Chicos, ¡Hola a todos! Este es un capitulo un poco más corto pero es igual de bueno y ansioso que el anterior.

Creó que estoy seriamente enamorada de todos y cada uno de ustedes por tomarse el tiempo para leer este fic. Y, como siempre, aquellos que ponen esta historia en su lista de alerta y favoritos – Los ADORO! Gracias por todos los reviews! Y, de nuevo, MIL perdones por la tardanza, tantos exámenes finales y otras porquerías de la vida me retrasaron, sinceramente cuando no estoy estudiando estoy haciendo los dichosos exámenes.

Hehehehe el nombre de la canción para todos los que estén interesados es: 'In love with a vampire' de Saving Jane.

Advertencias: Ermmm, un poco de violencia, agujas tal vez.

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Le había tomado solamente un rápido vistazo al rostro de Mycroft para saber que no se había disculpado por la cosa que asustaba más a Sherlock –la muerte de John. Mycroft podía haber pasado años desarrollando la capacidad para convertir sus facciones en una mascara imposible de leer pero Sherlock había pasado un año viviendo con John; y estaba seguro de que si hubiera muerto él sería capaz de sentirlo, percibirlo de alguna manera.

"¿Dónde está?" Sherlock gruñó. Sus ojos brillaban peligrosamente con lagrimas contenidas, su voz lo suficientemente baja como para sonar bestial, inhumana.

Mycroft casi balbuceo una respuesta, negándose a admitir que la mirada de su hermano envió una señal de miedo a su corazón cuidadosamente controlado. "En el hospital. No puedes ir ahora –ya ha entrado en la fase dos; cambios físicos."

Sherlock pasó junto a él, golpeando la espalda de su hermano contra la puerta en ruinas mientras corría a través de ella, su respuesta amenazante casi perdida en el ruido de su partida. "No me digas lo que puedo y no puedo hacer."

Mycroft estaba inquieto. No, más que inquieto, estaba genuinamente preocupado por el estado en el que Sherlock se encontraba.

Él nunca antes había mostrado ese nivel de emoción, ni siquiera cuando su autocontrol de había deslizado antes; y en ese entonces había recurrido a las drogas en lugar de mostrar sentimientos.

No, incluso entonces, sus ojos no habían mostrado este nivel de locura, había mantenido una cierta cantidad de fuerza y, por Dios, nunca había llorado.

No hacia falta un genio para darse cuenta que la variable causante de estos cambios era la intervención de un cierto John H. Watson. El hombre estaba, obviamente, afectando a Sherlock en más formas de lo previsto y ahora estaba apunto de 'enfermarse'.

Mycroft era bueno con las emociones –es lo que lo hacía superior a Sherlock al deducir. Mycroft entendía las emociones, como funcionaban, lo que ganaban, como afectaban a otros, como te afectaban a ti. La forma en que podían usarse para manipular. Sherlock no entendía esto. Seguro, él entendía la teoría detrás de esto, entendía que si un miembro de la familia se encontraba triste o enojado era probable que los demás lo estuvieran también, entendía como crear una emoción falsa con el fin de recopilar información de un sospechoso. El problema era que Sherlock Holmes, simplemente, no sentía de la misma manera que los demás.

Algunas personas especulaban que él no sentía en absoluto.

Desafortunadamente para Mycroft, esto no era por completo cierto. Sherlock podía sentir emociones, había sido humano, después de todo, pero no podía controlarlas. Si estaba triste, entonces se encontraba a sólo un pequeño paso para estar clínicamente deprimido. Si se aburría habría un infierno que pagar. Si estaba feliz, todo Londres parecía un poco más brillante. Si estaba enamorado…

Algunas veces, Mycroft pensaba que podría haber sido mejor si Sherlock hubiera, de hecho, querido a John como una 'lonchera caminante', tal como había sospechado en primer lugar.

