Disclaimer: Todo el universo de Bleach, y sus personajes, pertenecen a Tite Kubo, lo cual quiere decir que nada me pertenece salvo la historia.


RETOS Parte III.

Cuando el reloj marcó la hora, Yuzu se marchó hacia su colegio acompañada de Ichigo y Rukia, quienes se despidieron de Yoruichi y Soi Fong ante la puerta de la casa de los Kurosaki. Poco tardaron antes de que ellas también emprendieran el camino hacia la tienda de Urahara. Sin embargo, durante el trayecto Shihouin se percató de algo. Escrutó a su acompañante para dilucidar qué se le había olvidado. Observó durante un instante cómo Soi Fong caminaba a su lado, ensimismada en sus pensamientos.

Ignoró el motivo por el que había mirado a la chica tras comenzar a detallar cada parte de su absorto rostro. Su ceño fruncido, su labio inferior ligeramente mordido, su mirada clavada en algún punto en el suelo frente a ella, sus mejillas cubiertas de un leve rubor. Tras su análisis, la morena no tardó demasiado en advertir que no llevaban al peluche consigo. Conocedora de los problemas que el afelpado muñeco podía llegar a ser capaz de crear, de las dos horas traumáticas que acababa de pasar y de que su diversión se había quedado con él, cruzó los brazos sobre el pecho y enarcó una ceja. Soi suspiró.

- Ne, Soi Fong. - Llamó deteniéndose.

- ¿Hum? - Dijo la chica centrando su atención en la morena, dejando de caminar también

- ¿Dónde está Kon? - Preguntó lo evidente.

- En la casa de Kurosaki. - Respondió con simpleza, encogiéndose de hombros.

- ¿No será... algo arriesgado? - Cuestionó escéptica enarcando una ceja.

- No lo creo. - Afirmó la capitana.

- Tráelo. - Ordenó Yoruichi seria.

- Pero... - Comenzó en una tentativa por librarse.

- Tráelo. Te espero aquí. - La joven capitana desistió en su intento de protestar al ver la mirada severa de la morena.

- Sí. - Resignada, volvió a la casa del Shinigami sustituto.

Sólo se habían alejado un par de calles por lo que no tardó demasiado en volver. Al estar frente a la casa, se acordó que no había nadie. Sin embargo, Yoruichi le había pedido que llevase al peluche con ella por lo que debía tenerlo consigo cuando se encontrara con la morena. Buscó algún punto por el que poder entrar sin causar demasiado alboroto. La ventana de la habitación de Ichigo, en la segunda planta, estaba abierta. Dio un rápido vistazo a su alrededor, el lugar parecía desierto por lo que de un ágil salto llegó a la ventana.

Se apoyó en el alféizar y miró hacia el interior de la habitación. Observó al peluche que estaba sentado en frente a una esquina, abrazando sus rodillas, con la mirada perdida y balbuceando cosas incomprensibles. Al verlo, Soi Fong se sintió un poco culpable. Lo del vestido rosa con volantes no había sido idea suya sino de la hermana de Ichigo. No obstante, su aporte había sido meter al peluche en el objeto que Yuzu había llamado lavadora y tenderlo encima de la barbacoa para que se secara antes. No supuso que se le pegaría fuego a la cola del peluche y tendrían que apagarlo a golpes con la escoba que había cerca para volver a meterlo en la lavadora, ya que estaba casi pero que antes.

- Tú. - Habló la chica con voz potente desde el alféizar de la ventana. Al oír la voz, Kon se giró aterrado. - Ven. - Ordenó la capitana. El peluche negó enérgicamente con la cabeza. - Está bien. - Concedió resignada.

