I love the way you lie


Este es un fic con propósitos de entretenimiento, sin intención de infringir los derechos de los autores correspondientes.


Acotaciones:

&...&... Cambio de escena.


Rosalie estaba sentada en un parque sólo viendo la vida pasar y pensando el tiempo que avanzaba en su contra, porque nunca iba lo suficientemente rápido. Ya habían pasado pocos meses desde que su vida cambió radicalmente en sólo unas horas, un día nada más fue necesario para que tuviera que tomar decisiones y adaptarse a ellas.

Suspiró tratando de concentrarse en otra cosa. Pensó en el trabajo, eran días ocupados en la tienda de ropa y le resultaba cansado a veces, pero ganaba dinero y eso era lo importante. Además debía pensar cuánto tiempo más se quedaría viviendo en donde hasta ahora lo hacía, no era lo ideal a largo plazo pero encontrar algo más, algo que se adaptara mejor a sus necesidades, no era tarea sencilla. Negó un poco con la cabeza, también deseando sacarse esa preocupación de la cabeza, ese era su día libre y estaba paseando para relajarse.

Probó una vez más el helado de fresa y sonrió, últimamente se le antojaba comerlo todos los días y como no se lo permitía, disfrutaba al máximo esos momentos. Delante de ella pasaron varios niños corriendo detrás de un perro y sonrió sintiendo su alegría aunque fuera un poco, a ellos no les importaba que el cielo estuviera nublado ni que hiciera frío o tuvieran que ir a la escuela, sólo eran felices… cómo les tenía envidia.

Muy a lo lejos se escuchó un trueno y ella se asustó, luego, decidió regresar a casa antes de que la lluvia la empapara y acabara por enfermarse. Se puso de pie con algo de trabajo y cruzó el parque caminando lentamente mientras el helado que llevaba entre las manos se terminó y botó en un basurero la servilleta. Cuando llegó a la parada del autobús se detuvo y un muchacho le entregó un folleto, ella lo miró y encontró promociones de bienes raíces, casas de todos tipos y en varias ciudades.

- Quizás debería irme. –murmuró para sí misma meditando por milésima vez el abandonar esa ciudad.

Ahí fue donde nació y creció, donde perdió a su hermano y vivió con Royce… donde conoció a Emmett y se separó de él. Probablemente lo más sabio sería marcharse, irse lejos donde pudiera evocar los buenos recuerdos sin evitar lugares que le trajeran los malos. Cuando estuviera lejos no tendría que mirar sobre su hombro todo el tiempo temiendo toparse con alguno de esos tres hombres… porque encontrar a cualquiera de ellos le causaba miedo, aunque por diferentes causas.

El autobús llegó y ella esperó a que subiera una pareja de ancianos lentamente, luego puso una mano para halarse y subir con más facilidad pero de repente un agarre de hierro la detuvo por el brazo y la jaló hacia atrás, primero pensó que sería un ladrón, pero ella ni siquiera llevaba bolso, entonces el instinto le dijo que estaba por enfrentarse a algo que hubiera preferido posponer para siempre.

- ¡Royce! –exclamó muy segura de que sería ese hombre el que la estaba tomando con tal rudeza, pero no, los ojos enfurecidos que se topó no fueron de ese hombre, sino los de Emmett, que ardían con furia implacable, como nunca pensó pudieran. Y en ese instante el mundo entero se detuvo.

Sólo se quedaron mirándose por una eternidad, ninguno fue capaz de hablar o moverse. Emmett la vio momentos antes y sin poder creer que se tratara de ella la detuvo, fue puro instinto y aunque mil veces antes pensó lo que haría si volviera a tenerla frente a él, en ese instante su mente se quedó en blanco y las palabras no acudieron. Rosalie sintió la sangre detenerse al igual que su corazón, lo observó y se sorprendió por la diferencia en su mirada… ahí había odio, ya nada de amor.

La primera en reaccionar fue ella, que sólo atinó a darse la media vuelta y empezar a caminar, pero él no estaba dispuesto a dejarla ir con tanta facilidad, no otra vez. Usando su agilidad la adelantó y se le puso enfrente, como un muro imposible de pasar. Pero aún no tenía idea de qué decirle. Rose intentó rodearlo y eso hizo que se descuidara y su abrigo se abriera, Emmett se quedó de hielo.

- Estás embarazada. –le dijo sin aliento y a ella se le clavaron mil agujas en la piel, sólo se cerró de nuevo la prenda y dio varios pases hacia atrás, desesperada por alejarse. – No te vas a ir. –le avisó él y se acercó más. - ¿Cuánto tiempo tienes? –preguntó señalándole el vientre algo abultado.

- No es de tu incumbencia. –respondió ella a la defensiva, haciendo cuentas mentales.

- ¡Claro que lo es! –le gritó y atrajo la atención de algunos transeúntes que miraron pero no se detuvieron.

- Son tres meses, Emmett, mi embarazo no es de tu incumbencia. –reiteró ya con más calma habiendo sacado números cuidadosamente.

- No soy estúpido, Rosalie. No puedes tener tan poco tiempo, ya se te nota… dime la verdad. –exigió acorralándola a contra una jardinera, él se quedó a un metro escaso.

- Si se nota o no, tampoco es tu problema. Déjame pasar. –intentó sonar tan firme como pudo, aunque estaba aterrorizada, era casi su peor pesadilla haciéndose realidad.

