I love the way you lie


Este es un fic con propósitos de entretenimiento, sin intención de infringir los derechos de los autores correspondientes.


Acotaciones:

&...&... Cambio de escena.


Cuando Rosalie no pudo posponerlo más sólo respiró profundo y le dio una última mirada a su hija, luego, pareció perderse en el vacío mientras dejó que las palabras fluyeran, él la escuchaba con atención.

- Cuando supe que estaba embarazada… fui la mujer más feliz del mundo. Tú estabas de viaje, fue cuando fuimos a la playa y volví antes a casa. Me desperté dos días con náuseas y supuse que era posible, porque no siempre fuimos cuidadosos… entonces hice una prueba casera y salió positiva. –se detuvo un momento y sonrió recordando lo feliz que fue en esas cortas horas. – Deseaba llamarte y decírtelo, pero pensé en darte la sorpresa cuando volvieras, quería tener la primera fotografía de nuestro bebé para mostrártela, entonces fui a ver un médico…

FLASHBACK

Rosalie escogió una doctora al azar, no tenía alguien de confianza así que fue a visitar un lugar con varios consultorios que tenía buena apariencia. Preguntó y obtuvo una cita para el día siguiente, esa noche de maravillosa espera fue muy feliz. Por la mañana acudió y la doctora la recibió con una sonrisa y le hizo muchas preguntas que le servirían para saber la edad del bebé. Al final le mandó a hacerse algunos análisis de sangre y fue con ella a la parte trasera del consultorio para realizarle un ultrasonido, esa sería la prueba definitiva para saber la edad del bebé y además, así tendría la fotografía para enseñársela a Emmett.

La joven se recostó en una mesa ya con la bata puesta y se estremeció un poco cuando el aparato entró en su cuerpo, ya que hacerlo de la forma tradicional no sería muy útil por lo poco avanzado que debía estar el embarazo. Las imágenes aparecieron en tonos de gris y ella no les encontró mucho sentido, hasta que la ginecóloga le señaló el círculo que era su bebé, creciendo en su interior de manera normal. Aún no podía darle detalles, pero hasta el momento se veía bien.

Cuando terminó la prueba le entregó una impresión, la fotografía, y la dejó para que se vistiera. Rosalie miró la imagen y sonrió una vez más… ahí estaba su hijo o hija, pensó en Emmett, en lo feliz que estaría… tanto como ella. Planeó una cena especial y la forma en que le daría la noticia. Estaba segura de que ese bebé era un regalo del cielo.

- ¿Entonces todo está bien? –le preguntó a la doctora cuando estuvo vestida.

- Se ve perfecto hasta ahora, aunque aún es muy pequeño, debes tener unas cinco semanas. –tomó un calendario cercano y encerró en un círculo varios días. – No podemos saber el día exacto, pero debes haber concebido en esta semana.

Rosalie miró el papel e hizo memoria, tan pronto como se dio cuenta de un detalle, toda su visión del mundo cambió. Toda su alegría desapareció y el corazón le dio un vuelco, eso no podía ser cierto.

- ¿Está segura? Pudo haber sido antes. –dijo con la voz temblándole.

- Estoy segura, fue en estos días. De acuerdo con tu periodo y el tamaño del embrión, éstos son los días en que quedaste embarazada ¿hay algún problema? –preguntó desconcertada.

- ¿Y si fue después?

- ¿No tuviste relaciones en esa semana?

- Sí. –murmuró apenas, con un nudo en la garganta.

- Estoy muy segura de que el bebé tiene esa edad…

Lo siguiente Rosalie casi no lo escuchó, sólo se sumió en una nube de dolor y vergüenza. Salió del consultorio y regresó al departamento, aún tenía la fotografía de su bebé, pero ya no era feliz ni deseaba enseñársela a Emmett, porque muy probablemente ese bebé no era de él.

Esa noche recibió una llamada de él que se preocupó porque la escuchó triste y vacía, el polo opuesto de la noche anterior… cuando todo fue pura felicidad. Rosalie mintió y dijo que estaba cansada y se ocultó detrás de una verdad: lo extrañaba. Después no pudo conciliar el sueño, se quedó despierta meditando su siguiente paso. Si ella no le decía nada a Emmett, él se pondría feliz y criaría a ese bebé como su hijo, pero ella no podía hacer eso.

Varias semanas atrás, cinco para ser exactos, asumió cargar por siempre con la culpa del engaño, pero una cosa era eso y otra totalmente diferente hacerle creer que tenía un hijo… si ni ella estaba segura de que así fuera. Y muchas interminables horas después decidió que no era valiente para enfrentarlo, ni tan mala para mentirle… por eso lo único que pudo hacer fue dejarle una nota y marcharse.

