I love the way you lie
Este es un fic con propósitos de entretenimiento, sin intención de infringir los derechos de los autores correspondientes.
Acotaciones:
&...&... Cambio de escena.
Emmett se despertó esa mañana como cualquier otra, era muy temprano y el sol todavía no estaba en el horizonte. Se desperezó e hizo su rutina de ejercicios pensando en Rose. Se preguntó si iría a verla esa tarde, se alegró al pensar en su sonrisa, deseó tenerla ahí en ese momento para escuchar su voz. Sí, iría a verla. Lo decidió rato después mientras se duchaba después del ejercicio con los primeros rayos de luz.
Se preparó algo de desayunar y comió a pausas mientras iba y venía arreglándose. Eligió un traje negro que antes Rosalie le alabó, se puso la loción que llevaba la noche en que se besaron. Tuvo calma en cada cosa porque estaba distraído y su vida apresurada no le dejaba mucho tiempo para despejarse, por eso usaba las mañanas como su espacio alejado de toda presión. Al final acabó por darse cuenta de que era tarde, se tomó demasiada calma antes y ahora iba corto de tiempo. Suspiró enfadado y tomó su portafolio después del saco y abrió la puerta.
Para ese momento la mañana ya estaba clara y la luz del sol entraba directamente por el balcón que quedaba cerca de su puerta, así fue perfectamente capaz no sólo de verla a ella, sino al pequeño rastro de sangre. Si hubiera tenido que describir su reacción con palabras, no hubiese podido hacerlo.
Sólo la vio ahí, sentada en el suelo con la espalda contra la pared. Aún llevaba su uniforme de trabajo, estaba cubierta de sangre prácticamente de la cabeza a los pies, vio marcas de quemaduras, moretones con forma de manos alrededor de su cuello, su muñeca izquierda estaba muy inflamada… pero su rostro fue lo peor de todo. Tenía ambos ojos morados e hinchados, al igual que las mejillas, de su nariz salía en rastro de sangre seca, uno de sus labios estaba roto, tenía una quemadura cerca de la oreja izquierda. Pero más importante… vio el horror en sus ojos, la tristeza… Rosalie estaba peor por dentro que por fuera. Esta vez no fue como antes, ahora era como si hubiera muerto y sólo su cuerpo se encontrara ahí.
Todo el análisis de la situación no le llevó más de dos segundos, muy pronto soltó el portafolio y se arrodilló al lado de la joven mujer, pero le dio miedo tocarla, tanto que apenas se atrevió a pronunciar su nombre como un delicado murmullo y sin la certeza de que fuera a responderle.
- Rosalie…
- Tenías razón. –contestó ella simplemente intentando enfocar la vista, verlo a los ojos.
- Rosie… -le dijo con un nudo en su garganta, Emmett supo que ella se refería a las muchas ocasiones en que le advirtió que un día Royce se iba a sobrepasar, pero el haber predicho eso no significaba absolutamente nada más que saber que él fue cómplice por no lograr alejarla antes.
Con infinita delicadeza le pasó una mano por debajo de las rodillas y con el otro brazo le rodeó los hombros, ella se abrazó de su cuello para facilitarle la acción y se dejó cargar al interior del departamento. Una vez ahí la sentó en un sillón usando igual todas sus habilidades para hacerlo con cuidado. Luego se sentó a su lado y la miró intentando decidir si sería mejor llamar una ambulancia o llevarla él mismo a la sala de urgencias.
- ¿Puedo bañarme? –preguntó la joven desconcertándolo.
- Te voy a llevar al hospital. –le aclaró como si fuera lo más obvio del mundo.
- ¿Puedo bañarme antes? –insistió.
Rosalie no sabía qué hacer. Estaba confundida después de todo lo que pasó la noche anterior. Ni siquiera estaba segura ya de la secuencia de las cosas, ni de qué tan mal estaba su cuerpo, sólo sentía dolor por todos lados y lamentaba que la claridad de su visión estuviera perdida, quizás ya nunca más lograría ver bien la sonrisa de Emmett. Pero más fuerte que todo, era la inmensa necesidad de sentir el agua recorrer su piel, como si al limpiarse el cuerpo, pudiera hacer lo mismo con su alma. Además de que una parte de ella se resistía a estar ahí, él era su amigo, pero no por eso debió obligarlo a recibirla. El hombre era demasiado bueno para dejarla desamparada, pero no deseaba representarle una carga.
- De acuerdo. –contestó él cuando resolvió su problema mental. Que Rosalie no se hiciera más daño.
Con el mismo cuidado de antes la cargó otra vez y la llevó hasta el baño principal, donde había un jacuzzi grande, la sentó en medio del mismo y abrió todas las llaves para que saliera agua tibia. Mientras esperaba a que se llenara le acercó todo lo necesario, sacó toallas limpias del gabinete e hizo una excursión rápida a su closet, regresó con algo de ropa que acababa de comprar días antes y nunca utilizó: unos pantalones deportivos, una playera y unos bóxers. Todo era de hombre y le quedaría enorme a Rose, pero era lo único que tenía a la mano. Dejó la ropa al lado de las toallas y notó que el nivel del agua iba subiendo bien, después se acercó y bajó el cierre del vestido azul cielo para después soltar los broches de su ropa interior.
