Antes de comenzar, por favor considere leer las siguientes advertencias pese a que puedan incluir spoilers, esto con el fin de evitar malos ratos a personas que sean muy selectivas.
Advertencias:
KokoInu / Drakenui (establecido)
Infidelidad
Canon divergente: Arco de Bonten
Emotional Hurt/Comfort
Mutual pining
Violencia típica del canon
Confesión de sentimientos
Contenido explícito
Se sugiere Sankey (HaruMai o como le digan) y pasado Drakey
Podría haber leves menciones (solo eso) de otras ships
Mi último pensamiento consciente fue mi error más grande. Este no iba dirigido al chico que está a mi lado, sino aquel que nunca pude tener.
Jennifer L. Armentrout
Capítulo I
Cada mañana, al sentir sobre su piel la caricia de los rayos del sol que se filtran por las rendijas de la ventana, Seishu comienza un nuevo día con la certeza de que ha logrado ser feliz. Una acción tan natural ya no lo irrita como solía hacerlo antes, como cuando era solo un adolescente preocupado por asuntos de los que hoy reniega. Viejos líos sin sentido, camaradería a conveniencia.
Parpadea lentamente buscando acostumbrarse a la luz; luego, al intentar girar su cuerpo hacia el otro lado de la cama, repara en el brazo que lo aferra por la cintura. La sonrisa que le estira los labios es automática.
Sí, por supuesto que es feliz.
Y por si fuera poco el hecho de saber que estabilidad es el término que mejor define su vida como adulto, el tener a Ken Ryuguji a su lado, día y noche, constituye el complemento perfecto. Allí no le sobra nada, pero tampoco le falta. Estar con él representa el equilibrio que tantos años estuvo esperando darle a su existencia. Es saberse amado, y amar. Ser protegido, y proteger.
—Buenos días —saluda, después de escucharlo bostezar. En su intento por acomodarse en una mejor posición debe haberlo despertado.
Hoy es jueves y el verano causa estragos en aquellos que no se adaptan rápido. No es el caso de ellos, por supuesto. Hay cosas qué hacer, mucho trabajo por culminar.
—Buenos días, Seishu. —Draken deposita un beso en su cabellera rubia antes de tomar impulso para salir de la cama cuanto antes. D&D motors los espera para recibir a sus clientes—. ¿Es mi imaginación o hace calor? —le consulta, desapareciendo detrás de la puerta del baño.
Efectivamente, hace calor. Anoche Seishu se empeñó en dormir envuelto en las sábanas, ya que la temperatura era muy distinta a la que se percibe ahora. Se despide de la calidez que le proporcionaban estas junto con el cuerpo fornido de Draken, sus articulaciones crujen al estirarse y se dispone a buscar su uniforme.
Sí, es feliz.
Su ropa mantiene la misma fragancia del suavizante de ropa que la de su pareja. Lavanda y notas frutales se mezclan cada vez que inhala cerca de alguna prenda que llegue a sus manos, también hay un aroma extra que no sabe si es el de Draken o el suyo. Llevan tantos años juntos que ya no distingue entre detalles como ese. Draken huele a Seishu, y Seishu a Draken.
Comparten la ducha durante un rato, entre apoyo mutuo para enjabonarse la espalda y manos que se deslizan más allá de lo pedido. Los labios de su pareja saben a certezas, seguridad y rastros de la pasta dental que también comparten. El cuerpo se enciende con el simple roce de los dedos ásperos sobre sus caderas, los suyos se hincan con fuerza a los hombros contrarios. Ahoga un jadeo cuando el chorro de la regadera cae directamente en su erección que, a estas alturas, ya no parece del todo involuntaria.
Seishu resopla al notar que fue a propósito. Draken ha puesto distancia de por medio, sin dejar de burlarse de su situación.
—¡Eres un cabrón! —Lanza una patada que no da en su objetivo, pues aquel se protege con una toalla y se escurre a la habitación.
—Yo también te amo, Inupi. Date prisa, ¿quieres? Hoy llegan las nuevas refacciones.
Se abstiene de responder, no porque sus sentimientos no sean los mismos, sino porque ahora está demasiado frustrado por la forma en la que su pene parece no tener intenciones de volver a su tamaño normal. Y es culpa de él.
