I love the way you lie


Este es un fic con propósitos de entretenimiento, sin intención de infringir los derechos de los autores correspondientes.


Acotaciones:

&...&... Cambio de escena.


Rosalie abrió los ojos y sintió la luz cálida del sol colándose entre las cortinas, además estaba Emmett recostado a su lado envolviéndola en un abrazo. Por un momento pensó que era una mañana común, pues las noches en que ella tenía pesadillas él iba y se quedaba ahí ahuyentando los malos sueños, pero esta vez era diferente porque la noche anterior no fue como las demás y esta mañana ninguno de los dos llevaba ropa.

Se quedó quieta unos minutos recordando cómo se dieron las cosas, la forma en que ninguno lo planeó pero la total perfección en que sucedió. No se dijeron palabras de amor, pero no fue necesario, ella lo conocía y era capaz de interpretar sus miradas a la perfección, supo que la amaba tanto como ella a él y entonces, su perspectiva era diferente porque unas horas atrás se enfrentaba al vacío de que pronto ya no estaría a su lado pero ahora… era más de ella que nunca antes.

También pensó en las caricias y los besos, en cómo él era un hombre dulce al hacer el amor, tierno y cuidadoso como nunca llegó a imaginarlo. De repente se estremeció un poco con los recuerdos y el leve movimiento despertó a Emmett, que la atrajo más hacia su cuerpo y le besó el cabello.

- Buenos días. –murmuró él con voz ronca y Rosalie se giró para mirarlo de frente.

- Buenos días. –respondió sonriendo, él aún tenía los ojos cerrados y se preguntó si al igual que ella estaría pensando en la noche anterior y nada más.

- ¿Cómo dormiste? –le dijo abriendo los ojos y sonriendo al toparse con los de ella.

- De maravilla. –contestó y se rió.

- Yo también. Pero… tenemos un problema. –sonrió con los húyelos marcándose.

- ¿Qué problema?

- ¿No lo ves, Rose? No es una situación fácil. –de repente él se puso serio y ella sintió escalofríos ¿es que no sería todo felicidad? ¿Lo entendió mal? ¿No la amaba como ella a él?

- Es… -murmuró ella incapaz de pronunciar nada más.

- No sé qué prefiero, si tomar una ducha o desayunar. ¿Qué opinas tú? ¿Desayunamos? –habló recobrando la sonrisa y Rosalie quiso golpearlo por sacarle semejante susto. – Ya, lo decidí. Mañana tú eliges, pero ahora… preferiría tomar el desayuno en la cama.

Antes de que la joven pudiera procesar sus palabras se acercó a su cuello y comenzó a besarla, despacio, tomándose su tiempo y despertándole la piel a cada centímetro. Bajó lentamente y recorrió su cuerpo, demorándose más en su abdomen y, después, aún más abajo, donde encontró su objetivo y Rosalie se estremeció asaltada por las sensaciones más intensas que hubiera podido imaginar. Así dieron inicio al primer día que pasarían juntos, amándose en lo físico tanto como en lo emocional.

&...&...

- Sería bueno que durmiéramos. –le dijo Rosalie el domingo por la noche, llevaban todo el fin de semana aislados del mundo, descubriendo su amor.

- Estoy pensando en faltar mañana a trabajar. –confesó él que no podía imaginarse estar lejos de ella al día siguiente, aún no se había llenado de su cuerpo y de su aroma.

- Pero aún tengo una semana ahí, podremos vernos todo el día.

- Pero hay cosas que no podemos hacer en la oficina. –la miró inquisidor, levantando una ceja y recorriendo su cuerpo en la mirada, ella no iba desnuda pero sólo llevaba ropa interior y una blusa corta y algo transparente.

- Compórtate. –lo regañó jugando. – Además, deberíamos aprovechar esa semana, es la última. –se encogió de hombros relajada pero él se tensó un poco.

- Rose, creo que tenemos que hablar eso.

- No hay mucho que hablar, tú ya tienes una secretaria, ella está lista para volver.

- Bien, no puedo discutir eso, pero prométeme que no te vas a mudar, por favor. –le pidió casi como una súplica, sin saber qué tan decidida estaba ella de irse.

- No importa cuánto trabaje, nunca voy a poder ayudarte con los gastos de este departamento. –dijo advirtiéndole, deseando tener todo claro y sin nada de ganas de vivir en otro lado.

- Eso no importa, lo sabes. De hecho, estaba pensando… ya que no tienes nada de qué preocuparte… regresa a la escuela.

