Quiero dedicarle este a Beauty Little Star por comentar en todos los capis de este fic y por no matarme por mi horrible atraso en subir el anterior capi :) Que lo disffrutes!
Disclaimer: Los personajes y la saga de "Naruto" y "Naruto Shippuden" no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto. Yo los uso sin fines de lucro, con el único objetivo de divertir a quien lo lea. La historia sí me pertenece.
Aclaración: Las actualizaciones serán de cada 3 a 4 días, en algunas ocasiones 5.
SHIKAMARU & TEMARI
Bien, la cosa es simple, llana y sencilla, ella no es de romanticismos. A ella tantos corazoncitos rojos y música cursi le provocaban nauseas. No, Temari no es del tipo de mujeres que ve esas películas que destilan miel de lo dulces de Hollywood, donde el chico corre tras la muchacha, le ruega que lo perdone, la besa bajo la lluvia y los pétalos de rosa caen del cielo misteriosamente. Es decir ¡Por favor! Digan ¿Cuándo fue la última vez que algo así les paso? ¡Nunca! ¿Y saben por qué? Porque ese tipo de cosas no pasa en la vida real. Es solo basura que Hollywood nos quiere vender. Además. ¿Quién dijo que Temari quiere un príncipe azul? Ella lo que desea es un compañero, un amigo, un rival, dicho de otro modo: un igual. Vale, hay que ser sinceros, esos príncipes azules ataviados en sus trajes y mallas se ven gays, sumándosele a eso está el hecho de que la rubia no está para que la pinten de damisela en peligro o, por el contrario, para proteger idiotas que no tiene las agallas para enfrentarse a sus hermanos.
Porque claro, como todos buenos hermanos que son, Gaara y Kankuro la celan como si ella fuese a creer el cuentito ese de "cambiare solo por ti" o "haría lo que fuera solo por verte sonreír". Bien, dejemos claras las cosas, no es que ella fuese una amargada que huye del amor, por el contrario, amaba sin límite alguno a su novio, pero hay que admitir que esos chicos que tan solo te conocen de un par de días y ya te juran amor eterno son muy malos mentirosos. Es por eso que Shikamaru es perfecto para ella, no se le pasa el tiempo haciéndole promesas de amor, porque tratar de cumplirlas sería muy problemático y para ella tener que oírlas sería fastidioso. Venga, que sus "te amo" y uno que otro detalle le parecía encantador, pero tampoco hay necesidad de destilar miel. Además él fue el único que tuvo el valor de hacerles frente a sus hermanos menores. Por supuesto que le ayudo mucho el ser un brillante estratega. Dejó con orgullo que su mente divagase en el recuerdo.
Los tres hermanos de la Arena estaban en Konoha, visitando a todos sus viejos amigos. Hace ya varios meses que la cuarta Gran Guerra Ninja había acabado. El alto sonido de la música, el olor a tabaco y alcohol más las luces de colores evidenciaban una fiesta. Por todos lados había gente bailando, bebiendo, conversando animadamente o simplemente "comiéndose" uno a otro. Dos chicos caminaban entre las masas con el seño fruncido como buscando algo, el mayor tenía el cabello negro, un maquillaje morado en el rostro y se hacía llamar Kankuro; el menor era, aunque más joven, más imponente, poseedor de un llamativo cabello rojo, combinado con sus exóticos ojos verde esmeralda, de profundas ojeras; llevaba una calabaza colgada en su espalda. Tras algunos minutos de búsqueda encontraron lo que estaban buscando y no parecían muy contentos con la situación.
- Perdón si interrumpo. – Se anunció el pelinegro, con evidente enfado.
Una pareja se separó abruptamente por la llegada de los muchachos. Una rubia con su cabello sujeto en cuatro coletas observó un tanto fastidiada a los recién llegados, mientras que el chico a lado de ella tenía los ojos llenos de decisión y nerviosismo por igual.
- ¿Se les ofrece algo? ¿Kankuro? ¿Gaara? – Inició la rubia, con irritación.
Una batalla de miradas comenzó, el ambiente era tan denso que casi podía palparse y el silencio tan perturbador que ponía la piel de gallina.
- Vámonos Temari. – Exigió el muchacho mayor.
