Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de knicnort3, yo solo la traduzco.

Aqui vamos con la vida de Bella, su punto de vista durará dos o tres capitulos, así conoceremos toda su historia y luego volveremos al presente con Bella en la cárcel y Edward marchandose con su hijo.


~ Capítulo 8 - Mi chico ~

Bella POV

A veces, con el fin de avanzar, tenemos que echar un vistazo a dónde venimos...

Siempre recordaré la primera vez que vi a Edward Masen. Yo tenía siete años, y me había hecho amiga de una ardilla herida en un agujero de mi casa del árbol. Lo encontré ese mismo día, yo estaba muy preocupada porque el hombre de las noticias de la TV dijo que iba a ser una de las noches más frías del año. Así que después de que mis padres se fueran a la cama, me fui a la cocina y cogí un puñado de frutos secos para llevarle a la ardilla. El escozor por el aire frío de la noche me hizo temblar en el momento en que salí, pero yo no podía dejar a la ardilla, así que me fui de todos modos. Yo era de ese tipo de personas que siempre cuidaban a las criaturas heridas, y cuando esa noche vi a un niño extraño en mi casa del árbol, no fue diferente. Él tenía frío y miedo, y pese a que no estaba segura de si era un vampiro o no, quise ayudarle.

Pensé en él durante todo el tiempo que estuve en la escuela. Yo estaba preocupada de que él estuviera en mi casa del árbol durante mucho tiempo, pero una parte de mí no quería que se fuera nunca. No sabía su nombre, pero en realidad tampoco me importa.

"Mamá, ¿dónde están todas mis magdalenas?", Tanya le preguntó a mi madre una mañana. Tanya siempre tenía que tener sus magdalenas gourmet porque ella decía que las de caja la hacían sentirse enferma. A mí no me importaba que fueran de caja, pero se habían acabado y yo sabía que el niño tenía hambre, así que le di las suyas.

"Pensaba que había comprado más", le dijo mamá.

"Bueno, no queda ninguna. ¿Qué se supone que voy a desayunar si no tenemos ninguna magdalena?", Tanya le preguntó molesta. Siempre había pensado que mi hermana Tanya era la muchacha más hermosa que jamás había visto. Ella era como una muñeca Barbie, todo en ella era perfecto.

Vivíamos en una casa de tres dormitorios, pero Tanya competía en concursos de belleza y necesitaba un montón de cosas. Trajes, maquillaje, productos de belleza, sus accesorios… no había suficiente lugar en nuestra casa para almacenar todo, así que mamá tuvo que poner mucho de ello en mi habitación, dejando no mucho espacio para mis cosas. Pero yo estaba bien con eso, yo no necesitaba mucho e idolatraba a mi hermana, así que nunca me quejé de que ella tuviera más que yo. Yo sólo deseaba llegar a ser algún día la mitad de bella y talentosa que ella.

"Puedo hacerte una tortilla", le dijo mi padre a Tanya mientras caminaba hacia la cocina.

"No quiero una tortilla", dijo tercamente mientras cruzaba sus brazos.

"O-kay, ¿y tú Bells?", papá me preguntó. Como mi padre no era el padre de Tanya, él siempre trataba de hacerla feliz porque se sentía mal de que ella no tuviera su propio padre en todo, pero cuando ella estaba de mal humor él sólo trataba de dejarla sola.

"Vale, ¿puedo ayudarte a hacerla?", le pregunté con emoción. Siempre me gustaba cocinar con mi padre, especialmente cuando había huevos. Mi padre no era el mejor cocinero, así que los huevos era todo lo que él podía hacer y yo trataba de ayudar cada vez que podía.

"Por supuesto. De todos modos tú sabes mejor que yo cómo hacerla, la mía parece de goma cuando no me ayudas", dijo papá, lo que me hizo sonreír. Mi padre y yo siempre habíamos tenido un vínculo especial, nos gustaban las mismas cosas y no había nadie con el que yo prefiriera pasar mi tiempo libre. Yo amaba a mi madre también, pero ella siempre estaba envuelta en concursos de belleza con Tanya y viajaba a las competiciones todo el tiempo, yo realmente no gastaba mucho tiempo con ella.

Mi padre rompió el huevo y lo mezcló antes de agregar el queso.

"Woops, parece que tienes algo en la nariz", dijo mi padre antes de poner huevo crudo en mi cara.

"Papá", me quejé con una sonrisa. No importaba lo limpia que estuviera, mi padre siempre me decía que mi cara estaba hecha un desastre antes de poner algo en mí.

"Creo que te ves bien así", bromeó. Por lo general yo lo cogería con mis manos y luego le mancharía a él como una venganza, pero yo no quería empezar una guerra de comida en ese momento, tenía que ir a ver a mi chico a la casa del árbol antes de irme a la escuela.

