I love the way you lie


Este es un fic con propósitos de entretenimiento, sin intención de infringir los derechos de los autores correspondientes.


Acotaciones:

&...&... Cambio de escena.


Unas semanas después de que Emmett regresara a casa y Rosalie tuviese esa actitud extraña, las cosas ya habían vuelto a la normalidad. Él no supo nunca qué fue lo que sucedió pero le dio gusto volver a ver el brillo de alegría reflejado en los ojos de la mujer que amaba y decidió no hacer más preguntas, no si eso la entristecería otra vez. Aunque todo lo que sucedió aquella noche cuando regresó de viaje, aún lo intrigaba

FLASHBACK

Se quedaron quietos un buen rato, así sentados en el suelo de la terrasa, Emmett sostenía a Rosalie entre sus brazos y no sabía qué más hacer, sólo decidió esperar a que ella le diera la pauta, que le dijera qué era lo que necesitaba y él lo haría.

- Siento mucho ser así. –se disculpó rose de repente y se giró para verlo a los ojos, él le sonrió un poco y ella de repente cambió.

Emmett jamás hubiera podido imaginarse su siguiente paso, así que lo tomó por sorpresa. Rose se sentó en sus piernas viéndolo de frente y lo besó. No fue un beso dulce y reconfortante, sino uno cargado de pasión. Entreabrió sus labios y le pidió adentrarse en su boca mientras con ambas manos le desabotonaba la camisa. Él le respondió cuando entendió cuáles eran sus intenciones, aunque en ningún momento pudo encontrarles razón… pero dejarse llevar fue fácil.

Desde la primera vez que sus manos lo tocaron él estuvo perdido, rendido a los deseos de su cuerpo, a lo que ella le provocaba y esta vez no fue la excepción. Conforme sus lenguas jugaron y Rose terminó de sacarle la camisa recorriendo al mismo tiempo su torso desnudo, él dejo de pensar. Posó ambas manos en la cintura de su novia y la atrajo hacia su cuerpo, ansioso de sentirla lo más cerca posible. Su corazón se aceleró tanto como las respiraciones de ambos y no suprimió las exclamaciones de placer que Rosalie le arrancaba con cada beso y cada movimiento.

El viento soplaba algo fuerte, pero eso no importó, ni tampoco el que estuvieran donde extraños podían mirarlos, Emmett inmiscuyó ambas manos debajo de la blusa de la joven mujer y la fue subiendo poco a poco, disfrutando de la textura de su piel y del contorno de su figura. Cuando le quitó la prenda y la dejó botada en el suelo fue directo a besar su cuello y su oído, la sintió estremecerse y sus manos grandes pero suaves buscaron desabrochar la ropa interior, muy pronto también la despojó de ella y sus cuerpos se tocaron encendidos como lava.

- ¿Quieres ir dentro? –le preguntó Rose al oído y él tuvo que tener algo de cordura para no seguir ahí mismo con lo que estaban haciendo, así que la rodeó firme con ambas manos y sin ningún trabajo se puso de pie, Rosalie le abrazó la cintura con las piernas y eso le facilitó las cosas.

En ese momento ya no se detuvo a pensar ni a hacer preguntas para encontrar explicaciones, pero la manera en que ella inició todo después de su obvia tristeza fue extraño.

FIN DEL FLASHBACK

Cada vez que Emmett pensaba en todo eso tenía que detenerse para no acabar con más preguntas de las que podría responder. Lo importante era que Rosalie estuviera bien, nada más.

&...&...

Para Rosalie los días siguieron algo lentos después de eso, ella aún no había decidido nada sobre qué deseaba hacer, Emmett la vio muchas veces buscando en el periódico algún empleo pero no le dijo nada, no insistió en la escuela y la joven mujer se lo agradeció en silencio porque no estaba lista para enfrentarse al mundo, lo más que podía hacer era intentar no pensar en lo que sucedió durante el último viaje de Emmett y en cómo reaccionó a su regreso, cuando la pasión fue su vía de escape.

