I love the way you lie


Este es un fic con propósitos de entretenimiento, sin intención de infringir los derechos de los autores correspondientes.


Acotaciones:

&...&... Cambio de escena.


Emmett y Rosalie salieron del laboratorio donde les explicaron cómo se haría la prueba de paternidad y les aseguraron que era inofensiva para el bebé y totalmente segura. Ella tuvo que firmar estar de acuerdo bajo la amenaza silenciosa de Emmett, que con la simple mirada le recordó que tenía una orden firmada por un juez para obligarla.

Cuando se subieron al auto ella pensó que irían de regreso a casa de Jasper, pero él le dijo que antes debía hacer una parada corta en su departamento para tomar unos papeles importantes que había olvidado, ella accedió aunque regresar a ese lugar no la emocionara demasiado. Inclusive pensó en quedarse esperándolo en el auto, pero al llegar él le abrió la puerta y le tendió la mano para ayudarla a bajar.

- Sólo será un minuto. –prometió mientras entraban en el apartamento.

Ver ese lugar otra vez, prácticamente intacto, llenó a Rosalie de recuerdos y melancolía, sintió cada cosa que sucedió ahí como si lo viviera otra vez. Lentamente caminó por el pasillo y llegó a la habitación que compartió antes con Emmett, de inmediato, al ver las puertas del closet abiertas, se dio cuenta de que sus cosas aún estaban ahí.

- No te deshiciste de nada. –murmuró Rosalie cuando lo tuvo cerca, ya esperando por ella para marcharse.

- Ni siquiera me gusta entrar ahí. –confesó él y ella suspiró antes de cerrar la puerta y dar media vuelta. – Rose… ¿por qué sólo te llevaste las joyas? –preguntó de repente. – Unas cuantas prendas y las joyas, pero no sacaste nada del dinero de la tarjeta de crédito. Y estoy seguro de que no estuviste conmigo por interés… -le habló mientras regresaban a la sala.

- Son fáciles de cargar. –contestó con una mentira completa pues esa no fue su razón. En realidad lo hizo por desear tener algo de él acompañándola, además, sabía que estaría sola con un bebé y en caso de ser necesario, las vendería todas.

- No es una buena respuesta.

- Es la única que tengo. –se encogió de hombros y escuchó el teléfono de Emmett sonar, él respondió y se enfrascó en una plática de negocios. Rose lo miró y estuvo tentada a volver a la recámara, pero eso sólo sería torturarse más a sí misma. Entonces, sólo se sentó en la sala y esperó impaciente mientras Emmett colgaba.

- Lo siento. Era importante. –se disculpó y fue a sentarse al lado suyo.

- No importa ¿nos vamos?

- Sólo… espera un segundo. –murmuró él y le tomó ambas manos mirándola a los ojos.

Emmett no sabía qué planeaba hacer, ni siquiera tenía algo en concreto qué decirle, pero al estar ahí los dos solos, entre esas paredes testigos de lo mucho que se amaron le dio cierta seguridad y una corazonada de qué debía hacer… de una teoría que podría probar en ese instante. Él pensaba que Rosalie lo amaba y estaba a punto de llevarla al extremo para comprobarlo.

Luego de sostener sus manos lentamente fue subiendo por sus brazos desnudos y sintió su piel erizarse, en ningún momento retiró la mirada de la de ella, así la tenía como perdida en un hechizo. Llegó hasta sus hombros e ignoró los finos tirantes de la blusa, sólo continuó hasta su cuello y después le acunó el rostro con ambas manos.

Ella se quedó quieta, perdida en el momento porque su cuerpo gritaba cosas muy deferentes de lo que le decía la cabeza. Para seguir con su engaño tenía que alejarlo, pero no podía hacer nada más que dejarlo hacer y sentir las pequeñas descargas eléctricas que la llenaban de placer. Lentamente lo vio acercarse más y supo que iba a besarla. Igual no se movió.

Emmett unió sus labios y no esperó una respuesta, la conocía lo suficiente para saber que no sería tan fácil derribar todas sus barreras. Así que siguió adelante. La besó sin que Rosalie se moviera, pasó la punta de su lengua por el labio inferior de la joven mujer y ahí obtuvo la primera reacción, ella entreabrió los labios. Emmett lo tomó como una buena señal para seguir adelante y profundizó el beso mientras sus manos se dedicaron a acariciarla. Subieron y bajaron por su espalda y sus brazos mientras sus cuerpos se acercaron más.

- Emmett… -murmuró ella queriendo detenerlo, pero no pudo decir nada más.

Él por puro instinto supo que la decisión de un caballero sería alejarse en ese instante, pero no lo hizo. A pesar de que sus sentidos estaban alerta y no deseaba nada más que perder el control y amarla… aún sabía que estaba en una misión. La presionaría más, la llevaría hasta el límite, sólo pararía si ella era muy explícita con su petición.

Así continuó besándola hasta que obtuvo respuesta, y la acarició hasta llevarle las manos a su cuello y sentir que Rosalie enredó los dedos en su cabello, aunque fue muy consciente de la resistencia que quedaba ahí.

