Disclaimer: Saint Seiya Omega no nos pertenece.


Pequeñas esperanzas

Capítulo 2: Saori, la madre.

Saori entró a su habitación con el pequeño en los brazos mientras lo miraba enternecida, era inevitable no hacerlo porque era encantador; sus ojitos brillantes le recordaban un poco a Seiya, que curioso.

Caminó hacía su cama y acostó al bebé sobre ella, este sonrió y comenzó a jugar con la tela de su vestido.

Una sensación cálida le inundó el pecho, y no pudo evitar sonrojarse al recordar lo que había pasado.

Pudo habérselo pedido a cualquier otro caballero, lo sabía, pero no iba a hacerlo; y aunque sonará algo feo… no le interesaba tener un vínculo con nadie más que con aquel joven con el cual se sentía plena, ella misma; con esa persona con la que había pasado tantas cosas. Con tan sólo decir que el corazón se le aceleraba con la simple mención de su nombre era suficiente como para entenderlo.

Seiya y ella, como padres. Vaya encomienda.

Sin querer, su imaginación empezó a volar. Tenían tantas cosas que decidir: Cómo lo educarían, qué le enseñarían primero...

Rió para sí misma al sentirse como una adolescente otra vez, debido a los pensamientos que llegaron a su mente. Pero lo que era cierto, era que el niño había despertado algo en ella, y que tenía que ver con Seiya también. Ahora eran grandes, y ese vínculo que tenían, aunque ninguno de los dos lo decía como tal, era mucho más estrecho; ahora con lo que había pasado… la esperanza seguía en pie.

Y tenía que reconocer, que jamás había sentido con tantas ganas de proteger a alguien como ahora. En realidad, siempre había pensado que su único instinto maternal sería para con sus caballeros, porque como reencarnación de la Diosa Athena, Saori como mujer nunca tendría la dicha de experimentar ser madre, y quizás tampoco como esposa.

Pero eso nunca fue un impedimento para que el sentir naciera, y creciera día con día.

El bebé comenzó a hacer ruiditos que la sacaron de su ensimismamiento, y le acarició la frente.

— Pareces estar muy animado —comenzó Saori, no dejando de acariciarle la frente—. Pensé que estarías cansado por aquel susto en el salón del patriarca, pero veo que no es así —finalizó la joven con ternura.

Se mantuvieron así de quietos un buen rato, hasta que al pequeño le dio por alzar los brazos hacia la Diosa. Saori lo miró unos segundos, parpadeante.

— ¿Qué sucede? —preguntó la Kiddo—. ¿Quieres que te cargue de nuevo? —volvió a cuestionar la mujer de ojos azul marino.

El bebé comenzó a impacientarse un poco al no ser tomado en brazos rápidamente, por lo que sus ojos comenzaron mostrar signos de querer llorar.

Y efectivamente, el llanto no tardó en llegar, lo que causó que Saori se asustara un poco y lo tomara en brazos rápidamente para intentar apaciguar sus lágrimas.

Lo meció levemente para que se calmara, pero parecía no estar funcionando.

— Vamos, pequeño, tranquilo, tranquilo… —pidió la Diosa de la guerra y la sabiduría.

Sabiduría. Cielos, parecía ser que ese título que su padre le había dado no le funcionaba muy bien en esos momentos.

¿Será que tal vez esa sabiduría sea sólo para las guerras? No me había detenido a pensar en eso… Por todos los Dioses, ¿y ahora qué hago? —preguntó en voz alta, aún meciendo al pequeño de cabello rojo vino.

— Te dije que no era fácil cuidar niños… —dijo una voz por detrás suyo, llamando así la atención de Saori. El rostro de la Diosa estaba lleno de sorpresa y un poco de confusión, lo que causó que el joven de armadura dorada riera un poco ante la escena—. Linda cara, Saori.

— Se-Seiya, ¿en qué momento…? —quiso preguntar ella, mientras veía cómo es que el muchacho se acercaba a ella.

