Bueno desde ya quiero agradecer a todos los que dejan review hasta la fecha: Ruth Snape, Radioactive Shev, dulcysnape, , romina, cami, IsaMcqueen, y a todos aquellos que se toman la molestia de leer los capítulos... gracias! (Pido disculpas si me falto el nombre de alguien LO SIENTO MUCHO).
Bueno este nuevo capitulo me ha costado bastante, y sobre todo, la parte de "sueño-realidad", así que espero sus comentarios para irme al cementerio, o para continuar el fic.
"La vida sería más fácil, si viviéramos en sueños..." Quien invento esta frase, nunca penso que los sueños se pueden transformar en pesadillas.
Tema del Cap.: Sticks and Stones – The pierces.
Éxitos
~ClairSnape.-
Capitulo 16: Memorias. En Azkaban, 1.
La celda en la que me encontraba, era más una cueva que una maldita prisión... Una cueva asquerosamente destrozada, y muy raída, la humedad supuraba de todas las paredes, al igual que la tristeza que se podía respirar en el aire, por culpa de los dementores. Viera por donde viera, ese lugar me daba escalofríos y más allá de esas malditas criaturas que los llamaba "Guardias de Azkaban" – yo diría verdugos -, lo que más me aterraba de todo esto, era el parecido de la cueva de mis sueños, la similitud, la realidad que veía en las paredes, techo, la poca luz que entraba por el agujero que tenía por ventana... Todo eso me daba pánico, al lado de lo que me producía un maldito dementor. De cualquier ángulo del que mirara, todo era negro... Negro como el azabache, como la noche, como esos ojos que tanto amaba... No miento. Esos ojos tienen un sentimiento, un sentimiento, que solo me dedican a mí, y si aún estaba "consciente" dentro de este maldito lugar, era por el, por ese beso... Por el calor que me hizo sentir su brazo en mi cintura. Sin embargo no había recuerdo lo bastante poderoso que barriera la pena que me agarraba cuando un dementor pasaba por las rejas de mi celda.
Sola y atontada, debido al cansancio físico y mental, ya ni me acordaba como llegue, ni como fue que en una simple semana, Hogwarts se desmorono así de rápido... Pero, haré el esfuerzo de recordar, de buscar, una pista, algún rastro, algo que impida que me quede más tiempo acá... Y si bien recordar los últimos días no me hacían ninguna gracia, distraerme de esta penumbra era mi única salvación.
No importaba nada (al menos no lo que me rodeaba), mi objetivo: "Salir de acá, sin importar como".
Ese día treinta de octubre, siendo ya casi las seis de la tarde, y luego de esperar el traslador llegamos a Hogwarts, acompañados por los cuatro aurors (Kingsley, Harry, Ron y Hermione).
Al llegar, más de uno guardo silencio, debido a la incomodidad de los hechos, y a la inestable realidad.
-Bien.- hablo Albus- Dentro de dos horas será el banquete de Halloween y no planeo suspenderlo, así que por favor, alístense. Amigos – volvió a empezar a hablar mirando ahora hacia los aurors- Son bienvenidos si desean quedarse esta noche con nosotros.-
Dicho esto, con la mayor amabilidad y falsa tranquilidad posible, Albus se fue a paso apresurado pasillo arriba.
Los que quedamos, no hablamos hasta minutos después cuando Kingsley pronuncio palabra – Será mejor que nos vayamos, debemos notificar al Ministerio, aunque el Ministro estuvo y presencio, nosotros debemos darlo por escrito así que...- suspiro con esa paz que solo Shackelbolt puede concebir –Cualquier problema llámenos.-
Con un seco movimiento de cabeza Severus, Glenn y yo, asentimos. Dicho esto los aurors se fueron.
Sin nada que hablar con los presentes, me fui sin más.
-¡Clair!- dijeron dos voces al unísono.
Me voltee a ver a ambos hombres, que ahora se estaban mirando entre ellos, con cierto recelo.
-Estoy cansada me voy a dormir, buenas noches profesores.- dije seca y seria.
Sin embargo una voz volvió a llamarme - ¡Espera Clair!- pronuncio la voz de Glenn.
-¿Qué pasa?- me voltee hacía el con cansancio. No estaba para entablar conversaciones. Y menos después del día vivido.
-¿No vas entonces al banquete?- pregunto Glenn con una mirada sumisa, y apretándose las manos.
En eso se escucho un carraspeo sarcástico de la garganta de Severus.
Por un segundo pense que Glenn me estaba tomando por idiota, pero al verlo, comprobé que no, el joven simplemente no había captado lo que dije anteriormente... Y bueno así era Glenn, simple, sencillo, trasparente, y tranquilo, de sonrisa contagiosa.
