Se que esto va a sonar raro, y pido disculpas, a todos los que llevan leyendo este fic, que ya deben estar acostumbrados a leer los caps, en primera persona. Pero seré sincera, se me ha complicado muchísimo, así que para no abandonar el fic, y como escribir en primera persona, me lleva mucho más esfuerzo que hacerlo en tercera, y además de disponer de MUY poco tiempo... He decidido que de ahora en más narrare el fic en tercera persona. Pido disculpas... Y espero sus reviews para saber sus opiniones. Gracias y sepan disculparme.
X.O ~ClarSnape.
Capitulo 21: La chica que sabe de más.
Ruth, recién había terminado con sus clases de DCAO de los de primer año, y como buena Slytherin había dado un Knock Out en la mente de cada uno de los jóvenes.
Sin embargo, nuestra Slytherin estaba aún algo más inquieta y huraña que de costumbre, la razón: Clair había vuelto de su estadía en New York, y aunque Severus siempre había sido un desgraciado gruñón, parecía que algo en la vuelta de aquella bruja, le hacía brillar en la mirada... Aunque claro, es difícil, darse cuenta cuando algo brilla en una mirada tan oscura, tétrica, taciturna, y sobre todo, oculta, ante prácticamente todos.
Pero Ruth no formaba parte de ese "todos", ella había sido amiga de Severus desde la infancia, y aunque en los primeros años de conocerse fuera de Hogwarts el no había dado importancia a la joven, con forme fueron pasando los años, y luego de entrar a la escuela de magia, y entre muchas otras vivencias, se hicieron amigos... Pero había algo que Ruth recordaba y Severus no. Y ese era el primer beso...
Los años pasaron, y la joven mexicana, se fue de Inglaterra para comenzar a estudiar en los Estados Unidos, luego de que ella se fue, Snape y Martinez no siguieron el contacto. Sin embargo, ella ahora tenía una nueva oportunidad, pero había un problema, y este tenía nombre y apellido: Clair Dumbledore.
Sin embargo, esa tarde cambiarían muchas cosas, y de ahí empezarían muchas sospechas.
-¿Estas seguro? ¡No! Sabes que es imposible Glenn.- amenazaba una voz ronca de hombre.
-Perfectamente. Ella ya lo sabe, y sino lo dice es por que sospecha, incluso de mi Señor. Lo importante es eliminar a aquellas personas que puedan llegar a saber algo más.- confirmaba la voz de Glenn Roud.
-¿De quienes hablas?- pregunto la voz ronca con curiosidad.
-Mejor dicho de quien... Me refiero a Snape, a Severus Snape, de cuarenta y nueve años, que dicta clases de pociones desde hace años aquí en Hogwarts.- aclaro Glenn.
-¿Estas diciendo que debemos matarlo a él también?-
-Exactamente. ¿O quieres arriesgarnos a que el descubra todo? Elli, bueno Clair, es sencilla, y no se me hará difícil mentirle, pero hay algo en Snape, que no me cierra, ya me tiene en la mira, desde que entre, y si el llega a saber algo, sería el fín. Y si realmente deseas poder hablarle a ella, Snape tiene que esta fuera de nuestros caminos.- finalizo Roud, con voz potentemente silenciosa.
Sin embargo, el otro hombre de voz ronca no continuo hablando y en vez de eso enmudeció.
-¿De acuerdo?- insistió Glenn.
-Lo importante es que Clair...- comenzó a a hablar el hombre desconocido cuando Ruth accidentalmente se delato con un ruido, y salió automáticamente corriendo de allí.
Ruth Martinez, tenía demasiada información, y si algunas de esas personas, llegaba a sospechar del conocimiento que ella tenía, sería muy probable, que luego de Snape, ella fuera la siguiente en la lista de personas a "callar".
Sin embargo, debía encontrar una forma de solucionar o de ayudar a Severus Snape.
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-¿Y entonces? ¿O que me vas a decir que ella tomara el resto del año mi puesto?- pregunto Clair, a Albus Dumbledore.
-Tu más que nadie sabe bien por que motivo me tuve que ir, necesito mi empleo de nuevo, y sobre todo ahora.- se desespero Clair en su asiento de manera tal que tuvo que levantarse, para sentirse más potente.
-Lo sé, si embargo no puedo quitarle el puesto a Martínez, así por que sí. Sabes bien lo difíciles y complicados que son en el Ministerio de Magia. Por el momento no tengo otra op...- trataba de explicar Albus.
-Todo lo que tu quieras tío, pero necesito quedarme en Hogwarts.- se sereno Clair de manera que se volvió a sentar.
Luego de unos instantes de silencio, Albus, analizo con la mirada a su sobrina. -¿Me vas a decir que esta sucediendo? ¿Y que encontraste en Estados Unidos, o lo seguirás ocultando?- pregunto.
Inmediatamente Elli, levanto la cabeza, pero ante los ojos de Albus solo quedaba una escapatoria... Y sería definitivamente la más difícil.
Mentir.
-Todo, es confuso. En New York, no pude entrar a ver los archivos. Imagínate ya no causo simpatía entre nadie. Y lo único que pude saber, era que las autopsias mágicas demostraban que los cadáveres habían sido torturados tiempo antes de...- enmudeció- de haber sido encontrados.-
Hubo más silencio.
-¿Entonces...- Albus, levanto su mirada y observo a su sobrina claramente- nada más?-
-Nada.- mintió.- Sin embargo, aún estoy atorada con el tema del trabajo y donde hospedarme.-
-Hoy dormirás, en tu antiguo despacho. Mañana pensaremos que hacer. Ya es tarde.- anuncio Albus.