FLASHBACK

Mientras él la llevaba dentro ella se concentró en morder su cuello, una y otra vez con las manos entrelazadas en los rizos de su nuca. El trayecto fue corto y eterno hasta que llegaron a la habitación principal y Emmett la recostó sobre la cama, entonces, ella lo liberó y lo miró muy atenta mientras le desabotonaba el pantalón y lo bajaba junto con su ropa interior.

Cuando estuvo desnuda le sonrió con sus hoyuelos y los ojos cargados de pasión y amor, poco a poco fue besando sus piernas en un camino ascendente que torturó a Rosalie, ella sintió que podría derretirse en cualquier momento siendo presa de esos besos y las caricias que los acompañaban. Lo vio hacer hasta que la fuerza de su propia pasión la obligó a cerrar los ojos y concentrarse en nada más que lo que su piel le ofrecía.

Emmett fue tierno como siempre, besó todos los rincones de su cuerpo demorándose el tiempo necesario para que ella lo disfrutara al máximo. Al final, llegó a sus labios. Rosalie lo recibió con ansias y hasta ese momento fue capaz de coordinar sus manos otra vez. Obligó a sus dedos a soltar las sábanas a las que se aferraban con fuerza y los deslizó por la espalda de su amante hasta el pantalón, ahí lo desabotonó y lo bajó tanto como pudo. Emmett terminó de desnudarse.

Cuando estuvieron los dos de la misma forma, sin nada de por medio, con las almas tan descubiertas como los cuerpos, fue que se tomaron unos segundos para verse a los ojos y sonreír, para mirarse sin palabras lo mucho que se amabas. Rose no quiso que sucediera pero una lágrima se desbordó de sus ojos y él la recogió con los labios y luego le sonrió de nuevo, así ella supo que siempre estaría a su lado, que era un gran hombre y la amaba más que a nada.

Cuando la fuerza de su revelación la impactó tuvo que besarlo de nuevo para que no notara las demás lágrimas que se agolpaban ansiosas por salir a la superficie. Con un par de movimientos más lo incitó para que entrara en su cuerpo y él lo hizo. Ese momento fue diferente porque Rose en lugar de puro placer, lo sintió mezclado con dolor y cortó la respiración de tajo involuntariamente.

- ¿Estás bien? –preguntó Emmett deteniéndose de inmediato.

- Estoy bien. –aseguró Rose con los ojos cerrados, murmurando contra sus labios.

- Te lastimé. –dijo con mucha seguridad, pero ella negó con la cabeza y abrió los ojos para toparse con los de él.

- No me lastimaste. –susurró y luego le dejó un único beso en la boca. – sigue. Por favor. No me hagas rogar…

Al final sus palabras casi sonaron como un pequeño juego, pero hablaba en serio, necesitaba continuar, no podría detenerse, no lo deseaba. Muy pronto él continuó y ella supo que aún tenía dudas, pero lo hizo por ella, porque haría lo que ella le pidiera… Rose pensó que tal vez la amaba demasiado.

Tiempo después alcanzaron juntos un clímax que necesitaban, se besaron y sonrieron y él se recostó llevándola consigo para tenerla abrazada. Rosalie escondió el rostro en su pecho y dejó que el cansancio la invadiera. Esa no era noche de palabras.

FIN DEL FLASHBACK

Siempre, cada vez que todas esas imágenes la asaltaban, se estremecía y se le llenaban los ojos de lágrimas. Por eso se forzó a olvidar y sólo seguir adelante. Y estuvo contenta de hacer eso, pues con el paso de los días todos los malos recuerdos se diluyeron y pudo volver a ser ella misma.

Poco después él encontró unos días libres decidió que era un buen momento para salir de la ciudad y olvidarse de que el mundo existía, ser sólo ellos dos y su paraíso privado. Además le serviría para hablarle a Rosalie de lugares para su luna de miel y medir sus reacciones… si todo marchaba bien, muy pronto podría pedirle que se casara con él.

Llegó al departamento y Rose lo estaba esperando, como siempre con una sonrisa, la abrazó y se besaron, después la siguió a la cocina, donde estaba terminando de preparar la cena.

- ¿Cómo estuvo tu día hoy? –quiso saber ella mientras él sacaba platos de la alacena.

- Muy bien, en realidad mejor que eso. Logré desocupar mi agenda varios días y voy a raptarte para ir a la playa.