- ¿Para que vuelvas con Royce? Justo como cuando regresé al departamento y no estabas. –le reclamó.

- Sí Emmett, déjame para que vuelva con Royce, me está esperando. –pronunció con cuidado y mucha seguridad, aunque se le formó un nudo en el estómago.

- No Rosalie. Quiero una prueba de paternidad.

- ¿Qué? –exclamó sin poder creer lo que él le dijo y se abrazó a sí misma y a su bebé sin nacer.

- Dices que te embarazaste hace tres meses y no te creo. Yo creo que ese bebé puede ser mío y no voy a permitir que mi hijo pase un solo día con esa bestia con la que vives. Si tú quieres estar con él es tu maldito problema, pero yo voy a asegurarme de que el bebé que arrastres a ese infierno no sea mío. –le habló con rudeza y furia con la cuenta del tiempo muy clara en la mente, Rosalie se había marchado hacía tres meses y medio de su lado y su vientre era demasiado grande para que tuviera menos tiempo que eso, quizás se equivocaba pero no estaba dispuesto a jugar con la vida de un bebé y si era suyo lo pelearía con todas sus fuerzas.

- No puedes hacer eso. Sólo deja que me marche y siga con mi vida. –le rogó viéndolo a los ojos.

- No Rosalie. Si no accedes a hacer la prueba voy a conseguir una orden de la corte y aunque te tengan que atar van a tomar una muestra de ADN de ese bebé.

- ¡No! Lo van a lastimar. –se asustó sólo de pensar en una guja entrando en su cuerpo y acercándose a su pequeña criatura. – No es tu hijo, Emmett, entiéndelo.

- Yo confiaba en ti y me traicionaste, no pienso volver a cometer el mismo error.

- No, no puedes hacerle eso… -murmuró mientras su corazón se partía en dos una vez más con las palabras de Emmett.

- Claro que puedo, sólo una llamada y lo haré hoy mismo. –le aseguró con un semblante de ferocidad que Rose nunca le vio antes.

- No, sólo espera a que nazca. –le pidió con los ojos llenos de lágrimas, desesperada por ganar tiempo. – Si para entonces aún no me crees, puedes hacer la prueba y convencerte de que no es tu bebé.

- ¿Y cómo sé que no vas a desaparecer? O que ese imbécil de Royce no los va a matar a los dos.

- Amo al bebé, nunca dejaría que lo dañaran, ni Royce, ni tú, ni nadie. –le aseguró llena de convicción, pues de lo único que estaba segura era de amar a su niño o niña más que a nada en el mundo.

Antes de que Emmett respondiera las gotas de lluvia comenzaron a caer con fuerza, él lo meditó y trazó un plan para obtener lo que deseaba, pues si era realista forzar a Rosalie para hacer la prueba antes del nacimiento sería muy difícil, pero no quería dejar pasar tantos meses con su hijo a merced de la furia de Royce. Al final, supo lo que haría.

- Te llevo a tu casa y en el camino te explico cómo vamos a hacer las cosas. –le aseguró y le señaló hacia la calle, donde detendría un taxi.

Rosalie lo meditó y muy pronto supo que de momento no le quedaban más opciones, no quería enfrentarse a Emmett pues no tenía posibilidades de ganarle si él se empeñaba en forzarla utilizando todos sus recursos. Así, llena de renuencia, accedió.

Tomaron un taxi y ella le dio la dirección al conductor, por un momento pensó en mentir, pero sabía que él era demasiado listo para dejarse engañar. Todo el camino lo hicieron en un tenso silencio, por fortuna no fueron más de veinte minutos. Cuando el auto paró en la puerta de un edificio de departamentos pequeños él habló.

- Voy a esperar hasta que nazca, ni un minuto más. Y si es mi hijo voy a pelear y a ganar su custodia porque no va a pasar ni un día con ese novio tuyo. –le aseguró viéndola a los ojos. – Espero que me conozcas lo suficiente para saber que hablo en serio, Rosalie, nunca dejaría a mi bebé correr ningún riesgo. Y no intentes huir porque desde ahora te voy a tener vigilada siempre. –terminó de advertirle y ella no supo cómo pelear, no tenía idea de qué manera podría salir de ese lío, al final se limitó a asentir y abrir la puerta del auto. Quizás después podría pensar en algo más. Emmett la miró y por un segundo al notar la tristeza en su mirada se sintió mal, lo suficiente para hacerle un regalo, algo que planeó darle junto con su anillo de compromiso tiempo atrás, en lo que le pareció una vida pasada. – Espera. –le pidió y ella se detuvo deseando que todo eso terminara y ya. Él sacó una de sus tarjetas de presentación y escribió una dirección en el reverso, aunque nunca hubiera ido la recordaba de memoria. – Ahí vive tu hermano. –le aseguró entregándosela. – Nunca me contacté con él ni sabe nada de ti. Pero si llegas a entrar en razón, ve y búscalo. Quizás él quiera cuidarte cuando Royce te golpee. –terminó de decirle con veneno en la voz.

Rosalie tomó la tarjeta y se bajó corriendo del auto, entró en el edificio y fue hasta su departamento de la misma forma, estaba helada por el clima y la lluvia, tenía los nervios destrozados por la situación y el corazón roto por Emmett. Cerró la puerta tras de sí y se sentó en el suelo viendo la caligrafía del abogado, una calle y un número… ahí podría encontrar a Jasper pero en ese momento menos que nunca deseaba enfrentarlo… aunque era cuando más lo necesitaba.