De camino al trabajo, ocupa su lugar designado en la Kawasaki Zephyr 400 de Draken; mantiene la mano derecha abrazada a su torso para evitar perder el equilibrio, y con la izquierda se cubre del sol saliente para poder distinguir las letras de la fachada de un nuevo negocio de comida rápida. Quién sabe, tal vez requieran de sus servicios cuando el trabajo los absorba por completo.
Eleva la mirada al cielo tratando de ubicar alguna nube que le dé la más mínima esperanza de que lloverá, ya sea dentro de un par de horas o al caer la noche, pero está despejado. Todo parece indicar que será solo otro día caluroso y extremadamente soleado. No le agrada, aunque no hay mucho que pueda hacer, salvo resistirlo lo mejor posible. Es afortunado al no tener que trabajar expuesto a las condiciones climatológicas.
Cuando era niño, alguna vez escuchó a su madre decir que la lluvia viene acompañada de malas noticias. Si aquello es real, entonces no le encuentra problema a que el clima permanezca así por otro lapso de tiempo. El mundo no necesita tragedias. Su vida personal tampoco.
Seishu tiene que ser feliz. Debe mantenerse en el sendero correcto, en el lugar correcto, y con las personas correctas.
—¿Qué hay para hoy? —pregunta mientras termina de barrer la entrada al local. Draken sostiene en sus manos una pequeña libreta donde registran los pendientes.
—Hmm… —Su pareja analiza el contenido en voz alta, haciendo un gesto con los labios que reaviva en Seishu las ganas de besarlo—. El señor Kimura traerá su Yamaha en dos horas para mantenimiento por garantía, luego quizá vengan los proveedores de refacciones, y antes de cerrar habrá que checar que haya quedado resuelta la falla de encendido de la moto de Mitsuya.
—¿Para cuándo agendaste la entrega de la moto de Mitsuya?
—Para mañana, ¿por qué?
—Mañana no abrimos, tenemos compromisos para la boda de Hanagaki
—Cierto. —Draken chasquea la lengua y lanza una serie de murmullos que probablemente incluyan groserías de todo tipo, pero que se niega a decir en voz alta—. Me pondré con ello y le llamaré para que venga por su moto hoy antes de cerrar.
—¿Y si está ocupado?
—Que le pida el favor a Hakkai.
Sí, puede que suene como la solución más sencilla, al menos hasta que encuentra un inconveniente más.
—Hakkai está en Francia y vendrá hasta el fin de semana —continúa recordándole para que descarte la idea pronto. Entre tanta carga laboral es normal que Draken pase por alto ciertos detalles.
—Joder, es verdad. Entonces se la llevaré yo mismo si a él se le complica venir.
Antes de que llegue el mediodía, ambos tienen las manos repletas de trabajo por hacer. Seishu quiere avanzar lo más posible en el tiempo que queda hasta la hora de cerrar, pero es necesario hacer una pausa para pedir la comida antes de que quieran almorzar. Se limpia las manos con una franela que siempre mantiene cerca por cualquier imprevisto, después toma el teléfono para revisar en las apps.
—¿Qué se te antoja? —pregunta. Su dedo pulgar deja un rastro de aceite sobre la pantalla y se maldice por no haberse ido a lavar directamente.
—El ramen de los Kawata.
—Están sin repartidor.
Escucha su risa divertida como reacción. Sabe que hace mucho que no visitan a los gemelos para platicar y, aunque él prefiere no salir tanto, contempla la posibilidad de acceder a ir pronto solo para darle el gusto a su pareja.
Al instante aparece un recordatorio que cubre parcialmente la parte superior de la pantalla de su teléfono: "Despedida de soltero de Hanagaki" puede leerse en letras negras, seguido de un emoji en forma de copa de vino. Es verdad, casi olvida que la fecha está próxima, demasiado como para evadirla. No le causa ni una pizca de emoción el tener que socializar por compromiso, no cuando podría pasársela intercalando su atención entre una buena película y las caricias de Draken bajo las sábanas.
Si le preguntaran qué prefiere, la respuesta sería bastante obvia.
—¿Vamos el fin de semana?
Seishu levanta la cabeza, encontrándoselo ya de pie cerca de él.
