5
The Joker
-¿En que andas, Tom? – le preguntó Chloe. Se encontraban sentados en la cafetería del canal de televisión almorzando y a la chica le extrañó lo taciturno que se había vuelto su amigo en aquellos días – Últimamente andas muy raro.
-¿Eh? – Thomas pestañeó. Tomado por sorpresa, no se dio cuenta cuan ensimismado estaba en sus pensamientos hasta que Chloe se lo hizo notar.
-¿Sucede algo malo? ¿Tienes algún problema serio?
-Pues… más o menos.
-Si andas falto de dinero, puedo prestarte algo. No es mucho, pero…
-No, no. No es tema monetario.
-¿Entonces?
Silencio. Chloe aguardó.
-Es más bien algo… personal.
-Puedes confiar en mí. Cuéntamelo. A lo mejor te puedo ayudar.
Tom dudó. Miró a su bella amiga a la cara. Había momentos en que la tradición de llevar una doble vida le pesaba y mucho. Sabía que a su padre le ocurrió algo similar una vez y que fue por eso que confió su secreto a Lois, su madre. ¿Podía hacer él lo mismo con Chloe?
El momento de intimidad de los amigos pasó muy rápido. Lana y Pete se les unieron en la mesa, para almorzar junto a ellos. Traían novedades no tan nuevas para Tom…
-Las autoridades siguen desconcertadas – señaló Pete – No hay pistas del ladrón del cuerpo de Superman.
-¿Nada de nada? – inquirió Chloe.
-Nada de nada. Y eso que están revisando por todos lados, moviendo cielo y tierra. Y por lo que sé, no son los únicos…
-¿Qué quieres decir?
-Al parecer, el nuevo Superman también anda buscando culpables – Pete bajó el tono de su voz – Dicen que lo han visto hace poco en Los Ángeles.
-Entonces, ¿es verdad el rumor? ¿Es su hijo?
-Se cae de maduro. Pese a que no ha habido ninguna declaración oficial, ya se lo considera como si lo fuera. Es más, los del Planeta ya lo ponen en primera plana con este titulo: "El Hijo de Superman".
-Movida de marketing, sin duda – aventuró Lana – El Planeta siempre se jactó de tener exclusivas del Hombre de Acero original. Es sabido que querrían hacer lo mismo con éste.
-Richard White es un tipo astuto – concedió Pete, sonriendo – Digno heredero del estilo de su abuelo. Según contaban, el viejo White siempre trataba de poner en los primeros puestos de ventas al periódico. Si me lo preguntan, siempre diré que la mejor gestión del diario fue la de tu padre, Tom. Ese sí fue un Editor con todas las de la ley.
-Sin duda – apuntó Lana – El nombre de Clark Kent es mencionado con respeto entre todos los estudiantes de periodismo.
-Eh, Tom… ¿Estás bien?
La pregunta de Pete volvió a ponerle los pies sobre la tierra. Mientras sus amigos hablaban, Thomas estaba mentalmente en otra parte.
-Yo… lo siento, amigos – se disculpó – Tengo que irme. Perdónenme.
Se levantó de la mesa y se marchó.
-Que raro anda. ¿Qué le sucede? – comentó Pete, preocupado – ¿Acaso el cerdo de Lombard lo molestó otra vez?
-No creo que tenga que ver con Steve – dijo Chloe – Tom tiene un problema personal, pero no quiere decirme cual es.
-Que raro.
-Espero que no sea nada grave – expresó Lana. Al igual que Pete, ella también estaba preocupada.
Tom se sentó al borde de la cornisa en la terraza del edificio de WGBS, el único lugar solitario que encontró en esos momentos. Pese al incesante ruido del trafico en Metrópolis y de la gente en las calles allá varios pisos más abajo, su cabeza le daba vueltas metida en otro asunto y la angustia amenazaba con tragárselo.
Había ido a Arkham a ver al Joker y eran los recuerdos de su visita al manicomio en Gotham City lo que lo tenía ensimismado…
Acudió poco después de haber estado en L.A con Constantine, pero decidió que el nuevo Superman todavía era el personaje menos indicado para irrumpir en el viejo asilo para criminales dementes. Por eso asumió su disfraz "humano". Quién se presentó en el gótico sanatorio mental para ver al Joker fue Thomas Kent, el periodista de televisión.
-Soy la Dra. Chase Meridian – se presentó una bella mujer, estrechándole la mano – Soy la encargada del tratamiento psiquiátrico de los pacientes del pabellón. El Director del sanatorio me dijo que deseaba entrevistar al Joker…
-Así es. ¿Cree que seria posible?