- Vamos, Rose. –le murmuró en el oído y luego lo mordió un poco, ahí fue el punto de quiebre.

Después de eso, ella dejó escapar de sus labios una exclamación de placer y Emmett se permitió perder la cabeza, porque acababa de comprobar su teoría. Con ambas manos le acarició las piernas y recargó un poco más de su peso en ella, sólo para acorralarla contra la piel del sofá.

Recorrió su cuello con besos y bajó hasta su escote, donde la descubrió haciendo la blusa a un lado primero y después quitándosela por completo junto con la ropa interior. Una pequeña parte de su mente le decía que tal vez iba demasiado rápido, pero también era muy consciente de que tenía que llevar a Rosalie al extremo, hacerle perder hasta el último gramo de cordura que le quedara.

Rose se dejó quitar la ropa y sus manos hicieron lo mismo con la camisa de Emmett, después le desabrochó los pantalones para poder inmiscuir sus manos. Lo sintió estremecerse con sus caricias y buscó sus labios, mientras él se las ingenió para desnudarla mientras la acariciaba con cuidado. La mayor parte de su mente estaba perdida, no tuvo armas para defenderse de ese ataque que era un golpe bajo, apelando a la parte más débil que tenía… su amor por Emmett.

Estar así con él, descubriendo otra vez esos momentos íntimos en los que se pertenecían por completo, la había dejado sin opciones, lo amaba tanto como antes, como siempre fue y su cuerpo se rindió desde el primer contacto, aunque ella no lo hubiera deseado así.

De repente él se levantó del sofá sin dejar de besarla el cuello y la llevó con él, cargándola con cuidado, evitando hacer presión sobre su vientre, Rose enredó las piernas en su cintura y se aferró a los músculos fuertes de su espalda. Cuando llegaron a su antigua habitación él la dejó sobre el edredón y antes de continuar, se desnudó también. Luego fue dejando besos por su cuello, su pecho y su vientre, le rodeó el ombligo en un camino tenue y sensual que la estremeció.

- Emmett… por favor… -murmuró ella ya no para pedirle que se detuviera, sino que se acercara más.

Él sonrió y regresó a sus labios para besarla, se inmiscuyó entre ellos y probó su sabor, ese beso le robó el aliento a ambos. Con mucho cuidado el chico se puso encima de ella con ambos brazos a los lados soportando casi todo su peso. Lentamente fue uniendo sus cuerpos, se estremeció y su corazón se aceleró más cuando la vio cerrar los ojos y arquear un poco la espalda hacia atrás. Sus movimientos fueron lentos y cuidadosos, siempre poniendo especial atención en el pequeño ser dentro del cuerpo de Rosalie, pero igual sintieron cada impulso eléctrico recorrerlos de la cabeza a los pies hasta que alcanzaron el punto más alto y ese pequeño momento de paz se les volvió eterno.

Emmett se quedó en la misma posición mientras su respiración se calmaba, ella tenía los ojos cerrados, pero él le observó el rostro todo el tiempo, sólo admirando su belleza. Al final, le besó los labios con una caricia casi imperceptible y se recostó a su lado, abrazándola para tenerla muy cerca. Rosalie se quedó sobre el pecho del chico, sintiendo su corazón latir y entrelazó sus piernas, ese estrecho contacto le facilitó a Emmett sentir un movimiento del bebé, su reacción fue de asombro y alegría, llevó una mano al vientre donde descansaba es pequeño ser que ya ansiaba conocer.

- ¿Crees que esté molesto? –preguntó acariciándola.

- Quizás. Creo que no esperaba tanta… actividad. –respondió ella con las mejillas teñidas de rojo y la consciencia de lo que acababa de hacer pendiendo sobre su cuello como una navaja afilada.

- ¿Sabes? Tal vez sea muy raro pero… siempre tuve esta fantasía. Siempre desee hacerle el amor a mi esposa estando embarazada… como si así pudiera demostrarle a ambos cuánto los amo… -habló él en voz baja, tan perdido en sus pensamientos que no se dio cuenta de que a Rose se le llenaron los ojos de lágrimas, lamentando que las cosas no fueran tan perfectas como él lo acababa de decir.

- No quiero levantarme, pero… creo que tienes que llegar a tu oficina. –murmuró cuando se sintió capaz de modular la voz.

- Sí, tienes razón. –le besó la frente y luego se separó. - ¿Tomamos un baño? –le ofreció extendiéndole una mano y con nada de ganas que ese espacio mágico se les terminara.

- Por supuesto. –sonrió aceptando que la tregua durara un poco más.

Mientras se ducharon hablaron poco y se besaron mucho, ambos pretendieron que las cosas estaban bien, que no les quedaban asuntos pendientes. Rose se preguntó mil veces si estaba más equivocada de lo que pensó, consideró la posibilidad de confesarle a Emmett toda la verdad y dejar que él decidiera… aunque eso aún la aterraba y la hacía sentirse muy avergonzada.