- ¿Con los adolescentes de 17 años? –cuestionó considerando la propuesta, pero sin sentirse lista para ello.

- No necesariamente. Lo estuve investigando. Hay un examen, sólo tienes que pasarlo y es como si hubieras tomado las clases, obtienes el diploma.

- ¿Lo investigaste?

- Eres muy inteligente. –replicó riendo y encogiéndose de hombros. – Creo que puedes ir a la universidad si lo deseas.

- Espera. –se rió y dejó su silla para acomodarse en las piernas de él, luego tomó un bocado de su plato y se lo pasó con los labios. - No nos adelantemos, primero tengo que terminar la semana que me queda en tu oficina, después pasar el examen. Una vez que tenga eso, veremos. –le aclaró con calma y él sonrió y le besó los labios encantado como por un hechizo, por ella y cada una de las cosas que era.

&...&...

Rosalie estaba terminando de quitar algunas cosas personales del que fue su escritorio temporalmente, se sentía algo melancólica porque ya no podría pasar los días enteros con Emmett, además se enfrentaría pronto a un examen difícil y eso le causaba algo de ansiedad.

- ¿En verdad no te vas a quedar aquí trabajando? –preguntó de repente la secretaria de Emmett, algo consternada.

- No. –respondió Rosalie extrañada por la pregunta ¿es que pensaba que Emmett iba a despedirla para que ella se quedara con su puesto?

- Es que… lo has hecho muy bien y tú y él… pues… -de repente la mujer no supo cómo continuar y sólo sonrió.

- Sí, bueno, eso es cierto. Pero por nada del mundo él haría una cosa así. Además, eres mucho mejor que yo en esto.

La otra mujer iba a replicar algo pero en ese momento salió del ascensor un hombre, era joven, alto y apuesto, con cabello castaño claro y ojos enigmáticos. Rosalie nunca antes lo había visto, pero de seguro era un cliente frecuente pues se dirigió hasta ellas con mucha naturalidad.

- Hola, damas. Lamento presentarme sin una cita, pero es un imponderable. –les habló a las dos, mirándolas de manera alternada.

- Voy a informarle al abogado que está aquí, señor. Con permiso. –se excusó la secretaria de Emmett y fue directa hacia la puerta, llamó y luego, entró.

A Rosalie le pareció extraño que no usara el teléfono, pero ella tendría sus razones. Cuando estuvo a solas con el visitante le sonrió y notó cómo él la recorría con la mirada y luego le devolvía el gesto. Un coqueto, acostumbrado a que las mujeres se fijaran en él, eso lo supo de inmediato.

- No te conozco.

- Estoy de visita. –dijo ella con confianza, no necesitaba dar más explicaciones.

- ¿Contratando al abogado también? Me cuesta trabajo que alguien busque tener problemas contigo.

- Nadie tiene problemas conmigo. –le replicó encogiéndose de hombros y él avanzó unos pasos para quedar a poca distancia.

- Sí, más bien deben besar el suelo donde pisas. –él se rió y ella no estuvo segura de cómo reaccionar, ese hombre dejaba de gustarle más a cada instante. – Deberíamos salir a cenar hoy. –le dijo directamente.

- ¿Ni siquiera preguntas si estoy casada o tengo novio? –contestó impresionada ¿es que de verdad todas caían así de fácil a sus pies?

- No me molesta compartir y no te estoy pidiendo más que un rato. Además, eres joven y lo suficientemente hermosa para tener a muchos hombres a tus pies, de seguro sabes elegir. –le guiñó un ojo y le tomó la mano para besarle el dorso, Rosalie no tuvo tiempo de reaccionar cuando Emmett y su secretaria salieron de la oficina él llevaba el seño fruncido.

- ¿Interrumpo? –cuestionó el abogado con tono sarcástico.

Rosalie se quedó de piedra. Fue como si toda su sangre se convirtiera en hielo ¿es que Emmett estaba enojado? Tan acostumbrada a las reacciones de Royce casi tuvo miedo de que ese hombre que ahora amaba se transformara en un monstruo de repente.

- En lo absoluto, la señorita y yo podemos seguir con esto durante la cena. Ahora los negocios son primero. –el extraño le soltó la mano y entró a la oficina de Emmett, seguido por él.

Rose quiso ver sus ojos por última vez para descifrarlos y hasta pensó en preguntarle algo a la otra mujer, pero sólo atinó a responder el teléfono que sonaba en ese momento y sumergirse en cosas del trabajo, no deseaba darle importancia a la escena. El tiempo se le pasó lento por más que trató de distraerse, de calmar sus nervios y de olvidarse de aquello, sólo era una tontería, o eso deseaba creer.

