SPIDERGIRL

PARTE 1

Una visita a los laboratorios Searrs y una picadura de araña fueron suficiente para complicarme la existencia.

-Kuga-. Suspiré tan desganada como él. -¿De nuevo llegando tarde?-.

-¿Me dejará pasar o no?-. Admito que siempre llegaba tarde a su clase, pero era porque no había día que no tuviera un contratiempo inexplicable, esa mañana, por ejemplo, no iba a dejar que aquel autobús cayera del puente solo porque tenía química a la primera hora. -Porque no he desayunado y me encantaría hacerlo-.

-Y cínica, además-. Masajeó su sien. -Pasa antes de que me arrepienta-. Entré al salón. -¿Por qué tenías que ser mi peor y mejor estudiante a la vez?-. Esa parte la dijo en bajito, siguió hablando para sí. -Cínica siempre fue, pero antes llegaba a tiempo-. Sí bueno, antes no luchaba contra el crimen mientras intentaba cruzar la preparatoria, tenía menos de dos años siendo una especie de superheroína.

Aventé mi mochila a la silla junto a la mía, era la única que no tenía compañero, nadie confiaba en mí por eso de mis retardos, y mi expresión poco amigable junto con mi carácter tampoco me ayudaban mucho. -Ay no puede ser-. La mitad de mis libros se habían salido de mi mochila mientras me columpiaba entre los edificios. -Demonios-. Golpeé mi cabeza contra la mesa. -Al menos no les puse nombre…-. Con un poco de suerte, podría encontrarlos tirados en algún callejón, desgraciadamente, la suerte no era algo que me caracterizara.

Mientras la clase pasaba, pensé que haría en caso de no encontrar mis libros, no tenía a quien pedirle los apuntes, a la mayoría de mis compañeros ni siquiera les caía bien o simplemente no me tomaban en cuenta, ausentarse durante largos períodos terminaba teniendo consecuencias.

Casi al final de la clase, sentí dos miradas sobre mí, una de ellas no me extrañó, sí hasta pareciera que le pagaban por verme, por verme con odio, la otra sí fue una novedad, me escudriñaba con mucha curiosidad, y yo estaba indecisa sobre si hacerle o no notar que sabía me veía, decidí que sí, volteé, esa intensa mirada carmín no se desvió al coincidir con la mía, es más, su dueña me sonrió, extrañada, miré hacia otro lado.

Salí del salón por el cambio de hora, mi siguiente asignatura era educación física, la odiaba por ser absurdamente sencilla y difícil al mismo tiempo, tenía que contenerme para no hacer algo imposible para una adolescente.

Esperé a que los vestidores estuvieran vacíos para entrar. -A veces creo que esto tiene más desventajas que ventajas-. Refunfuñé mientras me quitaba mi chaqueta. -Cuido de esta ciudad-. Arrojé mi playera a mi mochila. -¿Y que obtengo… -. Escuché que abrirían la puerta. -Mierda-. Salté al techo antes de que entraran.

-Siempre es lo mismo-. Mi mochila estaba ahí, con la cremallera abierta y mi máscara a plena vista, bastaría con que esas dos dejaran de verse entre ellas para que la vieran. Maldije internamente, no podía tener tan mala suerte. Casi recé para que no me vieran cuando disparé mi telaraña, atrapé mi mochila y la trajé al techo conmigo. -Yo llegó tarde y ya no entro-. Era esa que me veía con odio en el salón, una pelirroja con pésimo carácter llamada Nao. -Pero Kuga lo hace e igual la dejan pasar-. Fruncí el ceño.

-Es la preferida, ¿Qué querías?-. Vaya, tal vez era cierto eso de las preferencias, ok, era obvio que sí, pero era porque se me daba la química y las ciencias, ella no tenía ningún talento académico que llamase la atención de los profesores, y demonios, eso no era mi culpa.

-La detesto-. Tampoco me caía de maravilla.