Al menos hasta ese momento pense que era trasparente... Pero "Las apariencias engañan". ¡Ag! Volviendo a mi relato...
Lo mire un segundo más, y de reojo a Severus, que aunque demostraba toda la predisposición para irse, seguía rígido en su lugar, escuchando nuestra "charla" con expresión desagradable.
Dudando profundamente mi respuesta, pero al ver a los ojos expectantes de Glenn me decidí- De acuerdo voy, pero me iré a bañar y a dormir algo, nos vemos allí ¿si?- dije tratando de que mi rostro también tuviera una sonrisa.
El joven simplemente asintió con énfasis y se marcho. Mi mirada automáticamente busco a Severus, pero ya no estaba...
Una vez en mi cuarto, me tire boca abajo en mi cama, y como de costumbre –aunque ya hacía rato que no reaccionaba así – mi gata Kira se acomodo en mi espalda. Tenía que levantarme y bañarme, pero no tenía fuerzas...
Así que intente asimilar lo sucedido. "Ok, vamos por partes"
Primero, fui a declarar a la CIA, sobre algo que no sabía, ni tenía bien claro. Segundo, se me informo, de el incendió a mi departamento. Tercero, las muertes de Ian, y Lucy...
Mi corazón dio un peligroso vuelvo, y me largue a llorar, como menuda estúpida e impotente. Unos minutos después me calme, e intente volver a mi recopilación de sucesos cuando alguien tocó a mi puerta.
El ruido me altero provocando que diera un respingo, de manera que Kira salto fuera de la cama, haciendo un leve bufido y acomodándose en el sillón.
Antes, de abrir la puerta – que por cierto había cerrado con sortilegio- me quite mi capa, y me polera, que ya estaban asquerosamente transpiradas.
-¿Quién es?- me arriesgue a preguntar.
-¿Me abres?- dijo la voz sedosa de Severus, del otro lado de la puerta.
"¡Maldición! ¿Qué quería ahora Snape? ¿Acaso necesitaba consejos de amor para su amiguita esa Ruth? Oh no... ¡Ya se!, se viene a burlar de mi, por lo patética que fui al besarlo...¡Ag! Snape, hombre, hombres... ¡AHHH!"
-¿Sigues viva?- volvió a preguntar su voz detrás de la puerta con tono sarcástico.
Al escucharlo otra vez, hice un movimiento con mi varita para abrir la puerta, mientras me tumbaba de nuevo en la cama. Sin embargo, el hechizo no salió bien y la puerta cayo al piso produciendo un estrepitoso ruido.
Al darme cuenta del ruido, volví a ponerme de pie, mirando a Severus, con mi cara de pocos amigos, y este me devolvió la mirada con una sonrisa sarcástica.
-Veo que no has mejorado nada, ¿Has practicado si quiera? – pregunto con voz sedosa, entrando en el cuarto y haciendo un movimiento con su varita de manera que volvió a poner la puerta en su lugar.
-¿Viniste a ver que mala que soy para los hechizos? ¿O para reirte de mi por mi cara de demacrada?- dije tirandome en la cama una vez más.
El tipo, no contesto, y aunque estaba boca abajo en la cama, podía sentir perfectamente sus ojos puestos en mí. –Deja de mirarme- rugí.
-Toma.- fue lo único que dijo.
Con todo el esfuerzo del mundo me puse enderece en la cama y lo mire, rapidamente mis ojos fuerón de sus ojos, hasta su mano, que estando a unos centímetros de mi cara, sostenía una pequeña botellita con liquido azul marino.
-¿Veneno?- dije en tono mordaz y cómico a la vez.
-¿No lo quieres? De acuerdo, me voy.- dijo guardando la botellita en su bolsillo, y dando media vuelta.
-¡NO! – dije saltando de la cama, y agarrando su brazo, para que retrocediera
Sin embargo, agarrarlo del brazo de esa manera, no era algo muy bueno, para cualquiera que quisiera conservar su vida.
-Oh... lo siento.- dije mientras lo soltaba.
-Tienes suerte de ser tú.- susurro para si mismo.
Sin embargo yo lo oí perfectamente, y al momento en que estuve a punto de preguntar el se adelanto.
-Siéntate o recuéstate en la cama.- me ordeno, apoyando varias botellitas en la mesa que tenía cerca de mi cama.
-De acuerdo.- dije acostándome en la cama boca arriba –¿ Pero que es eso?.- dije señalando las pociones.