Ella sintió como sujetaban con fuerza su mano y Shikamaru la apretaba posesivamente contra su pecho.
- Ella no tiene que irse si no lo desea.
Ella abrió los ojos sorprendida y sus dos hermanos menores tensaron aún más los músculos por la creciente rabia que los invadía, producto de los celos.
- Nadie te preguntó tu opinión, vago. – Reclamó ácidamente el pelinegro.
- Cierto. – Contestó el otro. – Sin embargo, la decisión de irse o no le pertenece a ella. A menos, claro, que consideren a su hermana incapaz de tomar una decisión tan sencilla.
El rostro de ella demostraba sorpresa y luego satisfacción. Que el chico en cuestión fueses un genio estratega tenía, definitivamente, sus ventajas. Y esa estrategia en particular era simple, pero eficaz. Si Kankuro decía que la consideraba apta, le tocaría marcharse sin ella; por otro lado, si decía lo contrario, ella se enfadaría, lo golpearía e igualmente le tocaría marcharse sin ella. Sonrió, notando como su hermano se debatía entre las dos opciones.
- Temari, haz lo que quieras. – Respondió finalmente.
La pareja vio a los dos chicos alejarse, una vez los perdieron de vista ella giró, quedando frente a él y dándole un suave beso en los labios murmuró:
- Eres el primero que le hace frente a mis hermanos.
Sintió como él la estrechaba contra su pecho.
- Después de lo mucho que me costó conseguirte, no voy a dejarte ir.
Un grito la sacó de sus pensamientos, una niña en el parque a su lado pareció asustarse en la resbaladera. Ladeó su cabeza para luego continuar con su camino, no dio ni dos pasos cuando alcanzó a ver a su genio acomodado en el tejado de una casa, viendo las nubes. Cambió su rumbo para así terminar en el mismo tejado que el pelinegro, Sin decir una palabra, se acomodó a su lado, viendo las nubes junto a él, aprovechando el momento de paz y tranquilidad que le ofreció. Momentos así, en los que podían mantenerse en sus pequeños mundos individuales y al mismo tiempo eran conscientes el uno del otro, eran hermosos. No había necesidad de rosas, ni palabras espectaculares, ni regalos especiales, solo él y ella, como individuos y como unidad. Eran momentos únicos, espontáneos, que los unían, que les pertenecían y los acercaban el uno al otro.
- ¿En qué piensas?
Ella salió de su ensimismamiento, notando como él, sin siquiera mirarla había caído en cuenta de su pequeño viaje a la luna. Sonrió, de algún modo adoraba y al mismo tiempo odiaba esa forma que él tenía de leerla, cual si ella fuese un libro abierto para él. Con él no tenía secretos, él era su confidente, su pilar de apoyo, su amigo, su compañero, aquel que le hacía levantarse cuando caía y luchaba a su lado cuando fuese necesario. Sí, a su lado y no frente a ella, porque ella necesitaba alguien que pelease a su lado, no alguien que pelee sus batallas por ella. Sonrió. ¡Maldita sea! Ya sonaba como una de esas tontas quinceañeras enamoradizas, pero ¿Y qué? Ya quería ver quién tuviese el valor de decirle algo y si la persona en cuestión llegaba a pensar que saldría bien parada del asunto, era un Iluso. Vio como la miraba de reojo y decidió mandar sus pensamientos al diablo, se incorporó un poco y le robó un beso. Así fue como dio inicio un juego de lenguas luchando la una con la otra, alientos que se fusionaban y labios que se acariciaban, deshaciendo así toda la realidad que los rodeaba, creando una pequeña, pero reconfortante burbuja personal para los dos. El sonido de unos gritos furiosos, invitándolos a averiguar qué había sucedido durante su paseo fuera de la realidad. Observaron con curiosidad como una chica roja de la rabia le gritaba a su novio por vete a saber qué, mientras que el desdichado trataba por todos los medios de aplacar su ira. Oyó al pelinegro bufar a su lado.
- San Valentín es tan problemático.
Ella alzó una ceja, él podía leerla a ella como a un libro abierto, pero tampoco es como si ella se quedase atrás, lo conocía muy bien.