—No podemos. —Enseguida recibe una mirada intrigada, de aquellas que piden una explicación sin recurrir a las palabras—. Este fin de semana es la despedida de soltero de Hanagaki.
—Qué remedio, el ramen tendrá que esperar.
Por enésima vez en el día, Draken le sonríe con tanta naturalidad que le abruma y lo ciega durante un segundo. Le gusta ver cuando lo hace, la forma en la que sus labios se curvan y sus ojos se entrecierran. A Seishu le infla el ego ser consciente de que, incluso las sonrisas más bonitas de Ken Ryuguji, también son para él.
Entonces, ¿cómo podría no ser feliz?
Abandona un minuto su búsqueda con la intención de saciar las ganas de besarlo que ha venido reprimiendo desde que salieron de casa. Draken lo recibe con los brazos abiertos mientras la tarde avanza.
La despedida de soltero del héroe llorón se encuentra en pleno apogeo dentro de un pequeño bar; la renta del mismo corre por cuenta de Pah. Hay alcohol en cantidades exorbitantes, buena compañía y música agradable sonando de fondo solo para amenizar la noche.
Hacía tiempo que no se reunían así, la vida adulta difícilmente les permite darse el gusto de concretar alguna salida. Sin embargo, el motivo consigue que se olviden de que lo más seguro es que mañana amanezcan con una resaca de primera, haciendo promesas falsas de no volver a beber que no se creerán ni ellos mismos. Son hombres que rozan los treinta, pero con ganas de disfrutar como si todavía fueran unos tontos adolescentes.
Acordaron que sería una despedida de soltero bastante tranquila. Beber, conversar, y quizá bailar entre ellos si el ambiente se prestaba. Hina incluso pareció aliviada cuando le comentaron los planes que ya tenían, encargándoles de paso que no descuidaran a Takemichi, pues el chico nunca se ha caracterizado por contar con una buena resistencia al alcohol.
Las horas transcurren entre charlas en las que cada uno va contando las novedades que han ido ocurriendo en su día a día. Hakkai habla de su reciente viaje a Francia mientras rodea a Mitsuya por los hombros, y es difícil identificar si el sonrojo en las mejillas de este último es a causa de los tragos que ha ingerido, o si simplemente Shiba ha conseguido lo que lleva años persiguiendo. Nadie lo sabe a ciencia cierta, a excepción de Draken y su habilidad para averiguar la verdad con solo echar un vistazo.
Seishu siente sus dedos acariciarle el cabello y los hombros de vez en cuando. A ratos, se voltea para darle un beso corto que hace que el resto sonría y que Smiley silbe para que "dejen de comer pan frente a los pobres". Las risas del resto se mezclan con la música hasta desvanecerse de apoco.
—Anda, anda. Solo un trago y ya, Takemichi —alienta Pah, acercando la botella para rellenar las copas cuantas veces sea necesario—. Acuérdate que uno no es ninguno, dos es la mitad, y tres apenas es uno. Así que, como uno no es ninguno, ¡pues volvemos a empezar!
En medio de la insistencia y presión social, la copa de Takemichi se vacía cada dos por tres. Seishu no lo dirá abiertamente, pero lleva la cuenta de la cantidad de veces que lo ha visto beberse el contenido de un solo golpe. Su amigo no es un gran bebedor, o al menos no cuenta con la resistencia suficiente como para cometer tal osadía. De seguir así, la situación podría salirse de control.
—¡Oye, compañero! —grita Chifuyu desde el otro extremo, volviendo del sanitario—. ¿No crees que estás bebiendo demasiado rápido? Acuérdate que le prometimos a Hina que volverías en una pieza, hombre. Contrólate un poco.
—Uh, sí. Lo siento —contesta Takemichi mientras se rasca la nuca con un deje de vergüenza. El sonrojo que le cubre las mejillas podría indicar que es tarde para marcar un límite, sin embargo, siempre será mejor tarde que nunca.
A partir de ahí, da por sentado que ya no tendrá que preocuparse, porque no importa cuántos años hayan pasado, Hanagaki siempre escucha los consejos de Chifuyu. Aunque las quejas de Pah y Peh no se hacen esperar, ellos creen que no hay nada de malo en dejar que el chico se dé un gustito antes de ponerse la soga al cuello. Seishu se pregunta por qué carajos hay hombres que se casan si van a conservar tales pensamientos de mierda.