Ahí se quedó un buen rato, llorando para desahogarse y temblando por el frío, nadie la interrumpió porque estaba sola. Le hizo creer a Emmett que había vuelto al lado de Royce pero fue una mentira, a ese hombre no deseaba verlo nunca más, pero de momento sólo obedeció a un impulso, a hacerle creer al otro que existía una razón para todo ese dolor que ella causó.

&...&...

- ¿Qué te pasó? –fue lo primero que dijo Edward cuando al abrir la puerta de su departamento se encontró a Emmett, totalmente desaliñado y con la mirada enfurecida, luego, se hizo a un lado y lo dejó pasar como un gran torbellino de concreto sólido.

- La encontré. Sólo me la topé en la calle ¿puedes creerlo? –soltó él de repente yendo directo a donde su amigo guardaba los vinos y tomando lo primero que encontró para llevarlo a la mesa. Edward supo que esa sería una noche larga y fue por dos vasos.

- ¿A Rosalie? –preguntó sabiendo que estaba en lo correcto.

- Sí. Y eso no es lo más increíble. Ni lo peor de todo. Ella está embarazada ¡embarazada! De sólo Dios sabe cuántos meses. – gritó exasperado tomando los vasos de las manos de su amigo y sirviéndolos hasta el tope, de inmediato dio el primer sorbo.

- ¿Y crees que es tuyo?

- No lo sé. Ella dice que no. Pero no lo sé. Ahora vive otra vez con la bestia que casi la mata. Aunque ese bebé fuera mío, si él lo quiere, es muy capaz de hacerla mentir.

- Y supongo que vas a asegurarte de que no sea tu hijo. –replicó con calma, tratando de entender bien la situación.

- Desde luego. La dejé en su edificio de departamentos y mandé a alguien a hacer guardia. La voy a tener vigilada veinticuatro horas. No va a escapar de nuevo, no hasta que esté seguro de que no se marcha con mi hijo o hija.

- Tal vez no sea el mejor momento para recordártelo, pero te lo dije. Ella no es de fiar, nunca lo fue. Hace meses que se marchó y sigue jugando con tu vida. –le recalcó Edward tomando un poco de vino y muy seguro de que Rosalie nunca le gustó.

- Ya lo sé. –suspiró. – Pero a cualquier precio le voy a impedir que… -de repente dejó de hablar, como si no tuviera más palabras.

- Y lo que sea que estés planeando ¿cómo lo vas a hacer? Si todavía estás enamorado de ella. –quiso saber el chico del cabello color bronce.

- Yo ya no siento nada por ella. –contradijo Emmett, pero su amigo no tuvo que decir nada para expresarle que eso no era cierto, Emmett suspiró de nuevo. - Pues la verdad no lo sé. No sé cómo voy a manejarlo. Por lo pronto necesito tenerla bajo control mientras veo qué tan posible es obtener una orden de la corte para una muestra de ADN del bebé.

- ¿Antes de que nazca?

- Sí. Lo antes posible.

- ¿Y si es tuyo? ¿Qué vas a hacer?

- Alejarlo de las garras de su novio, quitarle la custodia a Rosalie y criarlo. Si es mi hijo no lo voy a abandonar a su suerte, no cuando su madre es… capaz de hacer todo lo que ya hizo. La vi, vi su vientre, ella quiere engañarme, pero estoy seguro que se embarazó cuando estábamos juntos, no después.

- Entonces tienes que estar preparado para enfrentar eso, que se haya embarazado estando contigo, pero que el bebé no sea tuyo. –las palabras duras de Edward eran nada más que un intento por hacerle entender a Emmett a qué cosas podría estar por enfrentarse, sólo estaba siendo directo, pero el otro chico lo miró con desconcierto, como si le hubiera dicho algo para agredirlo. - Ella sólo se fue sin dar explicaciones, quizás supo que estaba embarazada de alguien más y por eso se marchó. Tienes que considerar esa posibilidad.

- Sí. Sé que tienes razón. –con un largo trago vació su vaso y fue a servirse más, deseando no pensar en la posibilidad tan real que le estaba planteando Edward.

&...&...

Para Rosalie esa noche y la mañana siguiente se pasaron como un abismo interminable de tiempo y lágrimas, trató de ser fuerte, pero no pudo. Al día siguiente sólo se maquilló para que no se notara tanto que pasó horas llorando y fue a trabajar por la tarde, justo como debía hacerlo. Al salir del edificio y de camino al trabajo notó que un hombre la seguía, pero ni siquiera se preocupó porque Emmett ya se lo había advertido… la tendría vigilada.

Llegó a la tienda de ropa y puso su mejor sonrisa para olvidarse de todo lo malo y concentrarse en lo que era importante en esos momentos. Pero no pudo. Cada vez que miraba un chico de su edad, alguien de cabello rubio o unos ojos azules recordaba que en su mesa de noche descansaba la tarjeta que Emmett le había dado con la dirección de su hermano. Por un lado la idea de que la viera en esas condiciones la aterraba, pero al mismo tiempo pensó que tal vez era el momento justo para volver a encontrarse, ahora que estaba más sola que nunca. Si él volvía a formar parte de su vida, entonces, su bebé tendría más familia que sólo una mamá, podría conocer a su tío y tener una vida más normal. Eso si es que Emmett no se lo arrebataba de los brazos para siempre.

