I love the way you lie
Este es un fic con propósitos de entretenimiento, sin intención de infringir los derechos de los autores correspondientes.
Acotaciones:
&...&... Cambio de escena.
Para la última escena del cap... recomiendo escuchar Epifanía de La Oreja de Van Gogh, queda como anillo al dedo. XD
Poco más de un mes después las cosas estuvieron instaladas en una rutina más cómoda. Rose no había tenido noticias de Royce y las pesadillas ya no eran cada noche. Ahora podía moverse con mayor facilidad y casi sin dolor. Se volvió amiga de la mujer que iba a hacer el aseo y conversaban a ratos, ella era amable y le contaba historias de sus hijos y sus nietos, para Rose fue como conversar con la madre que le hubiese gustado tener.
En cierta forma la joven todavía tenía muchas cosas que resolver pues vivir así con Emmett para ella era un arreglo temporal, él le hacía un favor que ella trataba de retribuir con detalles como hacer la cena o tener su ropa lisa cada mañana, sabía que no sería suficiente nunca, pero sí lo más que podía hacer. Cuando se miraba en el espejo ya reconocía su rostro, no tenía casi ninguna huella del ataque de Royce pues aquellas heridas que dejarían cicatrices fueron arregladas por un excelente cirujano plástico, quien convirtió horrendas marcas en finas líneas apenas visibles que con el tiempo desaparecerían casi por completo.
- Buenos días. –la saludó él una mañana de sábado llegando a la cocina en pijama, donde ella terminaba de preparar el desayuno.
- Buenos días. –respondió y le sonrió. - ¿Llevas prisa? Casi está listo.
- No, estamos a tiempo.
- ¿Estamos? –cuestionó sirviendo jugo en dos vasos.
- Hoy tienes cita con el doctor y pienso preguntarle si estás en condiciones de caminar un rato ¿no te importaría acompañarme hoy a hacer algunas compras? –le preguntó levantando ambas cejas y sonriendo.
- Claro. –intentó sonar positiva, pero si era sincera consigo misma, no tenía nada de ganas de andar paseando, todavía la tristeza que colgaba sobre ella era profunda.
- Te prometo que te vas a divertir. –le dijo y le besó la frente, luego, la ayudó a llegar todo a la mesa.
Desayunaron entre conversaciones ligeras y luego fueron a visitar al médico encargado de su rehabilitación física, él le dijo que estaba casi en perfectas condiciones y era capaz de caminar todo lo que deseara siempre y cuando sus lesiones no dolieran. Eso le dio luz verde a Emmett para llevar a cabo su plan que con suerte, le levantaría el ánimo a Rosalie. La primera parada en el centro comercial fue una tienda de ropa casual para mujer.
- Elije lo que quieras.
- ¿Qué? No necesito nada más, Emmett. –sonrió avergonzada, él ya había hecho muchos gastos en ella como para además conseguirle más ropa.
- Rose, toda la ropa la he elegido yo, no es justo. Tienes que vestir como a ti te guste. –se encogió de hombros y la tomó de la mano llevándola entre las prendas.
- Emmett… ya me has dado suficiente. –se quejó.
- Rose. Sabes que eres importante para mí. Y que el dinero no es problema. Sólo quiero verte feliz.
- No necesito ropa para eso. – replicó tranquila con una sonrisa algo vacía y los ojos reflejando que aún se sentía perdida.
- Sé que necesitas más que ropa y maquillaje, pero eso te va a ayudar un poco. Vamos. No me hagas seguir eligiendo por ti. –intentó animarla.
- Emmett…
- Está bien. Pero tú lo pediste. –él volteó y muy cerca encontró una blusa de color fosforescente que no iba para anda con Rose, luego la extendió y se la puso enfrente. – Atente a las consecuencias.
- Ni se te ocurra. –le advirtió riéndose y quitándole la prenda para ponerla en su lugar.
- Entonces… escoge. –volvió a sonreiré con los hoyuelos marcados en las mejillas.
Rosalie suspiró y se hizo a la idea de dejar fluir las cosas. No deseaba que Emmett continuara mimándola así, pero tampoco deseaba darle problemas… además era muy consciente de que le decía la verdad, el dinero no era problema. Se pasaron ahí un rato, la joven tomó prendas y se las probó, siempre saliendo para que él las viera y poco a poco, con cada pieza fue sintiéndose mejor. Él le dio seguridad, ver el brillo en sus ojos y la aprobación en sus palabras la hicieron olvidarse de cosas que la asediaban constantemente y al final en su mente sólo estaba presente ese chico.
Cuando salieron de ahí fueron a otras dos tiendas de ropa y una de maquillaje para hacer lo mismo. Después, dejaron todas las bolsas en el auto y fueron a comer y tomar un descanso, pues aún sobraban planes y no deseaba que Rosalie se cansara muy pronto.
- ¿Y ésto? –preguntó Rose al ver que se detuvieron en una tienda de vestidos de fiesta.
- Pues… hoy hay una cena, son cosas de trabajo, hipocresía más que nada. –se encogió de hombros. – Pero tengo que ir y pensé que a mi mejor amiga no le molestaría mucho sacrificar su noche para acompañarme.
- ¿Tu mejor amiga? –lo cuestionó.
- ¿Dudas que lo seas? –hizo él lo mismo con expresión pícara.