-¿Ahora tienes problemas para distinguir, el plural del singular Elli?- dijo arqueando las cejas y esbozando media sonrisa sarcastica- Y son pociones.-
-Eso ya lo sé. Pero ¿Para que sirven Snape?- pregunte haciendo notar su apellido como el hizo con el mío.
-Para que te calmes, por que de seguro antes de que viniera has estado pensando en lo que paso hoy.- explico en tono casual, mientras mezclaba dos botellitas.
-Haber si entendí...- dije riéndome – ¿Viniste hasta aquí a traerme pociones para que yo me relaje?- dije arqueando las cejas, levantándome de la cama, y yendo hacía él.
El no contesto, y siguió con lo suyo.
-JAJA- me reí bien fuerte- ¿Severus Snape, se esta preocupando por mí acaso?.-
-¿No eras tu, la que me recriminaba que no era buen amigo?- pregunto sin apartar su vista de sus pociones.
Tras unos minutos de silencios, en los que lo seguí observando susurre – Gracias.-
-Ya están, acuéstate.- anunció levantando una copa, con un líquido verde y con humo.
Haciendo caso, me recosté semi levantada, y me bebí la copa de un tirón, por que el gusto era horrible, mientras el se sentaba a los pies de la cama.
-¿Cuándo hace efecto?- pregunte, sintiendo mis ojos un tanto más pesados.
-En cinco minutos exactos.- contesto, levantándose.
-¿Puedes quedarte?- pregunte más dormida.
El no contesto, pero si vi como su figura ya un poco más distorsionada se sentaba nuevamente a los pies de la cama. Segundos después vi como se volvía a levantar, e hice un ademán con la mano, para que no se fuera, -ya ni hablar podía del cansancio- sin embargo, inmediatamente me di cuenta que no se estaba yendo sino que busco acomodarse sentado a mi lado.
Toda la habitación estaba distorsionada, y solo podía sentir que sus brazos agarraban mi cuerpo, y lo abrazaban, haciéndome sentir segura, más seguro de lo que me sentí en toda mi vida.
Ese contacto, hizo que mis labios se despegaran inconscientemente, y lo último que recuerdo antes de sumergirme e esa profunda oscuridad, fue -¿Severus...- silencio- ¿Los amigos se besan?- así como pregunte, así como mi cabeza dio un vuelco y sin recordar nada.
Mis ojos seguían cerrados, pero yo ya estaba despierta, sentía la hermosa y ya tipica brisa fría entrar por la ventana, sin embargo, esa mañana había algo distinto. Me sentía cuidada, protegida, acompañada... Abrí despacio mis ojos, y me vi rodeada y abrazada por dos brazos, grandes cubiertos por una túnica negra, y que al final de ellos lucía unas mangas blacas, haciendo juego con la piel del hombre, que desde que tengo memoria era tan trasparete y blanca como un fantasma.
El impulso, y la curiosidad me vencieron, y me voltee a ver al hombre que me estaba abrazando, este seguía dormido, pese a mi movimiento, cosa que me llamo mi atención, y sobretodo... ¿Acaso nos habíamos quedado dormidos los dos? ¿Cómo podía ser eso?. Si embargo, las dudas, cesaron, cuando el hombre hizo un gesto con su boca, y de otro arrebatado e inconciente impuslo, bese nuevamete sus labios, esta vez el hombre si se desperto, pero el resultado fue increiblemente satisfactorio.
El primer beso, había quedado atrás y este daba paso, a más que un beso. Estabamos hambrientos el uno del otro, la pasión estaba bajo nuestra piel, y ambos necesitábamos del otro, el lugar, el habiente, y el momento era perfecto. Y nuestras lenguas no se resistian a juntarse en ningún momento, al igual que nuestras manos no se reprimieron al empezar a tocar nuestros cuerpos.
Pero como de costumbre... ¡El bendito oxigéno! Nos separamos un segundo, para tomar aire, momento en el cual aproveche a sentarme sobre el con mis piernas a los costados, y comencé a besarlo de neuvo, sin embargo, esta vez hubo algo distinto, algo que me aterro Severus, continuó besandome, pero un dolor se apodero de mi labio inferior, y al alejarme, mi labio destilaba sangre a borbotones. Intente para la hemorragía pero fue imposible, levante la vista a Severus, pero el ya no estaba, en frente de mi había alguien más con una túnica que tapaba por completo su rostro.
En mi susto, intente escapar, pero tropece con la sabana, y este individuo, se lanzo ensima mio, y comenzo a morderme los hombros haciendo que sangraran...
Entre el terror, y la deseperación de no encotrar mi varita o al menos un arma escuche un ¡Salvo Exia!.
