-¡Emilie! ¡Robbie! ¿Dónde diablos se han metido? – todo había ido bien hasta el momento, habían seguido las indicaciones al pie de la letra. ¡Por Dios! Juraría que sería exactamente lo que Logan haría.

-Oh… Por… Dios… - me di un fuerte golpe en la frente con la palma de la mano, entendiendo el inmenso error que había cometido. Nos había entregado al abuelo en bandeja de plata, si se tardó fue porque los desequilibramos un momento haciendo las cosas a su manera, y bien a la primera escapada de esos dos para ir al baño habían desaparecido, lo que me dejaba completamente sola en este momento con quien sabe cuantos mutantes acechando entre los árboles.

-Bien… Sarah, concéntrate ¿Qué puedes hacer que no hiciera Wolverine que valga la pena intentar? – Miré a mi alrededor, ni un ruido, ningún aroma extraño, nada. – Además de rendirte ¡Boba! ¡Piensa por el amor de…! mamá…

No parecía una buena estrategia, el abuelo conocía demasiado acerca de estos lugares y mamá jamás me había enseñado algo al respecto. Todos los que conocían a ambos decían tres cosas. La primera era como podía ser que yo fuera como soy teniéndolos por familia… la segunda, como no lograban entender que fueran iguales con métodos distintos y la tercera era sobre lo extraordinarios que eran juntos… después se callaban y comenzaban a asediarme a mi de preguntas hasta que, claro, yo contratacaba.

Algo era obvio sin duda, mientras más pensara más tiempo les daba para agarrarme, y debía regresar con el paquete a toda costa, no dejaría que me vencieran. Así que…

-Bien… - me dije, y comencé a correr. Todo podía resultar demasiado fácil, en teoría, si entendía las cosas como lo había hecho, el abuelo esperaría a que yo continuara con la misión y podría esperarme para capturarme ahí y de paso regañarme por abandonar a mi equipo, y yo había actuado como él hasta ahora así que seguramente esperaría eso.

Así que comencé a buscar.

Y una vez concentrada resultó que todo se convertía en algo sumamente fácil, e incluso divertido. Me lograba mover con completa facilidad por sobre los árboles, casi no hacia ruido y llegué a acercarme demasiado a los ahora cazadores. Este fue el momento en que mamá me ayudó, me había enseñado donde golpear para dejar inconscientes a las personas… bueno, me había enseñado a… la convencí para que me enseñara a solo dejarlos inconscientes.

Pero mientras los seguía para escucharles no logré obtener nada de información, nadie sabía nada acerca de Emilie y de Robbie, y eso no me llevaba a ningún lugar, y además algo andaba mal…

-Hola. – me dijo alguien detrás de mí, tapando mi boca para que no gritara, y yo por instinto le mordí un dedo para que me soltara, brincando entonces y preparándome para golpearlo, cuando vi la cara de Hannibal mirarme con picardía.

-No deberías estar sola, dice que te están buscando pro todas partes.

-¿Yo? ¿!YO! – grité en voz baja. – ¡Casi me matas del susto!

-Ya… vale, no ha pasado nada ¿Eh? – sonrió burlón.

-¿Qué haces aquí? Si te ven…

-¿A mi? Ya me atraparon.

-Pero… - me cubrí la boca pro la sorpresa ¿A él?

-Logan. – dijo nada más. – Me pidió que viniera por ti, hasta me dijo como hacerlo sin que me vieras para no estropearlo. Genial ¿Eh?

-Típico… ahora quiere que nos peleemos. – refunfuñé.

-Pues tú dirás, podemos ganarnos un castigo pero valdrá la pena rebelarnos. – Sus uñas comenzaron a engrosarse.

-¿Qué? ¡No!. – le tomé la mano. – me descubrieron, así que debo pelear por mi vida. – Mi mirada se convirtió en una amenaza, una divertida, pícara y traviesa amenaza.

-Quieres decir… Tú… ¿Y yo? – estaba sorprendido.

- Son las reglas del juego, y me la debes. – Dije haciéndole recordar la vez que me estrelló contra la pared de mi propia casa por estar molestándolo, cuando apenas nos conocimos.

- Sarah, tú no… tus manos.

-¿Me tienes miedo? – contesté evitando el tema de mis garras.

