Tercer capítulo! y yo no tengo mucho que agregar Solo que me gustaría oír sus opiniones acerca de los personajes originales, en especial acerca de kotaro, dado que va a ser muy importante para el transcurso de la historia ¬u¬


3. La propuesta

La quijada de Jiroh prácticamente tocó el suelo incluso antes de que Gakuto terminara de contarle todo.

-¿¡Quéééééé! –resonó el grito del lirón por todo el patio del colegio y Gakuto se apresuró a callarlo con un buen golpe. –Auu...

-Cierra la boca, no necesito que todo el mundo se entere, idiota.

-Pe-pero...

-¿Pero qué? –preguntó irritado el pelicereza.

-¿Pero qué vas a hacer ahora?

-Ni idea, supongo que evitarlo... –contestó Gakuto encongiéndose de hombros y sacando unas monedas de su bolsillo.

Jiroh lo miró seriamente, como tratando de decirle algo a su mejor amigo. Este no captó nada, mejor dicho, no lo vio, sino que estaba más ocupado con el dispensador de bebidas. Una vez que tuvo su ponta se volvió otra vez hacia su lirón amigo y este puso los ojos en blanco y suspiró.

-Ambos sabemos perfectamente que no lo vas a hacer.

Aquello había sido como una cachetada para el pelicereza. Este se encogió un poco, sin saber qué responderle a su amigo. Jiroh lo conocía demasiado bien, pero ya con un poco conocimiento uno podía predecir que Gakuto siempre acababa llendo en pos de los problemas apenas estos aparecieran en el horizonte. Le habría gustado negarlo, o al menos prometer (no sabía si a Jiroh o a sí mismo) que esa sería una excepción. Pero no, ambos sabían que no sería así, que tarde o temprano acabaría otra vez confrontando al sujeto peliazul. Y lo más problable es que fuera temprano y no tarde. Ambos suspiraron, perfectamente sincronizados, y siguieron dando vueltas por el campus del colegio para hacer tiempo antes de tener que volver a sus respectivos hogares.

-Ne, Gaku, tengo también algo que contarte –dijo entonces el lirón y Gakuto lo miró curiososo. Hace mucho que Jiroh no le contaba algo de gran interés. Claro, no es que sucediera tampoco gran cantidad de cosas interesantes en su vida...

-Estoy saliendo con alguien –musitó el rubio y le sonrió a su amigo. Este alzó una ceja. ¿Saliendo con alguien? ¿Jiroh? Bien sabía todo el mundo que Jiroh no salía con nadie desde que... Bueno, para qué mencionarlo. La cosa es que no salía con nadie, razón por la cual Gakuto se sorprendió.

-¿Saliendo? ¿Con quién?

-Se llama Keigo –dijo Jiroh con tono risueño y brillitos en los ojos, algo que hizo feliz a Gakuto, pero que a la vez también le preocupaba.

-Ah... ¿y qué más? ¿De dónde lo conoces?

-Tropecé con él en la calle, en frente de la universidad.

-¿Qué universidad? –preguntó Gakuto y el rubio se rió al notar el recelo en su voz.

-La de mi hermano, Hyotei, a la misma a la que iremos también nosotros.

Ahora fue el turno de Gakuto de reírse, y lo hizo de manera tan amarga que Jiroh casi temió por que se hubiera molestado con él.

-¿Iremos? Eso si mi padre no me deshereda antes.

Jiroh suspiró aliviado, pero a la vez un poco cansado, aburrido de lo mismo que oía casi todos los días.

-Eso no va a pasar –murmruó abatido el dormilón.

-Tú que sabes –contestó Gakuto dándole un gran sorbo a su bebida-. Muere por botarme de la casa.

Jiroh puso los ojos en blanco. Sería mejor ya no seguir indagando en el tema. Entonces, se quedó parado de golpe. Gakuto se detuvo también, preguntándole qué le sucedía.

-¡Sugoi! ¡Mira ese carro enfrente de la entrada! Se ve muy costoso y bueno –comentó Jiroh, señalando hacia la calle. Gakuto siguió la dirección indicada. En efecto, ahí se encontraba un carro de marca, al aprecer nuevo también o por lo menos muy bien cuidado. Y vaya que era increíble...

-Vamos, hay que verlo de cerca –dijo el acróbata, jalando consigo a su amigo.

-Pero, ¿y si hay alguien adentro? –dudó el rubio y se talló los ojos.

-En tal caso le pedimos que nos lleve a dar una vuelta –respondió con simpleza Gakuto.

-¡Eh! ¿Es que tus padres no te enseñaron a no confiar en extraños?

-Jiroh, me acuesto con extraños. Y no, no me lo enseñaron mis padres, lo dijeron en la escuela.