Rosalie esperó con paciencia mientras el agua le iba mojando la ropa y removiendo la sangre, vio a Emmett entrar y salir, pero cuando se acercó y empezó a bajarle el cierre se asustó, se paralizó temiendo muchas cosas irracionales. Sin embargo cuando él se alejó de nuevo y abrió la regadera para que el agua cayera mojándole el cabello se dio cuenta de que él nada más le estaba facilitando las cosas.
- Rose, no voy a demorar la ida al hospital, me da miedo que algo te pase. Voy a salir para llamar al trabajo pero no voy a cerrar la puerta. Si necesitas algo me llamas ¿de acuerdo? –la miró fijo hasta que ella asintió. – Y no tienes por qué preocuparte, conmigo estás segura… ese desgraciado no se te va a parar cerca nunca más.
Emmett salió del baño y ella se desnudó con trabajos y mucho dolor, botó nada más la ropa por ahí y se sumergió en el agua completamente unos segundos, pero odió abrir los ojos debajo y tener la visión rojiza del líquido manchado con su sangre, le dieron náuseas nada más de imaginarse cómo estaría su cuerpo. Se apresuró a lavarse el cabello y a limpiarse el cuerpo. De camino vio su tobillo inflamado, moretones en sus piernas, cuando tocó su intimidad encontró que el ardor punzante aumentaba, en el torso se le iban formando también grandes marcas púrpuras y encontró puntos más dolorosos en las costillas, sus uñas casi no existían y le costó mucho quitar la sangre adherida ahí, en los brazos vio varias quemaduras, cuando trató de lavarse el cuello sintió la mordedura y dolor muscular, después su rostro fue también casi imposible porque no encontró un centímetro que no estuviera dañado y al lavarse el cabello sintió una cortadura algo profunda.
Cuando terminó cerró las llaves con trabajos y se puso de pie sosteniéndose de la pared, luego se secó con una toalla y vio las manchas de sangre que iba dejando en ella. Se vistió con lo que dejó Emmett y agradeció que el pantalón tuviera cordones para amarrarlo, esa era la única forma en que no se le caería.
- Emmett. –lo llamó cuando estuvo lista.
Él entró de inmediato pues se encontraba como centinela a un lado de la puerta, sin mirar hacia adentro ni alejarse por si lo necesitaba. Cuando la vio de nuevo encontró su cuerpo un poco mejor… pero a través de sus ojos notó la misma vacuidad, si Rosalie estaba haciéndole caso era por pura inercia y no por deseos de estar mejor. Le besó con cuidado la frente y la levantó en brazos preparado para cargarla todo el camino hasta su auto y hacer lo mismo cuando llegaran al hospital.
En cuanto Emmett entró con la joven en sus brazos al hospital, un guardia de seguridad le indicó por dónde pasara hasta la camilla más cercana, él la dejó ahí con infinito cuidado y al instante se acercó un médico con aspecto preocupado, detrás de él una enfermera que empezó a colocarle cables a Rose que iban a un monitor, el guardia no se movió del lado de Emmett.
- ¿Qué sucedió, señorita? –preguntó el doctor viendo fijamente a Rose, pero ella no hizo contacto visual, no estaba preparada para contar nada.
- Alguien le hizo esto. –contestó Emmett en su lugar y le tomó la mano con cuidado. El médico le dedicó una mirada significativa al guardia.
- Señor, podría acompañarme, por favor. Para dar los datos de la señorita a la administración. –le pidió con voz rígida y Emmett entendió que querían alejarlo de Rosalie.
- Eso puede esperar. –respondió.
- No tomará mucho tiempo. –insistió.
- Ahora van a ponerle una bata a la señorita y algo de suero con analgésicos. Todos podemos esperar afuera. –intervino el doctor otra vez y se apartó de la camilla al igual que el guardia de seguridad.
- Va a ser sólo un instante, Rose, lo prometo. –le murmuró Emmett y le besó la frente. - ¿Estás de acuerdo? –quiso asegurarse de que ella estaría bien, la joven asintió y entonces, él se fue directo a la recepción para dar los datos lo más de prisa posible, el guardia lo siguió.
El médico los vio alejarse y tan pronto como cruzaron la puerta volvió al lado de Rosalie, una enfermera llegaba con la bata y le dio indicaciones para preparar el suero, ella se fue sin ayudar a Rosalie para dar algo de tiempo a que hablaran.
- Señorita ¿cuál es su nombre? –preguntó sentándose en una silla a su lado.
- Rosalie. –dijo en un susurro.
- Rosalie ¿quién hizo esto? –cuestionó.
- Mi novio. –contestó sintiendo que estaba mal llamar a Royce de esa forma, pero era la respuesta que el otro estaba buscando.
- Si usted lo desea, podemos llamar a las autoridades ahora mismo y negarle la entrada al señor. –ofreció y ella entendió que estaba malinterpretando las cosas.
- Él no es mi novio, Emmett nunca me haría esto. –respondió mirándolo por primera vez.
- Disculpe. –ofreció el otro algo apenado. - ¿Podría narrarme cómo sucedió? Necesito saberlo para hacer los estudios indicados y los medicamentos correctos. – ella se quedó en silencio pensando en las muchas veces que tendría que repetir la historia y cómo no lo deseaba en lo absoluto. Cuando esa actitud se prolongó, el médico suspiró y la enfermera apareció. – La van a cambiar de ropa y a ponerle un suero. Ahora regreso. –se puso de pie y cerró la cortina para darle algo de privacidad a su paciente.
