UN SUEÑO

"Escucha el cliché: "un gran poder conlleva una gran responsabilidad". Ahora dime: ¿a cuántas personas conoces con un gran poder?... y ¿Cuántas personas conoces que lo usen con responsabilidad? Eh allí el detalle"

"Los hechos no dejan de existir porque se les ignore"

Aldous Huxley

=D=

Hay una razón por la cual te aíslas Michiru Kaioh, una razón por la cual lo que te representa es tu figura como artista, como pintora, como violinista, como practicante de la natación, tu representación está dada en el objeto. No en otro como tú. No te das ningún valor, no te dan un valor como persona, por lo tanto quieres desaparecer, no existir, ese hecho te hace pensar que eres superior. No tienes igualdad para con los otros. Estás sola, crees que debes estar sola.

Contesta a mi pregunta Michiru ¿por qué vives?, ¿para quién vives?, no lo sabes. No tienes algo que te de una forma, entonces huyes a las imágenes de tus pinturas. No debes escapar, no debes de evadirte, te detestaras al intentar que otros comprendan realidades que sólo tu comprendes, te creerás superior, entonces te odiaras porque buscas el respeto de los demás, no, buscas más allá del respeto, buscas la valía.

Te conformas a lo que te da identidad lo que te justifica como ser humano, el título de pintora, de violinista, de artista, pero no eres Michiru. Te conviertes en lo que haces, no en lo que eres.

Suponte libre, sin restricciones, sin un lugar estable donde pisar, sólo tú, etérea y sin límites. ¿Qué es lo que eres?, no lo sabes, pero si entiendes que la única persona que te comprende eres tú. Naciste libre y en cuanto naciste te dieron restricciones, pero puedes moverte, decides como moverte y hacia dónde. Sin barreras no podrías observarte, sin los otros no puedes observarte, ellos te delimitan, por ellos tu eres diferente, eres tú, te diferencías.

Pero sigues siendo individual.

Atte. Neptune.

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-No padre, no puedo, pero prometo visitarlos en Navidad… si yo también los quiero…

-Tus padres ah… - dijo una voz varonil – no imagine que fueras tan cuidada, te creía más libre Michiru.

-Claro que lo soy, pero debo mantenerlos informados, aún soy muy joven para tanta libertad. En fin, en que estábamos.

-¿Aún?... vives sola en tu departamento, tan sólo tienes quince años, has visitado no sé cuántos países, estoy seguro de que hombre más maduros te acechan.

La chica se acerco al joven con pasos sensuales y se sentó en sus piernas, ignorando el comentario.

-Ah sí, intentabas convencerme de salir contigo.

-Estaría encantado si aceptaras.

-La chica dejo un suave beso en una de sus mejillas y se puso de pie.

- Está bien, pero yo decidiré el lugar. Hace mucho que no bailo sabes… soy buena bailando, dicen que soy natural.

-¿Naturaleza?... ciertamente hay cosas que se hacen por naturaleza, como talento: la música, la pintura, la natación y el baile eran cosas que a mí se me dan por naturaleza, como anillo al dedo, cosas que me hacían sentir como pez en el agua y cosas que definitivamente por mucho que me esfuerce no.

Sin pensar en salvar al mundo, Michiru podía dedicarse a realizar lo que toda chica realiza su edad, una de las cosas que trae consigo la pequeña fama que ella poseía, era no tener una vida realmente normal y, aún cuando no le molestaba, después de darse cuenta de que, otras cosas podrían de verdad privarla de esa vida, se dijo que tenía que recuperar lo que la misma música le había quitado: convivir con gente de su edad, realizar su trabajo artístico solo por hacerlo, no tenía que practicar por algún concierto, sino para ella misma, podía estar en el equipo de natación de la escuela, podía relacionarse más con sus padres, podía flirtear con chicos… oh si, flirtear.