- No es eso. –le sonrió y suspiró. – Es que no estoy segura de poder comportarme entre la gente a la que frecuentas. –admitió algo avergonzada.
- Sólo sé tú misma. Así eres perfecta. –se acercó para besarle la mejilla y sin otra palabra la llevó dentro.
Emmett tampoco se dio cuenta de la fuerza de sus palabras, de cómo ella no podía creer eso que le decía, pero que al mismo tiempo la esperanza de que en verdad lo pensara avivó en ella la calidez que él siempre provocó.
Rosalie no tuvo que buscar mucho, sólo miró un poco antes de encontrar el vestido perfecto y al señalárselo a Emmett, él también supo que era el indicado. Se lo probó y salió para que él la viera. Rose estaba esperando el mismo entusiasmo que antes, con la ropa casual, pero no lo hubo, él nada más se quedó mirándola, como si no estuviera ahí.
- Si no te gusta… puedo cambiarlo… -le sugirió pensando en que tal vez no le quedaba bien, aunque a ella le gustó mucho.
- No… es… es que… vaya… Rosalie… pareces un ángel. –al fin, al terminar de hablar, pudo salir un poco de su asombro y la sonrisa de niño se coló en su expresión al verla sonrojarse.
Rose creyó que después de comprar los zapatos para esa noche irían a casa para que ella tuviera tiempo de arreglarse, pero no fue exactamente así, él la condujo hasta un salón de belleza, donde entre varias chicas le hicieron conversación, le arreglaron el cabello y le pusieron maquillaje, además de hacerle manicure. Todo el tiempo que ella estuvo ahí Emmett la esperó paciente. Cuando terminaron con ella y regresó a encontrarlo él la observó con sonrisa ausente y ojos maravillados, como si viera la luz por primera vez en su vida.
- Estás preciosa. –le dijo tomándola de la mano.
- Gracias. –murmuró ella y también le sonrió.
Llegaron al departamento y él se cambió de ropa y se arregló un poco. Rosalie se puso el vestido y los zapatos para esa noche y se miró en el espejo, siempre supo que era bonita, muchas veces le dijeron lo hermosa que se veía… pero esa noche consideró que se veía mejor que nunca y eso fue bueno, sirvió para devolverle la confianza que con el paso de los años Royce le fue quitando.
- ¿Lista? –preguntó Emmett desde la puerta sin asomarse por temor a no encontrarla vestida.
- Lista. –tomó el bolso que también compró esa tarde y salió para encontrarlo.
Él se le quedó mirando nada más. La vio antes con el vestido puesto y con el maquillaje al salir del salón de belleza, pero ahora… era algo más, como si no se tratara de algo humano. Su cabello semi recogido dejaba caer varios rizos rubios sobre sus hombros descubiertos, el maquillaje le daba luz a su rostro y acentuaba sus facciones finas, el vestido de color beige, neutro, caía con gracia marcando su figura de manera discreta y encantadora.
- Si te dijera que te ves hermosa, te estaría mintiendo. Te ves más que eso… sobrenatural. –comentó él mientras se acercaba para tomarla de la mano.
- Gracias. –sonrió. – Espero no desentonar con el resto de las mujeres ahí… si hago algo mal, tienes que decírmelo.
- ¿No desentonar? –preguntó incrédulo mientras cruzaban la puerta de camino al elevador. – Claro que vas a desentonar, ninguna mujer ahí puede verse la mitad de bien que tú. Sólo sé tú misma.
La cena fue un evento justo como Rosalie lo sospechó, lleno de gente vestida de gala, una gran pisa de baile, orquesta… no era sólo una cena, sino más bien un baile… o eso sería para ella, quizás en el mundo de Emmett no resultaba nada espectacular. Llegaron a una mesa asignada y él la presentó como su amiga, ella sonrió y trató de dejar fluir las cosas. Aunque no fue fácil. De inmediato pudo sentir que atraía más miradas de las que hubiera deseado, las de los hombres que no dejaban de comérsela con los ojos y las de muchas mujeres que no resultaban nada amigables.
Ella tuvo paciencia y se mantuvo callada casi todo el tiempo, sólo cuando Emmett le hacía conversación o se veía obligada a dar su opinión, lo hacía. No era que se sintiera especialmente incómoda como pensó que sería, pero de todas formas no estaba del todo segura de cómo comportarse.
Ya avanzada la noche la pista de baile comenzó a llenarse un poco más y ella miraba a las parejas que iban y venían, sintió curiosidad de cómo se vería su vestido deslizándose… y como si Emmett pudiera leerle la mente se puso de pie y le extendió la mano.
- ¿Bailarías conmigo? –preguntó sonriendo con los hoyuelos marcados.
- Finalmente. –respondió ella en tono sarcástico y se dejó conducir hasta la pista, donde él la tomó por la cintura, ella correspondió rodeándole el cuello con ambas manos.
- ¿No estás muerta de aburrimiento?
- No. En realidad… ha sido una buena noche.
- ¿Aunque todos te miren?
- Estoy contigo, eso es lo que importa. Hiciste todo para que me sienta como una princesa. –le sonrió más amplio, riéndose un poco de lo extraño que sonaba eso.
- Es bueno saber eso. Sólo quiero que seas feliz. –Emmett se inclinó un poco y besó su frente.