—Mira que una vez que estés casado tendrás que olvidarte de muchas cosas, o tu esposa se molestará y no habrá sexo hasta que se le pase. Si lo sabré yo. —Pah se bebe su whisky de un solo trago.
—Venga ya, dejen de llenarle la cabeza de tonterías —demanda Draken—. No les hagas caso, Takemitchy. Compartir cada día con la persona que se ama es lo mejor que puede sucederte.
Seishu aprecia la forma en la que los ojos de Draken brillan cuando se posan en él al explicar aquello, seguido por el peso de la mirada de los demás. Smiley vitorea y el resto ríe. Los brazos de su pareja lo rodean, y él lucha porque el rubor no invada sus mejillas más de la cuenta.
—¡Qué bonito es el amor! —Hakkai levanta su copa, evidenciando su ebriedad—. ¡Salud por ello!
La charla sobre beber con moderación va quedando un poco en el olvido después del brindis. Se desplazan hacia el par de mesas de billar que yacen en un rincón y en automático la competencia se torna seria. Seishu acomoda una silla para observar de lejos, no le interesa participar del juego porque, en cierto modo, le recuerda a una persona que dejó atrás hace tiempo. Adoptar el papel de espectador le parece mejor opción.
Su pareja y Mitsuya forman un dúo imparable que arrasa con todos los demás, pero Pah y Pehyan son demasiado tercos como para aceptar que es momento para darse por vencidos. No ganarán esta noche. Es posible que ninguna otra en el futuro.
Mientras la mayoría se divierte viendo a los cuatro jugar, Seishu se levanta para servirse un trago limpio, ya que tantas bebidas preparadas han comenzado a fastidiarle. Es entonces cuando se percata de la presencia de tres señoritas a punto de tocar en la entrada del bar, llevan vestidos cortos y entallados que marcan perfectamente cada uno de sus atributos. Una de ellas le hace señas para que les abra la puerta, Seishu duda, pero al final echa un ojo hacia sus amigos y luego se encamina al acceso; primero necesita saber qué es lo que quieren o si están buscando a uno de ellos en específico.
—¿Les puedo ayudar en algo? —pregunta en cuanto corre el cerrojo y desliza la puerta.
—Por supuesto, cielo —responde la del medio. Es alta, más que él, lo cual no es de extrañar puesto que calza unas zapatillas de tacón de aguja que Seishu admiraría de no ser por lo extraño de las circunstancias—. Dime, ¿está Hanagaki-san aquí?
Sus alarmas internas se encienden de inmediato.
—¿Quiénes lo buscan?
—Oh, no te preocupes por eso. Venimos de parte de un amigo, somos su regalo de despedida de soltero.
Ni bien terminan de dar la breve explicación, las tres mujeres le entregan sus pequeños bolsos e ingresan haciendo sonar el calzado. Seishu tarda en reaccionar.
—Oigan…
Sin embargo, es muy tarde para que trate de evitar que ellas lleguen hasta los demás a preguntar de nuevo por Hanagaki. Draken le pide explicaciones a través de gestos, pero no hay nada que él pueda decir al no haber tenido tiempo de indagar al respecto. Empieza a creer que hay alguien intentando sabotear la reunión, solo que le resulta difícil enfocarse en un solo nombre. ¿Cuántas sombras dejaron en el pasado? Demasiadas como para contarlas con los dedos de las manos.
Es oficial: están en problemas.
—Tranquilos, caballeros. Mis amigas y yo nos encargaremos a partir de aquí, ¿vale? —La chica de las explicaciones, que se ha presentado como Aoi, se halla parada justo en el centro del local—. Ahora, Moon, por favor encárgate de la música —le indica a otra de sus acompañantes.
Las luces principales se apagan. Aoi queda iluminada por una fila de luces que se ubican arriba. Las sospechas de Seishu van en incremento, en especial porque la forma en la que las tres llegaron a instalarse deja en claro que conocen muy bien el lugar, tanto como para que les resulte sencillo dar con enchufes e interruptores de luz. Dirige su mirada hacia Chifuyu, que está tratando de que no rapten a Takemichi, pero es en vano porque el muy ingenuo y ebrio se levanta de la silla para irse a otra que le acaba de asignar la stripper.
