Negando lo evidente
"Hay un camino de vida y un camino de muerte; bienaventurado aquel cuya negación es transitar el camino de muerte"
José Mario Giannattasio
Lo que más admiro en los demás es la ironía, la capacidad de verse desde lejos y no tomarse en serio.
Jorge Luis Borges
D=D=D
Desde que acepto su misión, Michiru conocía bien la naturaleza de las circunstancias, por lo tanto estaba segura que sin importar su influencia, Haruka tendría que aceptarlo sin opción.
Comenzar a ser su guardián no fue en principio la idea más pertinente que pudiera tener, e imaginaba lo que llegaría a suceder si ella lo notaba o más bien si explotaba, ya que si bien los sentidos de Michiru se habían agudizado, Haruka Tenoh poseía una particular habilidad para detectar su presencia, sólo que nunca le reclamaba. Michiru imaginaba que estaba esperando el momento adecuado para gritarle que la dejara en paz, pero mientras eso no pasara Michiru seguiría siendo su centinela.
Como ella lo veía, Haruka tenía una enorme ventaja frente a la situación: en cualquier momento podría ser atacada o presenciar un ataque, entonces el talismán aparecería y ya que en el momento en que la bestia ataca lo único que te queda es correr por tu vida. Michiru estaría allí para que nada le sucediera.
Además de que si aceptaba la misión ella podría resolver sus dudas de manera que ella nunca tuvo oportunidad: con tranquilidad y tiempo.
-si ella aceptara…. Interesante Michiru y, dime por qué no permitir que le pase algo así.
-No, no me gustaría que le pasara algo. Sólo es eso.
-Que no le pasara algo a cualquier persona, o que no le pasara algo exclusivamente a ella.
- Eso es un atrevimiento
-Según lo que pude ver. Permitiste que una persona fuera herida, dejaste escapar un monstruo que podría estar atacando a otros inocentes.
Michiru se giro hacia su doble con violencia.
-¡No tienes que recordármelo! Yo era otra persona. Y no volverá a pasar.
-Nunca digas nunca.
Michiru se acero a la ventana. La otra continuó.
-Como sea por qué tanto interés en que este a salvo
-Se supone que en el pasado éramos compañeras, es normal que me preocupe por un igual no es así.
Entonces, la interrogadora desapareció.
-¡Y yo soy la evasora! – reclamo
D=D=D
Haruka levanto la tapa del piano y comenzó a tocar melancólicamente. El departamento estaba iluminado únicamente por la luz de la luna. Miro alrededor, entonces por un momento se permitió la soledad.
Jamás se concedió quejarse mucho sobre aquel detalle. Dentro de las pocas veces que los veía, sus progenitores eran amables y cariñosos. Siempre estaban fuera del país por negocios. Haruka los extrañaba pero asumía con facilidad esa soledad e invertía mucho tiempo en los deportes. Y otras actividades.
Miro la luna y se pregunto en ese momento de debilidad si en el pasado había sido así también. Si su vida había sido solitaria o estaba siempre acompañada. Y la recordó a ella. Como habrían sido las dos en su vida pasada. Qué tipo de relación tenían.
Se recrimino por recordarla pero era lógico, después de todo hoy la había visto, y ayer, antier, el día anterior a ese y todos los días de la semana pasada. Se alejo del piano recostándose en el pequeño sofá que tenía cerca de la ventana donde la luna podía observarse con perfección.
Lo peor de todo era que lo sentía, esa atracción por la luna, como algo maravilloso, algo que en otro tiempo debió amar, pero no podía recordar del todo, su memoria era muy corta para ese tipo de recuerdos. Pero lo sentía… le llamaba.
Si la señorita Kaioh había comenzado a vigilarla era porque estaba esperando que pasara algo, de manera que indudablemente hiciera lo que hiciera, el destino terminaría alcanzándola. ¿Debía comenzar a resignarse como un condenado a muerte esperando la guillotina?
Pasaron unos minutos en los que siguió pensando, el ambiente comenzó a enfriarse, pero no lo noto hasta que se levanto, estaba tan frío que los vidrio se comenzaban a empañar. Extrañada se acerco al piano y cerró la tapa.
-Dramática…
Se giro, mientras el corazón le latía con fuerza, otra vez estaba pasando. Se recargo un poco en el piano y espero, le aterraba esa situación, el frio le calaba los huesos, la luz de la luna ya no tocaba el departamento, todo estaba oscuro. Entonces a sus espaldas lo sintió. Su presencia le provocó escalofríos.
-Me parece que haces mucho drama.
