Hola a todos, espero que estén bien, y antes que nada, les deseo a todos los que pasen por aquí una ¡Feliz Navidad!. Y como regalo hoy subo doble, esperando que lo disfruten.

¡Saludos y éxitos!

~ClairSnape.

Capitulo 8: Broma y Venganza.

Se sentía una fría brisa, que me helaba el cuerpo, la luz del día entraba por la ventana, y el sol volvía a resplandecer. Al abrir los ojos, me percate que estaba en la cama, tapada por mi frazada, las botellas de poción habían desaparecido de la mesa que estaba a un costado en la habitación, y mi ventana estaba abierta de par en par.

Me fui levantando despacio de la cama, hasta quedarme sentada, la brisa volvió a entrar y a helarme el cuerpo, me estire, y me levante para cerrar la ventana, pero al cerrar un postigo me percate de la belleza del paisaje... Era cierto que hacía muchísimo que no estaba en Hogwarts, pero también era cierto, que cuando estuve nunca me percate de la belleza del lugar. Por la ventana podía deslumbrar mi mirada, con el lago que parecía un espejo, reflejando la perfección de un cielo, que aun era algo gris, pero con un hermoso sol, y unas montañas que por lo visto desde mi lugar no tenían ni principio ni fin. Era ni con más ni menos palabras... ¡Hermoso!. Quizás ahora entendía por que mi madre, siempre hablaba de la belleza de Hogwarts.

Pero cuando entro una brisa helada, decidí dejar de mirar el bucólico paisaje, para alistarme y bajar a desayunar. Me peine rápidamente, dejando la mata castaña como pude, y solo me vestí con una calza negra una, polera blanca y por sobre eso la túnica negra y las botas. No me demore ni un minuto más y baje al gran comedor.

Pero por lo visto no había nadie. Entonces recordé, que quizás mis colegas estuvieran en la cocina, así que me encamine hacía las cocinas, pero al llegar, no encontré la puerta de la que me acordaba, sino un cuadro con un frutero. Estuve un rato diciéndole al cuadro miles de cosas, de palabras, las cuales quizás fueran la contraseña pero ninguna servia. Por tal motivo supuse que quizás podría desayunar algo con Hagrid, si es que el estaba en la cabaña claro.

El castillo, era enorme, y por donde se viera, expresaba su imponencía y elegancia, a pesar del tiempo. Cuando ya casi estaba en el vestíbulo, una voz, ahora ya conocida, me llamo.

-¡Clair! Oye Clair Espera!- era Glenn, quien venía corriendo, y al llegar a mi lado se detuvo. Tratando de recuperar la compostura preguntó – Hola, em, has visto a alguien, aún no he visto a nadie a excepción del desayuno, por cierto ¿Donde estabas?.-

- Momento, ¿ya desayunaron? – pregunte confundida.

-Em, si, también almorzamos. Son las dos de la tarde– contesto como si aquello fuera lo más normal del mundo,

En realidad, lo era, solo que no podía creer que me hubiera dormido tanto – Oh, ya veo.-

En mi mente no podía pesar otra cosa... "Muy bien Snape si tu intención era hacerme quedar, como una despreocupada y maleducada que comiencen los juegos, entonces"

-Clair... ¿Estas bien? – pregunto Glenn mientras pasaba una mano, frente a mis ojos, despavilandome de mi venganza.

-Si, perfecta. – mentí.

-Bueno, supongo que tienes hambre, ¿Vamos a la cocina?- pregunto amablemente.

-Eh, si. Tu sabes donde queda acaso?- conteste.

-Si, cerca del gran comedor, en el retrato del frutero- respondió mientras caminábamos a destino.

-¿Es ahí? No puede ser, hoy estuve ahí, y el frutero no me dejo pasar, le dije las mil y un contraseñas! Acaso hay que golpearlo?- concluí con ironía.

-Eh, no exactamente, en realidad debes hacer cosquillas a la pera, y listo. Me lo contó Dumbledore en la mañana.- comento mientras se detenía frente a ese retrato.

Yo no volví a hablar y presté atención, Glenn simplemente realizo, como dijo unas simples cosquillas con el dedo a la pera. Y el retrato gigante se movió, para dejar pasó a un hueco, que daba a las cocinas directamente.

-¡Vaya! Los años pasan y nunca me dejo de asombrar con Hogwarts ¿Irónico no?- pregunte mientras atravesaba el hueco, o puerta.