Sí, queda confirmado en cuanto la música cambia y Aoi comienza a moverse demasiado cerca del festejado. Por otro lado, las otras dos muchachas han comenzado a agasajar a Kazutora y Pehyan.
Muy bien, esto ya ha ido demasiado lejos.
Da un paso al frente con la intención de detener a la chica antes de que termine de desabrochar la parte trasera de su vestimenta. Draken es más rápido quitando las luces, Mitsuya la bocina, y Chifuyu al cubrir los ojos de Takemichi ya alucinado.
—Muy bien, el show terminó, señoritas —anuncia, tomando a Aoi por el brazo para guiarla a la salida. Ella se jalonea para liberarse.
—¡Pero si recién estoy comenzando con mi número!
—¿Quién te envía? —Está tratando de no sonar grosero, fallando en el proceso.
—Yo creo que es obvio, Inupi. Tuvo que haber sido alguno de estos dos depravados, solo había que ver lo a gusto que estaban —recrimina Hakkai, mirando de manera reprobatoria a sus compañeros Pah y Peh.
—¡Que no fuimos nosotros, carajo!
—No lo puedo creer, chicos —interviene Mitsuya—. Pensé que había quedado claro que nada de estas… sorpresas. Le dimos nuestra palabra a Hina, ¿lo olvidan?
—¡¿Qué parte de no fuimos nosotros no está quedando clara, bastardos?! —increpa Peh, dando un paso al frente, pese a que se tambalea por un instante. El alcohol también ha hecho mella en su sistema.
De forma oportuna, antes de que la discusión suba de nivel, Takemichi comienza a tener arcadas y Chifuyu se ve obligado a soltarlo. En segundos, el protagonista de la celebración vomita casi a los pies de las otras dos chicas que ya caminan hacia la salida para reunirse con su compañera.
Nadie puede decir que no ha sido una despedida de soltero digna de recordar.
Cuando el estado de Takemichi empeora y las strippers continúan renuentes a marcharse bajo el argumento de que ya les han pagado y son muy "profesionales", Draken confía en Seishu para que se haga cargo de ellas mientras Chifuyu y él llevan a Takemichi hasta su departamento.
Los hermanos Kawata se marchan detrás de ellos, luego Pah y Peh; pero Kazutora vacila un poco antes de retirarse también, como si no le pareciera buena idea irse y dejarlo solo en aquel bar en plena madrugada. No hay caso en que se preocupe, Seishu no tiene ni una pizca de miedo. De hecho, ocupa el tiempo de espera tras la partida de todos en acomodar lo que le es posible. Tantos hombres en un espacio reducido acaban produciendo un completo desastre, la prueba está en el reguero de copas y sillas fuera de su sitio.
Como quiera, Seishu no puede evitar seguirle dando vueltas al asunto de las strippers. Tuvo que darles prácticamente todo lo que tenía en su billetera y pagarles un taxi que las llevara a otra parte para poder deshacerse de ellas. Le resultó extremadamente sospechosa su renuencia a marcharse sin haber "agasajado" a Hanagaki, así como el que se hayan negado a revelar quién fue el supuesto amigo que las había enviado. Le parece demasiado incluso para Pah y sus excentricidades.
Descarta cada posibilidad una a una mientras se sienta junto a la barra para beber un último whisky en las rocas. Su mirada recorre el interior del bar, poniendo atención en cada elemento de decoración; es un buen lugar sin lugar a dudas. La música ha pasado a ser más suave en comparación a la de hace unas horas, no pierde el tiempo en tomarse la molestia de apagarla por el momento. Se siente bien ahí, apoyando el codo sobre la barra y agitando su bebida. Puede notar su vista nublarse de vez en cuando, lo que reconoce como una señal de que el alcohol debe estar haciendo efecto.
Parpadea cuando la puerta del bar se abre, dando por hecho que se trata de Draken, o al menos hasta que la silueta de un hombre de cabello largo y vestimenta roja lo obliga a cambiar de idea.
—Buenas noches, Inupi.