Poco más de hora y media después el hombre salió y se marchó sin mirar a ninguna de las dos mujeres, no cerró la puerta tras de sí y Rosalie aprovechó para entrar y tener privacidad, lo que tuviera que suceder, lo enfrentaría en ese momento.

- ¿Emmett? –preguntó acercándose, él le deba la espalda, estaba sentado en la silla detrás de su escritorio.

- Espera. –le ordenó en un tono tan brusco como nunca usó antes y ella se paralizó. – Lo siento. –siguió hablando él casi de inmediato. – No debí hablarte así. –suspiró y se giró para verla, después se puso de pie y se acercó. – Perdóname, Rose. –volvió a pedir cuando notó que ella estaba paralizada.

- Estás enojado. –murmuró ella apenas, constatando un hecho.

- Mucho, pero eso no me da derecho a desquitarme contigo. Es sólo que ese tipo me cae mal, siempre ha sido así. De hecho, si no fuera porque es malo para mi reputación, hace mucho que le hubiera partido la cara y hoy estuve a punto de hacerlo. No me agrada cómo te faltó al respeto.

- ¿Él me faltó al respeto? –repitió ella sin dar mucho crédito de lo que estaba sucediendo.

- Entró aquí alardeando de que saldría contigo esta noche y lo mucho que lo deseabas. –bufó Emmett. – Es un imbécil, cree que es demasiado bueno para cualquier mujer. Si sólo supiera la basura que es.

- Entonces… estás enojado con él y no conmigo. –sacó ella la conclusión apenas entendiéndolo.

- ¿Y por qué tendría que estar enojado contigo? –preguntó entre incrédulo y divertido.

- No… no lo sé. –se encogió de hombros apenas asimilando la diferencia entre sus experiencias pasadas y ésta. Ella antes se cuestionó muchas veces por qué Royce se enfurecía por las cosas más pequeñas, cuando ella ni siquiera mostraba interés por otros hombres… y ahora, Emmett entendía eso sin que ella tuviera que explicarlo.

- Buena respuesta, ya lo entendí. –él le habló en tono sarcástico y se rió. – Lo lamento, Rosie. No debí hablarte así cuando entraste ¿puedo invitarte a cenar para compensarte?

- Quizás otro día, hoy ya tengo lista la cena en casa. La dejé preparada. –le sonrió y se acercó para murmurarle en el oído. – Y pensaba que cenáramos en la habitación…

Emmett sintió un escalofrío recorrerlo cuando el aliento cálido de la joven mujer chocó contra su piel, además al imaginar lo que ella podía tener planeado de inmediato tuvo deseos de tenerla más cerca y todos sus problemas desaparecieron de repente. Ella era la cura para todo en su vida.

&...&...

Cuando el sol se metió por el horizonte Rosalie terminó de acomodar las cosas sobre la mesa y encendió las velas, Emmett de seguro estaba por llegar. Ella lo esperaba con ansias, hacía diez días que no se veían, él había tenido que viajar por asuntos de negocios y ella lo extrañaba demasiado. Era la segunda vez que se separaron desde que vivían juntos y la primera fue muy diferente pues sucedió muy al inicio cuando no lo amaba con la misma intensidad y las heridas de su cuerpo le reclamaban más atención, así como las pesadillas sobre Royce. Ahora, sólo sentía su ausencia. Hablaron cada noche por teléfono, pero no era lo mismo.

Así que ahí estaba, enfundada en un vestido nuevo, negro, corto y muy seductor, con su cabello suelto y un maquillaje de noche, además se esmeró en preparar una cena especial, aunque dudaba ser capaz de detener sus besos para comer, si sólo deseaba sentirlo con ella.

Escuchó pasos afuera del departamento y luego la puerta abrirse, fue y se puso justo enfrente, a un par de metros de distancia y sonrió como nunca al verlo entrar. Él iba aún con pantalón de vestir negro y camisa del mismo color, se veía apuesto como nunca antes. El chico dejó la maleta y cerró la puerta sin prestar atención a nada que no fuera ella, la vio y se le quedó mirando boquiabierto, como si ante él estuviera el ángel más bello del cielo.

