rose se escaparon varias exclamaciones de dolor. - ¡Así! ¡Voy a escucharte gritar toda la noche! Y después… te voy a matar. Porque no vales nada. –con las últimas palabras él terminó en su interior y al instante se retiró.

Al no tenerlo sosteniéndola por la espalda ella se cayó, le faltaban las fuerzas para sostenerse. Se quedó sentada en el suelo con el rostro, las manos, el cuello y el vestido llenos de sangre. No tuvo valor para alzar la mirada. Lo escuchó respirar agitado pero supo que estaba a un metro escaso de ella, ambos igual de inmóviles.

- Hoy vas a pagarlo todo. Cada regalito que encontré, todas esas cosas que te ganaste abriéndole las piernas a no sé cuántos. –le advirtió antes de darle un solo puntapié directo al costado de su rostro, ella ni lo vio venir, nada más lo sintió y acabó tirada por completo en el piso. – Levántate. –le ordenó y la tomó otra vez por el cabello, Rose volvió a gritar. Luego, la llevó con pasos forzados hasta la puerta de la habitación que compartían. -¿Ves todo eso? Pues lo voy a quemar, le voy a prender fuego y tú vas a estar ahí también. –le prometió.

Rosalie vio lo que él le decía y encontró todas sus pertenencias regadas por el cuarto. Ahí acabó de entender que los regalos de Emmett que tan bien pensó haber escondido fueron lo que causó todo eso. Iba a decirle algo, pero antes de que lograra hacerlo él la volvió a azotar, esta vez contra una pared, le dolió el golpe en la cabeza y creyó que se desmayaría, pero no tuvo tanta suerte porque muy pronto sintió sobre su rostro ya adolorido el puño de Royce. Trató de defenderse con sus pocas fuerzas, pero él le tomó una mano y se la torció hasta casi girarla completamente, ella volvió a gritar todo el tiempo que la sostuvo así, sentía como si en cualquier momento le fuera arrancar la mano.

- Ya… por favor… -le imploró. – Royce… por favor…

- No, todavía no pagas. –le dijo en voz baja justo al lado del oído y luego le mordió el cuello.

Lo hizo como si fuera pasional, pero con mucha más fuerza y no se detuvo hasta que saboreó la sangre, entonces, le dio asco y se alejó. Rosalie tenía la respiración muy agitada y le temblaban las piernas, pero al sentirse libre el instinto lo superó todo y se movió hacia la dirección opuesta de Royce, porque si bien no podía enfocarlo con la vista, escuchaba a la perfección su respirar.

- ¿A dónde crees que vas? –le dijo él y la tomó por el brazo tumbándola al suelo otra vez.

En la caída Rosalie sintió el filo cortante de algo en su cabeza, ni siquiera supo qué fue y al siguiente instante ya lo tenía sentado sobre su abdomen, cortándole el aire con ambas manos en el cuello.

- Ya… no más… por favor… -logró pronunciar apenas la joven mujer, pero no le pedía que se detuviera, no, Rosalie ya estaba más allá de ese punto, todo lo que deseaba era que la matara de una buena vez, si deseaba asfixiarla se lo agradecería, pero si decidía quemarla viva tampoco sería peor que seguir soportando aquello.

- Si todavía nos falta mucho. –le escupió la cara y volvió a levantarle el vestido, se posicionó bien sobre ella y usando ambas piernas logró separar las de ella para de nuevo traspasar con violencia la entrada de su ser.

Rosalie gritó, sintió su interior desgarrarse como si pasara una navaja afilada sobre heridas frescas, lloró y le suplicó que se detuviera, pero con cada exclamación de dolor él sólo aumentó la fuerza de sus movimientos hasta que un rato después, un tiempo interminable más tarde, volvió a terminar y se quedó quieto con todo su cuerpo en el de ella. A Rose le costaba trabajo respirar, en parte por la fuerza que tenía encima, además la sangre de su nariz que insistía en colarse a sus pulmones pero también muy limitada por el dolor punzante de sus costillas rotas.

- Por favor… -volvió a implorarle cuando fue capaz de pronunciar palabra.

- Sí. Te voy a dar un descanso, porque no he terminado contigo. Eres una maldita zorra y así te voy a tratar.

El hombre se sentó sobre su estómago de nuevo y luego con una mano la tomó del cabello para después golpearle la cabeza contra el suelo una sola vez. Rosalie sintió el golpe y el dolor del mismo, pero después llegó la paz que tanto necesitaba. Ni siquiera luchó contra la inconsciencia, más bien la abrazó como la más grande bendición y se dejó ir, orando porque eso hubiera sido todo y nunca más tener que abrir los ojos.