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El Doctor Foster se encontraba inclinado sobre un microscopio en la esquina del hospital, monitoreando la muestra de sangre que acababa de tomar de John. Era liberador saber que tenía en sus manos la materia de cientos de pesadillas, que sólo él conocía la exacta composición biológica de un vampiro, mientras que otros estaban seguros de su inexistencia. Brevemente se preguntó que reacción podría obtener si presentara sus descubrimientos a una junta de científicos; ¿Se reirían de él o lo respetarían?

No importaba. No había manera de que fuera capaz de informar a cualquiera de sus descubrimientos; Mycroft se había asegurado de que no existieran lagunas en su contrato y, de cualquier forma, se le proporcionaba alojamiento de lujo y suficiente dinero para poner a un rey extranjero celoso. Se había asegurado a si mismo que no requería reconocimiento.

Un grito ahogado proveniente de atrás le recordó la presencia del Dr. Watson. El hombre, después de una rápida charla con Mycroft, había decidido seguir a delante con el cambio –a pesar de la fuerte moral que, Mycroft sospechaba, sería un problema. Así las cosas, el ex medico militar se hallaba tendido en la mesa de operaciones, detenido por correas de cuero reforzadas con plata.

Después de unos años estudiando a los vampiros el Dr. Foster había decidido que preferiría morir un número horrible de muertes antes que convertirse en uno de ellos. Era cierto que después del cambio no podían recordar nada de ello; sus cerebros parecían borrar la memoria del dolor. Breves entrevistas con los dos hermanos Holmes lo habían tranquilizado sobre ese hecho, y sin embargo, ver el cambio era una cosa que seguramente convencería a cualquiera de que era una mala idea.

John estaba consciente, contorsionándose y retorciéndose en contra de sus ataduras, tirando de sus miembros como si no tuviera control de sus acciones. La tela que habían puesto en su boca amortiguaba los gritos que estaba emitiendo y lo prevenía de la posibilidad de morder su propia lengua. De vez en cuando el Dr. Foster lo inspeccionaría, sólo para ver su espalda arqueándose arriba antes de caer hacia abajo, atrayendo más lagrimas en los suaves ojos marrones. Había estado así por diez minutos antes de que Mycroft se excusara, simplemente no quería ver más. Era la primer vez que Foster le había visto incomodo con una situación.

Parecía que no era sólo Sherlock quien se había vuelto apegado al tranquilo y humilde John.

El Dr. Foster nunca fue una persona con simpatía. Simplemente no veía el punto en ello. ¿Y qué si alguien te lastima, realmente te ayuda en alguna manera? En todo caso, sólo hacía tu auto-compasión más fuerte, y esa era una acción sin sentido que sólo te llevaría hacia atrás.

Fue por esta razón que no le había mostrado simpatía alguna a John cuando forzó su brazo agitado, golpeándolo contra la mesa, y clavó la aguja en el pliegue del codo. La sangre que necesitaba para las pruebas desaparecía rápidamente; absorbida por el cuerpo, por lo que tomó unos minutos de retorcer y serrar la aguja antes de obtener la cantidad correcta. Los gritos ahogados de John pidiendo ayuda caían en oídos sordos.

Ahora, con la sangre bajo un escrutinio más cercano, el Dr. Foster era capaz de ver la imposibilidad física a la que estaba tan acostumbrado a estudiar. Cada una de las células de la sangre en la muestra se fue compactando lentamente sobre sí misma, hasta que sólo quedo un pequeño disco de productos químicos y estos era lo que el cuerpo estaba absorbiendo; transformando las células de la sangre en una extraña substancia que permitía al cuerpo continuar funcionando sin sangre suya.

Cuando su propia sangre se agotara, John tendría que partir a buscar la de alguien más.

Esta era la razón por la que aquellos que habían sido prácticamente drenados de su sangre sufrían más sed, ellos tenían que compensar por no tener prácticamente nada de sangre propia para convertir. La sed de Sherlock era terrible, mucho más que la de Mycroft –quien sufrió sólo un poco. Esto significaba que nunca estaría fuera de la supervisión de Mycroft, en caso de que se resbalara. También tenía que venir para revisiones regulares con el Dr. Foster, pero Sherlock había ejecutado con éxito su escape de las últimas.

