Disclaimer: Todo el universo de Bleach, y sus personajes, pertenecen a Tite Kubo, lo cual quiere decir que nada me pertenece salvo la historia.


RETOS.

Desesperada. Esa era la palabra perfecta que describiría el estado actual de Soi Fong. Después del incidente con Yoruichi en su habitación, la había estado buscando por todo el Seireitei. Sin embargo, su búsqueda fue infructuosa. Ni si quiera notaba su reiatsu, por lo dedujo dos posibilidades. La primera, que Yoruichi lo ocultaba intencionalmente y seguía en la Soul Society. Por el contrario la segunda, era la que menos agradaba a la actual capitana de la segunda división, porque de ser así su ex-maestra se habría marchado al mundo humano y allí estaba el traidor de Urahara.

Sumándole el hecho de que estaba enfadada con ella y tenía que disculparse. Sin importar si el sujeto del sombrero estaba cerca o no. Yoruichi había pensado o creído o imaginado algo relacionado a la estancia, no cedida por su parte voluntariamente sino bajo coacción, de la teniente Rangiku en su habitación. Por lo que tras varias horas rastreando todos los posibles escondites en el Seireitei con un resultado infructuoso. Soi Fong se mentalizó para lo que pudiera encontrar y decidió ir al mundo humano.

No le fue difícil abrir la puerta Senkai, llegando a uno de los distritos del Norte de Karakura. Tampoco le resultó complicado percibir el reiatsu de Yoruichi una vez que pisó el suelo del mundo humano. En parte eso era bueno, por lo menos había averiguado en que lugar se encontraba. Aunque, lo que mantenía a la capitana en un estado reticente era que Yoruichi estaba enfadada, con ella, y que estaba allí... con el traidor. Ese particular detalle provocaba que la sangre de Soi Fong alcanzara el punto de ebullición. Desde el incidente, no alcanzaba a pensar más allá de que su ex-mentora estaba realmente enfadada y el traidor se encontraba cerca de ella. La capitana frunció más el ceño y aceleró su carrera.

Sin ocultar su presencia en ningún momento, raudamente fue hacia la destartalada tienda. Al llegar le preocupó no ver a Yoruichi por ningún lado, en forma humana o gatuna. Mientras que fue el dichoso tendero el que salió a recibirla con una sonrisa de saber demasiado. La capitana, tomó aire a sabiendas de que lo necesitaría, y avanzó un paso hacia la entrada de dicho lugar. No podía simplemente matarlo y entrar para buscar a Yoruichi, no estaría demasiado bien. Además, que eso haría que su ex-mentora se enfadase más con ella. Algo a evitar en todos los aspectos posibles.

- Ohayo, Pequeña Soi Fong. - Saludó cordialmente el hombre abanicándose lentamente.

La respuesta de la chica fue una mirada asesina. Provocando que la sonrisa del dueño se agrandase. La capitana se recordó que el tipo, aunque le desgradase, era el dueño de la tienda. Así que un gruñido salió de su boca a modo de saludo. No podía simplemente llegar, darle una patada al sujeto, mandarlo a volar atravesando alguna que otra pared, entrar e implorar el perdón de Yoruichi. Porque sería lo que haría, por más humillante que pareciera. Algo dentro de ella, le decía que tenía que disculparse a lo que Suzumebachi se oponía enérgicamente.

- ¿Se puede saber qué le has hecho a Yoruichi? - Preguntó el hombre sacándola de sus pensamientos. Ante esto, Soi Fong, se tensó de forma notoria. - Ha llegado vociferando no se qué cosa contra tí y la teniente del décimo escuadrón. - Sonrió al ver el rostro pálido de la joven. - Pero a penas se le entendía ya que lo decía extremadamente rápido. Si a eso se le puede considerar hablar, claro. - Soltó una risilla desquiciante.

- Como digas otra vez algo así de Yoruichi-sama... - Amenazó la capitana llevando su mano derecha a la empuñadura de su Zanpakuto.

- ¿No me crees? Entra y mírala con tus propios ojos. - Ofreció el hombre de forma cordial.