-Como poder, se puede. Aunque tengo que advertirle que es un paciente difícil. Ha tenido ingresos y salidas más veces de lo que me gustaría admitir. No es culpa mía; éste nosocomio ha cambiado muchas veces de gestión y no muchas han sido transparentes. No sé si me explico…
-Perfectamente.
La Dra. Meridian condujo a Tom por un largo pasillo. Algunos pacientes deambulaban por la zona, perdidos en su propio mundo de delirios personales cada uno.
-Estos son los pacientes más leves, por así decirlo – explicó la psiquiatra – Los internos más difíciles están por aquí.
Atravesaron varias puertas con barrotes. Había guardias apostados en cada esquina del pabellón y cerca de las celdas. A medida que avanzaban por el lugar, Tom se sentía observado por varios pares de ojos.
-Normalmente los internos de éste sector del sanatorio no reciben visitas. Excluyendo, claro, las veces en que Batman ha venido por aquí. Pero han sido ocasiones especiales. Hace tiempo que el Caballero de la Noche no se pasa por Arkham…
Tom no emitió opinión alguna. Habían sido poquísimas las veces que viera a Batman en persona. Siempre que sucedió, fue acompañando a su padre, en realidad. Le pareció un tipo extraño y oscuro, misterioso. Creía que era una imagen más que justa para alguien que se decía, era el terror de los criminales de Gotham City.
La doctora y él llegaron finalmente a la celda donde estaba el Joker. Dos fornidos enfermeros entraron antes a la habitación acolchada para preparar al paciente para la entrevista. Cuando estuvo listo y con la camisa de fuerza bien ajustada, Chase y Tom ingresaron.
El hombre embutido en la camisa de fuerza era la viva imagen de la locura. Su rostro era blanco y sus cabellos revueltos estaban teñidos de verde. Su boca se curvaba en una amplia y sardónica sonrisa bordeada por unos labios pintarrajeados con rouge color rojo.
Tom se estremeció. Ahora entendía por qué la fama de ese psicópata era legendaria. Una mirada a su cara bastaba para saber que no habría compasión ni piedad si se cruzaba contigo… solo locura, violencia y muerte.
-Vaya, vaya, vaya. ¿Qué tenemos aquí? ¿A quien me ha traído, Doc? – preguntó el Joker - ¿Te conozco? No. Nunca antes había visto tu cara y creeme, yo no olvido una cara tan fácilmente.
Se rió. Fue una pequeña carcajada.
-Él es Thomas Kent. Es periodista de televisión – le informó la psiquiatra. La sonrisa del Joker se ensanchó más, si cabe.
-¿Voy a salir en la tele? ¡Que emoción! ¡Quiero mandar saludos! ¡Uno muy especial a mi madre! Un momento… ¡No tengo madre! Ahora me acordé por qué. ¡La maté!
Rió con más fuerza. Tom decidió abordar el asunto que lo llevó al lugar, pero antes debía arreglar una cuestión.
-Necesito unos minutos a solas con él – pidió.
-Eso es irregular – terció la doctora. Frunció el ceño – Tendré que pedir autorización.
-Por favor, doctora. Estoy investigando un caso muy importante – la llevó a un rincón de la sala – Es el asunto del robo del cuerpo de Superman – le susurró. Chase se sorprendió.
-¿Sospecha que mi paciente está involucrado? – le susurró ella a su vez – No puede ser. ¡El Joker no ha salido de aquí!
-Usted misma ha dicho que ha tenido varias externaciones a lo largo de los años – le recordó él – Con el prontuario y los antecedentes que tiene, es tan sospechoso como cualquier otro. Necesito unos minutos a solas con él. Es vital para mi investigación.
-Pero sigue sin tener sentido. Aun para una mente tan retorcida como la del Joker, ese acto de profanación no tendría sentido. Su fijación patológica es con Batman.
-Por favor, doctora. Solo unos minutos. Es todo lo que le pido.
-No sé… es muy riesgoso para su seguridad…
-Los enfermeros pueden esperar afuera de la celda. Además, está con la camisa de fuerza puesta.
-Creame: no es garantía de nada…
-¿Qué están cuchicheando ustedes dos ahí? – preguntó el Joker, divertido – Secretos en reunión es de mala educación – volvió a reír.
-Por favor – insistió Tom – solo unos minutos, nada más.
-Está bien. Cinco minutos – aceptó la médica no sin cierta renuencia. Los enfermeros y ella salieron de la habitación. Una vez que ambos hombres se quedaron solos, Thomas se sacó los lentes de la cara y miró al psicópata muy serio.
