Esta pequeña obra forma parte de una idea mayor que aun no ha cobrado forma. No sé si la voy a desarrollar alguna vez o si cuando lo haga se parecerá a esta suerte de "spin-off".

A quien se pase por aquí a leer: no esperes un desarrollo detallado de la historia, más bien es un "esqueleto" centrado en Atobe a lo largo de los años. Quizás con el paso de los capítulos parezca ooc, pero realmente no creo que él sea ese niño narcisista y arrogante todo el tiempo, ni lo sea por el resto de su vida (de hecho no pude ver nada de eso en el anime de la copa U-17). Después de todo, sería muy tonto pensar que una persona es la misma siempre a lo largo de su vida, hay cosas que quedan sin dudas, pero también hay mucho que cambia, por el simple hecho de crecer. En fin, espero que gusten de la lectura.


Cap. I - El Sol encandila, la Luna cautiva.

Tenía 12 años cuando la vio por primera vez. Almorzaba con Mukahi, Shishido y Akutagawa en una mesa junto a la ventana. Buscaba al trío para pedirles sus talles, debía encargar los uniformes para los nuevos titulares del club. La había creído gemela de Mukahi, mismo cereza en el cabello. Se la presentaron, Oyuki era la hija de Sakaki-sensei, él se presentó a sí mismo con una floritura, su más encantadora sonrisa y el Ore-sama característico… Ella abrió los ojos (impresionantes, por cierto) con un mohín de su boca y dijo al universo ¡Qué engreído! a lo que Shishido y Mukahi rieron sin disimulo. En aquel entonces lo fastidió sobremanera… al recordarla años después se admitiría que su expresión fue condenadamente adorable.

Era rara, esa fue su primera impresión. En principio, no lo adoraba, ni siquiera se sonrojó al verlo como las otras niñas de la escuela, más bien lo miraba con la curiosidad de un niño que examina algo desconocido, era incómodo. Rival académica nada desdeñable, peleaban siempre cabeza a cabeza por el primer lugar en el tablero de los 50 mejores alumnos. Él le sacaba ventaja en las clases de matemáticas y japonés clásico, ella se tomaba cumplida revancha derribándolo en la clase de esgrima con una naturalidad humillante y corrigiéndolo en las clases de Griego, con eso peleaban por las centésimas que marcaban la diferencia entre el primer y el segundo lugar. Sabía por Jirou que ella jugaba al tenis, y que bien podría ser titular del equipo femenino de la escuela, cuando se lo preguntó ella le contestó, con la sonrisa más cínica que recuerda, que no quería engrosar las filas de sus admiradoras. Hablando con sus palabras, no sabía si era ella "estimulantemente odiosa" u "odiosamente estimulante".


El próximo capítulo de este "extraño boceto" lo voy a subir la semana que viene así me da tiempo de ir puliendo los capítulos centrales.