FIN DEL FLASHBACK

- Por eso me fui. –concluyó Rosalie sin despegar la mirada de su bebé. – Porque no pude mentirte…

- ¿Entonces sabes que no es mi hija? –preguntó sintiendo una fuerte opresión en el pecho.

- No lo sé, puede serlo, puede no serlo. –lo vio por un segundo a los ojos y luego volvió a desviar la mirada. – La doctora me dio un periodo de cinco días, dijo que pude quedar embarazada en cualquier momento dentro de ese tiempo. Y tú te fuste de viaje durante el tercer día.

- Conociste a alguien y… ¿cómo es posible? –murmuró sin aliento, sin dar crédito de lo que Rosalie acababa de decirle ¿qué no era fuerte su relación? ¿La dejó sola tanto tiempo?

- No Emmett. No conocí a nadie. Me encontré con Royce. –le dijo de repente llena de ira consigo misma y de ahí sacó el valor para enfrentarlo y contarle lo que pasó en esa ocasión, ese día en el que muchas veces deseó haber muerto.

FLASHBACK

Rosalie no sabía qué estaba haciendo, ella sólo fue a buscar una escuela para preguntar por los cursos que ofrecían y de repente se encontraba persiguiendo una niña después de casi ser arrollada por un autobús. La pequeña se fue por varias calles diferentes y ella se empeñó en seguirla, deseaba que la llevara con su madre y ver qué sucedía, ayudar de ser posible, devolver al favor que la mujer la hizo cuando Royce casi la mata.

De repente, al dar la vuelta en una esquina se dio cuenta de que la había perdido y por fin se detuvo, dejó de correr y trató de recuperar el aliento. Miró a su alrededor no sólo buscándola, sino tratando de orientarse porque ya no sabía dónde estaba. Vio los negocios y buscó los nombres de las calles, pronto se dio cuenta de que estaba cerca de su antiguo edificio de departamentos y tuvo el impulso de correr de nuevo para alejarse.

El estar ahí la hizo sentirse amenazada, era como si en cualquier momento Royce pudiera aparecer y eso la asustaba más que nada porque si la tenía a su merced otra vez, iba a matarla. Se lamentó por un segundo el no haber alcanzado a la niña y que ahora estuviera fuera de sus manos ayudar, quizás si se lo pedía a Emmett él podría contratar a alguien que investigara… o algo así, porque ella nunca se acercaría a ese edificio, jamás.

Muy decidida a irse dio media vuelta pero se quedó paralizada cuando encontró a Royce muy cerca, apenas a un par de metros de distancia. Se veía diferente, estaba más delgado y pálido, se veía demacrado, iba muy desarreglado y… le estaba sonriendo. Ella sintió el pánico recorrer sus venas y pensó en sólo correr o gritar, pero el ver un arma en la cintura del hombre la detuvo, si le daba la espalda ni siquiera podría ver venir la muerte.

- Rose ¿dónde has estado? –la saludó festivo y se acercó hasta tomarla de la muñeca con mucha fuerza, pero no se veía enojado. – Te he extrañado mucho. –se acercó más con claras intenciones de besarla y ella por mero instinto se alejó. – Seguro tú también me extrañaste. Sé una chica buena y no me obligues a lastimarte. –le dijo tranquilo y sonriente.

Rosalie no entendió esa actitud, la trataba como si nada más hubiera tardado en volver a casa como cualquier día después del trabajo. Tal vez no estaba en sus cinco sentidos, quizás por fin el prolongado consumo de drogas y alcohol le estaba haciendo estragos en la cabeza y ya no tenía nada claro. Por lo menos se alegró de que no la hubiera recibido directamente con una bala en medio de los ojos, pero eso no la hizo estar en menos peligro.

- Royce… por favor. –murmuró tratando de alejarse de nuevo, pero él la tomó de la cintura y la llevó unos cuantos metros hasta cruzar la puerta de una de tantas casas abandonadas y en ruinas que había por ahí.

Por dentro el lugar estaba tapizado con gruesas capas de polvo que se adherían al piso, las paredes y los restos de cosas que alguna vez fueron muebles. Obviamente él conocía bien el sitio porque la llevó directo hasta un sillón con olor a humedad y la tiró ahí.

- Nos vamos a divertir. Pero pórtate bien. –le advirtió con una sonrisa torcida en los labios y quitándose el arma que llevaba sostenida en el cinturón. – No quiero lastimarte. –le dijo apuntándola un segundo antes de dejar la pistola en el suelo y acercarse a ella hasta quedar encima.

Rosalie sintió sus manos buscarla y el aliento alcohólico de su respiración muy cerca, saboreó el gusto a vino en sus besos y luchó por respirar estando debajo de todo su peso, se esforzó al máximo por no gritar cuando entró en su cuerpo y aguantó el llanto todo lo que pudo… mientras sólo se dejó hacer.