Es la voz, esa maldita voz ligeramente más grave y juguetona de lo que recuerda, lo primero que reconoce. Y no hay duda de que está en lo cierto en cuanto las luces lo iluminan por completo: Hajime Kokonoi ingresa con toda confianza en el bar, luciendo despampanante, mil veces más atractivo de lo que Seishu tenía registrado en sus memorias que era. Se trata del mismo individuo con el que pasó gran parte de su infancia y adolescencia, hasta el día en el que le anunció que seguiría su camino. Sí, el mismo al que no había visto desde entonces, salvo en sus sueños más carentes de sentido.
Koko acorta la distancia a pasos lentos llenos de seguridad, y Seishu olvida que su respiración no debería detenerse ante la presencia de una sombra del pasado. En otras circunstancias, quizá se pondría de pie para saludar, estrechar su mano, o abrazarlo tan fuerte que doce años se borren de golpe. Sin embargo, el tatuaje que Koko lleva en la cabeza se convierte en otro motivo para no hacerlo, para no mover ni un músculo y echar un vistazo más atrás en busca de otras visitas no tan gratas. Por fortuna, Koko parece haber llegado solo.
Seishu mentiría si dijera que está convencido de que ya puede bajar la guardia. No sabe qué esperar de este reencuentro.
—Así que fuiste tú —concluye impertérrito, aunque por dentro sea incapaz de definir el sentimiento que se agolpa en su pecho. Si bien ya se hacía una idea de que alguien del pasado estaba detrás del asunto (específicamente Hajime), nada como comprobarlo de primera mano—. No me imaginé que en Bonten se dedicaran a sabotear reuniones de gente común y corriente.
—A mí también me alegra verte. —Las palabras de Koko están impregnadas de ironía y acompañadas de la sonrisa cínica que lo caracteriza—. ¿No vas a invitarme algo de tomar?
—No. Mucho menos si no me explicas qué fue todo eso de las strippers y qué rayos haces apareciéndote por aquí —le reclama, elevando la voz mientras el otro termina de acercarse.
—Lo de Hanagaki fue solo un obsequio, Inupi. Por favor dime que lo disfrutó, mira que les pagué una fortuna a esas chicas para que…
—¿Para que vinieran a arruinar su despedida y ocasionarle problemas con su prometida? ¿Qué ocurre contigo, Koko? ¿Ser un criminal te quemó las neuronas?
—Calma, calma. No vine aquí para ser insultado, Inupi. —Koko se lleva la mano al pecho, en un gesto que refuerza su actuación—. Además, ¿de dónde sacas eso de que soy un criminal?
—Oh, no lo sé. Podrías preguntárselo al tatuaje en tu cabeza tal vez. ¿Crees que soy idiota?
—Ya —tararea con conformidad—. Pues ya que estás tan bien informado, deberías ser más cuidadoso con tu forma de dirigirte a mí, ¿no te parece?
—Y tú ya deberías saber que aun así no te tengo miedo. Tampoco a Mikey ni a cualquiera de sus estúpidos secuaces —explica, contando con sus dedos—. Y menos me importa que ahora vistas diferente, o que uses los accesorios más caros, para mí sigues siendo el mismo chico escuálido obsesionado con el dinero, Koko. Solo eso.
—Sí, lo que sea. —Les resta importancia a sus palabras y se acomoda justo en el banco de al lado. Le sienta bien ese nuevo tono de cabello, pero Seishu no va a decírselo—. ¿Por qué estás aquí tan solo, Inupi? ¿Dónde dejaste a tu… novio?
—No es asunto tuyo —responde de inmediato, tomándose su bebida restante sin disfrutarla realmente. Es incómodo que le haya preguntado de forma tan directa por su situación sentimental, pero, sobre todo, que esté tan bien informado al respecto.
—Bien, no me lo digas —consiente. Seishu lo observa alcanzar la botella de whisky para servirse un trago y otro para él, uno que acepta sin remedio—. Al menos cuéntame si… si te va bien o no sé, cualquier tontería de esas.
La imagen de Draken sonriendo para él cada mañana invade sus pensamientos. Revive la sensación de satisfacción experimentada hace años, cuando entre los dos consiguieron comprar un departamento más amplio. La remodelación de D&D Motors. Cada logro alcanzado a su lado.
—Mi vida se ha mantenido estable por mucho tiempo, así que sí, me está yendo bien.
