Disclaimer: Todo el universo de Bleach, y sus personajes, pertenecen a Tite Kubo, lo cual quiere decir que nada me pertenece salvo la historia.


¿DULCES?

Al estar frente a las puertas de la primera división, Soi Fong se percató de que no portaba su haori. Hizo memoria y recordó que se lo había dado a Yoruichi. Tras lo que pasó, salió tan apresuradamente de su despacho que ni se acordó de que no lo llevaba. Se golpeó levemente con el puño derecho en la cabeza. Ya estaba allí, tendría que entrar y esperar que el capitán-comandante no se diera cuenta o no le diera importancia a que no llevara el haori.

Respiró hondo antes de entrar en el inmenso despacho de Yamamoto. Se aproximó a la mesa situada en el extremo opuesto a la puerta con paso inseguro. No tardó demasiado en recorrer los varios metros que separaban la entrada de dicha mesa, mientras el capitán-comandante la observaba atentamente.

- Buenos días, sotaicho. - Saludó la joven capitana.

- Soi Fong-taicho ¿Dónde está el haori? - Preguntó al notar la falta de la prenda.

- Em... yo... etto... - Soi Fong no esperaba que preguntase tan pronto por lo que aún no tenía una excusa lo suficientemente creíble para decir.

- ¿Y bien? - Cuestionó ante la duda y los nervios de la joven capitana.

- Es que me lo dejé en el despacho. - Atinó a responder ante la imponente mirada del capitán-comandante.

- ... - El hombre no respondió y la miró seriamente.

- Al llegar, me lo quité... y em... cuando el teniente me avisó vine inmediatamente... ni me acordé que no lo llevaba puesto. - Respondió nerviosa.

- Me sorprende esa acción viniendo de tí. - Comentó el anciano de manera neutra.

- Siento el descuido. - Se disculpó la joven bajando levemente la cabeza.

- ¿Ese "descuido" no tendrá que ver con la visita de Shihoin Yoruichi? - Inquirió ante el atónito rostro de la chica.

- Si. - Musitó avergonzada tras varios segundos, desvió la vista y sus mejillas adoptaron un leve tono carmín. El sotaicho emitió un leve gruñido.

- En ese caso no preguntaré, pero no toleraré un nuevo "descuido" de esta índole. - Sentenció de manera severa.

- Sí, sotaicho. - Aseguró decidida la joven capitana.

- Bien, te he mandado llamar porque alguien quería hablar directamente contigo. - Informó el hombre del motivo por el cual ella se encontraba allí.

- ¿Hablar conmigo? - Cuestionó sorprendida.

- Exacto. Rin Tsubokura, un miembro de la 12 división. - Explicó el anciano.

Al nombrarlo, apareció tras el capitán-comandante un muchacho de complexión menuda con una coleta pequeña en el frontal de su cabeza. Parecía algo tímido, aquél chico le recordó a un miembro de la 4 división del que no recordaba el nombre, que curiosamente también daba más problemas de los que podía resolver aunque era buen médico.

- Etto... - El muchacho se dirigió hacia ella de forma tímida. Soi Fong se percató de que llevaba una gran bolsa en una mano. - En agradecimiento por encontrar el aparato que creé para que los humanos puedan ver perfectamente a las almas. - Alzó la bolsa y se la ofreció a la aturdida capitana. - No todo el mundo lo hubiera hecho. - Agregó realmente agradecido.

- Em... de nada. - Respondió la capitana algo desconcertada por el regalo.

- Son dulces del mundo humano. Hay una gran variedad. - Explicó al ver la forma recelosa en que Soi Fong miraba el saco.

- Aham. - Dijo enarcando una ceja.

El muchacho se retiró después de agradecerle a Yamamoto la oportunidad de retribuir personalmente a la capitana que le devolvió su creación. Tras aquello, Soi Fong no tardó mucho en despedirse del capitán-comandante y dirigirse hacia su despacho, donde sorprendentemente había más informes que antes de que se marchara. "Maldito vago de Omaeda" maldijo mentalmente.