No les hicieron falta las palabras, sólo terminaron la distancia entre sus cuerpos y se besaron, él la rodeó por la cintura y ella entrelazó sus dedos en los rizo de su nuca, acariciándolo con suavidad mientras sus labios se reencontraban. Fue un beso desesperado y cargado de pasión desde el principio que muy pronto consiguió robarles el aliento y sumergirlos en una espiral de pasión desatada.

Rosalie tuvo razón y no fue capaz de interrumpir el momento para ofrecerle de cenar, sólo dejó que todo fluyera, su deseo y su desesperación y así coordinados en un mismo pensamiento recorrieron el corto camino hasta el sofá, donde el tiempo parecía apurarlos y no les permitió tomarse las cosas con calma. Ella muy pronto dejó sus labios para recorrer el cuello masculino y dejar que sus manos vagaran por el cinturón para desabrocharlo, él le correspondió buscando el borde de su vestido y subiéndolo un poco, sólo lo necesario para tocar la pieza de lencería que lleva puesta y sacársela con la misma prisa.

De esa forma se amaron, se reencontraron luego de una separación corta y eterna, expresándose de manera instintiva lo mucho que se amaban y se necesitaban. Nada más unos minutos después, y aún con la mitad de las ropas puestas, consumaron su acto con las respiraciones agitadas y un dulce beso en los labios.

- Te extrañé. –le murmuró Rosalie después, recuperando el aliento, rendida entre sus brazos.

- También te extrañé. Demasiado. –se rió y le besó el cabello. – Pero si me vas a recibir así siempre, tendré que irme más seguido. –bromeó reafirmando su abrazo.

- Si apenas estamos comenzando. –aseguró y con mucha renuencia se puso de pie, ahora sí, tenían una cena esperándolos.

Rosalie al levantarse se acomodó bien el vestido para que la cubriera pero tuvo cuidado de no ponerse más la ropa interior y, sobre todo, de hacer que él lo notara. Así lo tendría pensando en eso el resto de la velada. Emmett la vio y se quedó quieto dudando entre seguirla y ver qué más tenía preparado o sólo levantarla en brazos y llevarla a la alcoba, al final decidió que tenían toda la noche y podía esperar un poco, así que para seguirle la corriente él se quedó con la camisa que aún llevaba puesta y se colocó los bóxers, nada más.

- Cuando llegaste las velas no estaban derretidas. –le avisó Rosalie mientras contemplaba la mesa para dos.

- Supongo que nos distrajimos un rato. –se excusó él abrazándola por la espalda. – Es hermoso, casi tanto como tú. –murmuró y le besó el oído. – Muchas gracias.

- Sigue haciendo eso y nunca vamos a llegar a la mesa. –replicó ella y se separó. – Te sirvo, siéntate. –pidió y él obedeció.

Así cenaron con calma, entre miradas coquetas y sonrisas cautivadoras. Ella le contó de lo que estuvo estudiando esos días y él le dio algunos detalles del viaje, que había salido bastante bien y resultado fue una generosa cantidad de dinero.

- ¿En qué piensas? –cuestionó Rosalie cuando se quedaron en silencio un par de minutos, ya al ir terminando.

- En lo que hay debajo de tu vestido. –contestó él muy sincero.

- ¿Mi ropa interior? –alzó una ceja y sonrió.

- ¿A quién tratas de engañar? ¿Crees que no me di cuenta?

- No sé de qué estás hablando. –replicó cruzando las piernas.

- Si gustas, podemos ir a la alcoba y te lo demuestro, aunque si prefieres que sea aquí mismo… -al final deslizó sus dedos por una de sus piernas y sintió su piel erizarse, Rosalie cerró los ojos de manera instintiva y tuvo que reprimirse para no terminar por saltarse el postre que tenía preparado en la nevera.

- Sigo sin saber a qué te refieres. –replicó cuando pudo tomar algo de control sobre sus emociones. Con cuidado le quitó la mano y se puso de pie. – Aun falta el postre, podríamos terminar de cenar aquí, pero me parece más apropiada la habitación.

- Te sigo. –habló él poniéndose de pie y ella notó su evidente excitación.

- Paciencia.

Suspiró en un vano intento por no sonrojarse y fue hasta el refrigerador, después regresó con un tazón pequeño que contenía pudín de chocolate frío con rebanadas de fresa, sencillo pero muy tentador. Ella tenía planes muy claros para lo que seguía y se dio cuenta de que él lo supuso, a juzgar por su mirada inquisidora, pero decidió ignorarlo y simplemente emprendió camino hacia su destino.

