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Lucifer
Los Ángeles, California.
Interior de un apartamento. Noche.
John Constantine encendió su cigarrillo. Era el tercero que se fumaba esa noche. Seguramente habría más. Aquella prometía ser una larga jornada.
-A ver si te entendí: dices que quieres ir al mismo Infierno para buscar al Diablo porque crees que fue él quien se robo el cadáver de tu padre. ¿Correcto?
Thomas asintió. Constantine exhaló una amplia nube de humo. El olor a nicotina impregnaba la habitación. Ambos se hallaban en el living que hacía las veces de estudio de John y mientras el experto cazador de demonios y moderno exorcista se había sentado en una silla al revés, mirándolo mientras fumaba, su visitante continuaba de pie.
-Primera cuestión: ¿Para que querría Su Satánica Majestad el cuerpo de Superman? ¿Qué ganaría con él?
-Tal vez venganza por que mis padres arruinaron sus planes de destruir a Jesucristo. O tal vez para profanar la figura de lo que mi papá representaba. No te olvides sobre quién estamos hablando…
-Sí, ya. ¿Sabes? Para serte franco siempre consideré que el mensaje de tu viejo, ese de "verdad y justicia" era pura basura. Pero luego descubrí que ayudaba a mucha gente en el día a día, y si bien sigo creyendo que es una estupidez, de alguna forma lo respeto.
-¿Me vas a ayudar a ir al Infierno o no?
-Tranquilo, compañero. Eres el primero que conozco que está tan ansioso por ir allá abajo, y mira que he despachado a muchos en todos estos años – al ver que Tom se impacientaba aun más, Constantine decidió ir directo al grano – Hay un par de cosas que creo deberías saber antes de iniciar el viajecito. Numero uno: lo que está en el Infierno, en el Infierno se queda. Sin excepciones. Si das con el cuerpo de tu viejo allá abajo, vete pensando de qué otra manera lo vas a recuperar. Yo no voy a ir más allá de donde puedo… o donde me dejan llegar.
-Entiendo.
-Número dos: el Infierno está lleno de almas perdidas. Condenados y esas cosas… pero también hay demonios. Me imagino que no estarán contentos de verte por ahí…
-Ya me las arreglare con ellos.
-Número tres: una vez allí, estás solo. Y espero que lo entiendas de verdad. Yo solo te haré pasar pero no te acompañaré.
-¿Cuándo diablos empezamos?
John fumó un rato en silencio. Lo miró a los ojos.
-Decían que tu madre era testaruda – comentó – No lo sé. Con franqueza, nunca conocí en persona a Lois Lane, pero creo que eres digno hijo de ella. Realmente, ¿sabes en lo que te estás metiendo? El Infierno no es para cualquiera. Después de un vistazo a ese lugar, no lo olvidaras jamás. ¿Todavía quieres continuar?
-Por supuesto.
O Tom era muy valiente, o muy idiota. Constantine decidió que fuera otro el que lo juzgara. Preparó la sala para el ritual; encendió las velas negras, pinto el pentáculo y la estrella de cinco puntas invertida con sangre de cordero degollado y dibujó también los símbolos arcanos. Terminado el primer paso, dio el segundo. Recitó el hechizo en latín con la facilidad de quien ha utilizado ese idioma muchísimas veces.
El resultado fue el que esperaban. Un vortice de fuego se abrió en medio del pentáculo. Iba en dirección hacia abajo y lamentos, gritos y lloros emergieron de él.
-¡Tu tren expreso al Infierno! – gritó John, tratando de hacerse oír por sobre encima de la cacofonía de ruidos provenientes del vortice – ¡Hora de abordarlo!
Tom se arrojó en él. Cayó a través de un denso y tenebroso hoyo de oscuridad hasta emerger del otro lado…
El impacto visual fue tremendo. La escena a su alrededor era dantesca (literalmente hablando). El Infierno se parecía muchísimo a la ciudad de Los Ángeles, pero en ruinas e incendiada. Delante de Tom cientos, quizás miles de demonios cornudos y horribles peleaban entre sí, disputándose las almas de unos hombres, mujeres y niños (¡niños!), a los cuales pretendían devorar.
Al ver al recién llegado se sorprendieron bastante, pero eso fue solo al principio. De inmediato abandonaron sus disputas personales para arrojarse en masa sobre Tom, hambrientos.
-¡Fuera de mi camino! – el hijo de Superman se los sacó de encima sin mucho esfuerzo de un violento empujón, utilizando su súperfuerza. Los demonios volaron y cayeron desparramados por todas partes.