Tan así que eligió el atuendo más provocadoramente corto para mostrar sus piernas a quien las viera, tanto así que al discreto pero arrollador escote de su atuendo no iba a mantener tranquilos los pensamientos de su acompañante. Tan así que todo era un estado en el que su mente pareciera estar conforme, con los hechos y nuevos arreglos en su vida.

Pero… tampoco era feliz. Lo cierto es que se pregunto si era tan insolentemente creída como para arrepentirse en el fondo de salir con aquel chico, para no tolerar el aspecto de niño que tenía, el aspecto de bobo que puso cuando la vio acercarse. Un bobo de quince años, tenían la misma edad, pero ella seguía sintiéndose mucho mayor, más madura, superior. Le enfadaba su falta de madurez, su mentalidad de niño. Pero lo tolero, porque ella decidió hacerlo así. Llevar esa vida.

También tolero cuando él con aspecto de cretino, la sujeto de la cintura posesivamente presumiéndola ante los otros en el lugar apabullado de gente. Ella no quería a un adolescente , ni estaba en su naturaleza aceptar que la gente fuera tan condescendiente con ella, pero lo aceptaba, lo aceptaba obligatoriamente, porque así lo decidió.

Tampoco le era lo máximo estar escuchando como sus compañeros hablaban de banalidades que a ella debido a su madurez no le interesaban, eso y a sus "simbólicos amigos", las fiestas ostentosamente juveniles y todo tipo de engaños. Pero aceptaba la falsedad, porque prefería eso a aceptar cuidar del destino del mundo ella sola.

Debido a eso aunque le incomodara, bailaba con ese niño, fingiendo la diversión, la naturalidad, mientras su pareja acosaba su físico. Fingiendo aceptar piropos de otros chicos con gusto. Pero no era su naturaleza.

Y en el momento en el que su acompañante puso sus labios sobre los de ella, se avergonzó, el sueño se rompió. Debido a que esa realidad no era la que quería. Era una posible visión de lo que ella había decidido. Era lo que quería que fuera, si no tuviera una misión. Le hubiera gustado darse cuenta de su error antes.

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El motor del auto rugió, después lo hizo rugir una vez más y suspiro. Antes de entrar en el auto su patrocinador le había preguntado: ¿Por qué te gusta tanto la velocidad? No le contesto. El auto rugió una vez más, inhalo y exhalo mientras sonreía mirando la pista que se elevaba al frente, y se lo impuso, cinco minutos. No más. Entonces la adrenalina subió al nivel más alto…

¡Y ARRANCAN!

El auto salió disparado, el comienzo había sido estupendo, dio la primera vuelta y sintió sus manos cosquillear en el volante, sonrió aún más; un auto, dos, tres, habían quedado atrás.

-¡Y ALLÍ VA SEÑORES, EL NOVATO ESTÁ ARREBATANDO LUGARES!

El viento atravesó las pequeñas rendijas del casco, y en el momento en que se posiciono en el primer lugar supo que lo había conseguido: la máxima velocidad, entonces lo último que le importo fue ganar. Sabía que lo haría, no por presunción, tenía que hacerlo. El premio…

Sus manos se relajaron, no podrían alcanzarle, el viento le favorecía, le deseaba tanto como ella a él. Su cuerpo se había despojado de todo elemento y su mente se había puesto en blanco, sin que nadie lo supiera se había abandonado, de tal manera que una persona era quien tomaba el volante y otra quién le miraba desde arriba ¿Qué por qué amaba la velocidad?...

Si elevaba tanto su adrenalina, se sentía en peligro, el peligro que siente una persona cuando va a desaparecer. la adrenalina podía ser tan peligrosa, adictivamente incontrolable como el viento… salvaje: dilataba sus pupilas, sus poros se abrían, aceleraba el ritmo cardiaco, pero sobretodo… le hacía salirse de sí misma, desaparecer, padecer el momento catártico más impactante que cualquier otro ser humano en su vida lograría, hiciese lo hiciese. Para ella, salir de ese mundo era tan fácil, sólo necesitaba velocidad.

