Recuerdos de otra vida.

Por culpa de un clavo se cayó la herradura, por culpa de la herradura se perdió un corcel, por culpa de un corcel no llego un mensaje y por culpa del mensaje que no llego se perdió la guerra...

Proverbio Chino

"Yo no tengo la culpa de que la vida se nutra de la virtud y del pecado de lo hermoso y de lo feo"

Benito Pérez Galdós

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En cuanto tocó la pluma, una luz le cegó. ¿Qué fue lo que vio?...

Otro mundo, otra vida, otra realidad. Tiempo atrás, exististe princesa de un reino, guardiana de uno de los planetas que rodean al centro plateado del sistema solar. Lo defendías, lo apreciabas sin ninguna molestia. Pero ya que el bien no existe sin el mal, este último rompió la armonía.

La música resonaba en el castillo Tritón, los habitantes festejaban el aniversario número 17 de la princesa Neptune. Al centro, ataviada con un hermoso vestido azul, ella observaba el enorme festejo que sus súbditos habían preparado para ella.

La más sensual de las danzas era realizada en tu nombre, amada por los tuyos y por los que no podías ver o conocer. Te alababan, te respetaban, te querían. Eras tan amada. Solías caminar y danzar con tus súbditos, pues a pesar de ser la realeza, gozabas de una particular sencillez. Libre de hacer y ceder cuando te parecía conveniente, tú, dama por demás bondadosa no te negarías a complacer a quienes te quieren. Los protocolos quedaban fuera si así lo querías.

Por otro lado, jamás descuidaste tú responsabilidad, siempre mantenías ese brío y status de vigilancia para los tuyos, tú estabas a cargo de cualquier avistamiento de energía maligna, tu podías percibir al peligro cuando acechaba, sin embargo; el destino puede ser cruel, y una pequeña distracción; mortal, para quienes olvidan pequeños detalles…

Tu aniversario fue el último día de gloria para el milenio de plata, tu aniversario fue el último día de felicidad y plenitud para nuestra época. Y resulta truculento que mientras tu disfrutabas, el mal acechaba sin que nadie pudiera observarlo…

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Michiru llevaba una hora mirando el objeto, le miraba como quien reta a un enemigo a mover el gatillo de la pistola y dar el tiro final, ese objeto era el causante de su desgracia. Y se preguntaba cómo podía estar un objeto tan endemoniadamente condenado.

-se realista, el objeto es el objeto, la condenada eres tú… Una cosa es percibir que existe una realidad, otra muy diferente que te lo afirmen, porque entonces las palabras, los pensamientos… se vuelven plásticos. Entran en la realidad.

- no le des más vueltas, sólo estabas esperando el cambio, como quien espera el invierno que sin titubeos llegará, tú, toda tú: oído, vista, tacto, olfato, toda tú eres diferente y percibes diferente la realidad.

- Caminar y que algo te persiga aunque no lo veas no es normal. Caminar y que una bestia que ni en tus peores pesadillas hubieras imaginado aparezca tampoco es normal. Que te ataque, mejor no mencionar que es inverosímil. Que de la nada un amuleto se aferre a tus manos y al tomarlo ya no vuelvas a ser la misma, eso no es normal… es injusto.

-¿Ya no podre ocultarme verdad?

Una mujer de cabello azulado tomo asiento a su lado, observando el objeto con serenidad.

-¿Ocultarte?, tú no te ocultabas, tu misión y tu verdadera personalidad se mantendrán ocultas, sin tener el sentido de alguien que se escabullé para no ser visto, la persona que eres tu ahora, en este momento, es la que adquiere toda la importancia y quien deberá de estar siempre en primer lugar. De otra manera aquella otra persona que serás y que eras en el principio de los tiempos no sería suficiente para afrontar tu responsabilidad. Princesa de Neptuno, Sailor Neptune, no son suficientes ahora. Michiru Kaiho es a lo que debes aferrarte para enfrentar lo que viene.

Todo el mundo se esconde, nunca muestran lo que son capaces de hacer. Sin embargo, en tu caso si no aceptas aquella otra parte de ti, jamás estarás completa. No obtendrás la parte del rompecabezas que te falta.