-Muy bien, Joker. Estamos solos. Dime donde lo tienes.
-¿El qué?
-¡Deja ya de fingir! ¡El cuerpo de Superman! ¡Tú lo robaste de su tumba!
La eterna sonrisa del maléfico payaso vaciló. Alzó una ceja.
-¿Es una broma? – preguntó – Porque si es una broma, es pésima, déjame decirte. Reconozco una broma malísima cuando la veo.
-¡Esta no es una broma! ¡Tú has robado el cadáver de Superman! ¡Devuélvemelo!
-¿Eh? Ah, no. Tú estás muy mal… Creo que voy a llamar a la Doc, para que te vayan preparando una camita en la celda de al lado. Te gustara Arkham, ya veras. Las noches son frías, hay ratas saliendo por los rincones y la comida es horrible, pero creeme, no hay lugar como el hogar.
Rió. Tom enfureció. Su paciencia se agotó. Sin pensarlo, aferró al Joker de la camisa de fuerza y lo alzó en el aire. Lo puso de cabeza y lo sacudió.
-¿Dónde está? ¡Dímelo! – ordenó. La sonrisa en la cara del siniestro payaso se había esfumado.
-¡Suéltame! ¡Suéltame!
Pero Tom no lo soltó. Sabía que el Joker estaba fingiendo. Lo zarandeó con fuerza, impaciente.
-¿Dónde está el cadáver de mi padre? ¡Habla ya, despreciable sabandija, o te juro por Dios que…! – cerró su puño y se dispuso a aplastar su cabeza.
-¡GUARDIA! ¡GUARDIA! ¡Ayuda! – gritó el Joker, por primera vez en su vida su rostro blanco más pálido que de costumbre.
Tom reaccionó. Lo soltó y retrocedió. Antes de que los enfermeros y la Dra. Meridian entraran, se colocó de nuevo las gafas.
-¿Qué sucede? – preguntó la psiquiatra.
-¡Es el hijo de Superman! – aulló el payaso, histérico. Empezó a reír a pleno pulmón, totalmente fuera de sí - ¡No es humano! ¡No es humano!
-Sr. Kent, ¿Qué significa esto? ¿Qué sucede aquí? ¿Para esto quería quedarse a solas con mi paciente? ¿Qué le ha hecho? ¿Lo agredió?
Tom no respondió. Abochornado, pidió disculpas y se marchó rápidamente del sanatorio. Su accionar había sido totalmente irresponsable; había puesto su identidad secreta en peligro, pero por sobre todas las cosas, casi cometió una locura extrema. El Joker era un psicópata, pero a Tom casi se le iba la mano y acababa cometiendo un asesinato brutal con él. Un acto que lo mancharía para siempre por el resto de su vida.
Estaba más que claro que ese loco tampoco había sido el ladrón del cadáver de su padre… y la lista de sospechosos que tenía se iba acabando.
En el momento presente, sentado en la cornisa de la terraza de WGBS, Tom se sacó las gafas y enterró la cara entre sus manos. La angustia que venia sintiendo hizo carne en él y se abrió paso desde su interior hacia fuera. La barrera de las emociones cedió. En silencio, lloró su impotencia.
En Oa, dos Linternas Verdes caminaban haciendo su ronda en el interior de la prisión de los peores criminales de las galaxias. Todo estaba tranquilo. Tanto, que uno de ellos, el más joven, se aburrió.
-Esto es peor que un cementerio – comentó a su compañero – No entiendo por qué nos asignaron esta tarea, siendo imposible que alguien escape de aquí o que vengan a sacarlos.
-Los Guardianes lo ordenaron – replicó el otro – No hay posibilidad de eludirlo.
-¡Pero los sistemas de seguridad son autónomos e inviolables! ¿Cuándo uno de nuestros reclusos huyó alguna vez? ¿Cuándo vino alguien a rescatarlos de su encierro? Nunca.
-Eso es porque tenemos los ojos bien abiertos – Vodantú apareció por detrás de los dos Linternas. Éstos se cuadraron de hombros de inmediato. En la Organización, Vodantú era su superior inmediato – Espero que no olviden que esa es una lección sumamente importante, Krainn, Kra'ken.
-Por supuesto que no, señor – dijo Kra'ken. Su compañero resopló.
-¡Oh, vamos Vodantú! ¡Tú mismo sabes que estamos en Oa! Oa – Krainn puntualizó la palabra – Hogar de los Guardianes del Universo, centro de la justicia del Cosmos. El sitio donde se halla la Batería Central, el origen de nuestro poder. ¿Quién en su sano juicio, por poner un ejemplo, osaría atacarnos para liberar a los criminales encerrados aquí?