La velocidad le hacía convertirse en viento, un suspiro que en un segundo aparece y se va, un suspiro intangible que sólo desaparece. Ya que debajo de todo eso había algo en particular que escondía la velocidad. A ella le gustaba desaparecer.

En el minuto número cuatro se dio cuenta, cuando un giro no salió como debería ser. Prácticamente había patinado, en ese momento su cuerpo se había vuelto uno solo de nuevo. Inmediatamente lo supo, había un problema con los frenos. Siempre era rápida: Corriendo, caminando, para realizar cualquier deporte era sumamente rápida, así su mente.

Y su catarsis le recordó el porqué le agrada desaparecer, ella no era cualquier persona, como se definía, ella escuchaba al viento cuando soplaba, al igual que escuchaba y sentía cuando a una persona le molestaba. En las carreras de autos no era una excepción, ni en las prácticas de Judo, o en los cien metros libres del atletismo, siempre había alguien a quien le causaba sorpresa. Su posición le hacía pelear, como ahora tenía que pelear para controlar el auto, seguir en primer lugar, no estrellarse para detenerlo (las reparaciones matarían a su patrocinador) y sobretodo salir viva para después matar al cretino que había saboteado a su "bebe".

¡DAMAS Y CABALLEROS, ESTO ES IMPRESIONANTE, EL NOVATO, EL NOVATO HARUKA TENOH, HA GANADO! ¡ EL PÚBLICO ESTÁ EUFÓRICO!

Comenzó a maniobrar, debía lograr que el auto bajara la velocidad.

-Hey campeona, deja de presumir y regresa con el equipo – dijo su director por la radio.

Entonces lo dijo con completa calma – Lo haría si pudiera…

-A que te refieres…

- Los frenos no funcionan como deberían, no puedo detenerme.

- ¡QUE, COMO QUE NO FUNCIONAN! ¡QUE DIABLOS SIGNIFICA! ¡REVISAMOS TODO!

Haruka revoleo los ojos impaciente - oye, oye, quieres calmarte. Lo tengo controlado.

-¡QUE DIABLOS HARÁS, VAS TERRIBLEMENTE RAPIDO, LOS NEUMATICOS SE REVENTARAN!

- ¿Si revientan, el auto se detendrá no?

- ¡PERDISTE EL JUICIO!

- Nos vemos en un momento….

-Haruka, ¡HARUKA!

- Que despejen la pista o esto será una carambola.

La rubia desconecto la radio. Y se concentro. Para ese momento el público ya se había percatado de lo que pasaba.

-¡Damas y caballeros, el auto está fuera de control, que hará el novato!

Sabía que el auto no se detendría así que hizo un derrape para que el auto se estrellara contra una de las paredes y no supo si fue el golpe que se dio al saltar por la ventana y golpearse en el piso o la carga de adrenalina por no quedar hecha puré. Pero esa fue la primera vez que la escucho.

Búscame…

Lo último que pensó es que no sabía de quien era la voz, y que su tiempo se había pasado. Había hecho cinco minutos con nueve segundos.

¡SE HA ESTRELLADO, SEÑORES EL NOVATO SE HA ESTRELLADO!

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El capricho No. 24 de paganini se escuchaba por toda la sala. Aquellos que en el departamento podían escucharle, lo presentían sin saber que era: la reminiscencia de una burla, un juego del destino, la carcajada que da una persona no de felicidad, sino de decepción. Enojo y sarcasmo detrás de un aspecto de tranquilidad, él agria burla del destino: resignada y dolorosa a la vez.

Sin más la música paró abruptamente, el arco se partió en dos y termino en el suelo. Michiru se recostó en el sofá, de manera que su cabeza quedo colgando y cerró los ojos. A su lado el mismo fantasma que había aparecido desde el comienzo se recostó en la misma posición que ella.

