Yo sé que me aman por actualizar rápido (menos Grabrika, que está "estudiando" dice ella), así que a cambio déjenme muchos rr ^^ este capi es algo más corto de lo que inicialmente iba a ser, porque lo corté y pegué lo que quité en el siguiente cap. pero está sufi para ya subirlo n_nU

¡Amen a Kotaro! ¡Recuerden que proviene del mismo gameto que Gaku! ;A; *random*


16. Escape

Cuando despertó, afuera todavía estaba oscuro y las luces del alumbrado público seguían encendidas. Bajo las sábanas todo se sentía cálido. Sus brazos estaban alrededor del menudo cuerpo de su novio, abrazándolo por la cintura. Su cabello cereza le hacía cosquillas en la nariz, pero olía tan bien para él, que no quería apartarse. Lo abrazó un poco más fuerte, inhalando profundamente todo lo que lo rodeaba, como si quisiese beberlo todo. Gakuto se removió, soltando un quejido, un murmullo y luego un pequeño ronquido. A diferencia de lo acostumbrado, sus manos no estaban frías y por ello Gakuto no se estremeció cuando lo sostuvo por la cadera.

-¿Ya estás despierto? -susurró en su oído suavemente, a lo que Gakuto se removió una vez más-. Gaku...

-¿Qué? -bufó este, mas no sonó lo suficientemente amenazante debido a que susurrada y aún estaba bastante adormilado.

Yuushi sonrió, besando con lentitud su níveo cuello. Gakuto ronroneó contento, disfrutando de las sensaciones que nacían en su estómago. Percibió como las manos de Yuushi acariciaban con parsimonia su vientre, su aliento se resbalaba cálidamente por sus hombros húmedos por el sudor. Hacía demasiado calor. Las ventanas estaban abiertas, pero apenas corría viento. Aún así no quisieron separarse.

-Cerecita -murmuró besando su nuca-. Te amo.

Una pausa se interpuso entre ambos. Se removieron las sábanas, rozó piel, Gakuto tragó.

-Yo a ti -susurró casi imperceptible.

Yuushi sonrió.

-Gakuto -susurró nuevamente, a lo que Gakuto respondió con un perezoso gruñido-. Me voy a tomar hoy el día libre.

Gakuto primero no respondió nada, pero luego de unos segundos mudos se revolcó bajo las sábanas, hasta voltearse y encarar al adulto.

-¿Por qué?

-Quiero ir a la playa -contestó simplemente Yuushi y Gakuto frunció el ceño-. ¿Vienes conmigo?

Gakuto asintió lentamente.

-¿Por qué de pronto a la playa?

-Quiero -dijo el adulto-, y estoy seguro que no te importará desaparecer otro día más del panorama paterno.

Gakuto soltó una risita, sabiendo que era verdad.

-Entonces... ¿A qué playa?

-No lo sé, a cualquiera -dijo Yuushi inclinándose a besarlo-. Mientras estés tú...
Gakuto puso los ojos en blanco, pasando sus brazos por el cuello de su novio. Sus labios estaban secos, igual que los suyos propios, pero se sentía bien tocarlos de esa manera. Se sentía bien cada vez que Yuushi lo besaba... Se sentía mantequilla pura y Yuushi era el microondas. Lo deshacía por completo.

Duraron varios minutos simplemente besándose de esa manera, sin profundizar demasiado. Cuando Yuushi se separó de él, Gakuto se relamió. Parpadeó, bostezó y Yuushi se rió. Le acarició la mejilla y Gakuto se sonrojó, pero de alguna manera logró no desviar la mirada.
Afuera ya comenzaba a aclararse el cielo y los primeros pájaros de hicieron oír.

-No quiero levantarme aún -murmuró Gakuto volviendo a bostezar.

Yuushi alzó una ceja.

-Nadie dijo que lo hicieras...

Gakuto se estiró, desperezándose y removiéndose inquieto en la cama. Yuushi lo observaba.