Me gustaba tener a ese niño escondido allí, porque era algo que era sólo mío. Nadie sabía que él estaba allí, y tampoco nadie podía alejarlo de mí. Tanya tenía un caniche maltés que se llamaba Sophie, y como el perro tenía miedo de otros animales, nunca se me permitió tener una mascota propia. Yo tenía que compartir todo con ella, pero ella se negaba a dejar que yo tocara algo suyo. La única cosa que era realmente mía en casa, era la casa del árbol que mi padre y yo construimos juntos, y como el niño estaba dentro de ella, eso le hacía mío también.

Después del desayuno corrí a mirar en la casa del árbol, y estuve feliz de que él todavía estuviera durmiendo. En silencio le dejé una de las magdalenas de Tanya que había ocultado sabiendo que podían desaparecer y luego volví a bajar por la escalera.

"¿Has sacado de casa una de mis magdalenas?", Tanya me preguntó con suspicacia.

"No", mentí.

"Sí que lo has hecho. Bella, te dije que no podías alimentar a esa estúpida ardilla con mis cosas", Tanya me regañó.

Empujé mi espalda contra la puerta con la esperanza de que no subiera para tratar de ver a la ardilla y acabar descubriendo a mi chico, él era mío, y yo no quería compartirlo. "No lo volveré a hacer", le dije rápidamente.

"Vale, bien. Ya sabes, realmente no deberías mantener la ardilla, a Sophie no le gusta", me dijo.

"Oh, pero yo no la dejó salir de la casa del árbol y Sophie no va más allá", le dije preocupada.

"Bueno, siempre y cuando ella no tenga que verla, debería estar bien".

"No la verá", le respondí rápidamente.

Me escapaba de mi cuarto todas las noches para dormir con mi chico, él estaba siempre muy frío, pero después de unos días me acostumbré a la temperatura de su cuerpo y me reconfortaba. Quería esconderlo para siempre, pero entonces escuché a mi padre hablar con alguien sobre un niño desaparecido, y supe que tenía que ser él.

"En realidad no se ve bien. No veo cómo un niño de diez años podría sobrevivir en este tiempo con la nieve", dijo mi padre por el teléfono. "Sus padres están fuera de sí, no me puedo imaginar lo que están pasando por no saber dónde está".

Mi padre había estado pasando tiempo extra en el trabajo esa semana, y me di cuenta de que era porque él había estado en las principales partidas de búsqueda para encontrar al niño perdido.

"Papá, ¿por qué está desaparecido?", le pregunté después de hablar por teléfono.

"A veces suceden cosas malas, pero sólo podemos esperar encontrarlo pronto", mi padre me dijo en voz baja.

"¿Pero y si no quiere ser encontrado?", le pregunté lentamente.

"Es sólo un niño Bells, no puede cuidar de sí mismo correctamente. Además, hace mucho frío ahí fuera y eso no es saludable para nadie".

"¿Quieres decir que podría enfermarse?", le pregunté preocupada.

"Esperemos que esté bien", dijo mi padre y luego se levantó para irse.

"¿A dónde vas?", le pregunté rápidamente.

"Voy a buscarlo un poco más. Contamos con gente que busca en las montañas y por toda la ciudad, pero no hay rastro de él en ningún lugar", explicó.

"¿Qué aspecto tiene?", le pregunté a mi padre.

"Pues mira, tengo una foto", dijo y sacó un cartel del bolsillo de su chaqueta de la persona desaparecida. Yo estaba en lo cierto, era sin duda mi chico.

"Eeed-ward Mass-en", dije al leer el nombre en el folleto.

"Así es, su nombre es Edward Masen", dijo papá.

"¿Cómo es que nunca antes lo he visto?", le pregunté.

"Bueno, se trasladó el año pasado, y sus padres están muy ocupados por lo que no se socializan mucho".

"Papá, ¿qué pasa si... si sé dónde está?", le pregunté lentamente.

Mi padre levantó las cejas y me miró sorprendido. "¿Lo sabes?", me preguntó.

Negué con la cabeza al principio, pero luego mi padre me miró con severidad, por lo que asentí con la cabeza.

"Bella, esto es muy grave. Si lo has visto, necesito que me lo digas".

"Vale... está en mi casa del árbol", le dije.

"¿En la casa del árbol?", preguntó con incredulidad.

"Sí, lo he estado alimentando y dándole mantas".

"¿Estás segura de eso, Bella?", mi padre me preguntó.

"Sí, vamos, te lo mostraré", le dije, y entonces agarré su mano y tiré de él.

Mi chico asomó la cabeza cuando nos vio llegar, y mi padre lo vio. Papá me dijo que esperara abajo mientras hablaba con él a solas, y así lo hice, pero me preocupaba que mi chico se enfadara, porque me pidió que no dijera nada a nadie sobre él. Pero él no estaba enfadado. Pocos días después de que mi padre lo llevara a casa, mi chico vino a visitarme.