Cuando salieron y comenzaron a vestirse él escuchó su celular y fue por él hasta la sala, donde mucho rato atrás lo olvidó. Vio las llamadas perdidas y regresó las necesarias. Al entrar otra vez en la habitación vio a Rosalie, sólo con la ropa interior puesta, cepillándose el cabello frente al espejo. Admiró su cuerpo perfecto con un vientre crecido, el tono de su piel suave como la seda y el largo de su cabello rubio y hermoso.

- ¿Qué es esto? No es mío ¿cierto? –preguntó ella de repente dejando el cepillo y enseñándole un trozo de encaje que Emmett al principio no reconoció, pero al hacerlo se maldijo mil veces y toda la alegría se borró de su rostro. – No, no es mío. –afirmó ella convencida por la expresión que le vio en el rostro, luego fue directo al closet y sacó algo de ropa para vestirse, tenía los ojos llenos de lágrimas y sólo quería desaparecer de la faz de la Tierra.

- Rose… eso no tiene importancia. –murmuró él viendo de reojo el liguero que había olvidado ahí mucho tiempo atrás, fue y lo botó en un cesto de basura. Quizás era un gesto poco cortés hacia la mujer que se lo dio, pero Rosalie era primordial en ese momento.

- Es cierto, Emmett. No tiene importancia. Eso llegó ahí después de que yo me fui. Es tu vida y no voy a entrometerme. –le habló con la voz apagada mientras se cerraba los pantalones y buscaba desesperada una blusa que le quedara. Por dentro sentía como si su corazón se hubiera vuelto de cristal y roto en mil pedazos.

- Rosalie, estamos llegando a algo aquí, no quiero que esto se interponga. –le replicó pensando en si también debería apresurarse a vestirse ¿sería ella capaz de sólo salir corriendo?

- No estamos llegando a nada. –le aclaró sacando una prenda que probablemente le quedaría bien. – Sólo fue un momento.

- Después de que te fuiste comencé a salir con Tanya. –le dijo sin esperar a que ella deseara escucharlo. En cuanto la joven mujer escuchó el nombre de la otra, mil agujas se le clavaron en el pecho. – Una noche ella puso eso en mi bolsillo y nunca me di cuenta hasta que estuve aquí. Ella sabe de ti y el bebé. Rose, tal vez soy un idiota… pero simplemente no pude lidiar yo solo con tu ausencia. –le soltó todo mientras se vestía, convencido de que tendría que estar listo para tomar la decisión de detenerla o no cuando se quisiera marchar.

- Está bien, Emmett. Te lo dije, no es de mi incumbencia. –declaró en el mismo tono pasivo y se alegró mucho de que la ropa le hubiera quedado bien. – Ahora tengo que irme. –dijo media vuelta y se apresuró por el pasillo.

- Espera. –le pidió y le tomó la mano al alcanzarla. – Deja de guardarte lo que piensas y grítame que soy un cerdo imbécil. Eso sería más propio de la Rosalie que amo.

- No me ames. –le pidió.

- Te amo. Como tú a mí. –aseguró lleno de confianza.

- Yo no… -comenzó a decirle pero él la interrumpió.

- Ni se te ocurra intentar negarlo. No ahora, no después de lo que acaba de pasar.

- No importa. –le dijo en voz baja y luego juntó todas sus fuerzas para verlo a los ojos y sonar firme. – Por favor, suéltame, me estás lastimando. –pidió aunque sabía que no era cierto y funcionó a la perfección, tan pronto como sus palabras fueron escuchadas era libre y empezó a caminar hacia la sala. – Voy a tomar un taxi, no es necesario que me lleves. –recogió su bolso y se marchó, él ya no trató de detenerla.

Emmett se quedó ahí analizando todo lo que sucedió. La maravillosa forma en que hicieron el amor y cómo adquirió la certeza de que lo amaba. Y después cómo un simple y estúpido detalle lo arruinó todo, sin embargo, Rosalie tenía derecho a saber lo que él había estado haciendo y definitivamente nunca habría tenido el valor para confesárselo de otra forma. Al final no supo qué pensar o hacer, sólo se marchó a la oficina para, una vez más, olvidarse del infierno que dejó Rosalie con su partida.

&...&...

Jasper llegó a casa a la hora de siempre, algún punto pasado el atardecer. Se bajó del auto y vio las luces de arriba encendidas, Alice abrió la cortina y le sonrió con su bebé en brazos, él le devolvió el gesto y apresuró un poco el paso, deseaba abrazarla. Sin embargo se detuvo cuando la vio hacerle otras señas y lo incitó a mirar hacia al lado izquierdo ahí notó por primera vez a su hermana, sentada en el pasto al lado de unas flores. Sin dudarlo fue y se sentó junto a ella, ahí fue cuando se dio cuenta de que tenía una cerveza abierta y un cigarrillo encendido.

- Eso debe ser tan saludable para el bebé como lo es para ti. –señaló algo sorprendido porque su hermana estuviera haciendo eso.