Le costaba creer lo enamorado que estaba. Cuando el señor Mukahi le habló de Kotaro, de que buscaba un trabajo de verano y que estaba interesado en lo que él hacía, no había pensado mucho. Pero una vez que comenzó a tenerlo más cerca, se dio cuenta de por qué Gakuto siempre parecía incómodo cuando se hablaba de su hermano. Podía notar muy bien las discretas miradas que el menor de los gemelos no paraba de lanzarle, aunque al principio se negaba a creerlo. Luego ya era demasiado obvio como para que una persona racionable como él se diese de negar cosas innegables. Kotaro lo quería lejos de Gakuto. Puesto que lo sabía no le había preocupado demasiado. Sabía que Kotaro, a diferencia de su hermano, era mucho más de tomar caminos elaborados pero efectivos, pero la verdad que no le preocupaba. Lo que no pensó sería que a Gakuto sí. No se le ocurrió que podría sentir celos o que llegara al extremo de acusarlo de no sentir absolutamente nada por él. Para Yuushi ya todo había estado aclarado. Al parecer Gakuto era de las personas que necesitaban que constantemente se les dijese que seguías amándolos.

Tendría eso en mente.

Suspiró, volviendo a acurrucarse al lado de Gakuto, y cerró los ojos.

:-:-:-:-:-:

-¿No crees que deberías llamar a tus padres? -preguntó el adulto horas más tarde, cuando ya querían salir-. Solo para que sepan dónde estás...

-¿Le llamarás a Kotaro para decirle que hoy no trabajarás?

Yuushi negó con la cabeza.

-No, a Tomoka -dijo con una pequeña sonrisa.

Gakuto se mordió el labio inferior, nervioso, y recibió el teléfono que le estiró Yuushi. Observó casi con recelo como el adulto abandonaba la estancia. Tras pensárselo unos segundos, marcó el número de su casa.

-Aló?

-Kotaro? Pásame a mamá.

Demonios, de todas las personas que vivían bajo ese techo...

-Está durmiendo -respondió Kotaro con esa voz devastadora, a lo que Gakuto frunció el ceño irritado.

-Mentiroso, ya pásame...

-Te he dicho que está durmiendo, y papá ya ha salido, igual que Suzume. A diferencia de ti, yo no soy un mentiroso.

Gakuto tuvo que tragarse toda la ira que sentía en ese momento, cerrando los ojos e imaginándose como asesinaba lenta y dolorosamente a su hermano.

-Bien, como sea, dile que estoy en casa de Jiroh –dijo finalmente, haciendo un esfuerzo por no rechinar los dientes.

Pudo jurar que al otro lado de la línea, Kotaro fruncía molesto el ceño.

-Jiroh? -siseó-. ¿Y me tachas a mí de mentiroso?

Gakuto suprimió una risa sarcástica.

-No estoy mintiendo -musitó-. Estoy en casa de Jiroh.

-Ajá, Pinocho.

Le deleitaba el que ambos supieran la verdad y aquello molestase tanto a Kotaro. Pero no lo admitiría abiertamente, tampoco quería correr riesgos.

-Bueno, entonces nos vemos -terminó de musitar Gakuto contento-. Por cierto, estaré fuera todo el día.

Y colgó satisfecho, saboreando aquella pequeña victoria. Pero luego la sonrisa se le esfumó. Miró el teléfono por unos segundos, rememorando un número específico, y luego marcó. El teléfono sonó por varias veces, hasta que llegó el buzón de voz. Maldijo e intentó una vez más, teniendo esta vez éxito.

-Jiroh?

Un gruñido dormido le llegó a oídos desde el otro lado de la línea.

-¿Estás vivo?

-Sí... ¿qué diablos quieres a estas horas?

-Son las diez y media...

-Son vacaciones de verano.

Gakuto rodó con los ojos.

-Necesito un favor.

-Lo supuse -contestó el rubio, quien aún no estaba del todo contento con su amigo-. ¿Qué pasa? ¿Sí estabas embarazado?

De no haber sido por el mal humor, Gakuto se habría reído, pero desde aquella conversación con su amigo, hasta el pensar en él le irritaba y pensaba que aquello era mutuo.

-No, claro que no -gruñó-. Necesito que me cubras un día.

Un suspiro se oyó y ruido de sábanas.

-¿Cubrirte? ¿En qué?

