I love the way you lie


Este es un fic con propósitos de entretenimiento, sin intención de infringir los derechos de los autores correspondientes.


Acotaciones:

&...&... Cambio de escena.


Una noche cuando Rosalie salió del trabajo no era un tipo vestido de negro quien la esperaba para seguirla a casa, sino el mismo Emmett recargado en su auto, cuando lo vio tuvo miedo y eso la entristeció, él fue su salvador, su hogar, las cosas nunca debieron resultar así.

- Te llevo a casa, podemos hablar en el camino. –dijo él muy seguro y le abrió la puerta del copiloto.

Rosalie lo meditó unos segundos y finalmente accedió, él de ninguna forma aceptaría una negativa y si bien había cosas que la atemorizaban, su integridad física no era una de ellas. Subió al auto y él cerró la puerta, después emprendió camino por una ruta que no era la más directa, pues la casa de Rosalie estaba demasiado cerca.

- Fuiste a ver a tu hermano. –inició Emmett la conversación y esperó una respuesta que no llegó. - ¿Ya ni siquiera me diriges la palabra?

- Me tienes vigilada todo el tiempo, sabes que fui a verlo, no sé por qué tenga que contestar a eso como si fuera una pregunta.

- Probablemente tienes razón. Y también sé algo más. Tú vives sola, también me mentiste en eso. –le reprochó tratando de mantener la calma, aunque con la situación actual y la actitud de Rosalie, no fuera fácil.

- ¿Tus espías te dijeron eso?

- Me lo dijo el hombre que te renta el departamento. Además, hace más de dos semanas que te siguen y Royce no ha aparecido. – al escuchar eso ella no dijo nada, pues era la verdad y no tenía forma de ocultarla. – Quiero saber por qué me dijiste que estabas con él.

- Quería herirte para alejarte. –contestó con seguridad, pues estaba siendo sincera.

- Lástima que no funcionara. –replicó aunque sólo la mitad era cierto, sí lo había herido en lo más profundo, pero no por eso se iba a alejar. - De todas formas no importa. Estuve investigando y no voy a obligarte a hacer la prueba de ADN hasta que nazca el bebé. Pero tengo algo para ti. –aprovechó una luz roja y le entregó unos papeles que tenía cerca. – Son órdenes de la corte. Una para que no abandones la ciudad y otra para tomar una muestra de sangre del bebé justo al nacer. Si no acatas cualquiera de las dos, voy a presentar cargos y sabes que vas a perder. –le explicó con la voz fría, hiriéndola directamente.

- En verdad me odias. –murmuró leyendo a medias los documentos y los ojos se le llenaron de lágrimas, pues ni siquiera podía culparlo por eso. Emmett fingió no haberla escuchado.

- Supongo que el estar en contacto con tu hermano te ata más a la ciudad, pero por si acaso te advierto que también puedo proceder legalmente contra él en caso de que te ayude a desaparecer.

- ¿Y qué quieres conseguir? Ya te lo dije, Emmett, no es tu bebé.

- No te creo. Por eso voy a asegurarme. Y si es mío, voy a pelear su custodia.

- ¿Y por qué crees que puedes ganar? No vivo con Royce, entonces, no hay peligro para mi hijo o hija. Tengo un empleo, un lugar donde vivir ¿dime por qué deberían quitarme la custodia? –se enojó Rose, estaba a la defensiva atemorizada de que Emmett pudiera arrebatarle de los brazos a su bebé tan pronto llegara a este mundo.

- No me provoques, Rosalie. –le dijo él en tono sombrío, aunque era muy consciente de que ella decía la verdad.

El resto del camino lo hicieron en silencio, el ambiente se fue tensando cada vez más hasta casi echar chispas y muy en su interior ambos se preguntaban a dónde los iba a llevar todo eso. Emmett no quería admitir de todo lo que sería capaz por conservar a su bebé con él y tomar cierta venganza de Rosalie, mientras ella buscaba desesperada un plan, daría su vida misma con tal de que Emmett no hiciera nunca esa prueba de paternidad, además, estaba el hecho de que sí le mintió al decirle que tenía tres meses de embarazo… ella sabía muy bien que se fue de su lado después de enterarse que estaba esperando un bebé.