Yoruichi le había dicho que llevara al peluche y eso haría. Por lo que en un rápido movimiento y sin consideración alguna, cruzó la habitación, se acercó al peluche, lo cogió de la cola y tiró de él hasta sacarlo de allí. Volvió raudamente hasta el lugar donde su ex-mentora la esperaba ignorando las quejas y súplicas del ser afelpado. No tardó demasiado en llegar. Yoruichi la miró enarcando una ceja y con una sonrisa divertida por la forma en que llevaba a Kon. El peluche se encontraba cabeza abajo girando sobre sí mismo debido a sus bruscos movimiento.

- No quería venir. - Aclaró la joven capitana encogiéndose de hombros.

- Vamos. - Comentó la mujer morena empezando a caminar hacia la tienda de Urahara.

- Sí. - Secundó Soi Fong emprendiendo la marcha cerca de Yoruichi.

- ¿Por qué me tienes que llevar así? - Se quejó Kon. - ¡Duele! - Volvió a quejarse con voz nasal.

- Cállate. - Le reprendió Soi Fong. No estaba dispuesta a tener que soportar los berridos del peluche mucho tiempo más.

- ¡Se me está subiendo la sangre a la cabeza! - Exclamó, tras unos cuantos minutos, llevándose las manos a dicho lugar.

- Eres un peluche. No tienes sangre. - Acotó la chica cada vez más irritada.

- ¿Por qué tengo que ir con vosotras? Esto es secuestro. Rukia Nee-saaaaaaan. - Seguía en su pataleta ignorando que la chica estaba cada vez más crispada.

- ¡Oye tú!. - Pronunció la joven capitana con el ceño fruncido y alzando el peluche hasta quedar suspendido boca abajo frente a ella. - Cállate o... - Amenazó al tembloroso Kon.

- Soi Fong. - Intervino Yoruichi haciendo que la aludida desviase su vista del peluche hacia ella. La joven capitana, temiendo haber realizado algo que desagradara a su ex-mentora palideció levemente y no contestó. - Hemos llegado. - Anunció la morena avanzando hacia la tienda.

- Es cierto. - Pronunció sorprendida siguiendo a Yoruichi.

Sorprendentemente los niños que vivían en la tienda no estaban en la entrada, como era costumbre. Extrañada, Soi Fong, se debatía entre preguntarle a Yoruichi por éste suceso o no. Su vista se clavó en la morena que se había adelantado un par de pasos a ella. La mirada de la joven capitana recorrió por completo la figura de su ex-mentora, suspirando levemente ruborizada tras ello.

Al adentrarse en la tienda, tampoco vieron a Tessai ni siquiera Urahara se encontraba en el mostrador. Se dirigieron, a la pequeña sala donde el dueño solía recibir a las visitas. Allí estaba el hombre, sentado al lado de una mesa baja con su sempiterno sombrero y un abanico que sostenía en una de sus manos, tomando té. Sólo con verlo a Soi Fong le dieron ganas de estamparle al peluche en la cabeza, pero Yoruichi le había pedido que fuera amable con el afelpado ser por lo que se contuvo.

- Bienvenidas. - Saludó cordial al verlas entrar.

- Kisuke ¿Dónde está Tessai? - Cuestionó la morena.

- Ha tenido que salir a por un pedido. - Respondió dando un sorbo a la taza que tenía frente a él.

- ¿Y Ururu y Jinta? - Volvió a preguntar.

- Con Tessai. - Dijo depositando la taza sobre la mesa.

Yoruichi se sentó enfrente del tendero despreocupadamente. Soi Fong se limitó a dedicarle una mirada cargada de odio al dueño de la tienda. Cuando el hombre centró su vista en lo que la capitana de la segunda división llevaba en su mano derecha, no le sorprendió, ni el trato que recibía el peluche ni que la chica pareciera más iracunda que de costumbre. El peluche era sujetado de la cola por la chica sin ningún tipo de consideración, colgaba cabeza abajo e impresionantemente se mantenía callado. Ante el silencio de Soi Fong, Yoruichi se giró un poco para mirarla alentándola a responder.