Él sabía a la perfección que no deseaba hacer eso, que más bien daría todo por poder probar sus labios, pero o le haría eso. Nunca la dejaría pensar que él buscaba algo más que su bienestar, que darle todo lo que necesitara y deseara en el mundo, aunque cada vez le costara más trabajo guardarse sus sentimientos.
Tener a Rosalie viviendo con él todo ese tiempo había hecho muchos estragos en su vida. Ahora no sabía cómo fue todo antes de ella, estaba ya demasiado acostumbrado y feliz con su presencia y esa noche… le era casi imposible contenerse de abrazarla y besarla, de confesarle todo el torrente de emociones que se estaba guardando. Pero lo haría, porque la amaba.
Se quedaron un buen rato bailando, lo suficiente para que a Rosalie comenzara a molestarle el tobillo lastimado, ella no lo dijo porque disfrutaba mucho de estar así con Emmett, pero él lo notó en sus movimientos y le sugirió que regresaran a la mesa para tomar algo, ella accedió y emprendieron camino de vuelta con pasos tranquilos sin ver que justo un metro antes de su destino estaba una mujer de cabello rojo.
- Emmett y su pequeño proyecto de caridad. –la escucharon ambos hablar, fue hasta ese momento que notaron su presencia.
- Déjalo, Victoria. –le ordenó él reafirmando la mano de Rosalie en la suya.
- ¿Dije algo malo? ¿Es que no saben todos qué haces con ella? –con el tono alto de voz la mujer llamó la atención de varias personas alrededor.
- Victoria, no quiero ser grosero con una mujer, no me obligues. –le advirtió Emmett conteniéndose de decirle mucho más.
- Sólo dime una cosa. Tú te acuestas con la mesera y la paseas por estos lugares, pero… ¿ella ya dejó a su novio golpeador? ¿O le sigue sirviendo de costal? –al final una sonrisa de superioridad se dibujó en su rostro y todos los que observaban con atención vieron directamente a Rosalie, algunos murmullos se escucharon también.
- Claro, sólo soy una mesera y aún así, él me prefiere a mí que a ti. –le dijo Rosalie con una postura que a los ojos de los demás fue igual o más altanera que la de Victoria.
- Nadie pudo decirlo mejor, Rose. Ya vámonos. –Emmett rodeó a Victoria y Rose lo siguió, toda vía con su mano en la de él y al pasar tomó su bolso, más no le dedicó ni una última mirada a la otra mujer.
Cuando llegaron al exterior Emmett pidió su auto y miró a Rosalie, esperando por alguna reacción, ella de repente se estremeció y se abrazó a sí misma. El chico frunció el seño y reparó en el clima frío, entonces, hizo lo único que se le ocurrió. Le soltó la mano y se colocó detrás de ella para abrazarla mientras esperaban. Al principio Rose se sorprendió pero pronto entendió las intenciones de Emmett y se recargó un poco en él apoyando el rostro en su cuello.
- Gracias. –suspiró. – Y lo siento, debí comportarme mejor…
- ¿Comportarte mejor? Si lo hiciste perfecto. Estoy muy orgulloso de ti. Además, dijiste la verdad, eres mil veces más mujer que ella.
Antes de que Rosalie pudiera similar el cumplido o decir otra cosa, un chico llegó con el auto y Emmett le abrió la puerta para que entrara, después hizo lo mismo y emprendieron el camino de regreso, al principio lo hicieron en silencio pero después él continuó con la conversación.
- No sé qué estaba haciendo ahí, revisé la lista de invitados para asegurarme de que Victoria no asistiera…
- ¿Lo hiciste? –preguntó rose incrédula.
- No quería una escena, ella es especialista en esas cosas.
- Sí, pude notarlo. Lamento que haya dicho eso en frente de tus amigos… espero que no hablen mucho de ti por llevar a una mesera a la… cena. –al final suspiró y a él no le gustó lo que implicaban sus palabras.
- Que digan lo que quieran, Rose, cualquier cosa en lo que hayas trabajado no es de su incumbencia. De todas formas eres la persona más maravillosa que haya conocido.
- Me mimas demasiado, si sigues diciendo esas cosas, voy a terminar por creerlo. –dijo ella riendo, de nuevo más relajada después del incidente.
- Hazlo, por favor. –con cuidado Emmett alargó una mano para tomar la de ella que reposaba sobre su pierna y la tomó entrelazando sus dedos, intentando hacer que Rosalie se diera cuenta de que todo lo que le decía era verdad.
El resto del camino lo hicieron en silencio, tomados de la mano con el suave ruido del motor como música de fondo. Al llegar departamento Emmett se detuvo a observar a Rosalie una vez más, a disfrutar de su bella, esa que no sólo era física, sino espiritual… algo que lo fascinaba era ver el alma traslúcida reflejada en sus ojos.
- Gracias por esta noche, Emmett. Gracias por todo lo que has hecho por mí. –habló ella en voz baja con una sonrisa en los labios.
- No tienes que agradecerlo, sólo quiero que estés bien y seas feliz. –dijo él meditando por milésima vez la posibilidad de acercarse con intenciones de robarle un beso, pero igual que siempre, lo descartó casi de inmediato. – Señorita, imagino que estás cansada ¿me permitirías escoltarte hasta tu puerta? –le habló bromeando, haciendo una inclinación de galantería antigua.