Después de este incidente, Foster estaba seguro de que estaría viendo mucho más al joven Holmes.

Al tiempo que Sherlock corría hacia el ala del hospital, se encontró con que no podía pensar en nada más que John. John que llevaba suéteres tejido y una pistola del ejército en el bolsillo de atrás; como algo ocasional. John a quien él había asesinado.

El nombre corría alrededor de su cabeza como un mantra; 'John, John, John, John, John,' –Le recordaba lo que estaba haciendo, lo que había hecho –lo que trataba de hacer.

Se paró en seco y rápidamente se escondió en una esquina cuando vio a dos hombres fuertemente construidos aún parados en la puerta. Se sintió físicamente incapaz de pelear contra ellos, sus huesos se sentían débiles por el cansancio –aunque este hecho no le preocupaba tanto como debería. En su lugar trató de frenar el ruido sordo en su cabeza y pensar en una forma de distraerlos, algo a lo que responderían. Sólo le tomó unos momentos antes de que hubiera preparado un plan para alejarlos de su camino y solamente tomó treinta segundos para ponerlo en práctica.

Sin dudarlo, tomó el perchero de metal pesado detrás de él y lo golpeo con fuerza en el piso, dos veces, gritando en su mejor personificación de Mycroft. Entonces dio la señal de alarma que sabía que Mycroft solía usar para pedir ayuda.

Mientras lo hombres pasaban corriendo, armas en la mano, él se escondió detrás de la esquina y mientras ellos se preocupaban se deslizó detrás de ellos y simplemente entró por la puerta del hospital. Después de la hogareña y sutil iluminación de los pasillos, la luz blanca de la sala dañó sus ojos, se detuvo un tiempo para dejar que se ajustaran; mirando alrededor de la habitación bien ventilada hasta que encontró a los dos doctores en la esquina más alejada. En medio de varios microscopios, muestras de sangre y láseres.

Desde donde estaba colocado sólo podía ver las piernas de John golpeteando en torno; el resto de su cuerpo se encontraba escondido detrás de la espalda volteada del Dr. Foster. Mientras Sherlock se acercaba podía escuchar al medico canoso murmurando en voz baja y el rasgueo de una pluma en el papel. Cuando se encontró a menos de tres metros de distancia tosió educadamente y el hombre más pequeño casi salto de su bata de laboratorio, aunque no se dio la vuelta.

"No debe hacerme eso a mi, Sr. Holmes, soy mayor, le podría hacer frente sin el impacto, gracias."

Sherlock simplemente rodó los ojos sin decir nada hasta que el hombre se dio la vuelta con el portapapeles todavía en la mano.

"Finalmente se desmayo, preferiría que usted no hiciera nada para reanimarlo." Dijo, discerniendo las intenciones de Sherlock. "Y no se preocupe por los movimientos erráticos; son normales." Gentilmente removió el masticado paño de la boca de John, dejando su mandíbula caer sin fuerza.

"Gracias." Se mantuvieron en silencio por unos segundos mas, Sherlock usando ese tiempo para deducir que el hombre había estado monitoreando la condición de John cuidadosamente y que se encontraba lo suficientemente estable como para considerarse vagamente 'libre de riesgo'. Si una cosa como esta podía ser considerada libre de riesgo.

Después del extraño silencio, Foster finalmente tomo la pista apenas disimulada y dio la vuelta para irse, riendo en voz baja por su propio uso de la palabra 'normal'.

Pararse junto a la mesa de operaciones sosteniéndose era lo único que Sherlock podía hacer para mantenerse erguido, sus piernas pronto se sintieron susceptibles a colapsar debajo de él. John se veía tan frágil debajo de él, su nueva piel pálida tenía un aspecto casi transparente en las luces blancas de arriba. Las marcas en el interior de su codo eran fáciles de detectar, a pesar de que parecían estar desapareciendo, sanando rápidamente a pesar de la falta de sangre en su sistema. Pero era el rostro de John el que atormentaría a Sherlock cada vez que cerrara los ojos. Su usualmente calmado exterior estaba empañado, con el rostro desencajado, como si estuviera sufriendo una pesadilla particularmente vivida y sus miembros todavía se sacudían de vez en cuando, los movimientos erráticos hacían crecer la bilis en la garganta de Sherlock. Él había hecho esto. Le había causado este dolor a John.