No obstante, desde que Kokonoi puso un pie dentro de aquel bar, Seishu siente que el suelo donde se encuentra ha comenzado a tambalearse. Y no, no en el sentido literal.
—Me alegro por ti.
—¿Y tú? —indaga, sin poder apartar su mirada de él. Caer en cuenta de que lleva el mismo pendiente en su oreja izquierda, añade un toque de nostalgia extra al ambiente—. ¿Eres feliz? Parece que también te está yendo bien, pero…
—Tengo todo lo necesario para seguir vivo, lo demás no importa —zanja el tema. Esta vez es él quien se empina todo el contenido de su copa.
—Claro que importa. Si te tomaste tantas molestias para estar aquí justo ahora es porque algo te falta. No importa cuantos años hayan pasado, puedo verlo en tus ojos: No eres feliz. —Las palabras fluyen de su boca más rápido que su capacidad para medir si son apropiadas. Está siendo invasivo, pero, en su defensa, Koko lo fue primero.
—¿Y tú sí? —La mirada oscura salta de la barra hacia él en un instante, más penetrante de lo que recuerda.
Debido a que la pregunta lo toma con la guardia baja, se obliga a sentarse recto, fallando en su intento por disimular el impacto de la misma. Seishu no lo entiende. Cada mañana puede asegurar que sí, que le sobra tanta felicidad como para repartirla con el resto del mundo. Sin embargo, ahora mismo solo puede verlo y confirmar que…
—Lo soy. —Y le habría gustado no haber tardado más de tres segundos en responderle.
—Entonces con eso me basta. —Koko sonríe para él y se levanta con parsimonia—. Fue bueno verte, Inupi.
—¿Te vas tan pronto? —cuestiona, desesperado sin quererlo—. Es decir, pensé que…
—Pensaste mal. Cuídate, ¿vale?
Cuando Koko le da la espalda, Seishu levanta el brazo, pero lo deja suspendido en el aire mientras lo contempla salir del bar, como quien mira un fantasma al que nunca podrá atrapar. Le lleva un par de segundos reponerse y salir para ver en qué dirección se ha ido, voltea a todos lados y al final lo único que nota es a Draken conduciendo el auto de Chifuyu para llegar hasta él.
Seishu suspira sin saber por qué.
—Chifuyu se quedó en casa de Takemichi. Le pedí su auto por si llueve. —Su pareja posa una mano sobre su mejilla, es cálida y lo arrastra de vuelta a la realidad—. ¿Nos vamos?
Sus labios se curvan.
—Claro.
Entra de nuevo para tomar sus cosas y cerrar, ya se encargará de entregarle las llaves a Pah en otro momento. Sube del lado del copiloto echando un último vistazo hacia el sentido contrario. No se imagina que su viejo amigo lo observa desde la distancia.
Notas:
Mi más profundo agradecimiento para toda aquella persona que haya llegado hasta el final del capítulo. Sé que no a cualquiera le gusta leer este tipo de tramas; la infidelidad no es "normal", mucho menos agradable. Sin embargo, tuve esta idea hace meses y desde entonces he estado trabajando en cada una de las partes que la conformarán hasta el punto de tomarle aprecio. Estoy tratando de que sea lo más realista posible, espero no fallar en el intento.
También agradezco a mi amix Neblina Llameante porque fue quien me ayudó a elegir el título, aportó varias ideas geniales para la trama, y me ha soportado cada vez que le comento lo que quiero hacer con Koko e Inupi.
Solo por si quedan dudas, el fic es esencialmente KokoInu y así es como planeo que se llegue al final. Soy consciente de que este capítulo pinta Drakenui por todas partes, pero no tienen que preocuparse porque no habrá contenido explícito de este par.
Debo recalcar la importancia de tomar muy en cuenta las advertencias que se encuentran al inicio. Se mencionarán otras ships en su momento, habrá interacciones Sankey y Drakey, así como escenas explícitas del KokoInu. Este es otro punto importante: Koko top e Inupi bottom. Tal vez en algún momento incluya cinco pesos de InuKoko, pero no será pronto.
Tengo una playlist que me inspira mientras escribo, trataré de compartirla alguna vez.
Me gustaría leer sus opiniones respecto a este primer capítulo. Y millones de gracias otra vez.
Saludos uwu