Esto no tendría por qué ser mi responsabilidad – susurro Michiru con rencor – ¡Yo tengo otros planes!

-No tendría, pero fue a ti a quien se le dio el mandato. La culpa te matará si no lo haces.

-Y si lo hago también.

-Pero si aceptas tienes una oportunidad, si no, la espera te consumirá poco a poco. Es mejor no saberlo que sólo esperar a que pase y conocer la verdad. "No eres la única sacrificada" habrá más y su sangre se derramara en tus manos. El destino es casi el mismo. Acepta Michiru, acepta ninfa de los mares. Observa tu pasado, conócelo para revertir el futuro y que el silencio no nos devore de un bocado. Acepta princesa de Neptuno. Acepta…

Una lágrima corrió por la mejilla de la chica. Tomó el amuleto y mientras una luz le inundaba hasta la ceguera ella suspiro.

…una oportunidad.

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2 semanas después.

La séptima gota roja cayó en el contenedor mientras Michiru cambiaba la compresa. La herida no había sido grande pero si dolorosa, eso más la torcedura en el tobillo izquierdo… ella no estaba acostumbrada a esto, tenía manos de pintora, de violinista, hechas para el arte y no para la guerra o las peleas. Por qué si se trataba de un ser pacífico que busca la belleza, ella y sólo ella se veía envuelta en la búsqueda de una batalla que la llevaba a lastimarse y muy probablemente en un futuro a morir.

Para la cuarta batalla que había tenido, la cosa estaba bastante mal, ¿Cómo iba a lograr cumplir con su cometido si apenas podía salir con vida de cada pelea.

"Un estúpido recuerdo jugando a la princesa de otro planeta no era suficiente, si era una guardiana porque demonios no le recordaban como pelear, era más útil que recordar como… morí"

Una risa sardónica se escucho detrás de ella.

-¿Te duele?

Michiru le miro de manera seria, poniendo todo su empeño en endurecer sus rasgos para dejar bien en claro que sus apariciones no eran de su agrado.

-Esa pequeña herida no se compara con los daños que podrías tener al final, espero que lo sepas.

- me encantaría saber por qué solo apareces en momentos como este para fastidiarme.

-alguien tiene que hacer tu vida miserable no crees, te mantiene en la realidad, así no podrás vivir en una burbuja color de rosa y veras la realidad con facilidad. Además de que percibirás lo inútil que eres hasta el momento.

-si de mí dependiera no lo haría. ¡Si de mí dependiera…!

- ¿Y no depende de ti? Tú tomas las decisiones tanto positivas como negativas, desde luego que al tomar el lado de un bando, te perderás el otro, es la ley de la vida. Deberías suponerlo. Dime… ¿Qué dejas de lado si te niegas a seguir?

Michiru no contesto, realmente no había nada en su vida más que el arte. A sus padres los veía poco, amigos no tenía, lo único que le quedaba era la música, la pintura incluso la natación, eso era ella. No más.

-Exacto, tú vida no vale tanto como la de otros individuos. Eres un tanto… vacía. Y… apuesto a que te gustaría regresar el tiempo, intentar ser más cercana con tus padres, tener más amigos, ya que ahora no podrás hacerlo, tú misión debe colocarse por encima de todo. Por eso sufrirás las consecuencias de tú elección.

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El jardín del palacio estaba solitario, la princesa, tal era su carácter lo prefería así. Podía leer mejor lo que el agua de los arroyos le susurraba, se sentó cerca de la orilla de una de las fuentes y comenzó a balancear las profundas aguas del río.

No quería decirlo, pero más allá de estar sola lo que anhelaba era averiguar por qué desde hace días sentía aquella inseguridad. Lo admitía había descuidado su posición pero nada parecía ocurrir, después de todo que podría pasar después de miles de años de paz.

