Habíamos encontrado una manera de llegar hasta el palacio de Plegia, lugar que hace mucho tiempo dejé de considerar mi hogar.

Nuestro camino había sido arduo, la guerra contra Valm había dejado nuestras tropas con la mitad de su capacidad. Pensamos, inocentemente, que nuestra alianza con Plegia podría continuar una vez mermásemos la amenaza hacia el continente que compartíamos con Regna Ferox…

… y me equivoqué.

Confié demasiado en que las líneas políticas que nos unían ahora serían más fuertes que las heridas del pasado, que la guerra que el padre de Chrom había comenzado contra Plegia sería tan solo parte de los libros de historia. Un ciclo que acabó con la vida de Emmeryn, un ciclo que Chrom había visto desde el inicio…

Pensé que esto estaba terminando.

Sin embargo, entrar a este palacio no como princesa de Plegia, sino como la Reina de Ylisse me hizo notar que no era así.

Nada había terminado.

No hubo nada zanjado.

Y que los lazos que mantenían Plegia y Ylisse como aliados políticos nunca fue tan fuerte como mi matrimonio con Chrom.

Fue mi error, el creer que nuestra unión era similar a nuestros reinos.

Y olvidé la razón por la cual había huido en primer lugar, me acostumbré tanto a la calidez de sus abrazos, a la calma que me brindaba estar a su lado, a saber que nuestra familia no haría más que crecer a pesar de las historias que ambos cargamos detrás…

"Chrom, este es el final. ¿Verdad? Solo falta acabar con el Rey Validar, y todo esto llegará a su fin…"

"Frederick está comandando la batalla atrás, solo nos toca nuestra parte. Si tienes dudas, si realmente no crees tener la fuerza para luchar contra él, entiendo si…"

"No, realmente quiero acabar con esto. Por favor…"

Ambos estábamos agotados, exhaustos. Chrom aún tenía ese brillo en su mirar, sus ojos azules me miraban con un cariño del que hace mucho me hice adicta. Si alguien tan dulce como él, que inspiraba a tanta gente y comandaba nuestras tropas era capaz de verme con tanto cariño… definitivamente no hay forma de que pueda ser el monstruo que creen que soy.

Alguien como él jamás vería a un demonio de esa forma.

"Lucina nos está esperando en casa…" él me tendió su mano, regalándome la firmeza que necesitaba como para acceder a la última habitación que daría fin a esa absurda guerra de una vez por todas. Nuestra hija nos esperaba, y habíamos prometido que regresaríamos.

Pasar por la puerta de aquel lugar fue entrar a la boca del lobo, el Rey Validar nos estaba esperando a solas. Negociar la paz y la rendición estaba muy lejos de nuestras posibilidades, por lo que no sentí más que furia al verlo tan tranquilo al recibirnos.

Mi padre, el Rey Validar. Esos ojos no habían cambiado desde la última vez que pude verlos… la soberbia, la burla o la superioridad con la que se dirigía incluso al avanzar hacia nosotros.

Chrom se posicionó delante de mí, alzando su Falchion en dirección a él mientras me mantenía detrás.

"Validar, ríndete ahora. Vamos a acabar con esto de una buena vez. ¡Ha sido suficiente!"

"Y vaya que ha sido suficiente, inocente príncipe. ¿Te crees que el haber profanado al Dios de Plegia es un crimen que se perdona solo con tirar las armas? ¡Tu reino y tú han irrespetado por última vez nuestra nación!"

Nuestro Dios.

Grima, el dragón caído.

"Ella no es tu dios, ¡es la hija que dejaste atrás! ¡Es mi esposa, mi reina! ¡No pudiste verla jamás por lo que es!"

"Y aun así, la escondes como la inútil portadora del cuerpo que es. ¡Sucumbe! ¡Sucumbe de una vez por todas y conquistemos el mundo que realmente nos pertenece!"