- ¿Cuándo? –inquirió sorprendida, viéndolo fijamente.

- Pues… mañana sería el día perfecto para partir. –explicó algo extrañado por la reacción de Rosalie.

- El sábado me parece apropiado, mañana no es un buen día para irnos, pero el sábado es perfecto. –sonrió y le guiñó un ojo, luego se acercó y le quitó los platos de las manos antes de dejar un beso suave en sus labios. Emmett descubrió su intento de manipularlo.

- Mañana es viernes, es el mejor día para viajar. –anunció tratando de ocultar su sonrisa.

- No Emmett. –replicó dejando los platos sobre la mesa y volviendo para apagar lo que tenía cocinando.

- ¿Qué cosa tan importante tienes que hacer?

- ¿Desde cuándo revisas todo lo que hago? –inquirió sacando cosas de otra alacena, sintiéndose perdida.

- No estoy revisando, nada. Es sólo que no entiendo la dificultad de salir mañana. Pero si tan importante es para ti, podemos irnos el sábado. –se rindió finalmente Emmett, pero Rose identificó la frustración en su tono y suspiró dándose por vencida.

- Está bien. –lo miró sonriéndole y le pasó unos vasos.

- ¿Nos vamos el viernes? –inquirió pensando que había ganado y le devolvió la sonrisa.

- No. Lo que quise decir fue "está bien, te voy a decir la verdad".

- Te escucho. –él fue y dejó las cosas sobre la mesa mientras Rose sirvió los platos, luego se sentó y lo miró unos instantes, considerando si en verdad debería ser sincera o podría inventar algo, pero la imaginación no le alcanzó para encontrar un pretexto que funcionara.

- Pero es tu culpa arruinar la sorpresa. Tomé prestado tu celular, revisé la agenda y robé el número de Edward, lo llamé y entre los dos te pusimos una trampa.

- ¿A qué te refieres? –Emmett se desconcertó más, hasta pensar que quizás era una broma.

- El domingo es tu cumpleaños y quiero que lo pases sólo conmigo, pero el viernes me pareció bueno para una fiesta. Edward invitó a tus amigos y yo organicé la reunión. Ahora tienes vino, comida y música para el viernes, sin mencionar a las casi 30 personas que van a venir pensando que es una fiesta sorpresa. – le aclaró por completo, lamentando haber tenido que hacerlo.

- Siento haber arruinado la sorpresa. –se rió él y se acercó para besare los labios. – Eres la mejor, en verdad Rosie, va a ser el mejor cumpleaños que haya tenido.

- Eso espero. –ella lo miró con sus hoyuelos marcados y tuvo que contenerse para no interrumpir la cena con un abrazo y varios besos que terminarían en la alcoba.

- Puedo hacerme el sorprendido. –ofreció de buen humor.

- Vas a hacerte el sorprendido. De hecho, vas a salir de la casa mientras todos llegan y a volver para fingir muy bien que no sabes nada.

- Te ves muy sexy cuando hablas así. –observó él antes de besarle los labios y ella se sonrojó.

&...&...

La fiesta sorpresa de Emmett marchó como lo planearon, sólo Edward y Rosalie supieron que él estaba al tanto de todo y el resto de los invitados ni se lo imaginó. Rose estuvo algo nerviosa antes, imaginando cómo serían las cosas entre los amigos de Emmett, si ella podría actuar a la altura o no. Pero muy pronto todas esas dudas se le olvidaron y sólo fue ella misma, sonrió y se dio cuenta de cómo la miraban, eso le dio seguridad… ahora podía sentirse hermosa como siempre y estaba muy orgullosa de ello.

Esa fue la primera vez que Edward y la novia de Emmett se encontraron, al principio sólo fue un saludo cordial, de bienvenida, pero conforme la noche fue avanzando el chico la observó con cuidado e hizo juicios que no le favorecieron. No le pasó desapercibido su porte algo altanero ni la gran confianza que destilaba, eso no encajó con la imagen que Emmett le formó contándole su historia en los meses pasados. De alguna manera extra e inesperada, a Edward la joven no le gustó mucho y las cosas fueron exactamente igual para Rosalie. Ella no tenía muchas expectativas sobre el amigo de su novio, sólo sabía que era músico y un hombre algo solitario, pero nunca se imaginó que fuera huraño y todo el tiempo la mirara con desaprobación. Sin embargo, a pesar de todo ambos hicieron un gran esfuerzo para llevarse lo mejor posible, por el bien de Emmett.