-Vale… no me excederé. – se resignó-

-No… no te ¡Confíes! – Y di un salto hacía atrás pateando su mentón. Entonces caí del árbol intentando no hacerme mucho daño, y cayendo a un pequeño claro despejado para poder pelear, justo donde antes una patrulla había pasado buscándome, y torciéndome un tobillo. - ¡Maldi…! – Y arriba caía Hannibal con todo su peso, garras y hocico babeante. - ¡Asco! – grité, y logré rodar fuera del peligro, para entonces mi tobillo se sentía menos dolorido y agradecí la herencia que me permitiría correr, y así lo hice, directo al campamento y a toda velocidad. Atrás se escuchaba a Hannibal persiguiéndome a toda prisa, alcanzándome con sus largas y fuertes zancadas, y saltando detrás de mí, empujándome con mucha fuerza y apoyándose encima de mí, mostrando las fauces. Se había convertido en un enorme lobo blanco, y yo podría jurar que lo vio sonriendo, quizás estaba disfrutando esto tanto como yo. Entonces golpeé su estomago con la rodilla, quitándolo de encima por la sorpresa más que por la fuerza del golpe, una patada voló a su lupino rostro y en seguida volví a correr, buscando cualquier lugar que me diera movilidad, tantos árboles a mi alrededor me estorbaban mientras él estuviera transformado. No tardé mucho en encontrar el lugar, y él en alcanzarme, abalanzándose mientras se convertía en un hombre con enormes colmillos y unas garras tan filosas como gruesas. Y tras un rugido me atacó, desgarrando el aire con un fuerte zarpazo mientras yo giraba hacia atrás para esquivarlo como pudiese. Mi olfato sintió la presencia de los alumnos que se acercaban a ver el encuentro, nadie quería meterse y la mitad no comprendía la situación. Aquellos pocos que se animaron a intervenir fueron detenidos por el abuelo, que estaba fascinado con la pelea. Miraba cada movimiento que hacía, una copia mal hecha de la técnica que él y mamá utilizaban para pelear, con los mismos golpes pero sin la ventaja que las garras podían dar, así las patadas solo impactaban en Hannibal, que se aturdía con cada golpe. La única ventaja que yo tenía sobre él era que había sido entrenada desde pequeña, mientras él era mucha baba y fuerza bruta golpeando todo, y yo me cansaba de golpear semejante roble sin descanso, hasta que logró golpearme con tal fuerza que salí volando literalmente hasta caer en a tierra y rodar sin control. Escuché sus pasos acercarse, y mi cabeza daba vueltas, todo lo que había hecho, todos los golpes que había dado eran anda comparados con uno solo de él, y sentí mi cabeza sangrar. Me levanté, mis manos dolían, estaban enrojecidas e intente acomodarme para volver a combatir, él se acercaba a toda velocidad.

Él abuelo me dijo esa vez que pensó que al fin lo haría, que el éxtasis de la pelea me llevaría a perder el miedo y al fin podría sacar mis propias garras. Eso dijo.

Pero no fue así, me agaché y él se dio cuenta, me tomó del cuello con su enorme mano y me azotó contra un árbol cercano. Ambo estábamos agitados, nuestros corazones latían cual tambores y podíamos sentir el aliento del otro, por un momento creí que todo sería como la última vez, que estaba enojado y todo terminaría mal. Pero sonrió, y el abuelo nos separó.

-Bonito espectáculo. – Gruño. – no pensé que fueran a hacerlo, los felicitó. – Entonces Hannibal me soltó y yo volví a tocar el suelo, estaba acelerada, mucho. – Excelente trabajo los dos, ojala estos niños aprendan un poco de ustedes. – Ambos nos sonreímos y después miramos a Logan agradecidos.

-¿Entonces?

-Perdiste Sarah.

-Ah… - me puse triste.

-Pero buen trabajo si duda. – Se acercó a mí. – estoy orgulloso de ti. – y eso cambió por completo mi ánimo. Y Hannibal. – le llamó, él se acercó, arrepintiéndose cuando Logan lo agarró de la remera, bajándolo hasta su altura. – Le pones un pelo encima a Sarah sin mi consentimiento y tendré muchas explicaciones que darle a tu madre ¿Quedó claro?

Así son las noches en mi escuela… Es genial.