Emmett, como lo prometió, fue justo detrás de ella y en el camino se quitó la camisa y la dejó botada por ahí, además, intentó armarse de paciencia, pues a cada instante le era más difícil no dejar que todo lo que sentía tomara el control de sus acciones.

Y de esa forma siguieron la noche, despiertos, jugando, amándose, recuperando el tiempo perdido durante esos días eternos en que no se tuvieron cerca. Ahora no necesitaban nada más, pues al estar al lado del otro, nada les faltaba.

&...&...

Dos semanas después Rosalie presentó el examen para obtener el diploma de preparatoria, estuvo nerviosa, pero Emmett dio con ella cada paso, la llevó hasta el lugar donde lo aplicaría y esperó paciente por ella, listo para recibirla con un ramo de flores y todo un itinerario para hacerla olvidarse del estrés.

Se pasaron el día de un lugar a otro, hasta regresar a casa por la noche, ambos cansados pero contentos como siempre, felices con sus vidas que marchaban a la perfección. Justo al cerrar la puerta Rose se quitó los zapatos de tacón y se recargó en la pared, un bostezo escapó de sus labios.

- Ve y ponte cómoda, te alcanzo enseguida. –Emmett le besó los labios de manera fugaz y fue a la cocina.

Ella caminó medio dormida hasta su habitación y se quitó la ropa, en ese momento la pijama de seda se sintió suave y tersa entre sus manos y deseó nada más que cambiarse y dormir, pero una mejor idea surgió en su mente y fue hacia el jacuzzi y lo puso a llenar, luego, sólo se recostó dentro mientras el agua caliente iba subiendo de nivel lentamente.

Emmett llegó unos minutos más tarde y se extrañó de no verla ya en la cama, quizás hasta dormida, siguió el sonido y la encontró desnuda y relajada, sonrió y puso en el borde las copas y la botella de vino que llevaba, luego se quitó la ropa con calma ante la mirada tranquila y coqueta de su pareja. Cuando estuvo desnudo sirvió la bebida y se metió con ella, el agua aún no estaba a un nivel suficiente, pero la temperatura perfecta lo hizo sentirse aún mejor, si es que era posible.

- Gracias por el día de hoy. –habló Rosalie recibiendo su copa y dando un sorbo.

- No me lo agradezcas. Sólo fue un paso más. ¿Ya sabes qué vas a hacer cuando tengas el diploma?

- No. –suspiró. – Aún no estoy segura.

- ¿La universidad? –cuestionó él dejando su copa y tomando uno de los finos pies de Rosalie para darle masaje lentamente.

- No creo. Demasiado costosa y complicada, dudo que sea para mí.

- No me mal interpretes, la verdad no quiero tener que preocuparme por estudiantes más apuestos y jóvenes que yo, ni por profesores intelectuales y experimentados. –se rió con los hoyuelos marcándose mientras sus manos continuaron trabajando. – De verdad, estaría mucho más tranquilo si decides no ir y evitarme toda esa competencia. Pero sabes que el dinero no es problema y eres muy inteligente, puedes hacer lo que sea.

- ¿Competencia? Como si cualquiera de ellos pudiera siquiera comprarse a ti. –respondió sincera y Emmett muy a pesar de su basta confianza sintió sus mejillas teñirse un poco de rojo. – Además, tú estás en constante contacto con mujeres exitosas y hermosas, como Victoria o Tanya, y ya estoy acostumbrada, terminarías por habituarte. Pero ese no es el punto.

- Si el que me ponga celoso no es el punto ¿entonces cuál es? –bromeó tomando el otro pie de Rose para masajearlo igual.

- El punto es que no sé qué quiero. Estaba considerando más bien algún curso… algo que involucre mecánica… electrónica… algo así. –Emmett se quedó quieto y la miró como si le hubieran salido antenas de repente, Rose sólo comenzó a reírse, quizás aún tenía un par de sorpresas para él. – Soy buena arreglando cosas, por ejemplo cuando te fuiste de viaje reparé tu auto. –le guiñó un ojo y tomó su copa para dar otro sorbo.

- ¿Fuiste tú? –inquirió incrédulo, él recordaba que su automóvil tenía una especie de ruido extraño antes de irse y que había desaparecido cuando volvió, pero nunca se imaginó que ella tuviese algo que ver.

- Eso o las hadas te concedieron un deseo. –le replicó aún muy divertida con la situación.

- Nunca dejas de asombrarme.

- Bueno, nunca había puesto mis manos en un auto tan costoso, pero siempre hay una primera vez. –se encogió de hombros y Emmett se rió.