Respirando con terror, y completamente agitada volví a incorporarme en la cam, a mi lado estaba Severus, que me miraba sorprendido, la habitació seguía igual que antes de dormirme, y por la ventana ya era de oche... Eso significa que fue una pesadilla. Sin embargo, ya no estaba tan segura de eso, cuando un liquído espeso y tbio, comenzo a correr por mis brazos y mi cuello.
Los ojos de Severus rapidamente se entornaro hacia mi cuero y este grito -¡Merlin! – parecia asustado- ¡Expecto Patronus!- grito, un gato salió de su varita, y escapo por la ventana.
Al instante me vi cubierta de sangre, y me ardían los brazos y el cuello. -¿Qué sucede?¿ ¡Severus que sucede! – comence a gritar sin poder evitar el dolor de las heridas.
Minutos más tarde aparecieron Minerva y Albus por la puerta totalmente agitados de tanto correr, Severus seguía pegado a mí, abrazadome mientras hacía distintos encantamientos, pero ninguno daba resultado y mi dolor iba en aumento, la garganta se me secaba y las nauseas no cesaban.
Lo último fue que Dumbledore, recito un hechizo muy antiguo... Luego oscuridad.
Volví a abirr los ojos, me sentí bien en un instante, pero luego el dolor comenzo a aparecer, Glenn estaba sentado en una silla al costado de la cama, de la enfermería donde me encontraba. Al mirarlo este se percato, y rapidamente se puso de pie.
-Ayudame a incorporarme.- pedí en un susurro, tanto como mi voz quebrada me permitió.
Al sentarme en la cama, vi que yo no era la única. Al parecer otros profesores e incluso alumnos habían sido atacados, o lo que fuese que estuviera pasando.
-No fuiste la única.- comento Glenn.- Mcgonagall...- comenzo a decir cuando, al dar vuelta la cabeza, vi el rodete de Minerva y el cuerpo de esta completamente cubierto por una sabana blanca.
-Dime que... no ella... Glenn... Minerva es... Ella es más fuerte.- comence a decir cosas sin sentido.
Cuando al mirar a Glenn, otra vez, estaba el maldito individuo encapuchado.
-¿Truco o trato Clair? Decidete, o decido yo.-
-¡FINITE!- mis oidos retumbaron ante este contrahechizo y mis ojos se abrieron como platos, estaba llorndo mi labio sangraba, y mis brazos estaban moreteados.
A mi lado Severus estaba completamente nervioso, sin embargo, tenía miedo, era una pesadilla dentro de otra, ¿Y si esto tampoco era realidad?.
-¿Estas bien?- pregunto Severus.
Sin embargo yo no conteste y lo miraba fijamente. Esto lo tenso, pero no podía darme cuenta de su miedo cuando mi panico me comia los huesos.
-¿Clair? ¿Estas bien?- volvió a preguntar.- Comenzaste a gritar, a hablar cosas sin sentido, y de repente esto...- dijo tocando mi rostro, con sus manos tibias..
Ahora, si respire un poco más tranquila y mire a Severus- ¿Qué paso?- dije co voz inconscientemente quebrada.
-No lo sé.- dijo el desconcertado.
-Vamos al baile de Halloween.- dije parándome de un salto.
-¿Qué? ¡Estas loca! Acabas de tener esto...- dijo señalándome otra vez- No vas a ir a ningun baile, mocosa.- espeto.
-Si me quedo, duermo, si duermo, sueño, y si sueño...- mi voz temblo, y sin poder evitarlo rompi a llorar.
Su mano se poso en mi hombre, aunque yo la corrí, al parecer también mis hombros estaban lastimados.
-Vamos, y le diremos a Dumbledore.- yo simplemente acepte.
Luego de esa noche, Albus me recomendó que durmiera en la enfermería para mayor tranquilidad. Poppy era excelente en lo referente a su materia, y eso lo demostraba siempre... Sin embargo, las pesadillas no se iban, y cada vez eran más reales, de manera que siempre que me despertaba tenía algún inexplicable machucón en mi piel.
Tres días pasaron y mi tormento seguía. El juicio se había suspendido, para que yo pudiese preparar mi defensa como corresponde, sin embargo un día antes del juicio apareció una visita que nadie esperaba...
Estaba charlando con Albus en el despacho, cuando Minerva entro a la habitación un tanto agitada.
-Profesor Dumbledore, me temo que tenemos un problema.- dijo la mujer con aire cansado y por lo que se notaba muy agitada.