"Y tú debes de ser Bella", la mamá de mi chico me dijo. Ella quería reunirse conmigo porque me dijo que había salvado la vida de su hijo, y yo estaba muy feliz por eso. Mi padre hizo una barbacoa y los Masens se quedaron a cenar para que todos pudieran conocerse mejor unos a otros. Tanya estaba molesta de que yo tuviera un chico especial para mí sola, pero por primera vez, realmente no me importó si estaba enfadada conmigo o no.

Edward y yo pasamos toda la noche juntos. Hablamos y nos reímos mucho, e incluso también hicimos planes para vernos después de la escuela al día siguiente. Íbamos a diferentes escuelas primarias, pero a medida que pasó el tiempo, Edward empezó a venir a mi casa todos los lunes, miércoles y viernes, aparte de también pasar la mayor parte de nuestros fines de semana juntos.

Pasaron los años y nos hicimos mayores, pero la única cosa que nunca cambió fue que Edward y yo siempre éramos los mejores amigos.

"¡Uf! ¿No tienes una casa propia?", Tanya le preguntó a Edward cuando lo vio.

"Sí, pero no es tan interesante como ésta", le contestó Edward.

"¿Y por qué es eso? ¿Tus padres no te dejan revolver la nevera como haces aquí?", preguntó molesta.

"No les importa si lo hago, pero esta casa es mejor porque Bella está aquí", dijo Edward con un guiño hacia mí, algo que me hizo reír. "Hola Tanya, ¿te duele?".

"¿Dolerme el que?", preguntó confundida.

"Ese palo en el culo. Eso no es un lugar en el que desearías tener astillas", dijo él con una sonrisa.

"¡Eres un idiota!", gritó ella.

"¿Qué? No es mi culpa que seas mala todo el tiempo", dijo Edward a la defensiva.

"Voy a decirle a mi madre lo que has dicho", exclamó Tanya y luego salió corriendo.

"En realidad no deberías decirle esas cosas", le dije a Edward después de que Tanya se perdiera de vista.

"¿Por qué no? Ella se las dice a todo el mundo todo el tiempo, ¿por qué la gente no puede ser malo con ella también?", Edward me preguntó.

"Ella no es mala... simplemente le gusta que las cosas sean de cierta manera", la defendí.

"Lo que sea, sólo espero que ella se preocupe por ti tanto como tú por ella", dijo Edward y entonces me besó en la frente antes de irse a casa.

Ese fue el verano antes de que Edward y Tanya se fueran a la misma escuela secundaria. Yo estaba preocupada de que fueran a la misma escuela, porque sabía cómo de horriblemente mal se llevaban, lo que realmente me ponía triste. Quería a Tanya, ella era mi hermana, y aunque no siempre era la más simpática con la gente, en el fondo yo sabía que ella era una persona muy mal entendida. Ella no podía soportar el hecho de que su padre no la amara lo suficiente como para estar en su vida, por lo que hacía que todos los demás trabajaran por su amor, tenía que recordarse constantemente que la gente la amaba sin importar lo mucho que ella los empujara lejos. Yo siempre querría a mi hermana, no importaba lo que pasara... o eso pensaba yo entonces.

Durante el siguiente año todo cambió. Edward dejó a algunos de sus amigos y acabó saliendo con Tanya y sus amigos. Yo estaba preocupada por lo mal que se llevaban antes, pero parecía que la preocupación era infundada.

"Hola Edward", Tanya le dijo a Edward con una sonrisa cuando lo vio en nuestra casa.

"Oh, hola Tanya. Me gustan mucho tus... zapatos de hoy", dijo torpemente. Yo estaba encantada de que se hubieran hecho amigos, pero a lo largo del año escolar, comencé a ver que estaban un poco demasiado cerca para mi comodidad.

Un día yo tenía club de lectura después de la escuela, y cuando llegué a casa, me emocioné al ver la mochila de Edward y el abrigo en el suelo de la sala. Me imaginé que estaba en nuestra casa en el árbol, la cual yo consideraba "nuestra" en ese momento porque él la utilizaba tanto como yo, pero él no estaba allí. Miré alrededor de la casa, en la cocina, en mi habitación, y luego finalmente, fui a preguntarle a Tanya si lo había visto. Ella estaba en su habitación, así que abrí la puerta lentamente, y me horroricé absolutamente por lo que vi... Edward estaba allí con ella, y besándose.

No entendí la rabia que sentí en ese momento. No era como si yo quisiera ser la que le besara, ni siquiera me gustaban aún los chicos de esa manera, pero no quería que ellos se besaran. Yo estaba feliz de que se hubieran convertido en amigos, pero Edward era mi chico, la única cosa que yo nunca había tenido que compartir. Era la única persona que me había gustado a mí más que a ella, pero todo había cambiado abruptamente, y yo no sabía qué hacer al respecto.

