Y aun a pesar de todo lo anterior, o quizá debido a ello, siempre existirán quienes lo harían todo por pertenecer a este bajo mundo.

PACTAR

(Epílogo)

Isabella Marie Swan se mordía el labio inferior mientras miraba a su prometido, sin saber si reír o llorar: había aceptado casarse, había accedido a cada una de las extravagancias de Alice, se había probado el vestido y los zapatos de tacón, salía a la calle en un bunker en miniatura, usaba su nueva tarjeta de crédito, había aceptado que pidiera su mano con Charlie… ¡incluso había ido con Renee! Era muy incómodo para la joven pero estaba cumpliendo con su parte. Sin embargo cuando se trataba de la de Edward este se mostraba muy indeciso.

—Un trato es un trato—la humana le recordó, mientras daba vueltas a su anillo de compromiso. Pero solo le bastó ver la expresión del vampiro para saber que él aún no estaba seguro.

Edward no sabía cómo salirse del tema: si bien era cierto que ella estaba cumpliendo con el trato, él no deseaba hacerlo. Ella podía tener una idea, gracias a su conversación con Carlisle, de las razones que lo impulsaban a dudar, pero el vampiro sabía muy bien que su prometida aún no lo entendía, por el contrario, sabía para ella su actitud ya era caer en la necedad. Una vez más trató de explicarle.

— ¿No has pensado en las consecuencias? ¿En los tres días de quemarte, o en la sed? ¿En qué tendrás que renunciar a todo?

Bella bufó molesta, ya sabía que Edward tocaría ese punto. Pero a su forma de ver eso solo era un pequeño sacrificio, y a cambio ganaría mucho más: sería fuerte, sería ágil, no envejecería, sería una Cullen por completo, y lo que era más importante, ni ella ni Edward tendrían que volver a separarse. La oveja no volvería a estar en peligro y el león podría estar tranquilo. Se acercó lentamente a Edward y le abrazó mientras recargaba su cabeza en su hombro.

—Recuerda Edward, lo prometiste.

Se hizo un momentáneo silencio. Si Bella fuera quien pudiera leer la mente habría escuchado como él pensaba en su alma, todavía pura e intacta, y en como con una mordida esta se corrompería. Pero realmente la humana no necesitaba de un poder especial para darse cuenta, ya que pudo ver el eco del miedo en los ojos de su amor, y le dedicó una sonrisa. El abrazo se transformó en un tierno beso, y antes de que él pudiera separarse para protegerla Bella se aferró más a su cuello, sin embargo y a pesar del gesto Edward se interrumpió, sabiendo que si continuaba sería aún más difícil. Pensó en disculparse, cuando observó que ella no estaba molesta o frustrada: esta vez no podía estarlo, ya que supo que pronto se uniría a él, y por fin podría ser una de ellos.

Por fin nada los iba a separar.