- Sería un placer, señor. –ella le siguió el juego y después le extendió una mano, él la tomó y caminaron así hasta el dormitorio de Rose. Ahí él depositó un beso suave en su frente y se despidieron sin palabras, no eran necesarias.
&...&...
El lunes por la mañana él salió de su habitación casi listo para ir al trabajo, estaba arreglado, portando un traje gris y corbata de seda, ansioso por ir a desayunar… porque Rose cambió poco a poco y sin darse cuenta su rutina de cada mañana, ahora él se apresuraba para tener más tiempo de conversar con ella antes de salir.
- Buenos días. –a saludó sentándose a la mesa, donde ya tenía un plato servido, ella aún llevaba pijama y había comenzado a probar algo de fruta. Pero algo no era igual que siempre.
- Buenos días. –le correspondió sonriendo y pasó una hoja del periódico. – Robé una parte de tu diario, espero no te moleste. –se disculpó como cortesía, pues obviamente a él no le interesaba la sección de avisos clasificados.
- No hay problema. –aseguró sentándose e iniciando a comer. – ¿Buscas algo en especial?
- Un empleo. –respondió sin levantar la vista del papel.
- Rose… aún es muy pronto… -dijo mirándola fijamente, ella volteó para encontrarse con sus ojos.
- Si puedo pasarme el día comprando ropa e ir a una cena por la noche, puedo trabajar. –al final se rió un poco, pero fue fácil darse cuenta de que a él no terminaba de convencerlo la idea. – Emmett, tú has sido muy bueno conmigo, pero no voy a quedarme toda la vida siendo un parásito. Ya es hora de que haga algo por mí misma.
- Tú no eres un parásito. –le aseguró frunciendo el seño.- Y nadie está diciendo que tengas que irte en algún momento, puedes quedarte aquí toda la vida, si así lo deseas. –sus palabras salieron fluidas, no las meditó pero vio la reacción de su amiga, llena de desconcierto. – En realidad, estaba pensando en que volvieras a la escuela, más que a trabajar. –le sugirió por cambiar de tema.
- Me encantaría hacerlo. Cuando tenga un trabajo y sea independiente, Emmett, no a tus costillas. –respondió ella y de alguna forma dio por terminada la plática y volvió a mirar los anuncios. Se topó con uno donde quizás encajaría, era para una tienda de zapatos, ahí incluían los requisitos necesarios… y se dio cuenta de que no tenía nada. Suspiró.
- ¿Qué pasa? –quiso saber él, aún intentando idear la forma de hacerla desistir.
- Otra vez soy un fantasma. –se quejó y al ver que Emmett no entendía, rio un poco. – No tengo prueba de que existo. En donde quiera trabajar voy a necesitar mínimo una identificación…
- Rose, eso no es problema, de hecho, debí pensarlo antes. –se recriminó un poco pero igual le sonrió. – En unos días consigo un acta de nacimiento y puedes obtener la identificación con esta dirección.
- ¿Harías eso por mí? –lo cuestionó alegre.
- Haría lo que fuera por ti. –contestó en automático y ella fue para abrazarlo y besarle la mejilla.
- Gracias. –murmuró y volvió a sentarse en su lugar, ahora dejando el periódico de lado, no tenía sentido seguir buscando hasta que tuviera el cata y la identificación. – Eres raro, si no quieres que trabaje, deberías intentar detenerme, no facilitarme las cosas. –pensó en voz alta.
- Rose, eres una mujer adulta, aunque preferiría que te tomaras más tiempo, o que estudiaras en lugar de trabajar… es tu decisión. –le explicó algo que para él era muy obvio, pero que ella, de acuerdo a su experiencia con un hombre controlador, no entendía bien.
&...&...
Un par de semanas después Emmett ya le había entregado el acta y facilitado su domicilio para la identificación. Rosalie en cuanto los tuvo en las manos volvió a hojear un periódico y fue a entregar un par de solicitudes, no era nada grande, ella no estaba en posición a aspirar a más con su corta educación, sin embargo, esa noche cuando Emmett llegó a casa tenía una idea fresca que si ella aceptaba podría hacerlo muy feliz pues significaría tenerla más cerca.
- ¿Tuviste suerte con los empleos? –le preguntó mientras miraban juntos un rato la televisión después de cenar.
- Aún no. –suspiró. – Quizás mañana me vaya mejor.
- Es que hoy tuve una idea. Nos conviene a los dos. –le dijo buscando su mirada, de inmediato Rosalie hizo contacto. – Mi secretaria está embazada, en mes y medio se va de licencia de maternidad… y necesito alguien que vaya a capacitarse desde ahora. Es temporal y algo pesado, lo sé, pero si quisieras…
- Pero… si acepto, de todas formas el dinero que ganara, me lo estarías dando tú. –frunció el seño contrariada.
- De todas formas tengo que contratar a alguien por unos cuatro o cinco meses. –replicó él dándole a entender que de cualquier manera él iba a pagarle a alguien, quién mejor que ella.
- ¿Y si no puedo hacerlo? Sabes que… -se detuvo y suspiró de nuevo.- Emmett, ni siquiera terminé la preparatoria.