&...&...

Unos días después de haber visitado por primera vez a su hermano, Rosalie se encontraba en una rutina que le gustaba mucho más. La licencia de maternidad de Alice acababa de terminar y ella debería dejar a su bebé en una guardería por las mañanas mientras iba al trabajo, cosa que no deseaba hacer, así que Rose se ofreció a ir y cuidar de su sobrino unas horas. Así sus días comenzaron a ser más felices, estar con el niño le estaba dando práctica para cuando naciera su bebé y así, además lograba sentir que no estaba sola, pues el lazo no solo con Jasper, sino con Alice también, se fortalecía rápidamente.

Un día a media semana escucho un auto estacionarse afuera de la casa y luego la puerta abrirse, fue a ver quién era mientras le daba el biberón a su sobrino, se sorprendió mucho cuando vio a Jasper pues él debería estar trabajando.

- ¿Olvidaste algo?-inquirió desconcertada.

- No. Hoy hubo una reunión importante y por fortuna terminamos pronto, así que me desocupé temprano. –le aclaró extendiendo los brazos para cargar a su hijo.

- Me alegra. –sonrió y le entregó al bebé, él siguió dándole el biberón mientras lo paseaba de un lado a otro. Rosalie fue y se sentó en el sillón mientras su mente divagaba en los mismos asuntos que no le daban tregua.

- ¿En qué piensas? –la cuestionó aunque tenía una muy buena idea de la respuesta.

- Debería irme. Pienso en la forma de sólo desaparecer y empezar de nuevo en otro lado. –contestó sin verlo a los ojos.

- No lo hagas, Rosalie. –le rogó temiendo volver a separarse de ella pero muy consciente de que era poco probable que lo hiciera esta vez. – Más bien deberías decirle toda la verdad a ese abogado.

- No puedo. –se sorprendió por el comentario y ahora sí lo miró. – Ya viste todo el lío que armé porque no quiero que sepa la verdad. Es por eso que tengo que evitar esa prueba de paternidad. Además, si me quedo aquí lo suficiente para que nazca el bebé, él va a hacer las cuentas.

- Justo por eso, Rose, es mejor si le dices tú la verdad, de todas formas lo va a saber. –insistió él con lo que estaba seguro era la mejor opción.

En su opinión Emmett, aunque no lo conocía, era un buen hombre. Rosalie le contó cómo fue que se encontraron y la relación que tuvieron, también le contó de su separación y lejos de juzgarlo, lo entendía y estaba muy seguro de que si Rose le dijera la verdad, él lo entendería mucho más de lo que su hermana pensaba.

- Sólo… por favor, Rose, prométeme que si decides irte, me lo vas a decir antes. Pase lo que pase. –le pidió Jasper yendo a sentarse a su lado.

- Lo prometo. –contestó ella viendo reflejado en los ojos de su hermano el dolor que le dejó su separación tantos años atrás.

- Con eso me basta por ahora. –sonrió amplio y le quitó al bebé el biberón vacío. – Estaba pensando en traer helado de fresa. –ofreció sabiendo que ella siempre estaba de humor para que le cumpliera algún antojo.

- Gracias, pero… en realidad no tengo hambre, estoy algo cansada.

- ¿Demasiado cansada para comer helado? ¿Te sientes bien? –bromeó levantando una ceja.

- No seas tonto. Sólo… supongo que es el estrés de Emmett y el agotamiento del trabajo. –se encogió de hombros sabiendo que no había nada que pudiera hacer por evitar ninguna de esas cosas. De repente sintió algo extraño en su vientre, como un cólico pequeño y acarició el sitio con pequeños movimientos circulares.

- ¿Te está pateando?

- No, es sólo… no sé, son como cólicos. Me dijeron que sucede en algún momento cerca del final. Tal vez sólo los tengo algo anticipados.