-no creíste que fuera tan difícil verdad…

-bromeas, en ningún momento lo pensé – dijo Michiru tranquila, pero en el fondo estaba molesta, muy molesta – hubiera sido demasiado estúpido pensar así, esto no es un juego de niños. La verdad me impresiona que lo digas.

- estas enfadada…

- no sé qué es lo que quieren, ni tampoco la causa por la cual el mundo va a desaparecer… lo único es que sé que tengo que hacer algo. Algo más…

- mmm lo aceptaste sin muchos problemas… o eso parece, en el fondo lo harás porque te importa lo que pase contigo misma. El resto del mundo te da igual.

- el punto es hacerlo no, la razón no importa, no se puede tener todo en esta vida, no te pongas exigente.

Michiru abrió los ojos. A su lado no había nadie, ahora lo entendía, con cada paso que daba su figura se había hecho más clara, ese fantasma no era otro que el de su propio álter ego: Sailor Neptune a quien todavía no podía asumir del todo. No emocionalmente.

Normalmente al verle una persona, observaban que sus ojos eran por demás bellos, se lo decían, pero si alguien prestara atención, notaría que de un tiempo hacia adelante, su mirada ya no era la misma, algo había cambiado: se observaba en ella una mente fría y calculadora; una personalidad que pareciera estar al pendiente de lo que otros no pueden ver.

No cabía duda se había endurecido en poco tiempo… pero como le había costado aceptarlo.

Sabía que esos extraños seres buscaban algo, tenía la pista de aquellos otros sueños: las visiones de la destrucción y esa voz… esa voz que no podía sacarse de la cabeza.

Búscame… búscame.

-Búscame – repitió ella, y se acomodo en el sofá.

Cada vez que lo recordaba, no podía dejar de sentirse… arrebolada, extraña, no sabía cómo explicarlo, era como estar atrapada en un sueño dentro de otro sueño, parecido a la sensación de un deja vu, de algo que paso, o pasara, un rastro de ¿memoria, quizás?

En el fondo ella tenía razón, peleaba para sí misma, haría lo que tuviera que hacer por ella misma, pero no podía negar que después de su error, el resto del mundo le importaban un poco. Jamás se iba a perdonar haber evadido la situación. No podía permitir que su propio ego le hiciera ser tan egoísta. No después de lo que paso.

Ahora estaba mejor que cuando todo comenzó, la forma en que se dieron las cosas la había abrumado tanto que reacciono de la peor manera… huyendo. Al final el destino la alcanzo de nuevo atacándola donde más dolía.

¿Qué debía hacer ahora?, ¿Dónde comenzar? Ni siquiera estaba segura de que era lo que querían sus enemigos, sentía tanta frustración, porque a pesar del tiempo que había pasado, tres miserables meses, ella seguía en un limbo, sin saber cómo moverse.

Talismanes, eso había dicho su enemigo antes de que acabara con él.

No importaba que hiciera, debía darse prisa y sobretodo tenía que encontrarlo, tenía que encontrarlo de alguna manera, en el pasado había cometido un error grave, no dejaría que volviera a pasar de nuevo. No permitiría que alguien más pagara sus errores.

Volvió a cerrar los ojos mientras recordaba la manera en que había aceptado su misión de manera plena.

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Después de que el chico la había besado, quiso hacer arder su cuerpo, definitivamente aquello no era lo suyo, pero que debía hacer, su vida no estaba tan mal ahora…

-¿estás bromeando verdad? – se dijo mentalmente. Se detuvo en una esquina y miro la Luna.