La tortura no duró mucho, no le dio tiempo para pensar alguna forma inteligente de escaparse, tampoco fue el suficiente para desear la muerte tanto como debió hacerlo. Sólo quería salir de ahí y estar segura entre los brazos de Emmett. Al final Royce recuperó el ritmo calmado de su respiración y la besó con violencia una vez más antes de levantarse y volver a tomar el arma para ponerla donde la llevaba.

- Te espero temprano en casa, y hazme algo de cenar. –le ordenó antes de sólo marcharse, tan de repente como la pesadilla comenzó… ya había terminado.

Rosalie no esperó mucho tiempo, apenas sintió que él se alejó de la casa ella se puso de pie y se acomodó la ropa ignorando el dolor de su cuerpo, aunque todo lo que sentía su alma no era tan fácil de callar. Salió de ahí corriendo y no se fijó hacia dónde fue, nada más iba atenta a que Royce no estuviera en su camino. No contó sus pasos, sólo se detuvo cuando las piernas le temblaban y alcanzó una avenida muy concurrida, ahí tomó un taxi y le dio la dirección de su departamento.

El camino fue largo y ella lo hizo quitándose las lágrimas del rostro. Cuando iba entrando a su hogar sonó el teléfono, era Emmett, pero no le contestó porque no tenía voz. Fue directo la ducha y se bañó tratando de quitarse todos los rastros que le quedaran en el cuerpo, dejó correr sobre su piel el agua caliente que la quemaba, pero que quizás era lo único que podría limpiarla.

Esa noche no durmió ni le contestó a Emmett, sólo se quedó pensando, carcomida por la culpa de no haberse defendido. Meditó cómo podría decírselo a su novio, intentó decidir si debería ir con la policía o algo… pero no encontró respuestas, todo era su responsabilidad. Ella pudo gritar y pedir ayuda, pudo correr o intentar empujarlo, quizás estando él tan drogado hubiera conseguido desequilibrarlo lo suficiente para huir, pero no hizo nada. Sólo se quedó quieta mientras él la violó… una vez más.

A la noche siguiente Emmett llegó de sorpresa y muy a su pesar notó que no estaba bien, lo sospechó desde que ella dijo haber estando en la azotea… y luego lo confirmó cuando la descubrió fumando en la terraza… y fue y se sentó a su lado, ofreciéndole el amor y los cuidados que necesitaba. Le dijo que la amaba y que eran felices juntos. Él la quería a su lado… y por eso decidió no decirle nada.

Lo pensó mucho y al final no fue capaz de hacerlo, no podía arriesgarse a perderlo… soportaría la culpa y el dolor físico… además de la profunda humillación, serían sus castigos por siempre. Así decidió que nunca más volvería a mentirle a Emmett y la culpa de este único engaño la llevaría por siempre como el precio a pagar por estar a su lado.

FIN DEL FLASHBACK

- ¿No pensaste que yo te iba a creer? –preguntó incrédulo, no sabía cómo Rosalie pudo escoger callar eso cuando él siempre le ofreció su apoyo y nunca dudó de ella.

- Fue mi culpa, Emmett, por eso no te dije nada. –murmuró viéndolo sólo a los ojos, intentando que comprendiera que estaba siendo sincera y que la culpa que sentía era demasiada. – Tú lo dijiste cuando estaba en el hospital.

- ¿Qué? No sé a qué te refieres. –respondió alterado, enojado por lo que ella implicaba.

- La última vez que él me golpeó, esa noche que te quedaste conmigo en el hospital me preguntaste si había abusado de mí…

- Y tú pensabas que no era abuso porque él era tu novio. –completó la frase que ella dijera meses atrás.

- Tú me dijiste que si yo decía "no" entonces él tenía que detenerse. Pero esta vez yo nunca le pedí que no lo hiciera. Sólo que quedé quieta, no grité, no pedí ayuda, no hice nada. –le explicó mientras las lágrimas tibias se deslizaban por sus mejillas.

- Y entonces pensaste que aunque él tuviera un arma eso no era una violación. –habló él algo sarcástico y desesperado, tanto, que se puso de pie y comenzó a caminar en círculos por la habitación. Rosalie lo miró presintiendo que ese era el final de todo, él se marcharía y continuaría con su vida convirtiéndolas a ella y a su hija en nada más que un recuerdo. – Nunca me dijiste nada, debiste saber que lo correcto era ir con la policía y llamarme, hubiera hecho que lo encerraran para siempre, es un maldito imbécil. Pero esto es demasiado, no me importa lo que me digas, voy a mandarlo matar.

- Creo que Jasper ya se encargó de eso. –le aclaró aunque en ese instante lo que fuera de Royce no le importaba nada en comparación con Emmett.

- Perfecto, te pedí mil veces que me dejaras hacer algo al respecto y nunca me lo permitiste. –él suspiró y ella notó que en ese instante se dio por vencido. – Necesito pensar. –le dijo a secas y salió de la habitación sin siquiera darles una última mirada a ella o a la niña.