Ese gesto a Soi Fong no le había pasado desapercibido. Acababa de invitarla a pasar abiertamente, para que comprobara por ella misma el nivel del enfado de Yoruichi. Lo miró de forma suspicaz. Imponiéndose su mente analítica o el instinto de supervivencia, se percató de que una de dos, o el tendero quería ver cómo la morena la despellejaba o... estaba confabulado con su ex-mentora. Soi Fong no sabía cual de las dos le inquietaba más, si que el tendero la estuviera mandando alegremente a lo que podía ser su tumba o que se hubiera aliado con Yoruichi para cuando ella llegara, porque si de algo estaba segura ahora, era de que la esperaban.

Ante el gesto desconfiado y dubitativo de la joven, Urahara sonrió aún más. Provocando una mueca de irritación por parte de la chica. Hizo un ademán con su mano izquierda invitando a pasar a la capitana. Ésta lo miró de una forma realmente aterradora, pero como estaba acostumbrado a ese tipo de miradas por su parte, él ni se inmutó. Soi Fong cruzó el pasillo creado por los estantes de la tienda y se adentró en la vivienda. No era la primera vez que estaba allí, por lo que sabía cuál era la habitación de su ex-mentora.

Subió las escalera y al llegar a la puerta, tragó saliva. Al levantar la mano para avisar de su presencia, observó como su mano temblaba ligeramente. Además desde que puso un pie dentro de la tienda una sensación hormigueante le atenazaba el estómago. Tomó un poco de aire para que le insuflara algo de valor. Golpeó débilmente la puerta con los nudillos, pero no obtuvo respuesta. Concentrándose, pudo percibir claramente el reiatsu de Yoruichi dentro de la habitación. Probó una segunda vez, golpeando algo más fuerte. Tras varios segundos esperando, sin emitir ningún sonido, pareció que su llamada era escuchada.

- Entra. - Escuchó decir. Tragó saliva de nuevo, y con cuidado abrió la puerta.

Una sensación de déjà vu la invadió. Yoruichi estaba sentada en medio de la habitación de manera despreocupada. Apoyando su espalda contra la pared frente a la puerta. Mantenía los brazos pegados al cuerpo pero ligeramente echados hacia atrás ocultándose por debajo de los codos ya que tenía las rodillas flexionadas y los pies cruzados delante suya. Su mirada se mantenía sobre ella, de la misma manera que... hacía tanto tiempo.

Un escalofrío recorrió la espalda de la capitana ocasionando que temblara ligeramente. Su respiración de cortó de golpe . Sus músculos parecieron no reaccionar y sus rodillas cedieron, provocando que cayera pesadamente al suelo. Su mirada seguía fija en Yoruichi, que se la devolvía de manera indescifrable. Dirigió su vista hacia el suelo, avergonzada. Un familiar sentimiento la invadió. Ese que creía olvidado y enterrado en lo más profundo de su alma. Ese que siempre invadía sus sentidos cuando Yoruichi andaba cerca. Ese que sabía no podía permitirse sentir.

Sacudió su cabeza ligeramente. Colocó sus puños cerrados en el suelo, a cada lado de su cabeza y se inclinó ligeramente. Mantuvo sus ojos cerrados e intento que su cuerpo reaccionase. Al centrarse fervientemente en eso, pareció funcionar. Su respiración volvía a un ritmo normal pero su corazón galopaba dentro de su pecho. Debido al silencio que mantenía su ex-mentora, empezó a preocuparse.

- Lo siento. - Se disculpó, de nuevo, sin levantar el rostro.

- ¿De verdad quieres que te perdone? - Preguntó Yoruichi de forma neutra, sin dejar ningún tipo de posibilidad para que supiera exactamente que pasaba.

- Sí. - Respondió Soi Fong en un hilo de voz, apretando los puños a sus costados, tras el esfuerzo que le supuso que la afirmación saliera de su garganta.

- ¿Estarías dispuesta a hacer lo que sea? - Cuestionó de nuevo la morena entrecerrando los ojos.

- Sí. - Respondió firme. Yoruichi sonrió de medio lado.

- En ese caso tendrás que... satisfacerme. - Indicó de manera sugerente. Ante lo dicho Soi Fong alzó la cabeza en un rápido movimiento completamente ruborizada y mirando asombrada a la morena.