Emmett dio la información lo más de prisa que pudo, aunque no tuvo todo a la mano, como una identificación de Rosalie, además tuvo que mentir y dio su propia dirección como la de ella pues ni la conocía ni iba a permitir que se acercara a ese lugar nunca más. Una vez estuvo hecho eso, volvió a la sala de urgencias con el mismo guardia de seguridad pisándole los talones, una vez ahí fue directo hacia el médico y lo vio escribiendo algo en una hoja.
- Está bien, el señor se va a quedar aquí. –le indicó al guardia de seguridad y él se marchó. - ¿Es alérgica a algún medicamento? –le preguntó a Emmett y él no tenía idea.
- No lo sé. –contestó con sinceridad.
- ¿Sabe usted cómo sucedieron las cosas?
- No tengo idea. Ese animal la golpeó mil veces antes, pero nunca así. –contestó conteniendo toda la furia que sentía hacia Royce.
- Ya está, doctor. –dijo la enfermera acercándose.
- Gracias. Vamos con la señorita, quizás si está usted ahí ella quiera contarnos qué le pasó exactamente.
Cuando ambos estuvieron con ella Emmett volvió a tomarle la mano y el médico a preguntarle qué le hicieron. Rose guardó silencio otra vez y se quedó así hasta que Emmett le susurró en el oído que estaba a salvo y nada le sucedería, le pidió que explicara las cosas para que pudieran sanarla. Al final ella se dio cuenta de que no tenía muchas opciones y empezó a hablar.
Les contó todo, paso por paso nada más omitiendo las veces en las que Royce la violó, eso era demasiado, no quería que nadie lo supiera nunca… el dolor de esas heridas se lo guardaría por siempre. Mientras hablaba lentamente se fue encerrando dentro de sí misma, vio las cosas como una secuencia externa, como si no le hubiera sucedido a ella, esa fue la única forma en que pudo tolerarlo. Después le pidieron un recuento de sus heridas, de lo que le dolía, de cualquier cosa que sintiera y ella también las enumeró con cuidado de saltarse lo que no iba a contar por nada del mundo.
Todo el tiempo Emmett usó toda su paciencia para no estallar en un exabrupto que no la ayudaría, deseó tener frente suyo a Royce para hacerle lo mismo que le hizo a Rose y multiplicarlo un millón de veces, porque era un cobarde que se aprovechó de ella. Una pequeña parte de su mente se preguntó qué fue el detonante esta vez, no lo consideró importante pero le dio curiosidad saber qué pudo tomar de pretexto para demostrar su ira de la forma más cobarde que pudiera existir.
Después de las explicaciones necesarias le hicieron a Rosalie varios estudios para cerciorarse de cuáles eran sus daños y la tuvieron esperando un rato por los resultados mientras limpiaron y suturaron sus heridas. Finalmente le dijeron que tenía una fractura en la muñeca, un esguince en el tobillo y otro en el cuello, requeriría usar férulas y collarín, eso a ella no le gustó pero lo aceptó. La fractura de su nariz no dejaría secuelas al parecer, pero también tuvieron que poner una pequeña férula ahí y por las costillas rotas no se podía hacer nada, más que dejarlas sanar por sí mismas. En el suero le pusieron varios medicamentos para que se sintiera mejor y el médico sugirió que se internara por lo menos ese día para tenerla en observación.
- Lo que sea necesario. –contestó Emmett pensando en que prefería estar ahí cuidando a Rose, donde si algo sucedía había ayuda muy cerca.
- Emmett, no quiero ser una molestia. –le dijo ella.
- Disculpen un momento. –intervino el médico excusándose para darles algo de privacidad.
- Ya hiciste mucho por mí. Voy a estar bien. –le aseguró aunque ella sabía bien que no era así.
- Rose. Bajo ninguna circunstancia serías una molestia. Y no hay nada en este mundo que me vaya a hacer dejarte sola ahora. Si decides no quedarte aquí, entonces te cuidaré en casa, pero preferiría tenerte aquí donde te puedan hacer sentir más cómoda con sus medicinas. –le dijo viéndola a los ojos con expresión seria y ella le acarició el rostro con una mano, de manera instintiva él sonrió.
- Quisiera poder ver tu sonrisa. –dijo en voz baja.
- ¿A qué te refieres? –preguntó desconcertado.
- Todo se ve borroso ahora. –le aclaró lo que hasta ese momento no había dicho.
- ¿Qué? ¿Por qué no lo mencionaste antes? De acuerdo, es definitivo, te quedas aquí. –le besó el dorso de la mano y fue para contarle al médico el nuevo descubrimiento.
Rosalie se quedó en la camilla, se sentía mucho mejor ahora, con el dolor del cuerpo mitigado y la sensación de seguridad que Emmett le daba, pero su espíritu era otra cosa. Todavía estaba en shock sin poder asimilar todo lo que sucedió, continuaba recriminándose por haber permitido que Royce le hiciera eso, se lamentaba también la pérdida de cosas que significaban mucho para ella… los presentes de Emmett, algunos libros que le gustaban mucho, pero sobre todo la única fotografía que tenía de Jasper. Además se sentía perdida, a la deriva, Emmett era muy amable, él se preocupaba por ella y la ayudaría todo lo que fuera necesario y más… sin embargo aún así no pensaba ser un parásito pero no tenía nada más en su vida. Obviamente no iba a regresar al trabajo y pasaría un buen tiempo antes de que estuviera en condiciones de buscar otro, no tenía ninguna meta que conquistar, nadie a quien amar… nada, estaba sola y vacía.