El lirón cerró la boca de golpe, enmudeciendo compeltamente. Esas frases realmente solo podían salir de la boca de Gakuto. Se acercaron al carro y lo observaron de cerca. Pero de pronto, la puerta del conductor se abrió, y del medio de transporte salió ni más ni menos que Oshitari Yuushi. Gakuto, al verlo, lo miró incredulo y quiso salir corriendo, pero el adulto lo detuvo.

-Ne, Gakuto, tu padre me pidió que te recogiera, dado que no volvías y que les quería mostrar a todos el proyecto en el que estamos trabajando. Tu madre y tus hermanos ya están en la compañía.

Ninguno de los chicos dijo nada, ambos habían enmudecido. Jiroh miró de soslayo a su amigo, pero este no le devolvió la mirada, sino que la mantenía clavada en el suelo.

-¿Y si no quiero ir? –dijo entonces el pelicereza, en un tono que sonó como el de un niño pequeño al que le acaban de informar que debía ir al dentista. Yuushi meneó la cabeza.

-Vas a ir. Tengo entendido que tampoco querías ir a la cena de anteayer.

El acróbata había faltado al colegio el martes. De hecho, no se decidía si ir o no. No quería, pero tenía que hablar con alguien, obviamente con Jiroh, de lo sucedido, solo que cuando se decidió por fin por ir al colegio, ya era muy tarde. Le habrían puesto una tardanza si iba y el chico no tenía ganas de estar castigado, por lo que acabó estando todo el día en pijama y sin salir de su habitación.

-Eto, Gaku, creo que debería irme... –se excusó el rubio entonces, sonriendo nervioso ante la mirada curiosa del adulto y la asesina de su amigo-. Mamá debe de estar esperándome.

Y sin más salió corriendo, dejando atrás a un perplejo acróbata y un sonriente peliazul.

-Bueno, ya que tu lindo amigo de abandonó... Deberíamos ir llendo –dijo Yuushi y entró de nuevo al carro. Gakuto, sin quedarle mejor opción, lo siguió.

-¿Por que de pronto tanto interés por parte de nuestro padre por que estemos al tanto de lo que hace?

-No lo sé –respondió el peliazul-. Soy un genio, pero no leo mentes.

Gakuto rió con el mismo tono sarcástico de antes, cuando estaba hablando con el lirón, sin dignar al tensai de una mirada siquiera, hasta que este detuvo el automóvil en seco. Al parecer ya habían llegado al estacionamiento de la empresa. No había nadie en el lugar aparte de ellos.

-Oye, no entiendo por qué estás molesto conmigo –dijo por fin el adulto, tomando a Gakuto del mentón y obligándolo a mirarlo a los ojos-. ¿Me odias o qué?

-¡Suéltame! –protestó Gakuto, tratando de soltarse del agarre del mayor, y este lo soltó.

-Responde. –Gakuto no respondió. De hecho... ¿Por qué lo odiaba? Momento, él nunca lo había dicho ni pensado expresamente. ¿Entonces no lo odiaba? "¿¡Pero que digo! ¿En serio no lo odio? ¿Entonces por qué me... irrita tanto?" –Gakuto...

-No te odio.

-¿Ah no? Que extraño, parecía que sí –el grado de sarcasmo en su voz fue tal, que Gakuto sintió una dolorosa punzada en el estómago. "¿Pero qué...?"

-No.

-Es otra la idea que das.

-Pues mal por ti –contestó molesto el chico.

-Dios -suspiró Yuushi-. Tienes el temperamento de tu padre duplicado por cien.

Gakuto sintió ahora su sangre hervir y como el color invadía su cara.

–¡Creí haberte dicho que no quería que me compares...!

-Como digo, sigues hablándome como si te hubiera hecho algo inperdonable –lo interrumpió Yuushi sin miramientos.

Gakuto no respondió, la verdad, y ahora que se lo pensaba, es que no sabía por qué actuaba así.

–Me irritas –dijo por fin el chico alejando la mirada del peliazul-. Y además, si alguien se entera que me acosté contigo...

No terminó la frase, simplemente la dejó al aire, esperando la reacción del adulto. Este lo miró seriamente, se acomodó los lentes, y entonces suspiró.

-La curiosidad me mata... ¿a dónde les dices a tus padres que vas en los fines de semana?

Gakuto se sorprendió ante aquella pregunta, se esperaba algo diferente, aunque no estaba seguro de qué. Jugó nervioso con sus dedos.

-La verdad es que... no les digo nada. Solo me voy. Papá nunca está en casa, mamá... bueno, cuando vuelvo le digo que me quedé dormido en alguna parte.

"Vaya respuesta" pensó el tensai, pero luego sonrió maliciosamente. Alguien habría dicho que aprovecharse de la situación del pelicereza sería ahora descarado, pero para él no existían los "habría".

–Mira, si tanto te preocupa que alguien se entere de mi boca lo que sucedió el último viernes, te propongo algo.