- Pero eres muy inteligente y vas a estar un mes capacitándote, en realidad, si deseas empezar pronto, podrías capacitarte más tiempo. Además, lo que más valoro en alguien que tiene acceso a todos mis documentos, es la confianza y no hay nadie en quien confíe más que en ti, Rose.
La joven se le quedó mirando, recapacitando más que en la oferta de trabajo, en las últimas palabras que le dijo… y se impresionó bastante. Obviamente la relación que ya tenían antes se fortaleció desde que vivían juntos, y eso incluía todo… su amistad, el placer de estar al lado del otro, se conocieron más… pero escuchar aquello la hizo cuestionarse por milésima vez qué era exactamente lo que sentía Emmett por ella… y también al revés.
- Puedo intentarlo unos días… para probarme… -dijo dubitativa cuando se percató de que el silencio entre ambos se alargó mucho.
- Muchas gracias, Rose. No te vas a arrepentir. –le dijo y se acercó para besarle la frente.
Después de eso se quedaron un rato más mirando la televisión, aunque ella ya no estaba concentrada en eso. En su mente sólo rondaban las mismas ideas e interrogantes… las dudas de qué estaba haciendo con su vida, cómo es que seguiría su camino… lo terriblemente doloroso que iba a resultar irse por su cuenta y dejar a Emmett cuando fuera momento.
&...&...
Las siguientes semanas se sumieron en una nueva rutina. Rosalie empezó a ir a la oficina con Emmett todos los días, se quedaba con la secretaria, una mujer inteligente y mordaz pero amable que le fue enseñando las partes básicas de lo que hacía. Algunas cosas fueron fáciles, como llevar la agenda y contestar el teléfono, pero a Rosalie le faltaba conocer a la gente que se pasaba por ahí, sin embargo, fue mejorando cada día.
Para Emmett tenerla a su lado todo el día hizo su trabajo mucho mejor. Él debía pasar muchas horas ahí y en los juzgados por eso el poder compartir con Rose algunos momentos fuera de desayunos y cenas fue muy bueno. Con cada sonrisa se enamoró más, cada palabra y todas las veces en las que simplemente la observó sin que se diera cuenta, fueron arraigándole más en lo profundo que ella era la mujer indicada para compartir su vida.
Sin embargo, tenía frente a sí un problema que nunca antes anticipó… no sabía cómo acercarse a ella. Con sus novias anteriores fue sencillo, él no tenía un mal físico y el dinero y la vida de sociedad atraían a las chicas sin que él tuviera que esforzarse mucho, además, las que suponían un reto eran fáciles de convencer con detalles típicos de caballería… pero Rosalie, no.
A ella la conocía demasiado bien, sabía de su pasado y eso lo alejaba porque no tenía nada claro. No sabía si ella a pesar de todo albergaba sentimientos por Royce, no podía descifrar cuándo se sentiría lista para tener otra relación. Y le daba mucho miedo asustarla. Entendía a perfección la situación en la que se encontraban, si ella malinterpretaba sus intenciones, si creía que intentaba ejercer presión para tener algo más… no, él no permitiría nunca que eso sucediera. Y por esa razón seguía conteniéndose. Se limitaba a besar su frente cuando deseaba su boca, contenía cada anhelo de atraerla hacia su cuerpo y le tomaba la mano, la llamaba bonita en lugar de maravillosa y no hacía comentarios cuando otros hombres le coqueteaban. Rosalie era un reto, el más grande al que se hubiera enfrentado.
- ¿Hora de ir a casa? –escuchó la voz de la joven y levantó la mirada de lo que estaba leyendo, ahí la encontró de pie en el marco de la puerta de su oficina.
- ¿Ya es hora? –preguntó y se estiró un poco, no se había dado cuenta de que ya era de noche.
- Hace dos horas era hora. Yo diría que es tarde. –le explicó sonriendo mientras avanzaba hacia él.
- ¿Dos horas? –miró el reloj y se dio cuenta de que Rosalie tenía razón, era muy tarde. – Lo siento, Rose, me perdí leyendo esto… es un caso complicado.
- No te disculpes, entiendo. Pero te ves cansado, deberíamos irnos para que comas y duermas algo. –llegó al escritorio y se sentó en una pequeña esquina que no estaba llena de papeles.
- No puedo irme. –suspiró cansado. - ¿Sabes conducir?
- Sí… -le respondió dudosa.
- Sé que no es muy digno de un caballero, debería llevarte, pero… no puedo. ¿Te molestaría conducir a casa?
- Definitivamente, no voy a llevarme tu auto. Además, no puedes quedarte toda la noche. –se cruzó de brazos dejando muy claro que no iba a ceder fácilmente.
- Sólo un par de horas más, Rose… no quiero hacer que te quedes aquí. Ve y descansa. –buscó en su bolsillo y sacó las llaves del auto con claras intenciones de dárselas.
- No Emmett. Me quedo contigo. –sonó firme y le sonrió.
- Rose, esto va a tomar horas aún… ¿y si te pido un taxi? Así puedes ir a descansar y yo llego más tarde, cuando pueda.
- Puedo irme en taxi. Pero sólo si me dejas tenerte la cena lista para cuando llegues. –ofreció y le extendió una mano como para sellar el trato.
- Hecho. –aceptó el gesto y tomó el teléfono para pedirle el taxi a Rosalie.
