Bien aquí está el capi extra que prometí :) espero que les guste :)
Disclaimer: Los personajes y la saga de "Naruto" y "Naruto Shippuden" no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto. Yo los uso sin fines de lucro, con el único objetivo de divertir a quien lo lea. La historia sí me pertenece, prohibido su uso con o sin fines de lucro sin mí previa autorización.
Aclaración: Las actualizaciones serán de cada 3 a 4 días, en algunas ocasiones 5.
SUIGETSU & KARIN
Ella estaba ahí, sentada, comiendo algo frente al televisor. Comida instantánea, por supuesto, ella no era de las que cocinaban. Sus largos cabellos sueltos acariciaban sus hombros descubiertos, pues ella seguía en su pijama: una musculosa blanca con un corazón rojo en el centro y unos pantalones holgados del mismo color. De cuando en cuando se sacudía el cabello con la mano que este provisionalmente libre, era una mala costumbre que mantenía su melena en una especie de peinado revuelto que, sin embargo, no le sentaba nada mal. Tan absorta estaba en lo que fuera que pasara en la televisión en esos momentos que no cayó en cuenta de la presencia de cierto ojimorado en la habitación. Pero como la calma era algo pasajero en la relación, pronto el silencio se vio roto.
- ¿Qué tanto ves, zanahoria?
- ¡Qué te importa, tiburón!
- ¡Te ves terrible!
- ¡Apestas!
Fastidiada le lanzó un golpe que no logró más que deformarlo por unos instantes y se marchó enfurruñada a la habitación. Él la vio irse con una sonrisa en su rostro, porque aunque jamás lo admitiría en voz alta, le encantaba verla enojada. Le fascinaba esa manera en la que cerraba sus pequeños puñitos como queriendo tener un aspecto atemorizante, sin lograrlo realmente; o esas veces en que ponía sus brazos en jarra, con sus manos sobre las caderas, tratando de acentuar más su evidente enfado, logrando, en vez de asustarlo, emocionarlo, porque ¡Demonios! Que Karin enojada y en esa posición se veía endemoniadamente sexy. Y aunque ella ni lo sospechara, era por eso que se le había hecho costumbre el pasarse el tiempo molestándola, para ver toda esa gama de emociones y pequeñas explosiones que ella tenía cuando se la provocaba. Claro está, que demás estaba decir que se consideraba el único con tal derecho, porque pobre del idiota que se metiera con su pelirroja. Evidentemente lo haría a escondidas, sin que ella se enterara, porque de lo contrario ella jamás dejaría de molestarlo con ello.
Caminó con calma hasta la habitación que compartían, porque aunque ninguno lo había declarado abiertamente, ya era una realidad. Pasaba casi, por no decir todas sus noches en ella en vez de en la suya, ya había cajones en donde había ropa de él y en el baño ya estaban sus cosas de aseo. Fue algo que simplemente sucedió, no estaba planificado, ni lo decidieron así, simplemente un día como cualquier otro cayó en cuenta que el departamento que alquilaba lo tenía como de adorno y que más del noventa por ciento de sus cosas estaban ya donde Karin. Al entrar la encontró inmersa en la lectura de una de esas revistas que a ella tanto le gustaban; aún estaba enfadada, se notaba en su mandíbula tensa y en la fuerza con la que apretaba la revista. Sonrió burlonamente, como le encantaba sacarla de sus casillas.
- Si sigues igual de chismosa, ya mismo vas a verte igual que las viejas del mercado.
- ¡Vete al infierno, Suigetsu!
- ¿En dónde crees que estoy?
- ¡Maldito tiburón!
La vio ponerse roja de la furia y de milagro logro esquivar el despertador, que fue el primer objeto que cayó en manos de la pelirroja y por tanto, también el primer proyectil. Los objetos volaban por los aires y él los esquivaba todos, haciendo, cada vez que fuese posible, una mueca burlona hacia Karin, quien cada vez estaba más roja, no solo por la rabia, sino también por el cansancio. Después de un tiempo, ella prefirió simplemente rodar los ojos y tras murmurar algo que sonó como "eres patético" se fue a pasos alargados al baño. Unos instantes después el sonido del agua cayendo llegó a los oídos de su acompañante.
