Disclaimer: Los personajes y la saga de "Naruto" y "Naruto Shippuden" no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto. Yo los uso sin fines de lucro, con el único objetivo de divertir a quien lo lea. La historia sí me pertenece.
Aclaración: Las actualizaciones serán de cada 3 a 4 días, en algunas ocasiones 5.
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SAI & INO
Hace rato que estaba despierta, pero se negaba rotundamente a abrir sus ojos azules y peor aún a levantarse de la cama, y es que. ¡Por el amor de Dios! Con lo cómoda que era su cama. ¿Cómo podría siquiera pasársele por la cabeza la idea de salir de ahí? Más aún cuando no había nadie que la obligase. Sí, ahora estaba sola en su hogar. ¿A qué se debía esto? Fácil, San Valentín. Sonrió internamente, la verdad es que se merecían tiempo a solas y de todas maneras así ella lograba dormir más, fue para aprovechar eso que quedó en verse con su amado pintor en la tarde y no desde la mañana, porque el descanso es sagrado. Su nariz captó el olor a vainilla, se removió inquieta entre las sabanas, luchando contra la curiosidad para lograr así mantener sus orbes fuertemente cerrados. Notó que la vainilla estaba mezclada con un aroma levemente floral, pero deshecho rápidamente ese pensamiento, tratando de caer nuevamente en los brazos de Morfeo. Su intento fue frustrado cuando su sentido auditivo el sonido romántico de un violín, suspiró rendida ante el conocimiento de su derrota, su curiosidad era ahora demasiado grande como para ignorarla. Aquel tono azul marino vio la luz por primera vez aquel día y su dueña abrió aún más los ojos, permitiendo que el azul se notara más en conjunto con la sorpresa. Se sentó encima de la cama, dejando que las sabanas se resbalasen por su cuerpo y que su largo y rubio cabello usualmente recogido en una coleta alta se separase del colchón de las almohadas para acariciar su piel en un trabajo en equipo junto a la brisa matutina. Recorrió con la mirada la habitación, redescubriendo el camino de pétalos de rosa desde su cama hasta la puerta abierta, identificándolo inmediatamente como el origen del aroma floral que se mezclaba con la vainilla.
- ¡Qué hermoso! – Susurró ella para sí misma.
Para luego continuar con su inspección. Al frente de donde estaba ella sus ojos hallaron una especie de altar improvisado, decorado con unas velitas blancas, probablemente aromáticas, dado el olor en el ambiente. Un leve sonrojo y una sonrisa radiante de la más pura felicidad aparecieron en su rostro: Un poco más arriba de las velitas más altas había un nuevo cuadro en su pared. Un dibujo a blanco y negro hecho a carboncillo; en él se observaba un par de bellas montañas de fondo vistas desde un prado en donde estaban dos jóvenes cogidos de la mano dando la espalda al observador, a la derecha estaba una chica de una larga melena sujeta en una coleta y a la izquierda había un muchacho de lacio cabello. Se acercó al cuadro, ignorando su previa terquedad por no levantarse de la cama, acarició los bordes del dibujo con la yema de los dedos cariñosamente, cuidando no dañarlo. Su sonrisa boba se ensanchó aún más al recordar.
Una muchacha rubia con los brazos en jarra y las manos posadas en sus caderas fulminaba con la mirada a un chico con la piel tan pálida que parecía transparente con un cabello lacio y negro como sus ojos a contraste.
- La verdad es que no te entiendo, Sai. – Anunció ella, visiblemente enojada.
Él simplemente mantenía su sonrisa, viéndola impasible. La rubia bufó audiblemente, el poco autocontrol que le quedaba desaparecía peligrosamente a una velocidad alarmante y al muy desvergonzado al frente de ella parecía no alterarle.
- ¡Eres un insensible! – Gritó ella. – ¡Un completo imbécil! – Gritó, roja de la ira.
- ¿Por qué? – Cuestionó él, interrumpiéndola. La muchacha cerró los ojos, consternada, respiró profundamente.
"Tranquila Ino, no lo mates" murmuraba ella para sí.
Los orbes azules se hicieron visibles nuevamente, ya más tranquilos. Dio un par de pasos hacia él y apuntándose a sí misma preguntó:
- ¿Qué soy yo para ti?
El pelinegro abrió los ojos sorprendido, pero no dijo nada. El silencio se prolongó entre ambos y la chica soltó el aire que inconscientemente había estado conteniendo. Suspiró resignada y se dio media vuelta para marcharse, pero no logró su cometido. Una mano jaló de la suya, logrando colocarla entre los brazos de un pelinegro que la estrechaba contra su pecho.
- ¿Qué… - Ella estuvo a punto de cuestionar, pero él la interrumpió.
- Mi musa.
Guardó silencio por un momento, disfrutando del abrazo que él le proporcionaba. Alzó la mirada y depositó un suave beso sobre los labios del muchacho.
- Para mí eres mi musa, mi razón de ser, mi todo. – Murmuró él en un tono de voz bajo.
Se mordió el labio inferior levemente, mientras alejaba su mano del cuadro y se dispuso a seguir el camino de pétalos de rosa en un estado de ensoñación tal que las cosas le parecían más un sueño que una realidad. El caminito continuaba hasta llegar a un estanque artificial en el jardín de los Yamanaka, junto al agua estaba parado con un leve sonrojo y notable nerviosismo un pelinegro que sostenía con fuerza un ramo de rosas. Ella se quedó ahí parada, estática, con un fuerte tono carmín en sus mejillas, su largo cabello aún suelto y alborotado, ni se había quitado su pijama consistente en un pequeño short blanco y una camisa vieja que él alguna vez le dio con ese fin. Se quedaron así un par de segundos, viéndose el uno al otro, sin mover un músculo con el canto de los pájaros y la melodía de los violines que Sai había puesto como música de fondo; hasta que ella sin previo aviso inició una carrera hacia él, pegando un salto se lanzó a su cuello, abrazándolo desde el aire y provocando así que ambos cayesen al suelo, mientras él unía sus labios a los de ella en un tierno beso que decía "te amo" sin palabra alguna. Por el rabillo del ojo ella alcanzó a ver un libro titulado "detalles para San Valentín" y soltó una risita divertida.
- ¡Lo sabía! – Dijo ella triunfante en un gritito, con el día anterior presente en su mente:
- Ni idea, probablemente Shikamaru me va a salir con que San Valentín es muy problemático. – Comentó ella, encogiéndose de hombros.
- Lo más normal sería que Sai siga algún consejo de un libro que leyó, a Gaara no puedo ni imaginármelo en una situación así; Sasuke va a salir con un ramo de rosas y su "Hmp" más romántico; Naruto llevara a Hinata a Ichiraku-Ramen por una velada de ensueño y Neji me va a salir con un discurso del destino. – Estableció TenTen, la maestra de armas.
Las risas no se hicieron esperar.
- Y el pervertido de Kakashi me regalara la colección inédita de libros Icha Icha. – Resolvió resignada Anko, una muchacha de cabello azabache, recogido en un moño que permitía huir a un par de mechones a los costados de su rostro y un flequillo irregular que resaltaba sus bellos ojos cafés.
- Puede ser. – Dijo la recién integrada. – Salvemos el día entonces.
Vio como él la observaba confuso y ensanchó aún más su sonrisa para luego besarlo nuevamente.