Royce se levantó y la observó unos minutos, vio la sangre que salía de su nariz y de la herida que tenía en la cabeza. Lo único que le hizo saber que no estaba muerta era la respiración calmada y le pareció perfecto porque aquello era sólo el inicio, un receso para beber una cerveza y fumar un cigarrillo. Cuando se enfadó de contemplarla simplemente fue al refrigerador y pensó en todo lo que le quedaba por hacerle antes de llevar a unos cuantos amigos para que se divirtieran también con ella y después la mataría para conseguirse otra mujer.

Cuando Rosalie recuperó el conocimiento sintió el dolor de sus heridas antes de abrir los ojos y revivió todos los recuerdos que deseaba olvidar. Escuchó el silencio en su departamento y se quedó quieta en parte porque no estaba segura de poder moverse y además porque tenía miedo de que Royce estuviera sentado esperando que despertara para seguir torturándola.

Pensó en Emmett, en cómo se sentiría él cuando en la cafetería le dijeran que ella simplemente desapareció. Siendo abogado la buscaría y se daría cuenta de que se había esfumado para siempre, quizás iría tras de Royce como tantas veces quiso hacerlo antes. Lástima que no se lo hubiera permitido y ahora fuera demasiado tarde. Involuntariamente suspiró y al instante escuchó pasos acercarse.

- Ya despertaste. Es momento de seguir. –le dijo Royce y la tomó de una muñeca para arrastrarla lejos del charco de sangre, pues no deseaba mancharse.

Ella sintió el dolor en todo su brazo pero de sus labios no se escaparon más que leves sonidos parte de su llanto. Cuando la soltó por fin sintió como si fuera a quedar inconsciente otra vez pero no fue así, se dio cuenta de cómo Royce se ponía encima de ella con las rodillas a los lados de su abdomen y le tomaba el rostro.

- Siempre fuiste hermosa, lástima que ahora te veas así. –la soltó y esperó, luego la abofeteó, Rosalie ni siquiera se quejó.

Enfurecido por la falta de reacción de la mujer, la tomó por los hombros y la sacudió varias veces, pero de nuevo no obtuvo nada. Al ser así, sacó de su bolsillo un cigarro y lo encendió para después restregarlo un poco contra un punto al azar en su brazo, esta vez más por reflejo que voluntad ella gritó y abrió los ojos mientras sus manos débiles trataron de defenderse.

- Así me gusta. –le dijo quitando el cigarrillo para quemarla en otro lado. Royce vio cómo se iba achicharrando la piel y la marca roja redonda que quedaba. – No es que vayas a vivir para sentirte asquerosa por cómo te voy a dejar, no es que alguien vaya a ver tu cadáver porque a nadie le importas, pero vale la pena. –le dijo y ella ni siquiera le entendió, hasta que el dolor de una nueva quemadura se instaló en su mejilla izquierda muy cerca de la oreja.

En ese sitio le dolió más y gritó como nunca antes mientras sus uñas ya rotas y ensangrentadas intentaron arañarlo y sus piernas se revolvieron con toda la fuerza que tenían. Lo escuchó reírse y lo odió. Antes siempre se sintió herida por sus acciones pero en ese instante todo el dolor de ser tratada así por alguien a quien amaba, se transformó en el rencor y la ira más grandes que pudieran existir.

- Así me gusta más. –le dijo quitando el cigarrillo y poniéndolo sobre la mordedura que le dejó en el cuello.

Rosalie sintió eso menos que las otras veces, pues fue breve, ella no supo porqué, ni se imaginó que la quemó hasta que todas las terminales nerviosas estuvieron muertas. Al no sentir dolor y sin tener ya fuerzas dejó de luchar otra vez tratando de prepararse para lo siguiente, además tenía que contener las náuseas que cada vez la agobiaban más.

- ¿Eso es todo? –le preguntó sarcástico y luego volvió a colocarle ambas manos alrededor del cuello para asfixiarla, no la mataría aún, nada más deseaba dejarla inconsciente para ir en busca de sus amigos. – Cuando despiertes vamos a tener compañía. –le advirtió con una sonrisa.

Rosalie lamentó sus palabras mientras perdía la consciencia, pero esta vez fue diferente de la anterior, porque no le pareció sumirse en un sueño profundo, sino como mitigar un rato todas las sensaciones y luego recuperarlas otra vez, pero extrañamente al estar bien consciente, ya no lo sintió ahí. No supo cuánto tiempo transcurrió ni qué había sucedido, pero abrió los ojos y se dio cuenta de que estaba sola, el silencio era total y la casa oscura le prometió aunque fuera unos minutos de paz.