- Traemos a Kon. - Se limitó a contestar, alzando levemente frente a ella al afelpado muñeco que giró sobre sí mismo.

- Yoruichi-san ha llegado algo que seguro te gusta y sabrás darle alguna utilidad. - Pronunció con inocencia Urahara. Algo en esa frase hizo que Soi tuviera que reprimir las ganas de hacer que el sujeto se tragara el sombrero y el abanico. Sin embargo, apretó la mandíbula y prefirió mantenerse callada.

- ¿El qué? - Preguntó curiosa la aludida.

- Está en tu habitación. - Respondió él.

- Voy a ver. - Mencionó emocionada antes de desaparecer para subir las escaleras.

El tenso ambiente entre Urahara y Soi Fong era más que perceptible. Kon, que seguía sujeto por la chica, la miró con temor. Volvió a girar sobre sí mismo, haciendo que se marease un poco. El que fuera un peluche no significaba que no pudiera marearse. Sin embargo, estaba más preocupado por los dos que se encontraban allí. Parecía que sin la mujer morena allí, ambos comenzarían una encarnizada batalla a muerte en cuestión de segundos, aunque el hombre sonreía y la chica no mostraba atisbo alguno de moverse del lugar dónde se encontraba.

Además, desde que habían llegado la chica con las trenzas le sujetaba más fuerte de la cola. Kon sabía que tenía que salir de allí. Conforme pasaban los segundos la mirada homicida de la chica se intensificaba según la sonrisa del tendero aumentaba. El aire parecía pesado y una cargada atmósfera les rodeaba. El peluche, suplicó mentalmente que la mujer morena volviera rápidamente. Pareciendo que sus plegarias habían sido escuchadas, la susodicha apareció sosteniendo una caja no muy grande con una sonrisa radiante.

Soi Fong no pudo evitar quedarse mirando cómo Yoruichi se acercaba a ellos con una deslumbrante sonrisa en su rostro. Observó cómo ocupó el lugar que había dejado vacío al irse y colocó la caja sobre la mesa. Entonces, la capitana se percató del objeto. La caja era de unos treinta centímetros de largo por diez de ancho con un particular papel muy fino que la envolvía. También se dio cuenta que Urahara tenía una sonrisa extraña, como si en el interior del objeto pudiera haber algo que estuviera relacionado con ella. "Pero no puede ser, ¿verdad?" se preguntó mentalmente manteniendo un rostro severo.

"¿Cómo que no puede ser?" oyó quejarse a Suzumebachi en su interior, su zanpakuto parecía muy molesta por algo que ella no llegaba a comprender. "Ha llegado muy temprano, sin avisar, en tu día libre, te reprocha que Rangiku durmiera en tu habitación, no te da opción a que se lo expliques, te obliga a hacer lo que quiera para perdonarte... ¿y crees que lo que haya en esa caja no tendrá que ver contigo? Creí que eras más inteligente. " Ironizó su zanpakuto. Ante eso, Soi Fong tragó saliva y prefirió ignorar las demás quejas de Suzumebachi. Sólo esperaba que no llevara razón.

- Soi Fong. - Llamó Yoruichi, pero la chica seguía absorta. - Nee, Soi Fong. - Volvió a intentar con el mismo resultado. La morena se giró un poco para observar a la ensimismada chica y una sonrisa diabólica surcó su rostro. Se levantó con cuidado y se colocó frente a la joven que miraba al suelo. - Soi Fong. - Ronroneó suavemente al lado del oído de la chica.

La capitana dio un respingo algo exagerado y un paso hacia atrás debido a la cercanía de Yoruichi, que la miraba divertida. Abrió la boca para decir algo, pero su voz no salía. Kon miraba sorprendido cómo la chica que le había causado otro trauma se mostraba avergonzada y tímida cuando se trataba de la esbelta mujer morena.

- ¿S-s-s-s-si? - Atinó a decir tartamudeando.