Una lágrima rodó por su mejilla y ella se la quitó con rapidez porque si se permitía que eso iniciara no podría detenerlo nunca. No quería que el tiempo avanzara, no deseaba intentar dormir para no soñar, detestaba la idea de enfrentarse a lo que fuera… todavía preferiría haber muerto la noche anterior.
- Un oftalmólogo viene en camino. –le avisó Emmett entrando de nuevo al cubículo.
- Es probable que la visión borrosa sea pasajera pero es mejor estar seguros. –dijo el médico pasando a su lado. Ella asintió.
- Rose, ahora van a llamar a la policía, tienen que documentar tus heridas y tomar tu declaración para poner la denuncia. –le explicó Emmett arrepintiéndose de haber dejado que se bañara antes pues ahí de seguro perdió buena parte de la evidencia.
- No. –contestó en automático y él se alteró.
- Rosalie no puedes seguir protegiéndolo ¡no después de esto! Lo voy a acusar de intento de homicidio, las marcas en tu cuello lo demuestran. No vas a seguir volviendo a él. No voy a dejar que te haga más daño.
- No voy a volver con él. –pronunció apretando la mandíbula. – Lo quiero fuera de mi vida.
- La cárcel es el lugar para eso. –aclaró Emmett.
- No. No quiero policías, no quiero declarar ni tener que verlo y enfrentarlo. Sólo quiero que desaparezca para siempre.
- Tiene que recibir un castigo. –sentenció el abogado.
- No lo voy a hacer. No voy a enfrentarlo porque no podría. –le aclaró irguiéndose un poco.
- Rosalie, esto es demasiado. Voy a llamar a la policía, digas lo que digas.
- No debería estar aquí. –murmuró sin entender bien cómo Emmett no comprendía que ella no era ni sería nunca capaz de ver a Royce otra vez, no sin desmoronarse. – Gracias por tu ayuda, pero es mejor que me vaya. –con mucho trabajo se sentó por completo y bajó los pies al suelo, pero su amigo la detuvo por los hombros, temiendo que se hiciera daño.
- No, espera. No te vas a ir así. –le dijo ejerciendo un poco de presión para que se recostara de nuevo.
- Si es irme o hablar con la policía, prefiero irme, Emmett. –le dijo usando su mano útil para quitarse las de él.
- Está bien. –concedió él. – Cálmate y después hablamos de eso.
- No hay después ¡no lo voy a hacer! –se alteró más, llena de pánico porque su ángel guardián la obligara a dar ese paso que tanto temía.
En ese momento entró una enfermera y le puso un medicamento directo al suero, Rose no le prestó atención porque estaba muy preocupada por otras cosas y Emmett tampoco lo hizo pues bien sabía que se trataba de un calmante para que ella durmiera. Se quedaron viéndose a los ojos un tiempo corto, hasta que la joven comenzó a sentir los estragos de la medicina y le dio sueño, uno que conoció antes cuando probó pastillas que Royce le llevó. Pero ella no deseaba eso.
- ¿Qué me pusieron? –preguntó viendo el suero y luego el punto donde entraba el líquido en sus venas.
- Es para que estés mejor. –le aclaró Emmett.
- Algo para que duerma. –dijo el médico.
- No. No quiero dormir. – con un solo movimiento tomó la delgada manguera de plástico y se la arrancó del brazo, la sangre salió de inmediato manchando las sábanas y el líquido transparente se tiró sobre la cama.
- ¡Rose! – Emmett alzó la voz y como reacción tomó un pedacito de sábana e hizo presión sobre el sitio donde antes estuvo el suero.
- ¡Enfermera! –llamó el médico y desapareció por unos momentos detrás de la cortina.
- ¿Por qué hiciste eso? –preguntó Emmett desconcertado.
- No quiero dormir y no quiero nada que me recuerde a él. –le aclaró quedándose quieta ahora también con el dolor que se dejó al quitar de esa forma el suero.
Muy pronto entraron al enfermera y el médico, él fue para detener el goteo del líquido transparente y ella le puso en su nueva y pequeña herida un algodón con alcohol a Rose e hizo más presión para detener las gotas de sangre. Después del exabrupto tuvieron que ponerle otro suero, esta vez sin nada de calmantes. Un rato después la subieron a su habitación y se quedó con Emmett a solas.
- Tengo que llamar a mi jefe. –dijo Rose con un suspiro.
- ¿Para avisarle que no vas a volver a trabajar nunca ahí? –quiso confirmar Emmett sacando su celular.
- Así es. –le dijo ella mirándolo tanto como podía con el collarín.
- Adelante. –le pasó el teléfono y se levantó para ir a lavarse la cara y darle un poco de privacidad. Rose marcó los números y del otro lado pronto le respondieron.
- Diga. –escuchó la voz osca del que fue su jefe.
- Soy Rosalie… -murmuró muy segura de que inventaría una excusa, pero tendría a la vez que prevenirlo de Royce.
- ¡Rose! Estás a salvo, pensé que si ese imbécil te encontraba iba a matarte. Ni se te ocurra volver con él, no esta vez. –le dijo muy alterado, entonces, él ya sabía.