Vodantú iba a responder para corregir los dichos de aquel impetuoso joven. Krainn todavía era un novato en el Cuerpo de los Linternas Verdes. Todavía tenía un largo trecho por delante hasta convertirse en un miembro hecho y derecho de la Organización. Lamentablemente la cuestión quedaría sin ser zanjada por culpa de una terrible explosión que hizo pedazos el techo sobre sus cabezas y dejó al descubierto aquella sección de la prisión.
Una nave negra, con forma de cráneo, flotaba en el aire. De su interior surgieron unos seres de diversos aspectos y poderes, siendo su jefe un simio albino de gran tamaño embutido en una armadura roja.
-¡Formación de ataque! – ordenó el Ultra-Humanidad a sus hombres – ¡Banshee, ocúpate de esos tres Linternas Verdes que están ahí! ¡Cyborg, tú hazte cargo de los sistemas computarizados de la celda de nuestro amigo prisionero! ¡Obsession, el resto de los Linternas que vienen son tuyos! ¡Que Rock, Máxima, Atomic Skull, Riot y el Parásito te acompañen! ¡Muévanse! ¡Tenemos poco tiempo y mucho que hacer!
Con sus órdenes impartidas, el curioso grupo de supervillanos se dispusieron a cumplirlas. Krainn, Kra'ken y Vodantú cayeron fulminados por el poder del grito sobrenatural de Silver Banshee, mientras que el equipo combinado del resto de los súpercriminales daban buena cuenta de los Linternas Verdes que iban llegando.
Mientras los combates se sucedían a su alrededor, el Cyborg enlazó los circuitos de su cuerpo-maquina con los de la celda que pretendían abrir. Solo le tomó unos segundos vencer sus seguros electrónicos y franquearle el paso a su jefe.
-Buen trabajo, Hank – dijo Ultra, entrando – Ahora es mi turno.
Brainiac observó al villano con sus fríos ojos. Ultra se limitó a sonreírle.
-¿Cómo has estado, amigo? Perdón por el retraso. Doblamos mal en la Nebulosa del Cangrejo.
De entre sus ropas, Ultra sacó un aparato. Apuntó al coluano con él y lo activó. Un poderoso pulso P.E.M1 se produjo y el capullo tecno-orgánico que envolvía al extraterrestre se abrió, liberándolo.
-Gracias – dijo.
-No hay de qué. Sugiero que pongamos distancia entre este planeta y nosotros – Ultra tomó un comunicador - ¡Tenemos lo que venimos a buscar! ¡Retirada! ¡Todos regresen a la nave!
Los supervillanos abandonaron la pelea con los Linternas Verdes y regresaron a la nave espacial. Ésta dio la media vuelta y huyó saltando al hiper-espacio en un pestañazo.
Mas tarde, Brainiac y Ultra caminaban por un largo pasillo de metal, mientras su nave viajaba en dirección hacia la Tierra. Sostuvieron el siguiente dialogo:
-¿Dónde está el cuerpo?
-Colocado donde acordamos – informó Ultra – Todo esta dispuesto como lo hemos planeado.
-¿El híbrido de humano y kryptoniano sospecha algo?
-¿Te refieres al hijo de Superman? No sospecha nada. Anda dando tumbos de aquí para allá tratando de encontrar un culpable en la dirección equivocada. Lo cual conviene a nuestros planes.
Una gélida sonrisa se formó en los labios de Brainiac.
-Que ironía – dijo – que el mayor superhéroe de la Tierra se convierta en la pieza clave de su destrucción.
-El Universo tiene sus formas de retribución inesperadas – ambos, alienígena y terrícola mutante, llegaron hasta una puerta cerrada – Hemos esperado años, pero valdrá la pena.
Ultra abrió la puerta. Ambos entraron en una amplia sala bien iluminada en la cual el resto de los villanos esperaban sentados delante de una gran mesa redonda.
-Ahora, es momento de repasar nuestras tropas y coordinar fuerzas – Ultra señaló a una silla vacía. Brainiac la ocupó. Él se sentó a la cabeza de la mesa, presidiendo la reunión – ¿Estamos todos juntos? ¡Muy bien! ¡LA LEGIÓN DEL MAL entra en sesión!
Fin de la Parte Uno.
Continuara…
Nota
1 P.E.M, siglas de "Pulso Electro-Magnético". Se trata de una sofisticada arma capaz de desactivar cualquier aparato electrónico.