El ambiente de la habitación se tornó en un oscuro carmín, miasma parecía emerger del suelo. Era la misma que estaba en aquel lugar cuando…

Si trato de pensar, jamás pensaría acabar en este lugar. En donde al lado de mi esposo traté con todas mis fuerzas poner fin a la vida de mi padre, en la misma sala en la que hace muchos años perdí a mi propia madre. A pesar de los años, jamás fue capaz de entender qué pasaba por su cabeza…

¿Por qué perderse entre sus alabanzas?

¿La muerte de mi madre fue la causa de que hubiese perdido la razón?

¿En qué momento me distraje, qué fue lo que hice mal? ¿Por qué nunca fui suficiente para él?

Soy madre ahora, y no lo entiendo. No entiendo cómo se puede echar a un hijo sin arrepentimiento, sin resquemor, sin el dolor tan profundo de estar a su lado. Mis hijos estaban en casa totalmente protegidos de la guerra, y en esa batalla no puedo evitar pensar en cómo jamás me perdonaría si por mi culpa ellos estuviesen en la posición en la que estoy yo ahora: una hija teniendo que acabar con la vida del hombre que le vio crecer.

Pensar en Lucina teniendo que acabar conmigo, o pensar en Morgan que aún está tan pequeño en tener que destruir mi cuerpo…

"¡Cuidado! ¡Arriba!" Gritó Chrom, lo cual me dio tiempo de atacar al Rey Validar con un rayo de mis tomos.

Fue tan natural, el alzar la mano y tratar de apartarlo de mí. No quería que me tocara, que ninguno de sus ataques me impactara. Porque ese miasma lo reconozco muy bien, es el mismo que…

"Este es el final de él!", Chrom había logrado darle una atajada con la espada, parecía letal.

Aun así, sabía que Validar tenía mi misma terquedad. Tenía pronosticado que le lanzaría un ataque de una forma u otra, por lo que tenía preparado mi puño cargado con un nuevo rayo para evitar que lastimase a mi esposo.

Y tuve razón, en el momento que Chrom volteó a verme, Validar lanzó una esfera de Nosferatu. No sólo pretendía lastimarlo, sino también utilizar su vitalidad para él recuperarse y continuar la batalla. Apenas lancé mi rayo, Chrom regresó a mi lado al notar que el peligro no había terminado.

Nunca sabré con certeza si algún día seré digna de merecer por completo el cariño que él me brinda, de cómo mis fortalezas y debilidades se complementan con las de él. Jamás estaré por completo segura si él se merece a alguien como yo, tampoco. Sin embargo, en ese momento estaba más que agradecida y aliviada de tenerlo a mi lado. Que él fuese mi espada, y yo sería su magia. Saber cómo vamos a atacar y cómo sincronizarnos para ser nuestra mejor ofensiva y defensiva a la vez, y sobre todo saber que si él está a mi lado puedo contener lo que ese miasma quiere generar en mí.

Él es mi esposo, y sé muy bien que está preocupado por lo mismo que yo. Lo noto en su prisa, en la forma que está tan pendiente de mí especialmente en ese momento.

"¿Estás bien?" él se acercó, su mano sobre mi hombro. "¿Te duele? Muéstrame tu mano, ¿arde? ¿Estás bien?" No esperó, sino que él mismo había tomado mi extremidad para notar que aquella marca estaba casi desapareciendo.

Por un momento, la sonrisa que él esbozó fue de completa alegría. Significaba que sus sospechas– unas que no quise creer, estaban en lo cierto. Acabar con mi padre era acabar con mi martirio, acabar con la guerra sería ponerle fin a las cadenas que me mantenían atada desde que tengo memoria.

Significaría que muy pronto sería libre para regresar a casa, finalmente. Que al fin podría sentirme como la mujer que es digna de estar a su lado, y no sólo una afortunada que tuvo la suerte de enamorar al príncipe.

Ser suya. Completamente. Libre de todas las cadenas que me atan a este lugar.

"No… ¡NO!" Él le dio la espalda, pero fui capaz de ver cómo Validar lanzaba su último ataque hacia él. Este era una esfera morada, cubierta de electricidad.