Rosalie sólo se quedó quieta y en silencio, aferrándose al cuerpo de su hija como lo único capaz de salvarla en ese momento, sólo por ella tendría que ser fuerte y seguir adelante, aunque se sintiera sola y perdida… una vez más.

&...&...

Jasper y Alice iban con su bebé saliendo del ascensor luego de tomarle un largo rato para ir a la cafetería del hospital siempre abierta, aún no estaban seguros de si era prudente interrumpir pero deseaban conocer su sobrina.

- Jass, mira. – le señaló en la sala de espera a Emmett sentado en un sillón con la cabeza entre las manos.

- Voy a hablar con él. –dijo muy decidido. – Y si Rosalie no le dijo la verdad, lo voy a hacer yo. Esto ya es ridículo.

- Yo voy con ella. Suerte. –le dio un beso en los labios y tomó al niño de los brazos de su esposo.

Jasper fue y se sentó en silencio a su lado, el otro hombre sintió su presencia y miró para ver quién era, cuando se dio cuenta esbozó una media sonrisa algo amarga y se preparó para esa conversación que no deseaba tener.

- ¿Hablaste con ella? –le preguntó el rubio.

- Sí. –contestó a secas mirando el techo.

- ¿Sigue empeñada en no decirte la verdad?

- No. Creo que esta vez me lo dijo todo ¿tú sabes lo de Royce?

- Cuando la amenazó con el arma, sí lo sé. Me alegra que te lo haya dicho, pero creo que a ti, no. –se aventuró a hacer la conjeturar en voz alta.

- Hubiera preferido que me lo hubiera dicho hace meses y que me hubiera dejado hacer algo al respecto. Dice que tú ya te encargaste.

- Lo hice, pero no le pedí permiso.

- Sí, supongo que esa fue la decisión inteligente. Si lo hubiera matado cuando fue tiempo… nada de esto estaría sucediendo. –se quejó con amargura, lleno de ira hacia Royce, Rosalie y él mismo.

- Es diferente. Tú eres su pareja, tenías que tomar en cuenta sus deseos. Yo soy su hermano y si se enojaba conmigo iba a terminar perdonándome. –se encogió de hombros por la lógica tan sencilla. – Pero de todas formas, hubiera sido mejor que esa bestia dejara de existir antes de hacer daños irreparables, no sólo a ustedes, sino a alguien más. – Emmett lo miró cuestionándolo y Jasper suspiró. – Los hombres que contraté lo detuvieron en la mitad de una carretera, llevaba un tráiler que acababa de descargar en otro estado y en la parte trasera estaba el cuerpo de una muchacha, una adolescente… él recibió lo que merecía, pero fue demasiado tarde para ella.

- ¿Rosalie sabe eso? –preguntó asombrado y asustado porque esa mujer bien pudo ser Rose.

- No. Sólo la hubiera hecho sentir peor.

- Gracias por cuidarla, lo has hecho mejor de lo que yo pude.

- Eso no es verdad, nadie la ha hecho tan feliz como tú ¿Ahora qué vas a hacer?

- No tengo idea. –respondió con sinceridad mirando a Jasper, como si esperara un consejo de utilidad pues se encontraba totalmente perdido.

- En mi opinión el padre de un niño es aquel que lo ama como tal pero sólo tú sabes si puedes perdonar a Rosalie. –le sonrió y se puso de pie. – Sabes dónde encontrarla. –le dio unas palmadas en el hombro y se fue en dirección de la habitación de su hermana pues ahora que Emmett sabía la verdad todo dependía de él.

Jasper continuó su camino y se detuvo en la puerta de la habitación llamó dos veces y escuchó a su hermana diciéndole que entrara. Rosalie estaba sentada sobre la cama con las piernas cruzadas y en el espacio restante habían recostado a los dos bebés, su sobrina vestía una pijama de cuerpo completo y estaba despierta, con los ojos abiertos perdidos en la nada mientras que su hijo la tenía tomada de la mano, muy pronto se llevó los dedos de la recién nacida a la boca.

- Mira, Jasper. –murmuró Rosalie sin interrumpir la escena, él se acercó con calma y sonrió al verlos.

- Ya se adoran el uno al otro. – intervino Alice muy complacida.

- Por supuesto. –respondió su esposo yendo a abrazarla. – De hecho la primera memoria compartida que tenemos Rose y yo es exactamente de hacer eso. –le aclaró.

- Y todos decían que lo hacíamos desde poco después de nacer. Él tomaba mi mano y se la llevaba a la boca y yo sólo le sonreía. –dijo Rosalie perdida observando a los dos bebés contenta de saber que su sobrino sería un hermano para la bebé.