El reflejo de las estrellas le informaba si se avecinaba algún peligro pero no miraba nada, quizás hubiera sabido algo de no ser porque las ramas de los árboles llamaron su atención. En el estanque las aguas no le dejaron percibir la obscuridad que se cernía sobre las estrellas. Un momento y quizás hubiera descubierto algo, quizás hubiera detenido el paso de los hechos. Pero como siempre, el hubiera nunca existe.

La princesa Neptune se levanto y con una sonrisa dijo:

-Vaya el castillo Miranda debe estar hecho un lió, los vientos deben estar arreciando. Ya que la princesa debe estar furiosa, pues nuevamente perdió a su hermano… no es así, príncipe Uranus.

-Mi hermana está acostumbrada a estas desapariciones princesa, además no debería de estar usted tan calmada, pues es usted la causa, ya que de ninguna manera podría perderme de una noche como está sin la presencia de usted su alteza.

El alta figura de un hombre salió de entre los árboles: cabello rubio cenizo, unos profundos ojos verdes, que sólo pueden poseer aquellos pertenecientes a la realeza del planeta Urano. Era idéntico a su hermana, con la única diferencia de que ella era la guardiana oficial del centro lunar, la Sailor Scout y él, bueno, él era el guardián único de todo lo que ella era.

-Está insinuando algo mi señor – el príncipe se acerco lo suficiente para poder tomar su mano.

-Nada que usted no sepa princesa.

-es muy atrevido: además de culparme del enojo de su hermana, me considera sabedora de información que desconozco.

- Dicen que además de belleza, posee usted poderes premonitorios – dijo él. La princesa acorto la distancia y definiendo figuras en el pecho del príncipe sus dedos se dirigieron a la espada que portaba esté.

- Si no fuera por mi bondad y serenidad- saco la espada de éste y continuo – le declararía la guerra ahora mismo – termino colocando la punta al corazón del joven príncipe.

-Y no hemos pasado suficiente tiempo en guerra con nosotros para…

-Yo no he puesto fortalezas príncipe – dijo acercándolo con un dedo en sus labios.

Se miraron a los ojos con aquella complicidad de la que ellos eran únicos poseedores. El príncipe tomó sus manos aferrándolas con una mano y estrechando su cintura con la otra. Simplemente la beso.

La princesa aferró el cuello del amante empujándolo levemente hasta que esté topo con el tronco de algún árbol.

El príncipe divertido con el acto de mando de la princesa dijo – no se supone que su alteza debería ser dócil, como cualquier otra princesa.

-No olvides que ante todo soy una guerrera. Nada dócil, como debe ser. Además está en mi naturaleza, e l mar siempre arrecia, no lo puedes controlar, al igual que el viento. ¿No es así?

- polos opuestos eh… Bueno, tú lo has dicho, el viento arrecia. Quien pierda la guerra no será el viento – concluyo el príncipe contraatacando en el labio de ella.

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La puerta de la recamara se abrió, Michiru se apoyo con fuerza en el marco y observo el dormitorio. El dolor era tan insoportable que apenas podía mantenerse en pie, apretó los dientes mirando a su cama. Sólo un impulso más y no tendría que tolerar más el dolor en su pierna.

Con un jadeo avanzo hasta su cama sin poder suprimir un grito de dolor y alivio al mismo tiempo. El amuleto de transformación cayó al suelo, ella no hizo nada por levantarlo, estaba agotada, tan agotada que las lagrimas salieron de sus ojos debido a la frustración. A su izquierda, aquella mujer de cabellos azulados le miraba sonriendo complacida de su dolor.

-duerme princesa, duerme…

Michiru derramo más lagrimas en la almohada - ¿Por qué… haces esto?

-porque es lo que ambas debemos hacer… es nuestro deber.

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El rugido de las explosiones le era absolutamente indiferente. Tenía que salvarla. El ataque había sido mortalmente certero y la herida era profunda.

-olvídalo, tienes que irte, debes… huir.

-No, no te puedes rendir, piensa en tu hermano, él te necesita.

-Desde ese momento, lo último que te importaba era el destino de otras personas, tus pensamientos estaban dirigidos a una sola alma. Egoísta.