- Relativamente. –contestó mirando hacia la nada. – Pregunté antes y dijo el doctor que una cerveza y un par de cigarros no lo dañan. –se encogió de hombros.

- Algo muy malo debió pasar para que estés así.

- Supongo que puedo contarte. Si ya sabes todo lo demás… no creo que esto te avergüence. –lo miró a los ojos pidiendo su aprobación silenciosa.

- Nada de lo que hagas me avergonzaría. Pero me preocupas. –sonrió un poco y encendió un cigarrillo. – Apenas lo probé algunas veces hace años. –le dijo un una pequeña mueca de disgusto.

- Es malo para tu salud. No deberías. –le dijo y luego le sonrió un poco.

- ¿Qué estos sean los últimos entonces? –preguntó y ella se dio cuenta de que esas fueron sus intenciones todo el tiempo, Jasper ella siempre se entendieron así.

- De acuerdo. –aceptó y respiró profundo antes de empezar a contarle todo. Le dijo lo que sucedió en el departamento de Emmett, que hicieron el amor y luego lo de Tanya, no le dio muchos detalles ni le mencionó que desde tiempo atrás ella buscaba algo con el abogado. – Y aquí estoy, sintiéndome mal por algo que no debería dañarme… por una relación que sólo sucedió porque yo me marché. –concluyó.

- Quizás fue muy pronto para involucrarse con alguien más pero él supuso que nunca ibas a volver. –suspiró y pensó en cómo explicarle a su hermana que él no pensaba que esa aventura fuera por falta de amor hacia ella, sino todo lo contrario. – Además, tiene sentido lo que te dijo. Si un día Alice sólo se fuera, esta casa sería el último lugar que yo pudiera pisar.

- Lo sé pero…

- Rose, dile la verdad. –sugirió cuando ella se quedó sin palabras. – Deja que él decida. Díselo antes de que nazca el bebé, porque si es suyo ¿qué vas a hacer? ¿Vas a dejar que piense lo peor? –la cuestionó.

- Quizás… -confesó con un nudo en la voz.

- No lo hagas. –le pidió y le besó el dorso de la mano. Se quedaron en silencio un rato hasta que Jasper decidió tocar otro tema. – Rose, en unos días no vas a tener que preocuparte por ver a Royce nunca más.

- ¿Qué? –preguntó desconcertada.

- Está viajando con un camión de entregas, no se encuentra en el estado y me voy a encargar de que nunca regrese. Y no está a discusión, sólo deseaba que lo supieras.

- ¿Y la policía? –preguntó preocupada porque pudieran vincular a su hermano con algún crimen si Royce desaparecía.

- Rose, trabajo para el ejército, tengo formas de sobrepasar a la policía. –aseguró con la confianza que le daba tener su golpe bien planeado. – Hace frío ¿entramos? –le pidió no deseando profundizar ese tema.

- Claro.

Ambos se pusieron de pie y ella lo abrazó, no tenía palabras coherentes para agradecerle que la librara de ese demonio, pero saber que ya no estaría en este mundo para robarle nada más la tranquilizaba mucho. Además quizás ahora podría dejar de preguntarse qué hubiera sido de su vida si antes le hubiera permitido a Emmett encargarse de él.

&...&...

Después de ese día Emmett no la buscó. Deseó darle tiempo y distancia para que pensara y, con suerte, para que lo perdonara también. Tampoco vio a Tanya y sus amables negativas le indicaron a la mujer que eso que tuvieron por corto tiempo ya había terminado, así que decidió seguir adelante sin mirar atrás.

Cuando por fin las ansias de ver a Rosalie lograron vencerlo fue una noche de viernes en la que planeaba salir con Edward a tomar algo, probablemente a su amigo no le gustaría pero aún así le pidió que pasaran a verla, sólo unos minutos nada más.

Los chicos se estacionaron afuera de la casa que iban a ver y notaron una camioneta ahí también. Emmett consideró no entrar, en caso de Jasper y Alice tuvieran alguna visita, pero no fue capaz de contenerse.

- Te espero aquí. –le dijo Edward muy decidido a no cruzarse con una mujer que no le agradó desde el principio.

- Ven conmigo. No quiero perder la noción del tiempo. –le dijo Emmett y lo miró con semblante serio, tanto, que Edward asintió resignado e hizo nota mental de cobrarle después el favor.

Al acercarse a la puerta escucharon risas de varias mujeres y pensaron que bien podrían estar a punto de entrar en a boca del lobo si había una fiesta sólo para chicas ahí adentro, pero igual Emmett tocó el timbre y muy pronto Alice abrió. La chica iba vestida con ropa ajustada y llevaba mucho maquillaje, como si estuviera lista para salir, le sonrió y se hizo a un lado para que entraran.

- Apenas llegaron a tiempo, estamos por irnos. –les dijo mientras la seguían.

- Sólo quería saber si todo está en orden. –le aclaró Emmett viendo sólo a Rose, ella llevaba un vestido entallado que marcaba su cintura y su vientre, haciéndola ver demasiado sensual aún estando embarazada, por mero instinto le sonrió, aunque ella no pudo hacer lo mismo. – él es Edward. –presentó Emmett a su amigo de manera informal.