Después de que la joven se marchara él volvió a sumergirse en el trabajo. Le acababan de encargar un caso importante, una demanda contra un hotel multimillonario y su trabajo era encontrar los detalles legales para que no procediera, pero se veía muy difícil. Revisó muchos papeles, una y otra vez, tomó café, caminó a pasos lentos por toda la oficina y se sentó cuando estuvo cansado. Eran las tres de la mañana cuando volvió a mirar el reloj. Suspiró y se dio cuenta de que estaba tan cansado que su mente ya no trabajaba bien y así no tenía sentido quedarse. Tomó sus cosas y fue hasta su auto con pasos cansados y apesadumbrado porque sólo podría descansar unas horas. Condujo a casa con cuidado pues sus reflejos no estaban en las mejores condiciones. Llegó y saludó al portero, quien le devolvió el gesto, luego en el ascensor sintió que se iba quedando dormido, tanto así que lo sorprendió la campanilla al sonar en su piso. Entró al departamento y encontró las luces encendidas, le extrañó mucho pues lo lógico era que Rosalie estuviera dormida desde hacía horas, lo más que esperó fue encontrar la cena en el refrigerador. Pero no fue así.
Primero vio la mesa, puesta para dos, con todo intacto, ese gesto lo conmovió ¿es que ella no comió nada por esperarlo? Luego miró la sala y ahí la encontró, con la pijama puesta, dormida en uno de los sillones. Al instante sonrió y se acercó, era difícil creer que ella tuviera el detalle de esperarlo hasta tan altas horas. Dejó las cosas que llevaba botadas por ahí y se arrodilló al lado de la joven mujer, por unos instantes sólo la observó, con las facciones relajadas y la respiración lenta. Le acarició el cabello y repitió su nombre.
- Emmett… -contestó cuando estuvo despierta. – Lo siento, te estaba esperando y me quedé dormida. Vamos a cenar.
- Rose, pasan de las tres de la mañana ¿no prefieres seguir durmiendo? –le ofreció sin moverse, todavía se encontraban a muy poca distancia y estaba disfrutando de mirarla.
- ¿Tienes hambre? La verdad. –le demandó sonriendo.
- Sí, pero…
- Vamos a cenar entonces ¿me ayudas a levantarme? –le extendió ambas manos.
- Claro. –él la tomó y la haló un poco, con delicadeza. Fueron al comedor y Rosalie sirvió la cena, que por fortuna era ensalada, así que no tuvo que calentar nada. Iniciaron la velada en silencio. – Eres demasiado buena conmigo. –le dijo él de repente, pensando en lo diferente que era Rosalie de todas las chicas con las que tuvo alguna relación antes, cómo ninguna se tomaba la atención de esos detalles.
- Sólo es una cena. –se rió divertida pensando en que era casi ridículo que él creyera eso, si precisamente las circunstancias eran al revés.
- No tienes idea, Rosie. –él también se rió y continuaron cenando en paz.
Al final ambos estaban adormilados y dejaron los platos ahí mismo para dirigirse a sus habitaciones. Emmett la acompañó hasta su puerta y ahí se detuvieron, murmuró un "buenas noches" y dejó un beso en su frente, de esos que cada vez rogaban con más intensidad por ir a parar a los labios.
Rosalie entró y se fue directa a la cama, con el cosquilleo sobre su piel, con todas las emociones que Emmett despertaba en su interior. Cada cosa le resultaba novedad porque ella sólo conocía el amor de Jasper y el de Royce, y con Emmett era algo completamente diferente.
&...&...
- Es tarde, pero aún estamos a tiempo. –escuchó Rosalie la voz de Emmett llamarla de cerca y dejó los papeles que tenía en las manos para cuestionarlo, ella no sabía que tenían algún compromiso agendado para ese sábado. – Para el juego -le aclaró sonriendo y la joven notó que ya no iba vestido con su ropa de trabajo, sino con algo propio para hacer deporte. Y se veía aún más atractivo.
- ¿Qué juego? –le preguntó tratando de desviar sus ojos antes de que Emmett notara que se lo estaba comiendo con la mirada.
- Hoy hay juego con los chicos. ¿Quieres ir? –preguntó haciendo un puchero.
- Pareces un niño pequeño. Y me encantaría ir, pero tengo montones de papeles que arreglar. Ve tú… yo termino aquí y voy a casa a prepararte la cena. –le ofreció con una sonrisa tratando de calcular cuánto tardaría en dejar todo ordenado.
- Rose, vamos. El trabajo puede esperar. –le pidió.
- No vas a decir lo mismo cuando no tengas tus expedientes en orden. Ve y diviértete. –se acercó y con cuidado de no dejarse embriagar por su aroma, dejó un beso suave en su mejilla.
- Rosalie. No me obligues a llevarte por la fuerza. –Emmett la vio fingiendo seriedad y se cruzó de brazos, así se veía mucho más imponente con su gran tamaño.
- ¿Obligarme? ¿Y cómo harías eso? –lo cuestionó siguiéndole la corriente, intentando sacar de su mente todos los recuerdos de las muchas veces en que Royce la obligó a hacer cosas.
- Muy fácil.