El cuerpo de la princesa Uranus se contrajo de dolor y vomito una nueva bocanada de sangre. Neptune estaba desesperada, asustada. Si esto seguía así iba a perder la cordura pronto. Además aun no sabía nada de él.

La princesa Uranus le miro fijamente y sonrío.

-Está aquí, princesa. Es ella quien ya no vive.

Ella le miro haciendo caso omiso del comentario – no hables, guarda energías, hasta que pueda ver la manera de ayudarte. Tienes que sobrevivir.

-No, escúchame. Mírame a los ojos. Es importante… la princesa Uranus ya no está aquí.

Sailor Neptune la sostuvo en sus brazos y no pudo evitar que las lagrimas comenzaran a brotar. - ¡Esto no puede estar pasando! ¡Reina Serenity, por favor!

Sailor Uranus coloco un brazo en su mejilla – Princesa… mírame por favor… es importante.

Sólo entonces ella lo hizo, comenzó a ver las cosas. Los gemelos eran idénticos de no ser porque se trataba de un hombre y una mujer, sería imposible reconocerlos, pero ella, ella además de lo evidente podía distinguir cuales eran los ojos de la princesa y cuáles eran los del príncipe. Desecho el pensamiento de inmediato.

-Ella ya no está aquí – repitió Sailor Uranus.

-Como… como – Neptune estaba tan aterrada que no sabía si preguntar sus sospechas. Sailor Uranus volvió a retorcerse de dolor. No había tiempo de dudar - ¿Qué es lo que quieres decir?

- Uranus, la princesa Uranus falleció, ya no está aquí Neptune – la rubia tomo aire y sonriendo termino – no es ella a quien miras… Sirena.

Los ojos de la guerrera de Neptune se dilataron por el terror. El significado de sus palabras era la afirmación de su más grande pesadilla.

-Qué…

Aquellos ojos no eran los de la princesa Uranus, ni los de la guerrera: firmes, seguros, dotados de una inmisericorde responsabilidad. Aquellos ojos aunque idénticos, eran los ojos del que la miraba de manera seductora, sugestiva, y comprensivamente durante las últimas noches de paz en que había podido entregar su corazón. Aquellos ojos eran los del príncipe, disfrazados en el cuerpo de su hermana, la guerrera; disfrazados en el cuerpo del deber.

-No… por favor dime que no – susurro, comenzando a perder la calma – dime que…

- Tenía que hacerlo, tenía que salvarte, evitar que… murieras – expreso Uranus con dificultad y sonrió – tal parece que al final el viento perdió la batalla…pero una vida como… la tuya… no podía perderse.

Michiru negó con la cabeza retirando de su mejilla, la mano de la guerrera –¿¡cómo pudiste hacerme esto! – reclamó, la ira la estaba comenzando a domar.

-Un mundo sin la princesa Neptune no vale la pena ser salvado.

La princesa Neptune dio un gemido y abrazo el cuerpo nuevamente.

-Eras tú, siempre fuiste tú mi señor ¡Por qué!

-Mi hermana murió y me entrego sus poderes… Me dio su misión. Pero yo sólo pensé… en salvarte – una nueva bocanada de sangre le interrumpió – Fui egoísta… Ahora moriré desconociendo si sobrevivirás.

-¡Basta!... deja de hablar. ¡No morirás… no te dejare morir!

-Ya es tarde amor mío, pero lo haría una y mil veces más. Mil…veces…más.

La mano de Sailor Uranus se relajo, mientras el profundo verde de sus ojos comenzaba a cerrarse.

-¡Príncipe!, ¡Mi señor!, ¡No por favor! – movió el cuerpo una vez más.

- Hasta… pronto… mi Sirena- susurro él antes de que sus ojos terminaran de cerrarse.

Intento hacer reaccionar el cuerpo. Intento traerlo a la vida de vuelta en desesperadas agitaciones, le llamo por su nombre. Hasta que ella misma quedo estática y derrotada.

El eco de la destrucción, volaba en el universo, pero nada en el vacio fue tan terrible como el agudo grito que resonó en el palacio Tritón, un grito que jamás se olvidaría en el universo. Así como tampoco el terrible acto que le aconteció después sería perdonado.