— Justo cuando el bebé comenzó a llorar —respondió Seiya—. No puedo creer que no pudieras percibir mi cosmo. Realmente ese niño consume toda tu atención, y eso es una desventaja para nosotros, princesa —explicó el caballero, ya estando frente a ella.

— Sé que no es sencillo. Pero bueno, es que no sé mucho de ellos… —intentó justificarse.

— Pues al parecer esto va a ser toda una odisea, porque yo no sé más que tú —secundó Seiya, viendo a Saori con el pequeño.

En realidad era una desventaja para él, ya que el infante representaba una distracción para Saori; pero no podía sentirse celoso al verla intentar calmar al niño de esa forma.

Lo que observaba no podía ser más perfecto que gracioso.

El el bebé, el hijo que se acostumbra al mundo.

Ella, la mamá primeriza que no sabe si cargar al bebé o llorar también.

Y él, que para su punto de vista, sólo venía a completar el cuadro.

Padre. La palabra por sí sola no describía todo lo que en ese momento podía llegar a sentir; nervios… emoción.

Seiya nunca tuvo a sus padres. En realidad, su hermana fue lo único parecido a una familia, pero se separaron cuando eran muy pequeños.

Esa fue una de las razones por las que quería cuidar del pequeño, pues merecía tener una familia en dónde crecer; unos padres que lo quisieran; y quizás Saori y él necesitaban un pretexto para permanecer juntos.

Y aunque llevara unas cuantas horas siendo el "papá" de ese niño, el llanto de él había dejado de molestarle; además era tan divertido ver a Saori tratando de ser una buena madre.

— A ver —comenzó Seiya, y alargó los brazos para recibir al bebé que aún estaba llorando—. ¿Qué te pasa? —le preguntó, aunque sabía que no iba a recibir respuesta alguna.

Ya con él en sus brazos, los estiró hacia arriba y lo alzó en el aire.

Automáticamente, el llanto fue reemplazado por una tierna risita mientras movía sus pequeños bracitos de arriba hacia abajo, disfrutando del momento.

— Ya veo, te habías aburrido —comentó Seiya, mientras reía levemente junto con el pequeño—. Tendrás que acostumbrarte pequeño, digamos que el santuario no es precisamente un parque de diversiones.

— Para no saber nada se te da bien —comentó Saori—. Además, parece que le agradas bastante —rió la Diosa

— ¿Tú crees? Creo que a mí me agrada también —contestó él, un poco sonrojado pero con su gran sonrisa.

Después de un buen rato, Seiya le entregó a Saori a su nuevo "hijo"; y se dedicó a hacerlo reír mediante gestos, para que así el niño no volviese a llorar.

— Me veo como un tonto haciendo esto, ¿no es así? —le preguntó a Saori con un poco de pena. Era la primera vez que hacía ese tipo de cosas.

— Mas bien me parece que estas tomando con mucha responsabilidad tu nuevo papel Seiya. Lo haces muy bien —alagó la Diosa, con una enorme sonrisa en su rostro.

Ante tal comentario, el caballero de Sagitario desvió la mirada de su Diosa hacia el piso, ruborizándose aún más.

Sonriendo por el comportamiento de su caballero, decidió mejor acunar al bebé y comenzar a mecerlo. Al hacerlo, el pequeño dio un gran bostezo.

— Estuve pensando… —comenzó Saori—. Ehm, creo que… debemos discutir unas cuantas cosas sobre esto —comentó.

— ¿De qué estás hablando? —preguntó el, alejando su vista del piso y posándola sobre su Diosa.

Saori, quien seguía meciendo al pequeño, esperando que cayera en un profundo sueño, dirigió su mirada hacia su caballero; Seiya la miraba expectante.