Hizo cuentas de los días y pensó que si lograba decidirse podría ir a probar suerte ese mismo domingo, pues descansaba y tendría mucho tiempo para ir y volver a conocer a su gemelo. Quizás lo mejor sería sólo hablar un poco, escucharlo y saber de él pero sin llegar a contarle cómo era su vida en esos momentos. No podría revelarle el secreto que desesperadamente intentaba esconder del mundo, eso jamás, pero sí podría decirle dónde trabajaba y lo feliz que la hacía saber que dentro de un tiempo podría sostener a su bebé.

Jasper no se sentiría orgulloso de ella, quizás ni siquiera terminaría de perdonarla por elegir a Royce por encima de él tantos años atrás… pero por lo menos le daría una sonrisa e intentaría comprender que lo hizo por él, para no arrastrarlo al tipo de vida que ella había tenido.

&...&...

Emmett entró al consultorio de médico cuando la secretaria se lo indicó. Se trataba de un ginecólogo especialista en darles niños a padres que tenían problemas para concebirlos y como muchas otras personas tenía cierta deuda con él luego de que lo salvara de perder su licencia por un caso controversial. Esa visita era informativa, pues deseaba aclarar muchas dudas.

- Toma asiento. –le indicó el médico luego de que estrecharon manos. - ¿En qué puedo ayudarte?

- Necesito saber qué tan complicado es tomar una muestra de ADN para hacer una prueba de paternidad antes de que nazca el bebé.

- Yo nunca recomiendo eso. No hay necesidad de apresurar las cosas. Hay peligro de que se introduzca algún germen a donde está el niño, de equivocarse y tocarlo con la aguja… inclusive se puede provocar un aborto. –le dijo el otro sin dudar.

- ¿Y si la madre coopera? –preguntó Emmett sabiendo que eso era poco probable en su caso.

- Aunque así sea, no cambia el peligro. Y si ella no tiene los cuidados necesarios en los días posteriores, la probabilidad de una complicación aumenta. –frunció el seño esperando que Emmett no le pidiera hacer tal cosa.

- Y una vez que nace, debe ser tan sencillo como en un adulto. –conjeturó él que sabía poco de eso.

- Así, es. Si esperan a que nazca ni siquiera sería necesario pincharlo, se puede tomar la muestra con sangre del cordón umbilical.

- Entonces… no lo harías.

- No. Como médico no lo haría. Y quizás no te sea fácil encontrar alguien que acceda así nada más. –aseguró y vio que Emmett se ponía de pie.

- Gracias. Eso necesitaba saber.

Luego se marchó sin mirar atrás, más desanimado que antes. Él no deseaba poner en riesgo a ningún bebé, en especial a ese que sospechaba podría ser suyo. Tomó su auto y fue a su segunda cita del día, aunque era más bien una visita casual a un juez amigo suyo. Llegó hasta su oficina y entró luego de una breve espera. Quizás en el terreno médico tenía dudas, pero siendo abogado quería asegurarse de qué tanto podía obligar a Rosalie, en caso de que su necesidad de saber la verdad lo sobrepasara.

- ¿Una visita social? –preguntó el juez sonriendo y con la certeza de que Emmett buscaba algo.

- Sí. Una visita extraoficial. Y de carácter personal.

- Eso es nuevo ¿qué problema legal tendrías tú?

- Quiero hacer una prueba de paternidad en un bebé antes de que nazca. –soltó yendo al grano con una sonrisa algo sarcástica y amarga. Odiaba tener que estar e esa situación, cuando un hijo en lugar de significar sólo felicidad, venía con tantos altibajos.

- ¿Una mujer quiere convencerte de que vas a ser papá?

- No. Es exactamente al revés. Y ella no quiere hacer la prueba.

- Necesitas una orden firmada por un juez para obligarla. –sacó la conclusión obvia y Emmett asintió, entonces, su amigos supo que el asunto era más serio de lo que pensó en un inicio. – No lo sé, Emmett, tendría que investigar con médicos qué riesgos implica. Si ella no desea acceder va a poner el bienestar de su bebé como razón. Y no puedo ir en contra de eso.

- Ya hablé con médico, él está convencido de que no vale la pena hacerlo por los riesgos para el bebé. –confesó con tranquilidad, sabiendo ya que no tenía muchas posibilidad y no le quedaría más que esperar.

- Entonces yo no puedo hacerlo. No puedo ignorar así los hechos. Espero que puedas entenderlo, si la obligo y algo sale mal la vida de ese niño va pender sobre mi cuello como un hacha. –le explicó.

- Lo sé. Sólo quería estar seguro.

- Tendrás que esperar a que nazca. Lo único que puedo hacer es obligar a la madre a no abandonar la ciudad y que le tomen una muestra al bebé al nacer.

- Mañana en la mañana las tendrás en tu escritorio listas para ser firmadas. –le aseguró y se puso de pie. – Y gracias. Te debo una. –aseguró sabiendo que era verdad y en su mundo eso quizás le costaría mucho.

- Lo recordaré. –le sonrió y se despidieron luego de su breve conversación.