Las últimos días, los había sentido, esas malditas bestias estaban tan cerca de ella, sabía lo que paso, atacaron a gente inocente, a más de una, pero ella sólo corrió, no se detuvo a ayudarles ni nada, además ya no podía, destruyo el amuleto, renunció a lo que era su obligación. Recordó la culpa que sintió cada vez que algo extraño pasaba. Durante los últimos días evito cualquier medio de comunicación, televisoras, radios, cada vez que alguien caminaba leyendo el diario ella desviaba la mirada rápidamente, pera no ver qué era lo que decía, ya que si descubría algún ataque lo relacionaría con las bestias y sentiría culpa. Sentiría la maldita culpa.

¿Qué debía hacer? Ella no podía con esa carga, su apenas reciente recuperación después de sus patéticas batallas era perfecta evidencia. No sabía pelear, no quería pelear, eso no era para ella.

-Pues tampoco la vida de estúpida niña boba que estas eligiendo - susurro una voz en su oído.

Michiru miro a ambos lados, no había nadie. Aún más confundida regreso a su departamento.

El televisor prendido daba las noticias, un extraño niño vestido con traje era el encargado de eso.

Una noticia que les he de contar es que: Michiru Kaioh fue atacada un día por una bestia que antes era un niño. La chica como buena egoísta intento darse vuelta. El niño dentro de la bestia le imploro ayuda. Claramente dijo "ayúdame".

Incluso siendo la persona más evasora del planeta, la culpa no la dejo seguir avanzando, pero no pudo ser de mucha ayuda porque de manera muy inteligente había destrozado su pluma de transformación. Por lo tanto, Michiru no pudo ayudar al chico, la bestia se alejo (con todo y chico). Y quien sabe, quizá ataco otro inocente, quizás le mato. Y si Michiru no hubiera evadido la situación quizá algo hubiera cambiado. Eso fue lo que paso.

El chico paro de leer los papeles y los coloco en la mesa – Por cierto, ese niño… era yo.

Y ella despertó.

Aquella noche no necesito más, la chica colapso, la culpa, el remordimiento y la confusión por no saber cómo actuar, le invadió. Paso algo más en la batalla en la que no logro nada. Al final el amuleto reapareció.

-Quiero hablar contigo – susurro Michiru – Quiero saber qué debo hacer.

La chica estaba sentada en el piso con su camisón de dormir y el amuleto en su mano.

-Tú ya sabes que hacer – la chica levanto la vista y la vio. Sus cabellos azules, ojos azules, tan profundos como los suyos, con su sonrisa malévolamente franca.

-Te dije que sufrirías más por lo que no hicieras, que por lo que, al menos intentaste. Ahora no solo pretendes estar confundida, sino también te sientes culpable. La culpa no sirve para nada niña.

-Aceptarlo con todas las consecuencias verdad – dijo Michiru – Si logro salvar inocentes, no servirá de nada si no logro evitar la destrucción total ¿no?. Si no hago nada, la culpa me matara. Debo enfrentar todo estando sola, dispuesta, incluso a morir.

La joven guerrera se levanto y abrazo a Michiru por detrás.

-Escucha el cliché "un gran poder conlleva una gran responsabilidad". Ahora, no pienses en estupideces de intentar ser Superman y dime: ¿a cuantas personas conoces con un gran poder?... y ¿Cuántas personas conoces que lo usen con completa responsabilidad?

- Está vez, cuando tome la pluma y me transforme será diferente verdad.

- Tan diferente, como que has cambiado sin proponértelo. En el fondo, no eres tú misma lo que más te importa, ni harás esto únicamente por ti, en el camino, observaras que… en realidad lo que te mueve Michiru, es el mayor de tus rasgos.

Entonces el cuerpo de Neptune se amoldo al de Michiru para ser una misma

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Si alguien le dijera a la señorita Kaioh que todo llegaba en el momento adecuado, no lo hubiera creído. No hasta que al día siguiente encontrara el diario con la noticia deportiva de más relevancia.

LITERALMENTE: ¡LA PISTA DE CARRERAS ARDIÓ!

HARUKA TENOH EL NOVATO DEL AÑO GANA LA CARRERA.

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