Tuve que apartar mi mano de él, empujarlo con todas mis fuerzas para alejarlo de la trayectoria de ese ataque. Fue un movimiento reflejo, tantas veces lo había alejado y con mi espada había bloqueado cualquier ataque dirigido a él…

Lo había hecho un sinnúmero de veces durante las guerras que azotaron el reino, lo hice incluso la primera vez que lo vi finalmente…

La diferencia fue que esa vez no pude levantar mi espada. El ataque fue demasiado rápido, más que cualquier otro enemigo que habíamos enfrentado. ¿O quizá llegué a paralizarse por el hecho de que fue mi propio padre quien lo atacó…?

La esfera me impactó, y sus efectos fueron devastadores. Caí al suelo, en medio de los chillidos de dolor de mi padre quien parecía desvanecerse en un humo morado.

Había utilizado sus últimas fuerzas para atacar, pero al menos lo había logrado salvar.

Chrom ahora estaba a mi lado en el suelo, tratando de mantenerme sentada a pesar de mis claras náuseas.

"¿Estás bien, mi amor?" su mano buscaba quitar la capucha de mi cabeza, lo cual sirvió para tomar algo de aire. "Ganamos… Robin, ganamos. Este es el final, podemos regresar a casa…"

Aún estaba afectada por el ataque, mas no era uno letal de todos modos.

Lo entendí demasiado tarde.

Validar sabía que yo apartaría a Chrom, sabía que haría todo lo que estuviera en mis manos para protegerlo… sabía que mis sentimientos por él eran fuertes.

Su carta maestra fue saber cómo reaccionaría.

Ese ataque estuvo dirigido a mí desde el principio.

El miasma de la habitación se estaba acrecentando, su olor entraba a mi nariz y aumentaba mis mareos. La marca de mi mano, la que antes parecía borrarse, estaba más fuerte que nunca. Ardía. Su quemor estaba abrasando todo mi brazo derecho.

"Ey, ¿qué pasa?" Chrom ahora no sonreía. Me costaba verlo bien, todo a mi alrededor estaba borroso. No sonreía… "¡Robin, reacciona! ¡¿Qué pasa?!"

Estaba buscando desesperadamente su sonrisa, la alegría con la que antes me estaba viendo, la tranquilidad de saber que podíamos regresar a casa. Nuestros hijos nos esperan, Chrom.

Mas él no estaba feliz. No encontré su sonrisa de nuevo. Traté de alzar mi mano, buscar tocar su rostro y al menos brindarle la tranquilidad de que estaba bien…

Estoy bien, mi amor, sólo mareada.

Pero lo que encontré al extender mi mano fue la expresión de dolor de él, el cómo su rostro se desfiguró en sorpresa y confusión a la vez.

"Ch-chrom…" Él dio unos pasos hacia atrás, tenía un rayo atravesando todo su cuerpo. La sangre comenzó a manchar su capa, salir de su labios mientras él trataba de verme otra vez.

Observé mi mano,

la misma cuyo ardor era insoportable,

cubierta en esos rayos que ahora atravesaban el cuerpo de mi marido.

"Esto… Robin… no es tu culpa. Prométeme… que saldrás de aquí… por favor.."

No, no, no, no.

Por favor, no.

Naga, por favor, si me escuchas, por favor no permitas que él…

Por favor…

No…

¡Chrom, no! ¡No cierres tus ojos!

¡Todos menos tú!

¡Chrom! ¡CHROM!

El resquemor de mi brazo se extendió por todo mi cuerpo, podría jurar que un aura emergía y podía verla a través de mis dedos. Las risas de mi padre estaban sonando en mi cabeza, la maldad con la que siempre celebraba sus victorias.

Su ataque fue dirigido para mí.

Fue lo último que necesitó para que Grima finalmente…

"¡HAHAHAHAHAHAHAHAHAHA! ¡POR FIN!" era mi voz hablando, pero no era yo quien lo hacía. Mi cuerpo ya no me pertenecía, no era capaz de moverme.

"¡TODOS ESTOS AÑOS LUCHANDO CONTRA MÍ! Y ahora finalmente… finalmente… ¡HAHAHAHAHAAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHA!"

No, ¡no!

No podía gritar.