Emmett regresó directo a la oficina, listo para redactar los documentos, una vez estando firmados le informaría a Rosalie de las decisiones tomadas. Podría mandar a alguien más a que se lo informara pero no, lo haría él mismo pues necesitaba comprobar una vez más con sus propios ojos que todo era cierto y no se había imaginado ese encuentro.

&...&...

Rosalie llamó a la puerta y esperó intentando calmar el ritmo de su corazón, aunque sabía que era poco probable que lo lograra. Poco después le abrió una mujer, era pequeña de estatura y muy joven, probablemente más que ella, su cabello negro y corto iba en perfecta conjunción con el resto de su cuerpo. La extraña le sonrió y ella apenas pudo reaccionar, quizás Emmett se había equivocado y ahí no vivía Jasper.

- ¿En qué puedo ayudarte? –le dijo la mujer del cabello negro.

- ¿Jasper vive aquí? –preguntó frunciendo el seño.

- No está en casa ahora ¿quién lo busca? –inquirió viéndola con desconcierto, casi sospecha.

- ¿Volverá pronto? -Rosalie ni siquiera consideró responder a esa interrogante, no quería que su hermano se enterara de esa visita por boca de alguien más.

- Quizás ¿es que no puedes dejarle un mensaje con su esposa? –la mujer ahora parecía estar pasando del desconcierto a la incomodidad.

- ¿Está casado? –fue lo único que se le ocurrió preguntar, aunque tal vez era muy obvio.

- Y con un bebé ¿no te lo dijo? ¿Quién se supone que eres?

- No. No piensas mal. Es que no lo veo desde… hace mucho.

Rosalie pensó en lo mal que la debería estar pasando la esposa de su hermano, pues por todo lo que sabía una extraña, con vientre de embarazo, se acababa de presentar en su puerta buscando a Jasper sin saber que estaba casado. Pero en verdad no deseaba dejarle un mensaje con ella, aunque fuera su esposa, quería tener la oportunidad de explicarse en persona.

- Tus ojos son azules, como los de él. –dijo la otra mujer de repente y frunció el seño, después en sus ojos brilló el reconocimiento y luego la sorpresa. Rosalie pensó que había hecho la conexión, pues en el pasado siempre les dijeron cómo ambos compartían un mismo tono raro de azul, bonito, pero muy poco común. - ¿Rosalie? Tú eres Rosalie.

- Sí, soy su hermana. –confesó lo que la otra mujer sospechaba.

- No lo puedo creer. Entra. –la tomó de la mano y casi la arrastró dentro. – Soy Alice. Jasper te extraña tanto. –en seguida la abrazó y Rose correspondió el gesto intrigada por el remolino de energía que era esa mujer. – Él está por llegar, en cualquier momento. Vamos, siéntate. –lo último sonó a una orden y un segundo después Alice fue de regresó a la puerta y salió de la casa.

Rosalie se quedó de pie mirando todo a su alrededor hasta que se topó con un bebé. La pequeña criatura estaba envuelta en cobijas y rodeada de cojines en uno de los sillones, todo era de color azul por lo que supo que se trataba de un niño. Se acercó lentamente y lo observó con cuidado, no podría tener más de uno o dos meses de vida, estaba dormido y sobre su cabeza se veía cabello oscuro como el de su cuñada. Se quedó mirándolo con una sonrisa, buscando los rasgos que eran como los de Jasper, hasta que escuchó voces acercándose y se giró hacia la puerta, ahí estaba su hermano sosteniendo una bolsa con cosas que Alice le quitó de inmediato.

Jasper la observó sin poder creerlo, en su expresión cruzaron mil emociones, sorpresa, dolor, melancolía, felicidad… todo mezclado. Para Rosalie ese fue el momento decisivo, cuando él la amaría de nuevo o la odiaría para siempre. Se puso más nerviosa que antes e intentó sonreír, aunque sólo deseaba llorar. Al final, se alegró de que el veredicto fuera bueno, Jasper se acercó y la abrazó.

Aunque hubieran pasado tantos años estar a su lado se sintió como antes. Ellos estuvieron juntos desde antes de nacer, se conocían a la perfección y mantenían un vínculo único, quizás fue por eso que no les faltaron las palabras en esos momentos, con un solo gesto dijeron todo lo necesario.

- Rose. No lo puedo creer. Estás bien, estás aquí. –le murmuró él y luego se separó para verla a los ojos, los de él estaban también cristalinos. – Nunca creí que te volvería a ver.

- Lo sé. Lo siento. –apenas pudo hablar venciendo el nudo en su garganta.

- No te disculpes. Ya habrá tiempo. –sonrió y la tomó de la mano. – Ya conociste a Alice. –le señalo a su esposa, que estaba ahora acunando en brazos al bebé.

- Sí. Y a tu bebé también. Es hermoso.

- ¿Tú tienes más bebés? O sólo éste… -inquirió mirando su vientre.

- Es mi primero.

- Felicidades. –la abrazó un corto tiempo y después la incitó para que se sentaran juntos en el sillón, Alice fue y le entregó el bebé a Jasper, luego desapareció en dirección de la cocina para llevar bebidas. - ¿Cómo me encontraste? Yo te busqué por todos lados, fue como si hubieras desaparecido… temí que algo horrible te hubiera pasado. –le confesó recordando todas las cosas impensables que se imaginó.