No demoraron mucho en salir. Regresé al suelo. -Ni siquiera puedo cambiarme en paz-. A veces en verdad odiaba llevar mi traje bajo mi atuendo normal, gracias a él no pude dejar de ver la puerta con paranoia mientras me lo quitaba para ponerme mi ropa deportiva. Hice la nota mental de encontrarle otro sitio a mi máscara, y también otro lugar en el cual cambiarme, porque hubiera sido muy estúpido que mi identidad se revelará de aquella manera.

-¿Quemados de nuevo?-. Al ir acercándome oí las quejas de mis compañeros. -¡Es la tercera vez esta semana!-. El profesor ignoró sus comentarios, estuvieran de acuerdo o no igual pondría el ejercicio que le viniese en gana. A mí me daba igual, de todos modos, no podía jugar nada en serio en ese lugar.

El profesor dividió a la clase en dos equipos, no me sorprendió que Nao quedase en el contrario al mío, creó que él lo hacía a propósito. -¡Hey Kuga!-. Me dedicó su primer lanzamiento, no tuve intención de esquivarlo, pero mi sentido arácnido funcionó en piloto automático, maldije, quería salir de la cancha rápido.

Permití que su segundo lanzamiento sí me acertará. -¡Kuga, fuera! -. Iba a caminar a las gradas, un compañero atrapó la pelota.

-¡Kuga, adentro!-.

Retrocedí sobre mis pasos dispuesta a ser el blanco más fácil de la cancha, eso combinado con la manía que Nao me tenía, dio como resultado que enseguida me diera otro pelotazo. -Ups, estoy fuera-. Dejé que viese mi sonrisa, quería que supiera que había salido del juego por puro gusto.

Tranquila, fui a echarme en las gradas.

-Ara, veo que no te gusta mucho el ejercicio-. Detrás de mí estaba esa chica de mirada carmín, Shizuru Fujino.

-Hago suficiente ejercicio por mi cuenta-. Saltar de una azotea a otra, escalar paredes y columpiarse entre edificios debía calificar como deporte extremo.

Bajó una grada para sentarse a mi lado. -¿Practicas algún deporte?-. Tenía una sonrisa gentil, igual fruncí el ceño.

-No tienes que hacerme platica solo porque estoy aquí-. No me gustaba que me tuviesen ningún tipo de lastima, no era la obra caritativa de nadie.

-Quería hablarte antes-. Eso me tomó por sorpresa. -Pero siempre pareces tener mucha prisa-.

Lamenté que quizá fui un poco brusca con ella. -Practico algo de parkour-. Contesté a su anterior pregunta, no era del todo mentira. -Disculpa, por lo general, solo me "hablan" idiotas como esa-. Señalé con la mirada a Nao, ella estaba disfrutando de hacer llorar a los demás a pelotazos, vaya imbécil.

Shizuru rio. -No se caracteriza por su inteligencia, ni su empatía, en efecto-. Me gustó su risa. -Así que, ¿parkour?-.

-Sí, desde hace unos dos años-. Supongo que cierta pelirroja sintió que la habíamos insultado, "accidentalmente" la pelota que lanzó terminó yendo en nuestra dirección.

-Ara-. Sobra decir que atrapé el balón antes de que le diera a su rostro. -Gracias-. Siendo honesta, lo hice sin pensarlo, mis reflejos funcionaban con mentalidad propia, pero en hora buena, habría sido terrible que una cara tan bonita se arruinara.

-De nada-. Si antes había llamado su atención, con eso, sin querer, causé que no pudiera sacarme de su cabeza.

Al finalizar las clases caminé a paso apresurado por los pasillos, quería verificar lo antes posible si mis cuadernos estaban por ahí o si tendría que comprar otros. -Kuga-. Miré por sobre mi hombro y disminuí el paso.

-¿Sí?-. Era Shizuru de nuevo.

-Quería preguntar si, bueno entenderé si dices no, si tú… ¿Tendrías una cita conmigo?-. La alarma de la escuela sonó, junto con un aviso de que debíamos evacuar las instalaciones inmediatamente. Fuese lo que fuese, no podía perder el tiempo.