- Tengo algo para tí. - Canturreó Yoruichi feliz. Soi Fon tragó saliva, de nuevo. "Esto va a ser el Karma" pensó aterrada.

- ¿El qué? - Se atrevió a preguntar.

- Está en la caja. - Aclaró sentándose de nuevo.

Soi Fong se aproximó dubitativa, casi con temor. Suzumebachi tenía razón, aquello era para ella, y Urahara estaba implicado. Por lo que no podía ser bueno de ninguna de las maneras. Lentamente, dejando a Kon a su derecha sobre la mesa, ocupó el lugar que había al lado de Yoruichi. Ésta le instó a que abriese la caja para ver el contenido. Cogió meticulosamente el objeto y lo acercó hasta dejarlo frente a ella. Centró su vista en el cartón rectangular de color negro que era la tapa. Nada indicaba de qué se trataba. No tenía distintivos, ni pegatinas, ni si quiera un lazo o algo similar. Lo único que desentonaba era el papel de extraña textura que la envolvía.

Colocó sus manos a los lados del objeto y lo destapó lentamente. Al dejar la tapa a un lado le sorprendió ver el contenido. Se trataba de una especie de tela con algunos adornos. Extrañada, sujetó dos extremos y lo elevó frente a ella, quedándose estática. Se trataba de una especie de vestido corto de finos tirantes semitransparente con algunos dibujos. Tenía una obertura en el centro que era unida por un dos cordones que se unían en un lazo. Cuando se dio cuenta del significado de aquello se ruborizó violentamente. Empeorando al recordar que Yoruichi le había dicho que era para ella. Casi sangró por la nariz al percatarse que en la tienda sólo estaban ellos tres, junto al peluche. Cada segundo que trascurría era peor que el anterior para la capitana.

- Me voy al almacén. - Anunció Urahara sonriendo. - Que os divirtáis. - Añadió con cierto tono burlón y le guiñó un ojo de forma coqueta a la morena quien sonrió divertida, centrando su atención en la particular reacción de la chica.

- Soi Fong. - Llamó Yoruichi tras la partida del tendero.

- ¿H-hu-hum? - Preguntó temerosa de lo que le podría decir.

- Este... será otro... reto. - Pronunció ronroneando y con una sonrisa de medio lado.

- ¿En qué consiste? - Se atrevió a preguntar notando como empezaba a temblar.

- Tendrás que... limpiar mi habitación... con eso puesto. - Anunció mirando a los ojos de la chica.

Antes de que Soi pudiera negarse, protestar o decir algo escucharon un golpe seco. Ambas miraron en dirección a la derecha de la capitana. Kon se había caído de espaldas y manchó la mesa con un chorrillo de sangre que le había salido de la nariz. Yoruichi soltó una risilla divertida y Soi le dedicó una furibunda mirada, de las que solía dedicarle al tendero. "No se supone que es un peluche, ¿cómo es posible que sangre?" pensó la chica intrigada pero sin llegar a tocar al afelpado animal.

- Hará falta una servilleta para recoger eso. - Comentó la morena al ver el charco en el que encontraba Kon. Dándose por enterada, la capitana se levantó.

Sin demasiado cuidado, Soi Fong cogió al peluche con la especie de vestido aún en la mano y lo llevó a la cocina. Soltó al afelpado animal sobre la mesa situada a su izquierda creyendo que no podría romper nada. La chica comenzó a buscar algún tipo de material que absorbiera la mancha y limpiar la mesa. Recorrió con la mirada la cocina entera, sin resultado.

Mientras Soi Fong seguía buscando, Kon encontró una ruta de escape. Tendría que saltar hacia la escoba apoyada contra la pared que se situaba frente a la mesa. Después, treparía por ella hasta llegar a la ventana y sería libre. Una vez trazado el plan, miró disimuladamente cómo la chica seguía buscando algo y se lanzó hacia el objetivo. Sin embargo, al aferrarse a la escoba cayó en la cuenta de que si huía no vería a la chica del haori con aquella pieza de lencería limpiar la habitación de la esbelta mujer morena.