- ¿Royce fue a buscarme ahí?
- Vino hace horas con su bola de pandilleros exigiéndome que te entregara como si fueras una cosa. Los bravucones hicieron destrozos aquí antes de marcharse. Estaban drogados, de eso no tengo duda. No regreses, niña, créeme cuando te digo que tu vida corre peligro.
- No voy a volver. –susurró asustada. – Por eso llamaba, para renunciar. Yo… lo siento tanto, es mi culpa lo que ellos hicieron.- se disculpó muy avergonzada de causar tantos problemas a las personas que antes fueron buenas con ella.
- No tienes la culpa de que sea un loco. Nada más cumple tu palabra y ya, con eso es suficiente.
- Lo prometo. –le juró, aunque más bien lo hizo para sí misma.
- De acuerdo. Cuídate mucho –después colgó y Rosalie sostuvo el teléfono en su regazo.
- ¿Qué sucedió? –le preguntó Emmett notando el cambio en su semblante.
- Royce fue con sus amigos a buscarme, destruyeron parte de la cafetería…
- Tranquila. No estés asustada. –la consoló sentándose a su lado y tomándole la mano. – Él ya no puede dañarte. Lo juro, siempre te voy a proteger.
Emmett se quedó con ella todo el día y la noche, conforme se fue haciendo más tarde el silencio entre ambos se instaló muy firme, porque ella no deseaba hablar y él no quería presionarla. En algún momento el chico se quedó dormido en un sillón y ella se enfrascó en una lucha perdida contra el cansancio, que al fin logró vencerla y tal como lo temió… las pesadillas no se hicieron esperar hasta que la despertaron entre gritos. Emmett ya estaba a su lado.
- Rose. Rosalie. Todo está bien. Sólo fue una pesadilla. –le murmuró Emmett en voz baja acariciándole el cabello. Ella tenía la respiración agitada y en medio del cuarto oscuro no veía casi nada, pero la voz del chico le hizo saber que en verdad todo fue un sueño.
- Emmett… -murmuró apenas.
- Aquí estoy. –le aseguró y ella se alegró de que así fuera.
Se quedaron un rato en silencio, él continuó dejando suaves caricias en su cabello y ella se concentró en quitarse el miedo del cuerpo y en que sus lágrimas se calmaran. Le tomó un buen tiempo, pero al final estaba sosegada de nuevo.
- Gracias… por estar aquí. –le dijo sonriéndole, ahora lo veía un poco.
- Nunca te dejaré sola. –le prometió y después de una breve pausa se armó de valor para preguntarle algo que se lo estaba comiendo por dentro. – Rosalie, no tienes que contestarme si no lo deseas pero… ¿él abusó de ti? –ella se tensó con esas palabras, sabía que Emmett se refería a un abuso sexual, no sólo a los golpes y quemaduras.
- ¿Por qué piensas eso? –contestó con otra interrogante tratando de ganar algo de tiempo.
- Cuando te encontré… tenías sangre en las piernas… y no sé… Rose… ¿él lo hizo? –también algunas cosas que ella dijo en sueños lo ayudaron a llegar a esa conclusión, pero no quería repetirle eso.
- No es un abuso si soy su novia. –le contestó con sinceridad, ella odiaba cuando lo hacía a la fuerza, pero de todas formas no podía calificarlo como una violación.
- ¿Le dijiste que no lo hiciera?
- Sí. Pero eso no importa…
- Claro que importa, Rose. Si tú dices "no", él tiene que detenerse… Rose… -al final se quedó sin palabras y cerró los ojos antes de esconder el rostro en el regazo de la chica, lo hizo porque no se le ocurrió otra forma de mitigar su ira. Emmett deseaba nada más que destrozar a Royce con sus propias manos.
- No importa. –lo consoló ella él. – Él ya no puede dañarme más. Ya no. –con esas palabras una lágrima resbaló por su mejilla y después otra y otra más…
Y así comenzó lo que ella tanto temía, el momento en el que no pudo contenerse más y todo se le dejó ir encima, el dolor, el miedo, la vergüenza, la incertidumbre, la soledad… la humillación. Rosalie lloró por horas con Emmett a su lado, mirándola, consolándola, dándole palabras y paciencia, pasándole pañuelos desechables cuando los necesitó. Esa noche fue quizás la peor de la vida del chico, pero también donde se dio cuenta de que nada más que ella era importante ya en este mundo.
&...&...
Cerca del medio día siguiente dieron de alta a Rosalie y Emmett la llevó a su departamento, él hubiera deseado llevarla de compras antes porque no tenía ahí nada muy apropiado para ella, pero la joven no se encontraba en condiciones físicas ni mentales de andar de tienda en tienda. La noche en vela y las miles de lágrimas la dejaron aún más exhausta de lo que estaba antes. Y algo así también causaron en él.
La subió en brazos y la recostó sobre su cama en la habitación principal, que automáticamente le designó como propia, él se iría a instalar en la de huéspedes. Pero no se lo dijo porque sabía que la haría sentir incómoda. Esa plática podían tenerla más tarde. Después en la mesa de noche acomodó todas las medicinas que le dieron y ambos recontaron cada una para estar seguros de que sabían cuándo debía tomárselas.