Rosalie lo observó y encontró en él al niño grande que muchas veces era, pero por alguna razón no se quedó perdida en ese pensamiento, sino que sus propias palabras la llevaron por otro camino y otros recuerdos, algo que no tenía por qué salir a la superficie en ese momento, pero muy a su pesar así fue y Emmett de inmediato notó el cambio en su semblante.

- ¿Qué pasa? –le preguntó moviéndose para detener el agua, antes de que se derramara, al final quedó justo a su lado en vez de en el otro extremo.

- No es nada, sólo me quedé pensando en eso de las primeras veces ¿cómo fue la tuya? –inquirió de repente curiosa.

- ¿Mi primera vez? –frunció el seño y ella asintió. – Pues… como las de todos los chicos, supongo. Ella era una compañera de escuela, un par de años más grande que yo. Fue mi novia un tiempo y… sólo sucedió. –se encogió de hombros. - ¿Y tu primera vez?

- No lo recuerdo… no totalmente, sólo algunas cosas. –contestó viendo hacia la nada con imágenes borrosas en su mente.

- ¿Por qué? –quiso saber él pero casi de inmediato se arrepintió de haber preguntado, quizás la respuesta le causaría dolor a la joven.

- Cuando me mudé con Royce él quiso hacerlo desde la primera noche… pero yo no… él esperó… pero después… no sé. –suspiró y se encogió de hombros intentando restarle importancia al asunto. – Solía pensar que sólo era joven y bebí de más, pero ahora… pienso que él lo planeó. Tu sabes… -de repente concentró su mirada en la de Emmett, que se había vuelto una máscara. – Había alcohol y pastillas y… no recuerdo la mayor parte. Pero supongo que ya no importa.

- Rose, tenías diecisiete años y él usó alcohol y drogas, eso es ilegal.

- Lo sé. –respondió de repente sintiéndose vacía. – Pero ya no es algo que pueda cambiar, Emmett. Lo único que importa es que ya no puede hacerme daño.

- Nunca más, lo juro. –murmuró el chico y la abrazó acunándola contra su pecho y conteniendo sus emociones, en ese momento ella lo necesitaba para confortarla, no para salir y dispararle al maldito justo en medio de los ojos.

- Te amo. –susurró Rosalie aferrándose a él y a su promesa.

- También te amo. –contestó muy dispuesto a cumplir lo que le había dicho, lo haría a cualquier precio.

&...&...

Rosalie iba caminando por el centro de la ciudad poco después de la hora del almuerzo, había decidido ir a buscar una escuela donde vio cursos que le interesaron, tenía deseos de preguntar por los horarios y ver las instalaciones, estaba feliz y emocionada por eso. Tal vez así cuando Emmett regresara de su viaje podría darle la buena noticia, decirle que había decidido qué hacer con su vida.

Pensó en lo mucho que lo extrañaba y en que deseaba que esas ausencias no fueran frecuentes, él le prometió compensarla cuando volviera y dijo que se tardaría los días mínimos indispensables, hasta habló de hacer un viaje juntos, de irse a una luna de miel adelantada. A Rosalie eso le sonó muy bien, no sólo por la idea de estar a solas con él en alguna playa paradisiaca, sino porque de alguna manera le hizo pensar que él deseaba casarse… unir sus vidas por siempre y formar la familia que siempre quiso.

Estaba esperando cruzar una calle cuando justo del otro lado notó a una niña que se le hizo familiar, tenía la piel sucia y el cabello despeinado, su ropa también la había ver muy descuidada, quizás ni siquiera fuera quien ella pensaba, pero no pudo detenerse y en cuanto el flujo de autos se lo permitió, se acercó a la pequeña.

Estando a pocos metros de ella pudo observarla mejor y se sintió mal, sí era quien supuso en un principio y estaba por ahí pidiendo dinero a todos los que se cruzaban en su camino. La verdad no sabía su nombre, nunca se preocupó por preguntarlo y en otras circunstancias ni siquiera se hubiera tomado tiempo para investigar algo, pero le debía un favor a la madre de la niña. Uno que no le podría pagar con nada, porque le salvó la vida. Esa pequeña era una de las hijas de la vecina que le advirtió no salir al callejón trasero la noche en que huyó de Royce, pero antes iba limpia y arreglada por su madre, así que el topársela en estas condiciones le hizo creer que algo andaba muy mal.

- Oye… -le habló a la pequeña y ella de inmediato voleó a verla con una sonrisa que se borró de inmediato cuando vio en sus ojos una chispa de reconocimiento.