Se quedó aquí quieta con todo doliéndole, pensó en que no moverse sería lo mejor, esperar para que Royce volviera y acabara con su vida, ella ya no deseaba continuar, lo pensó y anheló el fin… pero recordó que él prometió compañía y pudo imaginar a todos sus amigos violando su cuerpo repetidas veces, eso le dio otra oleada de náuseas y la certeza de que tenía que salir de ahí… huir y suicidarse sería mejor que soportar aquello.

Se sentó con trabajo, intentando apoyar las manos, pero el dolor intenso en su muñeca izquierda le impidió usar ese brazo. Después se puso de rodillas y se apoyó de la pared para lentamente erguirse, no tuvo problemas con el pie izquierdo, pero su tobillo del otro lado casi la hace gritar con el mínimo intento de cargarle peso. Por un instante volvió a contemplar la posibilidad de quedarse porque no estaba en condiciones de ponerse de pie, mucho menos de caminar a ningún lado. Pero no lo haría, no se daría por vencida así nada más.

Con trabajos fue hacia la puerta, en silencio, llena de dolor y miedo. Abrió y se marchó cerrando con cuidado detrás. Mientras recorría el camino a las escaleras intentó escuchar todo para tener opción de ocultarse en caso de que Royce estuviera cerca, pero nada se oía. El descender escalón por escalón fue todavía más difícil, se apoyó del barandal y suprimió varios gritos que luchaban por escaparse, más de una vez estuvo a punto de caerse. Sólo siguió porque sabía que esa era una carrera contra el tiempo, si su novio la encontraba se aseguraría de hacerla pagar por su intento de huída.

Cuando llegó a la planta baja suspiró de alivio un segundo y después se tensó afianzada de la pared cuando escuchó algo. Muy cerca de ella la puerta de un departamento se abrió y asomó la cabeza una vecina. Se trataba de una mujer con muchos hijos a la que nunca le prestó mucha atención, sólo las pocas veces en que se cruzaban de frente y ella la veía como si deseara decirle algo.

- ¡Dios mío! Mira nada más como te dejó esa bestia. –le dijo acercándose a ella. – Ven, entra a mi casa. –le ofreció intentando ayudarla, pero Rosalie se alejó de su contacto, ese departamento estaba tan cerca que Royce la encontraría en cinco minutos.

- No. –le murmuró muy bajo, aunque agradecida por el gesto.

- Entonces vete muy lejos. –le sugirió y sacó algo de uno de sus bolsillos. – Toma un taxi y un tren, que nunca te encuentre. –le dijo dándole en la mano un billete. – Él nunca va a cambiar. Todos son iguales. –la joven se le quedó mirando sin entender bien por qué sin conocerla hacía eso, si a ella menos que a nadie le sobraba el dinero. – Mi marido me golpeó por años y yo lo perdoné hasta que lo hizo estando embarazada y perdí a mi bebé. –le explicó cuando por intuición entendió lo que Rose no dijo. – Pero vete ya. Y sal por la entrada principal, tu novio y sus amigos están bebiendo en el callejón trasero. –le advirtió antes de dar media vuelta y meterse en su departamento.

Rose escuchó que echaba llave y después se dio cuenta de lo afortunada que fue al topársela en ese momento porque justamente tenía pensado salir por atrás. Sin perder más el tiempo siguió caminando, un paso a la vez, una punzada de dolor tras otra, siempre deteniéndose de algo. Llegar hasta la calle frontal y andar toda la cuadra hasta la avenida más cercana representó el esfuerzo más grande de su vida.

Cuando alcanzó la zona más iluminada por farolas notó que su visión se encontraba disminuida y eso la preocupó, pero sólo un poco porque todavía tenía miedo de que Royce al encontrar el departamento vacío, saliera en su búsqueda. Vio en ambas direcciones y a media cuadra encontró un puesto callejero de comida con un solo cliente, al lado un taxi estacionado. Con el mismo trabajo de antes se acercó, no sabía exactamente qué aspecto tenía pero si los demás se asustaban y la corrían de ahí no se le haría extraño, pero tenía que intentarlo porque a esas horas de la madrugada era poco probable encontrar otro taxi. No fue hasta que estuvo muy cerca que el taxista y dos personas que atendían la vieron, sin dudarlo se acercaron.

