Otros mataran y destruirán todo a su paso, sin poder contenerse por esa insaciable sed que domina sus vidas.
MASACRAR
Había empezado como una peste. Una mujer que trataba de escapar de la cárcel fue mordida por una criatura mientras se internaba en el bosque. Sus gritos alertaron a los guardias, que se acercaron justo a tiempo para ver a esa cosa huir. Algunos juraron que tenía forma humana, pero fue tan rápido que nadie podría haber descrito que era, así que el informe oficial habló de un lobo enorme. Llevaron a la mujer que gritaba y se retorcía en lo que parecía un ataque de histeria, la encerraron de nuevo y ordenaron meterle tranquilizantes. Pero nada, ni la droga más potente, pudieron detener las contorciones y los gritos.
Pasaron tres días…
La mujer salió de la celda derrumbando la pared. Pálida, fuerte, invulnerable. No hubo fuerza humana que la contuviera. Golpeó a todo el que se le cruzó delante, hasta que aventó a un doctor contra una ventana. Las heridas del hombre la detuvieron, y ella olfateó al aire la apetitosa fragancia, antes de saltar a lamer la sangre, clavarle los dientes, devorarlo guiada por el instinto. Cuando hubo bebido toda su sangre escuchó el grito de una enfermera, y la trató de devorar, pero hubo más gritos y fue pasando de mujer a mujer, devorando o solo mordiendo, sin detenerse a pensar en lo que hacía.
Ahora estaban completamente fuera de control. En la penitenciaría salvadoreña estallaba el caos. Todas las presas corrían desesperadas, gritando por socorro, pero ellas eran más rápidas, chorreando sangre saltaba y devorando todo a su paso. Las agarraban por la espalda y no había forma de quitarlas de encima, ellas las apretaban en un abrazo que les destrozaban los huesos y las chupaba hasta desangrarlas. Las policías trataron de detenerla, pero ellas eran más fuertes, las balas no les hacían nada, el gas solo las ocultaban, las bombas explotaban pero ellas las esquivaban y en su frenesí saltaban de mujer a mujer, devorando, desangrando, destrozando.
Ya nadie trataba de enfrentarlas, todos corrían para tratar de ponerse a salvo, pero no podían escapar.
Al final, de las doscientas mujeres del penal no quedaba más que una pila de cadáveres...
Gracias a loreandcayovolturi y a Lidia por sus reviews.