Curiosamente Yoruichi no se encontraba allí. Algo desilusionada, soltó la bolsa de dulces sobre un lado de su escritorio y comenzó a rellenar los informes antes de ir a buscar a su ex-mentora. Sin embargo, eran más de los que creyó en un principio, manteniéndola ocupada toda la mañana. Tras terminar algo que ya pensaba no conseguiría, se percató de que era la hora de entrenar con los miembros de su división.

Sus subordinados se sorprendieron al verla sin el haori, pero no preguntaron, cosa que agradeció. Comenzó un duro entrenamiento. Después de varias horas midiendo las capacidades de los miembros del escuadrón dio por terminado el entrenamiento, pasando más de media tarde. A pesar de su impaciencia por encontrar a la morena, Soi Fong tuvo que centrar su atención en unos informes urgentes que habían llegado a última hora, provocando que tuviera que inspeccionarlos quedándose en su despacho varias horas más.

Al salir, respiró varias bocanadas de aire. Parecía que hacía siglos que se mantenía encerrada entre las paredes del despacho. Rápidamente la capitana se dirigió hacia su habitación, donde supuso estaría la morena. Sin embargo, al abrir la puerta lo que encontró fue menos que traumatizante. Rangiku, evidentemente ebria, con parte del uniforme de shinigami mal puesto y con un cubo, que no sabía de dónde lo había sacado, en la cabeza vociferaba por más sake. Además, se movía de forma extraña en lo que parecía un intento por bailar, mientras sostenía en una de sus manos una maceta con una planta en su interior que utilizaba como micrófono. Suspiró resignada y se marchó dejando a la teniente de la décima división dentro de la habitación.

La joven capitana, subió al tejado del cuartel de la segunda división de un ágil salto, aún llevando la enorme bolsa con dulces que le había regalado el chico de la 12 división. Miró en derredor antes de sentarse con las piernas cruzadas sobre las tejas. Observó cómo el sol se iba poniendo y la luz del crepúsculo inundaba el Seireitei. Suspiró de forma melancólica. Bajó la vista durante unos segundos antes de volver a levantarla y evadir los pensamientos un tanto aciagos que se habían apoderado de su mente.

La chica abrió la bolsa e inspección visualmente el contenido. Era aún más desconfiada si se trataba de la 12 división. Observó varios envoltorios de colores chillones y distintos tamaños. Tras no ver nada relativamente sospechoso, Soi Fong sacó un envoltorio circular dorado de pequeño tamaño. Al desenvolverlo, observó curiosa una esfera de chocolate. Yoruichi se lo había mostrado en una de sus anteriores visitas al mundo humano. Sosteniéndolo entre el pulgar y el índice se lo llevó a la boca con cuidado. Tras morderlo, comprobó que tenía chocolate fundido por dentro. Soltó un leve sonido de satisfacción cuando se le llenó la boca del delicioso contenido.

- ¡Hola! - Saludó Yoruichi apareciendo junto a ella en el tejado, portando el haori de Soi Fong.

- Yoruichi-sama. - Pronunció en un susurro avergonzada. No se había olvidado de lo que pasó esa mañana y tampoco era conocedora de la reacción de su ex-mentora porque se había tenido que ir a la reunión. Además, estaba el tema del haori que llevaba su mentora como única prenda de vestir.

- ¿Qué tienes ahí Soi Fong? - Inquirió curiosa mirando la enorme bolsa que la chica tenía sobre sus piernas.

- ¡Ah! ¿Esto? - Preguntó señalando dicha bolsa. La morena asintió. - Unos dulces que me ha regalado Rin Tsubokura, miembro de la 12 división, por devolverle su trasto. - Explicó rebuscando de nuevo en el saco hasta encontrar lo que quería, otro dulce con envoltorio dorado.

- ¿Están ricos? - Cuestionó de manera inocente.

- Uhum. - Asintió felizmente desenvolviendo de nuevo el dulce e introduciéndoselo en la boca.

- ¿Me das? - Preguntó la morena ronroneando y acercándose a la capitana.

- Cla-claro, creo que aún me queda otro. - Habló con algo de dificultad al tener el dulce dentro de la boca.