- ¿Y por qué hacían eso? –preguntó Alice riéndose.

- No lo sabemos. –contestó en automático Jasper usando sin darse cuenta el plural con el que siempre hablaran él y Rose en su infancia. – Ya puedo verlos haciendo travesuras juntos.

- Es bueno saber que ella tendrá un hermano. –sonrió Rosalie y le extendió una mano a Jasper, él la tomó y entrelazó sus dedos.

- Puede tener más de uno. –sugirió.

- Cuando Alice lo desee, puede embarazarse. –dijo Rosalie encogiéndose de hombros.

- En veinte o treinta años me parecería adecuado. –bromeó su cuñada y todos rieron. En ese momento sonó el teléfono de la joven mujer de cabello oscuro y se alejó para hablar. Jasper no le quitó la vista de encima a los bebés pero Rose tenía dudas.

- ¿Hablaste con él? –preguntó recordando a Emmett.

- Un poco.

- ¿Me odia?

- Más bien te ama mucho. Dale tiempo, Rose. Hiciste lo correcto en decirle la verdad pero creo que todo el tiempo que tardaste en hacerlo va a tener consecuencias. Ahora te toca a ti ser paciente. –le dijo con mucha sinceridad.

&...&...

Emmett se quedó en la sala de espera porque no sabía qué más hacer. No deseaba irse pero tampoco tenía calma ni una decisión tomada para ir y estar con Rosalie. Todo lo que ella le dijo no cambió en nada el hecho de que las amaba a ambas pero sí lo hirió como nada más antes, resultó incluso peor que la forma en que se fue… tanto que ansió saber por qué lo hizo y ahora le parecía abominable.

Se imaginó cada momento, cómo Royce por una última vez la tomó por la fuerza y todo el dolor que le ocasionó después, pensó en lo que hubiera hecho de haberlo sabido antes… y todo el mal que eso hubiera evitado. También consideró la alta posibilidad de que la bebé fuera hija de Royce… y eso de manera extraña no cambió en nada lo que sentía, quizás era ingenuo pero él estaba muy seguro de ser el padre de la pequeña.

Suspiró y se puso de pie, obligándose a marcharse, le gustaría tener un amigo con quien hablar en ese momento pero aquellos a los que les tenía suficiente confianza, no eran los indicados… por un lado Jasper era hermano de Rosalie y por otro, Edward la consideraba demasiado mala para él. Cuando iba caminando al ascensor vio a una enfermera que salía de la habitación llevando a la bebé consigo, de manera inconsciente sus pasos lo llevaron lentamente hacia ellas hasta quedar muy cerca en la entrada a los cuneros.

- La voy a llevar para cambiarle el pañal ¿desea cargarla? –le preguntó muy amable la mujer que recordaba a Emmett sentado en la cama de Rosalie cuando les llevó a la bebé, de alguna forma asumió que era el padre.

- ¿Puedo? –preguntó desconcertado, sintiendo que no debía pero con inmensas ganas de hacerlo.

- Por supuesto. Es importante que los padres se involucren desde el principio. –tomó a la niña en brazos y se la pasó.

A él en ese momento le pareció más frágil que nunca, era por mucho la criatura más pequeña que hubiera sostenido y se sintió torpe pero en el instante en que lo miró con sus ojos azules se creó entre ellos un lazo imposible de ignorar. Todos los sentimientos que ya tenía hacia la bebé se amplificaron un millón de veces, no sólo la amaba sino que daría su vida por ella. Era su hija, sin importar lo que hubiera sucedido en el pasado con Rosalie, a pesar de que su relación no subsistiera… esa niña sería su hija por siempre. Con mucho cuidado le beso la frente y le sonrió.

- Vas a ser muy feliz. –le prometió en voz baja. – Vuelvo a verte en un rato, pórtate bien. –volvió a murmurarle y se la devolvió a la enfermera.

Cuando se llevaron a la niña suspiró y dudó una vez más ¿qué haría en ese momento? No había una respuesta clara pero se esforzó por ponerlo todo en una balanza. Rosalie nunca estuvo por voluntad con otro hombre, ella nunca dejó de amarlo aunque se hubiera equivocado. Eso que lo hería fue la falta de confianza el no decirle qué sucedió con Royce… podía culparla de eso, de irse nada más y tratar de quitarle a su hija. Todo eso lo enfurecía. Pero al mismo tiempo estaba el hecho de que la amaba aún más que antes porque no sólo era ya su enamoramiento y todo lo que eso acompañaba… sino también la madre de su hija. Y además… tampoco estaba seguro de que ella lo perdonara a él por la aventura con Tanya, nunca la engañó pero tampoco se comportó como debió, fue débil para enfrentar su pérdida y su soledad y fue a refugiarse en una relación pasajera. Quizás debería pagar las consecuencias por eso.

&...&...