-¡Minerva!.- se sobresalto el anciano mago - ¿Qué ha sucedido?-
-Es el Ministro, quiere verlo, vienen con guardías de Azkaban y con una orden...-
La mujer no pudo continuar hablando, por que por la misma puerta donde ella estaba situada, apareció Fudge, con un grupo de aurors (o incluso quizás uno podía llegar a sospechar que eran magos tenebrosos por sus caras), y alguien que no esperaba definitivamente...
Allí por detrás de el Ministro y sus aurors, se encontraba Ruth Martinez, impecable y seductora, con su porte en alto, y una mirada curiosa (aunque era obvio que no solo curiosidad había detrás de sus pupilas), sus zapatos altos, y su vestimenta gris y negra.
-Buenas tardes...- saludo cordial Albus- ¿A que debemos esta visita?.- pregunto directa y secamente.
-Vera Albus, no creo que ha estas alturas se una sorpresa tener que vernos, y más después de haber recibido las pruebas por las cuales se enjuiciaría a Clair Elli, ¿No?- se explayo Fudge, entrando al despacho como si nada y "charlando" con mi tío.
-Cornelius, esta claro lo que ha sucedido, y por tal motivo, la defensa esta siendo preparada, de manera que se prueben los errores cometidos.- contesto Albus, sin una gota de miedo o inseguridad en su voz.
-De todas formas, a estas alturas, creo que es obvio, que te habrás enterado, de la muerte de Flitwick Filius, ¿Cierto?.- contesto Cornelius taciturno. .
Dumbledore hizo un silencio, y nadie pareció alterado, ni sorprendido, excepto, yo. ¡Filius! Por Dios! ¿Qué había pasado con Flitwick acaso? ¿Cómo...?
¡NO!, este no es el momento para plantearse estos pensamientos, y menos que meonos demostrar debilidad frente al "enemigo".
La pregunta era... ¿Por qué Fudge venía con una orden de cateo y tres aurors "mastodontes"? ¿Por qué me metía a mi? ¡Bingo! Ahora pensaban que yo mate a Flitwick... ¡PERO QUE ACASO ERAN IDIOTAS!. Bueno no tarde demasiado en comprobar eso.
-Cornelius, ambos sabemos por que estas acá, y no creo que se apara darme el pésame por haber perdido a un gran amigo, y excelente colega, y gran profesor como Filius.- dijo Albus con u tono que realmente asustaba un poco.
Sin embargo, ninguno de los presentes retrocedió un paso, y Fudge agrego – Estas en lo correcto Albus, no hemos venido aquí para nada de eso, debido a que iremos al entierro de Filius esta tarde. El motivo por el que estamos aquí es para llevarnos al responsable del crimen.- dicho esto hizo una seña de las manos a sus aurors.
Estos cuatros se acercaron a mi, y con un hechizo me ataron las manos a la espalda.
-¿Qué significa esto?.- espeté con calma.
-Justicia, significa señorita Elli, ni más ni menos que justicia.- exclamo Fudge.
-Cornelius, no tienes pruebas, ni ha habido un juicio así que...- comenzó Albus.
-Pues estas s las pruebas Albus...- dijo Fudge extendiendo su mano hacía mi tío en donde había unos cuantos pergaminos abiertos.
Albus, leía, y si bien su cara no demostraba nada, su mirada plasmaba una completa incertidumbre, y nerviosismo, como nunca antes había presenciado.
Una vez que solto los pergaminos, miro a Fudge con cierto recelño, y luego me miro a mí e silencio. Y aunque intente su mirada era un misterio indescifrable, al igual que esos pergaminos, que no logre ver, y que eran los claros culpables de llevarme a la prisión, con pruebas falsas sobre algo que NUNCA HICE.
-Llevensela...- dicto Fudge, algo apresurado.
-¡¿Qué?- me exprese algo atolondrada.-No pueden, ni siquiera he visto esas supuestas pruebas, Ministro tengo derecho...- comence a hablar cuanto interrumpio.
-Ira a Azkaban, por seguridad, y no saldrá de allí hasta que el juicio se halla concluido a su favor...-suspiro pesadamente- cosa que realmente dudo, Elli.- dijo con gotas de desprecio y odio en cada palabra.
¿Azkaban? ¿Yo asesina? De que demonios estaban hablando... ¿Y por que mi tío dejaban que llevaran a ese maldito lugar, que rayos estaba pasando.
Y como si fuera poco, mientras iba caminando por los pasillos atada de manos, con cuatro aurors, a mi lado, como si fuera una asesina serial... Aunque a decir verdad, ahora, para todos lo era... except quizás dos personas. Dos personas que ahora se estaban por interrumpir mi caminata a la orca.