No podía llorar, tratar de hacer algo por el cuerpo de él. De ser necesario podía usar el Nosferatu en mí y darle toda mi energía a él.

"¿Qué es lo que piensas, rata? ¿Que puedes salvarlo? ¡Está muerto! ¡ESTÁ MUERTO! ¡FINALMENTE ESTE OBSTÁCULO ESTÁ MUERTO!" Grima pateaba el cuerpo de mi marido. Estoy segura que de no ser porque la espada sagrada podía afectarle, también la habría usado para mancillarlo.

Lo pateaba con tal alevosía que la sangre estaba manchando mi ropa, si aún podía salvarlo el Dragón Caído estaba arrebatándome todas las oportunidades que tenía.

"Y encima engendraste dos pequeños bastardos mientras podías usar este cuerpo a tu antojo… haha… ¡HAHAHAHAHA! ¡QUÉ MARAVILLOSO! ¡LOS HIJOS DE NAGA TIENEN MI SANGRE! ¡ESTA ES LA MEJOR SITUACIÓN DE TODAS!"

No, no, no. Déjalo, déjalo, basta. A mis hijos no… basta. Basta.

Basta.

¡Basta!

"Hoo… ¿qué es esto?" Grima dejó de moverse, y comenzó a retroceder. "Maldita escoria, ¿crees que vas a poder evitar que haga lo que se me plazca? Este cuerpo es ahora mío, ¿y aun así te crees capaz de detenerme? Tú y tus patéticos hijos de Naga son míos. Tu sangre es mi sangre. Mi ruina, es tu ruina. ¡¿Quieres ver a tu patético amado?!" Grima retomó el control, y se dirigió hacia Chrom para darle la vuelta, de modo que pudiera ver su rostro apagado por la muerte.

Estaba ahí, pálido.

Sobre un charco de su propia sangre. Sus ojos cerrados, una herida gigante en su cuerpo.

¿Por qué? Hace tan poco estaba feliz conmigo, mirándome con cariño, contento de que al fin podríamos regresar a casa. No este lugar, sino el hogar que él y yo estábamos construyendo para nuestros hijos… nuestros nietos…

Su rostro era pacífico, incluso con la palidez que lo cubría. Fui yo quien lo mató, fui yo quien dio fin a su vida tratando de protegerlo… fui yo quien lo llevó a este lugar, quien con tanto ahínco había planificado toda la ofensiva de sus guerreros. Y su expresión solo denostaba paz… él, ni en el último minuto pudo verme como lo que en realidad soy.

No soy una heroína.

No soy una mujer que debió haber estado a su lado.

No soy una estratega ejemplar, no soy una buena persona.

Soy solo un monstruo.

Una identidad vacía, un cuerpo sin alma, un ser descartable cuyo único valor era servir de recipiente para el Dragón Caído.

No soy su heroína.

No soy el viento de su espada.

No soy su reina.

No soy nadie.

"Muerto… patético gusano." Grima parecía no poder ser capaz de volver a patearlo. "¿Qué demonios es esto?" su mano ascendió al rostro. "Ha… hahaha… ¿estás llorando? ¿Estás destruida? ¿Estás en serio llorando por este humano? Ha… ¡HAHAHAAHAHA! ¡¿REALMENTE LO AMABAS?! ¡¿TODOS ESTOS PATÉTICOS AÑOS QUE TUVE QUE SOPORTAR TODO ESTO ERA EN SERIO, NO UNA MASCARADA PARA ESTE MOMENTO?! ¡INCREÍBLE! ¡REALMENTE ERES MÁS PATÉTICA DE LO QUE PARECES! ¡HAHAHAAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHA!"

Chrom.. lo siento.

Perdóname.

Por favor.

Nunca debí acercarme a ti. Jamás debí buscar tu ayuda aún sabiendo que Grima…

Debí mantenerme lejos de ti. Debí protegerte desde antes.

Debiste acabar conmigo.

Debiste acabar conmigo…

¿Por qué terminamos aquí?

¿Cómo llegamos aquí?

Chrom, lo siento…

Lucina, Morgan, perdónenme…