La solitaria mansión en Westchester estaba iluminada solamente por los rayos de aquel tímido sol que intentaba imponerse contra la neblina matinal, provocando que casi no se viera nada en los inmensos jardines que rodeaban la escuela, y los pasos agotados de una pareja daba un aspecto desolador a todo lo que envolvía ese momento. El rechinido de la puerta, el sonido hueco de los borcegos al pisar el suelo del salón principal, y el estrépito de los sillones y los apresurados corazones al correr. La cara de angustia de un enorme ser, que miraba como niño pequeño rogando pro una respuesta.

-¿La encontraron? – dijo desesperado, pero nadie le contestaba. – Por favor, ¡Digan algo! – El humo de un habano comenzó a ascender para tocar el techo, llenando de neblina lentamente la estancia, y los borcegos comenzaron su andar alejándose de la sala. - ¡Laura!

-¡Déjala! – respondió una mujer pelirroja con una colleja al inmenso muchacho. - ¿La ves? – prosiguió molesta.

-N-no, pero es que…

- Mira niño. – interrumpió Logan después de exhalar una enorme bocanada de humo. – Estas preocupado, lo entiendo, todos lo estamos, ahora haznos un favor y cierra la maldita boca. – Las cosas estaban mal, podía notarse a simple vista, todos tensos, Logan de un humor mucho peor de lo normal, Laura desapareciendo justo en el momento en que pasaba por la puerta, y en general toda la mansión había enmudecido, en parte por la falta de escándalo provocado normalmente por Sarah, y en parte por la preocupación que circulaba en todos lados. Varios días habían pasado desde que ella desapareciese y el rastro poco a poco iba desapareciendo, lo cual preocupaba demasiado a todos. Habían acordado al principio volver cada noche a la mansión, aun cuando los dos sabían que era una pésima idea, pero Rahne los convenció con la idea de que muy probablemente ella volvería. Eso había cambiado al día de hoy, después de saber que la habían tomado para el programa del arma X.

Quizás fuera la primera vez que contemplaba la X que lentamente se desvanecía de su piel con dos delgadas líneas rojas que escurrían como pequeños riachuelos, quizás fuera la primera vez… la primera en darle importancia… la primera en no satisfacer al vacío… entonces alzó la mirada solo para encontrarse a ese espejo delator que la estaba juzgando en cada segundo, vio su reflejo… sereno, completamente ausente de toda emoción humana, y pensó que eso estaba bien, a pesar del torbellino que sacudía a su corazón . Quería romperlo, hacerlo añicos y sentir en su puño los cientos de pedazos afilados del cristal enterrándose en sus dedos, pero no era práctico y no podría resolver nada, lo único que podía realmente hacer era salir nuevamente y encontrarla, y en esta ocasión no volver hasta tenerla con ella.

Miró su reflejo una vez más para asegurarse de que era el que ella necesitaba mostrar, y ahí lo encontró igual de impasible como la última vez que miró, y le causó cierta incomodidad, pues su olfato estaba saturado por la sangre y el miedo que ella misma había dejado escapar. Abrió entonces la puerta para irse de allí con toda la velocidad con la que pudiese acceder sin parecer demasiado apresurada, o en este caso, desesperada.

-Laura… - escuchó decir.

-No quieres saber la respuesta Hannibal. – No lo había percibido, era tal vez la primera vez en que sus sentidos la habían defraudado, y recordó las palabras de Logan.

-N-no, no se trata de… de eso. – no sabía por donde empezar sin ocasionar en Laura una de esas sensaciones incómodas que ya bien conocía. – Yo… quiero ayudar.

-No, ya te lo he dicho, no estás listo para esto, nos estorbaras, harás que te maten y Rahne jamás nos lo perdonara.

-¡Pero no puedo quedarme aquí sin hacer nada! Sarah está… diablos, no se ni siquiera eso. – Se escuchaba la frustración en su voz, una desesperación similar a la que Laura tenía que soportar, y tuvo que voltear a verlo para comprender. Allí estaba, esa mole de casi dos metros, rubio, con la cara de su padre pero sin la malicia que caracterizaba a Victor Creed, cuando ella miraba esos gestos solo podía ver en el rostro del muchacho a Rahne, y eso la llegaba a tranquilizar pensando que Hannibal no era el monstruo que su padre era.

Y estaba asustado. Delataba el cariño que tenía por su hija.

-No puedo ponerte en riesgo, Sarah no querría eso.

-Tampoco puedes detenerme, y no quiero pensar en lo que Sarah querría, quiero rescatarla tanto como ustedes. – Se acercó desafiante, y demasiado, era orgulloso.

-Puedo detenerte, puedo hacerlo de treinta formas distintas y sin que tengas oportunidad de lastimarme con severidad. Lo que no puedo hacer es sacrificar al hijo de mi amiga para encontrar a mi propia niña, no lo hare, y no quiero utilizar una de esas formas en ti.

-Laura…

Snikt.

-¿Quedó claro? – Era la primera vez que tenía que intimidar al muchacho, y estaba segura que afectaría la relación que él tenía con su hija, por un momento se sintió arrepentida por ello, pero pensó en la forma tan sencilla en que Logan podía hacerlo sin sentir ningún remordimiento, eso le dio fuerza.

-S-sí…

-Perfecto. – dijo, antes de desaparecer por el pasillo en dirección a la salida, mientras Hannibal la miraba impotente, presionó la quijada mostrando una hiera de bestiales dientes, y sus manos, antes de romper la pared de un golpe, se llenaron de bello y unas enormes garras.

-¿Volverán a irse? – Rahne Sinclair no había parado de comer en todo el día, y agradecía que sus uñas no recibieran ningún maltrato hasta ese momento, claro que hubiera querido decir lo mismo de la nevera y las alacenas, pero la caja de galletas vacía en la mesa decía todo lo contrario.

-Sí.

-¿Y a donde irán ahora?

-Al primer lugar del que tengamos conocimiento.

-Logan… - Por un momento la comida quedó a salvo, mientras Rahne tomaba sus rojizos cabellos en un gesto de angustia.

-Solo tenemos una pista, si es que podemos considerar eso a algo que temíamos, si tanto te interesa saberlo no tenemos idea de hacia a donde iremos. – gruñó.

-Yo podría… ya sabes, hablar con él, tal vez sepa algo.

-¡Y tal vez el padre de tu bastardo se ría en nuestras caras! – rugió en esta ocasión, con los ojos inyectados en sangre.

-Solo… solo olvídalo ¿Quieres? – se disculpó, pero no sirvió de nada, Logan ya había desaparecido.