- Pero puede no ser normal. –Jasper frunció el seño y también le acarició la barriga, pudo sentir la leve tensión de los músculos y cómo muy pronto desapareció. Luego, tomó la mano de Rose y la sintió más cálida de lo normal. - ¿Tienes fiebre? –preguntó acercándose para besar su frente y al instante se alarmó más. – Rosalie, estás enferma.

- ¿Tú crees? –ella se llevó una mano a la frente y luego lo tocó a él, sí su temperatura era más elevada.

- Por eso no tienes hambre y estás tan cansada. Sostén al bebé mientras tomo sus cosas, te voy a llevar al hospital. –dictaminó y le pasó a su hijo.

Muy poco después estuvo de regreso con las cosas básicas que necesitaba y ayudó a su hermana par aponerse de pie e ir al auto, en el camino volvió a notar la fiebre y le vio el semblante pálido, ahí comenzó a cuestionarse cómo es que no se dio cuenta antes de que algo andaba mal.

&...&...

Emmett estaba en su oficina caminando de un lado a otro, debatiéndose entre llamar a Rosalie o no. Era media tarde y quien la tenía vigilada en ese momento le avisó que por la mañana fue al hospital y aún no salía. Bien podía ser una visita de rutina que se estuviera demorando, pues le dijeron que ella entró por su propio pie con mucha tranquilidad, pero la pequeña posibilidad de que algo le sucediera a ella, al bebé o a ambos se lo estaba comiendo vivo. Al final se rindió. Sólo le haría una llamada corta para asegurarse de que estaba bien y eso sería todo, no le daría más importancia. Tomó el teléfono y esperó impaciente hasta escuchar su voz.

- Soy yo, Rosalie. –le dijo cuando contestó.

- Lo sé ¿qué sucede, Emmett?

- Eso quiero preguntarte ¿está todo bien?

- Estoy perfectamente. –contestó a la defensiva pero el abogado pudo escuchar a la perfección una voz masculina, seguramente de su hermano, que decía "Deberías decirle la verdad".

- Eso es mentira. Estás en el hospital. ¿Cómo está mi bebé? –preguntó él saliendo ya de la oficina, ni siquiera se detuvo para darle instrucción alguna a su secretaria, sólo tenía la urgencia casi compulsiva de ir y comprobar que Rose y su bebé estaban a salvo.

- Gracias, Jasper. –se quejó ella con el chico rubio y Emmett hizo nota mental de considerar hablar con el otro hombre, quizás algo bueno saldría de eso. – No es nada, sólo me voy a quedar aquí una o dos noches. Y mi bebé está bien.

- Si todo es tan perfecto deberías estar en casa, no internada. –le reclamó mientras esperaba el ascensor. – Dime qué te sucede.

- ¿Y prometes dejarme en paz?

- Claro que no. De hecho voy camino al hospital para cerciorarme con mis propios ojos.

- Entonces puedes quedarte con la duda hasta que llegues.

Medio segundo después la llamada había terminado. Emmett sintió la ira recorrerlo por completo, ella lo había sacado de su casillas como nunca antes. Consideró eso como un golpe bajo y no le gustó nada, pero si tenía que ser justo con Rosalie, bien podía entender que se sintiera incómoda con la vigilancia continua y él entrometiéndose así en su vida. Después de todo, si lo abandonó con sólo una pequeña nota era porque no lo amaba en lo absoluto, porque nunca lo amó nada.

Llegó directo a la recepción del hospital y preguntó por ella, le dijeron en qué habitación estaba y fue sin detenerse, aún con la adrenalina del miedo y la ira recorriéndole las venas. Sólo cesó de caminar un poco cuando encontró la puerta del cuarto, llamó y cuando la voz femenina que buscaba le indicó entrar, lo hizo. Caminó despacio esperando encontrarse al hermano de ella, pero no, Rosalie estaba sola.