-Siempre pensé que Hogwarts era fascinante, ahora lo puedo comprobar- dijo saltando el peldaño que había para entrar a la cocina.

Por un instante, vislumbre todo el esplendor, estaba llena de elfos domésticos, flacos altos, bajos, rechonchos, mas o menos orejudos. La cocina tenia mesas casi tan largas como el comedor, y era casi igual del tamaño que el Gran comedor. Dos chimeneas una en cada extremo, y estaba repleta de, por supuesto... Comida. El hecho de ver tantos platillos exquisitos y extraños hizo que mi estomago rugiera, y me dieran muchas ganas de comer. Pero una sola imagen, hizo que mi estomago haga ¡Poof! Y desaparecieran esas ganas.

Esa imagen era: Snape. Sentado de espaldas a nosotros, leyendo el Profeta, y tomando lo que parecía un wiskey.

Claro que así como era de metiche, también era perspicaz, y no tardo más de cinco segundos en darse vuelta. Al vernos, Snape no pudo evitar dirigirnos su típica mirada de bronca, con la que parecía querer petrificarnos del miedo por haber corrompido su "calma". Pero luego de tantos años, detenerlo como profesor aprendí mi lección "Nunca demos importancias, a personas que se creen importantes". Y eso hice, lo ignore.

Snape se paro, agarrando su taza y su periódico, pero al pasar por el lado nuestro se detuvo – Buenos tardes, profesor y... - vacilo y luego contesto con sarcasmo- profesora.

Dicho esto salió por la puerta. Intente controlar la bronca, intente calmar a la bestia de los insultos, hice todo lo que estaba a mi alcance para no tirarle nada por la cabeza, o salir a perseguirlo y decirle unas cuantas cosas en la cara, pero... No funciono. Así que me encamine a la salida.

-Oye, ¿Dónde vas? ¿No quieres comer?- pregunte Glenn atontado.

-Si, si. Diles a los elfos por favor, que quiero comer algo liviano, ahora vuelvo.- conteste entrando ya en el hueco.

Al salir, pude ver a lo lejos, como la túnica de Snape que hacía el frufrú de siempre al doblar la esquina. No perdí ni un segundo y salí corriendo en su dirección. Cuando doble el pasillo, Severus ya estaba entrando en la gárgola ascensor de Dumbledore, y al verme correr hasta él, me miro con el mismo gesto burlón de ayer en la noche. Y desapareció tras la gárgola.

- Perfecto! Va con Albus! Genial, así puedo hablar con mi tío sobre su bromita de la poción para dormir!- me dije a mi misma en voz alta, de lo enojada que estaba.

Al bajar la gárgola una vez más pronuncie la contraseña – Vino de elfo! – aún quería matar a Dumbledore. Pero ahora mi objetivo, era Snape.

Al llegar, toqué la puerta y fue Severus quien me abrió, haciéndome una sonrisa socarrona, y de burla. Desde dentro sonó la voz de Albus...

- Oh, querida, que bueno que ya te sientes mejor – dijo Albus algo más tranquilo que ayer en la noche.

-Que yo recuerde nunca me sentí mal – dije mirando de reojo con bronca a Severus.

-Pues Severus me comento hoy en la mañana sobre tu insomnio.- comento mientras miraba de reojo a Snape.

-¿Oh así que eso te dijo?- hablé, mirando a Severus, quien se mantenía inexpresivo.

-Eso fue lo Ud. me dijo anoche, ¿O no Señorita?- dijo Snape mirándome fijamente.

El hecho de que clavara su mirada en mí me hacía querer golpearle la cara, y enderezarle su ganchuda nariz. Ag! Tenía tanta bronca de que él siempre manejara las situaciones a su conveniencia, que me harte. Y decidí que con acusarlo no ganaba nada, así que desistí y me gire nuevamente a Dumbledore.

-Si abuelo, la verdad es que ayer no me sentía bien. Supongo que fue por ser el primer día y por todo lo que me paso en estos días.- mentí, y suspire, pero ahora venía lo mejor – Claro que Severus creo que ayer se paso con las pociones.-

La cara de Albus, se torno en la de un niño que le regalan una rana de chocolate, o quizás un cajón de ellas. – Pero, de que pociones hablas querida?-

-Como tu querido profesor de pociones – dije haciendo hincapié en la palabra "pociones"- no te contó de las botellitas que debí beber anoche, para dormir?.-

Tras terminar de decir eso, me voltee a ver a Severus, que aunque su cara no lo demostraba para nada, y aunque su cuerpo siguiera rígido y taciturno como siempre, sus manos, demostraban todo lo contrario, se apretaban, parecía que sudaban.