- Te estoy deteniendo de ir a trabajar. Déjame aquí. Ya has hecho mucho por mí. –le pidió ella a la hora de la comida.
- No. Voy a hacer algunas cosas hoy en la computadora hoy, no hay problema. No te quiero dejar sola, aunque mañana probablemente sí tenga que salir… -se lamentó sabiendo que algunos asuntos no podía posponerlos.
- Voy a estar bien. –le sonrió un poco.
- Sí, vas a estar bien. –prometió él y le devolvió el gesto. – Ahora… ¿qué quieres que ordene para comer?
- ¿Siempre ordenas algo? –cuestionó ella recordando como las pocas veces que estuvo ahí, siempre lo vio hacer lo mismo.
- Eh… sí. Aquí no hay casi nada de comida, sólo un par de cosas que trae la señora que limpia el departamento y lava mi ropa. Ella va a venir mañana.
- Ya veo… -murmuró agachando la mirada, avergonzada de que alguien más la fuera a ver en ese estado.
- Ella es muy amable, te va a caer bien. –le aseguró para darle confianza.- Siempre llega temprano, mañana las presento. -prometió con la confianza de que Rosalie no estaría sola.
&...&...
Emmett entró en casa ya con el cielo oscuro, quiso dejar antes la oficina para que Rose no estuviera tanto tiempo sola, pero le fue imposible. Cerró la puerta tras de sí y dejó su portafolio en el suelo, de inmediato se dirigió a la recámara principal.
- ¿Rosalie? –la llamó y de inmediato se arrepintió de hacerlo ¿y si estaba dormida?
- En la alcoba. –contestó ella de inmediato para su tranquilidad y de inmediato sonrió, ni siquiera tuve que verla, con el simple pensamiento de hacerlo era más que suficiente.
- Rose… ¿cómo te sientes? –cuestionó al encontrarla sentada en el borde de la cama como si deseara ponerse de pie. Llegó a su lado y se arrodilló en el suelo frente a ella a poca distancia.
- Estoy bien. –contestó ella sabiendo que no era muy cierto pues todo el cuerpo le dolía aún y tenía media hora sentada ahí intentando averiguar cómo ponerse de pie sin lastimarse más en el intento.
- ¿Segura? –preguntó tomándole con cuidado una mano.
- No duele tanto como pensé. –suspiró resignada. – Pero quisiera darme un baño y no sé cómo ponerme de pie yo sola.
- Eso no es problema. –le sonrió ampliamente y se puso de pie tomándola en brazos y levantándola de la cama como si no pesara nada.
De la misma forma la llevó hasta el jacuzzi y la sentó en una orilla, luego abrió las llaves y le llevó ropa, todo en forma similar a como lo hizo la mañana que la encontró en la puerta de su departamento. Cuando tuvo todo cerca sólo se sentó a su lado esperando a que el agua estuviera a un nivel adecuado.
- Gracias. Haces mucho por mí. –murmuró ella con la vista perdida en el piso.
- No es nada, sólo quiero que estés bien. –respondió y le tomó la mano esperando que así ella pudiera sentirse un poco más en confianza pues más que su cuerpo le preocupaban las heridas que no se veían.
- La mujer que viene a ayudarte con el departamento es muy amable. No dejó que me levantara de la cama. –habló ella por cambiar el tema, aún no estaba lista para abrirse, ni siquiera con Emmett que parecía ser su ángel guardián.
- Sí. Tuve suerte de conocerla, puedo confiar en ella. Viene de nuevo en unos días, estaba pensando mientras tanto conseguir a alguien más, una enfermera… una persona que puedo ayudarte mientras no estoy.
- No. No lo hagas, por favor. –se movió lentamente para que nada le doliera más de lo debido y lo miró a los ojos. – Puedo arreglármelas. –al final le sonrió un poco.
- Supuse que eso ibas a contestar. Cuidado con la férula de la mano. –le devolvió la sonrisa y le besó el cabello mientras se ponía de pie para marcharse, darle algo de privacidad y conseguir la cena.
- Emmett. –lo llamó antes de que se fuera. - ¿Podrías cubrir el espejo? Por favor… temo mirarme por accidente. –confesó con algo de vergüenza.
- No importa cómo creas que te ves, aún eres hermosa. –le replicó mientras tomaba una toalla y la ponía para evitar cualquier posible reflejo.
- Gracias. –le dijo y lo vio marcharse.
Muy pronto un par de lágrimas se derramaron por sus mejillas, las palaras del chico fueron muy dulces pero ella no era tonta sabía perfectamente que lo único de sí misma en lo que siempre pudo confiar, su belleza, en esos momentos no existía y probablemente jamás volviera a ser igual.
&...&...
Los siguientes días fluyeron lentos y difíciles para Rosalie. En las noches siempre tenía pesadillas y despertaba entre gritos con Emmett a su lado. Durante el día se volvía loca de aburrimiento al estar en cama ella sola, esperando a que él regresara pues las cosas más sencillas como ir por un vaso de agua o a la ducha eran faenas muy complicadas. Las heridas seguían doliéndole, aunque un poco menos, pero ya se había cansado de las férulas, además todavía no tenía el valor de mirarse en el espejo, no lo haría hasta estar segura de encontrarse ahí.