- Apreciaría que dejaras de mentirme por cinco minutos nada más ¿qué es lo que tienes para que te internen? –preguntó algo brusco, sentándose a su lado y observándola con cuidado, estaba un poco pálida y se veía con las facciones algo más delgadas que la última vez que la vio, aunque su vientre había crecido un poco y eso lo hizo recordar por qué estaba en esa situación, por supuesto que Rosalie le mintió y ese embarazo iba mucho más avanzado de lo que quería admitir.

- Es sólo una infección, dicen que puede estar en mis riñones y quieren hacer más estudios y darme antibióticos porque hoy tuve fiebre y contracciones.

- ¿Qué? ¿Va a nacer ahora? –preguntó asustado y de manera involuntaria tocó el vientre de Rosalie, ella se sorprendió mucho y quiso alejarse, pero o lo hizo.

- No. Va a estar bien, sólo tengo que recibir los medicamentos y quedarme en reposo unos días. –lentamente llevó una mano para quitar la de él, pero justo cuando sus pieles se tocaron él habló.

- ¿Y cómo sucedió esto? –sólo fue una pregunta, pero la preocupación en su tono la desarmó por completo y en lugar de alejarlo, dejó su mano quieta sobre la de él.

- No lo sé. Sólo sucedió. Pero todo va a estar bien. –Rosalie le sonrió un poco y él no respondió igual, ahora desconcertado por ver un atisbo de la mujer que creyó conocer.

- ¿Dónde está tu hermano? –le preguntó sólo por decir algo.

- Él y su esposa fueron a mi casa por algunas cosas para traerme y para llevar a la suya, parece que me voy a quedar con ellos unos días. Quizás podrías retirar un poco mi vigilancia, me asusta que me sigan siempre. –le pidió aprovechando esa pequeña tregua.

- A mí me asusta que desaparezcas otra vez. –contestó por impulso con nada más que la verdad y ella de inmediato sintió como si una descarga eléctrica desagradable recorriera su mano que tocaba la de él, como mero reflejo la retiró y desvió la mirada, no pudo hacer más porque no tenía argumentos a su favor.

De repente sonó el teléfono de Emmett y él contestó, habló poco pero a quien fuera que le hubiera llamado, le prometió que se verían esa tarde como lo acordaron antes. Entonces volvió a su lado pero ya no se sentó.

- Me voy. Pero no voy a quitar la vigilancia y mañana regreso para ver que estés bien. –le habló muy serio y luego se fue.

Rosalie se quedó ahí intentando procesar las señales contradictorias, lo fácil que fue tocar su mano, la preocupación de Emmett… mientras al mismo tiempo le temía como a nadie más y odiaba lo que estaba haciendo. Pero de todas formas, sin importar lo difícil que fuera la situación en la que ella sola se metió, ahora debía permanecer fuerte y buscar la forma para que Emmett se convenciera de que ese bebé no era suyo.

&...&...

Al día siguiente de que Emmett visitara a Rose en el hospital, volvió a hacerlo tal como prometió, pero ya no la encontró ahí. De inmediato la llamó y como no respondió el teléfono fue directo a casa de su hermano a buscarla, enfurecido y asustado por la posibilidad de que hubiera desaparecido, pues muy a pesar de lo que le dijo… sí retiró la vigilancia permanente, pensó que al estar embarazada y enferma no pensaría en huir.

Al llegar tocó el timbre muy decidido a obtener las respuestas que deseaba, esperó impaciente hasta que un hombre alto y rubio le abrió sonriendo como si ya lo estuviera esperando. Jasper le extendió una mano en forma de saludo.

- Jasper Hale. –dijo.

- Emmett McCarty. –respondió dubitativo.

- Rosalie está dormida, pero podemos tomar algo mientras despierta. –dio media vuelta y dejó la puerta abierta tras de sí. Emmett no entendió bien su actitud pero lo siguió, no se iría de ahí hasta comprobar que Rose estaba también. – Alice, tenemos visita.