Al día siguiente, aún algo cansados después de la fiesta que acabó cerca del amanecer, ambos tomaron un avión para sus cortas vacaciones. Todo sería perfecto en el pequeño pedazo de mundo que sería sólo de ellos. Su destino fue una playa paradisiaca con arena blanca y una pequeña construcción alejada de todo. Ahí eran libres de amarse y divertirse, de perderse en el otro y olvidar por completo que pertenecían a un mundo lleno de personas.

&...&...

El domingo por la noche estaban los dos en la playa, tendidos sombre la arena con ropa ligera, las estrellas se veían claras en el cielo y lejos les llegaban luces de la ciudad y de la luna. Tenían en medio de ambos un pastel pequeño que Rose mandó traer junto con unas cuantas velas que ahora ardían con calma, esperando por ser apagadas.

- ¿Ya tienes listo tu deseo? –le preguntó ella.

- En realidad, no tengo nada qué desear. No me hace falta absolutamente nada. –respondió sabiendo que era la verdad y la miró a los ojos sonriendo, ella lo entendió porque se sentía exactamente igual.

- Inventa algo y apaga las velas antes de que se derritan. –lo incitó y él se tomó unos segundos más antes de poder formular el deseo, aunque en realidad era una trivialidad, le pareció importante hacerlo.

- Listo. –anunció cundo todas estuvieron extintas.

- Feliz cumpleaños. –repitió Rosalie y lo besó en los labios sólo un momento, después comenzó a quitar la velas una por una. – Aquí tengo tu regalo. –aseguró y le pasó un sobre blanco, él frunció el seño y sonrió al mismo tiempo. – Es un cheque. –aseguró ella y continuó quitando velas.

- ¿Un cheque? –le preguntó extrañado porque ella decidiera regalarle dinero, no tenía sentido. Sin embargo, al abrirlo vio un trozo de papel que decía "Te amo" con letras grandes. - ¿Me estás regalando amor? –inquirió divertido por la situación.

- No. Tonto. –se rió y tomó el pastel ya sin velas. – Te lo dije, es un cheque, está en blanco. Sé que no hay nada material que pueda darte y te haga feliz, por eso te estoy dando una carta en blanco. Cualquier día, cualquier cosa que quieras, sólo dilo y lo haré. –se encogió de hombros.

- ¿Absolutamente lo que yo quiera? –se acercó sonriendo con los hoyuelos marcados y claras intenciones de besarla.

- Lo que sea. –le aseguró y también recortó la distancia entre ambos, lo suficiente para que él cerrara los ojos con la anticipación de sus caricias, pero en un último segundo Rose ejecutó su plan muy bien calculado y en lugar de besarlo, le echó el pastel en la cara.

Emmett se sorprendió y como mero reflejó se hizo hacia atrás, un segundo después entendió lo que había sucedido cuando escuchó la risa angelical de Rose, pero él no iba a dejar las cosas así.

Con un movimiento ágil tomó restos de pastel con ambas manos y se abalanzó sobre la joven mujer, que intentó ponerse de pie para huir pero fue inútil, él la tomó por la cintura descubierta y le llenó de pastel todo el dorso. Rosalie intentó alejarlo y le pidió que se detuviera, también le echó arena encima y se enfrascó en una batalla física que estuvo perdida desde el principio, pero que ambos disfrutaron.

&...&...

Después del cumpleaños de Emmett pasaron dos días más ahí solos, en su burbuja de perfección, hasta que el abogado recibió una llamada y muy contra su voluntad tuvo que suspender el viaje. Le ofreció a Rosalie que se quedara más tiempo pero ella se negó, ese paraíso no sería encantador sin él.