Emmett pasó tanto tiempo en casa como el trabajo se lo permitió, ahí por primera vez en su vida se dio cuenta de que le dedicaba mucho tiempo a sus labores y muy poco a su vida personal. También intentó hacer las cosas más fáciles para Rosalie, le pidió a su mucama que llevara cosas básicas para mujeres y él mismo fue a comprarle ropa cómoda. Cada noche dormía con sueño ligero para escuchar cuando ella despertara e ir a consolarla. Además todavía estaba debatiendo qué haría con Royce, si por él fuer hubiese dejado todo el peso de la ley caer sobre él, pero sin la cooperación de Rose eso era imposible, otra posibilidad fue tomar la justicia en sus manos, le sobraban conocidos que le dieran una lección o simplemente lo desaparecieran para siempre. Pero no lo hizo, porque todavía albergaba dudas de qué podía sentir Rose por él, le daba miedo que a pesar de todo ella le guardara cariño.
Rosalie estaba sentada en la sala mirando televisión, era ya algo tarde y Emmett no había regresado de la oficina, pero no lo llamó pensando que estaba ocupado. Ella se encontraba un poco mejor, ya era capaz de caminar con las muletas y según le aseguró Emmett en su rostro quedaban nada más que sombras de las heridas que tuvo, además la férula de la nariz no era necesaria y ansiaba el día que tuviera el valor de mirarse otra vez en el espejo.
De repente sonó el timbre y ella se extrañó de que Emmett olvidara su llave. Tomó las muletas y fue a abrir la puerta y al instante se arrepintió, porque no era él sino una mujer la que estaba ahí y sintió vergüenza de sí misma. La extraña era joven y bonita, no tanto como lo fue ella antes, pero en las circunstancias en las que se encontraba no pudo evitar sentirse pequeña.
- ¿Es el departamento de Emmett McCarty? –preguntó extrañada.
- Sí. Pero él no se encuentra. –contestó preguntándose si no sería alguna chica que él estuviera cortejando y con esa idea se sintió mal.
- ¡Oh! Es que salió de la oficina hace mucho y como es entre semana… supuse que lo encontraría aquí. –la extraña hizo una pausa y observó a Rose con más cuidado, de arriba abajo. - ¿Eres pareja suya? –le preguntó con mucha seguridad.
Rosalie se detuvo un segundo a meditar la respuesta. Quería decirle que sí y alejarla, pero no quería que después Emmett se enterara que ella había hecho eso, no deseaba que sus celos la controlaran así, entonces, decidió decir la verdad y atenerse a las consecuencias.
- No. Sólo estoy viviendo aquí provisionalmente, mientras me recupero. –sus palabras cuidadosas la dejaron satisfecha, por lo menos la mujer se mantendría un tiempo alejada del departamento.
- Sí, tiene sentido lo que dices. –respondió y le sonrió. – Está bien. Dile que Tanya vino a buscarlo, que me llame después. Y gracias. –le guiñó un ojo y se dio media vuelta.
Rosalie usó todo su temple para no dar un portazo o arrojarle algo, no le gustó el tono que utilizó. Finalmente cerró con cuidado y apagó el televisor antes de irse a la cama. Obviamente no podría dormir así nada más, pero no tenía ganas de darle el mensaje a Emmett esa noche, mejor lo haría al día siguiente, así demoraría más la llamada y con algo de suerte Tanya no pensaría que él estaba tan interesado, si es que lo estaba.
Minutos después estaba recostada con la pijama puesta y la luz apagada. Suspiró aún con el estómago revuelto y miró el reloj, casi media noche, estaba por iniciar un nuevo día, uno que era especial y que cada año pasaba de la misma forma… pensando en Jasper. Dejó su mente alejarse y se imaginó a su hermano festejando con amigos, recibiendo regalos, pensó en lo que le gustaría darle, en si quizás pasarían su cumpleaños juntos. Lentamente se perdió en recuerdos y fantasías y sin darse cuenta se sumió en un sueño ligero, un tibio adormecimiento que sólo terminó cuando escuchó que alguien la llamaba.
- Rose… -pronunció Emmett con voz suave y ella abrió los ojos. – Feliz cumpleaños. –le dijo él y ella recobró la consciencia lo suficiente para enfocarse en las velas que iluminaban la recámara.
Ahí estaba él, a las doce en punto con un pequeño pastel con varias velas. Rosalie sonrió y se sintió conmovida por el gesto ¿cómo recordaba él la fecha? Se sentó con cuidado y lo observó mejor, llevaba puesto un gorro de cartón, y en ese momento le pareció más niño que nunca.
- ¿Para mí? –le preguntó sonriendo aún, supo que era tonto cuestionar eso, pero de alguna forma la emoción la abrumó.
- No, es para la otra Rosalie que vive en mi departamento ¿crees que le guste? –contestó él riéndose y dejo el pastel en su regazo, luego, tomó otro gorro de cumpleaños y se lo puso.
- Estoy segura que le va a encantar. –se rió ella también. – Gracias. ¿Cómo lo recordaste?
- A veces tengo buena memoria, pero no te acostumbres… son chispazos nada más. En general olvido las cosas de inmediato… por cierto… ¿cómo me dijiste que te llamabas?
- Estás sentado en mi cama y no recuerdas mi nombre… - respondió fingiendo seriedad.
- Bueno, sé que eres muy hermosa ¿eso cuenta?
- Algo, sí. Además supongo que técnicamente… soy yo la que está en tu cama.
- ¿Y le parece cómoda, señorita?