- Alguien lo hizo. Es un abogado, con miles de contactos. –resumió Rosalie, no deseando ahondar en ese tema.

- Dale las gracias de mi parte. –sonrió y ella trató de devolverle el gesto.

Las siguientes horas se les pasaron conversando acerca de todos esos años perdidos. Alice los acompañó casi todo el tiempo, interviniendo cada vez que la versión de Jasper no le parecía que tuviera los suficientes detalles. El chico le contó a su hermana cómo fue que se enroló en la milicia pero trabajaba en laboratorios de electrónica, jamás había pisado un campo de batalla real y probablemente nunca lo hiciera, pues era más útil trabajando en el desarrollo de tecnología. También le dijo cómo fue que conoció a Alice y lo feliz que era en ese momento que su vida, por fin, estaba completa. Rosalie le preguntó por sus padres y eso fue un tema difícil, porque Jasper había perdido la comunicación con ellos muchos años atrás, apenas unos meses después que Rosalie, pues al volverse soldado se fue de casa y jamás miró hacia atrás otra vez, nunca les perdonó el que la echaran de casa como lo hicieron.

Rosalie también le dijo cosas sobre su vida, pero nada muy concreto. Le dijo que vivía sola, y no mencionó nada del padre del bebé, le contó dónde trabajaba y algunas anécdotas felices a lo largo de su vida. Le habló un poco de Royce, pero no le dijo que la golpeó durante años y a Emmett para nada lo mencionó.

Cuando se dieron cuenta de la hora ya había anochecido y Rose suspiró lamentando el tener que irse, sin embargo, no contó con la mente perspicaz de Alice que desde el medio día planeó todo.

- Creo que es mejor que me vaya…

- No. Rose, hace años que no nos vemos… -replicó Jasper con pocas intenciones de dejarla ir, sentía como si esa fuera su única oportunidad de verla.

- Pasa aquí la noche. –apareció Alice de las escaleras con una pequeña maleta. – Puse aquí lo que puedes necesitar para quedarte a dormir y la habitación de huéspedes está lista. Mañana desayunamos juntas y alcanzas a llegar a casa antes de ir a trabajar.

- Por eso te amo. Eres perfecta. –la alabó Jasper besándola en los labios y tomando la maleta para llevarla él a la habitación donde se hospedaría su hermana.

- Lo sé. –contestó Alice y fue a abrazar a su cuñada. –Me da gusto conocerte al fin. Ahora la vida de Jasper está completa. Gracias por hacerlo feliz. –le habló bajo y después subió para dormir unas horas hasta que el bebé se despertara para comer.

- Tienes una gran mujer a tu lado. –reconoció Rosalie siguiendo a Jasper.

- Es maravillosa. –estuvo él de acuerdo y siguió caminando, de repente con el semblante un poco más serio. Llegaron al cuarto que sería de Rosalie esa noche y Jasper cerró la puerta tras de sí, no lo hizo por él, sino por ella, pues estaba a punto de llevar la conversación por terrenos más sensibles y deseaba que Rose fuera libre de hablar. – Rosalie. Aún hay cosas que voy a preguntarte. –le advirtió sentándose en la cama a su lado.

- Sí, supongo que quieres explicaciones…

- Quiero entenderte, saber por qué te fuiste así…

- Ellos me echaron de la casa porque era un problema… -murmuró viendo el suelo y al instante Jasper se levantó con ira de la cama y comenzó a caminar.

- ¡Yo era el problema! Era el que siempre se metía en líos ¡toda la vida! Y tú te echabas la culpa para que no me golpearan. –le aclaró algo que ella sabía bien.

- A mí no me golpeaban por ser mujer, no podía dejar que te lo hicieran a ti… -le explicó otro detalle que él también sabía.

- Ese es el punto. Ellos te echaron porque se cansaron de los problemas que yo causaba, tú siempre me ayudaste y cuando quise hacer lo mismo por ti, sólo desapareciste…

FLASHBACK

Rose y Jasper entraron a su casa algo tarde por la noche, ese sábado salieron con su grupo de amigos a bailar y no anticiparon que algo estuviera mal, hasta que encontraron a sus padres esperándolos en la sala.

- Decidieron volver. –los saludó sarcástico su progenitor.

- ¿Qué sucede? –se adelantó Jasper tomando de la mano a Rosalie, podía sentir la tensión en el ambiente.

- Nos enteramos de otro incidente, la semana pasada, en una fiesta. –les reclamó su madre. – Y eso es todo. Tomamos una decisión.

- ¿Qué fiesta? –inquirió Rosalie.

- La fiesta que terminó con la policía llegando. Ustedes deben saberlo muy bien, estaban ahí. Y tú, señorita, si es que puedo llamarte así, te encontrabas entre las mujeres que andaban por ahí casi desnudas…

- ¿Qué? Por supuesto que no. –se enfadó Rosalie, pues ella y Jasper sí estuvieron en una fiesta que terminó con la policía involucrada y varias chicas casi sin ropa, pero ellos se marcharon mucho antes de todo eso.

- No intentes defenderte. Esto es demasiado. Siempre has dado problemas, no sé qué hicimos mal contigo, pero es suficiente. Mejor vete con alguno de tus novios, como el patán con el que te hemos visto, ese tal Royce, ve y que él lidie contigo antes de que te embaraces y ni siquiera sepas quién es el padre. Tus cosas están empacadas, Rosalie, esta es la última noche que pasas aquí. –les explicó su padre. – Y a ti, Jasper, te vamos a dar una oportunidad, una última oportunidad. Sólo porque siempre has sido mucho mejor que ella.