Rosalie se despertó muy temprano en la mañana cuando escuchó a su bebé hacer ruido por el comunicador. La pequeña dormía en su propia habitación pero ella siempre estaba al pendiente. Se puso una bata y fue para levantarla de la cuna. Era la niña más hermosa que hubiera visto jamás, sus ojos curiosos veían todo a su alrededor, lloraba muy poco y le gustaba tener música para escucharla y quedarse dormida. La amaba como no pudo creer ser capaz.

La alimentó con calma y la observó todo el tiempo hasta que ella estuvo satisfecha y luego siguió con su rutina, cambiarle el pañal y darle un baño de agua tibia con esencias, el cual ambas disfrutaban mucho. Cuando estaba terminando de vestirla llegó Alice con su sonrisa perenne y su niño en brazos para dejarlo ahí toda la mañana.

El acuerdo que tenían era de ambas cuidar a sus bebés, Rose por la mañana y Alice por la tarde cuando ella volviera al trabajo tras pasar su licencia de maternidad, eso funcionaba para ambas. Alice se marchó y Rosalie se ocupó de los dos bebés las siguientes horas mientras preparaba algo de almorzar para ella.

El tiempo se le pasaba rápido en esos días manteniendo la mente ocupada en cosas más bien mundanas trataba por sobre todas las cosas de no mirar fijamente a su niña buscando rasgos de Emmett o Royce., porque no deseaba encontrarlos. La prueba de paternidad nunca se realizaría como Emmett se lo prometió pero ella aún tenía la duda, sin embargo la posibilidad de que fuera Royce el padre biológico de su hija la horrorizaba tanto que prefería nunca saberlo. Pero eso no quería encontrarle nada similar a ese hombre que tanto la había lastimado en el pasado.

Alice llegó al medio día para llevarse a su hijo, conversaron un rato y se despidieron pronto, usualmente pasaban más tiempo juntas pero las dos sabían que esa tarde iba a ser diferente del resto, porque Rose iba a ver a Emmett.

Un día después de que naciera la bebé él recibió un caso muy importante, de esos que podían hacerlo pasar a la historia, y lo aceptó aunque significara estar casi un mes en otra ciudad. Lo hizo lamentando que no vería a la niña y agradeciendo que ese tiempo a solas lo ayudaría a tener las cosas bien claras.

Así fue a visitar a Rose al hospital y le dijo que se iba, además le pidió que mientras tanto ella y la niña se quedaran en su departamento. Rosalie no quiso aceptar pero él se lo pidió como un favor argumentando que la antigua habitación de huéspedes ahora estaba llena con cosas para bebé que compró para regalárselas a su hija. Rose no supo si hizo bien en aceptar o no, pero no pudo negarse cuando él parecía rendido y cansado de estar intentando hacer cosas por ella, por eso dijo que sí.

De esa forma él se fue y pasaron tres semanas en un extraña relación a larga distancia. No tenían definido qué eran, sólo se trataban cordialmente durante cada llamada que él hizo, una diaria, para saber cómo estaba la bebé.

Ahora que él volvía las cosas eran confusas y Rose estaba nerviosa porque quizás acabaría tomando a su bebé y yéndose a casa de Jasper y Alice mientras encontraba algo adecuado para ella y su niña.

Emmett trataría por siempre a la bebé como propia, eso ya le había quedado bien claro, pero para ese momento existían altas posibilidades de que la criaran como padres separados. Ella tendría dos casas y dos habitaciones… los amaría a ambos pero no los vería juntos. Rose lamentó no poder darle la vida perfecta que deseaba, pero no estaba mal cómo pintaban las cosas, ella sufriría por no tener a Emmett, pero no así la niña.

Las horas de la tarde se pasaron como una lenta tortura. Preparó la cena meticulosamente y buscó la ropa que le gustaría más a Emmett para vestir a la bebé, cepilló sus cabello rubios y le puso un prendedor diminuto con forma de mariposa. Ella también tomó un baño y se arregló de manera casual pero cuidadosa.

Aunque no le gustara admitirlo tenía unas enormes ganas de verlo y deseaba poder abrazarlo, aunque muy probablemente no se atrevería a hacerlo. Esos días separados no le dieron el tiempo suficiente para saber qué hacer, no pudo decidir si tendría que disculparse con él y pedirle una oportunidad o sólo dejar que las cosas fluyeran… además estaba el hecho de que el asunto de Tanya aún le dolía.

Poco después de la puesta de sol escuchó la puerta principal del departamento abrirse y se dirigió a la habitación de la bebé para llevársela a Emmett pues de lo único que estaba muy segura era de que él se moría de ganas por sostenerla.

El abogado entró y una parte de él aún temía llegar a un departamento vacío, así que cuando el olor a perfume y comida lo invadieron una sonrisa instantánea se apoderó de su rostro. Dejó la maleta a un lado y cerró la puerta mientras buscaba a las dos mujeres que lo esperaban.