-Me iré a la playa con Yuushi, solo necesito que, si mis padres te llaman, les digas que estoy en tu casa -explicó el acróbata como si le estuviese recitando una receta de pasteles.

Jiroh bufó.

-De ninguna manera -declaró molesto-. ¿Qué me crees? ¿Dónde estás ahora?

-En su casa, maldita sea, Jiroh. Se está tomando el día, y además, me debes este favor.

-Recuérdame por qué motivo.

-La cena con Atobe en su humilde pizzería, baboso -le espetó Gakuto impaciente.

Jiroh suspiró.

-Gaku, no...

-Iré aunque no me cubras.

-Ok -se rindió el rubio en un suspiro-. Lo haré.

Gakuto hizo un gesto de victoria, cerrando el puño emocionado.

-Gaku...

-Dime.

-No hagas estupideces, en serio -murmuró Jiroh preocupado, cosa que Gakuto notó.

Se sintió algo mal por su amigo, sabía que nada era por molestarlo, que lo que hacía o decía era realmente porque le preocupaba. No entendía como hacer que comprenda que no había por qué inquietarse. Yuushi lo amaba, Yuushi lo amaba, Yuushi lo... Eso.

-Descuida, Ji -respondió tratando de tranquilizarlo-. No pasa nada.

Y colgó.

-Exactamente -gruñó Jiroh frustrado, mirando el teléfono muerto-. No pasa nada.

Gakuto suspiró.

-¿Listo? -preguntó Yuushi entrando de nuevo a la sala con una mochila.

-¿Qué traes ahí? -quiso saber Gakuto al verlo.

-Nada, solo unas toallas y algo de dinero.

Gakuto alzó una ceja, mas no dijo más. Le gustaría haber traído consigo algún traje de baño, porque hacía un calor insoportable y el agua fría le tentaría, pero no quería arriesgarse a volver a su casa. Suspiró.

-¿Estás llevando ropa de baño?

Yuushi negó.

-No pienso meterme.

Gakuto soltó una risita, dejándose caer entre los cojines del sofá. Yuushi se le acercó, arrodillándose a la altura de su cabeza. Gakuto le sonrió, cerrando los ojos para poder sentir mejor sus caricias.

-¿Estás muy enamorado de mí, verdad? -susurró el adulto burlón en su oído, mordisqueando el lóbulo y bajando luego con la boca por su cuello.

-Idiota -bufó Gakuto, a lo que Yuushi se rió y se separó de él de golpe cuando detectó las intenciones de golpearlo del adolescente.

-Vamos –dijo tomando su mano y levantándolo- antes de que cambies de opinión…


No podía aceptarlo así sin más, eso era impensable. ¡No, no, no, no había forma! ¿¡Cómo se atrevía luego de...! No, debía tranquilizarse, él sabía que no tenía caso molestarse si debía tenerlo asumido, a pesar de que había tenido la secreta esperanza de realmente darle un escarmiento a su hermano el día antepasado y que lo dejase todo tirado. Pero no, el muy idiota se fue directo donde el empresario y este de seguro que estuvo feliz. Dios, hasta podía imaginarse toda la escena melosa de celos de Gakuto. Porque Gakuto era celoso al extremo y Kotaro debería haberlo sabido.

No sabía cómo ese detalle se le pudo escapar de esa manera.

Odiaba admitirlo, pero sería mucho más difícil. En ese momento hasta parecía imposible tomarse al adulto para sí. Lo quería para él y que nadie más lo mirase o lo tocase. Y su hermano tenía todo lo que él quería. Siempre había sido así, pero por qué también con Yuushi? Podía aceptar que tuviese más amigos que él, el carácter que él quería. Quería poder ser abierto ante sus padres, pero solo Gakuto y Suzume lograban eso. Y Gakuto parecía siempre llamar más la atención que él.

Pensó en el trato que le daba Yuushi a él. Era amable, respetuoso, incluso considerado, pero así era con todos en la oficina, no necesitaba ser muy observador para notarlo, y Kotaro era sumamente observador. Podía ver que la única persona con la que se daba el lujo que no ser así, era Tomoka, su secretaria, y sobraba decir que ella era la única cercana a él. Se sentía frustrado, más aún porque últimamente el adulto siempre andaba de buen humor, cosa que le hacía pensar que con Gakuto todo iba de maravilla.

