Serie: La Flor y el Demonio
Arco II: La Venganza de la Flor
SS Gervasio
El largo camino había terminado. Frente a él se alzaba el blanco pórtico finamente tallado que indicaba la entrada a Yurgensmith, una de las seis las puertas del país que aislaban la tierra de la magia del mundo.
Sobre la puerta estaba tallada la capa de la oscuridad, instrumento divino del Dios de la Oscuridad. Siempre pensó en lo irónico que era que esta tierra bañada por el sol y la luz todo el año fuera dominio exclusivo del Dios de la oscuridad y sus subordinados.
–Pronto este país será el nuevo hogar de mi familia.
Gervasio, había nacido y sido criado en esta tierra hasta la adultez. A pesar de eso, siempre fue tratado como un extraño, ocultado ante los ojos de la buena sociedad. Solo unos pocos lo habían conocido, ya que debido a su estatus como familia colateral de la realeza, debía estudiar en la temporada baja, cuando solo algunos estudiantes permanecían en la academia. El contacto más cercano que tuvo fue con sus primos o parientes lejanos, la realeza de este país, teniendo fiestas de té con regularidad. Alguien que no conociera la forma de vivir del país pensaría que él y sus primos tenían una relación cercana, casi amistosa, sin embargo, nada estaba más lejos de la realidad.
Sonrió con ironía.
Para la familia real no era más que un compromiso molesto y necesario que cumplían solo por necesidad. El interés mutuo de conseguir lo que quería, por parte de su país, Lanzanave era la obtención de Schttape y la educación mágica y noble, mientras que para Yurgensmith era la obtención de flores. Hermosas y delicadas jóvenes poco dispuestas pero obligadas a cumplir el rol de concubinas… mentía, eran incluso menos que eso. Apenas se las miraba con seres humanos. Podría jurar que su estatus era incluso menor que los plebeyos.
–Al menos los plebeyos tienen la utilidad de trabajar la tierra o hacer mi ropa –había dicho el actual Zent cuando aún era un estudiante–. Quítale algo de esto y ellos buscarán otra forma de subsistir –luego, con una sonrisa asquerosa había dicho– en cambio una flor, si no calienta tu cama no sirve para nada, y lo que es peor, algunas ni siquiera pueden abrirse de piernas correctamente.
La risa asquerosa que había lanzado había sido respondida activamente por el otro príncipe, Siegfried.
Por su lado, él solo se limitó a esconder la mueca de sus labios detrás de la taza de té. A estos príncipes idiotas no les interesaba que él fuera hijo de una de estas flores. Era en momentos como estos, cuando se alegraba de que la familia real no reconociera públicamente su parentesco. Siempre le habían dicho que eran primos, sin embargo, bien podrían ser hermanos de padre, ya que todos los hombres de la familia real visitaban a las flores, y estás no siempre eran exclusivas de un príncipe en particular.
Cuando por fin llegó el momento de volver a Lanzanave cómo próximo rey del país, sintió culpa y alivio a la vez. Las emociones entremezcladas lo agobiaban. Sentía culpa por dejar a su madre y hermanas allí en ese infierno, y alivio porqué por fin podría alejarse de la pútrida familia real.
Cuando por fin llegó a Lanzanave se maravilló ante lo que vio. La ciudad igual de blanca que Yurgensmith se alzaba en altura y magnificencia sobre un mar de blanca arena. El intenso sol, más caluroso e intenso que el de Ahrensbach, refulgía al chocar contra las estructuras del país. A pesar de la culpa por dejar a sus hermanas, su corazón danzó sintiendo la esperanza de un nuevo futuro.
Que equivocado estaba.
El sol de Lanzanave no solo secó la tierra volviendola arena, sino que también consumió su corazón, dejándolo tan seco como el desierto que los rodeaba.
La gente sin maná del país los miraban a él y al resto de los que sí tenían como una linda decoración. Su única función era alimentar la tierra y mantener el contacto con Yurgensmith mediante el comercio y el envío de niñas y mujeres con mana, las cuales eran devueltas como piedras mágicas, asesinadas cuando ya no podían dar más hijos mágicos o ya no complacían a la familia real.
Siempre supo que sería así, no obstante, jamás imaginó que sería tan duro, al menos no hasta que sostuvo la piedra mágica de su madre. El cálido maná de la mujer lo envolvió. Era una gran piedra de siete colores que brillaban como el arcoiris. Le habría gustado quedarse con ella, más una voz interrumpió sus pensamientos.
"Su majestad, llevaré la piedra de la mujer a la bóveda. Será un buen alimento para la tierra" habló uno de sus eruditos no mágicos. La mirada de ambición que se reflejó en sus ojos le causó náuseas.
Contuvo todas las emociones y entregó la piedra como si no le importará. 'Nunca muestres tus debilidades. Todos, incluso tu familia, pueden ser tus enemigos' había dicho su madre y no se había equivocado.
Junto a la piedra mágica había llegado una carta en donde Zent exigía su presencia en Yurgenschmidt. Apretó los labios con frustración al leer las últimas líneas.
«Tenemos que negociar las flores que vendrán al jardín, ya que este se está secando.»
Casi podía imaginar cómo Zent sonreía de manera asquerosa imaginando las nuevas flores.
Después de leer su carta tuvo que encerrarse en su cuarto oculto un par de campanadas. Este tiempo en aislamiento le dió la inspiración que necesitaba.
–Está bien. Entregaré un par de flores más, pero tú deberás entregarme el país. Todo lo que anhelas será mío y por fin acabaré con esta asquerosa tradición… nadie más debería seguir así –está promesa fue hecha al único retrato que tenía de su madre. Ese fue el día en que la Diosa del caos descendió sobre el corazón del rey.
Poco tiempo después volvió de su viaje a la soberanía. La sonrisa complacida en su rostro dejó en claro que los primeros cimientos para cumplir su meta se habían puesto con éxito. El trato era simple está vez.
Él entregaría a una flor como regalo para el hijo de Zent, este cambio permitiría que enviara a uno o dos príncipes de Lanzanave para obtener el schttape y la educación adecuada para gobernar. Esto último debido a que no había ningún fruto en el jardín.
La sonrisa maliciosa y llena de odio brillaba en su cara.
Si todo iba como esperaba pronto podría gobernar como Zent y eliminaría a esa falsa familia real.
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Notas de una de los Autores:
Hola a todos y bienvenidos a nuestro SS de inicio a este segundo arco.
Si aún no han leído el primer arco "La Flor del Desierto Blanco", los invito que se den una vuelta, no se preocupen, no se han hecho ningún spoiler.
Si leyeron el primer arco, entonces no me queda más que desearles que disfruten mucho este segundo arco, menos oscuro y más divertido. Cómo siempre, apreciamos mucho los follows, favs y reviews que dejan en esta historia.
Nos vemos la otra semana y Feliz Año Nuevo.
SARABA