Salí corriendo. -¡Sí!-. Le grité, no caí en cuenta de lo que había aceptado. Corrí en busca de un lugar para cambiarme, no lo encontré, las personas iban de un lado a otro. -Maldición…-. Así que me puse mi máscara y fui quitándome la ropa mientras me columpiaba.

Pegué mi mochila en una de las paredes menos visibles. -¡Al demonio!-. Esperaba encontrarla de regreso, o sería la tercera mochila perdida ese año.

Fui hasta donde estaban los responsables de hacer sonar la alarma. -¿Qué sucede?-. Sus rostros de alivio por poco me hicieron olvidar que eran los profesores que odiaba.

-Spidergirl-. Quiero aclarar que yo no escogí el nombre. -Hay una bomba en el almacén principal-. Hubiera preferido un incendio o un accidente en el laboratorio. -Los policías vienen en camino… ¿Spidergirl?-.

Yo también iba en camino, no iba a permitir que nadie volase en pedazos mi escuela, o al menos lo intentaría. Entré por una de las ventanas. -Rayos-. Para encontrarme con que esa cosa estallaría en menos de cinco minutos. Dudaba de que llegaran a tiempo, desgraciadamente, entre mis habilidades no estaba desactivar explosivos. -Ok Kuga, piensa, piensa-. Medio minuto después, los policías derribaron la puerta.

-¡Spidergirl!-. Repito, no fue mi idea.

-¡Tienen cuatro minutos!-.

Imagínense mi decepción cuando faltando un minuto todavía no desactivaban la bomba. -Salgan de aquí-. Bien decían que si querías que algo se hiciera bien, debías hacerlo tú mismo. -¡Ahora!-. No esperé sus réplicas. Cogí el explosivo y salí por la ventana. Sentía la adrenalina a tope con esa cosa bajo el brazo, el sonido del temporizador no era de ayuda.

-Por favor no explotes todavía, no lo hagas-. Temía que tanto movimiento la detonara.

Subí a la azotea del edificio más alto. -Que funcione-. Le disparé mi telaraña para unirla con mi mano. -Venga, algo de suerte-. Giré mi brazo con fuerza para darme más impulso. -¡Adiós!-. La lancé, vi aliviada que ascendía bastante y allá a lo lejos, explotó. -¡SÍ!-.

Me asomé por la orilla de la azotea, para verificar que todo estuviera en orden. -¡SPIDERGIRL! ¡SPIDERGIRL! ¡SPIDERGIRL!-. Sé que ya lo dije, pero de verdad, en serio, el nombre no fue cosa mía. -¡SPIDERGIRL! ¡SPIDERGIRL! ¡SPIDERGIRL!-. Era irónico que los mismos compañeros que me ignoraban siendo Natsuki Kuga, clamaran eufóricos por mí cuando era Spidergirl.

Salté del edificio, su euforia aumentó al verme aproximándome al suelo, poco antes de tocarlo, mi telaraña me elevó de nuevo, hice una pirueta, eso los volvía locos, lo suficiente para que su emoción los distrajera, a la primera oportunidad desaparecí de su vista.

Fue reconfortante encontrar mi mochila donde la había dejado. Me fui de la escuela pensando recuperar el resto de mis cosas, grande fue mi desilusión al encontrarlas sí, pero no intactas, mi cuaderno y libro de química estaban completamente empapados.

-¿Por qué tengo tan mala suerte?-. Al apuntar a la pared más cercana, nada salió de mi muñeca. -¿Es en serio, vida?-. Tuve que regresar a casa como todas las personas normales, y como no tenía modo de cambiarme, bueno, la gente no dejaba de verme en el autobús.

Debajo de la máscara fruncí el ceño.

¿Por qué esa araña no había picado a alguien que sí le gustara recibir atención?

En mi habitación, tuve la libertad de poder quitarme mi traje sin miedo a ser descubierta, lo arrojé a la cama, ya le hacía falta una lavada. -Que día-. Vale, todos los días eran algo así. -¿Qué habrá hecho mamá para comer?-. Me quité mis disparadores, los puse sobre mi escritorio. -Debo hacer más cartuchos-. Malamente, mi telaraña no era infinita.