Rosalie apareció por el pasillo con su hija en brazos y sonrió al verlo. Ahí estaba tan apuesto como siempre, con los músculos algo marcados debajo de su camisa y los hoyuelos en el rostro acompañando su sonrisa.

- Hola. –lo saludó y se acercó más.

- Hola. –contestó tranquilo mirándolas a ambas.

- ¿Cómo estuvo tu viaje?

- Bien. –se aproximó y extendió los brazos como un movimiento natural, ella le entregó a la niña que abrió los ojos despacio y se quedó viendo apacible a Emmett.

- Te extrañó. –sonrió Rosalie feliz de verlos a ambos así, sin lugar a dudas se pertenecían.

- También la extrañé. A ambas en realidad. –lentamente se acercó y besó a su hija en la frente antes de dar un paso hacia Rose y hacer exactamente lo mismo. - ¿Hay tiempo de que tome un baño antes de cenar? –preguntó mientras mecía a la niña.

- Por supuesto. La cuido.

Él le entregó a la hija de ambos y fue para bañarse rápido. Deseaba algo de agua caliente y ponerse más cómodo después de varias horas en avión. Mientras estuvo a solas meditó en cómo podría seguir adelante esa noche. Tenía una idea muy clara de cómo deseaba que resultaran las cosas pero no sabía qué hacer exactamente. Quizás debería ir directo al punto, aunque también pensó en esperar y dejar que Rose tocara el tema de su relación. Pocos minutos después regresó a la estancia, aún con el cabello húmedo y un cambio de ropa limpia que Rosalie pensó lo hacía ver aún mejor.

- ¿Quieres darle de comer? –ofreció la mujer cuando él llegó justo en el momento en que tuvo listo el biberón.

- No sé si pueda hacerlo. –confesó acercándose con infinita curiosidad.

- Es como se ve en televisión. –admitió Rosalie sonriendo y le pasó a la bebé que emitía pequeños sonidos, cuando él la sostuvo bien le dio el biberón.

Emmett lo puso en los labios de su hija y esperó que ella supiera qué hacer, por fortuna así fue y la tarea de darle de comer resultó mucho más simple de lo que imaginó. Lo hizo mirándola todo el tiempo hasta que se terminó la fórmula y después miró a Rosalie preguntándole qué más debía hacer. Ella le quitó el biberón de las manos y también a la bebé, enseñándole la forma de cargarla y darle golpecitos en la espalda.

- Dicen que pasan aire al estómago cuando comen y eso les causa dolor después, por eso hay que ayudarlos. –le explicó y se la devolvió para que lo hiciera él.

Entre sus enormes manos el pequeño cuerpo de la niña parecía el de una muñeca nada más y el cuidado que le daba era como si pudiera quebrarse con la menos fuerza. Después de eso le cambiaron el pañal y la pusieron en su cuna para que durmiera. Al final se quedaron cenando solamente ellos dos y conversaron poco de cosas en común, detalles del viaje y cómo estaban Alice, Jasper y su hijo.

- Rose, tenemos que hablar. –abrió Emmett el tema difícil cuando terminaron de recoger la mesa y la tomó de la mano para llevarla a la habitación que a partir de esa noche podría ser de ambos o de él nada más.

- Supongo que tuviste algo de tiempo para pensar. –dijo ella estando a su lado.

- Sí. Lo tuve. Pero en realidad no había mucho que pensar. –declaró con sinceridad.

- Lo entiendo.- murmuró y bajó la mirada sintiendo que el mundo y sus esperanzas se terminaban, él le tomó la barbilla para hacer que lo viera a los ojos.

- Rose, mi postura no ha cambiado en lo más mínimo. Las amo a ambas. Te quiero a ti a mi lado, que estemos los tres juntos. Sin embargo… -se detuvo y suspiró haciendo una pausa que llevó a Rosalie del cielo a la Tierra.

- ¿Sin embargo…?

- Depende de ti. Si tú quieres estar conmigo. Si me amas y puedes olvidar lo de Tanya y dejar de ocultarme las cosas. No puedo seguir preguntándome qué te pasa cada vez que tengas la mirada triste o prendas un cigarrillo. Tienes que decirme qué sucede. –sus palabras salieron algo apresuradas pero llenas de seguridad.

Rosalie quiso jurarle que nunca ocultaría nada y que lo de Tanya estaba en el pasado, pero le estaría mintiendo otra vez. No era tan sencillo. Ella sabía ya por experiencia que ese tipo de cosas sucedían con el tiempo, si iba a dejar de pensar en la aventura de Emmett era cuando sintiera que sólo la amaba a ella y si podría confiarle todas las cosas se vería hasta que pasara una prueba. Tenía las mejores intenciones pero eso no era suficiente para darle seguridad… aunque sí alcanzaba para intentarlo.

