Disclaimer: Todo el universo de Bleach, y sus personajes, pertenecen a Tite Kubo, lo cual quiere decir que nada me pertenece salvo la historia.
CELOS.
Soi miraba las nubes pasar perezosamente por el cielo oscuro de la Soul Society. Por fin podía disfrutar de un día de descanso. Conseguirlo había resultado ser una labor titánica. Además de que adelantó trabajo para una semana, tuvo que realizar varias misiones que ni un raso*(1) podría hacer mal. La fresca brisa de la mañana conseguía balancear de forma sosegada el lugar dónde reposaba. Se acomodó aún más y respiró profundamente.
Comenzaba el amanecer, pero no hacía frío. Ante ella, el bosque del 2 escuadrón adoptaba un color dorado. Mientras el cielo era un juego de colores azul, naranja, morado, dorado... Suspiró sin darse cuenta. Se preguntó si, quizás, Yoruichi también contemplaba el cielo en ese momento. Suspiró de nuevo. No había terminado de despertar y ya pensaba en ella. Regañándose mentalmente intentó disfrutar del agradable clima.
- Eso es porque eres idiota. - Oyó como Suzumebachi se quejaba con fastidio. Parecía que no le dejaría pasar por alto aquello.
- Ya. - Esa vez, Soi Fong se encontraba demasiado cansada como para rebatirle algo y dejó que se explayara.
- Deberías plantarle cara y no permitir que te trate de esa forma. - Espetó con enfado.
- … - Soi Fong sonrió al ver un pétalo siendo arrastrado por el viento.
- Sólo te hace caso cuando le interesa. - Frunció el ceño, ya que la capitana siempre se exaltaba cuando decía algo respecto a Yoruichi. Sin embargo, ahora la ignoraba.
- … - De nuevo no prestó atención alguna al comentario de Suzumebachi.
- Si me dejaras hablar con ella, ya que tú nunca le dirías nada, conseguiría que te tratase de forma distinta. - Reflexionó cerrando los ojos, para después abrir uno desconfiada.
- Jijiji. - Soi Fong soltó una risilla tras ver un animalillo correteando detrás de otro.
- Si quieres puedes decírselo tú y yo te lo voy recitando. - Propuso como último recurso.
- Ahhh. - El bostezo de la capitana terminó con su paciencia.
- ¿No estás cansada de que siempre te ignore? - Dijo exasperada elevando el tono de voz. - Ni si quiera le importas lo más mínimo. - Arguyó gritando a pleno pulmón ante la pasividad de la chica.
- Suzumebachi. - Llamó la joven capitana interviniendo por primera vez.
- ¿Sí? - Cuestionó sorprendida.
- Tú eres parte de mí, ¿no es así? - Expuso con calma.
- Pues claro. - Corroboró como si en realidad la capitana fuera idiota.
- En ese caso, también estás enamorada de ella. Así que cállate. - Razonó tajante.
- … - La mueca en el rostro de la zanpakuto ante aquello era una mezcla entre sorpresa, desagrado y no saber cómo contraatacar.
- Y no intentes negarlo. - Diciendo aquello, puso fin a tan matutina discusión.
Le sorprendió que Suzumebachi guardara silencio y no volviese a mencionar el tema. Pero lo prefería así. Lo dejó todo más que preparado para que nadie la molestase en su día libre. Además, Soi Fong se cercioró de que el vago de Omaeda no se las apañara para hacer que el escuadrón cayera en decadencia y ardiera hasta quedar en cenizas. ¿Que si estaba siendo exagerada? No, era de Omaeda de quien se trataba. Así que no había sido precavida. En teoría, cuando volviera, el cuartel debería seguir en el mismo sitio y sus subordinados con vida.
Bostezó ampliamente mientras estiraba sus músculos aún tumbada. No tenía ganas de levantarse, pero le apetecía una ducha. Se debatió un rato, sopesando los pros y contras de levantarse. El mayor contra era tener que levantarse, obviamente. Haciendo acopio de toda la fuerza de voluntad que tenía, a esas horas de la mañana no era demasiada, finalmente se levantó. Volvió a estirarse y entró en el interior de su habitación.