Haruka se aferró al piano como si eso evitara que cayera en un vacio. Se quedó estática, no debía voltear por nada del mundo. Cerró los ojos con fuerza y dijo con voz aparentemente normal.
-No diré ni hare nada te lo dije la última vez… desaparece de aquí.
-Ya lo sabes, no podrás evitarme por siempre…. Mírame.
Haruka intento ignorarla y se aferro un poco más a la tapa del piano. Entonces sintió el rostro de aquella pesadilla en su oído.
-Hagamos un trato, entra en mi juego y prometo que me iré en cuanto resuelvas el último cubo de rubik. Todo dependerá de que tan rápido lo hagas tú. Todo dependerá de ti.
Hubo un momento de silencio.
La figura de Sailor Uranus, apareció frente a Haruka.
-Yo tengo las respuestas que necesitas y una probable solución a tu problema.
- ¿Mi problema?
-Eres brillante Haruka Tenoh, llena de brío, carácter ferreo, te pones a prueba tu misma y no aceptas otra crítica que no sea la tuya. El resto del mundo para ti es absolutamente indiferente. Pero… por qué Haruka. Lo único que te importa aparentemente es lo que ocurra contigo, pero en realidad te importa mucho lo que ocurra con los demás, sin embargo… no lo quieres demostrar. Por qué lo haces. Que es exactamente a lo que temes.
La rubia levanto la vista y le miro.
-Haga lo que haga no me dejaras en paz verdad.
La corredora comenzó a sentir su cuerpo pesado.
-Exactamente, hagas lo que hagas no te dejare, te seguiré aterrando con o sin tu permiso Haruka.
La chica se dejo caer con lentitud.
-Estaremos juntas más rápido de lo que crees.
D=D=D
Neptune sonrío placenteramente y se aferro a la espalda de su amante respirando aún agitada, la luz lunar del manantial se reflejaba en las cálidas aguas apacibles. Manteniéndose en silencio, padeciendo el momento más catártico que había sufrido en su corta vida. No sabía que decir y esperaba que su silencio lo dijera todo, que el roce de sus dedos entre la espalda de él fueran suficientes para que entendiera su valioso mensaje. ¡Pero cuanto lo subestimaba!... ella no era una mujer de palabras en los labios y él lo sabía: sus palabras las ponía en tactos. En pequeñas superficies y allí intentaba plasmar la suficiente poesía para decir lo que pensaba. Pero él, él si era un poeta. Era su poeta. Por eso no le impresiono que entre todo ese momento el hubiera estado pensando en las siguientes palabras que canturreo para ella:
"una noche en que mi cuerpo estaba ansioso de placer,
con tu risa me atrajiste y ante un cruce de tus piernas,
tuve ganas de cuerpo, de tu carne tuve sed"1
La princesa Neptune rio ante el comentario, se movió atrayéndolo hacía ella, obligándolo a deslizarse entre las aguas.
-Un cruce de piernas… me parece que no fue un inocente cruce de piernas mi señor.
-Pues ese "cruce de piernas podría traerme la muerte" mi señora – le contestó.
Neptune sonrió y se alejo suavemente para verlo de cerca, su rubio cabello como los rayos del sol, húmedo por el calor del manantial, sus mejillas sonrojadas efecto de sus acciones pasadas. Era como tener al dios del viento en terrenos prohibidos. En sus terrenos prohibidos.
-¿Serías capaz de hundirte en mi infierno mi señor? – pregunto ella. Jugando con él. Pues si bien el príncipe del viento estaba allí, ese no era su elemento, su elemento estaba en el aire, donde ella no tan fácilmente podía moverse. Cuanta polaridad tenían. Y sin embargo el se arriesgaba a bajar a las profundidades con ella. A pesar de su riesgo.
-Una y mil veces mi señora, una y mil veces.
La sonrisa de Neptune se desvaneció un poco y le observo con un deje de preocupación.
-¿Qué pasa? – pregunto él temiendo haber dicho algo inadecuado.
- Siempre te pones en riesgo, me aterra que seas siempre tú quien pretende ser mi defensor, tú bajas a mis profundidades – contestó, mientras se alejaba de él – pero no permites que yo ascienda a tu territorio, donde tú estás seguro y soy yo quien corre el riesgo de morir por la falta de aire. Somos como un ave enamorada de un pez.
El príncipe Uranus le miro sin reprimir una sonrisa, al ver como las gotas de agua resbalaban su cuerpo desnudo al salir del manantial. Ella continuaba con su mirada pasiva pero angustiada.
-Siempre te pones en peligro por mí… me asusta tu adoración.