-No claro que no me contó. De todas formas, conozco a Severus y se que nunca haría nada para dañar a ningún miembro del colegio.- afirmo Dumbledore con una sonrisa, mientras escarbaba un cajón de su escritorio.

-Claro.- dije intentando sonar convencida.- Bueno me voy. Glenn – al pronunciar su nombre, me pareció escuchar un gruñido proveniente de Severus- me espera en la cocina, ya que no desayune. Te pido disculpas Albus, es solo que las pociones fueron demasiado fuertes, y por lo visto dieron sueño de más.- dije sonriendo.

Albus sonrió también y habló – Perfecto, entonces buenas tardes querida.-

Ya estaba saliendo de la habitación cuando – Oh Clair, voy a necesitar que informes a Glenn que esta noche, comienzan a patrullar el y tu, por el castillo de once de la noche a dos de la madrugada, ¿De acuerdo? – dijo Dumbledore mientras sacaba del cajón una rana de chocolate.

Al menos me alegro estar con Glenn dado a que era alguien con quien se podía hablar, eso fue algo que me hizo sonreír inconscientemente.

Estaba por contestar cuando Severus se adelanto- Señor, no quiero contradecirlo, pero recuerde que dijo que eran grupos de a tres para patrullar- comento Snape con voz de inocencia.

Se muy bien lo que dije Severus, pero creo, que hasta que no vengan los estudiantes con dos personas bastara, además ambos son profesores muy capaces.- contesto Dumbledore, mientras miraba su rana saltar.

-Bueno, si eso es todo, nos vemos tío.- dije saliendo de la habitación.

No sin antes ver, la cara de bronca de Snape, por no haber podido arruinar la orden de Albus. Tras mirarme fugazmente, le dedique una mirada burlona, y le saque la lengua, algo que hizo que me clavara los ojos con furia hasta desaparecer de la puerta.

Así pasaron las dos semanas volando. Por el momento Hogwarts no volvió a recibir ningún tipo de amenaza extraña, esto hizo que Dumbledore estuviera más relajado, aún así todo el cuerpo de profesores notamos como Albus, hacía misteriosas salidas, al llegar alegaba que tenía que visitar a los padres de los nuevos alumnos. Algo que Minerva y yo, sabíamos muy bien que no era así.

Generalmente me tocaba hacer las rondas de la madrugada con Glenn, tiempo en que aprovechamos para conocernos, por suerte era un buen mago, me había ayudado a controlar mejor la magia y ya no tenía tantos problemas como antes con la varita.

Por otra parte, Severus y yo nos vivíamos peleando por idioteces, técnicamente nos hacíamos la guerra, o al menos el buscaba pelea. Ya me había hecho quedar como idiota, frente a los demás profesores, mencionando ciertos recuerdos del pasado, también me había dejado encerrada en el aula de pociones, para luego acusarme con Albus (este casi no dio importancia y se limito a reírse levemente) de robo, solo habían pasado dos semanas y yo estaba exhausta de sus sarcasmos u objeciones sin sentido, pero todo tiene un limite, y el ya lo había alcanzado.

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Ese día Severus Snape, se sentía abrumado, no había podido dormir nada, y su mal humor se acrecentaba, es decir detestaba a los nuevos alumnos, que no daban importancia al arte de las pociones, y solo pensaban que toda la magia del mundo recaía en la varita. El hombre ya no había pasado una buena noche, por que las rondas le había tocado hacerlas solo, estaba agotado y soñoliento. Y sin embargo, ahí estaba con su porte firme, y su cara sería, sus ojos azabaches y taciturnos que lucían como abismos.

Preparado para comenzar su primera clase, del primer día del año educacional, Snape a diferencia de otros profesores, ya estaba al tanto que los estudiantes que tendría dentro de dos horas serían los de primer año de Slytheirn y Ravenclaw. El mago vestido de negro, dio una última mirada a su despacho, asegurándose de que todo estuviera listo, ya no quería perder más tiempo del que perdería seguramente con mocosos idiotas, y dándose media vuelta salió por la puerta cerrándola mediante magia.