Él empezó a tratarme de forma diferente también. Antes era como si fuéramos la misma persona, pero de repente empezó a actuar como si yo no fuera más que una niña.

"¿Puedo ir?", pregunté un día cuando Edward y Tanya se iban a la playa con sus amigos.

"No Bella, no vamos a volar cometas", dijo Tanya para molestarme.

"¿Edward?", le pregunté haciendo caso omiso de Tanya.

"Ya sabes Bella, vamos a estar jugando al voleibol y cosas por el estilo, realmente no te divertirías, pero te voy a decir una cosa, vamos a ir a la playa la próxima semana y a construir un castillo de arena enorme. Sólo tú y yo, ¿vale?", dijo con delicadeza, como si fuera un bebé al que estaba pacificando.

Asentí con la cabeza a pesar del hecho de que estaba molesta. Esa fue la primera vez que realmente entendí lo que había sucedido... había perdido a mi chico. Yo sabía que él la prefería a ella, pero nunca pensé que me dejaría de lado por completo por ella. Eso me enfadó, se suponía que él era mío, pero ahí estaba Tanya entrando y cogiendo lo que no le pertenecía.

"Hey chica, ¿todo bien?", mi padre me preguntó cuando me vio de mal humor en las escaleras.

"Edward y Tanya se han ido a la playa con sus amigo y me han dicho que no podía ir", dije enfadada.

"Ya veo", mi padre dijo para sí mismo y luego vino a sentarse a mi lado. "Mira, sé que parece que últimamente Edward ha estado pasando mucho tiempo con tu hermana, pero... estoy bastante seguro de que es sólo una fase. ¿Sabes lo que es una fase?".

Asentí con la cabeza. "¿Crees que se va a cansar de ella pronto?", le pregunté esperanzada.

"Entre tú y yo, no puedo ver cómo es posible que no lo haya hecho ya", dijo con una sonrisa. "Edward es un chico inteligente, él está... pasando por la pubertad y sólo piensa en las niñas de su edad en este momento. No lo uses en su contra, todos los niños tienden a caer en ese tipo de trampas", dijo incómodo, pero luego puso su brazo sobre mi hombro. "Sin embargo, él acabará siendo el de antes".

"Pero Tanya es tan hermosa", le dije con un suspiro.

Mi padre me dio un beso al lado de la cabeza. "Ella no tiene nada que envidiarte, muchacha. Tanya se ve sólo guapa por fuera, pero tú... eres hermosa por dentro y por fuera".

"Gracias papá", le dije con una sonrisa.

"Además, míranos. Dejaste de pasar el rato conmigo cuando empezaste a ir con Edward, pero aún estamos unidos, ¿verdad?".

"Sí, papá, estamos unidos... muy unidos", le dije en broma y empujé su brazo fuera de mí.

Hablar con mi padre me ayudaba, pero pronto me di cuenta que estaba equivocado, la relación de Edward y Tanya no terminó con el tiempo, sólo se hizo cada vez más intensa. En un minuto se besan y se cogían de las manos, y al día siguiente estaban gritándose el uno al otro y llamándose por nombres malos. Llegué a preferir realmente cuando estaban juntos, porque cuando rompían, Edward no aparecía por alrededor en absoluto.

Pero el mundo seguía girando, y la vida siguió adelante...

Cuando llegué al noveno grado finalmente fui a la misma escuela que Edward por primera vez, aunque los mayores rara vez se asociaban con estudiantes de primer año.

"Hola Edward", le dije en silencio, esperando que no me dijera nada porque estábamos en la escuela.

"Hey Bella", dijo con una sonrisa y luego hizo algo que sorprendió no sólo a mí, sino también a los amigos que iban con él. Envolvió sus brazos alrededor de mí con fuerza y me hizo dar vueltas.

"Uh... wow, no sabía que estabas en primer año", dijo uno de sus amigos en broma.

"Sólo las hermosas están", dijo con una sonrisa y luego me sorprendió aún más cuando puso sus labios en los míos. No era la forma en la que besaba a Tanya, pero aún así era más de lo que había experimentado en mi vida.

Tanya estuvo enfadada conmigo por un tiempo después de escuchar sobre ese beso, pero Edward la convenció de que era una broma y que sólo lo hizo para ayudarme a subir en la escala social, lo que sin duda hizo. Edward era muy popular en la escuela, y como la gente lo vio besándome, me convertí en algo popular.

Todos mis amigos estaban teniendo relaciones sexuales, y la presión siempre estaba ahí, pero en algún momento en el que llegaba a acercarme bastante a un chico, la cara de Edward siempre me venía a la mente. La increíble sensación surrealista de sus labios sobre los míos fue algo que nunca encontré con nadie, y me prometí que no iba a tener relaciones sexuales a menos que yo sintiera algo parecido. Mi padre siempre me dijo que esperara hasta que estuviera enamorada, y eso era lo que pensaba hacer.