- Podría ser mejor. –se rió y él le acarició la mejilla con cuidado. En ese instante ambos guardaron silencio y se vieron a los ojos en la penumbra que los rodeaba, apenas la luz de las velas y el roce de las telas suaves.
- Pide un deseo. –dijo él aún como hipnotizado.
Rosalie cerró los ojos y se concentró en lo que quería, fue tanto y tan poco al mismo tiempo. Deseaba que Jasper estuviera bien, que fuera feliz, también le gustaría volver a verlo… desearía además, recobrarse pronto y rehacer su vida. Pero ahí, al lado de ese hombre maravilloso, se sentía como si tuviera todo lo necesario y mucho más. Poco después apagó las velas.
- ¿Qué pediste? –le preguntó él ahora estando en oscuridad total.
- Si te digo, no se hará realidad. –respondió encendiendo la luz con el apagador que tenía cerca.
- Te concedo eso. –se rió y le entregó a Rosalie una caja pequeña envuelta con sus colores favoritos. – Espero que te guste.
- Siempre estás lleno de sorpresas. –le sonrió y lo abrió con cuidado. Adentro de la caja encontró un dije con forma de libélula, en el cuerpo y las alas tenía incrustadas piedras brillantes que a ella se parecieron diamantes y rubíes, además parecía ser de oro blanco. Lo amó desde el primer instante. – Dijiste que te gustaban las libélulas…
- Es hermoso. Es muy hermoso. –lo sacó de la caja y se lo entregó a Emmett, luego, se acercó y se hizo el cabello a un lado. Él se lo puso y lo abrochó con cuidado.
- Se ve aún mejor en ti.
- Gracias. –murmuró y le acarició la mejilla mientras se acercaba lentamente a su rostro. Al principio no se dio cuenta, porque sólo actuó por instinto, pero cuando estuvo a punto de rozar sus labios, de dejar un besó ahí como si fueran una pareja de verdad… se dio cuenta del error que estaba cometiendo y besó su mejilla.
- Debería regarte cosas más seguido. –se rió él y la hizo ruborizar. – Toma. –le entregó esta vez una cuchara y él se quedó con otra. - ¿O prefieres que vaya a buscar platos de fiesta? –se burló un poco.
- Creo que puedo manejarlo. –contestó probando el pastel sin rebanarlo antes.
- Lamento haberte despertado, pero quería hacer esto justo a la media noche. –le explicó él mientras siguieron comiendo.
- ¿Por eso no llegaste antes? –lo cuestionó incrédula de que hubiera tomado tanto cuidado para hacer las cosas.
- Sí, tuve que hacer algo de tiempo. Pero está bien, fui a tonar algo con Edward. Tienes que conocerlo algún día. –se refirió a su mejor amigo.
- Por supuesto. –le sonrió un poco recordando con su comentario que alguien más había ido a buscarlo y aunque no quería decírselo en ese momento, tampoco consideró adecuado esperar. – Alguien vino a buscarte hace rato. Una mujer.
- ¿En verdad? ¿Y quién era? ¿Qué quería? –preguntó incrédulo.
- No me dijo qué quería… personalmente, supongo que deseaba no salir hasta mañana de aquí pero tu ausencia y mi presencia arruinaron sus planes. Su nombre es Tanya ¿te suena?
- ¿Estás celosa? –le preguntó sonriendo, pero ella frunció el seño.
- ¡Emmett! Claro que no. –se defendió cruzándose de brazos.
- Lástima. –se encogió de hombros y se rió. – A ella la conozco porque trabaja en el mismo edificio que yo y una vez vino a una reunión aquí, pero me parece de lo más extraño que se apareciera así nada más.
- Me pidió que la llamaras. –se encogió de hombros. – Por lo menos no es tan altanera como Victoria.
- ¿Segura que no estás celosa? –volvió a cuestionarla y se rió más.
- Vuelve a decir eso y m voy a fracturar a otra muñeca golpeándote. –le advirtió muy seriamente.
- Está bien, intentaré comportarme, pero no garantizo nada. –se volvió a reír y le despeinó un poco el cabello. – Rosalie, estaba pensando… me gustaría hacer algo, pero hoy me convencieron de que te preguntara primero. –suspiró resignado.
- ¿Quién te convenció?
- Edward.
- Recuérdame que le agradezca, porque con seguridad es una locura.
- Quiero buscar a Jasper. –le dijo esta vez un poco más serio y ella se sintió palidecer.
- No. No lo hagas, por favor.
- Rose, es tu hermano, tú lo extrañas… -trató de convencerla aunque sabía que era poco probable que lo lograra.
- Y si antes temía que me viera, ahora es peor. Mírame, Emmett, ve lo que soy…
- Eres una mujer maravillosa y hermosa que ha pasado por cosas difíciles y aquí estás, en pie, fuerte. –contestó él con sinceridad.
- No Emmett. Soy una niña que no ha hecho nada de su vida. Y si estoy en pie es por ti. No quiero que él me vea así y no está a discusión.
- Eres muy necia. –observó él sonriendo de nuevo.
- Gracias, lo tomaré como un cumplido.
Ambos se sonrieron y dejaron el tema atrás, tampoco volvieron a hablar de Tanya, esa noche sólo fueron ellos dos y el momento lleno de paz y felicidad que estaban viviendo.
CoNTiNuaRá...
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