- ¿Qué? - Preguntó en un tono más agudo del normal.

- ¿No querías que te perdonara? Pues tendrá que satisfacerme. - Repitió de la misma forma sugerente que la vez anterior. La joven capitana tragó saliva y un extraño escalofrío le recorrió la espalda. - Así que... - Adoptó una pose pensativa, llevó su puño derecho hasta su rostro y apoyó su mentón en él. - tendrás que hacer lo que te diga. Será como un reto a superar. Si lo haces, te perdonaré. - Explicó sonriente mirando a la chica.

- Ee-e-e-e-está bien. - Aceptó tartamudeando. Soi Fong suspiró algo aliviada, en su ignorancia.

- Tengo hambre. Iremos a comprar leche. - Soltó de pronto sonriendo de manera felina, llegando a preocupar a la capitana. La joven asintió. - Este será tu primer reto. - Anunció feliz la morena.

- ¿Que tengo que hacer? - Preguntó temerosa esperando algo como ir en ropa interior o similar.

Antes de que se diera cuenta, Yoruichi había cambiado a su forma gatuna provocando una intensa neblina dentro de la habitación. El felino, se acercó hasta Soi Fong y de un ágil salto se le subió a la cabeza. Estuvo cambiando de postura hasta que terminó acomodándose de una manera algo peculiar. Quedando, literalmente, acostada en la cabeza de la capitana, quedando sus patas delanteras sobre el rostro de Soi Fong. La chica sin saber exactamente que se proponía su ex-mentora, esperó hasta que ésta se terminó de acomodar.

- Como he dicho, iremos a comprar leche. - Explicó de manera simple con una profunda voz gatuna.

- Aham. - Acertó a decir.

Soi Fong tenía una mezcla demasiado explosiva de sentimiento y sensaciones. Yoruichi estaba sobre su cabeza, en su forma gatuna, pero ahí estaba. Es decir, literalmente estaba sobre ella. Un intenso rubor cruzó el rostro de la capitana. Además, que el hocico del minino quedaba a la altura de su frente por lo que si Yoruichi la miraba, estaría prácticamente pegada a ella.

Además, tendrás que llevarme así y cada vez que te pregunten dirás "Nya, sé que tengo una gata en la cabeza". - Yoruichi se carcajeó ante la mueca en el rostro de la chica.

- Pe-pe-pe-pero... - Comenzó a decir Soi tartamudeando.

- Nada de peros. ¿No quieres que te perdone? - Cortó tajante la gata.

- Sí. - Finalmente, cedió ante las palabras de Yoruichi.

- Pues vamos. Tengo hambre. - Ronroneó satisfecha.

- Sí. - Musitó desganada.

- Pero antes ponte el gigai. - Mencionó Yoruichi como si se hubiese olvidado de algo importante.

Soi Fong obedeció sin rechistar. Una vez con el gigai al que entró con la gata en el mismo sitio, es decir, sobre su cabeza. Se encaminaron hacia la salida. Bajar las escaleras con una gata en la cabeza no era una tarea fácil, de eso se percató la joven capitana al momento. Mucho menos cuando a la gata en cuestión, le dio por juguetear con su cola en la oreja de Soi Fong haciendo que perdiera el equilibrio del brinco que dio y casi acabaran en el suelo. Salvando aquél pequeño incidente, se toparon con el tendero. Al verlas, tuvo que reprimir una carcajada. No todos los días se encontraba algo tan... particular.

- Pequeña Soi Fong, ¿Por qué llevas a Yoruichi-san en la cabeza? - Preguntó simulando inocencia.

- A tí que te importa, traidor. - Escupió la capitana de manera fría.

- No, no, no. - Sintió como la cabeza del peludo felino se movía en gesto negativo aún apoyado sobre ella. - ¿En qué quedamos? - Preguntó Yoruichi con cierta ironía.

- Preguntó "¿por qué llevas a Yoruichi en la cabeza?" no "¿por qué llevas a un gato en la cabeza?" - Se defendió Soi Fong en un intento de librarse por tener que decir algo así delante de aquél sujeto.