Estar en la escuela con Edward y Tanya todo el día fue sin duda emocionalmente agotador. Cada vez que los veía juntos mi estómago se retorcía en nudos y en realidad me sentía mal a veces. Pero más a menudo que eso, los oía gritarse el uno al otro.

"¡Te estabas tirando a Gianna, lo sé!", ella gritó cuando pensaba que nadie estaba cerca.

"¿Qué diablos te importa?", él le contestó con cuidado.

Por mucho que odiara que Tanya y Edward estuvieran juntos, aún odiaba más que fueran malos el uno con el otro.

"¿De verdad has engañado a Tanya?", le pregunté a Edward después de la escuela.

Acababa de dejarnos a Tanya y a mí en casa, y ella se fue hasta casa sin ni siquiera decir adiós. Ellos habían estado peleando mucho últimamente, y con su graduación cerca yo tenía la sensación de que él simplemente no se preocupaba más por complacerla. Edward y yo éramos todavía cercanos, a pesar de que Tanya odiaba que estuviéramos juntos sin ella. Él siempre trataba de hacer tiempo para estar conmigo, pero continuaba hablando como si yo no fuera más que una niña.

"¿Dónde has oído eso?", me preguntó encogiéndose de hombros.

"Os he oído hablar de ello", dije en voz baja.

"Bueno, no te preocupes por eso. No lo entenderías de todas maneras", dijo con desdén.

"¿Por qué siempre dices eso? No soy una niña pequeña", le dije amargamente y empecé a alejarme, pero él me siguió.

"Bella, lo siento, ¿vale?", dijo mientras se acercaba y me paraba. "Yo sólo quería decir que no entenderías mi relación con Tanya. Simplemente no nos llevamos muy bien. A veces me gustaría poder volver atrás y no haber salido con ella en primer lugar".

"Bueno, ¿entonces por qué te quedas con ella?", le pregunté confundida.

Se encogió de hombros. "Porque es la capitana del equipo de animadoras".

Rodé los ojos por ser tan patético.

"No sé, es sólo esa ridícula escalera social de la escuela secundaria. Realmente no puedo soportar nada de eso. No puedo esperar para graduarme y no tener que jugar a esos juegos estúpidos más", me dijo distante.

"¿Qué harás entonces?", le pregunté con curiosidad.

Se encogió de hombros. "Siempre he querido ir a Nueva York".

"Lo sé. Así que, ¿vas a ir?", le pregunté a regañadientes. Odiaba la idea de estar en el lado opuesto del país que él, pero yo quería que fuera feliz.

"No sé. Mi madre está un poco asustada al respecto, pero...", no acabó la frase y miró más allá de mí, distraído.

"Tal vez después de que me gradúe pueda ir allí y podamos ser compañeros de piso", le dije en tono de broma, pero era extremadamente en serio. Sabía que él no me quería como yo me había dado cuenta poco a poco que le quería, pero pensé que si salíamos de Forks y estábamos lejos de Tanya, tal vez podríamos ser aún más cercanos que antes.

"¿En serio?", me preguntó. Pudo haber sido en mi imaginación, pero podría haber jurado que en realidad parecía entusiasmado con la idea.

"Sí, podríamos conseguir un apartamento juntos, ir a patinar y pasar tiempo en el Central Park", dije con entusiasmo.

"Oh sí, y tú serías una famosa editora de libros y yo el abogado de un pez gordo", dijo con un guiño.

"Entonces podríamos pagar un buen apartamento", dijo con una sonrisa.

"Es un plan", dijo con determinación.

"Por supuesto extrañaré la casa del árbol", añadí.

"Sí, pero vamos a hacer que nuestro apartamento sea igual", dijo con una sonrisa.

"No creo que funcionara muy bien", dije en tono de broma.

"Sí, tal vez no". Envolvió sus brazos alrededor de mí y me besó en la frente como había hecho tantas veces antes. "Eres la mejor, ¿sabes eso?".

"Yo trato de decírselo a Tanya todo el tiempo, pero nunca me escucha", dije sarcásticamente con una sonrisa.

"Pues bien, ella es una idiota", dijo y luego dio media vuelta antes de irse a casa.

Cuando me di la vuelta para ir a la casa, vi a Tanya esperando en la mesa de la cocina al lado de la ventana abierta... había odio toda nuestra conversación.

"Él nunca se mudará a Nueva York", fue todo lo que dijo antes de irse a su habitación y cerrar la puerta.

Yo no quería que Tanya estuviera enfadada conmigo, pero había algo en su tono de voz que me preocupó, por lo que tímidamente fui a su habitación y la encontré con una aguja haciendo agujeros en algunos condones que ella había sacado de su bolso.

