Los personajes, escenarios, hechizos y todo aquello que reconozcas no me pertenece. A J. K. Rowling se le ocurrió primero, su cuenta bancaria lo demuestra.


EN ESTA NO

Jamás hubiera pensado que ella era tan buena fingiendo, porque tenía que estar fingiendo, no había manera de que hubiera perdido la memoria y olvidará los últimos 5 años de su vida. Que hubiera olvidado su vida completa.

Estaba ahí, en la sala principal de la mansión donde había sido torturada hasta las lágrimas por su tia, saludando a sus padres, mismas personas que habían estado presentes y que la habían humillado durante toda su infancia y parte de la adolescencia, sosteniendo la mano de uno de sus acosadores escolares.

—Y él es mi mejor amigo, prácticamente mi hermano—dijo su novio.

Ella sonrió, con aquellos labios gruesos y rojos que había visto en incontables ocasiones

—Draco te presento a Hermione, mi novia.

Mismos labios que había besado, chupado y mordido por horas, labios a los cuales, él mismo había elegido aquel labial rojo, labios que habían visto fruncirse y estirarse en incontables sonrisas

—Un gusto, Hermione—repitió ella.

¿Era muy tarde para desmentirla?, ¿Era muy tarde para decir que se dejaran de cosas y admitir que él la conocía mucho mejor que su mejor amigo?, ¿Qué había sido suya antes que de él?, ¿Para gritarle que dejara de mentirle y le explicará qué había pasado?

Pero antes de que pudiera tomar una decisión sus pies fueron puestos de nuevo en la tierra.

—Y ella es Pansy, su prometida y la hermosa novia de la boda que me hizo regresar.

Y si no hubiera sido por los años que tenia de conocerla se habría perdido el titubeo de su sonrisa.

Hubiera perdido de vista el pequeño brillo que se fue apagando en sus ojos.

—Un gusto, muchas felicidades por tu boda—pronunció en una educada declaración de alegría.

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Él tenía una vida bien planificada, tenía lo que había soñado y lo que deseaba, no necesitaba más.

No pedía más, hubiera sido demasiado ambicioso, la guerra le había quitado aquella venda de privilegios de los ojos y le había hecho ver que no tenía nada asegurado.

Aunque después de todo por su dinero seguía siendo poderoso y aunque nada había sido igual después de aquello, gracias a Potler la sociedad los había perdonado.

Además, su padre tuvo que hacer incontrolables obras de caridad.

Ahora Draco tenía un trabajo estable, una familia que lo amaba y una prometida para quien era todo.

Pansy era el amor de su vida, no tenía ninguna duda sobre ello. La necesitaba a su lado para siempre.

Nueve años después estaban a una semana de dar el si frente al altar.

Nueve años después estaba cumpliendo el sueño, el sueño de su vida y no podía quitarse el sabor amargo de la boca...

Y sabía que era por ella.

No era especialmente bella, pero era ella, siempre sonriendo, riendo, con un comentario inteligente, con el cabello tan largo que le llegaba a su media espalda en un desordenado moño o una trenza improvisada, pero sin siquiera la idea de cortarlo, con un libro a un brazo a distancia, con un artículo sobre aquella investigación más actual y una canción dolida en la radio, un constante mundo de contradicciones, un mundo de desorden en su perfecta vida. Un par de labios rojos que le volaron la cabeza.

No lo planeo, no fue una decisión consciente, se supone que sería una noche de besos ebrios, no más, en uno de esos tantos viajes del trabajo.

Pero una noche se volvieron dos y cuando menos se dio cuenta, saliendo del aeropuerto no iba a un hotel si no directo a su departamento.

Cuando menos lo pensó había un traje en su closet y sin siquiera pensarlo su colonia estaba en su habitación.

Fueron 4 años de una doble vida, de tenerla a una llamada de distancia, de saber que ella estaba ahí que lo escucharía cuando había tenido un mal día, que le daría un consejo sincero y que le mandaría una borrosa foto de su gato asquerosamente gordo y amarrillo, diariamente.

Fueron 4 años que se acostumbró a ella.

Que se acostumbrara a sus tés, a que lo conociera mejor que nadie, que se acostumbrara a su extraño lenguaje de amor y a sus comentarios inteligentes.

—No deberías salir de noche— Menciono, antes de dejar caer el par de pantuflas junto a sus desnudos pies.

Estaba sentada en una de las columnas del jardín de su madre.

—Y tú no deberías salir sin suéter—contraatacó ella.

Soltó un bufido porque no sabía que más hacer, ¿Qué podía decir a aquello?

—El mundo es un asqueroso pañuelo—se quejó, en respuesta.

—Confirmo.

No tenían nada más que decir porque el resto estaba dicho.

Su mejor amigo se había ido a conocer el mundo en un viaje de autodescubrimiento, después de un intento de suicidio por los recuerdos de la guerra.