- ¿Se encuentra bien? –le preguntó uno de ellos y Rose no contestó porque no tenía palabras.

- Necesita ir a un hospital. –dijo otro.

- Yo la llevo. –aseguró el que estuvo comiendo momentos antes y luego la tomó del brazo con cuidado para ayudarla a avanzar los dos metros que los separaban de su taxi, luego le abrió la puerta del copiloto y Rosalie entró con trabajos y prisa, sintiendo que estaba a muy poco de que Royce ya no fuera una amenaza. – Voy a llevarte al hospital más cercano. –le aseguró el hombre encendiendo el auto.

- No. –contestó ella por mero impulso, eso sería demasiado evidente para Royce, él la encontraría y se las ingeniaría para consumar lo que ya había planeado.

- Pues no sé qué más hacer contigo. ¿Quieres ir primero a la policía? –le ofreció desesperado.

- No. –volvió a ser sincera, ella no tenía pruebas de quién le había hecho aquello.

- Pues entonces dime a dónde demonios te llevo antes de que te mueras aquí en mi taxi. –la regañó el desconocido impulsado por pura incertidumbre, tal vez ahora creería que ella estaba loca.

Lo meditó unos instantes y la respuesta se le hizo demasiado obvia. Le dio la dirección de Emmett y luego se quedó en silencio, mirando por la ventanilla para no dormirse ni verse las heridas. El camino se le hizo muy corto, apenas fueron cinco minutos.

- Te ayudo a entrar. –le ofreció el hombre cuando se estacionó justo en la entrada del lujoso edificio de departamentos.

- No, gracias. –le dijo no deseando involucrar más a ese extraño, él fue muy amable pero ella estaba paranoica y no quería que escuchara a dónde iba ella exactamente. Abrió la puerta y le extendió al conductor el billete que antes le entregó la vecina esperando que fuera suficiente para pagarle.

- No niña, no puedo cobrarte. –le dijo él sin tomarlo.

- Gracias. –le murmuró en tono ferviente considerando que le había salvado la vida y de todas formas dejó en el asiento ensangrentado el dinero antes de marcharse y entrar al edificio con sus pasos cansados.

El taxista quiso seguirla, pero decidió que lo mejor era no involucrarse más, no sabía qué podía hacer esa mujer tan herida en un vecindario horrible y después en otro tan lujoso… y sabía lo suficiente de la vida para entender que algunas cosas era mejor ignorarlas. Rosalie lo escuchó marcharse y se preparó para la reacción del portero que vigilaba siempre la entrada del edificio pero por fortuna el hombre estaba dormido en una silla y no despertó.

Rose fue hasta el elevador y presionó un botón, no fue necesario esperar nada, las puertas se abrieron de inmediato y ella pudo entrar y presionar el botón que la llevaría al último piso. Todo el trayecto quiso sentarse, sus piernas adoloridas ya no podían sostenerla más, pero sabía que estaba a poco tiempo de llegar a su destino y eso la mantuvo en pie. Cuando salió del ascensor caminó en línea recta y pasó la puerta del primer departamento, al final del lado derecho estaba la de Emmett, justo a donde se suponía que iba, pero al estar ahí contempló otra opción.

Ella no deseaba que su amigo la viera así, prefería que conservara de ella los buenos recuerdos, cuando fue hermosa y pudo sonreír, cuando no estaba rota… esos días que compartieron y se tomaron cariño. Ella lo sabía… se querían, pero nunca tuvo el valor para admitirlo y Emmett la respetaba demasiado para dar otro paso sin su consentimiento. Unas lágrimas más se asomaron en su rostro al arrepentirse de no haber cambiado antes su vida, cuando fue tiempo.

Justo frente a ella estaba un barandal que daba hacia el vacío, se detuvo de él y contempló las luces de la calle desde lo alto. Estaba decidida. Quizás Emmett nunca podría entenderlo, pero algún día iba a perdonarla. Trató de respirar profundo y no pudo por el dolor punzante en sus costados, luego quiso apoyarse en el mismo barandal para pasarlo pero la muñeca lastimada y el tobillo que parecía estar hecho trizas la traicionaron, por fin, haciendo que cayera al suelo.

Ese golpe le dolió más que otros y la dejó sin fuerzas, ya estaba más allá del cualquier límite mental, emocional y físico. Ya no pudo levantarse más, no fue capaz de hacer otra cosa aparte de arrasarse un metro hasta quedar recargada junto a la puerta de Emmett y esperar que con suerte alguna de sus heridas fuera mortal.

CoNTiNuaRá...


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