- Mucho gusto. –dijo Alice con una gran sonrisa y fue a saludarlo - Supongo ya conoces a Rose. Y ella es mi amiga Bella. –los presentó y supervisó que la chica de cabello castaño se acercara para saludar como es debido. Nadie más lo notó, pero Alice se les quedó viendo más de lo necesario.

- Hola. –dijo algo tímida Bella y Edward estrechó su mano.

- Mucho gusto. –contestó y luego se hizo a un lado, para quedarse silencioso junto a la puerta, aunque nunca le quitó la mirada de encima.

- Los invitaríamos, pero es noche sólo para chicas. –anunció Alice y en ese momento llegó Jasper de la planta alta con el bebé en brazos.

- Ustedes podrían quedarse a hacerla de niñeras. –sugirió el rubio y Emmett se rió, aunque Edward pareció no escucharlo, aún estaba prestándole más atención a Bella.

- Ya vámonos, se nos hace tarde. –dijo Rosalie y dejó un beso en la frente de su sobrino y en la mejilla de su hermano antes de encaminarse a la salida, cuando se cruzó con Emmett sólo lo vio a los ojos reprochándole que hubiera llevado a Edward y después cruzó la puerta.

- Diviértanse. –murmuró el chico de cabello bronce y Bella se sonrojó.

- Gracias. –contestó ella antes de salir también.

- Pórtense bien. –ordenó Alice y besó a su esposo en los labios luego de hacerle una última caricia a su bebé. Al abandonar la casa cerró la puerta tras de sí.

- Las estás solapando. –dijo Emmett en tono burlón cuando se quedaron los cuatro chicos solos. – él es Edward, se ve un poco estirado, pero a veces es menos gruñón que un abuelo. –se rió y Edward le golpeó el hombro mientras pasaba para saludar a Jasper.

- Edward Cullen. –le extendió la mano y el rubio acomodó al bebé sobre su brazo izquierdo para responderle el saludo.

- Jasper Hale. –estrecharon manos y luego Emmett se sentó muy cómodo en un sofá, Edward sólo levantó una ceja.

- Podríamos tomarle la palabra a Jasper y quedarnos a hacerla de niñeras. Y mientras, me vas explicando esas miraditas a la amiga de Alice. –dijo Emmett muy consciente de que nunca antes había visto ese interés tan obvio en su amigo por ninguna mujer.

- No sé de qué hablas. –se sentó también.

- Tengo unas cervezas para hacer esto más interesante. –dijo Jasper y fue a entregarle el bebé a Emmett. – Para que empieces a practicar. –le dijo y se lo dejó en brazos. – Y por cierto, Bella es soltera y no tiene novio. –aseguró como un comentario inocente hecho al aire.

Edward se le quedó mirando mientras desapareció en la cocina y Emmett sólo se concentró en sostener con cuidado al bebé y pensar en lo que acababa de escuchar ¿es que Jasper sabía toda la verdad? Si así era… entonces tal vez podría permitirse tener más esperanzas de que el bebé de Rose fuera también su hijo o hija.

&...&...

Con el paso del tiempo las cosas no cambiaron mucho para nadie. Rosalie siguió yendo a trabajar a pesar del avanzado estado de su embarazo y por las mañanas se quedaba en casa cuidando a su sobrino. Aún no tenía muy claro qué haría con Emmett y cada día que pasaba sin verlo lo extrañaba más, pero siempre el recordar a Tanya la hacía sentirse demasiado mal.

Un día estando a solas con Alice ella le hizo pensar en algo que hasta ese momento no consideró, el futuro de su bebé. Por supuesto que ella podría sacarlo adelante, darle todo el amor y la protección que necesitara… además no estaría sola, sin embargo, también la hizo consciente de que Emmett podría darle mucho más. Él sería no sólo un buen padre, sino un magnífico proveedor que le aseguraría cualquier comodidad siempre. Al principio Rosalie no lo entendió bien, pensó que su cuñada le decía que volviera con Emmett por el dinero, pero cuando lo pensó a fondo se dio cuenta de que era cierto, si ella huía o hacía cualquier otra cosa para alejar a su bebé del abogado, estaría quitándole a la criatura muchas cosas que ella nunca en toda su vida podría darle.

Sin embargo, al hacer un balance final de las cosas, decidió que no podía. Su miedo era más grande que todo y las palabras que le dijo su madre muchas veces la acosaron una y otra vez en sueños "…un día vas a estar embarazada y ni siquiera vas a saber quién es padre del niño. Eres una…" eso era lo que más odiaba, tener que reconocer que hubiera tenido razón con algo tan horrible.

Guiada por ese instinto de supervivencia, de conservar aunque fuera algo de su dignidad, decidió marcharse. Era un patrón muy claro, siempre hacía lo mismo… primero con Jasper, luego con Royce y Emmett… y ahora se estaba escapando de todos. Pero no le haría lo mismo a su hermano, a él lo llamaría pronto, en el momento en que naciera su bebé. Así lo planeó todo. Reunió las cosas más valiosas que tenía y esperó el momento indicado, lo haría una tarde diciendo que iba al trabajo… sólo no volvería y cuando Jasper y Alice se alarmaran entrarían a ver en la habitación, ahí iba a dejar una breve nota para que no se preocuparan.