La estancia estaba semioscura debido a que los rayos de sol comenzaban a colarse en el interior de la estancia por la ventana abierta. Se deslizó al interior sin hacer ruido, para que la persona que dormía en su cama no despertara. Aproximándose con sigilo hacia el baño pareció que había cumplido su objetivo cuando alguien llamó a su puerta. Lanzó una maldición en voz baja y cambió de rumbo. Pero, al parecer la persona que llamaba era insistente y sus golpes cada vez era más impacientes. Por lo que acabó provocando lo que la capitana había evitado, con un leve quejido la persona que dormía en su cama se revolvió y la miró.
- Hola, Soi Fong Taicho. - Saludó dicha persona protegiendo sus ojos con una de sus manos de la incipiente luz que inundaba la habitación.
- Buenos días Rangiku-san. - Respondió la capitana.
- Me duele un montón la cabeza. - Se quejó la teniente del décimo escuadrón.
- Bebiste demasiado anoche. - Le recordó.
La puerta volvió a sonar. Soi Fong abrió y se quedó petrificada cuando vio de quién se trataba. Alta, esbelta, de piel color chocolate, pelo violáceo, ojos dorados como el sol que acababa de ver y su nombre... Shihouin Yoruichi. Delante de su puerta, el día que la capitana podía descansar, al alba y justo cuando estaba pensando en ella... definitivamente pasaba algo raro. Soi Fong, de forma inconsciente se colocó en el hueco de la puerta no dejando al alcance de la vista de su inesperada visitante el interior de la habitación.
- Pareciera que no te alegras de verme, Soi Fong. - Comentó despreocupadamente Yoruichi.
- Cla-claro que me alegro. Es que me resulta incomprensible que se encuentre, aquí, hoy... - Tartamudeó sin apartar la mirada de su visita.
- ¿No puedo venir a verte en tu día libre? - Cuestión divertida al ver la cara de sueño de la menor, por lo que supuso que no llevaba levantada demasiado tiempo. Como lo esperaba, cuando el dormido cerebro de Soi captó el significado de lo que había dicho, ésta se sonrojó.
- Es muy temprano. - Argumentó, sin saber cómo se había enterado de que ese día no tendría que trabajar. Su ex-maestra no era alguien que tuviera por costumbre madrugar, fuera por el motivo que fuera y más últimamente. Yoruichi soltó una leve risilla por la observación tan simple realizada por Soi Fong.
- ¿No puedo venir tan temprano o es que no quieres que venga? - Preguntó fingiendo un puchero.
- N-n-n-n-n-n-no es eso. - Dijo de forma rápida. - Es decir, que no es que no quiera que venga. Eso no, sino que... es raro que venga tan temprano. Bueno raro, no... - Soi Fong no sabía cómo contestar para no empeorar la situación. Cada cosa que decía iba seguida de otra aún más incomprensible, por lo que sus nervios aumentaban. Yoruichi sonrió ante la actitud tan tierna de la capitana.
- Está bien, tranquila. - Tranquilizó a la menor sonriendo. Ambas se quedaron mirándose mutuamente durante unos instantes hasta que... - ¿No me invitas a pasar? - Preguntó Yoruichi de la manera más inocente que pudo. Soi, aún embobada asintió tontamente.
La capitana se apartó, dejando su habitación a plena vista de Yoruichi. Sólo un par de pasos bastaron para que se desatara una hecatombe*(2). Los ojos de ésta no se despegaban de la cama y de su actual ocupante. Al darse la vuelta, Soi estuvo a punto de golpearse la cabeza contra la pared por no recordar que Rangiku dormía en su cama. "Definitivamente, la estupidez de Omaeda es contagiosa" pensó molesta. Pudo sentir como Yoruichi cambiaba radicalmente de actitud, hasta juraría que ella no se encontraba estampada contra una pared por pura casualidad.
- ¿Me quieres explicar que hace Matsumoto durmiendo en tu cama? - Preguntó Yoruichi de manera fría, encarándose con ella. "¿Ha sido fría?" pensó aterrada Soi Fong, "Es definitivo, hoy no sobrevivo" razonó.