- No todo el mundo va a saber mi nombre. - Razonó la gata.

- Pero... - Protestó la chica.

- Nada de peros. - Interrumpió Yoruichi. Realmente se estaba divirtiendo y eso que ni había empezado.

- Sé que tengo una gata en la cabeza. - Masculló cruzándose de brazos.

- Perdón, no te oí. ¿Puedes repetir? - Preguntó Urahara tapándose el rostro con el abanico abierto.

- Tú... - Amenazó Soi Fong.

- Dilo un poco más alto, Soi Fong. - Incitó Yoruichi con una sonrisa gatuna.

- Sé... que... tengo... una... gata... en... la... cabeza... - Pronunció a regañadientes dejando el espacio suficiente entre una palabra y otra como para tomar aire y calmar su ira homicida.

- Te falta algo. - Canturreó la gata sobre su cabeza. Soi Fong frunció el ceño y mentalmente maldijo de todas las formas que conocía. Tragó saliva. Inspiró, espiró, inspiró, espiró... así varias veces.

- ...Nya... - Dijo por fin, ruborizándose por ello y desviando la vista hacia un punto realmente interesante de la pared.

- Muy bien. - Felicitó Yoruichi acariciando con una de sus patas la mejilla derecha de Soi Fong, como si en realidad ella fuera la gatita. Ante eso, Urahara casi se tuvo que morder la lengua y los labios para no carcajearse allí mismo.

- Vamos a comprar leche. - Anunció Yoruichi.

- Qué manera más sutil de pedir dinero. - Se quejó el tendero.

- Eres tú el que tiene la tienda. - Razonó la gata. Ante eso, no pudo rebatir por lo que terminó cediendo. Le dio un par de billetes a la capitana de la segunda división.

- Que os vaya bien, entonces. - Se despidió de ambas, para agrado de Soi Fong y medio disgusto de Yoruichi. Una vez que salieron de la tienda, dentro se escucharon unas carcajadas durante un buen rato.

En el trayecto desde la tienda de Urahara hasta el lugar que le estaba indicando Yoruichi para comprar la leche, no se había cruzado con demasiada gente. Los pocos que se había cruzado ni se habían percatado que Soi llevaba una gata sobre su cabeza. Por lo que Yoruichi, a pesar de ir extremadamente cómoda, estaba aburrida. Sin embargo, una mujer y una niña que iban en dirección contraria a ellas las observaron aunque no estaban cerca suya.

- Mamá, es chica lleva un gatito en la cabeza. ¿Por qué lo lleva así? - Preguntó la niña señalando a Soi Fong. La madre, inmediatamente, le reprendió que señalara a la muchacha.

- Soi-chan. - Canturreó Yoruichi de manera que sólo la capitana la escuchase.

- Están lejos. - Intentó defenderse la avergonzada chica.

- No es excusa. - Volvió a canturrear. Feliz de poder poner de nuevo a Soi Fong en esa situación.

- Está bien. - Masculló por lo bajo. - Séquetengounagataenlacabezan ya - Pronunció rápidamente de manera incomprensible, ruborizada hasta la raíz del pelo.

- Nya. - Coreó Yoruichi estirándose un poco.

Una vez llegaron a la tienda que sorprendentemente no estaba tan lejos como Soi Fong se imaginaba tras las vagas indicaciones de Yoruichi ni tan atestada de gente. Se encontraron con un pequeño inconveniente, un cartel en la entrada que prohibía la entrada a los animales.

- Etto... Yoruichi-sama... ¿Cómo voy a entrar con usted así? No dejan animales. - Razonó Soi Fong. Parecía que podría comprar la leche sin tener que pasar demasiada vergüenza.

- Tranquila, sólo tienes que mirarlo como miras a Kisuke y nadie te dirá nada. - Aclaró la gata sonriendo.

Por enésima vez en el día, Soi Fong masculló una ristra de maldiciones interminable. Respiró hondo varias veces antes de entrar en la dichosa tienda. Sorprendentemente, no había nadie salvo la joven dependienta que estaba enfrascada leyendo un manga.