Se sintió estúpida todo el tiempo, pero supo que sería lo mejor. Así, con esa idea en mente pensó en que bien podría darle a su hermano y a Alice un pequeño regalo de despedida sin que se dieran cuenta y los incitó para que salieran solos un viernes por la noche, ella llevó a su recámara el radio que comunicaba con el bebé y fue a dormir.

Se despertó poco después algo incómoda, como ya era frecuente, todavía faltaban cuatro o cinco semanas para que naciera su bebé, pero ya tenía tamaño suficiente para no dejarla dormir bien. Suspiró y se sentó dispuesta a levantarse e ir a ver su sobrino, sólo porque ya estaba despierta.

Caminó por el pasillo y tuvo esa sensación de que se le ponía duro el vientre, era normal en esos días y ya no se alarmaba, aunque esta vez le causó dolor. Respiró profundo y dejó de caminar un momento hasta que cesó, luego fue se quedó mirando al bebé algo de tiempo, el suficiente para que el dolor volviera y se pasara dos veces más.

Comenzó a pensar que tal vez no era tan normal, pero en ese momento despertó su sobrino y se concentró sólo en atenderlo. Lo acunó en brazos meciéndolo y hablándole bajo para que se tranquilizara, aunque al parecer no estaba obteniendo tan buenos resultados como Alice. Le preparó el biberón y esperó paciente mientras se lo terminó todo, luego le cambió el pañal y lo durmió de nuevo, ignorando que el dolor que acompañaba a esas pequeñas contracciones se volvió a hacer presente varias veces, además, pudo jurar que se estaba intensificando.

Regresó a la cama y acarició a su bebé sin nacer, le murmuró promesas en voz baja y luego cerró los ojos esperando quedarse dormida a pesar de los nervios y las sensaciones raras, por fortuna muy pronto se perdió en un mundo de sueños. Vio muchas imágenes que le resultaron ajenas y familiares porque eran cosas que nunca había vivido y lugares que jamás había visitado... pero todo el tiempo Emmett estuvo con ella, caminando a su lado, tomándola de la mano. Fueron sueños agradables, hasta que chico dejó un beso sus labios, Rosalie despertó.

Esta vez fue diferente porque la sensación de dureza en su vientre era mucho más fuerte, al igual que el dolor, y de inmediato se dio cuenta de que la cama estaba mojada. Se sentó con trabajo y encendió la lámpara que tenía a un lado, con esa poca luz fue suficiente para ver que no era sangre, sino un líquido transparente lo que la había mojado. Eso la hizo entrar en pánico porque había leído lo suficiente para saber que esa fue su fuente que se rompió y significaba que su bebé nacería muy pronto.

Miró el reloj y vio que era de madrugada, al encontrar aún en su buró el comunicador al cuarto del bebé dedujo que Alice y Jasper continuaban en la calle. Pensó en cambiarse de ropa y pedir un taxi, pero no quería ir al hospital ella sola, pues no podía dejar con cualquiera a su sobrino, además, lamentó el que su hijo o hija fuera a nacer tan pronto… temía que fuera muy pequeño y tuviera problemas, además de que ya no podría salvarse de la prueba de paternidad.

Tomó el teléfono y le llamó a su hermano, no obtuvo respuesta, lo mismo con Alice. Decidió que lo primero que debía hacer era vestirse, así que después de ver a su sobrino dormido, se tomó el tiempo necesario para darse un baño y vestirse, además puso en una maleta pequeña otros cambios de ropa para ella… y también para su bebé. Después volvió a intentar con su hermano y cuñada, pero de nuevo ninguno respondió.

Pensó en que quizás podría darle más tiempo a la situación y esperar hasta que llegaran, el dolor aumentaba en frecuencia e intensidad, pero aún podía manejarlo. De repente escuchó el bebé llorar y se dio cuenta de que probablemente era momento de alimentarlo otra vez. Así fue y lo tomó en brazos, repitiendo la rutina de antes, lo alimentó y cambió para después arrullarlo. Iba subiendo con él en brazos cuando una nueva contracción la tomó por sorpresa con lo fuerte que se hizo sentir y casi la hace perder el equilibrio. Se asustó y se sentó en el suelo esperando a que pasara… el tiempo se le hizo eterno, pero al final pudo ponerse en fue y dejar al niño en la cuna.

Fue hasta la recámara e intentó de nuevo comunicarse, pero no obtuvo respuesta. Entonces, su teléfono sonó y pensó que sería Jasper, pero la desconcertante llamada de Emmett en la madrugada la sorprendió.

- ¿Rose, estás bien? –preguntó él antes de que pudiera decirle nada.

- Emmett… -murmuró sintiendo otra vez el dolor.