"¿Qué estás haciendo?", le pregunté sorprendida.

"No es tu estúpido asunto, ¡vete a la mierda!", me gritó. Tanya no siempre era amable conmigo, pero esa fue la primera vez que realmente vi el odio en sus ojos dirigido hacia mí.

"Tanya, eso está mal, no puedes hacer eso", dije dándome cuenta de lo que estaba haciendo exactamente.

"¡Pues mírame!", dijo y luego me empujó fuera de la habitación y me cerró la puerta en la cara. Pero en el momento en que cerró la puerta, la volvió a abrir y me llevó de vuelta en la habitación. "Bella, mira, no tienes ni idea de lo que acabas de ver", dijo con más calma.

"Estabas haciendo eso para poder quedarte embarazada sin que él lo sepa", le dije con firmeza. Yo no era una niña o una idiota, y no iba a dejar que me tratara como tal.

"No, no, me doy cuenta de que eso es lo que parecía, pero eso no es lo que estaba haciendo", trató de convencerme con un tono dulce.

"¿Qué estabas haciendo entonces?", le pregunté frustrada, sabiendo que estaba mintiendo.

"Tenía curiosidad. Mi amiga me dijo que si pinchaba un condón y luego ponía un pepino pelado en el interior, podría utilizarlo como un sistema de refrigeración facial. Se supone que es bueno para los poros. Sé que suena extraño, pero soy tu hermana, y confías en mí, ¿no?".

Entrecerré los ojos hacia ella y sacudía la cabeza. Yo no la creía, pero realmente tampoco tenía ninguna prueba de que estaba mintiendo. Me volví para salir de la habitación, pero ella me dijo que esperara.

"Bella, no puedes contarle a nadie esto, ¿vale? Es estúpido y vergonzoso, y yo realmente no quiero que la gente sepa que en realidad intento hacer este estúpido truco de belleza".

"Lo que sea", dije con amargura y me fui.

Yo no sabía qué hacer, si se lo decía a Edward Tanya me odiaría aún más, pero si no se lo decía, él podría dejarla embarazada y estar pegado a ella para siempre. No me podía imaginar a ellos dos teniendo un bebé, juntos, y sabía que ambos serían miserables por el resto de sus vidas, así que decidí decírselo a Edward. Tanya me perdonaría con el tiempo, ella tenía que hacerlo, éramos hermanas.

Pero ese fue uno de los meses en los que Tanya y Edward no estaban juntos, así que no me preocupé demasiado. Si ellos decidían volver a estar juntos, definitivamente tendría que decírselo.

Sólo un par de semanas antes de que Edward y Tanya se graduaran en la secundaria, y por supuesto por cualquier motivo, volvieron a estar juntos. Edward dijo que le había dicho a ella que sólo era algo temporal, ya que planeaba alejarse después de que la escuela terminara, y no tenía ningún deseo de tener algo a larga distancia. Pero yo no podía quitarme de la mente los preservativos que Tanya agujereó, así que decidí ir y decírselo a él.

"Hola, necesito hablar contigo", le dije en su buzón de voz. Era extraño que él no contestara su teléfono porque casi siempre contestaba, pero diez minutos más tarde recibí una llamada de mi padre explicando lo que le había sucedido.

"Sus padres han muerto en un accidente de coche", dijo Charlie tristemente. "Realmente podría necesitar a una buena amiga en estos momentos, Bells", dijo y yo ni siquiera lo pensé dos veces, cogí mi bicicleta y me dirigí directamente a su casa. No me detuve en la puerta, simplemente entré y vi a mi padre sentado con Edward a su lado, pareciendo completamente perdido. Charlie era torpe haciendo todo lo posible para consolarlo, dándole palmaditas en la espalda, pero yo sabía lo que realmente necesitaba. Me acerqué a él y envolví mis brazos alrededor de su torso, y él respondió agarrándose a mí más estrechamente de lo que había hecho antes.

"¿Qué voy a hacer ahora, Bella?", me preguntó con voz entrecortada antes de descomponerse y llorar en mi pelo. Me dolía el corazón por él, y yo habría hecho cualquier cosa para tomar su dolor en ese momento.

Mi padre nos dejó para que pudiéramos tener un tiempo a solas, y yo sólo lo sostuve toda la noche. Después de que su llanto disminuyera, le pregunté si quería que llamara a Tanya, pero él negó con la cabeza.

"La única persona a la que quiero ver ahora mismo eres tú", me dijo en voz baja y entendí completamente por qué. No tenía que ser valiente frente a mí, sabía que podía romperse por completo y yo nunca lo juzgaría o lo miraría como 'menos hombre'. Estábamos siempre de esa manera, y yo sabía que siempre lo estaríamos.