El sonido de la ducha terminó y él la esperaba pacientemente recostado en la cama, viendo el techo. Cuando ella finalmente se dignó a salir, ataviada en un simple calentador y una musculosa a juego, dejando clara su intención de mantenerse en casa durante ese día en particular, él le dedicó una sonrisa. Pero a diferencia de las anteriores, esta no era ni burlona, ni altanera, era de genuina felicidad, cosa que la descolocó un poco, dejándola tiesa en su lugar, con una toalla en sus manos, semi agachada, en posición de estarse secando el cabello. La sonrisa de él se ensanchó y las mejillas de ella adquirieron un suave tono carmesí que combinaba con su melena. Él se levantó, le quitó la toalla de sus manos y jalándola de la mano la hizo erguirse para seguirlo hasta la cama, donde la tumbó con delicadeza para luego acomodarse a su lado y atraerla hacia él para que se acomodase en su pecho.
Los minutos pasaban y la camisa de él ya tenía una mancha más oscura debido al agua que escurría el cabello de ella, pero ninguno quería hablar, temiendo romper la paz de la que muy pocas veces gozaban estando juntos. No es que se quejaran, era simplemente que ellos dos eran como un huracán cuando estaban juntos, destruían todo a su paso y, sin embargo, se mantenían en una danza tan frenética como sincronizada, se entendían mutuamente aunque se negaran a escuchar las palabras del otro. Ella sonrió ante la idea, la comparación le pareció perfecta; apoyándose en su brazo se elevó unos cuantos centímetros, separándose del pecho de él, pero sin soltar el agarre que su brazo mantenía en su cintura; la pelirroja le sonrió, sincera, y con lentitud se acercó a sus labios, depositando un suave beso en ellos, tierno, tranquilo calmado. Él contestó el beso y acarició con delicadeza su espalda.
- Karin…
- ¿mm?
- Si yo fuera un superhéroe ¿tú qué quisieras ser?
- ¡Ja! ¡Sí claro! ¡Tú…
Pero se guardó la burla a la final, porque viéndolo, él estaba serio, lo que quería decir que su respuesta le importaba y eso no era común. Guardó silencio, su relación era básicamente una lucha de egos, momentos serios no abundaban y, sin embargo, ella se daba cuenta de que este en particular era importante para él por alguna razón, así que calló. Se pensó su respuesta un par de minutos y cuando finalmente se sintió conforme con ella habló.
- Pues definitivamente no sería la damisela en peligro que vos tendrías que salvar; si tú fueras ser un superhéroe, yo quisiera ser tu compañera. Aquella en la que confíes, no la que tengas que rescatar todo el tiempo.
- Entonces no serías protagonista.
- ¿Y qué? Yo quiero tu confianza, no protagonismo. Con eso me basta.
El silencio reinó nuevamente, ella se removió nerviosa en su lugar. Tal vez había dado la respuesta equivocada, tal vez de algún modo lo había ofendido. Claro, nunca lo sabría si es que no se lo preguntaba, bueno, más que preguntar, exigir. Porque ella tenía todo el derecho a saber lo que pasaba, ¿o no? Una relación es de dos al fin y al cabo y por tanto tenía tanto derecho como él de saber si es que algo estaba mal.
. Sui…
- Te quiero
- ¿Qué?
- No lo voy a repetir pelos de zanahoria.
- ¡Púdrete tiburón!
Y ahí van otra vez, porque les guste o no, son el complemento perfecto. Son un caos, cierto, pero son el uno para el otro; porque no habrá nunca nadie que pueda entender a Karin como lo hace Suigetsu, con una sola mirada, no habrá nunca nadie que pueda sacarla de sus casillas y al fin de cuentas no herirla realmente, ni tampoco habrá nunca nadie que como Karin sepa tratar a Suigetsu, nadie que logrará subirle el ánimo sin que nadie se dé cuenta ni de sus intenciones ni de que él estaba deprimido en primer lugar. Porque el amor de ellos no es como un rompecabezas en donde las piezas encajan perfectamente la una con la otra, en armonía; no, su amor era más como el de las rocas y las olas, que chocan constantemente, se rozan, y, sin embargo, tanto las rocas como las olas esperan con ansia el choque.