- Lo siento es que tengo este presentimiento… -se disculpó.

- Estoy sola con mi sobrino… y tengo contracciones… cada vez son peores… -le confesó hablando con dificultad, tratando de ocultar el dolor en su voz.

- Voy para allá. –prometió. - ¿Crees que puedas abrirme la puerta?

- Sí. Por favor… date prisa. –le rogó desesperada ya.

- Resiste un poco, Rose. Te veo en diez minutos. –prometió y terminó la llamada. Ella se quedó ahí, aferrada a las sábanas deseando que Emmett no tardara y, sobre todo, que su bebé estuviera bien.

&...&...

Emmett se estacionó sin cuidado afuera de la casa de Jasper, estaba asustado por lo que le había dicho Rosalie, temía por ella y por el bebé. Él estaba seguro de que el niño o niña no era tan pequeño como ella aseguraba, pero aún así… temí que fuera a nacer demasiado pronto. Llegó y no llamó a la puerta, sólo la intentó abrir y pasó como si nada. En la sala a oscuras estaba sentada Rose sosteniendo a su sobrino en brazos.

- ¿Estás bien? –preguntó arrodillándose a su lado.

- Sí. Pero estoy muy segura de que va a nacer esta noche. –murmuró con los ojos llenos de lágrimas.

- Vas a estar bien, los dos van a estarlo. ¿Puedes caminar al auto?

- Eso creo.

- Dame al niño. –se puso de pie y tomó al bebé en brazos.

- ¿Puedes llevar la maleta? –le pidió poniéndose de pie, esperando no tener otra contracción en ese momento.

- Claro. –la tomó y luego caminó al lado de Rosalie lentamente.

Ella se sentó en el asiento trasero con su sobrino en brazos mientras Emmett condujo rápido pero con cuidado, sabiendo que ese no era momento de arriesgarse a tener un accidente. El camino al hospital no fue muy largo en la ciudad vacía, apenas unos minutos. Cuando llegaron él tomó de nuevo al niño y la maleta, ella salió con trabajo, caminando despacio porque el dolor amenazaba con impedirle moverse. De repente sonó su teléfono, era Jasper.

- Rosalie ¿qué sucede? Vi todas las llamadas. –dijo él algo asustado.

- Tengo contracciones. Emmett fue a la casa y nos trajo al hospital… -murmuró entrando por la puerta de urgencias.

- Alice y yo vamos para allá. Todo va a estar bien. –le aseguró y luego cortó la comunicación.

De inmediato alguien se acercó para llevarla en silla de ruedas hasta una camilla, Emmett se quedó en la recepción dando algunos datos mientras a ella la llevaron y comenzaron a prepararla para el momento del parto. Para cuando el chico pudo ir a su lado la encontró vestida con la bata del hospital y con un suero goteando lentamente directo a una vena en su brazo izquierdo.

- Me van a llevar arriba, el ginecólogo y el pediatra ya vienen para acá. Dicen que será pronto. –le comunicó ella aún muy nerviosa. – Tengo miedo. –murmuró aunque no fue capaz de explicarle que lo que más la asustaba era la prueba de paternidad que ya estaba lista para realizarse, Emmett sólo tenía que llamar al personal del laboratorio que la haría y entonces ella ya no podría detenerla.

- Todo va a salir bien, Rosie, el bebé va a estar bien y tú también. Cuando salgas de ahí todos vamos a estar esperándote. –le dijo él pensando en que dentro de muy poco podría conocer a ese hijo o hija que deseaba fuera suyo.

- Es momento de irnos. –aseguró un médico de repente y dos hombres se acercaron para llevar la camilla.

- Te amo, Rose. –le dijo él sin pensarlo y le besó la frente antes de apartarse y ver cómo se alejaba con el dolor marcado de nuevo en el rostro.

Él se quedó un tiempo en la sala de espera mientras Alice y Jasper llegaron, ambos le agradecieron su ayuda y lo invitaron a subir con ellos a la habitación donde se quedaría Rose, él se sentía algo fuera de lugar pero al mismo tiempo era incapaz de marcharse, no con tantas dudas en el aire.

Durante el tiempo que esperaron pensó muchas veces en hacer la llamada para que fueran a tomar la muestra del bebé, deseaba como nada antes que ese niño o niña fuera suyo, poder abrazarlo y que lo llamara "papá", pero al mismo tiempo temía mucho que el resultado fuera negativo… porque entonces se sentiría como perderlo todo, aunque nunca hubiera sido suyo.

&...&...

Ya algo cerca del amanecer alguien abrió la puerta de la habitación y los tres se pusieron de pie, era el personal del hospital que llevaba a Rosalie en la camilla, con el suero aún goteando y el semblante cansado, pero su rostro se iluminaba con una gran sonrisa. Jasper y Alice se acercaron primero y la abrazaron cuando se sentó para pasarse a la cama de hospital, muy poco después se quedaron solos de nuevo.

- ¿Niña o niño? –preguntó impaciente Alice.

- Niña. –contestó Rose recordando los breves instantes que pudo verla antes de que se la llevaran para bañarla y tomarle todas las medidas.

