Disclaimer: Saint Seiya no nos pertenece. Todos los derechos están reservados por Masami Kurumada.
Aclaración: La primera parte que leerán usaremos la narración de primera persona.
Pequeñas esperanzas
Capítulo 3: Koga, el hijo.
Yo aún estaba dormidito en los brazos de la mujer que me traía cargando desde hacía rato. Pero aún así podía oír las voces de ella y del muchacho, las escuchaba clarito. Creo que están hablando sobre mí… pero hablan tan rápido que no les entiendo nada.
Vuelvo a sentir la mano del muchacho y no puedo evitar sentir algo en mi pancita, algo muy bonito que aún estando dormido me hizo sonreír…
¿Quiénes serán ellos?
— Creo que deberíamos comunicarles que de hoy en adelante, este niño es nuestro hijo…
¿Hijo? ¡Ah! Entonces ellos son mis papas… ahora entiendo porque son así conmigo y como se miraban entre ellos.
Jeje, mis papis parecen ser un poco tímidos… pero no importa, así los quiero mucho.
Ya no alcanzo a escuchar bien lo que dicen… sus voces se oyen más y más lejanas.
Espero que al despertar, los dos estén juntos, así como ahorita…
oOo
— ¡JAH! —gritó el pequeño de cabellos rojo vino, mientras corría lo más rápido que podía en dirección a su objetivo, una enorme roca.
Cuando finalmente estuvo cerca de la roca, la golpeó con toda la fuerza que su pequeño cuerpo le permitía ejercer. Más cuando su pequeño puño tuvo contacto con la piedra, la única que recibió daño fue su mano, la cual comenzó a sangrar levemente por sus nudillos.
Y como era de esperarse en un niño de 5-6 años, sus lágrimas no tardaron en hacerse visibles.
Su llanto retumbó en toda el lugar, ya que el área de entrenamiento se encontraba completamente vacío. Apretó su mano contra sí, intentando que el dolor fuera disminuyendo; pero naturalmente eso era imposible, tenía una herida en la mano que no dejaría de doler hasta que se la atendiera.
— Ugh… duele, manita duele… —susurró para sí el pequeño de tez clara.
— Koga.
El niño se estremeció al oír la conocida voz y escondió la manita detrás de él, intentando aguantar las lágrimas que caían sin más por sus mejillas.
— No debes llorar Koga… —susurró Seiya, comprensible.
El niño lo miró con sus ojitos llorosos.
— Duele… mu-mucho… —se justificó el pequeño.
— Es parte de tu entrenamiento, ya lo habíamos hablado —expresó el caballero—. ¿Recuerdas qué te dijo mamá? —interrogó el hombre.
— Que fuera fuerte y va-valiente… —respondió él.
— Koga, debes ser fuerte para que, cuando crezcas, puedas protegerla, ¿me entiendes? —preguntó Seiya. El pequeño asintió mientras lo miraba con sus ojitos muy abiertos, aquellos que eran tan parecidos a los suyos—. Algún día deberás cuidar de ella… Puedo contar contigo, ¿no es verdad?
Ante tal pregunta, el niño solamente asintió con una gran sonrisa, mientras se limpiaba las lágrimas con las manos.
Seiya se aproximó al pequeño y se puso de cuclillas frente a él. El niño sintió su cercanía, además de que le tomaba con cuidado la manita herida para examinarla.
Koga lo miraba profundamente. El pequeño ya se había acostumbrado al trato del caballero dorado; siempre entrenaban juntos, y cuando iban a casa se divertían mucho.
Su madre y él eran muy cercanos, pero no entendía muy bien si en verdad era su padre. En realidad no entendía muchas cosas porque era pequeño; pero al verlos juntos no le cabía duda de que había algo especial entre los dos, siempre se tomaban de las manos… no más; pero eso bastaba para que él estuviera seguro de que tenía una bonita familia.
— Te lastimaste un poco —comenzó Seiya, examinando su mano antes de levantarse—. Será mejor que vayamos a casa, así podremos atenderte —dijo el caballero al mismo tiempo en que posaba su mano en la cabecita de Koga, haciéndolo caminar.