Al siguiente instante salió corriendo como si hubiera visto a un monstruo y Rosalie sin pensarlo, la siguió. La niña aprovechando los últimos momentos para cruzar la calle corrió y Rose fue detrás de ella sin fijarse que tenía casi encima a varios conductores, incluido el de un autobús. Antes de que pudiera ver el peligro en que se encontraba escuchó las bocinas y se dio cuenta de su error, uno muy grave. La descarga de adrenalina impulsada por el miedo se sintió arder en sus venas y sólo atinó a quitarse del camino tan rápido como pudo, justo un segundo antes de que el autobús la arrollara.

Dejó escapar el aliento que contuvo y pudo escuchar en sus oídos la sangre que pasaba al ritmo acelerado de su corazón. Vio que ya muy delante de ella la niña seguía corriendo y se sintió tonta por emprender camino detrás de ella otra vez. Quizás ese "casi accidente" fue un aviso de que no debería interferir, pero no pudo detenerse, no si ahora podía regresar algo de la ayuda que recibió cuando más la necesitaba.

&...&...

Cuando las puertas del ascensor se abrieron Emmett caminó en silencio por el pasillo hasta la puerta de su departamento, llevaba una única maleta y su portafolio con cuidado para no chocar con algo y delatar su llegada, iba dispuesto a sorprender a Rosalie. Se suponía que su viaje duraría tres días más, pero por suerte fue libre antes y decidió tomar un avión esa misma tarde sin avisarle, así alcanzó a llegar después del anochecer.

Pensó que tal vez estaría dormida y podría despertarla con un beso, sólo deseaba que su separación no la hubiera afectado mucho pues la noche anterior nunca respondió el mensaje de texto que él le envió preguntando si estaba despierta para llamarla y durante todo ese día no tuvo tiempo para comunicarse con ella.

Cuando llegó a la puerta intentó abrirla y no pudo, eso le extrañó porque Rose sólo cerraba cuando salía de casa ¿dónde podría estar a esas horas? Por un momento se preocupó pero de inmediato se obligó a descartar la idea de que algo malo le hubiera sucedido, quizás ella solía encerrarse cuando pasaba las noches sola.

Con su juego de llaves abrió deseando que eso no arruinara la sorpresa, ni siquiera cerró detrás suyo. Adentro todo estaba oscuro, pensó que probablemente sí la encontraría dormida. Prendió la luz de la sala y fue haciendo lo mismo todo el camino hasta la habitación principal, donde no le costó trabajo ver que la cama estaba vacía. Ahí fue cuando se preocupó de verdad.

Si lo pensaba detenidamente hacía más de 24 horas que no sabía nada de ella. De inmediato comenzó a llamarla en voz alta y entró en todas las habitaciones, ella no estaba ahí. Lo siguiente fue buscarla al teléfono celular, pero de inmediato el aparato sonó ahí mismo.

Entonces, la mente se le quedó en blanco ¿qué era lo siguiente? Aún existía la posibilidad de que Rosalie anduviera fuera de casa, que tuviese algo que hacer y se hubiera demorado, pero eso era poco probable, como aferrarse a una esperanza sin sentido. Por eso decidió que tenía que encontrarla a toda costa, pensó en el protocolo legal y en que si llamaba a la policía no le creerían que ella estaba desaparecida, no tan pronto. Así que probablemente los hospitales eran una mejor opción.

Así estaba en medio de la sala sintiendo el miedo más grande que hubiera experimentado jamás cuando las puertas del ascensor se abrieron otra vez justo al final del pasillo y la vio salir de él con la mirada puesta en el piso. Como una reacción automática dijo algunas palabras altisonantes y se dirigió hacia la mujer que amaba, que estaba ahí sana y salva.

- ¿Emmett? –preguntó ella como si estuviera teniendo una visión y se quedó paralizada cuando él la abrazó atrayéndola hacia su cuerpo como si fuera a desaparecer. – Volviste antes… -murmuró con un nudo en la garganta y luchando contra las lágrimas.

- Quise sorprenderte. –le explicó él. – Acabo de llegar y me asusté como no tienes una idea. –continuó hablando sin dar señas de querer soltarla. – No estabas y desde ayer no sabía nada de ti, pensé que algo malo te había sucedido. –le aclaró y al final, lleno de renuencia, se alejó un poco, sólo para besar sus labios.