-Mi único peligro, es el castigo que me plantea mi hermana cuando descubre mi ausencia – contesto deslizando entre las aguas, con total confianza – En cuanto a nuestra polaridad de elementos, es verdad, pero hasta las gaviotas se sumergen dentro del mar para vivir y los peces saltan para acercarse al sol, no lo crees.
Neptune se había sentado en una de las piedras, abrazando sus piernas. Libre en su desnudez miraba al príncipe que le sonreía ampliamente – eres exasperantemente despreocupado – le dijo y está vez ante él hecho volvió a sonreír.
El joven rubio se acerco a la orilla donde ella estaba y tomo su mano – y tu exasperantemente cautelosa – respondió besándola en la palma.
Neptune miro la luna, una extraña nube la rodeaba, cerro lo ojos y se inclino a su amante. El tiempo era poco y ella no lo desaprovecharía por insulsas preocupaciones.
Michiru despertó de golpe y se reincorporo, la claridad de día se colaba por las cortinas… un sueño.
-o… pesadilla – se dijo. Paso una mano por su cabello y cerró los ojos por un momento.
Su cuerpo estaba sumergido en el agua abrazando un cuerpo, el cuerpo de Haruka. La imagen le aterró. Había tenido el mismo sueño hace una semana y eso para alguien como ella no era bueno, tenía la idea en particular, de tener la capacidad de soñar a futuro.
Abrió los ojos de nuevo y se acerco a la ventana.
Su preocupación por Haruka iba en aumento, a tal grado que no podía pensar en otra cosa. Ella no daba señales de querer volver a hablar a pesar de notar su presencia. Estaba segura, en cualquier momento podían atacarla, o verse cerca de un ataque y sus tiempos entre sus estudios y actividades le robaban tiempo de vigilancia. Pero no podía dejarlos, o comenzarían a sospechar de sus actividades, tenía que mantener el disimulo.
Volvió a recordar la imagen en el sueño. Había soñado algo más pero no recordaba que era. Sin saber por qué sonrío. De alguna manera debía relajarse, todo se aclararía. Además, Haruka estaba bien. Aún no llegaba su tiempo para transformarse.
-estás segura de que esto es lo que quieres – su alter ego en el espejo le miraba con la misma rudeza de siempre.
- acercar a Haruka Tenoh a tú destino, no será la solución. Tú guerra, es tú guerra. Tú misma estas acercándola a ser el objetivo, estás acercando al enemigo hacía ella. La estás sacrificando sin darle opción.
-¡esto ocurrirá de cualquier manera! – exclamó Michiru - ¡creo que le estoy dando la opción de aclarar sus dudas!, ¡yo lo hice sola!... y no es agradable.
- y crees que te necesitara, ciertamente tú lo hiciste sola, por ende no necesitaste a nadie. Ella tampoco.
- ¡Necesita aceptarlo! de todas formas va a pasar.
El sonido del teléfono, interrumpió su discusión, miro la ventana donde Sailor Neptune ya había desaparecido.
Tomó el teléfono, realmente no sabía cuál era el problema, ella intentaba ayudarla a afrontar lo inevitable, no entendía que era lo malo en su actitud.
-Hola.
-Buenos días Srita. Kaioh, todo está listo para la exposición de este sábado en el yate. Me preguntaba cuantas cortesías requería y a quien deseaba que le fueran enviadas.
-Mis padres están de viaje en Australia, así que me reservo ese derecho – honestamente, ella no hacía nada malo, sólo quería proteger a Haruka de los colapsos que ella sufrió.
-De verdad, pero querrá invitar alguna amistad no…
- No, no tengo amigos, así que…
Entonces lo supo… su deber era hacerle entender a Haruka, necesitaba hablar con ella.
-Bien si eso es todo, entonces nos veremos el…
- no espere – interrumpió Michiru – creo que si hare uso de una cortesía… sólo una.
- ¡Oh perfecto! A nombre de quien se reservara el lugar…
D=D=D
Te ves bien – se dijo.
Haruka termino de acomodar el cuello de su camisa, se miro detenidamente al espejo, después la mesita donde esperaba el sobre y… volvió a deshacer el nudo del moño.
A quién diablos engañas, ¡no iras!, envió la invitación en balde. Ni siquiera debió hacerlo.
Dio un rodeo por la habitación, miro el objeto unos segundos y siguió caminando.
-bueno… es una exposición en un yate sumamente caro, con gente importante, es su exposición. Parece importante y… ¡Diablos!, ¡Te ha seguido desde hace un mes y no puede entregarte una estúpida invitación en la mano! ¡Ridisurdo! ¡completamente ridisurdo!
Tomó asiento en la orilla de su cama entrelazando sus manos y cerró los ojos intentando respirar con tranquilidad.