Caminaron en silencio mientras se dirigían hacia su hogar. A Koga le gustaba porque podía ver muchos animales, y Seiya le contaba historias acerca de Dioses y Caballeros; era divertido escucharlo.
— ¿Y bien? —comenzó—. ¿Hoy que quieres que te cuente? —le preguntó al niño.
Pero esta vez, una pequeña duda asaltaba el corazoncito de Koga, algo que siempre había querido saber…
— Aunque bueno… no falta mucho para llegar —dijo para sí Seiya, mientras miraba hacía el horizonte. Ya se podía ver la casa donde Saori los estaba esperando, como todos los días.
— Bueno… hoy, emm yo… ¿puedo preguntar algo? —comentó el niño, un poco nervioso.
El niño se detuvo, y Seiya hizo lo propio cuando lo vio ponerse tan serio. No sabía si reír o ponerse serio también; pero decidió que lo mejor sería lo segundo al ver que Koga se ruborizaba.
— ¿Qué sucede? —preguntó Seiya un poco inquieto ante la reacción del pequeño.
— Pues… yo — Koga bajó la mirada hacia sus piecitos —. Tú eres mi… ¿Tú eres mi papá?
Al caballero de Sagitario se le detuvo el corazón ante semejante interrogante. Se había esperado cualquier pregunta, pero esa jamás pensó que el niño llegaría a preguntar.
Se quedó viendo a Koga sin decir nada, hasta que se percató que habían llegado a la entrada de la casa, donde Saori los estaba esperando de pie, con esa sonrisa que les dedicaba siempre; esa que tenía desde el día en que decidieron hacerse cargo del niño.
Seiya se ruborizó un poco, pero sonrió de inmediato.
—Si Koga —comenzó él, llamando la atención del pequeño—, lo soy…
El pequeño dejó que una enorme sonrisa se formara en sus labios al escuchar esa respuesta. Alejó la mano de Seiya de su cabeza y lo abrazó rápidamente, esa respuesta lo hizo realmente feliz.
— ¡Te quiero! ¡Te quiero mucho papi! —expresó Koga.
Seiya se sorprendió por el efusivo abrazo que le dio el pequeño, más lo que realmente lo dejó sin habla fueron esas últimas palabras. Jamás le había llamado papá o algo similar, sólo lo había escuchado decirle mamá a Saori.
Pero de pronto una sonrisa se asomó en su rostro, realmente estaba enternecido.
Y de la nada, se inclinó un poco hacia él y lo tomó en brazos, lo que sorprendió un poco a Koga.
— Vamos, tu mamá nos está esperando —fue lo único que dijo Seiya—. Además, tenemos que atender tu manita —explicó Seiya, una vez antes comenzó su camino hacia la puerta, donde Saori los esperaba con ansia, viéndolos con ternura—. Seguro te arderá un poco, pero tienes que ser fuerte y aguantar, ¿de acuerdo?
— ¡Sí! —exclamó Koga, alzando uno de sus bracitos, totalmente animado.
— Bien —respondió Seiya alegre, antes de que finalmente ambos estuvieran frente a Saori, la cual continuaba viéndolos tiernamente—. Hola, hemos llegado, Saori —habló el caballero dorado, observando a su Diosa con un infinito cariño… uno que iba más allá del que le tenía a una amiga o a su misma deidad.
— Hola mami —secundó Koga, viendo con alegría, captando la atención de Saori, quien también se había perdido en los ojos de Seiya.
Sonrió completamente y les respondió.
— Bienvenidos.
Fin
Asaki: Y así concluye esta pequeña historia que hemos creado. Realmente les agradecemos a aquellos que nos han dejado sus comentarios en los capítulos pasados. Esperamos traer mucho más dentro de poco. Ahora con Saint Seiya Omega hay de donde tomar para fangirlear y hacer fics como este.
.
.
.
Asaki90, presentó.
Y tú, ¿has sentido el poder del cosmos?