Rápidamente, se puso a buscar en el interior de la bolsa. Esperando encontrar otro dulce similar al que estaba comiendo. De pronto el olor de Yoruichi la invadió, como si estuviera muy cerca. Además un agradable calor se había colocado a su lado. Debido a esa repentina cercanía de la morena, provocó que alzara el rostro para mirarla. Su ex-mentora estaba prácticamente pegada a ella. Yoruichi la miró divertida por el repentino sonrojo que apareció en las mejillas de la capitana al percatarse de su cercanía.

- No quiero otro. - Dijo de forma sugerente junto al oído de su acompañante.

En un rápido movimiento, la morena atrapó de manera suave los labios de Soi Fong. La capitana quedó paralizada. Soi Fong sintió cómo su corazón comenzó a galopar a una velocidad comparable a la de su ex-mentora. Su respiración se aceleró y un extraño nudo se le había creado algo más abajo del vientre. Un intenso hormigueo recorría su cuerpo, dejándola sin capacidad motriz aunque temblaba bastante. La capitana de la segunda división quedó abrumada al sentir el aliento de Yoruichi atravesarle. Incluso un escalofrío le recorrió la columna provocando que temblara aún más.

De forma lenta, la morena introdujo su lengua en el interior de la boca de Soi Fong. Explorando con parsimonia cada centímetro de su interior. La capitana alzó una de sus temblorosas manos y la llevó a la nuca de la morena. Acarició levemente su tersa piel antes de posarla allí. Después, se atrevió a profundizar más el beso. Pudo sentir cómo la lengua de Yoruichi comenzaba a acariciar la suya. Provocando que una impetuosa sensación se desatara en ella.

A pesar de que el principio fuera sosegado, comenzaron una intensa batalla por dominar la boca de la otra. Soi Fong abrió un poco más sus labios y se aproximó al cuerpo de Yoruichi. Empezaba a tener calor, mucho calor, demasiado calor. No le dio importancia ya que su total atención la tenía la mujer que la estaba besando de manera tan pasional. Sin embargo, tal y cómo empezó, Yoruichi se separó lentamente de ella hasta quedar a escasos centímetros de sus labios. Dándole cortos besos, como si tampoco quisiera separarse.

Tras varios besos más, la morena finalmente se separó sin dejar demasiado espacio. Abrió su boca y mostró levemente su trofeo, el dulce que minutos antes estaba en la boca de Soi Fong. Su cerebro pareció salir del estado de estupefacción en el que se encontraba, pues se percató de lo que acababan de hacer. Completamente ruborizada, la capitana se tapó la boca con ambas manos mientras miraba horrorizada hacia Yoruichi.

- E-e-e-e-e-e-ese... ha sido... - Tartamudeaba Soi Fong a través de sus manos desviando su mirada hacia el suelo.

- ¿Ha sido tu primer beso? - Preguntó Yoruichi sorprendida. La capitana asintió. - Dicen que el primer beso sabe mejor si te lo roba la persona de la que estás enamorada. ¿Es cierto? - Cuestionó de forma inocente enarcando una ceja.

- Si. - Confesó la capitana suspirando mirando de soslayo a la morena.

- ¿Entonces admites que estás enamorada de mí? - Preguntó con una sonrisa triunfante. Soi Fong palideció y eso que parecía imposible debido al carmín de sus mejillas.

- Yo... em... es... ah... um... - Comenzó a balbucear cosas incomprensibles.

- Es más sencillo de lo que crees. - Le instó Yoruichi de manera comprensiva ante el nerviosismo de la joven capitana. Pareció comprender lo que la morena le dijo, pues la miró a los ojos decidida. Se perdió en ellos un instante, reuniendo el valor para materializar sus sentimientos en palabras.

- Estoy enamorada de tí. - A penas fue un susurro audible, pero lo dijo. Al fin se lo había dicho y mientras miraba directamente sus ojos dorados.

Youichi sonrió ampliamente antes de capturar de nuevo los labios de Soi Fong. Allí, en el tejado de la segunda división, con una bolsa de dulces entre ambas, se encontraban dos almas que por fin se sinceraban entre ellas. Bañadas por la luz crepuscular se confesaban lo que con tanto anhelo habían guardado. Demostrándose con cada nueva caricia y con cada beso la intensidad que se siente al saber que un sentimiento tan grande es correspondido por esa persona que lo hizo nacer.

FIN.


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Matta ne.