-Eso es… inhala, exhala, inhala, exhala, inhala exhala, inhala exah… ¡con un demonio! ¡Sabes lo que quiere! ¡Sabes para que te busca! ¡Si vas, te pondrás en bandeja de plata y aun así…!
La rubia soltó un bufido, se levanto dirigiéndose al espejo y con manos frenéticas volvió a entrelazar el listón de su moño.
No me paseare por la exposición, únicamente asistiré cuando se presente, a la segunda melodía que toque me voy, que vea mi asistencia… la intención es lo que cuenta ¿no?
Levanto la vista nuevamente y se miro al espejo, por enésima vez en una hora.
….
…Te ves bien.
…
Te va a intentar abordar, únicamente la veras, lucira genial,… ¿usara un hermoso vestido no?. Bueno no importa, se ve fantástica con todo.
Ante el pensamiento, la rubia hizo un gesto de asco frente al espejo, se tomó la cabeza con ambas manos y sacudió su cabellera.
¡Fantástica!, ¡de qué diablos hablas! ¡Basta de idioteces, quítate el estúpido traje, deja de actuar como loca y quédate viendo una película aquí, en la comodidad de tu apartamento ¡Maldita sea!
Decidida, se dio la vuelta y se topo de nuevo con el sobre en la mesita.
-sólo la mirare cuando toque el violín, la evitare si trata de acercarse.
Y nuevamente la idea de verla en el estrado, vestida elegantemente como las fotografías de sus discos revoloteo por su cabeza. Se dio la vuelta, dio otro bufido…
-genial, ahora mi peinado está arruinado. ¡Definitivo! ¡No iré! – pero agarró con fuerza el peine que estaba en el suelo y lo deslizo rápidamente por su rubia cabellera.
Te lo insinuara, de cualquier manera te insinuara lo que ya sabes, aunque no sea con palabras, hará algo con el cuerpo, te mirara de manera fija como lo hizo cuando la conociste, moverá sus manos o te señalara... Listo, listo, listo el cabello está perfecto.
Su figura en el espejo le regreso la mirada evaluadora una vez más mientras abotonaba su saco.
Me pregunto si llevara el cabello suelto….
…
…
Te ves bien- se repitió, dio la vuelta con lentitud, el sobre seguía esperando. Sintió nervios.
¡O que la….!
¡Basta!, No iras, deja de jugar NO IRAS. Porque Haruka no rechaza a una chica bella. NO IRAS. Le demostraras que no le temes y… NO IRAS.
Camino hacia la mesita agarro el sobre y se dirigió con paso firme a la puerta. La abrió salió por ella y cerró con fuerza.
La habitación quedó en silencio.
1…2… 3… 4… 5…6…
La puerta se abrió de golpe y calmadamente Haruka entro y susurro.
-ponte los zapatos….
D=D=D
Mientras tocaba el violín meditaba, me habían comunicado que no asististe a la exposición y recordé una pensamiento de Thoreau "El amante del arte es una cosa; el amante de la naturaleza es otra cosa, ya que el verdadero arte no es sino la expresión de nuestro amor por la naturaleza. Es algo monstruoso el que se tenga tan poco interés en los árboles y tanto por las columnas corintias, y esto es dolorosamente común"
Yo soy un efecto de la naturaleza, naci siendo lo que soy, renací siendo lo que soy. Cómo es que, aún cuando somos el mismo efecto de la naturaleza, te niegas a verme. ¿Acaso te exijo demasiado Haruka? Será verdad que manipulo la situación para acercarte a mí, aferrarte y que seas un apoyo para, así no hundirme en la desesperación en la que estoy.
Mírame Haruka, dime que no es verdad, dime que es mentira, dime que si te importa lo que pase con este mundo… dime que si te importa lo que ocurra con los demás, contigo. Dime que si te importa lo que ocurra conmigo.
¿Por qué debería importarte?... por qué me importa tanto este hecho…
Entonces levante la vista y te vi… sentada entre la gente. No pude evitar sorprenderme, me afirmaron que no estabas allí. Sin embargo; te estoy mirando, yo si te miro, te miro más de lo que te imaginas, más de lo normal y más de lo que debería ser. ¿Por qué?...
Te envié la invitación, para hablar contigo y… como siempre el peso de lo que debo hacer me está aplastando. Me hace olvidar algo importante, algo que me estoy negando….
Te veo levantarte y salir con lentitud del salón… y lo sé. Momento más oportuno no encontraré.
D=D=D
Hola a los que lean esto, tarde, pero aquí está, así que si leyeron disfruten, prometo seguir actualizando.
1 Fragmento de un poema de Salomón Borrasca.