- Tú debes ser el abogado. –se acercó una mujer joven de cabello negro que sostenía un bebé muy pequeño pero de ojos tenaces tan azules como los de Rosalie y su gemelo.

- Emmett McCarty. –se presentó él otra vez.

- Alice. –contestó ella simplemente y con la proximidad una mano del bebé rozó la de Emmett, el pequeño le tomó un dedo. – Le gustas. –aseguró y sin dudarlo se lo entregó.

Él lo recibió sintiéndose torpe. Siempre quiso tener hijos pero muy contadas veces llegó a sostener un bebé, sentía como si pudiera quebrarlo de repente. Se quedó en silencio, concentrado en cargar al niño mientras Jasper fue por bebidas a la cocina y regresó con dos vasos de algún tipo de vino, después Alice le quitó al bebé con la misma facilidad con la que se lo entregó.

- Deben tener mucho de qué hablar. –se excusó la mujer y desapareció por las escaleras.

- Espero que no tengas mucha prisa. –dijo Jasper entregándole uno de los vasos y ambos se sentaron en la sala.

- En realidad no. –admitió dando un sorbo y esperando por lo que el otro hombre quisiera decirle.

- Ella y el bebé están bien, sólo va a tener que quedarse unos días en cama. No es que me alegre que esto haya pasado, pero prefiero que esté aquí y no sola en su departamento. –le comentó el rubio.

- Sí, a mí tampoco me gusta que esté sola. –dijo por hablar, aun deseando que el otro fuera al grano.

- Sólo quiero agradecerte todo lo que has hecho por ella. –empezó por fin a tocar el asunto central. – Rose me contó todo, de no ser por ti, probablemente Royce le hubiera hecho algo mucho peor.

- Era una bestia. –acordó Emmett sorprendido por el agradecimiento, si Rosalie no quería ni verlo, no parecía lógico que su hermano mostrara esa actitud.

- Nada me gustaría más que golpearlo, créeme. Pero lo importante es que tú estuviste para Rosalie cuando más necesitaba a alguien, y no sólo eso, sino que la trajiste de regreso con su familia.

- Sólo fue un regalo. –se encogió de hombros y le dio otro sorbo al vaso, sorprendido de que Jasper en verdad supiera todas las partes oscuras de la historia, cada cosa de la que Rose se avergonzó en el pasado.

- Para ella y para mí también. Sólo lamento que las cosas hayan salido de esta forma… -comenzó a cambiar un poco el rumbo de la conversación, debatiéndose internamente para saber cuánto hablar sin decir nada de más.

- Jas, Emmett. –interrumpió Alice de repente. – Rose está despierta. –les avisó y volvió a marcharse.

- Sólo una última cosa. –habló el rubio mientras ambos se ponían de pie. – No sé qué actitud vaya a tomar mi hermana, pero en lo que a mí concierne, eres bienvenido en esta casa tanto como lo desees. –le extendió de nuevo la mano y Emmett la tomó, esta vez más sorprendido pero con mucha más confianza, quizás él y Jasper pudieran llevarse bien, hasta quizás ser amigos… aunque eso dependería mucho de Rosalie.

Al final se soltaron y subieron juntos las escaleras, el rubio le sirvió de guía hasta la puerta de la habitación que ya era oficialmente de su hermana, ahí cambió de rumbo y fue a buscar a su esposa, Emmett agradeció en silencio la privacidad y llamó dos veces a la puerta antes de entrar. Abrió con cuidado y la vio recostada en la cama, cerró lentamente y se aceró hasta sentarse a su lado. De alguna forma, quizás gracias a Jasper, toda la ira que sintió al llegar a la casa ya había desaparecido y ahora sólo sentía la paz que siempre le dio estar con Rose.

- Hola. –le dijo simplemente y tomó su mano femenina que reposaba sobre el vientre.

- Sabía que vendrías. –dijo ella mirando sus pieles juntas, después alzó la vista para toparse con los ojos del abogado.

- Obviamente. –le sonrió un poco con los hoyuelos marcándose. – Dicen que te vas a estar aquedando aquí.