Y, en cierto modo, era mucho peor que los otros, los inocentes a quienes había asesinado. Porque el cuerpo frente a él no era un rostro sin nombre, ni siquiera un rostro sin nombre con una familia era tan malo, este era John. John Watson –el hombre que había regresado de Afganistán aún en busca de un poco más de emociones, perfectamente dispuesto a pasear por una escena del crimen, capaz de ponerse al día con partes de cuerpos en el piso y completamente feliz con un compañero de piso sociópata que no hacía absolutamente nada para ayudar.

Y era terrible; parado enfrente de él y verlo morir. No sólo literalmente sino en sentido figurado también. Debido a que cuando se despertara, John Watson sería un hombre diferente y era muy probable que él no quisiera ver a Sherlock de nuevo cuando lo hiciera.

Así que Sherlock se quedó en silencio, sin avergonzarse de la mano que dejó reposar en el costado tembloroso de John, viendo el color gradualmente drenarse de la cara de su compañero.

Mycroft miró a los hombres frente a él con algo cercano a desprecio. ¿Realmente esas personas eran tan estúpidas para pensar que él había sido atacado y luego rápidamente se había desvanecido en el espacio en menos de un minuto?

"… entonces escuchamos la señal de alarma y salimos corriendo, aunque cuando llegamos ahí usted y sus atacantes se habían ido. Hemos tenido gente buscando a los causante por cerca de cinco minutos…"

Parecería así. Realmente tendría que conseguir que lo solucionaran; este tipo de debilidad en su seguridad era una mala noticia –una noticia que no podía permitir fuera explotada. El hombre frente a él parecía haberse quedado sin vapor y estaba silenciosamente cambiando su peso de un pie a otro, en busca de alguna ayuda como si estuviera a punto de ser asesinado.

"Bien, como puedes ver, no fui atacado." Declaró Mycroft, con las cejas en alto sobre su cabeza. Puntualizando sus palabras con un movimiento del brazo, como para llamar la atención sobre su existencia. El hombre pareció temblar levemente. Hmmm, no era bueno en absoluto. Su falta de compostura bajo presión podría ser un problema. "Una vez más has sido burlado por mi hermano, ahora retira la 'caza de hombres' y vuelve a hacer tú trabajo."

Y con esa frase de despedida Mycroft salió de la habitación, dejando al hombre en shock y mucho más que desgastado.

Parecía que el 'apego' de Sherlock al Doctor era más fuerte que lo que primero había anticipado. Necesitaría un plan para mantener a Sherlock lejos mientras John se ajustaba a su nuevo estado de ser.

Aunque, en su estado de animo, no estaba seguro de qué mantendría a distancia al persistente hombre, a falta de una orden del propio John.

Sherlock sabía que no tenía mucho tiempo antes de que los hombres de Mycroft se dieran cuenta de su error y acudieran corriendo para hacer que saliera. De hecho, si sus cálculos eran correctos, tenía cerca de tres minutos antes de que tiraran la puerta abajo; probablemente sin siquiera verificar el cerrojo sin cerrar en primer lugar.

En el silencio del hospital, con sólo un compañero de piso inconsciente como compañía, la mente de Sherlock se desembocaba dentro de su cráneo, rebotando contra las paredes y tratando de dar sentido a los acontecimientos.

John había elegido convertirse en un vampiro.

¿Por qué?

Esa pregunta lo había estado molestando desde el momento en que supo que John se encontraba bien. En ese momento no estuvo a la vanguardia de su mente, no como lo está ahora, pero definitivamente estuvo ahí. John era un hombre de moral, la evidencia llevaba a creer que, aunque no era particularmente religioso, mostraba tendencias de carácter cristiano. ¿Por qué deliberadamente renunciaría a su alma? No tenía sentido y los incesantes pensamientos estaban comenzando a darle a Sherlock un furioso dolor de cabeza.