Así, con toda la renuencia del mundo, se despidieron del lugar y fueron al aeropuerto, donde tendrían que despedirse el uno del otro. El asunto de trabajo no duraría más de dos o tres días, pero era fuera de la ciudad y Emmett prefirió tomar un vuelo directo a su destino, así que Rose regresaría a casa sin él, a extrañarlo y a esperarlo sabiendo que el chico se sentiría igual.

- Ese es tu vuelo. –le dijo Emmett cuando anunciaron por los altavoces que era momento de abordar. Se puso de pie y le extendió la mano para ayudarla, ella le sonrió de manera triste, pues lo último que deseaba ahora era separarse de él.

- Debería ir contigo. –murmuró Rose quedando muy cerca de sus labios.

- Me encantaría que fueras conmigo, Rose, pero si lo haces te vas a aburrir tanto que vas a terminar detestándome. Además, no es la ciudad más segura que hay y no quiero que te vean conmigo y te empiecen a seguir los reporteros. –frunció el seño pensando en que eso era posible, que si el caso llamaba la atención de la prensa los buitres se le tiraran encima a Rosalie, y él no deseaba eso. Aunque tuviera que extrañarla como precio a pagar.

- Lo sé. Cuídate mucho. –sonrió con los ojos llenos de lágrimas y le besó los labios.

Él le correspondió el gesto y sintió su aliento acariciarlo, mezclarse con el propio, fue una caricia dulce de despedida que pareció robarles el alma a los dos. – Avísame cuando aterrices. Te amo. –al final le dio otro beso rápido y se dio media vuelta antes de salir casi corriendo, obligándose a no volver a su lado.

- También te amo. –gritó él muy alto para que Rose y todos los demás lo supieran.

Cuando la vio desaparecer en el túnel que la llevaría a su avión se sintió mal, consideró la posibilidad de llamarla antes de que partiera y pedirle que lo acompañara. Pero no lo hizo, decidió ser fuerte. Suspiró y se sentó dispuesto a esperar otra media hora antes de partir él también, al llegar a la ciudad se detendría para comprar algo de ropa formal y luego pasaría a un hotel para registrarse y arreglarse un poco antes de empezar con los negocios.

Todo ese tiempo a solas Emmett pensó muchas cosas, se preguntó si siempre sería igual de difícil partir, si aunque pasaran los años sentiría el mismo vacío al no estar al lado de Rosalie. Él no deseaba que fuera así, pero no vio cómo pudieran ser las cosas de otra forma. Quizás debería cambiar un poco su forma de hacer negocio, sentar cabeza y usar eso como pretexto para tener un socio, algún abogado joven y talentoso que no tuviera una familia y no le importara hacer esos viajes, así él podría quedarse siempre en casa. Además estaba el hecho de que no serían sólo ellos dos por siempre, algún día tendrían niños y eso de seguro le haría más difícil alejarse.

En cuanto estuvo arreglado y listo para ir a sumergirse en el asunto por el que lo llamaron, se detuvo un par de minutos para hablar con Rosalie, la llamó a su teléfono celular y al escuchar su voz triste él se sintió igual, pero ambos hicieron esfuerzos por pensar positivo, probablemente estaban reaccionando de más.

Los siguientes dos días se pasaron acelerados y llenos de tensión para Emmett, el trabajo fue mucho y tuvo que apresurarse para hacerlo pronto y no caer en un juicio que le haría quedarse por semanas, o abandonar el caso, entonces la presión fue bastante, pero lo logró. Durmió poco y se cansó mucho, además tuvo pocas oportunidades de hablar con Rosalie y cada vez le pareció que era una persona diferente. Al principio encontró en su voz la melancolía de la separación y el anhelo de volver a estar juntos, eso lo entendió bien. Después, su estado de ánimo cambió y pudo notar la alegría en su tono y las ansias infinitas de que estuviera de regreso en casa, eso pudo entenderlo también. Pero luego volvió a cambiar, la escuchó triste, ni siquiera con esperanza, más bien como si estuviera vacía y eso lo preocupó pero ella prometió que estaría bien y le repitió que lo amaba.