- Yo... etto... verá es que el Décimo Escuadrón está de obras y en la Asociación de Mujeres Shinigamis nos la sorteamos... y yo perdí. - Explicó en un intento por ser concisa y breve, pero sus nervios y la mirada de Yoruichi no le ayudaban mucho.
- ¡Oye!. - Se quejó Matsumoto que se había despertado por el elevado tono de voz de Yoruichi.
- Creo sinceramente que la vicepresidente hizo trampa. - Añadió Soi Fong más parar sí misma que para su interlocutora.
- ¿Y POR ESO TIENE QUE DORMIR EN TÚ CAMA? - Volvió a cuestionar Yoruichi gritando y poniendo especial énfasis en la palabra tú. En ese punto, la estupefacta capitana del 2º escuadrón no sabía que pasaba. Bueno, sí lo sabía pero no era capaz de procesar la información de forma correcta. ¿Yoruichi... gritando? ¿Yoruichi... gritándole... a ella? ¿Yoruichi enfadada y gritándole a ella?
- Verá... sobre... eso... es que... ayer hubo una reunión de tenientes... llegó bebida y... se tumbó ahí... y... em... - Intentaba responder tartamudeando. La mirada indescriptible de la morena hizo que un escalofrío le recorriera la espalda.
Yoruichi estaba extremadamente enfadada y no intentaba ocultarlo. Sus brazos cruzados sobre el pecho, un aura similar a la del Shunko sólo que más aterradora y siniestra. La sonrisa felina, que siempre permanecía en su rostro sin importar la situación, había desaparecido y su mirada... era lo que más preocupaba a la capitana del segundo escuadrón. Soi Fong, desconcertada por la actitud de su ex-maestra, sólo llegaba a pensar: "Me despellejará, me cortará en trocitos y me matará. Todo a la vez.". Pero la esbelta mujer morena no le dejó explicarse.
- AHHH! - Lanzando un grito cargado de sentimientos contradictorios se fue del lugar dando un portazo.
- Yoruichi-sama espere. - Pidió saliendo detrás de ésta tras unos segundos en los que no supo reaccionar, pero cuando abrió la puerta no había nadie en el pasillo. - ¿Qué es lo que... ?- Se preguntó desconcertada tras volver a entrar y cerrar la puerta tras ella. Se apoyó sobre la madera e intentó encontrar un significado a todo aquello.
- Jijiji. - Matsumoto soltó una risilla. - ¡Auch! Mi cabeza. - Se quejó llevando una de sus manos a dicho lugar.
- ¿Qué te parece tan gracioso? - Espetó la capitana de manera un tanto brusca.
- ¿No lo has notado? - Preguntó Rangiku sujetándose la cabeza con las dos manos debido al fuerte dolor provocado por la borrachera de la noche anterior.
- ¿Notar el qué? - Inquirió su interlocutora enarcando una ceja.
- Eres demasiado niña para esto. - Soltó de pronto dejando a Soi Fong impactada.
- ¿Has hablado con Suzumebachi? - Preguntó a su vez la capitana del segundo escuadrón sin poder creer lo que acaba de oír.
- No, ¿Hablar con Suzumebachi? - Preguntó extrañada.
- Si encima, la culpa será mía. - Bufó molesta cruzándose de brazos.
- Nada, olvídalo. Me duele demasiado la cabeza. - Se quejó con un puchero. - ¿Qué tal se duerme en la hamaca del balcón? - Preguntó cambiando de tema. Si la propia interesada lo ignoraba, ella en su actual estado no diría vocablo alguno. Además el dolor de cabeza la estaba matando. Iba a ser verdad lo que decía su capitán sobre el alcohol. "Nah" pensó divertida.
- Bien. En ésta época del año es agradable. - Respondió ausente ya que sus pensamientos se fueron con la mujer que acababa de marcharse.
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1 Que no tiene un título o categoría que lo distinga.
2 Catástrofe o desastre con numerosas víctimas y grandes pérdidas.
Críticas, comentarios y/o dudas ya sabéis.
Matta ne.