Gakuto alzó la mirada hacia él sorprendido, sin terminar de entender.

-¿Qué?

-Una propuesta.

-Sí, sí ya sé. ¿Qué clase de propuesta?

-Una de favores...

-¿¡Eh!

-Ya oíste.

-¿Q-qué clase de favores? –preguntó Gakuto temiendo por lo poco que quedaba de su dignidad (¿tenía?) o lo que estuviese en juego ahora. Yuushi sonrió y el pelicereza sentía que se moría, sin estarse seguro si era de miedo o por esos ojos que ahora lo miraban de arriba a abajo y de manera tan penetrante.

-De los mismo que me hiciste la vez pasada.

Gakuto lo miró atónito. ¿¡Qué lo creía ese sujeto! ¿¡Una puta o qué! "¿¡Cómo se atreve!"

-Estás loco –fue lo único que logró articular, tratando de no perder el control.

-Te puedo decir con seguridad que no lo estoy –respondió con calma Yuushi y el acróbata bufó frustrado, irritado, harto y molesto, todo en la misma sartén-. Mira, algo que apresurará tu iopinión: A mí no me afecta si mi socio se entera que me tiré a su hijo.

-¿Me estás amenazando?

-Más o menos.

-¿¡Qué te crees!

-Alguien con poder sobre ti –fue la desconcertante respuesta del adulto-. ¿Aceptas?

Gakuto se lo pensó por un rato, considerando los pros y los crontras, pero al final sin reconocerlos del todo. No iba a dejar que ese idiota creyese que podía hacer con él lo que se plazca, pero por otro lado, la idea de su padre sabiendo en lo que andaba... Trató de imaginarse lo que le haría si todo salía a la luz y un escalofrío lo recorrió. Definitivamente no podía dejar que su padre supiese, ni que si quiera sospechase. Y definitivamente no podía permitir que su padre lo dejara de patitas en la calle. "Además, no es que hubiese sido malo con él" trató de consolarse el chico, pensando en su último revolcón. No, definitvamente no había sido malo.

-Ok, acepto –murmuró el chico. No se imaginaba qué vendria ahora, ni su maravillosa imaginación podía pintarse lo que tenía planeado el pervertido adulto. Porque era obvio que algo se traía entre manos y que se lo había pensado bien. Yuushi asintió satisfecho, tomó sus llaves y salió del carro, cerrándolo. Gakuto lo siguió, con cara de haber tragado algo asqueroso.

"No cantes victoria aún, Oshitari Yuushi" pensó con una amarga mueca de rencor. "A mí nadie me ha vencido nunca..."


-¡Oshitari-san! ¡Su compañía es tan genial!

Ese había sido el grito emocionado de Kotaro, quien se acercó corriendo a los dos que salían del ascensor. Yuushi le sonrió cortésmente al chico, mientras que Gakuto solo ponía los ojos en blanco. Había veces en las que su hermano realmente podía hacer el ridículo de manera casi profesional, y Gakuto se preguntaba si el menor de los gemelos lo sabía. "Probablemente sí lo sepa..."

-Gracias, Kotaro-kun. Me alegra que te guste...

-Oshitari, que bien que llegó –se metió ahora su padre-. Mire, esta es Suzume, mi hija.

La universitaria miró embobada al peliazul, quien, mirándola un poco extrañado, le dio la mano y le sonrió forzadamente.

-Se parece mucho a los gemelos –comentó y le pareció oír a Gakuto atragantarse con su propia saliva.

Kotaro comenzó otra vez a hablar como una cotorra y Gakuto se alejó de los tres, pensando en que su amadísimo gemelo se estaba afanando demasiado con el empresario. Su madre le sonrió, murmurando una pequeña disculpa por obligarlo a venir, pero que su padre estaba muy contento con el proyecto y que había puesto mucho en este. El acróbata se encogió de hombros, mas no replicó nada. Con su madre no quería ponerse pesado, después de todo, ella era ahora la única cien por ciento soportable de la familia. Su padre interrumpió en eso a Kotaro, quien seguía hablándole animadamente con Yuushi, y se puso a conversarle él mismo. Suzume se mantenía prendida de cada palabra que lograba decir el pelizul. "Dios, esta familia tiene un problema con ese idiota" pensó perplejo el acróbata y miró con disimulo a su madre. Afortunadamente, esta se encontraba muy ocupada observando el lugar, tratando de disimular su aburrimiento. "Sí, ya sé, ella también tenía cosas que hacer" pensó irritado el pelicereza y buscó un lugar donde sentarse. "Lindo en lo que me metí..." Su hermana no despegaba su atención del joven empresario, regalándole una sonrisa con extra miel, como normalmente solo le rsonreía a su novio cuando quería quedarse en casa de este. Gakuto no pudo evitar poner, por enésima vez, los ojos en blanco. Hasta su hermana había caído. "Esta tarde será eterna..."