Debido a sus dudas pasó demasiado tiempo sobre la endeble escoba y ésta, se movió hacia un lado. Antes de que pudiera reaccionar vio cómo se acercaba los fogones. Para horror suyo, uno de ellos estaba encendido con una tetera encima.

- ¡Ahhhhhh! - El gritó de Kon llamó la atención de Soi Fong, que se giró inmediatamente para ver cómo el peluche golpeaba la tetera derramando su contenido por parte de la cocina y su cola comenzaba a arder.

La capitana no supo exactamente cómo, pero en pocos segundos el afelpado muñeco provocó un pequeño incendio al caer sobre la escoba que prendió inmediatamente, seguida por la mesa. Mientras Kon seguía corriendo en círculos intentando pillarse la cola para apagarla. Soi Fong, cogió lo que tenía a mano y cubrió al problemático peluche. Al fin consiguió que se le apagase la cola. Sin embargo, la escoba ya no existía y la mesa empezaba a calcinarse.

Una humareda negra cubrió el interior de la cocina. En un segundo intento, la capitana cogió de nuevo lo que utilizó para evitar que el peluche ardiera por completo. Se aproximó a la mesa y comenzó a darle con el vestido a las llamas en un intento por sofocarlas. Mientras, Kon a una distancia prudente la animaba a continuar.

- ¡Echále agua! - Aconsejó el peluche.

La capitana asintió y se acercó al fregadero. Abrió el grifo, cogió un vaso, y lo llenó de agua. Después se giró y vertió el contenido sobre la mesa. Sin embargo, accidentalmente cayó agua en el enchufe, que también empezaba a arder, situado sobre la madera provocando que una llamarada les obligara a retroceder un poco. Tosieron un poco por el intenso humo y la chica se tapó la boca y nariz con su mano derecha.

Sin embargo, parecía que sus esfuerzos eran infructuosos. Prácticamente, ya había ardido media cocina cuando llegó Urahara con un extintor. De forma apresurada dirigió al foco de las llamas la boquilla del objeto y apretó la palanca de activación. Apagó el fuego que se había creado y el humo fue sustituido por una nube blanca que les hacía toser mucho. Tras eso apareció Yoruichi en la puerta.

- ¿Qué ha pasado? - Preguntó a Soi Fong.

- Él. - Se limitó a contestar, la algo chamuscada capitana, señalando al peluche.

Entonces, Yoruichi se aproximó a la mesa cubierta por una espuma blanca. Observó con más detenimiento y se percató de que sobre la mesa se encontraba la prenda de lencería que había elegido para que Soi Fong cumpliera su reto. Suspiró resignada, ya tendría que buscar otra cosa para que la capitana de la segunda división hiciera. La chica permanecía en silencio al lado del peluche, ambos en un estado semichamuscado con algunas partes una de ropa y el otro de felpa, quemadas.

- Mi cocina. - Pronunció Urahara lastimeramente.

- Bueno, pues para compensar tendrás que quedarte aquí hoy. - Comentó la morena dirigiendo su vista hacia la chica e ignorando al tendero. - Además, será en mi habitación... y dormirás en mi cama. - Explicó sin dejar posibilidad de protesta. La capitana asintió enérgicamente.

Yoruichi salió de la cocina tras dirigirle una mirada suspicaz a la joven capitana que tembló ligeramente. Urahara seguía observando de forma lúgubre la cocina. Kon se aproximó a la capitana y le dio un pequeño tirón de su quemado haori. La chica dirigió su vista al peluche. Comprendió al momento lo que quiso decir. Lo cogió por el cuello, con más cuidado que las veces anteriores, y salieron de la cocina. Mientras, Urahara seguía dentro en estado catatónico.

- Estás empezando a caerme bien. - Le comentó divertida a Kon.


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Matta ne.