- No. Están equivocados. No pueden hacer esto. Ella sólo me ha estado cubriendo todo este tiempo. –les dijo Jasper sin entender bien qué estaba pasando.

- No. Siempre he sido yo. –lo contradijo su hermana con un nudo en la garganta y los ojos llenos de lágrimas, no deseando que él arruinara todo, no si aún tenía una oportunidad de conservar su casa y todas las comodidades que eso implicaba.

- Ni siquiera voy a escucharlo. –alegó su padre y se marchó por la puerta principal.

- Es suficiente. Siempre acabas arruinando todo. –dijo su madre y fue a encerrarse en su habitación.

- Ven. –murmuró Jasper y ambos subieron corriendo hasta la habitación del chico, ahí se encerraron bajo llave.

Rosalie no sabía qué hacer, cómo podría continuar desde ese momento. Nunca tuvo lujos, pero tampoco le faltó nada, sus padres nunca fueron perfectos… pero esto le pareció demasiado. Su hermano la abrazó y la acunó varios minutos mientras fue trazando un plan.

- Mañana nos iremos los dos. –le prometió murmurándole en el oído. – No habrá forma de convencerlos, pero tú y yo siempre hemos estado juntos y eso no va a cambiar ahora. Mañana a primera hora nos vamos a marchar y vamos a hacer una nueva vida. –le juró y luego besó su cabello.

- No puedes irte, si te vas… no podrás seguir en la escuela… y… Jasper… no puedes… -apenas dijo ella no deseando que su hermano pasara por lo que para ella parecía inevitable, pero sin deseos de separarse de él.

- No voy a dejarte sola, punto final. –decidió él y se puso de pie para guardar sus cosas.

Esa noche fue eterna, Jasper trazó planes e hizo una maleta con lo más indispensable mientras Rosalie lo miraba nada más con interminables lágrimas en el rostro. No fue hasta muy cerca del amanecer que estando acostados juntos él se quedó dormido y ella se dio cuenta de que si quería escapar ese era el momento. No supo cómo lo decidió exactamente, pero tampoco tenía dudas, si Jasper tenía una mejor opción… lo forzaría a tomarla.

Se puso de pie con cuidado de no despertarlo y fue a su habitación donde tal como se lo dijeron antes estaban sus maletas hechas. Suspiró y se mordió el labio para no hacer ruido, tenía que ser totalmente silenciosa para no despertar a su gemelo. Justo cuando iba a ver que nada esencial se quedara ahí le llegó un mensaje de texto, era de Royce, un chico que llevaba días buscando salir con ella y a quien nunca antes le prestó mucha atención, contrario a lo que pensaban sus padres. Pero tal vez fue obra del destino, que justo cuando necesitaba una salida… ahí estaba él.

Le respondió pidiéndole ir a su casa, aunque no se quedara ahí de forma definitiva bien podría pasar una o dos noches y Jasper jamás la encontraría porque sólo conocía a Royce de vista. Cuando tuvo todas las ideas en orden tomó sus cosas y bajó en silencio las escaleras, luego salió de la casa y le dio una última mirada a la ventana de su hermano, despidiéndose en silencio. No supo si lo que hacía era tonto o no, si él la odiaría por siempre o entendería porqué estaba haciendo las cosas, pero siendo tan joven no se le ocurrió nada mejor que marchase ella sola para que Jasper pudiera quedarse. Aunque eso le estuviera rompiendo el corazón.

FIN DEL FLASHBACK

- Nunca me hubieras dejado ir a mí sola.

- ¡Por supuesto que no! –gritó y luego se dio cuenta de que no ayudaba nadie con eso y continuó hablando en tono más bajo. – Nunca te hubiera dejado sola.

- Creí que era lo mejor. Sólo deseaba que tú estuvieras bien. Yo encontraría alguna forma…

- ¿Y qué fue lo que hiciste?

- Fui con Royce ¿lo recuerdas? Él me había estado buscando…

- ¿El tipo que te esperaba afuera de la escuela? –cuestionó apenas teniendo una vaga imagen de él.

- Sí. Él me recibió en su casa y luego nos hicimos novios. Siempre estuve con él. Nos separamos hace menos de un año. –confesó sabiendo que antes nunca reveló el nombre del novio de quien le habló.

- Todo este tiempo… ¿cómo lo hiciste? Él no valía nada, Rosalie, frecuentaba chicas de preparatoria siendo mayor de edad, ni siquiera creo que tuviera un trabajo… -murmuró Jasper recobrando un poco más la calma para ir a sentarse a su lado otra vez. – Y nunca volviste a la escuela.

- No quería encontrarte. –confesó. – No deseaba arruinar lo que ya había hecho. Royce fue un refugio, me enamoré de él y encontramos la forma de salir adelante… conseguí empleo, nos mudamos varias veces.

- Hiciste toda tu vida con él… ¿por qué no me buscaste hasta ahora? Pudiste hacerlo, yo intenté todo lo que estuvo a mi alcance para encontrarte… y nunca lo logré.