Y a él lo había dejado cuando descubrió el anillo de compromiso en su saco.

Lo había borrado de su vida y había huido sin mirar atrás, le llamaba a diario, visitaba su departamento y acosaba a su mejor y único amigo por una respuesta, pero no encontró ninguna.

Hasta ahora que estaba frente a él, en su casa, con una de esos pequeños pijamas que amaba usar con su cara sin maquillaje y el cabello en su acostumbrada trenza.

—Me iré por la mañana, le diré que surgió una emergencia y que tengo que volver con mi familia—declaro sin voltear a verlo.

—No te dejara ir sola.

Porque esa era la verdad, porque fuera de su egoísmo sabía que la mejor opción para ella era Theodoro Nott, porque desde que la vio cruzar la puerta principal de su mano supo que si había alguien ideal para ella era su mejor amigo, el castaño la cuidaría, le bajaría la luna y le haría un collar con las estrellas, él la cuidaría, la protegería y seria su prioridad por el resto de su vida y en cambio ella, cuidaría de él, controlaría su carga de estrés, le prepararía su comida favorita y era tan observadora que se daría cuenta de cuando tuviera que hacer una pausa por su salud.

—Es tu boda, lo necesitas contigo.

—Hermione...—intentó hablar…Tenía tanto que decir.

—No, cállate, por favor, solo cállate, no digas mi nombre de esa manera y no me pidas nada, no lo hagas, no puedo

—Se puso de pie y caminó de vuelta a la casa, pero antes de que pudiera entrar él la detuvo de la muñeca.

—Hermione…

–¡Te lo digo en serio Draco, cállate la puta boca, por favor! —se soltó violentamente, y medio gritó en un susurro ronco_ no quiero escucharte decir nada más, eres un maldito cobarde de mierda, eres lo peor que me ha sucedido en la vida, eres mi desgracia y te odio, eres el puto error más grande que he cometido alguna vez y cuando pensé, cuando creí que te había dejado atrás con todo el dolor que me habías dado vienes arruinar lo más hermoso y puro que me ha pasado, así que si, te odio, te odio con todo mi maldito corazón.

—¿Un error?, ¿eso soy para ti?, ¿Solo un puto error?— Maldita sea estaba enojado, no, no solo enojado, estaba furioso.—Bien, solo dime ¿Cuál de los dos te folla mejor?, ¿El puto error o lo más hermoso y puro que te ha pasado? —cuestionó poniéndose frente a ella a una distancia que era todo menos educada.

Podía sentir su cálido aliento golpear su cara y estaba tan tentado a reclamar esos labios como suyos, estaba tan tentado a hacerla gritar de placer tanto como lo había hecho en incontables ocasiones en el pasado

—Dime, Hermione ¿Has pensado en mí mientras él te folla?, ¿Has intentado borrar mis labios con los suyos?, ¡Dime Hermione! si me has pensado tanto como yo lo he hecho, porque esto no puede ser unilateral, esta maldita quemazón, esta necesidad que tengo no puede ser solo de mi parte.

Dime si soy el puto error más grande que has cometido porque esos jodidos 4 años de mi vida fueron en los que más vivo me he sentido, cada noche que dormí abrazándote, cada maldita sonrisa que me diste hasta la jodida misa del domingo a la que me hacías ir es lo más malditamente perfecto que he tenido alguna vez y lo extraño, extraño todo eso que teníamos. Extraño hasta a tu maldito gato.

Y fue cuando lo vio, esa mirada, esa mirada rota que había visto en el pasado y cuando se dio cuenta de lo que había pasado, no era la boda, la boda realmente no fue el problema.

—¿Dónde está Crookshanks? —cuestiono, porque todo ese tiempo pensó que lo había llevado con ella, pero Theo jamás mencionó a un gato en sus mensajes y ella jamás se hubiera separado de él más de un par de días —Hermione…

Ella se dejó caer al suelo, rendida en la lucha que no sabía que estaban teniendo.

—Ese día que te fuiste supe que volverías, lo supe y supe que yo te dejaría volver a entrar porque tu aún no habías dicho nada y yo ya te estaba justificando, estaba tratando de explicarme que no me era necesario que estuvieras siempre, estaba intentando de nuevo acomodarme a ti, pero esa madrugada me comencé a sentir realmente mal así que le hable a Harry y me llevó al hospital. Estaba teniendo un aborto espontaneo, estaba embarazada y no lo sabía—Se rio sin gracia, con la cara cubierta en lágrimas—él doctor me dijo que era normal, que los anticonceptivos fallan.

Así que después de aquella noche en observación regresé a mi departamento sintiéndome tan rota que dolía, y cuando llegué Crookshanks estaba en una esquina y no se movía.