Asco de vida.

Pero una vez más, la fortuna quiso darle una oportunidad, y para variar la ayuda había venido de parte de sus progenitores. No era que no hubiese ya tenido la idea él, pero no estaba muy seguro de su excusa, cuando su madre le dio la excusa perfecta para salir de casa.

-¿Kota, puedes por favor ir a casa de los Akutagawa a llevarle a tu hermano su teléfono? Sabes que no me gusta que esté incomunicado.

Kotaro había asentido, tomando el teléfono que su madre le extendió. Probablemente lo había sacado de su habitación, obviamente sin su consentimiento. Sin más, metió el pequeño aparate en su bolsillo, diciendo que saldría en cuanto terminara de limpiar su habitación.

Y así lo hizo. Salió casi corriendo hacia el hogar de los Akutagawa y llegó sin aliento, respirando con dificultad. Su mirada subió por el jardín delantera, por las escalinatas y se quedó ante la puerta, seguida por su cuerpo. Sin embargo, no llegó a tocar el timbre, dado que la puerta se abrió sola bruscamente. Bueno, no sola, porque de la casa salió un molesto estudiante universitario.

-Sí, sí, Jiroh Ore-sama está bien, ¿¡pero se puede saber qué diablos tiene tu amigo en la cabeza!

Detuvo de golpe tanto su andar como su hablar al notar a Kotaro parado delante de él a pocos centímetros.

-Ah, Gakut...

-Kotaro -lo interrumpió irritado-. Yo soy Kotaro. Gakuto es mi hermano.

Atobe alzó una ceja, volviéndose entonces otra vez hacia el nervioso Jiroh.

-Te llamo más tarde.

Jiroh sonrió, todavía conmocionado, pero contento al oírlo.

-Claro.

Kotaro lo observó con curiosidad, siguiendo a Atobe con la mirada cuando se fue.

-¿Tu famoso novio? -dijo entonces volviéndose hacia el rubio, quien asintió.

-Ahm, sí... ¿Gakuto te dijo?

Kotaro negó.

-Todo el colegio lo sabe -explicó, a lo que Jiroh torció la boca.

-Y hablando de mi hermano -continuó el acróbata-, por lo que veo no está aquí...

Jiroh tragó, debatiéndose entre sus opciones. Podía mentir y negarlo, pero Kotaro podría insistir en pasar y confirmarlo. Se odió en ese momento por haber aceptado cubrir a su amigo.

-No lo digas -susurró apenas, jalando a Kotaro hacia el interior de la casa-, por favor...

-Está bien -contestó Kotaro fresco como una lechuga-, pero a cambio quiero saber dónde está exactamente. Ya sabes, dirección y eso...

-No lo sé -murmuró Jiroh un poco consternado-. Él solo dijo que iría a la playa y... nada, no dijo nada.

Kotaro sonrió.

-Ah, no me digas -canturreó-. Jiroh, yo no nací ayer.

-¡Es la verdad! Yuushi se tomó el día libre para estar con él y...

-Ok, entendí -lo interrumpió Kotaro, sin querer oír cómo su hermano le volvía a ganar.

Luego sonrió.

-Veo que estás solo... ¿Acaso se interrumpió algo con tu novio? Ya sabes...

-No -dijo Jiroh firmemente-. Y si fueras tan amable de irte ahora, te lo agradecería mucho.

Kotaro frunció el ceño, pero luego solo bufó, se dio media vuelta y volvió a salir por la puerta principal.

Una vez en la calle, gruñó para sí y echó a andar.

-¿¡Maldito, cómo se le ocurre! Irse así sin más y decir que está en casa del lirón ese... ¿Pero qué cree? ¿Que voy a caer en ese cuento?

Bufó ofendido, metiendo las manos en los bolsillos de sus shorts, cuando entonces se quedó parado de golpe. Tomó algo, lo sujetó con fuerza y lo sacó. El celular de Gakuto.

Y sonrió.