Emmett estuvo libre de volver a casa el sábado por la mañana, llegó temprano al aeropuerto ya con el vuelo reservado, pero por cuestiones del clima habría un retraso de una o dos horas, eso lo desesperó pero de todas formas no había nada que pudiera hacer, ni siquiera le llamó a Rosalie para evitar despertarla. Caminó por la zona comercial del aeropuerto y se detuvo cuando vio una tienda llena de muñecos de peluche, ahí vio un oso combinado en diferentes tonos de rosa y lo compró para ella. Después, mucho más adelante se topó con una joyería y entró sin pensarlo, miró de todo un poco y al igual que el destino lo llevó hacia Rose como por casualidad, se encontró con el anillo más hermoso que hubiera visto. Era de otro blanco, lleno de diminutos diamantes entretejidos entre finos hilos del mismo metal, era precioso… perfecto para ser un anillo de compromiso.

Le pidió a la vendedora que se lo mostrara y lo meditó unos minutos ¿por qué no? Él no tenía ninguna duda sobre su amor o el de Rosalie, estaban hechos a la medida del otro y deseaban quedarse juntos por siempre. Quizás fuera un poco pronto para los estándares comunes, pero eso no haría ninguna diferencia. Él no tenía dudas. Lo compró y se marchó de ahí intentando idear la manera perfecta de dárselo, lo haría algo especial para que nunca lo olvidara. Quizás alguna cena ostentosa, algo en público… de repente el sonido de su teléfono interrumpió el hilo de sus pensamientos, primero supuso que podría se Rosalie, pero no fue así, se trataba de alguien más, una persona que si le tenía buenas noticias, le estaría entregando en bandeja de plata la idea perfecta para pedirle matrimonio a su novia.

- Vas a querer que me case contigo. –bromeó el hombre del otro lado de la línea.

- Definitivamente, no. No eres mi tipo. –replicó Emmett riéndose por la ironía.

- Me ofendes. –se quejó el otro.

- Quizás si tuvieras piernas lindas… -dejó la idea en el aire y volvió a reírse.

- Ya, en serio. Lo tengo, te lo acabo de enviar a tu correo electrónico.

- ¿Tan pronto?

- Ni siquiera fue muy difícil, casi me siento culpable de cobrarte tanto.

- Recuerda so la próxima vez que te pida algo. –le habló muy serio pero sabiendo que era broma, además la información que acababan de conseguir para él era invaluable.

- Lo intentaré. Llámame cuando necesites algo.

- Claro. –Emmett terminó la llamada y sonrió, sin pensarlo más fue directo a la sala de abordar, donde esperaría el tiempo necesario mientras planeaba algo, aún le faltaban detalles importantes, pero muy pronto pondría toda la actuación en pie y vería ese anillo en el dedo de Rosalie.

Todo el vuelo se le hizo eterno, pues no deseaba nada más que verla. Llegó a la ciudad y la llamó para darle la noticia pero su celular parecía estar apagado, no le tomó importancia. Se subió a un taxi y tomó el elevador en su edificio de departamentos. Pocas veces antes se sintió tan feliz.

- ¿Rose? –la llamó al entrar con la maleta en una mano, el oso de peluche en la otra y el anillo bien escondido para evitar que ella lo descubriera. - ¿Rosie? –volvió a llamarla pero no obtuvo respuesta otra vez.

Miró el reloj y se dio cuenta de que era muy tarde para encontrarla dormida y le pareció extraño que hubiera salido ¿es que no lo estaba esperando? Dejó botada la maleta en el sofá y recorrió el pasillo hasta la habitación principal, ahí encontró la cama perfectamente arreglada y casi todo lo demás en aparente orden, lo único que le extrañó fueron las cosas botadas ahí.

Vio el llavero de Rose junto con lo que parecía ser el chip de un teléfono celular y una hoja de papel doblada por la mitad. Sintió su corazón detenerse y la sangre en sus venas helarse ¿qué demonios estaba sucediendo? Lentamente se acercó y tomó la nota lleno de temor, sabiendo ya que algo andaba muy mal, pero sin desear admitirlo.

Emmett:

Lo siento. Lo siento mucho. Debí haberte esperado y decírtelo en persona, pero no podría mirarte a los ojos. Tú has sido mi ángel guardián, has hecho todo por mí y me enseñaste lo que es el amor verdadero, pero no es justo que siga engañándonos. No importa cuánto me esfuerce, no pertenezco a tu mundo, esa no es quien soy. Quizás debí decírtelo antes, pero nunca tuve al valor, hasta ahora que sé que todo es real, que me amas y piensas en tenerme contigo para siempre. Sé feliz.