Tom no quiso perder el tiempo con ellos y pese a las suplicas de las almas de los condenados por ayuda y liberación, con el corazón sobrecogido de espanto y angustia, pero con decisión por encontrar lo que venia a buscar, echó a volar dirigiéndose hacia la versión en llamas del edificio First Interstate Biulding, suponiendo que allí seria donde el pez mayor elegiría para alojarse. Después de todo, el edificio-torre, tanto en el mundo terrenal como en el infernal, estaba ubicado en el centro de la ciudad.
No se equivocó con su elección; Lucifer lo esperaba ahí dentro, en un penthouse lujoso. Estaba sirviéndose una copa de licor. Cuando Tom entró ante su presencia, le ofreció compartir su bebida con él…
-Hace mucho calor por aquí y has estado muy ocupado desde que llegaste, Tom – dijo el Diablo – Creo que una copa te vendría bien ahora mismo.
-No viniendo de ti – replicó el joven. Se cruzó de brazos, enfrentándolo sin miedo.
Era curioso. En todo ese entorno sobrenatural Lucifer era el que se veía más normal y humano. Su aspecto era el de un hombre alto, bello y rubio, bastante bien vestido. Su mirada era astuta y a la vez, salvaje. Sonrió ante la negativa de Tom a beberse una copa.
-Es solo licor, nada más – dijo y lo derramó en el alfombrado piso – Claro que la chusma de acá abajo se mataría por un sorbo… si no estuvieran muertos ya.
-Tienes suerte. Hoy solo me interesa una cosa: el cuerpo de mi padre. ¡Tú lo robaste de su tumba y yo lo quiero de regreso!
-Si te refieres a ese dichoso asunto de profanación que te tiene yendo y viniendo por ahí, buscando culpables, yo no tengo nada que ver con él. No es mi área.
-¡Mientes! ¡Eres el Diablo! ¿Por qué debería creerte?
Lucifer suspiró.
-Porque, lo creas o no, no me interesa tu padre. Superman nunca fue mi objetivo cuando el Luthor original y yo hicimos nuestro pacto. Solo buscaba evitar la Segunda Venida de Cristo. Es todo. Mi prioridad era el Hijo de Dios – el Demonio hizo una pausa. Se sirvió más alcohol en su copa – No he sido yo el ladrón de su cuerpo y ni siquiera hallaras su alma en el Tártaro. No. El gran boy-scout pertenece a los del otro bando.
Tom estaba perplejo. ¿Debería creerle realmente? Pero si no fue él el ladrón, entonces ¿Quién?
-Te veo tan desolado que hasta a mí me das lastima – el Diablo sonrió. Pensó un momento – ¿Sabes qué? Creo que te daré una pista. Considéralo una ayudita de mi parte, para que veas que no soy tan malo como dicen: quien cometió el robo pertenece al ámbito terrenal.
-¡Vaya gran ayuda me has dado!
Lucifer se encogió de hombros.
-Tómalo o déjalo. Yo que tú buscaría por el lado de lo clásico, no de lo novedoso.
-Tú sabes quién fue… – no era una pregunta, era una afirmación.
-¡Pero mi querido Thomas Kent! ¡Por supuesto que lo sé! Sin embargo, es todo cuanto te diré sobre el tema… eso y que quién lo ha hecho tiene un macabro y retorcido sentido del humor.
-¡Dime la verdad! ¡Dime quién se robo el cuerpo de mi padre! – Tom se puso violento. Se había cansado de tantas evasivas.
-¡Fuera! ¡Tu tiempo en mi reino ha terminado! – Lucifer lo despachó alzando la mano y el vortice de fuego apareció, absorbiéndolo. Llevado por el túnel de oscuridad, Tom retornó al departamento de Constantine.
-¿Y bien? ¿Hubo suerte? – preguntó John. Estaba sentado en un sillón leyendo un libro y fumándose otro cigarrillo.
-No fue él.
-Te lo dije.
-Aun así, me dio algunas pistas…
-Te sugeriría que las tomaras como de quién viene.
-Me dijo que autor pertenece a la Tierra y que se divierte con esto. Que tiene un macabro sentido del humor.
Constantine se dedicó a fumar despacio mientras Tom se devanaba los sesos intentando interpretar esos datos. A la final, le picó la curiosidad y al ver una expresión en el rostro del muchacho, le preguntó qué conclusión había sacado.
-Creo que estoy por la senda equivocada – dijo – Tal vez el autor no sea un enemigo de mi padre, sino de otro…
-No te entiendo.
Tom se disponía a irse. Constantine lo detuvo un momento con una pregunta.
-¿Adonde vas ahora?
-Gotham City. Al manicomio de Arkham. Voy tras el único loco retorcido y enfermo que puede haber hecho una broma tan macabra como ésta. Voy a por EL JOKER.