Bajé a la cocina, mi madre trabajaba la mayor parte del día, era una de las empleadas más importantes de los laboratorios Searrs, pero siempre procuraba dejarme comida preparada. -Genial-. Metí el plato de espagueti al microondas. -Creo que puedo mejorar mis disparadores-. Como pasaba todo el día sola, en casa tendía a hablar en voz alta. -Si…-. Con un bocado de espagueti en la boca, recordé que había aceptado una cita con Shizuru Fujino. -¡Por dios!-. Sentí que me atragantaba. -¡Dios!-. Escupí.

Ella me parecía linda, era imposible negarlo, pero cielos, jamás me había detenido a pensar a detalle en mi sexualidad. -¿Tengo cara de gay?-. Medité la estupidez que acaba de decir. -Un momento-. Ella era muy popular, intenté recordar algún novio que hubiera tenido, ninguno, que se supiera. -¿Shizuru Fujino es gay?-.


Volví a llegar tarde a la clase de química, el profesor ya no dijo nada, solo suspiró resignado mientras me veía pasar al fondo. -Habrá un cambio en los equipos-. El salón hizo un alboroto. -¡Silencio!-. Golpeó la mesa, todos se callaron. -Yo asignaré las parejas-.

Me recosté en la mesa, para mí no habría cambios, era yo conmigo, como siempre. -Fujino, estarás con Kuga-. Levanté la cabeza de golpe.

-Profesor, ¿se siente bien?-.

-¡Kuga!-. No era mi intención que toda la clase se riera. -¡Silencio!-. Masajeó sus sienes. -Como dije, la señorita Fujino hará equipo con usted-. Las risas de mis compañeros se convirtieron en murmullos.

El continuó diciendo los equipos.

Sin creérmelo, bajé mi mochila de la silla al ver a Shizuru parada a mí lado. -Hola, Kuga-. Se sentó.

-Dime Natsuki-. Si tendríamos que estar hablando, prefería generar algo de confianza entre nosotras.

Me vio de reojo. -Entonces dime Shizuru, Natsuki-. No entendí como mi nombre pudo sonar tan distinto en su boca. -No has olvidado nuestra cita, ¿cierto?-.

-Ehhh… yo…-. La duda de si se refería o no a una cita romántica me descolocaba completamente. -No, claro que no-. Pero Kuga Natsuki tenía palabra, y sí le debía una cita, una cita tendríamos.

-Perfecto-. Su sonrisa era en verdad encantadora, desvié la mirada. -Que linda-. Fingí no escuchar eso.

Nos pidieron que sacáramos nuestros cuadernos para iniciar la clase, hice una mueca, por pasármela pensando en el tema de la cita, olvidé lo de mis apuntes, ni siquiera compré otro cuaderno. -¿Sucede algo?-. Me vio con curiosidad.

-Algunos de mis útiles se mojaron ayer-. Admití.

-Ara… pero ayer no llovió-.

-Mi vecino riega sus plantas cuando paso, creo que no le caigo bien-. Mentí. -No sé que haré con los apuntes-.

-Hoy puedes llevarte mi cuaderno, si quieres-. Esperé que dijera lo que quería a cambio, no pidió nada.

-Gracias-.

Su mirada pese a estar sobre mí gran parte de la clase, era disimulada, de hecho nadie más podría darse cuenta, pero era imposible que mi sentido arácnido lo pasara por alto. Mi siguiente clase, algebra, también era con ella, entonces, caía en cuenta de que sus ojos no me perderían de vista, porque nuestro horario era exactamente el mismo.

Se pegó a mí en el pasillo. -¿Y a donde te gustaría ir?-. Estar con ella hacía que llamase la atención de muchos.

-A donde gustes-. Miré mal a aquellos con los que pude hacer contacto visual. -Oye, sí sabes que estar conmigo no beneficia tu popularidad, ¿verdad?-.