Dando zancadas se dirigió al Gran comedor, con el peor dolor de cabeza del mundo, al acercarse a la mesa de profesores noto que alguien faltaba, pero el dolor no le permitía pensar en nada más. Tomo su asiento, a la izquierda del director, y se dispuso a tomar casi por completo su café. Albus que no era tonto, no paso por alto el humor moribundo del Profesor de pociones y decidió investigar con tacto... o quizás no tanto.

-Vaya Severus, esta vez aun no hemos empezado y estas así. Será mejor que tomes algo, antes de que no llegues a mitad del día.- dijo Albus comiendo su budín.

-Claro.- se limito a contestar; ciertamente el dolor lo consumía.

-Amigo, si estas en estas condiciones, será mejor que hoy te quedes en cama. Yo conseguiré a alguien para las clases de hoy.- comento Albus algo preocupado.

-Si... bueno me voy a mi despacho.- el tipo hablo así como se fue.

Al llegar a su oficina, desistió ante los impulsos de caerse dormido, en su cama de finas sabanas negras.

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Siempre había odiado el aula de pociones, lo único que me gustaba de ella era quien enseñaba, y lo cierto era que ahora lo odiaba. Por un segundo pense que quizás esto iba a ser demasiado, pero recapacite recordando las últimas dos semanas, ya no volví a dudar. Al salir del pequeño armario en el cual me encontraba embutida (ya era rellenita por si sola, no necesitaba envoltura para convertirme en un jamón), sentí libertad y respire, aunque en las mazmorras siempre se respiraba humedad. Ahora bien a lo que iba, Snape me las pagaría si o si. Y había llegado al limite después de la ceremonia de ayer en la noche, cuando me pidió que demostrara como hacer un patronus, y yo poco me acordaba de cómo, dando por resultado un bola algo deformada brillante. Esta vez, después de tanto era mi turno.

Ahora, bien la poción de dolor de cabeza y descompostura, había funcionado, definitivamente de ahora en más si tenía que volver a pasar por esto sabía donde conseguir municiones "Sortilegios Weasley". Además, sus dueños Fred y George, eran de lo más simpáticos e idénticos, lo digo por que eran gemelos. Lo cierto es que al parecer Snape ya tenía mala fama, cuando comente que necesitaba chascos para tenderle un trampa al profesor de pociones, me recomendaron lo mejor de lo mejor, e incluso me hicieron un descuento, y me dieron opiniones sobre que tipo de bromas hacer, o ideas de que cosas le molestaban a Severus. Y bueno aquí estaban frente a mi ahora, tenía los fogones Weasley, pociones salta clases, caramelos salta clases, y lo mejor de lo mejor la poción confundus, esta era mi plan maestro.

Así mi plan dio comienzo, llene todos y cada uno de los calderos, (los que se utilizaban y los que no) con pequeñas dosis de fogones Weasley, para crear un alboroto grande e inolvidable. Ahora venía la parte difícil colarme al dormitorio de Snape, y meter dentro de sus pociones sanadoras, los surtidos salta clases. Entre en la habitación, pero me di el susto de mi vida, al ver a Severus tirado y dormido sobre su cama, hubiera jurado que estaría en la enfermería, pero claro, no pense que un tipo orgulloso como él, hubiera ido.

Había quedado paralizada, pero ya no podía dar un pie atrás, así que con toda mi sutileza me deslice como pude a la habitación. Y con magia comencé a introducir, en silencio los surtidos Weasley, en sus pociones. Por último y lo mejor la poción confundus. Había llegado el momento, me acerque total y completamente temerosa a que despertara, y dejando la poción en la mesa de luz, junto con una nota, salí nuevamente sin hacer ruido.

Por fin, el plan estaba terminado, solo quedaba esperar a disfrutar de la dulce venganza al ver al odioso de Severus Snape, volviéndose loco, con dolor de cabeza del infierno, mientras los calderos explotaban, los chicos gritaban, tratando de para las cosas con sus varitas, empeorando todo, y el ya habiendo tomado la poción confundus, sin poder recordar nada.

-Ahhhh. Nada como el primer día de clases.- dije para mi misma en voz alta saliendo del aula.

Caminando hacia mi despacho, ya solo faltaban cuarenta minutos para que empiecen a llegar los niños. Era increíble, por fin después de años le iba a ganar.

El problema como de costumbre radica en una frase "Nada es lo que crees".