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Michiru seguía inconsciente, pero las lagrimas en sus ojos no paraban de brotar. Menos cuando la joven sirena coloco su cabeza en su regazo y siguió hablándole, no para tranquilizarla, sino para mortificarla aún más.

-Entonces lo detestaste, el Milenio de plata, el Palacio, a la princesa y a la reina Serenity así como también tu deber como guardiana…

El castillo estaba oscuro, los ataques estaban colapsándolo, tú seguiste aferrada al cuerpo de Sailor Uranus, a sabiendas de que se trataba del príncipe y no ésta. Te sentiste abandonada, ya que no pudieron evitar la desgracia, ni tampoco la muerte de las otras guerreras, o el suicidio de la princesa. Tú habías hecho todo lo que se te había ordenado… "no merecías ese castigo", te decías.

Pero… piénsalo, desde que el príncipe Uranus apareció en tu vida, tu responsabilidad sufrió distracciones de todo tipo, piensa si realmente no es por ti que ocurrió toda la desgracia. Un momento de distracción, pudo haber hecho que tú cambiaras la historia, los ataques hubieran sido detenidos a tiempo. Pero no los viste por el príncipe Uranus. Todo fue tú culpa. Y por si fuera poco, no te detuviste en ese detalle. Buscaste la venganza y tú propia destrucción, no para bien de aquellos que murieron. Si no para reunirte con tu amado…

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Durante esos momentos en que Sailor Neptune se quedo frente al cadáver del príncipe, en lo único que pensó fue en la venganza, una venganza tan ardiente que resultaba demoniaca. Y no le importaba su posición de condena, ya no le importaba nada, lo único que cubría su mente y su cordura era el recuerdo del príncipe muriendo en sus brazos. Estaba decidida, quería reencontrarse con él. Era lo único que le importaba, después de todo, el Milenio de Plata había sido destruido, todas las guerreras habían muerto, y la princesa se había suicidado. La princesa… todo era su culpa, si no hubiera bajado a la Tierra, todo estaría bien. El príncipe seguiría vivo. Todos estarían vivos.

Mentira, si aquellos traidores, si el mal no existiera, nada de eso hubiese pasado. La peor parte sería para ellos. Le arrebataron la vida, ahora ella, si bien no lograría acabarlos, los haría padecer lo más que pudiera, sin importar si moría.

Una mirada perdida se había apoderado de sus ojos. Cuando los ataques se volvieron más violentos Sailor Neptune acerco el cuerpo de Sailor Uranus, viendo no a la guerrera sino a su príncipe, levanto el cuerpo y después de depositar un beso en su frente fría le volvió a dejar.

-Nos volveremos a ver – dijo mientras la ultima lagrima de sensibilidad o humanidad cruzaba su mejilla.

Antes de morir y realizar su sacrificio, la reina Serenity, pudo ver la destrucción del castillo Tritón, la princesa Neptune había entregado su vida a cambio de que los enemigos se redujeran. Nada había valido la pena. Dos suicidios y nada había valido la pena.

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Es verdad Michiru, el hubiera no existe, pero los dioses no son tan injustos, te han dado una memoria, muy corta para vivir en este lugar, tienes otra oportunidad, pero la culpa la cargaras por siempre, y tu condena será volver a retomar tu lugar y tu posición como guardiana. Hasta que mueras y pagues por el crimen que cometiste en tu otra vida.

-¡No fue mi culpa! ¿Por qué estas haciéndome esto? – rugió Michiru.

-¡Termina de aceptar tu responsabilidad! – grito la mujer de cabellos azules.

- No, no la quiero. ¡Basta! ¡No puedo hacer esto sola! ¡Y no lo haré más!

La pluma de trasformación cayó al suelo e inmediatamente el pie de Michiru lo aplasto.

-Declino –dijo sollozando –yo declino, es mucho para mí sola –repitió dejándose caer.

La solemne figura de la mujer le miro serenamente y desapareció susurrando:

-Ya veremos.