- Sí. Se supone que es temporal, pero Alice me dijo que considere hacerlo permanente. Hasta hizo un plan para que entre las dos cuidemos a los bebés y trabajemos. –Rosalie sonrió un poco recordando todas las ideas que le dio su cuñada, y lo maravillosas que sonaban algunas.

- Me alegra. Estás mejor aquí con ellos. Y por cierto… ya nadie te sigue. –le avisó y suspiró, de inmediato notó la sorpresa en su mirada. – Ya no creo que vayas a desaparecer y… supongo que era algo molesto para ti.

Rosalie iba a contestarle algo pero en ese momento el bebé pateó y ambos pudieron sentirlo, Emmett frunció el seño e hizo algo más de presión sobre el vientre de Rosalie, esperando que se repitiera el evento. Poco después volvió a suceder y los dos sonrieron, el chico acarició con suavidad en lentos movimientos circulares para relajar al bebé, o eso le habían dicho alguna vez que podía hacer. Y al parecer funcionó.

- ¿Cuánto tiempo tiene…? –preguntó él de repente. Rosalie no se demoró en contestar porque tenía bien calculada la mentira.

- Dieciocho semanas.

- ¿Y ya se mueve así? –cuestionó él y de inmediato la magia del momento desapareció, pues recordó cómo es que estaba muy seguro de que ella mentía.

- Tú lo sentiste también. –se encogió de hombros para evitar descubrirse pero la inmensa decepción en la mirada del abogado casi la desarmó.

- A mí me sigue pareciendo más grande. Bastante más en realidad. –suspiró y de repente recordó algo. – En cuanto el médico te autorice a levantarte quiero que vayamos a visitar el laboratorio que voy a contratar para que haga la prueba de paternidad. Quiero que estés bien enterada de cómo es el proceso y tienes que firmar el consentimiento.

- No lo hagas, por favor Emmett. Sólo acéptalo. Nos separamos y después me embaracé. No busques más donde ya no hay nada que encontrar. –le rogó con los ojos empezando a llenarse de lágrimas.

- Desde que te fuiste me pregunté cómo nunca vi que todo era una mentira, pero ahora más bien me pregunto cómo puedes amarme y aún así hacer todo esto, Rosalie. –habló él con la voz cargada de serenidad, ella ni siquiera pudo responderle, no estaba preparada para desmentir esa verdad como si fuera mentira. – Siempre supuse que te fuiste con Royce, pero ahora que sé que no estás con él, estoy casi seguro de que te guste o no, ese bebé es mío. Tú no eres del tipo de mujer que pasa la noche con cualquiera. Sólo no entiendo por qué te empeñas tanto en alejarme si aún estás enamorada de mí tanto como yo de ti.

- Yo te aviso cuando pueda salir de la casa. Hasta entonces, no regreses, por favor. –le pidió en voz baja y con la mirada puesta en otro lado y luego le quitó la mano que tenía encima de su vientre.

- ¿Ves lo que te digo? Tus acciones no tienen sentido. –se puso de pie lentamente y se acercó a la puerta, pero antes de marcharse decidió decirle una última cosa. – Puedo ser un hombre paciente, Rose, pero todo tiene un límite. –luego se marchó y la dejó ahí con los caudales de lágrimas y la impotencia de no saber cómo arreglar todos los errores que cometió.

&...&...

Cada día después de esa última visita Emmett le envió algo a Rosalie, flores, dulces, algún muñeco, detalles para que no se olvidara que él pensaba en ella. Aunque eso le creó cierto conflicto, porque la acusó de que lo que hacía carecía de sentido… y él se comportaba exactamente igual. No podía decir por qué quería tener a Rosalie consigo a toda costa y también deseaba que todo eso terminara y sólo poder olvidarla. A final de cuentas cuando no lograba sacar una conclusión exacta, sólo pensaba en la posibilidad de que el bebé fuera suyo y eso era lo que le gritaba para que se mantuviera cerca.

