Disclaimer: Los personajes y la saga de "Naruto" y "Naruto Shippuden" no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto. Yo los uso sin fines de lucro, con el único objetivo de divertir a quien lo lea. La historia sí me pertenece.
Aclaración: Las actualizaciones serán de cada 3 a 4 días, en algunas ocasiones 5.
Lo lamento! Me tarde mucho más de lo planeado porque tengo muchos trabajos que hacer últimamente. Me da un poco de vergüenza poner esto sabiendo que es tan corto y me demore de más, por favor tenganme paciencia :)
HINATA & NARUTO
Frunció el ceño fastidiada, alguien estaba haciendo ruido en su cocina. Sí, su cocina, esa que ella había pagado, porque ese era su departamento, el que ella pagaba con lo que ganaba en su trabajo para demostrarle a su padre que ella era perfectamente capaz de ser independiente. Claro que aún seguía poniéndose nerviosa cuando Naruto aparecía, aún jugaba con sus dedos y se sonrojaba, pero los tartamudeos se habían reducido a ocasiones excepcionales y su último desmayo ya se había perdido en el mar del olvido. Tomó una pequeña daga, por si acaso, y salió de su cuarto en dirección a la cocina. Parecía un campo de batalla, humo nublando un poco la vista, objetos tirados por todos lados, comida en los pisos y paredes. Suspiró, contando mentalmente hasta diez, a juzgar por los ingredientes ahora dispersos por la zona, ese desastre tenía nombre y apellido, su adorable novio: Naruto Uzumaki.
- Naruto. – Habló la pelinegra. - ¿Dónde estás?
Vio al rubio aparecer de entre el humo, jugueteando nerviosamente con su cabello. Y su enojo disminuyó un poco. De cierto modo se lo había buscado ella misma por haberle dado las llaves de su departamento.
- Yo…
- Naruto. ¿Qué tratabas de hacer? – Cuestionó ella.
El muchacho balbuceó una serie de cosas inentendibles y ella comprendió que en ese estado él no podría contestar. Observó como el nerviosísimo de su novio aumentaba de manera alarmante y suspiró, tantos golpes que el pobre muchacho recibía de su amiga Sakura cada vez que se equivocaba probablemente ya lo habían dejado traumado.
- Naruto-kun, ve a bañarte, ya luego arreglamos esto.
Se quedó ahí parada hasta que escuchó el sonido del agua cayendo, proveniente de la ducha. Contó hasta diez mentalmente y suspiró de nuevo, su novio sin duda era un atolondrado, pero ella lo amaba tal cual, con sus errores y virtudes. Cerró ese par de orbes de los que era poseedora, de un morado tan claro que parecía blanco, y sonrió, recordando las tantas veces que ese rubio le había dicho que aquel par de esferas le recordaban a la luna, tan hermosa, tan etérea. Tomó un par de ramens instantáneos de la nevera y se dirigió a la habitación en donde encontró a su chico ya vestido, secándose un poco más su alborotado cabello.
- Naruto-kun.
Murmuró lo suficientemente alto para que él la escuchase, regalándole una sonrisa y mostrándole los empaques. Él le devolvió la sonrisa, cerrando sus ojos y desordenando aún más su cabello, descuidadamente. Ella sintió a su corazón bombear con fuerza, esa sonrisa de su novio le hacía sana competencia a las propagandas de Colgate; era esa sonrisa, además de su carácter fuerte que le permitía nunca rendirse lo que había logrado cautivar su corazón, hasta tal punto que el mismo ya no latía solo por ella, si no por él también, al ritmo de sus respiraciones, de él, y tan solo de él, era aquel músculo que latía desbocado en su pecho. La línea de pensamientos que cruzaba en ese momento en su mente se vio interrumpida por la sensación que esos labios provocaban sobre los suyos, inhabilitándola de mantener su mente fría, enviándola a un mundo tan mágico, tan desconocido y a la vez tan de ellos. Rodeó el cuello de él con sus brazos, notando el agarre en su cintura, pegándola más a él, y suspiró. Al diablo con el desastre en la cocina, que el ramen instantáneo quede en el olvido y que el mundo, junto al tiempo y todo lo demás, se congelen, porque ella deseaba con todas sus fuerzas que aquella sensación en conjunto con las mariposas en su estómago fuesen eternas, porque a ella poco le interesaba la perfección por la que el clan y su padre tanto la presionaban, ella amaba la espontaneidad de su novio, su sonrisa cálida, su cabello amarillo como el solo que representaba en su vida y sus azules ojos tan parecidos al cielo en donde ella podía volar libremente, como una paloma blanca cual nieve. Se separaron por falta de aire y ella sonrió contra su pecho, mientras él acariciaba cariñosamente su espalda.
- Te amo. – Anunció él como un susurro en su oído.
- Yo a ti. – Contestó ella, feliz.
Se puso de puntillas y junto sus labios a los de él nuevamente, porque si su adicción al sabor de ellos fuese comparable con algo, sería a la afición de su amado rubio al ramen. Y justo cuando aquel pensamiento cruzaba fugazmente por su cabeza se acordó de un pequeño detalle de un día atrás.
- Ni idea, probablemente Shikamaru me va a salir con que San Valentín es muy problemático. – Comentó ella, encogiéndose de hombros.
- Lo más normal sería que Sai siga algún consejo de un libro que leyó, a Gaara no puedo ni imaginármelo en una situación así; Sasuke va a salir con un ramo de rosas y su "Hmp" más romántico; Naruto llevara a Hinata a Ichiraku-Ramen por una velada de ensueño y Neji me va a salir con un discurso del destino. – Estableció TenTen, la maestra de armas.
Las risas no se hicieron esperar.
- Y el pervertido de Kakashi me regalara la colección inédita de libros Icha Icha. – Resolvió resignada Anko, una muchacha de cabello azabache, recogido en un moño que permitía huir a un par de mechones a los costados de su rostro y un flequillo irregular que resaltaba sus bellos ojos cafés.
- Puede ser. – Dijo la recién integrada. – Salvemos el día entonces.
Sonrió aun con sus labios sobre los de él y subió una de sus manos para acariciar cariñosamente el rubio cabello de su acompañante, riendo internamente por lo mucho que lo conoce y enterneciéndose al mismo tiempo por ello. Pero, diablos, que amante del ramen o no, ese hombre se había robado su corazón con una agilidad extraordinaria y ella no se quejaba, en lo más mínimo, porque él la hacía feliz con cada una de sus extravagancias.