Por un momento Rose pudo ver en los ojos del chico una chispa de advertencia, luego, él se encogió de hombros y descruzó los brazos avanzando hacia ella. Se le acercó y la rodeó, luego con infinita facilidad la levantó en brazos como su fuera una niña.
- ¡Emmett! ¡Bájame! –le exigió conteniendo apenas su sorpresa y su miedo. Él no la estaba lastimando, jamás lo haría, pero aún así… fue difícil.
- No, Rosie. Tenemos otro compromiso. –se rió y con ese gesto se le marcaron los hoyuelos de niño.
- Yo tengo trabajo que hacer.
- Puede esperar. –reafirmó más su agarre y la llevó hasta el ascensor, el cual estaba muy cerca y no les hizo larga la espera, cuando entraron él pensó que tenía ganada la batalla. – ¿Si te bajo vas a intentar huir?
- En cuanto me bajes, voy a regresar a la oficina. –dijo muy obstinada.
- Bien. Puedo conducir contigo en las piernas. –le aseguró muy convencido de que no llegaría a tanto, pero en caso de ser necesario, lo intentaría.
- ¿Qué? Por supuesto que no. –ordenó asustada, conociéndolo lo suficiente para saber que era muy capaz de hacerlo.
- Pues no intentes escapar y todos felices. –le ofreció esa opción muy tranquilo.
- No tienes remedio. –se quejó y se cruzó de brazos resignada a que dejaría el trabajo pendiente para acompañarlo a su juego y muy convencida de que prefería mil veces quedarse a su lado que entre papeles.
No les tomó mucho tiempo llegar a las canchas donde el juego ya había empezado, Emmett se despidió de ella con un beso rápido en la mejilla y se incorporó de inmediato. Rosalie se sentó en el pasto, algo alejada de los demás espectadores y se dedicó a contemplarlo. Vio cada movimiento que hacía, cómo a pesar de su gran tamaño era ágil y veloz. Lo miró y pensó en el contraste del gran abogado, el hombre dulce y el niño revoltoso, él era como un camaleón que se disfrazaba con su entorno, pero al mismo tiempo conservando su esencia. Siempre era él, todo el tiempo en sus ojos encontraba el mismo espíritu joven y libre, ese que la impulsaba cada día a ser mejor y olvidar el pasado.
&...&...
Esa noche de viernes Emmett y Rosalie iban llegando a casa luego de ir a cenar juntos. Fue una velada como tantas otras que compartieron en los meses anteriores, se divirtieron, se miraron a los ojos y sonrieron. Y ambos se empeñaron en seguir callando todo lo que sentían por el otro.
- Estoy muerta. –dijo ella deseando nada más que quitarse los tacones y entrar en la cama.
- Pero valió la pena. –aseguró él y le sonrió con los hoyuelos marcados. - ¿Mañana a levantarnos tarde? –preguntó sabiendo que Rose desearía eso, y la verdad él también.
- Tengo que madrugar. –suspiró y desvió la mirada, luego se sentó en el sofá para quitarse los zapatos.
- ¿Por qué? –frunció el seño extrañado.
- Voy a robar tu periódico y a buscar en los anuncios clasificados. –le confesó sintiendo ya la pena que la asediaba desde que se dio cuenta de que sus días juntos estaban contados.
Esos meses en los que trabajaron en la misa oficina y compartieron las mismas paredes en casa fueron los mejores en la vida de Rosalie, jamás lo cuestionaría, pero la secretaria de Emmett ya había vuelto de su licencia de maternidad y a ella le quedaba nada más una semana más a su lado para ponerla al corriente. Después, sería momento de ser independiente por primera vez en su vida.
- ¿Quieres buscar otro trabajo? –cuestionó lo que ya temía, tanto, que hasta tenía pensado en buscar la forma de darle otro empleo a su lado. No estaba preparado para no verla todo el día.
- Sí. Y un departamento, también. –confesó en voz baja y mirando sus pies, incapaz de confirmar la expresión de desconcierto que tendría Emmett.
- ¿Ya no quieres estar aquí? –inquirió yendo a sentarse a su lado, herido por las intenciones de la joven.
- Claro que quiero. –afirmó con sinceridad, sintiéndolo muy cerca, pero sin reunir todavía el valor para enfrentarse a sus ojos. – Pero tengo que ser independiente, no puedo quedarme viviendo a expensas tuyas para siempre.
- Rose… -murmuró y con un gesto suave la tomó de la barbilla para que despegara la vista del suelo. – Rose, no. No pienses así… no es así. Yo soy feliz contigo.
- ¿En verdad? –cuestionó incrédula.
- Más feliz de lo que nunca he sido. –le afirmó acariciando su mejilla y vio sus ojos llenarse de lágrimas.
- También soy feliz contigo. –susurró sintiendo sus ojos llenarse de lágrimas mezcla de felicidad y tristeza. – "Como si tuviera en mis manos las llaves de la dicha y un incierto destino desdichado" –repitió una línea del que era su poema favorito, no lo pensó antes, pero era así como se sentía. A su lado todo era bueno, no había nada más que deseara en el mundo que quedarse así para siempre, pero tenía que darle libertad, regresarle aunque fuera sólo un poco de lo mucho que él le dio.
- Rosalie… -le habló en voz baja deseando decirle todo al mismo tiempo.
- Tiene que ser así. –afirmó ella sintiendo un nudo formarse en su garganta. Involuntariamente suspiró.