- ¿Dónde estás hoy? –le preguntó de repente la mujer con la que iba caminando por la calle, de camino a su departamento.

- Aquí. –contestó él y le sonrió aunque sabía muy bien que estaba más distraído de lo normal. – Lo siento, sólo tengo muchas cosas en la cabeza. –se encogió de hombros y le besó el dorso de la mano sin soltarla nunca.

- ¿Lo del bebé? –inquirió mientras sacaba de su bolso las llaves, pues ya estaban por llegar.

- Sí, eso especialmente. –admitió al fin y esta vez sí rompió contacto dispuesto a despedirse.

- Entonces necesitas distraerte. Vas a subir conmigo y quedarte aquí. Y no acepto un "no" por respuesta. - le avisó ella muy decidida y luego de abrir volvió a tomarlo de la mano para llevarlo dentro.

Emmett se dejó guiar mientras se daba cuenta de que quizás no debería estar ahí, pero como desde el principio, Tanya siempre fue la mejor salida que tuvo, a veces la única que encontró para mitigar el infierno que dejó Rosalie con su partida.

FLASHBACK

Era cerca de la media noche y Emmett decidió que era tiempo de volver su casa. Siempre evitaba ese momento desde que estaba solo de nuevo. Odiaba entrar a ese lugar vacío y frío que no hacía nada más que recordarle la ausencia de la mujer que amaba. Cada noche se quedaba a dormir en el cuarto de huéspedes porque la habitación que compartieron antes estaba llena de sus cosas y no se atrevía a tocarlas por miedo a que si se deshacía de todo eso también los recuerdos se fueran. Porque aunque lo necesitara como nada más… no deseaba olvidarla.

Subió al elevador y se mentalizó para llegar y sólo dormir, a esas horas con todo vacío no le tomaba más de unos minutos hacer todo el camino. De repente el ascensor se detuvo y se abrieron las puertas, entró una joven con el cabello rubio rojizo a la que conocía bien pero hacía mucho tiempo que no veía.

- Emmett. –lo saludó sonriendo.

- Tanya. Qué sorpresa. –le dijo siendo sincero y se saludaron con un beso en la mejilla.

- También me quedé trabajando. Pero ahora voy por la cena ¿conoces el restaurant que está en el cuarto piso? –preguntó presionando el botón para ir ahí.

- No. No sabía que había un restaurant ahí. –admitió.

- Es más bien un centro de masajes, pero la comida es excelente. Ven conmigo y lo compruebas por ti mismo. –ofreció ella aún alegre - ¿O te esperan en casa? –inquirió probablemente recordando la vez que se encontró con Rosalie y la amable negativa que le dio él poco después argumentando que tenía ya sentimientos por alguien más.

- Nadie me espera. Será un placer acompañarte.

Esa fue la primera de muchas veces que cenaron juntos. Con el paso de los días se les volvió una costumbre que practicaban dos o tres veces por semana. Iban al mismo lugar aprovechando que trabajaban veinticuatro horas atendiendo a personas que trabajaban mucho durante el día. Inclusive Tanya lo convenció de probar un masaje relajante y lo disfrutó mucho. Poco a poco se vieron en otros sitios y aunque su relación no estaba cerca de ser formal, pasaron varias noches juntos, siempre en el departamento de ella.

FIN DEL FLASHBACK

Emmett se dejó conducir dentro y se sacó todas las dudas de la cabeza, esas que se lo estaban comiendo vivo. Esa noche se dedicó a sólo relajarse y no se detuvo más a sentir que estaba engañando a Rosalie porque ella ya no era su pareja, además, lo mismo sucedía con Tanya, quien conocía muy bien la situación en la que estaba él con una prueba de paternidad en puerta

CoNTiNuaRá...


Hello! Espero les guste el cap. Muchas gracias por todos sus comentarios y su apoyo! Si tienen un minutos dejen un review para saber qué piensan. Nos leemos la próxima semana con lo que quizas sea el final. Muchas grax!