Lentamente se acercó terminando con la distancia entre sus labios y los masculinos y le ofreció un beso como respuesta. Él le correspondió sin dudarlo, dejó que sus labios jugaran y sus vagaran por la cintura de Rosalie, la acarició con cuidado y la atrajo hacia su cuerpo, ella respondió por puro instinto y se aproximó más hasta sentarse en sus piernas y rodearle el cuello con las manos.

- Te amo. –murmuró él besando el camino de su cuello con cuidado muy despacio par despertarle cada terminal nerviosa.

- Emmett… -murmuró ella estremecida de placer.

Lentamente él subió con el mismo camino hasta su oído y luego de regreso a sus labios, ahí profundizaron el beso e iniciaron el juego de pasión que los consumiría en su totalidad. El hombre buscó los bordes del vestido corto que llevaba ella e introdujo sus manos hasta alcanzar las mayas de tela suave y comenzó a bajarlas un poco mientras acariciaba su piel. Rosalie adivinó sus intenciones y se levantó, quedando de pie delante de él y mirándolo con una sonrisa en los labios. Emmett así le quitó la prenda mientras sembraba caricias en sus piernas.

Después, Rose lo empujó un poco para incitarlo a que se recostara en la cama y se acercó quedando encima suyo, fue y desabotonó su pantalón también quitándoselo lentamente, en el camino de regreso besó sus muslos y sus manos se toparon con los botones de la camisa que fueron abiertos de inmediato.

Emmett disfrutó todo el tiempo de sus miradas y sus manos, de sentirse deseado tanto como él lo hacía con ella. Con cuidado se sentó un poco y se quitó la camisa antes de subirle el vestido. Rozó con las palmas su piel desnuda y la ropa interior, continuó desnudándola hasta que la prenda acabó en el suelo y él pudo observar sus formas femeninas y besarlas.

Rosalie se estremeció y le acarició el cabello suprimiendo pequeñas exclamaciones que amenazaban con escaparse de sus labios. De algún modo se sentía apresurada, su deseo crecía cada vez más y ese juego previo que tanto disfrutaba también la estaba torturando un poco.

- Por favor Emmett… -murmuró Rosalie cuando ya no podía soportar más.

- ¿Estás… apurada? –preguntó él contra su piel y llevó sus caricias hasta la intimidad de la joven mujer para comprobar la respuesta, ella se estremeció aún más. – Puedo remediarlo. –sonrió y esta vez sí se separó más que satisfecho con las reacciones que provocaba.

Tomó la ropa interior por los bordes y la bajó, luego, puso sus manos en la cintura femenina y la incitó a que se recostara en la cama, de paso terminó de desnudarla y se deleito con su belleza.

Rosalie lo miró estando encima de ella, con los músculos marcados y la sonrisa sensual en el rostro y casi se quedó sin aliento. Él era todo lo que necesitaba, el único hombre a quien amaría por siempre. Haría lo que fuera por él… por siempre, sin importar qué significara… ella lo haría por amor, por él. Obedeciendo sólo a un impulso se acercó y le besó los labios sin darse cuenta que Emmett terminó de desnudarse, no lo supo hasta que el centro de sus cuerpos estuvo a una mínima distancia.

- Te amo. –murmuró Rosalie fuera de este mundo, perdida entre besos y caricias que daba y recibía. – Siempre te amé. Siempre te amaré. –le juró sin darse cuenta pero al mismo tiempo muy consciente de que era sólo la verdad.

- Esa es mi Rosie. –respondió él sonriendo muy seguro de que ese sería el primer día de un futuro lleno de felicidad.

Con lentitud, sólo para torturarla un poco más, él rozó sus intimidades y le mordió el oído, lo hizo un tiempo hasta que sintió que él también estaba al límite de su resistencia y consumó el acto. Se inmiscuyó en el cuerpo femenino e iniciaron un vaivén dulce de ritmos cambiantes que eventualmente los llevó al éxtasis.

Se quedaron abrazados sin moverse, Emmett no dejó que todo su peso descansara sobre ella, sólo el suficiente para sentirla muy cerca, quería prolongar ese instante tanto como pudiera… él se hubiese quedado así por siempre.

- Te amo. –le dijo con la voz ronca.

- Te amo. –contestó ella y le besó los labios una sola vez.

Después de eso no necesitaron más palabras, eran como un solo ser en ese espacio de tiempo que duraría por el resto de sus vidas.

FiN.


Hello! Lenta pero segura. Algo tarde pero aquí está. Espero les guste :) Mil gracias a todas por leer y comentar, por acompañarme hasta el final. Significa muchísimo para mí. Espero podamos leernos pronto de nuevo. Y si tienen un segundo... qué les pareció el final? Muchas gracias!