— Bueno, creo que lo primero sería dejar en claro cómo lo cuidaremos —comenzó Saori—. Se me ocurrió que podría llevármelo a casa y cuidar de él allí; sería mucho más sencillo y cómodo —explicó—. ¿Te parece la idea?

Seiya asintió— Si, creo que es una buena idea Saori —comenzó él—. Es mucho mejor que esté en tu casa a que se quedé aquí todo el tiempo. Si lo hace no dejará de llorar como hace rato —explicó el caballero de Sagitario, acariciando levemente la cabecita del ahora dormido infante con su mano.

— También se me ocurrió que, una vez que ya esté un poco más grande… tú te encargaras de entrenarlo —comentó Saori, sorprendiendo a Seiya.

— ¿Entrenarlo? —preguntó él, viendo a Saori fijamente.

— Sí, creo que eres el más indicado para hacerlo —respondió Saori, viendo nuevamente al pequeño que ya estaba en los brazos de Morfeo—. Quiero que crezca como cualquier niño, que no haya distinción; no por ser nuestro… hijo va a tener lujos —explicó—. Seiya, sé que tú careciste de muchas cosas cuando de pequeño, y que el entrenamiento te hizo fuerte y ser como eres ahora —comenzó—. Yo quiero que este niño sea así. No sé si me entiendes —finalizó algo ruborizada

— Comprendo —respondió Seiya—. Creo que eso es lo correcto, Saori —afirmó—. Me esforzaré para enseñarle cuanto sé; y quizás en un futuro pueda llegar a convertirse en un caballero, porque no podemos mentirnos princesa… —explicó—. Este niño posee un cosmos diferente… Es algo que no puedo explicar con certeza —comentó el caballero de Sagitario.

Era cierto, Seiya tenía mucha razón, había algo diferente en ese niño. Saori asintió, y le dirigió una mirada al niño que ahora dormía profundamente.

— Sé que los demás ya notaron el cosmos del pequeño, pero… creo que deberíamos comunicarles que de hoy en adelante este niño es nuestro hijo y que crecerá aquí —explicó Saori, un poco ruborizada ante su propio comentario

Seiya sintió algo parecido a un revoloteo en la boca del estómago, por lo que tuvo que tragar saliva para poder hablar. Estaba totalmente colorado.

Maldición, lo dice tan directo… que no puedo evitar sonrojarme.

— Ya me encargare de eso... —comentó Seiya—. Bueno, creo que hay muchas cosas que hacer juntos. Tengo deberes Saori, ambos lo sabemos y algunas veces no podré venir a verlos; pero, haré lo posible… Siempre, velaré por los dos —le sonrió tan acostumbradamente, como antes.

Y volvieron a perderse en la mirada del otro. En sus ojos se podía ver ese brillo tan característico que siempre aparecía nada más se veían.

Estuvieron unos cuantos minutos en silencio, hasta que el caballero de Sagitario decidió hablar nuevamente.

— Oye, Saori… —empezó Seiya, llamando la atención de la Diosa, sacándola de lo que fuera que estuviera pensando.

— ¿Qué sucede Seiya? —preguntó ella, parpadeando varias veces, intentando recuperar el hilo de la conversación.

— ¿Cómo lo llamaremos? —soltó de golpe.

Y la interrogante se pudo ver en el rostro de la Diosa. Cielos… ya estaban haciéndole todo un plan de vida al muchacho, y se les había olvidado lo más importante de todo…

El nombre del pequeño…

Continuará...


Asaki: Y aquí termina el segundo capítulo de este fic. Esperamos que les haya gustado. Hemos visto el primer episodio de Saint Seiya Omega, y no se pueden imaginar cuanto fangirleamos las dos. No está tan mal como pensamos que estaría, a pesar de haberlo esperado con ansia… digamos que estábamos preparadas para lo peor, pero bendito sea Dios es digerible.

Nos vemos en el tercer y último capítulo de este fic: Koga, el hijo.

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Asaki90, presentó.

Y tú, ¿has sentido el poder del cosmos?