Llamé a mi padre y le dije que me quedaba a dormir en casa de Edward, y mi padre no tuvo problemas con eso. Oí gritar a Tanya en el fondo, pero por primera vez, mi padre le dijo que se callara y que no nos interrumpiera.

Dormí en la cama de Edward, con él, durante toda la noche, y nos abrazamos como lo hacíamos cada vez que acampábamos en mi casa del árbol. Por supuesto, habían pasado años desde la última vez que hicimos eso, pero sabía que no sería extraño o incómodo.

Edward estuvo una semana fuera de la escuela y se tomó ese tiempo para poner en orden los asuntos de sus padres, y cuando terminó, vino a nuestra casa para hablarnos de una decisión que había tomado.

"Me he alistado en el ejército y me voy al final de la próxima semana", dijo inesperadamente, estábamos todos sin palabras.

Mi padre fue quien habló primero. "Bueno, eso es definitivamente una opción honorable", dijo y luego le estrechó la mano y le palmeó la espalda.

"¿Cuándo volverás?", Tanya le preguntó secamente.

Se encogió de hombros. "Es un mínimo de servicio activo de cuatro años".

"No te puedes ir, diles que has cambiado de opinión", exigió Tanya. Los dos empezaron a discutir, así que mis padres salieron de la sala para no escucharles, pero yo me quedé allí completamente aturdida. Yo no sabía cómo moverme en ese momento porque estaba muy preocupada por él, y no podía imaginar estar años sin verlo.

Como siempre cuando discutían, Tanya terminó marchándose a su habitación, pero Edward se quedó y esperó para hablar conmigo.

"Creo que tenemos que posponer lo de ir a Nueva York por unos cuantos años más", le dije con una lágrima rodando por mis mejillas.

Él sonrió tranquilizadoramente. "Esta será una buena cosa, ya verás", dijo mientras limpiaba mis lágrimas con el dedo antes de envolverme entre sus brazos.

"Te quiero", le susurré.

Él se rió una vez. "Yo también te quiero y nada va a cambiar eso". Me besó en la cabeza y entonces no lo volví a ver durante el resto de la semana.

Pasé un par de días pensando en un regalo para Edward. Le compré un álbum, lo llené de fotos y le añadí cosas que tenían sentido para nosotros. Las hojas del árbol donde estaba la casa del árbol, las tarjetas de béisbol que habíamos recogido en los últimos años, y todo lo que pensé que haría que su tiempo fuera un poco más soportable.

Mis padres se fueron a una fiesta de la Policía del Estado y Tanya utilizó su ausencia como la manera perfecta para hacer una gran fiesta de despedida para Edward. Ella les dijo a nuestros padres que sólo serían unas cuantas personas, pero yo nunca antes había visto a tanta gente en nuestra casa. La mitad de la escuela estaba ahí y estaba tan lleno que apenas podía moverme. Había cerveza por todas partes y algunas personas incluso estaban tomando drogas.

"Esta es la casa del jefe de policía y estamos haciendo crack", dijo un drogado con una sonrisa mientras yo trataba de pasar por delante. Le fulminé con la mirada, pero a él no pareció importarle en absoluto. Yo odiaba las drogas, pensaba que eran repugnantes y no hacían nada aparte de arruinar vidas, pero con tanta gente y la música tan fuerte, ni siquiera podría oírme a mí misma gritarle al idiota drogadicto.

Pasé más de una hora en busca de Edward, pero cuando finalmente lo encontré, estaba totalmente perdido. Yo quería hablar con él de todos modos, pero estaba tan fuera de él, que estaba segura de que no lo recordaría al día siguiente, así que decidí esperar hasta que se calmara un poco.

Ya era tarde y yo no tenía a ninguno de mis amigos allí, así que decidí irme a la cama, pero cuando llegué a mi habitación, había personas teniendo relaciones sexuales allí. Yo estaba tan disgustada que fui a hablar con Tanya por haber dejado que sus amigos estuvieran fuera de control.

"Bueno, entonces duerme en mi habitación", dijo despreocupadamente mientras tomaba otro trago de su cerveza y se reía con sus amigos.

Resoplé y luego a regañadientes me fui a su habitación para la noche. La habitación de Tanya estaba más al fondo y tenía las persianas bajadas, así que a menos que alguien encendiera la luz, era casi imposible ver lo que había allí. Yo por supuesto encendí la luz sólo para asegurarme de que la habitación estaba vacía, y cuando estuve segura de que lo estaba, apagué la luz y me metí en la cama.

Traté de conciliar el sueño pero la música estaba demasiado fuerte, y todo en lo que podía pensar era en Edward arriesgando su vida y marchándose a la guerra. Tenía mucho miedo por él y no tenía ni idea de lo que haría si muriera o fuera herido. Yo lo amaba más que a nada, él era mi mejor amigo, mi familia, mi alma gemela, mi todo. No podía imaginar mi vida sin él.

