Disclaimer: Todo pertenece a Meyer.
Aquello tenía que ser una broma, si por supuesto que lo era, no sería la primera vez que Aro jugara con él, sin embargo aquella seriedad que se encontraba en el rostro de su hermano lo hizo dudar ¿No creería qué? ¡Joder! ¿Qué rayos pretendía Aro? Bien sabía aquél vampiro que él odiaba a los humanos, no definitivamente estaría jugándole una maldita y pesada broma, de lo contrario lo lamentaría por la humana; pero moriría pronto, sí, muy pronto.
-¿Es una broma, cierto?-cuestionó sin poder evitarlo, tenía que hacerlo, no podía quedarse con aquella maldita duda.
Aro se volteó a mirarlo sonriente; pero no era cualquier sonrisa, era aquella que indicaba que todo lo anteriormente salido de su boca era la total y absoluta verdad… ¿En verdad pretendía Aro que él, ósea él Caius Vulturi cuidara de una insignificante humana? ¡Ja! Pobre moriría pronto la susodicha.
Porque sí, él era el principal que deseaba la muerte de aquella débil y estúpida humana, sobre todo porque sabía de su existencia, sabía demasiadas cosas para ser humana y eso sencillamente la condenaba, por lo menos antes sus ojos… ¡Joder! ¿Por qué Aro simplemente la mataba o la convertía? Algunas veces odiaba los planes de su hermano y aquél en principal lo odiaba, sobre todo porque además de aguantar la idiota presencia de una humana, tendría que cuidar de ella… ¡Ja! Sí cómo no.
-Lo siento Caius; pero estoy siendo totalmente honesto y demandante…-acotó el Vulturi.
La expresión de Caius no era muy alentadora, podía asemejarse a la de Jane cuando salió de aquél lugar. Su rostro demostraba una clara inconformidad con las decisiones de su hermano… ¿Por qué él? ¡Joder! De entre todos los malditos que podían cuidar a aquella desgraciada humana, su hermano lo ponía justo a él a cuidarla… ¿Por qué no escogía a Marcus? ¡No! Seguramente Aro se estaba vengando de algo, el único problema estaba en…. ¿De qué se podía estar vengando su hermano?
-¡Eso es inconcebible!-exclamó total y absolutamente fuera de sí, levantándose casi al instante de su asiento.-¡Me niego! No cuidaré de una mugrienta humana… ¿Me has entendido Aro? ¡No lo haré!
Aro tenía una expresión indescifrable, mientras que el rostro de Caius demostraba su claro enojo y Marcus, él simplemente ignoraba todo a su alrededor, si todo aquello era lo mejor, lo mejor para evitar problemas.
El vampiro de cabellera negra suspiró, sabía que su hermano reaccionaría de aquella manera; pero ni modos él sería el cuidador de Isabella Swan así se negase a hacerlo.
-Me da igual tus decisiones Caius, terminarás haciendo lo que digo o…
El Vulturi de cabellera blanca bufó.
-¿O qué?-cuestionó sin miedo alguno en su voz. Conocía a Aro, no tenía las armas suficientes para amenazarlo.
Aro sonrió con aire malicioso.
-Puede que tu querida esposa sufra las consecuencias de tus actos…-comenzó a hablar el vampiro.-, claro eso luego de que me divierta un poco con ella, después de todo no está nada mal y cómo mi querida esposa no es celosa, podré hacer lo que quiera con la tuya.-culminó con una sonrisa en sus labios.
Caius posó su mirada incrédula en la de Aro, no es que amase a su esposa ni nada por el estilo, de hecho ambos eran tan fríos para demostrar cariño, sin embargo era una compañía, una seguridad que no quería dejar de disfrutar, al menos no hasta que se aburriese siglos después.
El hecho de que su hermano insinuase que la mataría; pero justo antes de eso disfrutaría de las mieles del placer que su esposa podía brindarle, le hizo detenerse a pensar, si de verdad accedería a cuidar a la maldita humana.
Después de todo por cuidar a la frágil y estúpida Swan no perdería nada, y si no lo hacía perdería a su esposa, y siendo sincero no tenía ni las ganas, mucho menos el tiempo para encontrarle un reemplazo.
-¿Serías capaz de semejante ultraje, hermano?-cuestionó Caius.
Aro posó su mirada imperturbable en la de su hermano, sabiendo que éste comenzaba a dudar de su determinación.
-Bien me conoces querido Caius, y sabes perfectamente de lo que soy o no soy capaz.-acotó con simpleza mientras se dejaba caer en su trono nuevamente.
Caius suspiró con frustración, bien, en aquella oportunidad su hermano había ganado, pero como no podía matar a la humana la haría sufrir el peor infierno de su vida y quizás así podía desquitarse y desestrezarse.
-Bien, cuidaré a la humana.-acotó mientras volvía a su trono y su expresión denotaba un claro enojo.
El fuerte y bulloso sonido chirriante que realizó la puerta al abrirse logró despertarla, o al menos sacarla de su desmayo.
¿Cuánto tiempo había pasado ya? ¿Sería un nuevo día? ¿Habría anochecido? ¡Joder! Odiaba todo aquello… ¿Por qué? ¿Por qué todo su puto destino tenía que ser tan cruel? Su vista estaba borrosa, muy seguramente a causa de que acababa de despertar.
Sin embargo logró vislumbrar una figura, una figura que arrojo algo hacía ella, y segundos después sintió un extraño aroma… ¿Era comida aquello? No fue sino hasta aquél instante que su estomago rugió, sí, definitivamente tenía hambre, un hambre terriblemente atroz y se fue, aquella figura se fue dejando tras de sí el bulloso, horrible y chirriante sonido de la puerta al cerrarse.
Lentamente trató de incorporarse, tenía hambre demasiada en realidad, era como si hubiese dejado de comer durante varios días, quizás era el miedo que la hacía sentir de aquella forma, no lo sabía; pero era horrible sentirse así.
Con lentitud entornó sus ojos, logrando vislumbrar de nuevo con claridad aquella oscura, húmeda y tenebrosa estancia, suspiró, tenía una pequeña esperanza de que todo aquello fuese una maldita pesadilla; pero el ver todo aquello de nuevo tan tangible, la hacía darse cuenta de que se había equivocado.
Sus ojos se posaron en aquél plato de comida e inmediatamente su mano fue llevada a su boca, para tratar de detener su vomito… ¿En serio pretendían que comiese aquello? Y aún peor… ¿Qué rayos era eso? Parecía carne, pero no cualquiera, sino aquella que se consigue de roedores y… demás animales rastreros.
Su estomago volvió a rugir con fuerza, no, se negaba a ingerir tal atrocidad, y ella que se quejaba de las comidas de Charlie, era preferible eso, a lo que se encontraba frente a sus ojos.
-¿Cuándo? ¿Cuándo saldré de aquí?-se cuestionó la chica, aguantando un sollozo.
Malditos vampiros, maldito destino…. ¿Tenía que ser el de ella tan cruel y despiadado?