La semana pasó y Clair, ya se había reunido con Ron y Harry, para ir a visitar a Hermione. Sin embargo los médicos decían que no había mandragora lo suficientemente fuerte, para sacarla de ese estado. Ron decidió quedarse un poco más. Entre tanto, Harry y Clair aprovecharon para tomar algo en la cafetería.
-¿No deberían estar cumpliendo su trabajo como aurors?- pregunto Elli sentándose en una silla.
-Hoy es nuestro franco.- dijo el joven Potter- Sin embargo si nos necesitan nos lo harán saber.-
-Ya veo.- suspiro tomando algo de su café.- Y... ¿Han encontrado aquella carta, o el libro? ¿Alguna pista o algo parecido?-
-Nada, cada vez todo es más engorroso.- admitió el joven con algo de decepción.
Clair miro para ambos lados, de manera disimulada, y luego se acerco un tanto a Harry – Escucha, me imagino que sabes que estuve en New York, hace una semana atrás. Y no fui para vacacionar.-
-Me lo imaginaba.- confirmo.
-Pues bien, encontré algunas cosas interesantes sobre los cadáveres de Lucy e Ian, cosas que quiero saber si son igual en la autopsia mágica del Profesor Flitwick.- estaba diciendo la joven cuando el auror empalideció. -¿Estas bien Harry?.- pregunto.
-Si... creo que si. Date la vuelta de manera disimulada.- susurro el joven.
Al hacerlo, Clair empalideció de la misma forma que el joven. Severus Snape, Lucius Malfoy y Glenn Roud, entraban caminando al hospital.
-Vamonos ahora.- declaro Clair.
-Se darán cuenta si corremos.- susurro Harry.
Sin embargo, Clair, ya había tenido una experiencia similar tiempo atrás, por ende tomo lo más a mano que tenía.
-Bien alguien debe ir a avisarle a Ron, y el otro deberá escuchar esa conversación.- dijo Harry mientras se escondían detrás de un carrito de la limpieza.
-De acuerdo, tu ve por Ron yo iré a...- comenzó a decir Clair.
-No, tu ve por Ron nos vemos en la salida trasera de San Mungo en treinta minutos, si vas tu se darán cuenta, me haré una transformación facial.-
-No, lo hare yo y...- replico Clair.
-Olvidalo, vi ese hechizo hecho por ti, y sin ofender compañera... era un asco.- Confeso Harry de manera "sútil" mientras Clair ponía cara de indignación.
-De acuerdo, nos vemos!- y sin más Clair se fue escaleras arriba de manera disimulada, mientras Harry se hacía el hechizo de transformación.
Una vez convertido en un pequeño hombre, barrigón, y con poco pelo canoso, se vistió con el traje de mesero y así se acerco a la mesa de os tres hombres.
Automáticamente los tres enmudecieron, dos de ellos, se miraban y miraban hacía otros lados, mientras intentaban mantener una conversación normal, sin embargo el tercero... El profesor de pociones más odiado de Hogwarts, no paso por alto, ese intento de transformación y se quedo mirando a Potter a los ojos. Ojos, que para desgracia de Harry no había cambiado, y que a su vez se parecían tanto a los de Lily Potter.
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Clair caminaba de manera apresurada por los corredores del primer piso, hasta que llego a la habitación en la que tenía a Hermione. A su lado e a camilla se encontraba Ron, sentado aun sosteniendo la mano de la joven petrificada.
-Ron debemos irnos, ¡Ahora!- dijo Clair de manera alarmante.
-Luego te lo explico, vámonos ahora.- insistió.
-¿Y Harry?- pregunto el pelirrojo desconcertado mientras se ponía su chamarra encima.
-El vendrá en unos minutos, ahora tenemos que irnos.- decía Clair mientras lo arrastraba del brazo hacía la salida de emergencia trasera del Hospital San Mungo.
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Ruth, estaba en su despacho terminando de corregir algunos exámenes, aunque ciertamente... Le era imposible, hallar un momento adecuado para hacer todo, cuando en su mente aún tenía la conversación que había escuchado acerca de eliminar a Sanpe. Sin embargo, de una forma u otra, ya había intentado decirle a Snape de una forma u otra que sucedía, y no había tenido oportunidad, y si la tenía se le truncaba. Sin embargo fue cuando se le ocurrió, enviarle una carta a su dormitorio, ya que sabía que el único lugar al que podía enviar una carta y sería seguro, sería el dormitorio de Severus, y así fue, diciéndole que había escuchado algo que debía saber, pero que no podía decirlo por carta... Sin embargo, justo cuando Ruth pensaba que la idea de enviar una carta no había sido segura, alguien paso una carta por debajo de la puerta del despacho.
Se levanto rápidamente algo alarmada, usualmente las cartas llegaban por lechuza. Sin embargo este peculiar sobre, no tenía escrito nada y estaba completamente en blanco, la profesora no se detuvo ni un minuto y lo abrió. Sacó una hoja de papel, la cual estaba prolijamente doblada, pero al tocarla se notaba claramente como una sustancia oscura y tibia, unía ambas partes de un papel, al abrirlas, no pudo haber cosa peor...
La palabra "DIE" escrita en algo que daba la impresión de ser sangre recientemente sacada. De la impresión la joven retrocedió hasta su escritorio y choco de espaldas a él, sin embargo luego de unos minutos de respirar de manera profunda, se fijo que en el suelo había otro papel.
Se acerco a este mirándolo de manera reacia, y finalmente lo leyó... "La chica que sabe de más: Si quieres respirar, mejor vas a callar".
Si bien, la tensión y quizás la incertidumbre, estaban en la mente de Ruth, en su cuerpo no habitaba ni la más mínima gota de miedo.