Emmett quería expresarle cada emoción en su interior, lo mucho que la amaba, que ella era el mundo entero para él… que no podía perderla porque su vida ya nunca sería la misma. Sin ella sólo tendría vacío. Quería más que nada confesarle la verdad… pero no encontró las palabras, no pudo. Entonces, como su mente no reaccionó como debería, dejó que su cuerpo lo hiciera y lentamente se acercó buscando sus labios.
Fue un movimiento lento, le dejó tiempo para que lo rechazara, para que si no lo deseaba simplemente interrumpiera el momento y todo terminaría ahí. Pero Rosalie no lo hizo. Ella entendió sus intenciones y se paralizó. No es que no quisiera que la besara, en realidad, desde hacía mucho que sus labios le exigían eso y más… pero en ese instante sólo se quedó helada y fue el tibio contacto de ese beso lo que la trajo de vuelta a la realidad. Así pudo pasar ambas manos por el cuello de Emmett y enredarlas en sus rizos mientras le correspondía el beso, extasiada de felicidad.
Sus labios dulces jugaron a conocerse, a reconocerse como dos almas viejas reencontrándose tras vidas enteras de separación. Amor, eso fue todo. No existían preguntas, las respuestas estaban ahí. No les faltaron palabras, todo fue una confesión silenciosa, una revelación y nada más. Se amaban.
Emmett paseó sus manos por la cintura femenina y la acercó más a su cuerpo, después, dejó un camino de besos hacia su oído y la sintió estremecerse mientras le acariciaba la espalda con suaves movimientos. Deseaba sentir su piel despertando con cada contacto, la ropa le estorbaba y quemaba como fuego... lo dudó por un segundo, si ella se sentiría igual, pero no tuvo que pasar mucho para sentir la electricidad entre ambos.
Rosalie no pensó nada en esos momentos, sólo sintió los labios del hombre que amaba, sus manos fuertes siendo delicadas, su aliento cálido muy cerca y todo su cuerpo empezó a consumirlo el deseo. No se dio cuenta cuando murmuró su nombre como una súplica, sólo fue consciente cuando sus manos buscaron los botones de la camisa y comenzaron a abrirlos, uno a uno, con lentitud, disfrutando de cada momento y de la dulce espera.
Emmett paseó sus labios y sus manos por el cuerpo de la joven mujer, siempre cuidadoso, siempre consumido por la pasión. Le acarició ambas piernas y fue subiendo su vestido ligero hasta sacarlo por completo, a su paso la piel desnuda lo invitó a probarla y plantó más besos de los que pudiera llegar a contar. Lentamente la recostó en el sofá y se liberó de la camisa que Rose desabotonó, se puso encima de ella, sólo un poco, lo suficiente para sentirse mutuamente, y entonces la vio a los ojos perdiéndose en su mirada y su sonrisa.
Las manos de Rosalie recorrieron el pecho desnudo de Emmett, sintiendo cada músculo marcado y su corazón latiendo de prisa, levantó un poco la espalda y él lo entendió como la señal para desabrocharle la ropa interior, lo hizo y se la quitó. Rose supuso que debería cohibirse un poco, pero no. Estar así con él, revelarle su cuerpo como lo hizo con su alma fue nada más que el paso natural a seguir. Fueron amigos, pero ya no más, ahora eran amantes… consumidos por el deseo de todo el amor que sentían.
Emmett halagó su belleza sin darse cuenta y volvió a pasear sus labios por cada centímetro de piel descubierta, también le facilitó quitarle el cinturón y desabrocharle los pantalones, los cuales salieron sobrando muy pronto y terminaron tirados en el suelo, en el olvido. Él cambió algo su posición e inmiscuyó las yemas de sus dedos en la única prenda que permanecía aún sobre el cuerpo de Rose, ella exclamó silenciosa de puro placer y lo dejó hacer. Le permitió y lo invitó a adentrarse sólo un poco en su interior, a conocer su calor y darle placer.
La joven mujer se perdió en la caricia un tiempo interminable, hasta que deseó que no fueran sólo sus dedos los que la reconocieran así y lo incitó para que se acercara de nuevo a sus labios, así, pudo ayudarle a quitarse los bóxers y, por fin… tenerlo desnudo ante sí. Quiso mirarlo y deleitarse, descubrir entero el cuerpo de ese hombre al que pertenecía y que le pertenecía… pero no pudo. La pasión devastadora que los consumía no dejó de reclamarlos hasta que unieron sus cuerpos en un solo ser.
Él se adentró con cuidado, sin prisa, así inició el vaivén mientras besaba los labios rosas que tanto lo llamaban. Sus alientos se mezclaron y sus exclamaciones se fundieron tanto como ellos mismos.
Cuando sus cuerpos rozaron el clímax fue como si sus almas se transformaran irremediablemente, ya no dos, sino uno. Por siempre y para siempre se amarían.
CoNTiNuaRá...
Hello! Espero que les haya gustado! Por fin algo de romance... como dije al principio, si pueden escuchen Epifanía de La Oreja de Van Gogh, me parece perfecta para esta última escena. Nos leemos la próxima semana y mil gracias por todo su apoyo. Si tienen un momento dejen un comentario... cómo quedó la última escena? Grax! Se cuidan mucho!