De repente la puerta chirrió al abrirse dejando entrar un torrente de luz en la habitación, y yo estaba a punto de gritar a quien quiera que fuera que saliera, pero luego me di cuenta de que era Edward.

"¿Qué estás haciendo?", le pregunté en voz baja mientras él cerraba la puerta, dejando otra vez la habitación a oscuras.

"He estado buscaaaandote por toooodos lados", dijo arrastrando las palabras mientras se acercaba a mí en la oscuridad.

"¿En serio?", le pregunté feliz pero confusa.

"Estuvimos de acueeeerdo en que esta noche sería nuestra última noooche juntos, ¿verdad? Cuaaando vuelva...", dijo y luego se rió. "Si puedo volver", se corrigió. "No hareeeemos... esta mierdaaaa nunca más", dijo volviendo a arrastrar las palabras.

"¿Huh?", le pregunté perpleja.

"No te haaagas la estúpida, Tanya, tuuu sabes de lo que estoy hablando", dijo, y fue entonces cuando me di cuenta de que él pensaba que yo era mi hermana. Yo estaba a punto de decirle que estaba equivocado y que era yo, pero luego sus labios se chocaron contra los míos y su mano de forma automática se abrió camino entre mis piernas.

Yo sabía que estaba mal, sabía que tenía que haberlo empujado fuera de mí y haber hecho que se diera cuenta de quién era yo, pero yo... no quería. Sus labios sabían a cerveza, pero aún eran sus labios, los labios de mi chico, y se movían contra los míos de una manera en la que sólo había fantaseado. Y su mano... no había manera de encontrar la voluntad para que dejara lo que estaba haciendo con ella. Nunca antes me habían tocado de esa manera, yo no quería ser tocada antes de eso, pero fue la cosa más increíble que había sentido en mi vida. Una parte de mí estaba enferma porque él estuviera haciéndome eso a mí pensando que yo era Tanya, realmente odiaba saber que él estaba dándole ese tipo de regalo a ella, pero a cualquier otra parte de mí no le importaba en quien pensara él, yo estaría bien mientras él no se detuviera.

Antes incluso de tener tiempo para pensar en lo que estaba pasando, tenía mi ropa interior bajada y él estaba desabrochándose el cinturón.

"Edward", suspiré pero él no se detuvo. Sus labios se movían en mi cuello y finalmente entendí lo que se sentía.

Pude oír el suave susurro de sus pantalones siendo bajados, y la siguiente cosa que supe es que su mano fue reemplazada por otra cosa... y entonces, empezó el dolor.

Quería llorar y gritar para que se detuviera, pero no pude encontrar mi voz, así que sólo me aferré a él con fuerza y recé para que acabara conmigo pronto.

Yo lo amaba, siempre lo había amado, y siempre me había prometido a mí misma que no iba a tener relaciones sexuales hasta que estuviera enamorada, al menos yo había mantenido esa promesa... de una manera. No era nada como me lo había imaginado, no había estrellas fugaces o susurros de devoción, era sólo un dolor caliente mezclado con emociones frías. Ni siquiera estábamos totalmente desnudos, y cuando terminamos, él simplemente se puso sus pantalones y se tropezó al salir de la habitación.

Yo me quedé allí en estado de shock por un minuto, y luego, ausente, traté de moverme, pero eso perjudicó a todos los músculos de mi cuerpo. No sólo tenía una sensación de ardor entre mis piernas, sino que me sentí como si hubiera sido golpeada por un martillo. No recordaba que fuera tan áspero, pero yo estaba tan tensa que no me importó.

Traté de hacer caso omiso de toda la experiencia y pretender que no ocurrió, pero luego el shock desapareció y empecé a llorar histéricamente. ¿Qué demonios podía hacer?

Yo no podía dejar de llorar, y cuanto más lo pensaba, más lloraba. No sólo había perdido mi virginidad con el novio de mi hermana, sino que lo había hecho sin que él lo supiera. Era mi mejor amigo, pero yo sabía que no podía decirle la verdad porque él no me amaba de esa manera y se enfadaría conmigo; maldita sea, yo estaba enfadada conmigo misma, así que él no podía estar nada menos que furioso.

Edward se fue al campo de entrenamiento a los pocos días, pero yo no me atreví a mirarlo de frente para decirle adiós. Sabía que él había estado buscándome antes de irse, pero él me conocía tan bien que definitivamente vería que algo estaba mal conmigo, y él no necesitaba eso cuando estuviera ausente. No le di el libro de recuerdos que hice, pero esperaba que para el momento de su regreso, yo hubiera superado lo que pasó lo suficiente como para volver a como estábamos antes.


Ya tenemos una parte contada, mañana más ;)

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