- Que raro, normalmente suele estar lleno de gente. - Mencionó Yoruichi distraída mirando hacia todos lados.

Soi Fong palideció, con razón quería llevarla a ese sitio específicamente. Así que aprovechando que no había nadie se dio especial prisa. Cogió una botella de leche y se acercó al mostrador. La dependienta la miró unos segundos antes de sonreír. Soi Fong ya se veía teniendo que decir de nuevo la vergonzosa frase.

- Es un lindo gato. - Comentó la chica dándole el cambio.

- Gr-gracias. Pero es una gata. - Respondió la joven capitana desconcertada.

- Son muy posesivas. - Mencionó al ver como Yoruichi la miraba mientras hablaba con Soi Fong.

- ¿Perdón? - Pronunció dudando de haber escuchado bien.

- Que son muy posesivas. Hay veces que mi gata también se me encarama de una forma similar para que no la deje. - Soltó una risilla. Yoruichi bufó y Soi Fong se dio por enterada.

- Si, eso es cierto. - Recordó fugazmente lo que pasó justo esa mañana y posesiva era la palabra que más encajaba. - Adiós. - Se despidió cogiendo la botella.

- Adiós, vuelva pronto. - Dijo la dependienta.

En el trayecto de vuelta a la tienda de Urahara, tampoco se encontraron a demasiada gente. De no ser porque Yoruichi iba realmente cómoda, se habría molestado por no encontrar a nadie. Incluso hubo varios momentos en los que pensó que podría llegar a quedarse dormida. Además, de que en esa posición, el aroma de Soi Fong inundaba sus sentidos. Frotó su cabeza contra la de la chica mientras ronroneaba, dejando a la capitana aturdida por un momento.

Al llegar a la tienda de Urahara, escucharon una conversación que procedía del interior de la machiya . Al entrar dentro de la vivienda, se encontraron con que Ichigo y Rukia permanecían sentados en una mesa baja tomando té frente al tendero. "Mierda" escuchó decir a Soi Fong. La capitana desvió la vista hacia el suelo ante la estupefacta mirada de ambos chicos.

- Que pronto habéis llegado. - Comentó Urahara mirando a Yoruichi.

- No había mucha gente. - Mencionó de forma casual.

- ¡Hey! Yoruichi-san, Soi Fong-taicho. - Saludaron Ichigo y Rukia.

- ¡Hola! - La gata devolvió el saludo animadamente. Al contrario, la capitana se limitó a soltar algo parecido a un gruñido.

- Etto, Yoruichi-san... ¿qué hace encima de la cabeza de Soi Fong? - Preguntó curioso Ichigo.

Yoruichi formó una sonrisa y movió la cabeza hacia abajo, quedando justo delante de los ojos de Soi Fong. La chica la miró suplicante. Sin embargo, pareció no servirle de nada. Debido al prolongado silencio de la capitana, que duraba ya varios minutos, Yoruichi apoyó una de sus patas sobre la mejilla derecha de Soi Fong. Ésta dio un respingo al sentir las afiladas garras del minino sobre su piel. Tragó saliva y observó de nuevo los ojos del felino.

- Séquetengounagataenlacabeza. - Pronunció a gran velocidad de manera avergonzada y ruborizándose, sorprendiendo a los presentes por esa actitud tan impropia de ella.

- ¿Y? - Preguntó Yoruichi ronroneado.

- ... - Soi Fong no sabía que hacer para evitar aquello. "Si se atreven a decir algo, utilizaré a Suzumebachi. Así no dirán nada." pensó la capitana.

- Vamos, si lo haces será la última vez. - Concedió la gata cerrando uno de sus ambarinos ojos.

- Nya. - Pronunció inmediatamente la chica.

Ichigo y Rukia quedaron impactados e intentaron no reírse. Sin embargo, parecía que Urahara moriría de un ataque de risa, cosa que a la capitana de la segunda división no le importaría. Yoruichi por su parte, quedó completamente satisfecha con la primera parte de los retos que le había dicho a Soi Fong que tendría que realizar. La joven capitana... En realidad, Soi ni si quiera sabía por qué tenía que pedir perdón por algo a lo que ni si quiera podía haberse negado.


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Matta ne.