-Supongamos que eso es cierto-. No era suposición, era un hecho. -Ahora me interesas tú, no los demás-.

Aunque mi pasatiempo básicamente consistía en salvar a desconocidos, yo no me fiaba de ninguno. Fruncí el ceño. -Si tú dices-. Sonrió.

Algo chocó contra mi hombro, por algo me refiero al hombro de la imbécil de Nao. -Idiota-. Sí, sí, bien pude evitarlo, pero tenía que guardar las apariencias en la medida que pudiera.

No se me escapó esa miradita de repudio que le dio Shizuru. -¿Por qué te tiene tanta manía?-. Supo disimular su enojo con un tono casual y sereno.

Suspiré. -Un día no quieres molestar a otros niños con ella en el kínder-. Hice un gesto de explosión con las manos. -Y bum-. Mi gesto le regresó su sonrisa. -10 años después aun te guarda rencor-.

-Suena a que eres difícil de olvidar-. Tenía la mirada puesta en ella, mis oídos eran otra historia, por sobre el alboroto de los pasillos, escuché un grito distinto. -Regresando a nuestro tema anterior…

Sí, definitivamente era un grito de auxilio. -Disculpa Shizuru-. Cogí bien la correa de mi mochila. -Te alcanzó en el salón-. Vi la confusión en su rostro antes de salir corriendo en la dirección contraria al salón.

Una parte positiva de que mi existencia no le interesara a casi nadie, era que ahí en la escuela raramente notaban cuando entraba a cuartos donde no tenía nada que hacer. Me metí a uno de los cuartos de los conserjes, me quité la ropa y la metí en mi mochila, después de ponerme mi mascara, salí por la ventana.

Seguí los gritos hasta un callejón que estaba a menos de media cuadra de donde había estado. Desde arriba, vi una escena que detestaba, entre tres chicos acorralaban a una chica contra la pared, era un clásico que veía al menos dos o tres veces a la semana, estúpidos abusivos. -Tres contra uno es muy injusto-. Aterricé detrás de ellos.

Cuando se voltearon… -¡Mierda!-. Ni siquiera intentaron darme pelea, su primera reacción fue intentar huir con la cola entre las patas.

La chica me veía con cara de incredulidad. -Dame un momentito-. Le dije para tranquilizarla.

Giré sobre mis talones y disparé mi telaraña de tal modo que atrapé a los tres, con un simple jalón cayeron al suelo, los arrastré de regreso a mí. -¿Estás herida?-. La vi de reojo, a primera vista, tenía los ojos rojos por el llanto y su blusa desgarrada.

Esos tres no dejaban de maldecir. -Oh cállense-. Les cerré la boca con mi telaraña. -Tranquila-. Procuré usar un tono menos hosco con ella. Mi mochila colgaba a mi costado derecho, saqué mi playera. -Para ti-. Miró la prenda sin creérselo. -Te acompañaré a la estación de policía-.

-Gra… gracias-. Su puso mi playera sobre su blusa desgarrada. -Muchas gracias-.

Amarré a dos de ellos para poder alzarlo con una sola mano y con la otra tomé al restante. -Andando-. La chica no dudó en seguirme. Habría sido mucho más rápido ir a entregarlos por mi cuenta, quizá hasta habría llegado a mi clase de algebra, pero podía ver que la chica no quería quedarse sola.

En el camino a la estación, obviamente llamamos la atención. "Ignóralos Kuga, ignóralos." Ojalá hubiera podido reclamarle a aquella arañita por pasarse de graciosa conmigo.

Grande fue mi sorpresa al enterarme de que la chica era de hecho la hija del jefe de la policía, jamás me habían agradecido tanto haber evitado un caso de abuso. -Spidergirl, lo que necesites…-. Ganas no me faltaban de decirle que lo que necesitaba era que dejaran de llamarme así.

Pero bueno, una no podía escoger su nombre de superhéroe, e igual, creo que no se me ocurriría algo menos ridículo que Spidergirl. -No se preocupe por eso-. Cuando comencé a hacer ese tipo de cosas, no tenía en mente conseguir ninguna recompensa.