- Huí de este encuentro porque estaba avergonzada de lo que hice y de mí misma. Tienes razón, Royce no era bueno, pero nunca pude dejarlo, nunca pude alejarme sin importar lo que él hiciera… -en ese punto Rosalie no pudo contener más sus emociones y comenzó a llorar, se sentía al pie de un abismo, estaba a punto de decirle a Jasper toda la verdad, de contarle lo que vivió durante todo ese tiempo y nunca quiso que supiera.

- Lo siento. –se disculpó él y la abrazó. – Pasaste todo eso por mi culpa. ¿Qué te hizo se hombre? –preguntó usando su intuición para saber que ella ocultaba muchas cosas.

- No tiene caso, Jasper, aunque te lo diga nada va a cambiar mis errores y además ya no importa, hace mucho que no sé de él y no pienso volver a tenerlo cerca.

- No te trató bien. –infirió él.

- Hizo algo peor que eso. –murmuró con la vista en el suelo.

Esa noche les sirvió a ambos para fortalecer el vínculo que nunca dejó de existir, poco a poco Rosalie fue perdiendo el miedo a que él la juzgara y toda la vergüenza que eso traía consigo. Pudo contarle los secretos que juró nunca llegarían a sus oídos y de alguna forma le sirvió para ser libre. Jasper la escuchó y la entendió, después, le prometió que ya nunca más estaría sola, porque ahora tenía un hogar y una familia a su lado.

&...&...

Alice despertó por la mañana a la hora de siempre, miró a su bebé que dormía tranquilo y fue a buscar a Jasper, no le extrañó nada el que hubiera pasado la noche con su hermana, probablemente se habían quedado despiertos varias horas más que ella. Caminó en silencio y de la misma forma abrió la puerta de la recámara de huéspedes, ahí los encontró a ambos dormidos, pasó con cuidado y acarició el rostro de su esposo, él abrió los ojos y la miró adormilado.

- Es hora de levantarse. –le dijo ella y le besó los labios, luego salió y lo esperó en el pasillo.

Jasper se tomó unos segundos más para espabilarse y luego se levantó con infinito cuidado de no despertar a su hermana, se puso los zapatos y salió a encontrar a Alice con todas las conversaciones de la noche anterior en la cabeza. Cuando la vio, la abrazó y escondió el rostro en su cabello.

- ¿Qué pasó? –preguntó ella devolviéndole el abrazo.

- Ella ha pasado sola por cosas muy difíciles y lo peor está aún por suceder. –murmuró sintiendo el dolor de todas las heridas de Rosalie.

- Pero ya no está sola. En realidad… ayer tuve una idea.

- ¿Qué idea? –se separó un poco para verla a los ojos.

- ¿Crees que Rosalie aceptaría mudarse aquí? Por lo menos un tiempo. Está embarazada, mientras más tiempo pase las pequeñas tareas se le harán más difíciles y aquí estaría bien, tenemos espacio suficiente.

- ¿No te molestaría si lo hiciera?

- Por supuesto que no. En realidad, sería muy divertido tener otra chica en casa. Hay demasiada testosterona por aquí. –le guiñó un ojo y luego le besó los labios un momento.

- Eres perfecta.

- Obviamente. –bromeó Alice justo antes de que su bebé llorara. – Sólo hay que darle unos días para que asimile que tiene una familia con ella y luego hacemos la propuesta.

- Suena como un plan. –se besaron una vez más y luego fueron para dar inicio a sus actividades diarias.

Un rato después Jasper se fue a la oficina algo apresurado por la hora, mientras, Alice le dio un biberón al bebé, luego hizo el desayuno y se sentó a leer una revista mientras Rosalie despertaba, eran casi las diez de la mañana cuando su cuñada bajo las escaleras aún vistiendo la pijama que le prestó.

- Se te ve mejor que a mí. –confesó Alice al verla.

- Gracias. Es muy linda. –respondió Rosalie. - ¿Se fue Jasper?

- Sí. Ven, siéntate, el desayuno está listo. –pronto ambas estuvieron sentadas tomando los alimentos mientras Rose se preguntaba si su hermano le habría contado mucho a Alice de lo que hablaron la noche anterior.

- Espero no estarte quitando el tiempo. –le dijo la chica rubia por hacer algo de conversación.

- En lo absoluto. Aun estoy de licencia de maternidad. En realidad… las próximas dos semanas cuando quieras sólo llama y podemos hacer algo juntas. –le sonrió y Rose correspondió el gesto. – Estaba pensando salir sólo entre chicas. Jasper puede quedarse con el bebé y salir nosotras. Quiero presentarte a mi amiga Bella, estoy muy segura de que se van a llevar muy bien.

- Claro, me encantaría. –aceptó con una sensación extraña en el estómago, como si fuera sólo una mujer normal y de repente todo el peso que había llevado sobre sus hombros en los últimos meses se hubiera hecho más ligero.

Luego de desayunar juntas Alice llevó a Rosalie a su departamento y se quedó ahí un rato, sólo conversando, haciéndose amiga de esa chica a la que estaba segura un día iba a considerar como hermana.

CoNTiNuaRá...

Hello! Mil gracias a todas por sus comentarios! Espero que les haya gustado este cap... hubo un par de sorpresas, no? Alguna idea de qué fue lo que en verdad pasó? Espero tengan un segundo para dejar un comentario. Gracias a todas por estar aquí! Y nos leemos la próxima semana. Ya muy cerca del final.