El veterinario dijo que era demasiado viejo. Te llame porque necesitaba que estuvieras ahí, necesitaba a alguien me sostuviera mientras le decía adiós, necesitaba de alguien que comprendiera realmente lo que estaba sintiendo y cuando te llame rechazaste la llamada, por supuesto que si—Volteo a verlo, con aquellos brillantes ojos castallos rodeados de sus pestañas humedecidas por las lágrimas—¡Era fin de semana, claro! en esos días no existo, mi nombre no se pronuncia, debo esperar con paciencia a que sea lunes y puedas hablar ¿Verdad? Ese era el acuerdo.

Aborto, había estado embarazada, había estado embazada de su hijo y lo había perdido.

—Nunca, jamás me sentí así, nunca antes me había sentido como la otra, pero ese día, que necesitaba de alguien que supiera que no solo era un gato para mi, que entendiera que iba hacer madre, ese día es cuando tuve que decirles adiós y lo tuve que hacer sola, ese día ese maldito día fue la primera vez que me sentí sola y supe que siempre sería así, ahí supe que no podía dejarte volver.

Trago en seco con la mirada fija en sus ojos, sin poderse mover, comenzando a sentir el frio que acompaña la lluvia atravesar sus huesos, y sintiendo junto a ella esa soledad de la que hablaba.

Tuvo que haber estado ahí, a su lado, sosteniendo su mano mientras veía al gato que cada día la esperaba a los pies de la puerta a su llegad del ministerio, aquel que se acostaba en su pecho cuando la veía leer en el sillón, y quien mientras cocinaba la veía desde una de las sillas del comedor, tuvo que haber sostenido su mano mientras se despedía de aquel gato tan solo horas después de haber tenido que hacerlo del hijo que no había tenido oportunidad de amar antes perder.

— Así que empaqué mis cosas, deje mi teléfono en casa y me fui, porque ahora no había nadie que me retuviera. Y te extrañe, cada día que pasaba deseaba saber de ti, quería tu compañía, añoraba volver a sentirte cuando… él llego—sonrió, una pequeña sonrisa que jamás antes había visto—Me vio ahí con la mirada perdida en mis recuerdos.

Estaba en un restaurante frente a un plato de comida intacto preguntándome si era hora de volver, cuando Theo me preguntó si podía ocupar la otra silla, y fue cuando me di cuenta que aquel lugar estaba lleno y mi asiento era perfecto para otro solitario.

Fue como rencontrarme con una parte de mí, que no sabía que estaba perdida.

Fue tener la atención completa de alguien, fue redescubrir el mundo en compañía de un ciego igual a mí.

Despacio, con la pesadez que acompaña una agonía se puso de pie y sonrió de manera burlona.

—No, Draco—declaro de manera clara y sin titubeo— No pienso en ti cuando estamos juntos, ni puedo decirte quién besa mejor, no puedo compararlo contigo, porque entre él y yo hay algo que jamás hubo entre nosotros, hay amor.

—¡Yo si te amaba! ¡Eres el amor de mi vida! —Casi gritó el rubio, al borde de las lágrimas.

—Si tanto me amabas qué harías por mi ahora—contesto ella con el mismo tono, como de quien se esperaba tal respuesta—¿Me dejarías ser feliz con Theodoro?

No respondió, se quedó callado con los ojos rojos y la ropa empapa frente a ella. No podía, porque no la quería junto a él, la quería a su lado en aquel cuarto de 3x3 donde solía vivir con su libro en una mano y la otra sobre su cabello en una caricia distraída. La quería con la suavidad que traía los días calurosos y la nostalgia del otoño.

—No, ¿Verdad? —respondió, a sabiendas de lo que pensaba— ¡Claro que no! Porque siempre has sido un egoísta.

Lo era, no era la primera vez que lo escuchaba, y estaba seguro que no sería la última.

—¡Te vas a casar por Dios! — exclamó harta — ¡No volveré, entiéndelo de una vez!

No me interesa volver a ser el sucio secreto que tienes escondido en la alacena.

—¿Y si no quiero que lo seas?, Y si ahora quiero que esta vez seas mi esposa, ¿Lo harás? — cuestionó Draco decidido—¿Dejarás a Theo?

Y el silencio hubiera reinado si no hubiera sido por la risa seca de aquel que les sacaba del error de que su conversación era privada.


NA: Bueno... hola de nuevo.

Primero, gracias por llegar hasta aquí de todo cerrazón significa mucho para mi que le den un a oportunidad a esta pobre alma que le gusta imaginar un poco más de la cuenta.

Segundo, me justaría mucho saber su opinión porque como se han dado cuenta tengo mucho sin escribir y me siento algo oxidada.

Tercero, y no por ello menos importante... les justaría que la historia continuara? para mi era solo un one-shoot pero espero sugerencias.

-Mención especial a Rocio de uno de los muchos grupos dramiones por sus ideas.-

Tengan un bonito y prospero año 2023, estoy un poco ansiosa por saber que pasara.

Besos frios.