Sin mas contratiempos salí de la estación. Cuando regresé a la escuela, entré por la ventada de uno de los salones que sabía estaban vacíos a esa hora, era el laboratorio de química. -Claro Kuga-. Mascullé mientras me quitaba los guantes. -Ve y dale tu playera cuando aun tienes clases-. Me puse el pantalón y los tenis. -No hay problema, total, quien necesita una identidad secreta-. Me quité la máscara. -Seré imbécil-. Tuve que cerrarme mi chaqueta hasta el cuello.

Salí del laboratorio con el aire más casual del mundo. Al menos, podría llegar a tiempo a mi tercera clase. No esperaba que los ojos de Shizuru me detectaran apenas poner un pie en el aula, si algo había aprendido en dos años luchando contra el crimen, era que había algo peor que un robo a mano armada, y eso era una mujer enojada.

Opté por fingir demencia, si bien me iba, ella simplemente me ignoraría por ser una cabeza hueca sin modales. En lugar de ignorarme, cuando me senté, ella se cambió de banco para sentarse junto a mí. Temí por la opción de la mujer enojada, que dios se apiadará de mí, o satán, quien fuera, con tal de que me echará una mano.

-Hola-. Dije rascándome la cabeza.

-Hola-. Sacó su libro. -¿Todo bien? Saliste corriendo de la nada-. No mencionó mi prolongada ausencia.

-Si bueno es que… -. Diablos, las excusas no eran lo mío. -Se adelantó mi período y tuve que correr a enfermería para evitar un accidente-. Definitivamente era pésima mintiendo. Aunque habiendo sacado ese tema del período a la luz, maldición, no tienen idea de lo incomodo que era columpiarse entre los edificios con un tampón ahí abajo.

Shizuru notó que tenía la cremallera de la chaqueta hasta arriba, omitió el detalle. -Ya veo-. Creo que no me creyó, no la culpo. -¿Estás libre mañana por la noche?-.

Bueno, como yo no programaba los accidentes, así libre libre, nunca estaba. -Sí-. Intenté sonar segura.

Me sonrió. -Perfecto-. Debo admitir que tenía una sonrisa muy bonita. -Paso por ti a las 8-.

-De acuerdo-. Le escribí mi dirección en una hoja, al ver lo que hacía, rio. -¿Qué?-. Fruncí el ceño. -¿Acaso eres adivina?-.

Negó con la cabeza sin dejar de reír. -No-. Luego apoyó el codo sobre el banco y recargó su rostro contra su palma. -Pero sí soy tu vecina-.

Fue como un cubetazo de agua fría. -¿Estás bromeando?-. En serio, que vergüenza.

-Eres más despistada de lo que pensaba-. Extrañamente, sus palabras no me ofendieron. -He vivido en la casa frente a la tuya, los últimos 16 años-. Sonrió.

-Cielos-. Quise pegar la cara al banco. Primero, no me había dado cuenta de que compartíamos todas las clases, y ahora resultaba que vivía a unos pasos de mí y yo ni enterada.

Su semblante era relajado. -Como dije, había querido hablarte antes, pero siempre pareces apurada-. Entró el profesor al aula.

-Ehhh sí… el parkour consume mucho tiempo-. Rasqué mi cabeza. -Apenas y me deja respirar-.

-Que interesante-. Vi una chispa enigmática en su mirada.

-Kuga-. El profesor me llamó. -Háblanos acerca del capítulo que les encargué leer-. ¡Demonios! ¡La tarea de literatura!

Sonreí con sorna. -¿Puedo leer el resumen en internet antes?-. A él no le hizo gracia.

-Kuga…

-Aunque también podría contarle lo que creo que paso-. Me encogí de hombros.

Pellizcó el puente de su nariz. -Solo diga que no hizo la tarea-. Suspiró. -Fujino, confío en usted-.

Shizuru sí que le relato el capítulo, casi casi como si lo estuviera leyendo en su mente.

De inmediato, pensé en el lío que podría ser el haber llamado la atención de alguien como ella.