Tomó un tiempo para tratar de organizar el revoltijo que estaba nadando en torno a su mente. Era en momentos como este que solía tocar el violín, aunque por varias razones obvias esa acción en particular estaba fuera de límites. En lugar de ellos, decidió colocar los dedos juntos debajo de su barbilla, el gesto familiar lo consoló y le ayudo a afinar su mente.

Prácticamente podía ver la información volando al folder correcto en su cerebro. Hasta que tuvo sólo unas pocas piezas de información para trabajar. ¿Cuánto tiempo había estado solo? Más que el suficiente para que el Dr. Foster le explicara los detalles científicos y dilemas morales subyacentes de los cambios. Si conocía a John, y se consideraba bastante experto ahora, no le habría tomado al hombre más de cinco minutos para decidirse por una respuesta. Así que ¿Qué había pasado en el tiempo restante?

La habitación debía haber estado vacía, solo John, el Dr. Foster y Mycroft. El equipo de ambulancia probablemente ya había sido despedido para ese momento.

Oh; Mycroft.

Sin duda había decidido hablar con John en un esfuerzo por 'aclarar algunas cosas para él' y terminó dirigiéndolo hacia el curso de acción que consideraba más aceptable. Sherlock definitivamente no lo pondría por delante de él y encontró que lo molestaba más de lo que las acciones de Mycroft usualmente lo hacían.

No tenía sentido. Era irracional sentirse de este modo. Probablemente debía agradecer a Mycroft por el hecho de que John aun estuviera aquí, pero la idea de Mycroft influyendo en la decisión de John envió chispas de indignación directamente a su cerebro y lo dejo preparándose para una confrontación. Él sabía que era su lado más inhumano que reaccionaba con coraje hacia la participación de Mycroft con el hombre que había esperado sería dejado solo, y trató de calmarse.

Después de unas cuantas respiraciones profundas se sintió mucho más razonable.

Desafortunadamente la calma forzada se rompió a causa del sonido de un fuerte golpe en la puerta mientras dos guardias se precipitaron a través de ella, con sudor en la frente comenzaron a ordenarle que saliera de la habitación. Se sentía demasiado cansado para pelear pero no quería cumplir tampoco –no con John tendido ahí tan tranquilo y pálido bajo su mano.

Fue exactamente en ese momento que los ojos de John se agitaron un poco, abriéndose repentinamente, sus miembros en calma, como si estuviera en respuesta a su estado de alerta repentina.

Pero no era el hecho de que finalmente despertara el que sorprendió a Sherlock, tampoco el hecho de que su piel una vez bronceada estaba ahora pálida. No era que se veía tan pequeño contra el metal frio de la mesa o que se mostraba tan confuso en cuanto a su entorno.

Era el hecho de que sus dulces ojos marrones; ojos que parecían capturar su personalidad perfectamente, ya no eran marrones. Habían cambiado ahora –al igual que el resto de él.

Ahora eran un modo de realización de lo que John se había convertido. El color universal para una señal de advertencia.

Rojo brillante.

Abrió su boca y los dientes blancos y agudos que ahora residían allí brillaron en la luz de la habitación, destacando este cambio en su apariencia como si no fuera ya demasiado dolorosamente obvio.

Y entonces John hablo, sus nuevos dientes ligeramente metiéndose en el camino de su lengua y haciendo sonar a sus palabras un poco más inocentes, un poco más confusas.

"¿Qué está pasando?"

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L:

A/N: Éste fue un capitulo más corto. Espero que continúen siguiendo está historia, sé que no soy muy puntual o rápida en actualizar pero traducir siempre es un poco difícil y a veces desesperante –simplemente no hay equivalentes en español para algunas ideas… y me quiebro la cabeza pensando en una frase que demuestre lo mismo o lo más parecido a la de su idioma original. Pero uff PROMETO que el siguiente capítulo estará terminado para este fin de semana.

También –sigan especulando, me encanta leer sus opiniones.

¡Hasta la próxima!