Tuvo que leer la nota tres, cuatro, cinco veces antes de entenderla y aún así no pudo creer lo que decía. Cada frase le sonó a mentira, a nada más que pretextos inventados como parte de una broma cruel.

- ¡Rosalie, esto no es gracioso! –habló alto con su voz profunda esperando que ella saliera de atrás de la cortina con la mirada asustada, pero no sucedió.

Botó la hoja y vio el llavero, tenía todas las llaves; inspeccionó el chip y confirmó que era de un teléfono; fue caminando hacia el closet y los cajones donde la mujer guardaba sus cosas y notó que casi todo estaba ahí pero sí faltaban cosas; por último fue al tocador y abrió los alhajeros… completamente vacíos.

Ahí fue cuando la realidad lo golpeó. Ella se había ido. No era una broma de mal gusto, no estaba soñando. Rosalie, la mujer que amaba, a quien deseaba hacer su esposa le había dejado unas palabras sobre el papel y se había marchado así nada más. Ni siquiera estaba seguro de qué podía hacer, quizás sólo debería aceptarlo y seguir adelante, pero no tenía idea de cómo lograr eso.

Entonces sin querer miró en el bote de basura y entre pañuelos desechables notó algo de plástico, fue y lo tomó, era una tarjeta de crédito cortada por la mitad. Al leerla se dio cuenta de que se trataba de una extensión que le dio a Rosalie de la suya, en ese momento supo qué iba a hacer. Tomó el teléfono y llamó al director nacional de un banco, era un hombre que conocía poco pero le debía un favor luego de que Emmett utilizara su astucia para librarlo de un buen lio que le hubiera costado mucho.

- Buenos días. –contestó pronto el sujeto.

- Soy Emmett McCarty ¿me recuerda? –preguntó yendo directo al asunto, no estaba de humor para formalidades.

- Por supuesto ¿en qué pudo ayudarlo?

- Necesito información de una cuenta y no puedo obtenerla legalmente.

- Me gustaría ayudarlo, pero si esa información va a un caso legal…

- No. Es personal. Necesito los movimientos en la cuenta de ahorros de mi novia, Rosalie Hale. –pronunció el nombre de la chica con cuidado y casi sintió dolor físico al hacerlo.

- ¿Y me aseguras que no es para una corte? –preguntó dudoso.

- No, como dije, es personal.

- Dame unos minutos, te regreso la llamada. –prometió el hombre y colgó.

Durante la espera Emmett siguió revisando toda la habitación, buscó cualquier cosa que le diera una pista, aunque no sabía qué deseaba encontrar. Al final, todo fue infructuoso, no se topó con más papeles, ni recibos de compras, ni señales de que Rosalie estuviera en contacto con alguien más.

Poco después, justo como debería hacerlo, el bancario devolvió la llamada informándole que el día anterior Rosalie había vaciado y cancelado la cuenta, le dijo la cantidad de dinero que había y después cortaron la comunicación. Emmett tomó la computadora y revisó los movimientos de su cuenta, Rose no sacó dinero ni compró nada con la extensión de su tarjeta antes de romperla.

¿Entonces qué sucedió? Quizás era muy obvio, tal vez ella fue sincera por primera vez en esa nota y no lo amaba de verdad, no era feliz a su lado como pensó. Se le ocurrieron mil cosas, cada una peor que la anterior, se culpó a sí mismo por imbécil y a ella por falsa, calculó el valor de las joyas y lo sumó al dinero de la cuenta, sin agregarle también el valor del teléfono que también él le regaló… al final resultó ser una gran cantidad de dinero. Y la maldijo en su interior, aunque eso no cambiara el hecho de seguir amándola.

CoNTiNuaRá...


Hello! Un cap algo corto pero muy importante. Mil gracias por todos sus comentarios y por continuar leyendo. Espero les haya gustado. Una pequeña sorpresa para el próximo cap. Grax! Y q tengan una linda semana.