Rosalie lo recibió aún en estado de shock. No esperaba verlo tan pronto y su reacción efusiva la paralizó. Así dejó que el beso continuara hasta que él decidió terminarlo y luego la llevó de la mano al interior del departamento.

- Lo siento. –se rió él ya más relajado. – Debí haberte asustado con semejante reacción.

- No. Está bien. Sólo me sorprendiste. –sonrió un poco. - ¿Terminó antes el caso?

- Sí, aunque regresé sin enviar todos los documentos, prometí hacerlo esta noche. Sólo… necesitaba estar de regreso en casa. –le sonrió con los hoyuelos marcándose y notó por primera vez que Rosalie tenía los ojos rojos. – Rose ¿qué sucede? ¿Estuviste llorando? –se acercó le tomó ambas manos un momento, sólo unos breves segundos porque ella se retiró y fue hacia la terraza.

- No. Es que estaba en la azotea y hace mucho viento. –explicó saliendo, él frunció el seño, pues era cierto, arriba hacía aire siempre debido a la altura, pero de todas formas no lo convenció la explicación. – Deseaba ver toda la ciudad, por eso subí.

- Nunca antes lo hiciste. –inquirió Emmett en busca de alguna respuesta útil.

- Tuve curiosidad. –se encogió de hombros y luego le sonrió acercándose para dejar un suave beso en sus labios. – Ve a hacer tu trabajo, termínalo pronto y después… puedo darte la bienvenida como debe de ser. –le ofreció en tono bajo dejando que sus manos vagaran traviesas sobre la tela de su camisa.

- ¿Lo prometes? –con cuidado le acunó el rostro usando ambas manos, intentando verificar que todo estuviera bien.

- Lo prometo. –aseguró y le besó los labios.

Emmett entró en la casa y fue directo a hacer lo que debía, encendió la computadora y se concentró en ello, tenía toda la prisa del mundo por acabar y hacer que su noche transcurriera como lo planeó, en los brazos de Rose.

Todo el tiempo que se tardó en completar lo que hacía falta se le hizo eterno, fue poco más de una hora. Al final suspiró aliviado de ser libre y se desabrochó los primeros botones de la camisa, después fue para servir dos copas de vino antes de ir con su mujer a la terraza y ofrecerle que tomaran un baño juntos, sin embargo se le olvidaron sus planes cuando la vio sentada en el suelo con la vista perdida en el horizonte y un cigarrillo en los labios. En ese instante lo golpeó la certeza de que algo andaba mal.

- ¿Rose? –llamó su atención mientras se acomodaba a su lado. Ella se asustó y de inmediato hizo un intento por apagar el cigarro.

- Lo siento. –se disculpó, pero él le sostuvo la mano.

- No me molesta, sabes que puedes fumar cuando lo desees, pero me preocupa. –admitió pasándole su copa, ella la tomó y dio un sorbo largo. – Sólo te he visto fumar cuando estás muy triste o muy preocupada.

- Lo sé, lo siento. Es que… no fueron días fáciles. –admitió con los ojos clavados en el piso y un par de lágrimas recorriendo su rostro.

- ¿Qué sucedió? ¿Has tenido pesadillas? –preguntó muy alarmado. Ella se quedó quieta unos segundos y después buscó sus ojos, luego, negó con la cabeza para pedirle que no hiciera más preguntas.

- Emmett… -murmuró apenas. – Me amas ¿verdad? Somos felices juntos.

- Por supuesto. –le contestó sin entender cómo es que de repente ante él estaba la Rosalie que fue meses atrás, llena de vacío y miedo.

- También te amo. –prometió y se recargó en su hombro todavía viendo el horizonte y muy poco dispuesta a seguir hablando.

Él sólo la rodeó por la cintura con un brazo y le besó el cabello, listo para tener paciencia y encontrar en algún momento qué fue lo que la puso así de repente… quizás un mal sueño, tal vez un recuerdo, posiblemente la ausencia de su hermano… pudiera ser que se sintió sola esos días que duró su viaje. La única certeza que tenía era que la amaba más allá de cualquier límite y haría cualquier cosa porque ella fuera feliz.

CoNTiNuaRá...


Hello! Espero que les haya gustado. Muchas gracias por todo! Una amiga me preguntó sobre qué tan larga sería esta historia y creo que la respuesta debe ser pública, originalmente supuse serán 10 capítulo, no más, ahora creo que quizás me extienda a 11 ó 12. Muchas gracias por todo su apoyo, sus comentarios me animan muchó! Ya saben cualquier cosilla, un review! Nos llemos la próxima semana! Grax! XD