- Felicidades. Debe ser tan hermosa como tú. –le dijo su hermano y le besó la frente.

- ¿A quién se parece? –volvió a cuestionar su cuñada sonriendo y con una fuerte corazonada sobre quién era el padre de su nueva sobrina.

- Se parece mucho a Jasper y a mí. –respondió tranquila, pero notando la mirada atenta de Emmett, que no se le había acercado. – Es rubia y tiene los ojos azules.

- Una niña perfecta como tú. –señaló su hermano y luego vio a Alice a los ojos, ella asintió. – Rose, vamos a ir a desayunar, regresamos al rato para conocerla ¿de acuerdo? –preguntó para estar seguro de que ella entendía el mensaje detrás de sus palabras, le estaba dando tiempo a solas con Emmett para arreglar sus asuntos pendientes.

Cuando ambos salieron Rosalie se tomó unos segundos para reunir el valor de ver al abogado a los ojos, cuando por fin pudo hacerlo se dio cuenta de todas las emociones que él se estaba guardando, de lo mucho que estaba en juego en esos momentos… y probablemente el desenlace de esa noche dependía más de ella, de que dijera la verdad y se arriesgara o continuara con una mentira que sólo le causaría más dolor. Rose extendió una mano para que él se acercara y la tomara, Emmett lo entendió y entrelazó sus dedos, sentándose a su lado en el borde de la cama.

- No nació prematura. –dijo él de repente con seguridad.

- No. –afirmó ella sabiendo que eso era confirmación suficiente de lo que él siempre supo, su bebé fue concebida cuando aún vivían juntos.

- No hice la prueba de ADN.

- Lo sé.

- Quiero que me digas tú la verdad, no un pedazo de papel ¿ella es mi hija? –pronunció con cuidado y enjugó una lágrima que se escapó de los ojos azules de ella, que estaban llenos de pena.

Rosalie iba a responder pero llamaron a la puerta y entró una enfermera con su hija, la llevaban en una cuna alta y con ruedas, la mujer de sonrisa amable se acercó hasta quedar al otro lado de donde estaba Emmett y sacó a la pequeña para entregársela a su madre, ella soltó la mano que sostenía el abogado y acunó a su niña por primera vez.

Ese momento, cuando estuvieron los tres a solas ya, fue algo diferente al resto de sus vidas, el vínculo que los unía se hizo casi físico y pudieron sentirlo mientras los dos adultos se perdieron observando a la bebé dormida entre los pliegues de una cobija rosa. Emmett la miró y la estudió, Rose tuvo razón… era como ella, tenía el mismo tono de piel claro, el cabello rubio y las facciones finas. Se alegró por eso, pero no pudo evitar la decepción de no encontrar algo que le dijera que era su hija.

- Rose. Dime que es mía. –le murmuró buscando contacto con sus ojos. – Dime que es mi hija y deja que las ame a las dos. No necesito explicaciones ni pruebas de paternidad. Sólo las necesito a ustedes. –le dijo Emmett en voz baja, no deseando que sus emociones lo controlaran.

Rosalie meditó sus palabras y se dio cuenta de la oferta que le estaba haciendo. Él las quería a ambas, a la bebé aunque no fuera suya y a ella aunque lo hubiera herido de muchas maneras. Le estaba diciendo que la amaba y la perdonaba y ella no tenía nada más que decirle una mentira para que su vida y la de su niña fueran felices. Ella podría estar al lado del hombre que amaba y la bebé no tendría que pasar por ninguna carencia, no con un padre tan maravilloso como él. Pensó que lo mejor para los tres sería sólo aceptar, pero sabía lo difícil que tenía que ser esa oferta para él, resignarse a vivir para siempre con la sombra de un secreto… por eso y muchas cosas más Emmett no se merecía una mentira, sino toda la verdad. Aunque en el proceso ella dejara la dignidad que le quedaba.

- No puedo decirte eso. –le contestó al fin, perdida en sus ojos. – Pero puedo decirte la verdad.

- Te escucho. –aseguró utilizando toda su fuerza para prepararse.

- No puedo creer que vaya a decírtelo. Armé todo este lío para jamás tener que hacerlo… -murmuró ella sin dar crédito de lo que estaba por hacer. Él temió que se arrepintiera.

- Lo que sea, Rose, eso no cambia que las amo. –le acarició la mejilla y luego quiso tocar a la niña, pero no lo hizo.

Rosalie suspiró y guardó silencio un minuto más, estirando el tiempo tanto como le era posible. Emmett se quedó esperando, conteniendo el aliento mientras esperaba escuchar las palabras que cambiarían su vida por siempre, esas que le regalarían la familia que siempre quiso o lo dejarían sumido en un profundo abismo.

CoNTiNuaRá...


Hello! Lo sé! Se suponía que era el final pero resultaba demasiado largo y decidí dividirlo. Ahora sí, lo prometo, el próximo se acaba. Muchas gracias por todo su apoyo! Q les pareció este cap? Un review? Grax!